|
El viento soplaba con majestuosidad, era más que una tarde de invierno, era el día en que le tocaba hacer guardia y como siempre, era el día en que desdoblaba sus fantasías. Caminaba con paso suculento por los blanquecinos pasillos del área de Tanatologia, mientras degustaba una manzana la cual mordía con seducción, sonreía a cada bocado soltando una pequeña risilla, paso a paso se dirigía al área forense donde se encontraba la morgue del hospital "Milatos", el eco de su caminata retumbaba, dirigía la mirada hacia las cámaras de frio, aquellas gavetas donde se resguardaban los cadáveres impuestos a identificar.
-Rubia...... castaño... pelirojo... - mencionaba las características clave de cada gaveta, las cuales estaban marcadas en una pequeña hoja, meneaba su cabellera al caminar, pues se movía con despotismo y gracia entremezclados, atravesó hasta las cámaras positivas de temperatura donde se hallaban los cadáveres reconocidos y listos para su cremación o embalsamamiento, mencionaba con sorna los nombres de cada cuerpo, sin evitar reír o hacer un comentario despectivo o calificativo.
- Buenos senos... demasiado arrugada... castrado - rio por lo ultimo - pero por supuesto... no podía faltar el perfecto... - se situó en el ultimo compartimiento, el cual sería el primero en cremarse al otro día, a lo que faltaban... solo unas horas, deslizo sus dedos de manera suave sobre el contorno de la gaveta, se recargo, exhalando, dejando un rastro impregnado de su aire caliente sobre la superficie, se quito los guantes para abrir el compartimiento, se dejo liberar el aire congelado y comprimido. Mostro una sonrisa satisfactoria curveada por el morbo y la lujuria, llevando su mano al que yacía sobre la fría plancha, su color era pálido, su complexión rígida, sus labios hinchados y amoratados, deslizando sus dedos, bailoteándolos por todo el abdomen, sintiendo una endurecida roca por cuerpo, rodeo en circulaciones sus pezones, bajo para sentir los muslos destensados y semi congelados, jugueteando, toco su miembro ahora imposible de mover, pues la rigidez de su cuerpo lo hacía imposible, froto su mano contra él, soltando un agudo gemido.
-¡Ahhh! - jadeo sin restricción, puesto que el morbo y el acto indecoroso que realizaba, le excitaba de sobremanera, había encontrado lo que hacía tanto buscaba, la satisfacción total a sus deseos, a sus reprimendas, su miembro se enderezo como un fuste comenzaba a dolor atrapado en su pantalón, llevo su mano disponible al rostro del otro , acaricio con suavidad la mejilla fría, rozo sus dedos con aquellos labios que ahora con el paso de las horas, se partían sin compasión, acaricio su cabello el cual poseía un tono deslavado y una pequeña capa de fibroso hielo.
- Peliazul.... - jadeo nuevamente, retiro su mano de aquel apacible rostro para llevarla a su pantalón, froto por encima de la tela su endurecida posición, para después bajar el cierre y sacar de entre sus vestimentas su miembro él cual comenzó a masturbar de arriba hacia abajo, jugueteando con el prepucio, liquido pre-seminal goteaba ensuciando las yemas de sus dedos, dejándolas pegajosas. - Blanco & extranjero - continuo hablando y gimiendo, mientras su mano apresuraba sus movimientos, su uña se colaba de momentos en la uretra ensanchándola de manera tortuosa y dolorosa - Una puta de culo estrecho... escoria... - vocifero mientras que, cuando permanecía con la boca abierta, un hilo de saliva escurría por su comisura - Un asesino...
.: Flash Back:.
Después de aquel encuentro que había marcado por completo su vida, no había dejado de tener pensamientos, pesadillas y fantasías, que le perseguían todo el día y noche, la idea frenética de aquel fugitivo de belleza incomparable, de seducción sanguínea embriagante y de rasgos estupefactos, le hacían adentrarse en lo más recóndito de su mente, entablando escenas y diálogos inéditos y pecaminosos, en su mente repasaba a instantes el hecho de cómo le había dejado escapar, la manera en que sin consentimiento rozo sus labios humedecidos en sangre y la forma tan incohibida en que huyo. Repasaba de manera fresca las palabras que le había dicho antes de su escapatoria.
"tu sacrificio no será en vano, tienes la promesa de un misedor que esto... se te será pagado"
-¿me será pagado, eh? - repetía constantemente al recordar aquellas insensatas palabras y soltaba una risilla burlona. Pocos días después aparecieron dos oficiales en su consultorio, cuestionándole algunos hechos de aquel día.
- Asesino, ¿ah? - arqueo una ceja, mientras mordisqueaba una manzana, observando a los uniformados. Aquel hombre no era más que un "meurtrier" un asesino en serie, de origen francés, al cual llevaban años buscando, había huido aquella noche de sus manos después de destazar a una chica no muy lejos del hospital.
- ¿la violo? - aquella pregunta erizo la piel de los oficiales, quienes se miraron mutuamente
- no es necesario que sepa de ello...
- como podría ayudar a mi país si no se entera bien de la situación - contesto sin más, mientras terminaba los últimos bocados de su predilecto almuerzo, el oficial suspiro sintiendo solamente con la cabeza.
- Ohh... - escapo de sus labios, mostrando una sonrisa satisfactoria por la respuesta - ¿creen que vuelva?
-No estamos seguros - carraspeo - sin embargo, debe tener precaución, es... su 3° caso en estos lares, si nota algo extraño... - le extendió una tarjeta, la cual Pharao tomo - llame...
- les informare de cualquier anomalía, incluso si el gato molesto de enfrente vuelve a maullar - su característico humor, no agradaba a los oficiales, sin embargo dieron por terminada la entrevista, para agradecer y salir. El pelinegro adormilo un rato en su asiento, repasando en su mente lo que había escuchado, al igual que aquellas palabras, esperaba realmente "ser pagado"
No pasaron muchos días cuando, una tarde mientras terminaba de acomodar a un joven sobre la plancha, encerrado en su consultorio, preparaba sus instrumentos para su trabajo predilecto, una necropsia, suspiro admirando aquel castaño cuerpo, de facciones apacibles, delineo su silueta nuevamente con sus dedos, cuestión que el ignoraba, pero adoraba sentir la textura de cada piel que pasaba bajo el filo de su preciado bisturí. Comenzó los cortes, sacando las viseras colocándolas en una hielera, sonreía mientras realizaba su labor, al finalizar dispuesto a sacar el cuerpo, sus maniobras se detuvieron en seco, levanto la mirada, quedándose quieto, aspiro una honda bocanada de aire, que le hizo sonreír de manera perversa, diabólica y morbosa, aquel aroma que de pronto difumino el aire, era ese característico y jamás olvidable... olor a violetas.
-Creí que jamás volverías...
- Dije que algún día te pagaría - el pelinegro viro sobre sí mismo y se topo para su satisfacción, a aquel hombre de cabello azul aguamarina, con ojos penetrantes y de finas facciones, aunque esta vez le hacía falta el característico brebaje rojo pigmentado y fresco sobre su piel, le examino con cautelosa rapidez, su mente fue baleada por sus fantasías, todos esos sueños y escenas creadas por su enfermiza mente, las sangrientas recreaciones de su subconsciente que detallaron al instante sus deseos.
-El precio de la libertad, es... demasiado costoso... - apacible comenzó a caminar hacia a él, rodeándolo, no había necesidad de asegurar la puerta, era cercano al crepúsculo, su guardia nocturna pronto iniciaría, por lo que se hallaban totalmente solos.
-¿Cuánto dinero quieres? ¿A caso quieres protección? - arqueo una ceja, ante su duda, mientras observaba sigiloso al pelinegro.
-¿Protección de ti mismo? - rio - no es necesario... - paso a su lado de manera peligrosa, a lo que el francés no se inmuto, dejo una muestra en el estante, abriendo nuevamente la gaveta, la cerro con cuidado, recargándose en ella.
- ¿tratas de intimidarme? - rio con sorna, acercándose a él - aquella vez... fui presa del pánico, sin embargo, soy la persona de la cual deberías cuidarte, al que deberías tenerle miedo y rogarle misericordia...
- ¿a eso has venido, a amenazarme? - le reto con la mirada e inhalo una vez más, aquel penetrante aroma, el que le embriagaba, perturbaba, aquel que le hacía perder los estribos, rehuyó la mirada del peliazul, sonriendo. La pregunta descoloco al francés, en realidad ni el mismo sabía a que había regresado.
- Soy un hombre de palabra...
- Y por qué no mejor, dejas de escupir tanta basura y me pagas de una vez - sonrío acercando su mano al cuerpo del otro - no quiero dinero... ni mucho menos tu estúpida protección - el aguador le miro con intriga, Pharao coloco una mano en el pecho del otro - Hay muchas maneras de hacerlo... - ante tal respuesta recibió un golpe, que le hizo apartarse.
- ¡No me confundas pendejo! ¿Sabes que puedo asesinarte en el momento que desee? - inquirió con furia, el pelinegro le empujo lejos de sí.
- No me intimidas, ni mucho menos... tu deberías ser, el que debería cuidarse... - no borraba de su rostro aquella inexplicable sonrisa, su rostro de satisfacción, le excitaba ver de esa manera al peliazul, quien ante la revelación, saco un cuchillo, el mismo de aquella ocasión, al notar el acto, el forense se fue contra él, comenzaron a forcejear, tirando muestras y pruebas de la estantería, una mala maniobra le costó un corte profundo en el antebrazo el cual comenzó a sangrar inmediatamente, enfurecido y excitado Pharao le empujo haciéndolo caer, soltando el cuchillo, saco de su bolso nuevamente el arma.
- Me excita verte de esa manera... - menciono fuera de sí, el francés se descoloco con su revelación, seguramente la había sacado en el momento de abrir la gaveta
- fui un estúpido... - sonrió, confiado de creer que era la misma de aquella ocasión - te arrepentirás - en un ágil movimiento, se puso nuevamente de pie para empujar a Pharao, comenzaron a forcejear, causándose arañazos y pequeños hematomas, en medio de una disputa a tirones para sostener el arma, se dejo oír un disparo, de pronto el silencio inundo el consultorio.
El francés tosió escupiendo un poco de sangre al rostro del forense, cayendo fulminado al piso, una bala en su corazón había sido la causante de su desdén, había marcado el final de sus pecados y el inicio de su infierno.
-Esta vez no estaba vacía - sonrío el pelinegro, para tirar el arma al piso, respirando agitado, permaneció unos instantes quieto, para seguido suspirar pasando una mano por su cabellera, sin desfigurar su sonrisa se inclino sobre el
- tan perfecto... - repitió para sin reproches, besarlo, rozo sus labios con los de aquel, aun se sentían tibios, suaves, los mordisqueo de manera posesiva pues... sabía que no escucharía reclamos, ni reproches, sus manos comenzaron a vagar por aquel cuerpo, aquel que... inevitablemente le había robado tantos sueños por las noches y fantasías por los días. Sus manos se humedecieron al contacto con la sangre que emanaba de su pecho herido, vaciándolo, se estremeció por el calor de esta, comenzó a despojarlo de la ropa, para besar, succionar y lamer todo a su paso, mientras la sangre se deslizaba a la punta de su lengua, al acercarse a la herida sus mejillas se pigmentaban de rojo y filos densos dispuestos a coagular se colaban por la comisura de su boca, llevo una mano al miembro del francés para comenzar a masajearlo, observaba con deleite sus pupilas dilatadas, bajo dispuesto a engullir aquel miembro que comenzaba a enfriarse sin embargo un movimiento de parte del otro le hizo dar un brinco inesperado. Sonrió, sintiéndose idiota aquello no había sido más que un "Movimiento Postmortem" echando su cabello hacia atrás prosiguió a engullir el miembro de Camus, el cual succiono y lamio desde el tronco hasta la punta, embriagándose con su sabor, con su aroma que en momentos le hizo sentirse mareado, el calor comenzó a opresar su propio cuerpo y a su pesar, tuvo que detenerse, saco su miembro el cual comenzaba a enderezarse, para comenzar a masturbarse, consiguiendo una erección deseada totalmente erguida, tomo de los cabellos a su "amor" para aprovechar su quijada abierta en la cual introdujo su hombría, para mover el mismo la cabeza tirándole del cabello, los dientes raspaban dolorosamente, sin embargo su excitación era mayor.
- Eres una ramera... - escupió al aire, detuvo sus propios movimientos para ponerse de pie, aun tenia los guantes puestos hundidos en sangre y evidencias, eso quizá le ayudaría después de consumar sus deseos. Levanto al francés del suelo para echarlo sobre la plancha, haciendo caer el cuerpo anterior que tenia, el cual comenzaba a oler a putrefacción. Abrió indecorosamente sus piernas relamiéndose los labios, llevándose consigo muestras de sangre, para encajar su miembro en aquella estrecha entrada, que se cerraba aún mas, conforme sus músculos se tensaban.
-¡AHHH! - jadeo potente y sin vergüenza, el aroma del aire era nauseabundo, se perdía toda la esencia que no fuera consumida por el potente y celante olor a sangre. Comenzó su frenético vaivén poseyendo aquella entrada, miraba el rostro palidecente de Camus, esa era su mayor satisfacción, acaricio con una mano su rostro, sintiendo sus pestañas de aquellos ojos dilatados. No tardo demasiado en eyacular dentro de él, exhausto y acalambrado, salió de él, respiraba con rapidez, permaneció observándole con una profunda sonrisa en el rostro. Cierto tiempo después como genio que era, limpio toda su semilla, para vestirlo con cautela, se deshizo de los guantes, para desinfectar sus manos con un fuerte tónico. Tomo su celular, escuchando el timbrar, mientras pasaba sus manos ahora libres por el rostro entumecido del otro, escucho levantar la bocina del otro lado.
- ¿Oficial?
.:Fin Flash Back:.
Jadeo con fuerza para correrse sobre sus manos, soltando un agudo gemido que no intento ahogar, tratando de controlar su respiración, subió su bragueta para acariciar la mejilla del francés que yacía sobre la cámara de frio, dejando una pequeña marca de su semen, volvió a sonreír, noto el sonoro "tic - tac" del reloj, se percato que había amanecido, pronto entrarían los del siguiente turno, acomodo sus ropas, suspiro. Cerro la gaveta, se quedo unos momentos observando el dictamen en la tablilla pegada al lado de la compuerta.
Camus Leinen
28 años CASO JUDICIAL
Al llamar a los oficiales hacia dos noches, dio a relucir una versión poco creíble, que a pesar de ser totalmente irracional, no quedo más remedio que creerla, no había pruebas que confinaran a culparlo, todo apunta a lo que Pharao Reizen decía.
.:POV:.
-Entro por las escaleras de seguridad, me amenazo al instante, me acorralo en el consultorio buscando dinero o algo de valor... - indico serio y un poco frustrado.
- Camus Leinen no había presentado casos en que quisiera robar... - confino un oficial, el cual le entrevistaba.
- Me pidió dinero a cambio de no asesinarme, fue cuando empezamos a forcejear - mostró sus heridas - sin embargo... en un descuido tome el arma y... - suspiro un poco - jale el gatillo sin pensar en nada más que en mi seguridad... - el oficial permaneció en silencio unos instantes, realmente era muy difícil de creer.
-Quizá no quiera creerme, pero... las muestras medicas podrán mostrarle lo que busca...
- no hay nada en ellas...
-entonces no veo, él porque sigo aquí... - eso era cierto, el oficial suspiro, cerro la papelera, creíble o no, según las muestras indicaban la verdad, Un asesino había sido eliminado, un caso menos perjudicial para la sociedad, dieron por asentado el caso y Pharao fue dejado en libertad.
.:Fin POV:.
Poco después llegaron dos enfermeras, quien saludaron cordialmente al forense, preguntado su estado emocional, después de un corto preludio, indicaron que era hora de creemar al incitado culpable, Pharao asintió y les ayudo a sacarlo, para llevar la camilla hacia el área asignada, una vez allí el simplemente se quedo afuera, recargado en la puerta, al escuchar el tremendo fogón de los hornos, sonrío, busco en su bata lo que restaba de su almuerzo, mordisqueo nuevamente aquella manzana.
Un asesino había sido asesinado, valiera la redundancia, ahora los lares cercanos a San Bartolo podrían estar libres de peligro, pues... aquel que se escondía bajo el antifaz de héroe, no necesitaba el sufrimiento de vivos, pues vivía rodeado de lo que buscaba... de sus amados & callados... muertos.
Por que a mi no me cuesta nada comentar & postear ^^
Drako-zero .

|