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~POLVO DE ESTRELLA~
"¿Que hay en una estrella? Nosotros mismos.
Todos los elementos de nuestro cuerpo y del planeta
estuvieron en las entrañas de una estrella.
Somos polvo de estrellas.
Ernesto Cardenal: "Canto cósmico"
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Le gustaba la vista desde ese lugar, el mundo que se dibujaba en Jamir tenía las medidas trastornadas, los prados que se extendían al pie de las cadenas montañosas parecían inalcanzables a la vez que la lejana luna que iluminaba su rostro parecía estar al simple movimiento de su mano ¿Cuál mundo era el real? la altura le trastocaba la verdad conocida a sus ojos, sembraba en su mente la falsa ficción de que si extendía sus dedos podría quemarse al rozar una estrella.
-¿En qué piensas?
De reojo observó cómo su compañero de viaje se sentaba a su lado, poco parecía importarle que su túnica blanca fuera a ensuciarse o que el viento frío y helado desordenara su pelo del color y el aroma de las lilas.
-Con mi poder puedo destruirlas-soltó con amargura a la vez que envolvía en su mano la falsamente minúscula estrella- la explosión de galaxias consiste en esto-aclaró demorando su mirada en el rostro del menor así como el apretón de su mano en el astro que simulaba estrujar- la destrucción de estrellas, de millones de estrellas, una galaxia completa. Es el poder de la muerte.
Mu guardó silencio pensativo, ese hombre que de nuevo llevaba su rostro hacia el cielo empapado de luciérnagas le resultaba aún demasiado enigmático, desnudar los pensamientos de una persona no era algo demasiado complicado para alguien con sus habilidades sensoriales, pensamiento y sentimiento suelen ir de la mano en los seres humanos había concluido muchos años atrás; se mataba por amor, por odio, por poder, por honor, ni siquiera los dioses estaban exentos de ello, sin embargo, la naturaleza de ese hombre era demasiado intricada, su corazón era un terreno voluntariamente vedado por él: “si pudo engañar a los dioses ¿cómo confiar en él?” habían murmurado muchos de sus camaradas al saber de su partida a Jamir con el geminiano menor.
-¿Por qué lo dices?
-Porque si las personas son estrellas y yo un destructor de estrellas, entonces, yo soy un destructor de personas también. Es una ecuación simple.
Había algo de dolor y algo de resignación plasmados en su voz, no obstante, pese a no poder desnudar sus pensamientos él confiaba en Kanon. La confianza también va de la mano con los sentimientos y Kanon tenía facilidad para alterar los suyos, su sola presencia hacía temblar su corazón, humedecer su boca, secar de palabras su garganta, agolpar en su mano las ansias por demorar su compañía.
Por ello extendió esa sutil caricia.
-Las estrellas están destinadas a apagarse, la muerte es parte de la vida, es vida.
Quitó su vista del cielo al sentir el contacto tibio tanto de sus reconfortantes palabras como de su mano sobre la suya.
Él era cálido; él era vida.
Le había fascinado contemplarlo realizar el ritual de resurrección de las armaduras vueltas polvo de estrella en la guerra del cielo, había oído historias sobre la magia antigua de los lemurianos, pero el mito no hacia honor a la realidad, se quedaba corto a la hora de describir lo sublime del rito. En ese momento, de pie frente al taller en que Aries ejecutaba su magia anheló tener un poder así, un cosmos tan cálido y poderoso que pudiera traer a la vida las estrellas extintas que hacían arder esas armaduras.
-Preferiría tener un poder como el tuyo-confesó de pronto.
Ciertamente, él observarlo derramar su sangre para luego rodearse de la luz de millones de partículas estelares lo habían impresionado, habían impulsado a sus pies a acercarse y a su boca a articular “¿puedo?”
-Tu poder es tan necesario como el mío en el orden del universo.
Ciertamente, no podía olvidar el momento en que Kanon le preguntó “¿puedo?” y tras abrir un tajo en su muñeca derramó su sangre sobre las muertas armaduras.
“Lo hace por culpa” habían murmurado sus camaradas.
“Lo hago por culpa” le había confesado Kanon cuando sin rodeos le preguntó por qué deseaba acompañarlo a Jamir a reparar el resto de las armaduras sagradas.
-Lo haces por amor-irrumpió nuevamente en el silencio de Jamir la voz oriental.
-¿Eh?
-El otro día dijiste que deseabas entregar tu sangre a las armaduras porque pensabas que así podrías redimir al menos un poco tus pecados, aligerar el peso de la culpa.
-¿Y eso qué tiene que…?
-La culpa va de la mano con el amor, la culpa duele aquí ¿no?-la mano libre de Mu de pronto se posó en su pecho.
Kanon asintió.
La otra mano de Mu subió por su brazo hasta su hombro, lo rodeó. Hundió su cabeza en su cuello y pronto sintió su respiración tibia humedecer su piel. Se dejó envolver por su abrazo. No temió desnudar sus pensamientos ante ese hombre capaz de dar vida. Dejó a su corazón hablarle de sus miedos y sus culpas a las yemas delgadas que reposaban en su pecho.
-¿Qué te dice?
-Que te gusta como brillan las estrellas desde aquí, que te gustaría quedarte aquí por siempre.
-¿Sólo eso?
Mu apretó sus parpados, su abrazo, su mano sobre el pecho griego.
Los velos del corazón de Kanon se desprendían uno a uno bajo su tacto, sus pensamientos siempre tan herméticos resplandecían para él, solo para él.
Dolor-tristeza-frustración-ambición-rabia-muerte-odio-poder-fuerza-mentira-sangre-estrellas-miedo-fastidio-desilución-esperanza-inquietud-soledad-abismo-extinción-oscuridad-silencio-culpa-amor-pecado… destrucción…
-No me alcanzarían las palabras para describir tu corazón-susurró Mu a su oído aún hundido en el torbellino nítido de sentimientos que caóticos se disputaban el corazón griego-pero…
-Pero…
-Te equivocas. La destrucción no es solo muerte. El universo nació en una explosión de estrellas ¿sabes lo que significa?-Mu se apartó y luego se arrodilló frente a los ojos curiosos del mayor-significa que el polvo de estrellas que da vida nace de las estrellas que mueren-de pronto una lluvia de luz comenzó a caer no desde el cielo sino desde las manos del menor, comenzó a rodearlo, a empaparlo-creación y destrucción se necesitan recíprocamente para existir. Eso es una ecuación simple también.
Mu le sonrió y él imitó el gesto.
Luego extendió su mano y acarició su rostro. Delineó su boca. Él era real. Él como una estrella podía quemar la punta de sus dedos con un roce. La punta de sus labios también descubrió instantes después.
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