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Magic Love
° ~ » Dazzling Sapphire« ~ °
– ¿Qué estás haciendo? – preguntó el joven entrando a la habitación –
– Aunque no lo creas, tengo deberes – dijo con una sonrisa cerrando un poco la lap top, pues su hermano, se había acercado, como siempre, a husmear en lo que estaba escribiendo – ¿Se te perdió algo? – se quejó viéndolo inquisidoramente –
– Sí, algo que estás escribiendo – afirmó con su típico porte “saca quicios” que tenía –
– Es un mail y créeme que no es nada relacionado contigo y menos para ti – objetó el mayor comenzando a molestarse por la actitud mitotera de su hermano gemelo –
– ¡Anda Saga! – Tomó a aquél por el brazo y puso cara de angelito – Necesito algo de tú inspiración “Y mitotear” – murmuró entre dientes al final – Deja ver que le escribes al novio – insistió –
– Eso se llama vida pri-va-da – deletreó el peliazul mayor la última palabra, en un claro indicio de que no lo dejaría ver nada más – Además, la última vez que te ayudé a redactar una carta, se creó un lío y Radamanthys creyó que yo se la había mandado a Milo, en vez de ti –
– Pero pudimos resolverlo – dijo convencieramente – Sabes que con magia nada es imposible – le guiñó un ojo a su hermano –
– No Kanon, ya no puedo usar mis poderes con Radamanthys presente – aseveró – Se está dando cuenta que ‘casualmente’ todas las cosas extrañas, suceden cuando yo estoy y me ha estado preguntando las razones –
– Así que sospecha – susurró el menor – Por Zeus Saga, no te puede descubrir, porque tú mismo le has dicho que la magia no existe y es obvio que los mortales comunes y corrientes no lo creerán nunca –
– Sí, se lo he dicho muchas veces, pero cada vez que tenemos que hacer que lo que ve parezcan ‘sueños’ y me siento muy culpable –
– Sabes que mí mamá y mí papá no dejarán que digamos la verdad, así que mejor resignémonos a que nunca lo sabrá –
– No me siento muy bien con él, guardando este secreto… El 9 de noviembre cumplimos un año de novios y quisiera que el supiera todo –
– ¡¡Eso es imposible Saga!! – terció una voz, desde la puerta de la recámara – Te lo dije hace tiempo, y lo volveré a decir… Si se te ocurre decirle la verdad, perderás absolutamente todo… –
– Pero papá… – intentó refutar –
– Es por tú bien y lo sabes… Por eso siempre te dijimos que no te enredaras sentimentalmente con un mortal común y corriente – se acercó y acarició tiernamente los cabellos azules de su primogénito – Aceptamos la relación que mantienes con el, a pesar de que no está permitido – lo tomó por el mentón y lo hizo alzar la vista – Entiende que esto no está permitido y que es por tú bien –
– Lo se papá – se zafó del agarre y desvió la mirada – Se que no hay ninguna regla que prohíba lo que tengo con Radamanthys, pero un mortal no es aceptado… Pero… No quiero perderlo… – sonrió con resignación – El sospecha, bueno, no propiamente, pero si me ha preguntado algunas cosas y no quiero seguir mintiendo, porque la verdad será cada vez más difícil de comprender –
– Podríamos considerar la idea de decírselo y ver cómo reacciona –
– No Kanon, no podemos –
– Sería bueno arriesgarnos – sugirió el mayor de los gemelos –
– Ya les expliqué, que no tenemos permitido usar los poderes con los mortales y mucho menos, si se trata de algo tan personal como esto –
– No sería la primera vez… – dijo el gemelo mayor de mala gana entre dientes –
– ¡¡Entiende que no Saga Wallace!! – ordenó molesto Julián. El mencionado, cerró por completo la computadora portátil, dejándola aventada en la cama y usando magia, desapareció de la habitación –
– ¿Vez lo que provocas? – Reclamó el peliazul mayor a su hijo menor – Sólo le das ideas que son imposibles – salió de la habitación dando un portazo, dejando al menor de los gemelos en la habitación completamente solo –
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El mayor de los gemelos, apareció en la soledad de uno de los parques de la capital. Se sentía tan frustrado e impotente al no poder decir absolutamente a la persona que amaba… Podía desobedecer a sus padres y sincerarse, pero… ¿Y si Wyvern no lo entendía?... En estos momentos se preguntaba, ¿De qué le servía la magia, sino era capaz de resolver sus problemas?...
– Hola mí amor – contestó el peliazul su celular, pues este lo había sacado de sus pensamientos al momento que sonó –
– ¿Dónde estás Saga? – Preguntó molesto – Quedamos a las seis y son más de las seis y media –
– Es que tuve un pequeño problema con mi padre… No, nada grave, sólo hablamos un poco – bueno… Sí habían hablado, pero como era ley, habían tenido una discusión por el mismo tema de siempre – Am… – giró su rostro e intentó ubicarse ante el ‘¿Dónde estás?’ que el británico preguntó – No muy lejos de dónde quedamos, llego en 5 minutos – aseguró – No, no es necesario que vengas por mí, espérame en la cafetería y ya sabes que es lo que siempre pido –
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Apareció en el callejón que estaba detrás de la cafetería y entró por la de atrás, pues necesitaba pasar al baño y ‘cambiarse’. Tras asegurarse que los baños estaban completamente solos, trabó la puerta con ayuda de su dedo índice… También amaba la magia… Se giró y comenzó a verse en el espejo. Estaba algo despeinado y la ropa que portaba no era la adecuada para salir con su novio. Un fugaz movimiento de dedos y su atuendo cambió completamente, y aún así, no le convenció del todo, hizo un nuevo movimiento y ahora el atuendo le pareció más propio. Echó un último vistazo al espejo y se dirigió a la puerta, quitando el seguro con un solo movimiento de sus dedos y sin jamás haberla tocado. Sin embargo, lo que vio no era precisamente lo que había planeado… Sintió como un color pálido aparecía en su rostro y sonrió tontamente…
– Mí amor – murmuró con una sonrisa al británico, quién estaba a punto de entrar al baño… Ahora, ¿Qué se supone que inventaría? –
– ¿Qué haces aquí? – indagó el rubio, viéndolo inquisidoramente. No entendía qué era lo que Saga hacía en el baño, si supuestamente no había llegado y mucho menos lo había visto entrar a la cafetería –
– Yo… Bueno… Llegué hace un par de minutos – dijo sin saber exactamente cómo explicarse – El taxi me dejó por la otra entrada y vine al baño rápidamente para que no tuvieras que esperar –
– ¿Para qué no tuviera que esperar? – Objetó el otro – Creo que era mejor que me avisarás que habías llegado y después vinieras para acá… Además, por la otra entrada, no pasan carros, es un callejón –
Saga abrió la boca para decir algo, no obstante, no hallaba algo lo bastante creíble, además de que se había contradecido el mismo, con la supuesta explicación – Es que el taxi no me dejo exactamente en el callejón, sino en… – Radamanthys lo vio con más incredulidad y abrió la boca, asintiendo con la cabeza a las explicaciones del griego –
– ¿Te dejó en?... –
¿Por qué no recordaba el nombre de la otra avenida?... Vaya que si tenía mala suerte – En la avenida que pasa del otro lado, es que la avenida principal había mucho tráfico y pensé que tardaría más –
– A estas horas, la avenida 10 nunca va llena – recordó – Además, ¿En qué avenida te dejó? –
– No se cómo se llama – ¡Genial! Y ahora, ¿Cómo saldría de esta? –
– Con permiso – la voz de un joven los interrumpió, pues se habían quedado en la puerta del baño y ahora alguien más necesitaba pasar – Gracias – respondió el que había interrumpido y había salvado al gemelo, momentáneamente, después de que los aludidos se hicieran a un lado –
– Entonces, ¿Cómo te bajaste, si no sabías dónde estabas? –
– Ah… Bueno… Es que el conductor me dijo que ya estaba cerca la cafetería y por eso me bajé –
– ¿Estás seguro que era un conductor de taxi o estabas con alguien más y por eso hasta la cita se te había olvidado? – preguntó cada vez más molesto, al no encontrar ninguna explicación creíble para la situación –
– ¡Por supuesto que no!... ¡No estaba con nadie más! – Se defendió el peliazul – Si no te quisiera, créeme que serías el primero en enterarte… Te lo dije desde el principio, no me gusta mentir – vaya ironía y eso era precisamente lo que hacía con sus repentinas apariciones y cosas que sucedían a su alrededor –
– Entonces, ¿Por qué me estás inventando que llegaste en taxi y qué te bajó en la puerta trasera de la cafetería, y qué después no, resulta que te bajo en una avenida que no conoces, pero que sabías como llegar aquí? –
Se había quedado sin ninguna excusa creíble y su mente no trabajaba a la velocidad que el inglés requería una respuesta clara y concisa.
– ¿Por qué dudas? – Preguntó – ¿Se te acabaron las excusa o algo así? –
– No mí amor, no es nada de lo que crees… No te engaño con nadie, incluso puedes hablar a la casa y preguntar, hace unos momentos estaba ahí y cuando me hablaste, venía en el taxi para acá –
– Entiéndeme Saga, tú mismo me haces dudar con tú actitud, o dime, ¿Qué harías si las cosas fueran invertidas? –
– Se que a veces actuó de manera extraña, y que no me entiendes, pero no dudes que te amo – claro que lo hacía, pero las cosas no eran tan sencillas y seguramente, Wyvern no le creería ni media palabra de la magia y eso, además de que se enojaría por haberle guardado tanto tiempo el secreto y lo vería como algo ‘raro’ – Te lo dije desde el comienzo, si alguna vez llegara a interesarme en alguien más, te lo diría, porque no te mereces que te engañe, ni tú ni ninguna otra persona se merece algo como eso –
– Entonces, ¿Por qué tanto misterio? – Cuestionó – ¿Por qué no me dices la verdad de cómo llegaste aquí?... Se que pudiste haber llegado con alguien y no me molestaría – sonrió ante el gesto del más joven – Bueno, si me molestaría un poco, pero se que también sales con tus compañeros y que no sólo conmigo puedes salir a divertirte, tomar un helado o que se yo… Tampoco quiero asfixiarte y aburrirte, es sólo que tú actitud me hace dudar un poco –
– No hay razón, ya te lo dije, y el ‘misterio’ del que hablas no existe… Ya te dije lo que sucedió –
El inglés no quedó muy convencido con las explicaciones otorgadas, pero no quería pelear con el griego, y menos, porque cuando le hablaba de aquella manera, lo hacía desistir de cualquier duda que pudiera o no tener en su mente… Sentía unos enormes celos de verlo con amigos o con amigas, pues no era para menos la belleza que el menor poseía, pero tampoco podía estar dudando del amor que le tenía, y que estaba seguro no había alguna razón lo suficientemente fuerte, para dejarlo o enojarse realmente.
– Vamos a la mesa – pidió el inglés – Aquí sólo nos están viendo – dijo molesto –
Ambos caminaron a la mesa de siempre y tras haberse sentado, uno de los meseros, inmediatamente llevó lo que el inglés había ordenado, comenzando ambos a comer.
– Saga – llamó el británico – No quiero dudar de ti, pero es que a veces eres tan misterioso, que no se exactamente cómo reaccionar – seguía con la duda de qué era lo que había podido suceder pero tampoco continuaría con lo mismo, ya que eso sólo significaban, problemas – Aunque debo admitir, que en un principio fue ese misterio lo que me atrajo hacía ti – confesó con una ligera sonrisa –
– No soy raro ni nada que se le parezca – contestó haciéndose el ofendido – Y no se si sentirme ofendido o halagado – respondió –
Al inglés le fue prácticamente imposible no esbozar una sonrisa por la actitud que el peliazul mostraba. A veces actuaba más como un niño que como una persona de 23 años.
– No quise decir eso – aclaró el joven de orbes doradas – No eres raro, es sólo que eres… Misterioso – dijo al fin, después de quedarse un poco en silencio buscando una palabra, pero no encontrando otra. O más bien sí encontró otras, pero con aquellas palabras sólo provocaría un enojo en el gemelo mayor – No encuentro la palabra apropiada, pero no es con mala intención que te digo esto – aseguró –
– Creo que tendré que acostumbrarme a que me digas que soy ‘raro’ –
– No exageres – insistió – Y mejor dime, ¿Cómo fue que llegaste? –
– ¿Vas a seguir desconfiando de mí? –
– No, no es que desconfíe, es sólo que quiero saber cómo es qué llegaste –
– Ya te lo dije, vine en taxi y… –
– ¿Por qué insistes con lo mismo?... – interrumpió molesto – ¿Por qué no mejor me dices la verdad y nos ahorramos este mal rato los dos? –
– No puedo – respondió el griego, sabía que con eso, provocaría algo parecido a una tragedia griega –
El británico lo vio interrogante, mientras el griego bajaba la mirada… ¿Por qué aquél no le sostenía la mirada como tantas veces lo había hecho en situaciones parecidas?... ¿Es que acaso, si había una tercera persona?... ¿Qué era lo que Saga le escondía?...
– ¿Por qué no puedes? – Interrogó nuevamente – Y quiero la verdad –
– Ya te lo dije, no puedo… Al menos de momento, pero te prometo que… –
– ¡No me prometas nada Saga! – contestó molesto el rubio – Sólo quiero la verdad, y tú pareces guardar miles de misterios y secretos para mí –
– Radamanthys… Por favor, ten paciencia… Todo esto tiene una explicación lógica – Bueno, si es que al hecho de ser mago, se le podía llamar lógico… –
– Hola Saga – el mencionado alzó la vista y ¡Bingo!... De momento, estaba salvado y el interrogatorio pasaría a un segundo plano –
Radamanthys vio al recién llegado de arriba abajo y desvió la mirada molesto… Odiaba a ese amigo de la clase de su novio, pues el siempre había notado que tenía demasiadas atenciones para su Saga, a pesar de que el griego siempre negaba aquello y argumentaba que sólo eran amigos y así lo habían sido los últimos dos años, justo cuando habían entrado a la Universidad.
– Radamanthys no dices nada – insistió el recién llegado, sentándose en la misma mesa que ellos, sin siquiera esperar una invitación por parte de alguno de los dos –
– ¿Quieres que te haga una fiesta porque estás aquí? – respondió frío… Como siempre lo era con ese –
– Radamanthys… – llamó el griego a aquel por su actitud –
– Déjalo Saga, de seguro sigue teniéndome celos – ahora fue el turno de que Saga lo viera a el con resentimiento –
– Shura, por favor – murmuró el gemelo – Además, ¿Qué haces aquí? –
– Pasaba cerca y decidí venir un rato, y ¡Oh sorpresa! Te vi –
– Extraña casualidad – susurró el inglés de mala gana. ¿Por qué no lo había pensado antes?... Era obvio que Shura era quién había llevado a Saga a la cafetería esa tarde. Por eso, tanta contradicción en las palabras del griego, además de lo nervioso que se notaba. Wallace se había olvidado de la cita que tenía con el, sólo por un motivo… Estaba con Shura en otra cita… Y ahora el español se aventuraba a ver cómo estaba la situación entre el griego y el, para no levantar sospechas… Pero eso ya era demasiado tarde, el ya lo había descubierto todo y la verdad que tanto había querido descubrir, lo tenía muy perturbado… No daba crédito a lo que había sucedido…
– ¿De qué hablas? – preguntó el gemelo, extrañado, pero teniendo una ligera idea de lo que Wyvern pensaba… Temía que sus pensamientos fueran los mismos que los de Radamanthys y que aquello sólo le trajera más problemas –
– De nada… Tengo cosas que hacer – y sin más, el rubio se levantó de la mesa, dejando un par de billetes en la misma, pagando por lo consumido –
– Has de estar muy orgulloso de lo que hiciste – reclamó el peliazul, levantándose o al menos eso intentó, pero el pelinegro se lo impidió tomándolo por un brazo –
– No te rebajes – ordenó aquél – Además, es obvio que no confía en ti, de otra manera, no se hubiera ido de aquí –
– Suéltame Shura – espetó el peliazul, molesto por las palabras que le había dicho el otro – Necesito hablar con el – se soltó del agarre y fue a la salida –
En el estacionamiento, el rubio estaba subiendo a su auto y Saga se apresuró para poder hablar con el.
– Radamanthys… Espera… – pidió, llegando hasta la ventanilla del lado del conductor – ¿Por qué te vas así?... ¿Qué pasó? –
– Deberías de saberlo – dijo sin prestar atención, echando a andar el carro – No lo hagas esperar, además, el te podrá llevar a tú casa –
– ¿De qué hablas?... –
– ¡Ya no finjas Saga!… Es obvio lo que sucedió y no pienso estar en medio de ustedes dos –
– Radamanthys… En serio, no se de qué hablas –
El rubio soltó un bufido molesto… ¿Qué ganaba aquél con fingir de esa manera?... En momentos como este, sentía que había exagerado con sus celos y que absolutamente nada había sucedido – Súbete – susurró – Hablaremos en el camino –
El resto del camino pareció, más que nada, un sepulcro, pues cada vez que Saga intentaba intercambiar algunas palabras con su novio, aquél se negaba y cortaba con algún monosílabo cualquier intento de conversación que podía haber pasado por la mente del gemelo.
– ¿A dónde vamos? – preguntó Saga. En la última media hora, se la habían pasado dando vueltas en la ciudad sin tomar un rumbo fijo –
– Jamás te había importado a dónde fuéramos cuando estás conmigo –
– Jamás me habías dejado de hablar de esta manera, y menos sin una razón – contestó el griego, viendo por la ventana de su lado. Odiaba ir peleando con el –
– Eso se llama cinismo ‘mí amor’ – respondió irónicamente el inglés, enojado por la manera en que el peliazul lo culpaba por lo que sucedía, siendo que el mismo gemelo fue el que provocó todo –
Saga volteó a verlo entre sorprendido y ofendido por la palabras dichas – Me gustaría saber, por qué soy cínico – respondió – Y mejor llévame a mí casa, claro si quieres, sino, puedo tomar un taxi –
– No me digas que Shura te anda siguiendo para llevarte en ‘taxi’ a tu casa, tal y como te llevó en la tarde a la cafetería –
Saga abrió los ojos de más al escuchar aquella blasfemia… Wyvern se estaba creando una maldita utopía con algo que jamás había sucedido y que jamás sucedería.
– No dices nada… – susurró dolido… – El que calla otorga Saga –
– Mira Radamanthys, si vas a seguir con tus celos patológicos, es mejor que dejemos las cosas así... No tiene caso estar juntos, si no confías en mí –
Wyvern tragó saliva con dificultad… A pesar de todo, el no quería terminar con Saga… El deseaba que el otro hubiera negado que sus sospechas fueran ciertas y que de una u otra manera, le diera razones para no separarse nunca de su lado… Pero al escuchar aquello… ¿No era eso lo que el había querido escuchar?... Al final de cuentas, le estaba diciendo que sus celos ponían enemigos en dónde no los había… O al menos eso había querido entender… – No seas extremista Saga –
– El extremista eres tú… Shura y yo no tenemos nada que ver y lo sabes… Si estoy contigo es porque te amo a ti… ¿No te lo he demostrado acaso? –
– Saga entiéndeme, guardas demasiados secretos y me mientes… Justo como hoy – murmuró lo último en derrota – No desconfió de ti… Sino de él… –
El gemelo giró su rostro y enfocó al inglés – ¿No te he dado suficientes motivos para que confíes en mí? – cuestionó de nuevo – Yo no jugaré contigo y menos te voy a engañar con Shura – aseguró. El auto se detuvo ante la luz roja del semáforo –
– Lo se – admitió el mayor – Sólo que me es imposible evitar ponerme celoso – sonrió un poco y temeroso dejó una caricia en la mejilla del peliazul, quién únicamente sonrió aprobando el contacto. Tentado estuvo a saborear los labios del géminis, pero en ese justo momento, el semáforo cambió de color, provocando con ello que el rubio soltara un bufido molesto y que se viera en la necesidad de centrar su vista en el asfalto delante de ellos –
– Radamanthys – musitó el griego. El mencionado centró su mirada unos segundos en el gemelo, indicándole con eso que tenía toda su atención – Por favor, se que soy… Extraño – dijo al fin, sin encontrar una palabra adecuada, pero confiado en que aquella lo dejaría llegar a dónde esta vez quería. El británico al escuchar aquello, de inmediato intentó refutar las palabras del gemelo… Por todos los dioses, Saga no era algo que el viera como ‘extraño’. No era nada de eso… No obstante, el gemelo se adelantó y negó un poco con la cabeza – Déjame hablar – pidió. Aquél asintió – Te guardo algunos secretos… Es cierto – admitió – Pero no son sentimentales ni nada de eso… Tú eres el único… Y quiero demostrártelo y claro, que me lo demuestres – sonrió tímidamente –
– Saga, no quiero que te sientas obligado de alguna manera conmigo – entendía perfectamente la manera en que el griego pensaba demostrarle su amor y su lealtad… – Quiero que se dé algo más – aceptó – Pero quiero que sea porque tú lo quieres, porque de verdad estás convencido y no para demostrarme que me eres fiel… –
– No me estás obligando… Al contrario… – de nuevo un alto y esta vez el gemelo se acercó, recortando la distancia entre ellos, pudiendo probar la dulce miel de los labios del joven de mirada ocre – Quiero compartirlo todo contigo – susurró contra los labios del inglés –
Wyvern sonrió ante aquel gesto – Saga… – dijo con mesura, separándose para volver a poner en movimiento el automóvil. En estos momentos deseaba que existiera un piloto automático, para así poder dedicar su atención total a su amado peliazul –
El resto del camino, continuaron con miradas insinuantes e indiscretas, sin llegar a concretar una caricia realmente descarada o que dejara al otro anhelando, como muchas veces antes había sucedido, pero que por decisión del propio gemelo, nunca habían llegado a algo más, en la intimidad… Esta de más decir que el que estaba en clara desventaja era el mismo Radamanthys, pues al ir manejando, era un foco más vulnerable para las caricias que el gemelo le obsequiaba ocasionalmente en las piernas…
– Te cobraré esto y con intereses – reclamaba el joven, intentando alejar la mano del peliazul, que se la pasaba ‘atormentándolo’ con cada movimiento de sus dedos –
Llegaron al edificio y el inglés mal estacionó el automóvil, pues no pretendía dejar sin ‘castigo’ a su amor; así que sin más, ambos subieron por el elevador y el tiempo que tardo éste en llegar al séptimo piso, no fue mal aprovechado, al punto que el griego se vio en la necesidad de acomodarse un poco los cabellos que habían sido desacomodados en uno de los candentes besos que compartieron…
El elevador abrió su puerta y dio paso a un largo pasillo de puertas de fina madera con números dorados. Caminaron con algo de prisa y tras haber entrado al departamento, Radamanthys se percató de haber asegurado la puerta tras de si, y al instante siguiente, su mano se posaba en el mentón de Saga, girándolo para poder dejarle un beso posesivo en los labios, halándolo por la cintura a manera de darle la vuelta, para ambos quedar de frente. El géminis no se hizo del rogar y pasó sus brazos por el cuello del británico, masajeando la zona delicadamente. Así, abrazados y en medio de fogosos y largos besos, se abrieron paso a la recamara principal, tropezado y tirando alguna que otra cosa que cometió el atrevimiento de cruzarse en su camino.
Las respiraciones de ambos comenzaban a alterarse y el griego no era muy conciente de lo que sucedía a su alrededor o de qué era con lo que su cuerpo chocaba en cada paso que daba, sino que sólo reaccionó al sentir como sus piernas se flexionaban debido al borde de la cama que albergaba la habitación.
– ¿Estás seguro? – preguntó el inglés una vez más… Entendía que era la primera vez que Saga estaba con otra persona y no quería que de alguna manera se sintiera comprometido por haber accedido a este tipo de caricias… –
El gemelo cerró los ojos e intentó controlar su respiración, además de que sentía que sus mejillas estaban embarazosamente sonrojadas… 30 de Octubre… Esa noche era 29 de Octubre y tan sólo faltaban algunas horas para que Radamanthys cumpliera 24 años… El quería ser su regalo y claro, siendo sinceros, también era un regalo para si mismo, entregarse de una manera como lo estaba haciendo – Siempre lo he estado – aseguró con una sonrisa – Quiero sentirte… En mí… – dijo al final, justo antes de jalar al británico por el cuello de la camisa y dejar algunos besos en su rostro, y finalizar con uno en la punta de la nariz del mismo – Te amo y quiero demostrártelo y que me lo demuestres –
– Yo también te amo Saga – aceptó sonriendo y ladeando su rostro, para poder dejar un camino de besos en el cuello del griego y desviarse a su oído – Te amo demasiado… Como nunca creí que podría hacerlo – confesó, justo antes de dejar un lengüetazo en toda la extensión de la oreja izquierda del peliazul. Sus manos, mientras tanto, no permanecieron inertes y cobraron vida, peleando con los botones que la camisa del griego tenía. Dejándola desabrochada en su totalidad, pero sin despojar al que estaba debajo de él, de la misma. Sus besos descendieron por toda la blanca piel del cuello del peliazul, dejando a su paso marcas que al otro día serían muy notorias y que obligarían al gemelo a usar una playera de cuello alto, si no quería que alguien notara la fogosidad con la que había vivido la noche anterior… –
Los labios del griego, se desvivían en susurrar palabras de amor y ruegos de que en ningún momento el mayor se detuviera, aunque aquello nunca había pasado por la mente del rubio, pues moría por sentirse envuelto por la íntima y nunca antes visitada estrechez del menor… Estaba seguro que se uniría con él cuando el gemelo lo quisiera y no era para menos… La belleza que tenía el mellizo era digna de ser admirada por cualquier mortal o dios que se cruzara por su camino. Era sencillamente perfecto y no conforme con eso, el era su dueño… No podía pedir más de la vida.
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Aquí les dejo un one shot que ya tiene tiempo que hice, pero hasta apenas me animé a publicarlo, ojala sea de su agrado y espero sus comentarios!!!
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