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Al anochecer las llamas se calcinaban sobre las antorchas que las sostenían, daban un alumbrado perfecto a la entrada del Santuario; donde, Athena junto con sus caballeros esperaban la llegada de sus invitados.
-¿Crees que realmente lo hagan? –cuestiono Mu a Dohko por lo bajo, quien simplemente le sonrió. A pesar que los dorados atenienses se mostraron en desacuerdo, la palabra de su diosa era primero; el eco de sigilosos pasos se dejo escuchar por las rocas, los cuales se acrecentaban, los dorados se colocaron en guardia, hasta que, frente a ellos se dejo admirar el imponente Io de Scylla, quien realizo una reverencia ante la Diosa.
-Bienvenido Io, espero que tu estadía consuma todo rencor y unifique nuestros templos…
-Que así sea Athena –la peli lila sonrío cediéndole el paso –Supongo que ya os conocéis el es Death Mask de Cáncer y será tu guía en tu estadía –Io levanto la mirada, topándose con la frívola sonrisa del canceriano, quien chasqueo la lengua, observándolo con superioridad.
La espera al espectro se prolongo demasiado tiempo, el frio comenzaba a sentirse con mayor fuerza, las llamas se consumían con rapidez.
-Saori… creo que… -intento hablarle Shion
-Yo confió en que… cumplirá su palabra –interrumpió la joven, mientras sus ojos titilaban esperanzados.
El tiempo pasaba con lentitud, mientras el manto nocturno cubría parte de la tierra. En el templo de Poseidón arribo Camus de Acuario, quien fue recibido por un comité. Julián en su templo residía en su asiento, observando al otro divertido.
-¡Oh! bienvenido sea Caballero de Acuario, me sorprende la elección de Saori –dibujo una sonrisa en sus labios, el acuariano hizo una reverencia.
-Espero acatar el pedido al que se me ha sido enviado su santidad… - se puso de pie, observando con cautela todo el ambiente, los generales marinos o al menos la mayoría de ellos le observaban de la misma manera.
-En dado caso creo, que la mejor elección será… -realizo un modismo, llamando a cierto peli verde –Isaac de Kraken será tu guía –el aludido asintió dando un paso, observándolo de pies a cabeza.
-Ha pasado mucho tiempo, maestro…
-Lo mismo digo, Isaac –sonrió el dorado dispuesto a estrechar su mano, cuando una fuerte ráfaga irrumpió en el lugar; los marinos se pusieron en guardia al igual que el dorado, Sirena intercedió por Julián colocándose frente de él, protegiéndolo. Un portal rodeado de luz azul se abrió frente a ellos emergió de él, Valentine de Harpía quien poseía un aire de superioridad, muy a su pesar se inclino ante el peliazul.
-Caballero de…
-Harpía, Valentine… -su tono era grotesco y rudo, Julián arqueo una ceja, aquel chiquillo malcriado a leguas se notaba le causaría problemas, aunque había pensado en Sorrento para el espectro, pues el sabría como tratarlo con sutileza e inteligencia, pensó en darle a alguien que pudiese mantenerlo en cintura, había regresado de su destierro y como prueba total le correspondería a Kanon ser quien soportara al peli plata.
-Ya veo, se bienvenido a mis aposentos, espero que tu estadía sea de pronta conveniencia y como prueba de ello, te asignare un…
-No es necesario –interrumpió el espectro, Julián chasqueo la lengua molesto, definitivamente le sedería al dragón
-Como decía… te asignare a un guía en tu estadía –menciono ignorando su queja –el es Kanon de Dragón Marino –el mencionado camino hasta ellos –cualquier duda u opinión podrás consultarlo con él –a pesar del descontento del espectro, guardo silencio; Julián camino hasta su asiento predilecto –Ambos –dirigiéndose a los visitantes –se quedaran en los pilares custodiados por sus guías, ellos les explicaran lo necesario… -sonrió al observar sus miradas de desconcierto –pueden retirarse… -finalizo.
El viento soplaba con ímpetu, el frio calaba hasta los huesos erizando la suave piel de los caballeros dorados, quienes… inevitablemente se habían hartado de esperar a un espectro, que, irónicamente no daba señales de vida. A punto de darse por vencida Saori resoplo cansada
-Creo que… -intento hablarles sin embargo un estruendo retumbo, apareció un portal en medio de un resplandor violeta, emergió de él pisando tierra firme el Sapuri de Garuda.
-Aiakos… -susurro la peli lila queriendo ocultar su sonrisa
-¡Como te atreves a llegar de esa manera después de tener a su Santidad esperando! –exploto desesperado Shion
-Al menos ya estoy aquí…
-¿Al menos? Eres un…
-¡Basta! No quiero problemas…demoraste demasiado caballero de Garuda –el Kioto chasqueo la lengua
-tenía que esperar a que tu caballero llegara… -menciono sin más, cruzándose de brazos
-¿Saga ya esta allá? –exclamo angustiada la joven Diosa, después de todo no consideraba correcto haber enviado al caballero de géminis, el nepalí asintió –bien él es Aioria de Leo, será tu guía y compañero –el leonino camino hacia el obscuro quien le miraba con desprecio, para su sorpresa el rubio le sonrío de una forma especial; que, el juez no supo qué significado darle, por lo que opto desviar la mirada.
En el inframundo el ambiente era por demás tétrico, se sentía un estela decrepita en el aire, muy a pesar de la obscuridad a la que era sometido, simples resplandores azulados eran la guía entre cráneos y un sendero hecho trizas, el caballero dorado de Géminis resoplo sintiendo como su aliento cálido se condensaba con el gélido frio había llegado a Elysion donde para su sorpresa no había nadie.
-Pero… me dijeron, frente al mausoleo de Hades –se cuestiono intrigado, miro a todos lados sintiendo un cosmos, al mismo tiempo una aligerada risa se dejo escuchar, viro para encontrarse con Radamanthys de Wyvern
- Y pensar que de todos, te mandarían a ti ¡qué ironía! – Vocifero el inglés, caminando lentamente hacia él -Caballero de Géminis, lamento que… no haya un comité de bienvenida, pero… las cosas son muy diferentes aquí abajo, así que… andando –saga le siguió con cautela, caminaron rumbo Caína –para mi desgracia seré tu guía en el tiempo que residas aquí, te quedaras conmigo en Caína, mientras Baian de Hipocampo se refugia ahora en Antenora
-¿Antenora? Eso quiere decir que, el Sapuri de Garuda se encuentra ahora allá
-así es… al igual que Harpía se encuentra en los aposentos de Poseidón –soltó una carcajada –si hubieses llegado antes te hubieras quedado en un lugar solo, pero tu retraso me está causando bastantes problemas
-No necesito quedarme contigo…
-Bien congélate en Cocytos –sonrió, a lo que el dorado simplemente guardo silencio.
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-Creo que es momento de retirarnos… -intervino Dohko a lo que la Diosa acepto, todos regresaron a sus respectivos templos.
-Es… por aquí –indico divertido Leo al juez, quien se dirigía en dirección contraria, el otro frunció el ceño para regresar y seguirle de mala manera
-¿Crees que Aioria esté bien con ese? –le cuestiono Milo a la peli lila, ella soltó una risita
-Creo que no abría mejor, leo es de sangre muy liviana sabrá cómo lidiar con el… -el escorpión no entendía el concepto de la risa, sin embargo, eso era cierto el león era muy pacifico y quizá podría divertirse incluso con el Sapuri.
Camino al templo, Aiakos caminaba con los brazos cruzados inspeccionando con la mirada todo el lugar, aunque el dorado estaba atento a todos sus movimientos no podía evitar desviar su mirada al rostro del espectro, delineaba con firmeza cada rasgo, cada facción, sonrío, cuando el nepalí no estaba en posición de pelea era fácil apreciar incluso el vaiveneo de sus cabellos, se veía tan ¿humano? Sacudió su cabeza para evitar esos pensamientos tan burdos, llegaron al templo de Leo.
-Es aquí… -inquirió el dorado, prendiendo las velas del candil, la habitación se ilumino, era la parte interna donde se encontraban los aposentos de cada caballero
-Solo hay una habitación –restregó el obscuro
-¡Ah! Si sobre eso…
-Te quedaras en el sofá –dijo sin más para entrar en la habitación, desconcertando al otro
-¡Qué! Claro que no –entro detrás de él –porque he de quedarme yo en el sofá, en ese caso quédate tu o comparte la cama
-¿Contigo? –Le miro fijamente para después echarse a reír –soy un invitado ¿recuerdas? Así lo planteo tu Diosa –Leo se quedo analizando la situación, resoplo
-Bien… quédate ahí –tomo de la cama las cobijas y la almohada –pero haber donde… -salió para acomodar su próxima cama; que sabía, era por demás incomoda, regreso para cuestionarle al obscuro si necesitaba algo, cuando la puerta de la habitación se cerro de un portazo y el crujir del pasador le indico que se había encerrado.
-cabron… - susurro e indignado se dirigió a echarse al sofá
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Arribaban en el Pilar Atlántico Norte Kanon caminaba aprisa mientras el espectro se quedaba atrás por momentos.
-Date prisa… no quiero estarte esperando
-Si no avanzaras tan deprisa, me dejarías apreciar bien el panorama –el marino frunció el ceño
-No estás de vacaciones, date prisa y mueve tu trasero acá o te dejare afuera
-Mide tus palabras… -le apunto Harpía
-¿O qué? –Camino hasta él, donde su pecho quedaba pegado justo a su dedo –Eres un quejumbroso, increíble que seas un Sapuri…
-No te confundas, soy una estrella celeste –le miro con fiereza, buscando pelea
-He destrozado muchas estrellas… no te arriesgues a que te dé una lección –el dragón viro para darle la espalda y seguir el camino
-¡Anda! Pelea y demuéstrame todo tu “poder” -le desafío esperando su respuesta, Kanon rio por lo bajo
-No me refería a esa clase de “lección” –abrió la puerta que se hallaba detrás del pilar, sus palabras desconcertaron al menor, quien… no supo interpretarlas
-¡Qué diablos quieres decir!
-Que camines o te quedas… -sentencio para bajar las escaleras que conducían a sus aposentos, el menor cabreado y confundido fue tras él, para entrar, cerrando tras de sí.
En el pilar del Ártico las cosas eran diferentes; pues Isaac y Camus conversaban de los eventos sucedidos y compartían sus opiniones.
-Suficiente… me he cansado al venir hasta acá –decreto Camus poniéndose de pie, el peli verde le imito en movimientos
-El resguardo del pilar es muy pequeño, como ves… solo hay una habitación
-Eso observo –suspiro
-Pero… hasta eso, la cama es amplia –sonrió el menor a lo que el mayor soltó una carcajada, colocando su mano en la cabellera del otro.
-Entonces espero… no te acerques tanto en la noche –dio por finalizada la conversación para entrar en la alcoba, Isaac chasqueo la lengua, siguiéndole.
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Caína lucia mas lúgubre de lo que parecía conforme avanzaban el frio se acrecentaba, la armadura de Géminis se removía con el temblor de su dueño.
-Es aquí… -concreto el rubio dejando admirar una pequeña morada, a pesar de ser muy grande la estructura la parte que le correspondía era demasiado pequeña.
-Hay solo una habitación, así que… espero que el sillón te sea cómodo
-pero esta helando aquí… - su mandíbula temblaba, en su estadía pasada, no recordaba que el sitio fuera tan gélido, quizá el Sapuri era lo que lo mantenía estúpidamente nivelado o… que otra explicación abría por el cual Wyvern no se quejaba, el inglés sonrío
-Te acostumbraras, ahora si me permites… - su tono era burlón y despreciable “jodido” era lo único que pasaba por la mente del peliazul, cuando vio al otro encerrarse en la alcoba continua, sus pensamientos le carcomían, se retiro la armadura, para tratar de incorporarse en el sofá. Transcurrieron unas horas y sus titiriteos atravesaron las paredes de la habitación, el ingles abrió los ojos molesto se puso de pie dispuesto a callarle apunta de golpes, abrió la puerta de un jalón pero antes de siquiera ponerle un dedo encima, se quedo embelesado por la belleza que expiraba el otro, su tez blanca, sus largos cabellos que caían en cascada sobre el sofá y que, incluso llegaban al suelo, le observo por unos momentos, osados esos caballeros; pensó para sí, percibió su temblar muy independiente de su quejido soñoliento, suspiro; colocando una mano sobre él apenas rozándolo, para expedir su cosmos que reconforto al otro, cual manta cálida para acallar su sufrimiento, el dorado sonrió entre sueños, Wyvern rio.
-Idiota… -mascullo por lo bajo, para sentarse un momento frente a él, mas el sueño pudo más que sin terminar su resoplido, cerro sus ojos quedándose dormido mientras el cálido cosmos los envolvía por igual.
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En el balcón del salón patriarcal, observaba el cielo copioso de estrellas, sus ojos titilaban dulces y cautelosos, su cabello lila bailoteaba con la brisa, sus labios rosados entre abiertos sentían en sus comisuras la frescura del ambiente.
-¿Athena? –la llamo Dohko, quien terminaba de charlar con Shion en el salón continuo, la joven viro para sonreírle.
-¿Si, Dohko? –el chino se postro a un lado suyo, recargando sus palmas en el barandal de piedra, para admirar el mismo paisaje que la pequeña.
-¿Hay algo, que le moleste o preocupe? –su mirada se dirigía al estrellado cielo
-En absoluto, es solo que… -suspiro –mañana inician sus labores
-¿Labores? – la observo con interrogación
-No se quedaran aquí, les informe a sus “guías” que tendrían que salir a puntos específicos, si Cronos está en la Tierra, abra que encontrarlo
-En dado caso, espero que sepan llevar sus indicaciones…
-Veras que si, confió plenamente en todos ellos… -sus palabras tranquilizaron al moreno, aunque en realidad se sentía un poco inquieta por la situación, pues al otro día la convivencia se extendería –cerro sus ojos, para sentir el vaivén de sus cabellos, buscando la tranquilidad a su cabeza, pues lo único que podría desearles, era suerte….
Continuara…
Por que a mi no me cuesta nada comentar & postear ^^
Drako-zero .

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