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Un insignificante y costoso descuido
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La reunión de los viernes por la noche, de realizarse una sola vez al mes, se convirtió en una tradición para los caballeros dorados.
Por séptima ocasión la casa huésped fue el templo de Aries. El primer guardián — mordiéndose los tanates, pues no le quedaba de otra — no cabía en el enfado por dicho compromiso, disgustaba malgastar sus ahorros en cosas banales, sean estas para complacer las alcohólicas exigencias de sus compañeros, sobre todo la del frívolo y superficial Camus de Acuario. Y el motivo no podía ser en menor daño que costoso: El témpano de hielo (Yo no bebo cerveza) siempre reclamaba ser atendido con el mejor de los vinos, de preferencia aquellos cuya calidad de vida provenía de los antiguos viñedos del sur de Francia.
Jueves cerraba sus puertas, y Mu — consciente de su papel como anfitrión de la fiesta — se quebraba la cabeza y hundía sus posibilidades en las garras de la exasperación. Por errores de cálculo y falta de atención a su situación financiera, daba por olvidado que sus últimas monedas las invirtió en la educación de Kiki. No tenía dinero para comprar los galones de cerveza que se servirían al día siguiente, muchos menos para la botella de vino que apetecía el caprichoso paladar del pan francés. Acorralado, presa de una extrema pobreza, se echó a llorar como mártir desvaído en los primeros escalones de su templo.
— ¿Ahora qué voy hacer? — Gimoteaba afligido. — ¿De dónde voy a sacar dinero?
Pareciera ser que los planetas y las constelaciones conspiraron a favor de la mala suerte del lemuriano. Kanon de Géminis alcanzó a oír los lamentos de su compañero. No guardando la discreción y el recato, se le acercó para preguntar:
— ¿Qué es lo te que sucede, noble Caballero de Aries?
Mu no desperdició la buena fe de su congénere que extendió las alas de su sinceridad.
—Mañana… — Sollozaba aquejado. — Mañana es la reunión y no tengo nada que dar, ni que empeñar para comprar una botella de vino.
—No te preocupes. — Se precipitó a responder el menor de los gemelos, exhibiendo en sus palabras una alta tasa de cordialidad. — Puedes contar conmigo, sólo que a cambio me tienes que hacer un pequeño favor.
Las gruesas lágrimas que antes inundaban los ojos de Mu, fueron remplazadas por enormes signos de interrogación.
— ¿A qué te refieres?— Su voz reflejó desazón y desconcierto. Una mirada llena de desconfianza advertía su inseguridad — ¿Qué es lo que tengo hacer?
Kanon se sonrió con picardía.
—Estamos en una situación en la que tu como yo sufrimos de carencias. ¿No es así? —
Mu afirmó con la cabeza.
— Por tanto — Continuó explicándose el peli-azul — que no mejor partida que sacarle provecho a nuestras necesidades con nuestras mejores armas de utilería. Yo te puedo dar dinero si tú me… — Se tanteó los genitales.
[Insértese el sonido del cuerpo de Mu impactarse contra el suelo>
Tres cachetadas guajoloteras al servicio de la indolencia de Kanon fueron de ayuda para reanimar al pobre lemuriano. Mu de Aries abrió los ojos con una timidez innata a su estado de semi inconsciencia.
— ¿Y bien? — Prosiguió Kanon, persuasivo. — ¿Qué es lo que piensas?
La sintonía de sus pensamientos rondaba en la interferencia de una pésima señal. Si mal y su juicio de valor no le estorbaba, dicho intercambio de favores situaría a su reputación de Santo en un nivel que Shaka de Virgo calificaría de baja moralidad. Lo pensaría dos veces, pero como el capricho de Camus amenazaba la insuficiencia de su cartera, no dudó en aceptar la propuesta del gemelo.
— ¿Cuándo y Dónde? — Temeroso al porvenir, Mu al fin y se atrevió a responder.
*/*/*
… aferró sus trémulas manos sobre la erecta vara rolliza de Kanon, y tras conciliar la calma, después de guardar un proverbial silencio, se creyó lo suficientemente valiente para escupir frente a la coronilla del glande, lo que por dentro le sabría a una cuantiosa fuente montearía.
La deuda del favor no se estancaría en simples agasajos bucales. El gemelo extendía sus planes carnales a objetos de profundo placer, sea uno de estos el antes virginal agujero de Aries.
—Ah, ah! — Ronroneaba de la lujuria el peli azul, mientras que por cada estocada que perpetuaba contra la cadera de Mu, intentaba recordar lo que con urgencia y de favor se le había pedido que hiciera...
*/*/*
La reunión del viernes estaba a una estrella fugaz por comenzar. Tras sacrificar lo que fue de sus años de inocencia, Mu apenas pudo completar para la botella de vino que Camus de Acuario le rogaría probar con impaciencia. Había echado su culo por detrás para poder brindar una imagen de calidad y confort a sus compañeros, ofreciéndoles aperitivos de estrictos estándares dietéticos, como cervezas de diversas marcas comerciales.
— Espero y todo salga bien… — Se entregó a la bendición de Zeus.
Rayando las ocho y media de la noche, poco a poco fueron llegando cada uno de sus compañeros.
—Buenas noches, Mu — Saludó Aldebarán de Tauro con su usual sonrisa pegajosa.
— ¿Cómo te va, caballero de Aries? — Shaka de Virgo presentó su irreprochable cortesía antes de entrar.
— ¿Qué verga me ves? — Bramó Máscara Mortal, exaltando con un mohín de enfado su agresividad
— Joder, tío…— Shura de Capricornio escandalizó el ambiente con su porte al caminar —
—Ni creas que te voy a saludar de mano. — Porfió con ponzoña Afrodita de Piscis — Capaz y que me infecto de tus asquerosas bacterias.
—Mu-sito, espero y no hallas olvidado comprar el hielo — Se aventuró a recordar el Octavo guardián, dando una palmada sobre hombro del lemuriano.
¿Hielo?... Interiorizó ese pequeño descuido. Había cubierto parte de la lista del mandado con la botella de vino que le faltaba comprar, más nunca imaginó que el hielo fuera de crucial importancia, confiado de que éste era cortesía de Camus de Acuario.
—Milo— Mu de Aries se aproximó a la cercanía del moreno. — ¿Qué no se supone que Acuario traería el hielo?
—No— Negó el griego con la cabeza, a la par de que esbozaba una ancha sonrisa. —Me extraña que no lo sepas. ¿Es que acaso Kanon no te avisó anoche?
— ¿Kanon? — Sus féminos rasgos se distorsionaron al entrar en consternación. — ¿Decirme qué?
—Que Camus de Acuario se ausentaría hoy en la reunión porque tuvo que realizar una misión.
— ¿Qué quieres decir?
En ese preciso instante, en el que Mu terminaba de abrir la boca, aparecieron Kanon y Saga géminis con la altivez que demarca la severidad de su cara
—Con su permiso— Interrumpió el mayor, pasando entre el griego y lemuriano para alcanzar la mesa de bocados. Detrás de él le siguió su hermano menor.
—Por cierto Mu. —Se detuvo Kanon, mirando al joven peli-lila por encima del tarro de cerveza que tenía en manos. —Se me olvidó avisarte que hoy no venía Camus porque de imprevisto tuvo que salir de viaje. Ah, y que compraras una bolsa de hielo.
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" Prefiero mantener mi cuerpo en ayunas por una semana, que vomitar siete veces por día.
Quizás el daño sea el mismo, pero no existe mejor regócijo que sentirse vacía por dentro sin haber tenido que meter el dedo por la boca."
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