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Juguetes sexuales Juguetes sexuales (0.395 s)

Juguetes sexuales

FECHA El 15/10/11 a las 07:10:04 IP GUARDADA
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Online karin_san
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El 15/05/09 a las 04:05:48
Juguetes sexuales

Resumen: ¿Y sí para librar a tu compañero de armas de la más cínica de los dioses tuvieras que hacerle el amor?

Estado: finalizado

Pareja:KanonxMu

Autor: Karin_san

Dedicatoria: al club Pasión Blasfema

Advertencias: lemon


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RESPUESTAS AL MENSAJE - Respuesta/-s
FECHA El 15/10/11 a las 07:10:06 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
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El 15/05/09 a las 04:05:48

-¿Despierto tan temprano, Aries?-se sorprendió Kanon de Géminis dispuesto a atravesar el silencioso primer templo tras terminar su guardia nocturna por los alrededores de las doce casas.

-Es que no había tenido tiempo de entregártela aún-se justificó el ariano extendiendo sus brazos. Sobre ellos yacía limpia y cuidadosamente doblada la capa de uno de los dos guardianes de Géminis.

-No había apuro, habré tenido mis motivos para entregártela en el combate-respondió el griego esbozando una ligera sonrisa.

-Sí…- expresó dubitativo el menor-Kanon… ¿no te has preguntado por qué Atena nos borró la memoria sólo a nosotros dos?

El griego miró hacía el techo al tiempo que fruncía los hombros. Ciertamente si se lo había preguntado… al principio, pero ya habían pasado semanas desde la batalla en el Olimpo y no veía caso en seguir preocupándose acerca de ello.

-Piensas demasiado, Aries- le sonrió mientras le revolvía la cabellera lila sin notar el rubor que se apoderaba de las mejillas del primer guardián. Instantes después se encaminaba hacia la salida del primer templo.

***

¡EXPLOSIÓN DE GALAXIAS!

La inmensa puerta se hizo añicos ante su brutal detonación de cosmos ¿Cuánto tiempo había pasado desde su enfrentamiento con las arpías en la entrada al Olimpo? ¿Cuánto tiempo llevaba sin encontrar rastro de ninguno de sus camaradas dorados o de bronce? ¿Existía algo cómo el tiempo en la dimensión que habitaban los dioses? Lo único de lo que estaba cierto era de la risa femenina cuyo eco lo había conducido a través de esos innumerables pasillos e interminables puertas. Apretó furioso su puño al toparse con una más:

¡EXPLOSIÓN DE GALAXIAS!

La habitación a la que había entrado en esta ocasión era bastante distinta a la demás, de menores dimensiones y una intensa oscuridad que repentinamente fue desapareciendo como si el sol fuese saliendo poco a poco en ese pequeño recinto iluminándolo todo a su paso, dibujando los contornos, rasgando las sombras de las pared a su espalda, aclarando el suelo desierto centímetro a centímetro. Pronto pudo ver el brillo dorado de su armadura marina y metros más adelante a… primero los dedos pálidos de sus pies pegados al suelo, luego sus rodillas, sus muslos, su flácido miembro, su vientre, su pecho, su rostro, sus lágrimas, sus brazos sujetos por una cadena cuyo origen se perdía en el techumbre sin fin…

-¿Qué ocurrió, Aries? ¡Despierta!-dijo apresurándose hacia él y tomando la mejilla del menor que se esforzaba por adaptarse a la repentina luz.

-Qui…quítamelo-murmuró débilmente.

El griego forcejeó inútilmente con las pesadas cadenas.

-No… eso… no-habló Mu con dificultad tratando de girar hacia atrás la cabeza sin demasiado éxito.

Confundido Kanon se apartó tratando de entender a qué se refería el santo de Aries, entonces notó el hilillo de sangre mezclado con espeso semen que resbalaba por su entrepierna, aturdido y preocupado lo rodeó, movió el largo cabello lila que cubría su cintura y comprendió.

-¡Rayos! ¿Quién mierda te hizo esto? Tranquilo…lo sacaré… sólo…-balbuceaba entre furioso y dubitativo acerca de cómo proceder.

Finalmente, tomó aire y sujeto la punta del metal grueso y redondeado que se hundía entre los glúteos del primer guardián. Tironeó. Mu gritó. Tironeó sin éxito nuevamente.

-No, no, no. Así no-una voz femenina y risueña inundó todo el lugar.

-¡Muéstrate, maldita!-se incorporó el griego tratando vanamente de detectar el cosmos de la mujer.

-¿Para qué me ensucies el vestido con tu cosmos? Jajajaja no es tan simple mortal, a mí no me gusta pelear, ya con ese lindo muchachito de ahí me cansé por unos mil años así que ahora estoy muy lejos de mi templo disfrutando del show-aclaró a la vez que un delicado perfume invadía el lugar.

-¿Quién eres?-preguntó irritado y furioso el griego

-Eres tan sexi enojado, con razón le gustas tanto, bombón.

EXPLOSIÓN DE GALAXIAS

-…Y tontuelo también, te dije que no estoy aquí.

-¡Mierda! ¡Sácale esa cosa de una vez! ¡Qué pretendes, idiota!

-Pero que boquita más sucia… a ver si sirve para algo más que insultar. Chúpasela bien hasta que tenga un buen orgasmo y se le salga el juguetito.

-¡Pero que rayos dices, imbécil!

-¡Qué poco humor, Kanon! ¡Me decepcionas! pensaba que el amargado era tu gemelo.

-Cómo sabes de Sa…

-Vamos, Kanon, sé que no eres tontito, engañaste al viejo de los océanos ¿no? Sí sé todo es porque soy un dios. Una diosa más específicamente. La pregunta entonces sería ¿cuál? Vamos, no es difícil ¿cuantos dioses se preocupan por el placer de los humanos, eh?

-Afrodita-masculló Kanon entre dientes.

-Jajajajaja muy bien, ese es mi chico sexi.

-¿Qué mierda pretendes?

-¿Qué quiero? mmmm eso también es fácil de deducir ¡divertirme con ustedes!

-¡VEN A PELEAR DE UNA VEZ, ENTONCES!

-Ya he dicho que no. Puedes salir de mi templo si quieres, no te detendré, sin embargo, Aries, como puedes ver se encuentra un tanto… imposibilitado.

-Ya veremos-habló desafiante Kanon expandiendo su cosmos, elevando sus brazos…

-Eso es…

EXPLOSIÓN DE GALAXIAS

El ataque golpeó de llenó varios metros sobre su cabeza contra la gruesa cadena que sujetaba los brazos del menor, Kanon sólo deseaba no haber herido al primer guardián en su arrebato de ira mientras se dispersaba el polvo.

-…inútil-completó en un suspiro la risueña voz de la diosa-tanto la cadena como el… juguetito están hecho por mi esposo, Hefestos, nunca podrás destruir algo fabricado por el dios de los artesanos ¿lo sabes, no?

-¿Qué pretendes? ¡Libéralo!

-No-afirmó echándose a reír nuevamente-te dije, Kanon, que si se lo chupas bien se le saldrá el juguetito ¿no me oíste?

-¡Estás loca!-rugió el griego girándose hacia el primer guardián, se colocó delante de él, envolvió sus manos encadenadas y tiró de ellas con insistencia-¡maldita sea! ¡Rómpete!-no paraba de articular mientras forcejeaba inútilmente.

-Vete-susurró con un ápice de voz el lemuriano.

-¿Andas despierto, eh?

-Ve con Atena…-insistió-los demás… debes ayudarlos a enfrentar a los otros dioses y…

-¿Y dejarte con esa loca? No seas tonto, Aries-dijo revolviéndole su cabello.

-No se romperá, no tiene sentido.

El griego inspiro y expiró varias veces, con su mano limpió las mejillas húmedas del menor, se acercó a su oído decidido.

-Sé que esto es incomodó pero… trata de pensar… no, no pienses, solo será un momento ¿sí? Deja que tu cuerpo reaccione, sólo eso-pidió antes de apartarse y mirar apenado los ojos verdes y ensanchados del tibetano.

Se arrodilló y tras observar unos segundos el delicado y nacarado miembro lo palpó primero con sus dedos y luego tras un instante de duda con su lengua. Acarició su textura con el ápice, lo envolvió en su manos para masajearlo en variadas ocasiones, finalmente, lo engulló.

-No… no… sólo… vete… vete, Kanon, ahhh, por fahhh vor

Oyó a Mu pero no concebía la opción de dejar a su compañero de armas allí. Cerró sus ojos, inspiro su olor húmedo y caliente, chupó con más intensidad el cada vez más hinchado pene.

-Pa…para…Ka… ahh ahh

Pronto de labios del ariano no brotaron más que gemidos de éxtasis. Una capa de ancho rubor se situó en las mejillas por las que antes caían lágrimas y ahora películas de sudor.

-Ahhhhhhh

El orgásmico grito de la descarga fue acompañado en simultaneo por el sonido del metal que cayó a su espalda y la cadena que de repente se colapsó hacia abajo haciendo que las manos apresadas de Mu se posaran en el suelo.

-Ya está, ya está-se aprontó a susurrarle Kanon mientras limpiaba en su capa restos del semen que había empapado su boca.

Clap-clap-clap-clap-clap

-Muy bien, muy bien ¡eso fue hermoso! Taaaaan… sensual, sí, muy sensual-especificó la voz de la diosa del amor acompañada por enérgicos aplausos.

-¿Por qué la cadena aún lo mantiene preso?-preguntó ignorando sus comentarios el griego que había estado lidiando con ella mientras la diosa hablaba.

-¿Por qué crees Kanon, eh?

El geminiano no debió pensar mucho, bastaba ver la posición que el menor había adoptado una vez que la cadena cayó, una posición que no hacía más que seguir abultando el turgente sexo bajo su armadura.

-No lo haré, acaba de una vez con tus juegos estúpidos.

-¿Le contaste, hermoso, por culpa de quién acabaste en esta situación?-de pronto una mujer de cuerpo exuberante, rasgos delicados y cabello como el fuego se materializó de rodillas ante el ariano, tomó su mentón, rozó sus labios.

En vano trató Kanon de atacar a la ilusión de la deidad que no paraba de hablar.

-Mis presas son los chicos enamorados, son muy fáciles de cazar, sólo basto saber de quién para conseguir mi victoria en batalla.

-Cállate- rogó el ariano.

Kanon sólo pudo fruncir con ira el ceño.

-Se alegró tanto al encontrarte en mi templo, sintió alivio de verte con vida pero en cuanto notó la sangre que empapaba todo tu cuerpo semi desnudo ¡cómo se preocupó!

-¡CÁLLATE!

-¿A dónde quieres llegar?-se exasperó Kanon.

-No tardó mucho en excitarse-afirmó la diosa recorriendo con su índice la piel que mantelaba la columna vertebral del menor-te tenía a ti, el hombre que le aceleraba el pulso: desnudo, frágil y susurrándole que antes de morir quería sentirlo.

Mu dejó hundir su cabeza entre sus brazos. Ligeros espasmos sacudían su espalda.

-Entonces me aburrí de jugar, a mí me gusta sentir placer como mujer, no tomando la apariencia de algo y alguien que no soy así que pensé sería más divertido esperar que llegaras aquí y jugar con los dos.

-Por eso me guiaste a tu templo-sintetizó el griego.

-Te estás saltando una de las partes más deliciosas del relato-advirtió apareciendo de pronto ante él y tapando su boca con su delgado índice- ¿Te dije que Hefestos me ayudo con sus productos, no?-sonrió con sus labios rojos- conoces el mito, seguro, es un ser cojo, feo, algo repulsivo para la vista pero de buen gusto, eso sin duda ¿se divirtieron mucho, hermoso, no?-continuó apareciendo nuevamente ante el tibetano y forzándolo con su cosmos a mirarlo con sus apenados y llorosos ojos -sé que es algo violento pero es un dios, debes considerarlo un honor.

-Eres una…-masculló el griego pero una arrebatada y decidida decisión final no lo dejó terminar.

Se apartó y comenzó a quitarse las piezas de la armadura.

-Sólo debo cogerlo y ya ¿no? ¿Todos felices, cierto?

La diosa se sorprendió por su actitud repentinamente condescendiente.

-¿Hablas en serio?-inquirió la diosa frunciendo el ceño, no podía evitar desconfiar del engaña-dioses.

-Me excitó tu relato-pronunció Kanon relamiéndose los labios y mostrando su desnudo y erecto sexo- y además tengo cosas que hacer ¿sabes? Salvar a Atena, el mundo-sonrió con cinismo.

La diosa aceptando su posible locura ante la estresante situación se limitó a inclinar su cabeza a modo de aceptación y, posteriormente, desaparecer.

Tembloroso Mu sintió las gruesas manos de Kanon empinar su cintura para luego frotar su grueso pene contra sus glúteos.

-Relájate, Aries-demandó el griego sin reparos apartándose. Finalmente, se acercó pero con su lengua extendida hacía su anillo de carne. Debió atrapar con sus brazos las revoltosas piernas de Mu furioso con su actitud, sin embargo, pronto el deseo superó la furia y el estremecimiento que recorrió el cuerpo entero del primer guardián fue la prueba.

Un beso negro. Un gemido del ariano. La estocada.

Tuvo cuidado de entrar despacio consiente de los repetidos abusos que debió padecer la intimidad del mas joven. Protectoramente lo recubrió con su cuerpo. Una de sus manos descendió en una suave caricia desde su vientre hasta el miembro del ariano; la otra subió por su pechó y atrapó su mentón. Sus labios con sus labios.

¿Fue en el momento en qué caímos juntos al precipicio a causa de las arpías? ¿En un descuido entraste en mi mente y viste algo que escondía, cierto? No es sólo deseo.

Inquirió sin voz, su mente especialmente dotada para ese artilugio logró traspasar las barreras cerradas del ariano a causa de su nerviosismo y trauma.

.

.

.

Era un corazón enjaulado demasiado triste, nunca ansié tanto abrazar un corazón como el de ese adolescente viendo las aguas incesantemente golpear, golpear y golpear. No es deseo… me gustas.

Con ternura el griego apartó el flequillo húmedo del menor, atrajo su rostro, besó sus labios.

Con ardor el griego llegó al fondo húmedo de su cavidad, golpeó su epicentro, lo hizo retorcer de placer.

Entrar, besar, salir, entrar, acariciar, salir, entrar, estrujar, salir.

Con una mano pellizcar sus tetillas, con la otra bombear su ansioso sexo.

Con su boca besar. Gemir.

Con su pene penetrar. Gemir.

-Demasiados besos para mi gusto, pero en fin-comentó el último eco de la voz de la diosa a la vez que la cadena se desprendía de las muñecas de Mu. El griego fue el primero en incorporarse y llamar a su armadura.

-¿Tu armadura, Mu?- inquirió inclinándose hacía el menor que aún permanecía exhausto en el suelo.

-Hefestos dijo que la fundiría y…

-Lo único que se fundirá será él cuando lo encuentre y haga polvo de estrellas-gruñó Kanon a la vez que envolvía con su capa al menor antes de alzarlo en sus brazos.

-No es nece…

-Apenas podrías caminar y lo sabes. Descuida. Ya me tendrás que invitar a tomar té con galletas en tu templo como compensación, eh.

A la salida del templo de la diosa del amor había un mar de nubes, tras él encontrarían a Hefestos a quién Kanon con ayuda de Mu harían ciertamente polvo de estrellas, sin embargo, de esa batalla o las siguientes no queda en su mente ningún recuerdo.

-Mi señora, por favor, a mi me apena y él…-dijo Kanon sangrante y exhausto a la vez que miraba al inconsciente tibetano-él ya sufrió bastante.

-Lo comprendo y lo acepto-murmuró Atenea antes que una brisa cálida arrasara con sus oscuros recuerdos.

***

-Espera, Kanon-lo llamó de pronto el primer guardián.

-¿Tienes algo más que devolverme?-bromeó el griego.

-¿Te gustaría un poco de té?

Kanon de Géminis lo meditó tan solo unos instantes antes de retroceder sobre sus pasos y aceptar con gusto la repentina y amable invitación.


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