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Buscadores de Libertad (ShakaxShun) (Finalizado) Buscadores de Libertad (ShakaxShun) (Finalizado) (0.374 s)

Buscadores de Libertad (ShakaxShun) (Finalizado)

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El 20/07/11 a las 12:07:19
Buscadores de Libertad (ShakaxShun) (Finalizado) Buscadores de Libertad (ShakaxShun) (Finalizado)

Resumen:La vida era grata, como hermanos todos respetaban la naturaleza y a sus espiritus creadores... pero llegaron los dioses y lentamente todo en el mundo fue cambiando alejando a los hijos de los espiritus de sus lazos.

Ahora uno de ellos se ve luchando por recuperar lo que perdio al decidir dejarse llevar por le mundo materialista que los dioses le mostraron.

El ya no era un zodiaco, tampoco era un dios, y mientras intenta cumplir con la mision que sus nuevos señores le encomendaron se da cuenta de que al hacerlo estaria acabando con sus ultimos lazos con sus antepasados

 

Pareja principal: Shaka x Shun

Tipo: AU- Fantasia
Advertencias: Muerte de un personaje, Mpreg

Estado: Finalizado
Ultima Actualización: 19/11/2011

 

Titulo: Buscadores de Libertad

Autor: Ella

Dedicatoria: a quienes quieran leerlo XD

 

Personajes.

Principales:  Shaka, Hyoga, Shun

Hola :D, les traigo un Shaka-Shun, amo la pareja... demasiado, no se como subir una imagen de ellos, en cuanto lo averigue la subo, me gustó como quedo xD, esta bien, espero les guste, es solo una introduccion en la que me emocioné XD lo lamento :P... La manera de escribir este fic será muy extraña :x, eso me han dicho y yo tambien lo creo xD, Bueno, ojalá les guste ;)

-------------------------------------------------------------------------------------------

Al principio solo era el espacio en la existencia, un día hace mucho tiempo decidió que se sentía solo, por lo que se empeñó en  tener descendencia, así tomo un poco de polvo estelar y fragmentos de cosmos y con ellos creo su herencia. Así tuvo dos hijos el caos cuyo nombre era Vacio y la noche llamado Universo. Esos dos hijos continuaron a su lado hasta que se hicieron mayores  y como él decidieron tener familia, ambos se unieron y jugando con el espacio, el polvo estelar y el cosmos crearon las estrellas, ocho de ellas fueron sus hijos: Sol, Mercurio, Marte, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y Plutón y dos mas fueron sus hijas: Venus y Luna

Esa gran familia no podía ser feliz y pues los menores decidieron que como sus padres ellos también querían tener hijos, pero comprendían que las cosas no podían darse así pues después sus hijos desearían tener hijos y no podía existir en el tiempo tantos seres con el poder de crear mas poder pues la línea de la vida podría verse corrompida si deseaban pelar.

El espacio no podía ver a sus nietos tristes por lo que decidió crear para ellos un lugar donde colocar a sus hijos que no tendrían el poder de ellos, los seres superiores, y allí podían vivir en paz sin crear muchos problemas. Así decidió crear Grecia, pero para que todo en ese lugar fuera pacífico se dijo que se crearía cerca de Luna pues ella con su influencia pacifica y amorosa permitiría que todo habitante de ese nuevo lugar vivieran en sana convivencia.

En ese nuevo lugar llamado Grecia las estrellas crearon a sus hijos:

Sol creo el espíritu del calor de la luz, y lo llamo Luz de Sol. Él fue el espíritu mas poderoso entre sus hermanos aun así su simpatía no permitía que tuviera enemigos entre ellos. Era talentoso y ambicioso. Jugaba con Grecia llenándola de calor y provocando la vida en ella, ayudando a sus primos a crecer.

Mercurio tuvo dos hijos: primero abrió sus ojos y al ver tan bello lugar deseo llenarlo de más belleza por lo que su primer hijo nacido mujer fue llamada Estrellas y la coloco sobre Grecia para que lo irradiara de belleza. Aunque en ocasiones Luz de Sol no la dejaba jugar con Grecia eso no la molestaba mucho, pues para ellos eso era un juego y pactaron dividirse el tiempo para disfrutarlo por igual

Después Mercurio soplo para mover lo que allí se encontraba y se divirtió tanto que su segundo hijo nació de esa exhalación de alegría, así llamo a su segundo hijo Viento. Este al igual que su padre se maravillaba cuando con su poder todo bailaba alegre y no paraba de hacerlo día y noche.

Ambos hijos de mercurio eran sumamente creativos e inteligentes, en ocasiones un poco inquietos pero siempre con la capacidad de resolver su conflictos con palabras serenas.

Venus miro también ese lugar, pero dedujo que su superficie era un tanto triste, por lo que toco ese lugar y con ello nació Tierra, su hijo poderoso que cubrió todo con una sustancia fragante e inconsistente que animaba todos.

Pero ella decidió que su hijo se encontraría muy solo por lo que toco de nuevo esa superficie y de ese contacto cariñoso nació Vegetación y ella gustosa ayudo a su hermano a cubrir el lugar con la belleza de la que su madre era portadora

Ambos hijos eran amorosos y no paraban de bailar juntos por toda la tierra permitiendo que la vida allí fuera sumamente agradable. Vegetación era sumamente artística y con ese don llenaba Grecia con diferentes especies de plantas, algunas fragantes, otras peligrosas pero todas muy bellas.

Luna emocionada por las creaciones de su sobrina con una risa de felicidad creo a Luz de Luna que como su madre era sumamente tierna y femenina, una bella mujer que irradiaba tanta belleza como Estrellas y convirtiéndose en buenas amigas ambas caminaban cuando Luz de Sol no lo hacia para apreciar el arte de Vegetación. Luz de Luna brillaba más que Estrellas y en ocasiones eso molestaba a su primo y cada vez que ella era feliz brillaba aun mas por lo que Luz de Sol decidió brillar con todo su poder, pero eso genero tanto calor que todo comenzó a marchitarse, la tristeza de Luz de Luna fue tanta que su vida comenzó a menguar y Luna al ver esto comenzó a debilitarse hasta casi morir. Sol avergonzado por lo que su hijo provoco decidió pasar un poco de su energía a su hermana mientras ella lo necesitara. Cuando Luz de Sol se dio cuenta de lo que hiso  se disculpó con Luz de Luna y su tía Luna. A partir de entonces decidieron que ninguna intervendría en los paseos del otro y que a su manera iluminarían la belleza de Vegetación.

Marte que de todos los hijos de Vacio y Universo era el más irritable, molesto por ver la belleza que su hermana Venus había creado y el daño que casi provoca en su hermana mayor, en un estallido toco la superficie y quemo una parte de ella, naciendo con esto Fuego, que al igual que su padre era impulsivo y constantemente se molestaba. Después, apenados con Venus tanto padre como hijo decidieron disculparse con ella, así como con Vegetación, pero sabían que ellos no podían convivir juntos en Grecia sin lastimar Fuego a su prima, por ello decidió vivir debajo de la superficie creada por Tierra al cual no podía dañar.

Júpiter comprendiendo que el poder destructivo de su sobrino no podía estar en ese confinado lugar sin estallar en cualquier momento matando a todos los hijos de las estrellas decidió crear a Rayo, y disculpándose con Venus y sus hijos informo que su hijo vigilaría a Fuego y cuando el lo viera necesario tocaría la tierra y provocaría que el poder de Fuego se desatara evitando con ellos un tragedia mayor. Rayo resulto ser muy maduro y acepto su responsabilidad acatando al pie de la letra las órdenes de su padre. Se hiso muy amigo de Fuego y como era su trabajo cada vez que se requería desataba a Fuego, confiando que el solo consumiría lo necesario y no mas, y siempre era así.

Saturno veía el daño y sufrimiento de Vegetación cuando sus creaciones eran destruidas y de esta tristeza, cuando toco la superficie nació Montaña, una débil hija que no parecía que viviría mucho tiempo, ella nació sin la capacidad de caminar y eso la entristecía mucho. Pero tierra, que era sumamente fuerte se compadeció de esa mujer débil y se caso con ella, juro que la apoyaría, así la llevaba en brazos todo el tiempo y sobre el Montaña creció fuerte e implacable. Ella obtuvo perseverancia al pasar del tiempo y aunque no se podía mover obtuvo también firmeza y paciencia al esperar a su marido cuando ella deseaba moverse.

Urano también se compadeció de Vegetación y decidió ayudarle creando un contrario para Fuego, así con un soplo helado creo a Nieve que vivía en lo mas alto viajando muchas veces con Viento, de quien se volvió amiga, así cuando Fuego llegaba a aparecer, viento la llevaba a donde se encontraba y Nieve hablaba con el apagando su furia. Ella era muy independiente y Viento respetaba eso a pesar de haberla amado con locura. También era muy amistosa y fraternalita y por esta razón ella era la única que podía calmar la furia de Fuego quien también se enamoro de ella.

Neptuno percibió lo que provocaría que ambos primos se enamoraran de una misma mujer, por lo que, sabiendo que Nieve amaba a Viento decidió crear a alguien que pudiera oponerse a Fuego e igualarlo en poder para poder vencerlo cuando fuera necesario. Así con la tristeza que le causaba que su sobrino sufriera por desamor con una lágrima creo a Agua, una mujer perceptiva que sabía cuando exactamente interceder para que Fuego dejara sus celos sobre Nieve. Pero hubo un momento en que Fuego se volvió tan irritable que ya ni siquiera esperaba a que Rayo le dijera donde desatara su furia y casi consume la totalidad de las plantas, ya Nieve no podía controlarlo tampoco lo hacia Agua, aunque esta ultima seguía esforzándose hasta que cubrió con su llanto de impotencia e ira mas de la mitad de la superficie de Grecia.

Plutón viendo este caos y aunque era el menor decidió ayudar y reprendiendo a sus sobrinos nació Trueno, el menor de los sobrinos, pero sumamente violento y con la capacidad de renovar lo muerto. Cuando Trueno veía una disputa gritaba hasta que todo se calmaba y con palabras hiso reconocer a todos que lo que hacían estaba mal, hasta que todo se renovó y la vida comenzó de nuevo, como todo debía ser. Pero Rayo estaba molesto con Fuego por deslindarse de esa responsabilidad de no dañar a Vegetación más de lo necesario y jamás quiso volver a ayudarlo. Entonces fue trueno el que lo vigilo y cuando lo veía necesario reprendía a Rayo para que tocara algún lugar donde fuego pudiera desatar su ira.

La paz volvió a reinar nuevamente, hasta que los doce jóvenes decidieron tener descendencia, pero Espacio al comprender que esto traería mas disputas informo a sus bisnietos que sus hijos nacerían sin poderes y todos serian hombres, para que ellos no pudieran procrear. Así nacieron los Zodiacos.

Cada Espíritu como se hicieron llamas los doce jóvenes tuvo tantos hijos como quiso, pero todos ellos hombres.

Fuego tuvo descendientes a los que llamo Aries tan impulsivos como el pero de buen corazón y los ubico al este de Grecia, cerca de los terrenos de Agua.

Vegetación tuvo hijos fuertes como sus arboles a los que llamo Tauro y los ubico al centro de su bosque mas frondoso

Estrellas tuvo hijos inteligentes y pacíficos a los que llamo Géminis y los ubico junto al sur de Grecia

Luz de Luna tuvo hijos pacíficos a los que llamo Cáncer con un alto sentido de la unión familiar y los ubico al norte de Grecia

Luz de Sol tuvo hijo fuertes y astutos a los que coloco al sur, lejos de los hijos de luna para evitar riñas por la rivalidad de sus padres. Los llamo Leo

Viento tuvo por hijos a hombres libres, orgullosos y tan inteligentes como los de su hermana. Los llamo Virgo y los coloco junto a sus primos hijos de Estrellas.

Tierra tuvo hijos amables y fraternales a los que llamo libra, con un alto sentido de justicia y los coloco en el centro de Grecia

Trueno  tuvo hijos valientes como el aunque un poco descarados y los llamo Escorpio ubicándolos al norte

Rayo tuvo hijos serenos, pacientes y responsables. Los llamo Sagitario y los ubico al norte junto a los hijos de Trueno

Montaña tuvo por hijos a hombres perseverantes como ella a los que llamo Capricornio y los ubico al este, sobre sus montañas más altas.

Nieve tuvo por hijos a Acuarios que eran hombres amistosos y serenos, optimistas ante todo  y los coloco lo mas al norte que pudo sorprendiendo a Viento por esto, pero se excuso diciendo que no quería crear mas peleas entre el y Fuego

Agua por su lado tuvo hijos artísticos y sensibles a los que coloco sobre sus aguas por casi toda Grecia llamándolos Piscis.

Con el paso del tiempo esto hijos se preguntaron porque ellos no podían procrear si ese era su deseo, Espacio no pudo con el dolor de su descendencia, por lo que aclarándoles que debían responsabilizarse de las consecuencias pues ellos no intervendrían en las decisiones y problemas de los Zodiacos, ni siquiera los Espíritus, les regalo la bendición de concebir siendo hombres, dividiéndolos en Semes y Ukes, estos últimos capacitados para procrear… así la vida mortal en Grecia comenzó sin permitir los ancianos que su descendencia se olvidara de sus padres creadores, enseñándoles el respeto por todo en Grecia y consumiendo solo lo que era necesario.

La vida en Grecia no podía ser mas grata y pacifica… hasta que los dioses llegaron rompiendo con esa paz.

-----------------------------------------------------------------------------------

En el siguiente capitulo ya salen nuestros personajes principales XD, Gracias por leer dejen comentarios plis ;_;

Saludos ;)



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Hola de nuevo, les traigo un nuevo capi :3, espero les guste ;)

Soledad

Esa noche de luna llena, de luna llorosa se escucho en toda la espesura de la selva el grito doloroso de mi rival. De igual manera en como nació, murió entre la maleza, en la oscuridad de la selva en medio de las aullidos y ajetreo de los merodeadores nocturnos que nos vigilaban todo el tiempo. Siempre parecían decir lo mismo, y esperar lo inevitable, que lo deseaban era otra cuestión, pero todos esperaban que yo matara a Shaka de Virgo.

Me escabullí entre los arboles, cuidándome de que el viento no delatara mi presencia, avisando a ese demonio que yo estaba cerca pues sus sentidos estaban ya tan acostumbrados que sabia cuando estaba cerca… me escuchaba, me olía… este olor a muerte que yo significaba para él y era algo inevitable para ambos… el debía morir por mi arma. Desde hacia años que nos sabíamos enemigos.

Dude un momento al sentir un cambio en la dirección del viento, pensando que este hecho me había revelado mi presencia, sabia que todos aquí me odiaban, todos en ese lugar, cada espíritu y animal había elegido a un favorito y sabia que ese favorito no era yo. Los espíritus viejos creadores de nuestras tribus siempre lo salvaban a él, de no ser así se que el hubiera muerto hacia mucho tiempo.

Siempre sigiloso esquivando las ramas de los arbustos, brincando los arroyuelos, el lodo, los troncos, las aves, los roedores, todo parecía querer delatarme, pero siempre encontraba la manera de pasar sin ser descubierto por él. Siempre sospechaba de las sombras, de los ruidos de la selva dormida y de los rayos de la luna traicionera, esos espíritus cancerígenos que de seguro intentaban avisar a Shaka que estaba cerca.

A medida que me acercaba a su elegante figura me sentía cada vez mas odiado, cada vez mas hostil y esperaba que los espíritus me jugaran sucio de nuevo y permitieran que se escapara de nuevo.

Pensé en la recompensa que me esperaba en la ciudad si llevaba la cabeza de ese espíritu viejo y astuto, que resultaba peligroso para los dioses, pensar en las retribuciones económicas de su muerte me hacia olvidar que estaba incorrecto hacer lo que yo hacia. Me acerque mas a él, que bebía de una pequeña cascada de agua cristalina, casi me pareció ver a los espíritus de piscis juguetear con sus hebras doradas, pero sacudí mi cabeza intentando alejar esos tontos pensamientos para al fin darle muerte.

Apunte directamente a su cabeza y sentía con cada paso que la maleza, que el viento, que la luna intentaban detenerme, pero no fue así, ellos no podían impedir el destino de ninguno de los dos, y mi destino era matarlo a él, y su destino era ser muerto por mi arma.

Mi mano tembló al momento de presionar el gatillo levemente mientras no lo perdía de vista, mientras veía como los espíritus de cáncer volaban a su alrededor intentando alejarlo, pero el seguía bebiendo… se veía agotado, fatigado de los años de huida y de constantes sobresalto, solo el sabia lo que en estos momentos pasaba por su cabeza.

Presioné el gatillo dejando a su paso una estela de humo y el ruido de los animales que despertaron por el estruendo.  vi como su majestuoso cuerpo callo al suelo en medio de un grito de dolor y se retorcía en el suelo. Salí de mi escondite y me acerque para darle el tiro de gracia, todo con tal de que ese hombre dejara de sufrir, para acabar con esa agonía que ya lo perseguía desde hacia años. Levante el arma nuevamente pero me quede congelado cuando vi sus ojos repleto de odio mirarme directamente mientras se ponía de pie, éramos casi de la misma estatura, pero el era un poco mas alto… aun así lo vi para abajo pues su cuerpo se agazapó mientras los rayos plateados daban mas volumen a esos músculos, a esa expresión… me vi muerto en ese instante pues el seguía con vida, apenas había rozado su brazo derecho… el aun era salvaje y podía matarme en ese instante, pues estaba armado con una daga, mientras que yo necesitaba recargar mi arma…

-Hyoga de Acuario- siseo furioso sin apartar la vista de mis ojos observándonos,  yo el asechador… el la presa…

En un instante alce el arma dispuesto a matarlo pero en ese segundo el brinco a la maleza sin darme oportunidad de nada, solo vi su sombra, un destello que desapareció en la oscuridad… inmediatamente dispare en esa dirección y corrí detrás de el desesperado sin poder creer aun que lo tuve cerca una vez mas y que había fallado... Estaba enojado, aburrido, histérico de que esto pasara todo el tiempo.

El ruido se hiso presente en la selva, las aves graznaban y piaban aterradas mientras soltaban en vuelo y en mis pies escuchaba incontables chillidos de ardillas y demás roedores que salían de sus madrigueras. En mi carrera desperté a la selva mientras gritaba su nombre para llamarlo en incitarlo a que diera la cara y no escapara de una confrontación a muerte, como sabíamos que tarde o temprano acabaría todo… corrí, brinque riachuelos, esquive ramas y arboles, esos espíritus de tauro que arañaban mis cara y ropas desgarrándolas… la selva intentaba detenerme para darle aun mas ventaja, pero no me iba a dar por venido tan fácilmente, lo seguiría hasta el fin del mundo y lo iba a matar… o seria muerto por el.

Pero finalmente caí sobre la maleza agitado comprendiendo que no podría amas contra la dura protección de los espíritus sobre su hijo, sobre el que antes creí mi hermano, pero abandone cuando esta vida me pareció insuficiente, cuando me vi tentado por lo material y escape del seno protector de la naturaleza… grite furioso sabiendo que desde algún lugar el me escuchaba… el siempre debía comprender que lo perseguiría por siempre, que no pensara que había escapado aun, que se enterara que la paz le llegaría solo hasta que se viera muerto.

Y sentía el mirar desilusionado de mis ancestros, pero ellos debían comprender que ahora necesitaba matarlo para sobrevivir, que nada me detendría ante ese firme propósito. Mire mi arma y mire la luna cancerígena, estaba llorando me pareció, casi escuchaba como los espíritus de piscis que brotaban del arroyo sobre el que caí me pedían llorando que dejara esa arma… pero no lo haría, fue cuando vi que la luna se quejaba con miedo.

Cerré los ojos sonriendo cuando escuche el grito de Shaka a los lejos, tal vez sanaba su herida, o tal vez estaba tan desesperado como yo, pero el lo estaba porque quería ser dejado en paz… buscaba la tranquilidad que se le había negado desde muy temprana edad, pero yo no se la daría… y lo buscaría hasta no volver a escuchar ese grito.

El venia de los campos al sur de Grecia, de aquellos campos donde el gran espíritu Mercurio había decidido vivir para dejar su descendencia en la tierra, campos serenos. Desde hacia tiempo que lo había visto rondando el lugar de los dioses, y nadie pudo negar desde entonces que el ya formaba parte del Partenón.

Los virgo habitaron siempre en el sur, en campos repletos de frutos y buenos ambientes, era un clan que se caracterizaba por su inteligencia y serenidad, jamás tuvieron alguna enemistad con ningún otro clan, disfrutaban de la naturaleza sin lastimarla. Shaka nació allí y fue criado por sus padres que le enseñaron lo importante de la vida,  seguro conoció a sus abuelos y tuvo hermanos… todos ellos sabios… y libres.

Pero cuando llegaron los dioses a este planeta, nuestra Grecia fue cambiando poco a poco, sus armas, sus rejas… propiedades, todo aquello que nosotros no conocíamos lo trajeron consigo. Esos dioses comenzaron a poblar el planeta y a desterrar a los clanes de sus tierras para construir sus ciudades. Algunos clanes intentaron luchar pero murieron poco a poco

Así Aries, el clan descendiente de de los espíritus del fuego hijos del gran Marte principalmente aquellos que se encargaban de despertar la guerra, eran muy impulsivos y por ello fueron los primeros en desaparecer al llegar los dioses a conquistar nuestro planeta pues se negaron a estar a su disposición.

También desapareció el clan Tauro descendientes de la vegetación que aunque poseía gran fuerza no pudo contra los dioses al igual que sus hermanos del clan libra descendientes de los espíritus de la tierra, hijos de Venus… no eran luchadores muy al contario fraternizaban muy bien, inculcaban lo que era la unión familiar a los demás clanes, y por ello desapareció bajo la sombra de los dioses.

De igual manera el clan Virgo descendientes del espíritu del viento y sus hermanos, el clan Géminis descendientes de las estrellas ambos hijos de Mercurio se vieron desterrados poco a poco de esos lugares en los que habitaban, Géminis intento luchar pero fue vencido, Virgo por el contrario solo se fue desplazando poco a poco al norte con el fin de encontrar otro lugar donde habitar y encontrar de nuevo la serenidad para convivir de nuevo con la tierra.

Pero los dioses seguían entorpeciendo esa esperanza de encontrar esa paz, pues conforme ellos se alejaban un paso, los dioses daban dos hasta que le dieron alcance y destruyeron su clan casi por completo. Shaka fue un de esos pocos sobrevivientes pero ya no existía para el esas noches tranquilas esos días pacíficos.

Cada día el se encontraba mas solo mientras el recuerdo de aquellos días de infancia en los que estaba rodeado de hermanos y amigos se empeñaba por hacerlo agonizar al desear de nuevo ese hogar de ataño, sabiendo que no podría tenerlo nunca mas pues todo aquello había desaparecido.

El ahora era un hombre solitario, alguien que aun tenia su libertad aunque la defendiera día y noche con uñas y dientes… siempre vagaba solo entre los espesos arboles, bajo la mirada entristecida de las estrellas Geminianas y la luna de cáncer durante sus tristes noches, o protegido por el espíritu del sol de leo en el día largo y caluroso cuando lamentaba su existencia atormentada, condenado a buscar eternamente compañía, una compañía que nunca llegaba.

Nadie sabe quien lo llamo Shaka por primera vez, pues es no era su nombre zodiacal, sino el que los dioses le dieron, pero se hiso famoso al intentar sobrevivir en el mundo que ellos habían creado destruyendo el que el y yo recordábamos. Su actitud altiva, esa mirada recelosa y sus pasos sigilosos nos daba a entender que en poco tiempo comprendió que estaba solo y que debía sobrevivir  y desconfiar de la cercanía de cualquiera.

Sus ojos llenos de aflicción, en muchas ocasiones tristones, señalaban que tenia un corazón muerto, y que sus tiempo de felicidad había quedado atrás sin poder disfrutarla, sus ojos eran clara muestra de lo que los dioses le habían hecho. Pero su figura atlética, que rara vez se dejaba ver en pequeños claros cuando se encontraba distraído o bebiendo, esa figura seguía siendo la de alguien orgulloso,  astuto, libre  y elegante… un digno hijo de la naturaleza. Porque el seguía siendo libre aunque yo intentara quitarle esto, porque el aun podía decidir si dejarse morir, o seguir luchando por su vida… era libre de elegir seguir en libertad… y yo ya no lo era.

A veces me parecía que Shaka miraba al cielo con la firme esperanza de tener compañía y dejar en Grecia descendientes que fueran testimonio de que el existió alguna vez. Siempre caminaba cumpliendo con un horario, buscando y no encontrando, rogando y negándosele algún amigo que le diera calor y le hiciera saber que no estaba solo… Shaka deseaba tener compañero.

En épocas de primavera, cuando la naturaleza despertaba y los espíritus de Acuario se retraban para despertar a Tauro, cuando os animales despertaban para comenzar con los rituales de búsqueda de compañía, en esos momentos se podía ver a Shaka expectante, ansioso, deseoso… desesperado por ponerle fin a esa soledad que lo perseguía desde hacia mucho tiempo. Y en eso nos parecíamos más de lo que deseaba pues yo tampoco tenia aun compañía, no había logrado encontrar en este mundo a alguien con quien pasar mis días… ambos estábamos completamente solos, mi vida no era mejor que la de ese hombre a quien vigilaba desde hacia años.

Los dos conocimos la libertad, conocimos alguna vez lo que era ser como esos espíritu que nos protegían, como acuario, como virgo… la nieve y el viento que viajan a través de Grecia llevando consigo tempestad o alegría, paz o terror… conocimos un hogar y a nuestras familias, conocimos el orgullos de ser un Zodiaco, la felicidad de que todos los días te encontrabas rodeado de los tuyos, de amigos que te sonreían… pero ahora todo eso era el mejor recuerdo de ambos, la felicidad que alguna vez tuvimos, aquellos bellos días.

Pero ambos debíamos dejar todo aquello de lado pues ahora los dioses se había llevado lo que nosotros éramos y aunque el intentara seguir luchado tarde o temprano sucumbiría antes su poder. El ya no podía recuperar lo que tuvo en antaño, todo eso estaba ya perdido y de una vez debía ver la realidad de las cosas. Éramos de los últimos de nuestros clanes y los sueños ya deberían estar muertos, así como sus esperanzas y amigos… estábamos solos, solo nos teníamos el uno al otro para tener porque vivir, el para escapar, yo para matarlo… solo nosotros nos teníamos y debíamos ser enemigos.

Yo no lo odio, jamás lo odie, nuestros clanes jamás se encontraban, pues ellos vivían al sur de Grecia mientras nosotros habitábamos totalmente al norte, en lo mas frio de Grecia, conocíamos nuestras existencias pero siempre nos importo muy poco ese hecho, nos respetábamos por ser ambos hijos de los espíritus creadores, pero solo había indiferencia entre nuestros clanes.

Pero ahora era diferentes, nuestros clanes habían desaparecido, el de el casi por completo al ser asesinados y el mío porque como yo, muchos otros decidieron dejar esa vida y estar al servicio de nuestros dioses. Nuestros clanes no existían así como nuestros mundos, ahora estábamos en el mundo que crearon los dioses y nuestros destinos estaban marcados… yo debía obedecer a mis nuevos señores y el debía morir como los demás hombres de su clan… yo debía matarlo, así nuestros destinos estarían entrelazados.

El clan Acuario había quedado atrás para mí, mis padres y mis amigos ya no existían en mi futuro. Los recuerdos de una infancia feliz, si había logrado tenerla habían quedado atrás hacia mucho tiempo. Ahora era un cazador, un mercenario… un asesino a sueldo. Ahora yo cargaba en mis manos un arma no tan pesada como mi propia conciencia, un arma con la que aprendí que matar iba mucho más allá de conseguir el alimento necesario para sobrevivir, con esa arma yo había aprendido a matar por la supervivencia en un mundo que no me pertenecía. Yo ya había asesinado a sus hijos y solo había un lugar para mí en ese mundo… las ciudades de los dioses, donde me avergoncé de lo que era, de las ropas que vestía… de mi propio nombre

Yo ya no tenía un lugar donde me sintiera rodeado de gente que me amara, era muy triste la existencia de ambos… solitarios.

Todo en esa selva nos recordaba nuestra situación, todo en ese lugar tenía un compañero: las ardillas que jugaban en los troncos de los árboles, lo peces que nadaban en los ríos, las aves que cantaban juntas. Todos tenían alguien a su lado. Todos deberían tener a alguien a su lado, nadie debía sufrir nunca la infelicidad de la soledad… esa soledad nos deja ciegos, nos hace ignorar que todo en esta vida es bello, que hasta la tormenta más tempestuosa traía la belleza de la pureza, estar solos nos hace ignorar la belleza de estar vivos.

Mientras caminaba junto a él, mientras lo veía brincar las charcas, evitar los claros de la selva, mientras vivíamos una misma rutina diaria comencé a sentir lo que el sentía desde hacía mucho tiempo. Soledad. Ver a todos los animales pasar junto a él, ver el claro cielo, contemplar el infinito sobre nosotros nos hacía más angustiosa la existencia. Todos tenían en ese lugar algo que les permitía seguir hacia un mañana, todos luchaban por alguien que no fuera el mismo, ninguno estaba solo y tenían un motivo para seguir existiendo.

Día a día, mes a mes, año tras año, ver la selva viva que le servía de refugio se confundía mas, veía los caminos que ya había pisado hacía mucho tiempo, veía los lugares vacíos donde podía dormir. Necesitaba un compañero, alguien que le diera un poco de felicidad, que lo recordara cuando el tiempo pasara, que le hiciera sentir que en la vida no solo estaba la lucha constante por la supervivencia. Necesitaba un poco de felicidad.

Pero nunca lo encontraba, nunca sabia y es frustración lo volvía torpe, inconscientemente se quedaba mucho tiempo en un mismo lugar al aire libre. Se volvía descuidado, se perdía… muchas veces lo vi parado en el camino viendo la lejanía de la selva, sus sombras pero  sin prestar atención a lo que lo rodeaba… buscar a un compañero lo volvía en enemigo de si mismo. Se volvía una presa fácil.

Dejen sus comentarios por favor, me animan demasiado :D

Saludos ;)



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Ruelas (anónimo)
FECHA El 23/08/11 a las 10:08:43 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
Online goddesniquel
Caballero de Bronce



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El 11/08/07 a las 09:08:05

Hola, ¿Como estas?  espero que bien

 n,,,n a mi  tambien me gusta mucho  esta pareja, espero poder leer mas  de  tu  historia  esta muy interesante.

 

Saludos

 

Goddess

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FECHA El 25/08/11 a las 06:08:03 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
Online Ella!!
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El 20/07/11 a las 12:07:19

Lo lamento, realmente lo lamento, subi un capitulo que no debi, me trabe y subi el capitulo cinco creo, no se, perdonen si lo leyeron, pero ya lo modifique y subi el real capitulo 1, lo lamento demasiado y ahora me siento como una tonta cuando muchos lo leyeron... por cierto, Goddes o.O!! ¿Eres Goddesniquel? ¿La autora de "El angel de la destruccion"? ¿Eres tu o te confundo?... ¿Eres tu realmente?

Bueno, ahora subo el segundo capitulo, el verdadero segundo capitulo... y repito, ya subi el verdadero pirmer capitulo.... lo siento!!!, no se que mas decir, perdonen TT_TT, cometí un error u.u

Bueno, ojalá les guste este capi y el primero ;_;

En más de una ocasión lo mantuve en la mira de mi arma, estuve a punto muchas veces de apretar el gatillo, de matarlo finalmente con un disparo en la cabeza. Cada vez que escapo imagine esta situación, este momento que vivíamos, yo expectante, el distraído e ignorando su propia muerte. Muchas veces me vi frustrad por su huida, quería que la cacería terminara y regresar a la ciudad donde mi dios me esperaba. Para que pagara por su cabeza, y valiera la pena todos estos años de cacería frustrada.

Sabía que me pagarían un buen precio por él, era un zodiaco muy buscado por los dioses, es sumamente astuto y puede esquivar fácilmente las trampas que ellos ponen, a diferencia de los animales que mueren a penas se acercan, él cuenta con la inteligencia de su clan y es muy sencillo para el entrar a las granjas y tomar los animales o frutas de las huertas necesarios para su supervivencia. Por eso los dioses comenzaron a contratar cazadores, pero la mayoría comenzó a regresar con el fracaso a cuestas después de pasar meses con el lodo hasta las rodillas, con el frio de la noche, el calor sofocante del día y como presas de la astucia de Shaka. Los venció a todos, para él las armas no representaban peligro alguno pues sabia como volverlas inútiles en las manos de los hombres que buscaban su muerte, los hiso caer en sus propias trampas. Solo yo seguí en  la selva Partenón después de tantos años.

Nunca me puse a pensar porque seguía tras su pista, tal vez era porque en realidad yo no tenía a donde volver, no tenía un lugar que llamara hogar, que fuera mío, donde me esperara alguien. Tal vez no regrese porque extrañaba tener un hogar y quería considerar al Partenón como mi hogar. No lo sabía a ciencia cierta pero no importaba si estaba allí para cumplir con un solo propósito. Después de todo lo que ya había hecho, después de haberme alejado tanto de lo que antes consideraba importante ahora nada lo era.

Cuando veía a Shaka a través de la mira de mi arma, mientras lo observaba beber agua, observar la selva solitaria,  sentado bajo un árbol o de pie junto al lago, mientras lo veía extraña r el pasado me decía que no solo era el dinero lo que me mantenía aquí,  me decía que el dinero no era tan importante como para llevarme a arriesgar mi vida por unas cuantas monedas, no eran tan importante como para vivir rodeado tantos años de criaturas que me veían como su enemigo.

Quería convencerme de ello, mantener la ilusión de que muy en el fondo aún era un verdadero zodiaco, que seguía siendo un hombre que buscaba las cosas solo por sus propias creencias y convicciones, que aún no me había apartado del todo de mi pasado, que seguía llamándome Hyoga de Acuario, que seguía fiel a mis espíritus y a la gente que deje atrás en cuanto deje el norte para vivir en  las ciudades de los dioses.

Para ellos, para esas personas ataviadas de vestimentas pesadas y joyas costosas yo solo era Swan, era un zodiaco traidor, su asesino a sueldo. Para mi era solo un hombre ya sin hogar que quería encontrar un lugar en el mundo, que luchaba contra sus fantasmas del pasado y quería alguien con quien vivir feliz en este presente y en el futuro. Pero el futuro es incierto para todos.

Debía alejar esas dudas de mi cabeza y armare de valor, de nuevo miraba a Shaka, miraba su soledad, su melancolía y miraba también la mía. Tal vez si lo mataba le estuviera haciendo e realidad un favor, tal vez estuviera siendo piadoso con él al acabar con esa existencia tan pobre… debía matarlo en aquel momento… pero no pude, de nuevo me volví cobarde, envidioso de él. Envidiaba su libertad y me quede mirándolo hasta que se apartó de mí.

Todos estos días siguiendo sus huellas desde que escapo, vigilando los rastros que rara vez dejaba y los cuales eran muy difícil de identificar, espiándolo, su figura esbelta pero en forma, el peso sobre sus hombros, sus ojos tristes. Su andar gracioso y elegante a través de los arboles taurinos me hacían cada vez más difíciles las cosas. Lentamente todo se volvió más complicado, ya no era solo llegar, apuntar a su cabeza y apretar el gatillo. Darle muerte.

Conforme los seguía comenzaba a conocerlo, a saber de sus sufrimientos y a experimentarlo en carne propia, a sentir sus reacciones en las noches tranquilas y a veces estruendosas, la aflicción de sus ojos azules al mirar a géminis y a cáncer en una expresión de súplica. Conocí la selva con él, lo acompañé en su interminable rutina siguiendo los mismos caminos una y otra vez en la búsqueda de ese compañero que tal vez nunca llegaría, durante muchos años.

Ya no tenía que preguntarme a mí mismo que se sentía sufrir al verte despojado de todo pues ahora lo sabía y me lo repetía cuando lo miraba detenerse, cansado en medio del camino, sin nada más que hacer, cansado y aburrido de tomar el mismo camino por enésima vez, sabiendo que en ese lugar jamás lo encontraría. En esos momentos se estiraba perezoso y se recostaba bajo las sombras de los árboles, miraba de un lado a otro vigilando alrededor, se miraba a sí mismo y veía lo que yo veían: soledad. Se encontraba realmente abrumado y con ese sentimiento se quedaba dormido. Pero no permanecía así mucho tiempo, a pesar de que le era indiferente lo que pasaba a en la selva, de que podía ser atacado por otro animal, a ellos los podía vencer fácilmente, pero solo la certeza de que yo aún estaba allí lo hacía despertar, saber que tarde o temprano lo encontraría y dispararía lo hacia despertar y cambiar de lugar. Muchas veces cambiaba de lugar cuando ya las balas rebotaban contra los árboles o las piedras cuando fallaba mis disparos. Otras veces era yo quien tardaba demasiado al torturarme con mis pensamientos y al armarme de valor el ya no se encontraba. Lo perdía de vista nuevamente y eso me obligaba a reanudar el rastreo, vagar en la selva días y noches, durante semanas casi sin descanso solo para matarlo.

Yo debía matarlo, por más que pensara que lo que sufríamos era parecido de alguna manera, que el vivir en esta interminable rutina de huida y rastreo, aunque el convivir con el hiciera las cosas más difíciles, sin importar que el hecho de que se sintiera solo y  que esa melancolía lo llevara a un destino diferente al de un disparo de mi arma, yo era Cisne, un cazador, yo vivía en la cuidad de los dioses, un mundo donde el dinero reinaba, donde me pagarían por la muerte de cualquier zodiaco que intentara robar a los dioses, donde esas muertes pagarían algunos días más de supervivencia. Mi conciencia valía solo eso: supervivencia

Debía convencerme una vez más, hacerme a esa idea. Las cosas son como deberían ser y nada podía cambiarlas. Nuestros destinos estaban marcados: él debía morir bajo mi arma y yo debía matarlo para sobrevivir. Intente convencerme de eso, me lo repetí muchas veces.

Al verlo esconderse entre la vegetación de la selva,  Partenón, sentí que la vida se convertía cada vez menos en un mundo destinado a los zodiacos que aun sobrevivían a la conquista de los dioses sobre nosotros, alguien que desease quedarse en algún rincón del mundo para vivir y soñar en paz. Lo único que deseábamos era paz. Pero esos eran pensamiento inútiles, decidí nuevamente matarlo, me acerque con el firme propósito de matarlo, de darle fin a sus interminables huidas. Él lo supo, supo que finalmente me decidí a  matarlo, supo que esta vez nada, ningún pensamiento me detendría. Se detuvo, se giró y me miro

Al verme descubierto alce el arma y apunté a su cabeza, pensé que reanudaría la eterna huida, pero no fue así, permaneció parado frente a mi completamente tranquilo. Se irguió por completo, orgulloso, sin temor a ser asesinado. Me decidí y apreté el gatillo y en ese mismo instante sonrió con ojos brillosos, pensé que era por que agradecía la muerte que le llegaba, pero no fue así. Cuando la bala salió del cañón saltó sorprendentemente rápido hacia un lado esquivando la bala. Corrió a los arbustos y yo lo seguí para evitar que se escondiera de nuevo, pero en cuanto llegue a la espesura él ya me esperaba con la daga en sus manos. Salto sobre mi haciéndome caer, hirió mi mejilla. De espaldas en el suelo lo vi todavía correr rumbo a la oscuridad de la selva. Ya no pude alcanzarlo… de nuevo reanudaría mi búsqueda.

Shaka buscaba paz en un lugar en donde ya no lo había, en donde jamás la encontraría por más que suplicara por ella… era un águila. Y yo acabaría con ese vuelo libre de la que tanta tenia envidia. Era astuto, sabía que el Partenón no sería suficiente para salvarse todo el tiempo. Un día de estos lo encontraría y lo mataría. Seguí el rastro de Shaka por unos días más, cansado de esto, decidido a que si lo viera de nuevo dispararía a la primera oportunidad, ya no dudaría, eso solo prolongaba la llegada nuestros destinos unidos.

Lo busque pero no lo encontré, sediento camine al lago Santuario, donde el agua más pura de la selva se encontraba. Al llegar vi a una criatura de reojo, apunte el arma pensando en que era el, pero me equivoque, solo era un criatura que jugueteaba con las aves que bebían agua en el lago, con los flamencos que pescaban. Pensé por un momento que me encontraba ante uno de los espíritus, tal vez el del agua o el del viento, era sumamente hermoso. En uno de sus muchos giros y saltos vi la marca de virgo en su frente, solo en ese momento me di cuenta: era un pequeño uke del clan Virgo.

Seguí observándolo, jugueteando de manera infantil con los animales que también jugaban con él, detrás de ese pequeño, escondido entre los arbustos a la orilla del lago alcance a ver a Shaka, que embelesado no perdía de vista el pequeño cuerpo juguetón. Pero  esperaba en la orilla, confuso y receloso, quería observarlo antes de acercarse, los años le decían que no debía dejarse guiar por las apariencias, que tal vez esa aparición era solo una más de las trampas de los cazadores y no quería correr riesgos

Se mantuvo escondido aunque en sus ojos brillaba la ansiedad no avanzó ningún paso, mirando los saltos graciosos de esa delgada y etérea figura. Sus carreras rápidas detrás de las garzas mientras sus cabellos esmeraldas bailaban con la caricia de su espíritu creador. Con el chapoteo su cuerpo blanco se perlaba maravillosamente con las pequeñas gotas de agua clara, acariciaban sus brazos, sus piernas, su cuello. Su rostro era de facciones delicadas con unos grandes ojos esmeraldas brillando con la inocencia de la juventud. Su risa al perseguir a las aves era como el canto de un ruiseñor, mucho más bella, era tranquila, dulce, serena. Se alegraba infantilmente con el graznido de las aves, con el salpicar que le daba en la cara, era una risa graciosa. Cayo muchas veces al agua, tropezó con las ramas del fondo, pero no se detuvo por el contrario eso solo lo hacía más feliz y aumentaban su felicidad.

Shaka estaba fascinado con el cuerpo esbelto y delicado del pequeño, por esa sensación de paz y tranquilidad que irradiaba, por la felicidad que invadía su cuerpo al verlo correr de un lado para otro tras las aves. Encontrarlo solo significaba el final de su soledad, pero temeroso dudo un poco más en acercarse, tenía miedo asustarlo y que se escondiera de él, para jamás volverlo a ver, ya había vivió solo durante muchos años y no quería correr ningún riesgo. Con precaución dio pequeños pasos en el agua encharcada de las orillas, de los manglares, aun sin salir a la luz del sol, escondiéndose de él esforzándose por no ser descubierto y asustarlo.

Finalmente se acercó a ella, pausadamente, extasiado por el cuerpo ágil y divertido de la criatura, maravillado con la finura de su risa, con la inocencia de sus juegos. Se dio cuenta de que su juventud había quedado atrás hacia años, cuando dejo de ver lo bello de la vida y solo se preocupaba por sobrevivir día a día. De pronto se detuvo al ver como las aves huían a esa nueva presencia. El pequeño uke, sorprendido se detuvo y las miro partir al cielo azul. El pequeño se dio la vuelta y miro por fin a Shaka, sus ojos pestañearon perplejos, bajo esas largas y rizadas pestañas brillo la timidez, Shaka no se detuvo más y dio otro paso, más se detuvo de nueva cuenta al notar que el niño retrocedía tres, totalmente precavido.

Pero no corrió, no se alejó más de esos pasos, en sus ojos verdes era visible el miedo que tenía al verlo, pero a pesar de eso no huyo, no se apartó de la mira de esos ojos tristes. Shaka lo supo en ese momento, supo que se encontraba frente a un ser tan solo como el, de otra criatura que necesitaba compañía, era mucho más joven que él, tal vez unos doce o trece años, tenía menos edad y menos tiempo para haber convivido con el mismo, no había logrado comprender lo que era la soledad tanto como el, pero sin duda la conoció un poco.

La mirada sorprendida que dirigió a Shaka era la prueba clara de que hacía mucho tiempo que  no veía a alguien de su mismo clan, o a cualquier otro zodiaco, el Partenón también era su hogar y su refugio, vivió solo algún tiempo y sin duda resintió esos años.

Lo observo con mas detenimiento, su rostro delicado de facciones finas, sus ojos esmeraldinos realmente hermosos, sus cabellos que se agitaban con el viento y que se pegaban a su frente, pecho y hombros por la humedad en ellos, su respiración agitada por la carrera y el juego, sus músculos perfectamente torneados aunque no muy marcados. Tenía un cicatriz en su brazo derecho, tal vez resultado de alguna cacería, aunque sin duda no se comparaba con las muchas que Shaka tenía por todo el cuerpo. Ahora la precaución se había convertido en curiosidad y lentamente permitieron que el otro se acercara.

Ambos levantaron sus manos cuando se encontraron uno frente al otro, aun seguían temerosos, pues el haber crecido lejos de su cuna ancestral, de ese camino hacia el norte, les había obligado a hacer de la desconfianza algo muy importante en sus vidas, eso garantizaba su supervivencia. Eran semejantes, sabían que no debía huir el uno del otro, pero aun así se mostraban aprensivos. Lentamente cada uno coloco su mano en la frente del otro, haciendo a un lado el flequillo sobre sus ojos, observaron la marca de nacimiento que cada virgo llevaba en la frente, ese pequeño lunar que los distinguía de los demás clanes.

-Hola- dijo bajito el pequeño con su melodiosa voz

-Hola- respondió Shaka con una sonrisa- Shaka de virgo- se presentó

-Shun de virgo- imito el niño.

 Permanecieron un momento más descubriéndose mutuamente, hasta que sin previo aviso Shun empujo a Shaka haciéndolo caer al agua. Él se levantó rápidamente tomando a continuación una actitud de pelea, desconociendo el motivo de su comportamiento, desconociendo la inocencia de una broma al haberse amargado su corazón tras los años de trampas y sobresaltos.

-Perdona- dijo completamente confundido quien solo quería divertirse- solo quería jugar- retrocedió cauteloso temiendo su ataque, no entendía esa actitud, el solo quería un compañero con el cual seguir jugando, no quería pelear, no tenía por qué atacarlo. Aturdido intento alejarse pero la mano de Shaka se lo impidió

-No te vayas- se disculpó soltándolo al ver que con eso solo consiguió asustarlo más- Lo siento- Shun sonrió y con pequeño grito de sorpresa comenzó a correr a su alrededor, brincando chapoteando y mojándolo con su juego. Sin comprender completamente que pasaba Shaka permaneció quieto mirándolo solamente, escuchando su risa alegre por el encuentro. No hiso nada solo lo miro. De pronto Shun se detuvo frente a él completamente serio y no supo que hacer, pero de pronto el sonrió de nueva cuenta y lo empujo para de nuevo salir corriendo por la orilla del lago. Él se levantó de inmediato y comenzó a seguirlo al principio confundido pero después se dejó llevar, por la inocencia del juego, por la gracias de la carrera, se dejó llevar por la juventud brillante de Shun

Ambos eran felices con ese encuentro, por el descubrimiento de que no estaban solos, eran ambos tan bellos, su felicidad agraciaba aún más sus movimientos mientras la luz de leo los bañaba con sus rayos, mientras su risa luminosa resonaba en mi solitario corazón. Jugaron, lucharon y cayeron juntos sobre las aguas, rodaron por el suelo… y por mucho tiempo fue así.

Siempre se encontraban, aunque al principio seguían con esas dudas, Shun siempre se iba al llegar el atardecer, se escondía de Shaka, no permitía que lo siguiera y él no lo seguía, incluso después de que confiaron el uno al otro totalmente, Shaka siempre optaba por esperarlo, aunque eso significaba más tortura para él, al saber que el final de su soledad estaba tan cerca, con solo seguirlo, pedirle que se quedara, aun así espero.

Pero Shun tenía miedo, se había creído solo durante mucho tiempo y la repentina aparición de alguien como él, el cambio en su vida, en su rutina, no sabía que hacer pues temía equivocarse, muchas veces lo encontraba cerca de donde Shaka merodeaba, cerca de donde el descansaba pero ni esa torturadora infelicidad al caminar solitario en el Partenón lo hiso caminar hacia él, lo evadía en ocasiones se mantenía aprensivo a pesar de todo. Aunque sabía que debían estar juntos seguía temeroso. Lo escuche una vez hablando con los espíritus, a la luz de la luna, y de las estrellas que le sonreían felices, con la vegetación rodeándolo y mojando sus pies en el agua que jugaban con él, mientras el viento le cantaba y le consolaba, les pedía consejos, rogaba por su ayuda y les hacía preguntas sobre qué hacer.

Una noche al parecer Shun se decidió del todo, apareció en el refugio de Shaka que miraba expectante  y sin decir más camino hacia él, se quedó quieto un momento ante la mirada inquieta de Shaka, nada más se escuchó en la selva que su gracioso andar hasta sentarse al lado de su igual, le sonrió, fue suficiente para hacerle entender que se quedaba. Desde entonces siempre estaban juntos, recolectaban frutos, cazaban, caminaban por las sendas oscuras y peligrosas. Eran completamente fieles, esa fidelidad y lealtad de las criaturas que se encontraron solas mucho tiempo y que no querían volver a estarlo. Ya ellos no estarían solos jamás. La angustiosa y dolorosa búsqueda de Shaka, de mi rival, había llegado finalmente a su fin.

dejen reviews porfavor, disculpen de nuevo u.u



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El diablo, tu divino maestro de dibujo
En tus sueños proclama la divinidad de tu embrujo,
Y mandrágoras cortas con tus manos de brujo
Ruelas (anónimo)
FECHA El 27/08/11 a las 07:08:29 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
Online goddesniquel
Caballero de Bronce



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El 11/08/07 a las 09:08:05

Holaaaa de nuevo, n,,,n 

 

Si soy  Goddesniquel,  n///n y si  el Angel de la Destrucción es uno de mis bebes, esta muy interesante tu historia y es mi pareja adorada, junto con Shaka y Death Mask, es un gusto poder leer mas historias de mis niños adorados, espero poder seguir disfrutando de las tuyas.

 

Un abrazote,

Goddess

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FECHA El 28/08/11 a las 01:08:52 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
Online Ella!!
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El 20/07/11 a las 12:07:19

No lo puedo creer! Goddesniquel lee mi fic o.O, tal vez exagero pero... no, no exagero es que, diablos!!! eres mi ejemplo a seguir, no tienes idea de lo que disfrute leyendo "el angel de la destruccion" lo relei muchas veces, y aunque no estuve en la epoca en que lo publlicabas, lo cual me hubiera gustado para decirte lo que me encanto... pero rayos, me encantó esa y tus demas historias, aunque "remembranzas de amor" creo se llamaba, no quedo conlcusa, aun asi me gusta... espero te agrade mi historia porque como te digo eres mi maestra, aunque no sepas que tienes una alumna... ahora estoy nerviosa...

Bueno, nuevo capi, espero les guste ;), prometo actualizar mas seguido n.nU...

Esperanza aprisionada

La compañía de Shun hizo tanto bien a la vida de Shaka como los vientos frescos en aquellos días calurosos, como lo hiso alguna vez nieve al iracundo fuego de Aries o la tierra a la deprimida montaña de Capricornio. Shun era la felicidad misma, la alegría y la vida, era todo lo que Shaka necesitaba en estos momentos de la existencia, era una energía pura que lo llenaba de completamente, lo hizo de nuevas fuerzas, agotadas por los años de fugas y huidas, lo invito a seguir viviendo, Shaka de nuevo deseaba vivir. Muchas veces lo sorprendí buscando flores entre los arbustos, atrapando mariposas para entregárselas a él. Pasaba noches sin dormir vigiando el sueño de su compañero.

Mudo el sitio de su refugio muchas veces, encontraba vestigios de cuál era el anterior cuando ya lo habían abandonado, tal vez lo hacía porque intuía que yo seguía en la selva buscándolo. Nunca lograba encontrar su refugio pues cuando me dedicaba a perseguirlo el deambulaba horas enteras entre las veredas y ríos más peligrosos hasta que lograba perderlo.

Ya nunca veía a Shun cazando o recolectando solo, siempre estaba bajo la protección de los ojos azules de Shaka. Me di cuenta de que poco a poco se volvía cada vez menos tolerante, más agresivo con cualquier aproximación a Shun o cualquier travesura d él como trepar árboles o corretear en los arroyos. Atacaba a cualquier animal que se acercara demasiado, no permitía ningún momento de desprotección en él.

Estaba muy preocupado por algo, muchas veces me llegue a preguntar qué era eso que lo hacía pasar de una felicidad constante e inmensa a ese miedo, furia y recelo hacia todo lo que lo rodeaba, a ser tan violento. Lo vi caminando solo otra vez, como hacía meses que no lo veía, eso me hiso pensar que Shun lo había dejado y que eso lo regreso a ser el mismo Shaka que cazaba desde hacía mucho tiempo, irritable, escurridizo y sobre todo, solitario.

Pero poco después mientras conseguía un poco de alimento para mí los vi juntos de nuevo, brincando las ramas de los arboles recolectando fruta. Me acerque aún más, cuidándome de que no me vieran. Shaka tenía el rostro realmente alterado y siempre iba detrás de Shun cuidándolo, protegiéndolo de una caída, actitud que hacía reír a Shun. Entre salto y salto, alcance a notar la edad del porque la reciente actitud de Shaka, todo estaba en ese pequeño cuerpo cuyo vientre estaba abultado. Shun esperaba el hijo de Shaka.

Esa próxima criatura, saberse padre dentro de poco, saber que quedaría eternizado en el mundo gracias a ese bebe, aterraba a Shaka. Fue la primera vez que vi miedo en sus ojos, que descubrí que realmente le temía a algo, y no era precisamente un miedo hacia él, era el miedo por Shun, por la criatura. Todo intento y toda lucha por salvarse a sí mismo habían desaparecido cuando lo conoció, cuando su vientre comenzó a crecer, ahora también luchaba por la supervivencia de su descendencia.

Sabía que su muerte llegaría pronto, que como todo en este mundo su ciclo de vida llegaría a su fin en cualquier momento, como las flores y los animales, él debía dejar la existencia y reunirse con su padre el viento. Pero al saber de esa criatura supo también que todos los años de fuga habían valido la pena, que todos esos sobresaltos, su lucha quedaría perpetuada en el fruto de esa felicidad que lo unía a Shun. Ese conocimiento lo volvía aún más agresivo y peligroso, estaba seguro de que Shaka convertiría la selva en su campo de batalla si era necesario para asegurarse de que su hijo llegaría a este mundo.

Muchos días lo descubrí cazando solo, Shun debía esperarlo en el refugio que aún no lograba encontrar, el seguía escabulléndose por las sendas lodosas, por los riachuelos que zigzagueaban en el Partenón. Borraba sus huellas pues siempre supo que yo aún estaba allí, que seguía buscándolo y que tarde o temprano nos encontraríamos.

Unas semanas después del descubrimiento del estado de su compañero nos volvimos a ver, estaba espiando a un tapir, cazaba para alimentarse cuando presintió que lo observaba. Dio vueltas intentando descubrir donde me encontraba hasta que alcanzo a ver el brillo de mi arma entre unos arbustos. En ese momento salí de mi escondite para apuntarle pero el solo sonrió como reto antes de brincar a los árboles y desaparecer en medio de la lluvia de balas que rebotaban en los troncos y en las ramas.

Enfadado nuevamente lo busque por un par de semanas más, lo encontré en muchas ocasiones pero siempre iba al lado de Shun, protegiéndolos, eso me hacía dejar el intento de matarlo por esa ocasión, pero me decía cada vez que cuando lo encontrara solo entonces lo mataría.

Días después la selva se volvió un completo caos, el viento no dejaba de soplar, los animales estaban asustados pues una gran tormenta se avecinaba. La tormenta azotó por horas al Partenón, y durante ese tiempo yo tuve a Shaka de nuevo al borde de la muerte pero nuevamente no pude matarlo.

Fue rápido, la lluvia cayó repentinamente, en cuestión de minutos el cielo se ensombreció trayendo casi inmediatamente un diluvio. En pocos minutos los arroyos se llenaron y se desbordaron. Piscis inundo la tierra, salió de los bordes de los lagos y ríos ahogando casi todo. Incluso el viento estaba furioso ese día y las aves se esforzaban en llegar a sus nidos y algunas no lo lograban, caían al agua y eran arrastradas por las corrientes. El sonido del agua azotar la vida era terrible y el lodo que se formaba en las sendas te atrapaba traicionero, sabía que ese era el refugio predilecto de los caimanes por eso subí a un árbol donde pudiera refugiarme. Las nubes negras en el cielo nos amenazaban con su movimiento, con su oscuridad. Todos estábamos asustados, las garzas de vez en cuando emblanquecían ese cielo al volar desesperadas a un mejor refugio, escapando de las corrientes violentas de las aguas.

En mi refugio, fuertemente aferrado a las ramas de ese gran árbol, me sorprendí al ver a lo lejos a Shaka, corriendo desesperado siguiendo la corriente de lo que antes era una senda, intentaba no caer al agua pero no apartaba su mirada de esta. Levante mi arma para aprovechar el momento, su distracción y preocupación, sería una muerte rápida.

De repente del hoyo salió medio cuerpo de Shun. Había caído a las corrientes y Shaka se empeñaba en sacarlo de allí, arriesgando con eso su propia vida, por él y por su hijo. Baje el arma sin saber qué otra cosa hacer observando ansioso el rescate de su compañero, pero todo lo que intentaba era inútil, no podía acercarse mucho sin arriesgarse a ser arrastrado el también y si eso pasaba entonces ninguno de los dos tendría salvación.

 Shun se aferraba a una roca que sobresalía de las aguas mientras Shaka caminaba sobre un tronco caído para acercarse lo más que podía. Muchas veces vi sumergir de nueva cuenta a Shun. Ambos conteníamos la respiración entonces, pero poco tiempo después el volvía a emerger en un gritillo desesperado, llamándolo a él, rogando por la vida de su hijo.

Alce la vista al cielo, a esas nubes oscuras, a la tempestad que se cernía sobre nosotros. Recordé la historia de nuestros antepasados, aquella anécdota de la lucha constante entre Viento y Fuego por el amor de Nieve y como Agua también enfurecía por no poder controlar el daño que su temperamental primo causaba. Rogué a ellos, intente suplicar a Fuego que se compadeciera de los hijos de sus hermanos, a Viento y Nieve para que vieran lo que estaba pasando, a Agua para que dejara su ira, que dejaran su lucha y no torturaran más a la tierra. Supliqué por la vida de Shun y su hijo.

Como si mis ruegos fueran escuchados un rayo impacto muy cerca de nosotros arrancando una rama a uno de los árboles, rama que cayó cerca de Shaka y que éste utilizó para sacar a Shun. Tomándola de un extremo la acerco lo más que pudo a él, cuando estuvo sujeto jalo con todas su fuerzas hasta traerlo a la orilla donde lo abrazo y beso aliviado. Shaka se levantó y lo invito a él a hacer lo mismo y de verdad que lo intento, pero su vientre y la debilidad que le dejara la lucha con las corrientes lo hiso caer al suelo exhausto. Le suplico que lo intentara, que tratara de salir de ese lugar, pues allí eran presa fácil de caimanes y culebras. Después de varias suplicas el pequeño finalmente intento levantarse, sus piernas le temblaban pero ayudado por su compañero lentamente pudo salir de allí. No hice ningún intento de disparar, deje que se marcharan, no quería lastimar a Shun.

Durante casi todo el día llovió de esa manera, era muy difícil que los espíritus dejaran sus riñas, pero por lo menos había ayudado a uno de sus hijos. Ya no vi más a la pareja, desaparecieron en medio de la maleza inundada.

Mientras este caos ocurría, mientras pensaba en esas leyendas de mi gente recordé una leyenda que los dioses me contaron alguna vez, hablaba sobre la creación de nuestra gente y la suya. Decía en ella que existió al principio un solo ser supremo llamado Cronos, el esculpió una figura humana de barro y la coloco en el suelo, después con algunas rocas golpeo esa figura para marcar con eso el futuro de sufrimiento que tendría su raza. Esa figura se hiso hombre. Después hiso lo mismo con pero esta vez esculpiendo la figura de una mujer.

La mujer era una imagen que yo solo conocía antes por los grabados de nuestros espíritus, por los grabados de Nieve, Agua, Luz de Luna, Estrellas, Vegetación y Montaña. Sin duda yo consideraba desde entonces que eran por demás delicadas y menos corpulentas que los espíritus creadores hombres, y cuando conocí a las diosas constaté ese hecho. Los dioses no eran capaces de concebir, a diferencia de algunos zodiacos que nacieron con ese don especial, una bendición de nuestros espíritus. Solo sus mujeres tenían esa gracia.

 Es primera pareja tuvo dos hijos, el mayor de ello que de un varón fuerte y autoritario fue llamado Zeus, mientras que su otro hijo nacido mujer, de apariencia frágil pero con el corazón bondadoso fue llamada Athenea.

Cronos llamo a su descendencia y les informo de la creación de Grecia donde ellos debían formar ley así que les pregunto qué era lo que ellos deseaban en la repartición de los bienes de ese nuevo paraíso. Athenea no quiso armas, ni caballos, la primera porque era inservible y muy pesada y los  últimos porque ellos debían ser libres. Escogió en cambio la tierra, la naturaleza, la libertad. Así ella se convirtió en la madre de nuestra gente y los protegería con su bondad y amor. Zeus en cambio, recibió como regalos el arma y los caballos con los que fue más feliz y se apodero de Grecia poco a poco, viendo a sus hijos crecer en la prosperidad, protegidos por su mano dura y su voluntad inquebrantable.

Jamás escuche en ese cuento si Athenea fue feliz con esa decisión, si vio a sus hijos crecer también en la libertad que tanto soñó, tal vez para los dioses, nosotros los zodiaco estábamos marcados para ser infelices.

Cuando yo era niño y vivía rodeado por mis hermanos del clan acuario eso no me importaba mucho, veía como los dioses se abrían camino a través de nuestras tierras, a través de las muertes de nuestros primos pertenecientes a los clanes exterminados y nunca me pregunté porque nosotros no poseíamos esos bienes. Pero conforme fui haciéndome mayor comencé a envidiar la facilidad en la forma de vida de los dioses y cuando escuche ese relato por primera vez al llegar a la ciudad, me pregunté porque Athenea no fue prospera con su decisión, por qué fueron los hijos de Zeus los que se convirtieron en dueños de las tierras y se convirtieron en nuestros amos.

Mi señor, el que por primera vez me llamo Swan, que significa Cisne en su lengua se rio cuando le hice esas preguntas.

-Tu gente no fue creada para ser gran cosa supongo- me contestó aun burlándose

Tal vez el no comprendió del todo el significado de esa leyenda, tal vez para él y para mi había un elemento que se nos había escapado en esa historia que explica el origen de nuestras dos razas, o podría ser que en realidad nosotros los zodiacos habíamos nacido para convertirnos en sirvientes de los dioses, que nuestro destino no salía de eso, que solo estaríamos condenados eternamente a una existencia miserable e insignificante.

Eso ya no importaba, fuera cual fuera el significado de esa leyenda no tenía nada que ver conmigo, era la historia de otra gente a la que no pertenecía, tampoco debía interesarme la de otras culturas si ya no me importaban las historias de los zodiacos y sus orígenes. Esas historias que mi padre me conto de niño, pero ahora solo eran cuentos.

Pensé en innumerables ocasiones en mis padres durante aquella jornada en el Partenón, donde me conocía a mí mismo también. Mis padres se habían quedado en el norte, en los dominios de la nieve, de nuestra madre. Yo no quise quedarme, decidí dejar mis raíces y desistir de los lazos que tenía con ellos. Abandone el nombre que ellos  me dieron, un nombre que tenía significado, el nombre ancestral de los espíritus y adopte el que me dio mi nuevo señor y asumí también la identidad que me dieron. Yo pase a ser Swan y era eso lo que me importaba mientras permanecía en este lugar. Ya nadie me nombraba por mi nombre de zodiaco porque no me gustaba, cada vez que lo pronunciaba se volvía un motivo de vergüenza para mí.

En la ciudad todo era distinto, los niños no iban de cacería con sus padres, no aprendían de la naturaleza con los consejos de los sabios, ellos iban a la escuela donde les enseñaban a descifrar símbolos que para mí no tenían sentido, tomaban el dinero que sus padres le ofrecían y acudían a lugares donde podían usarlo comprando accesorios y juguetes extraños. Aquí el padre no era el portador de las hazañas de su pueblo, no era quien tenía la responsabilidad de pasar la sabiduría de su  pueblo a las futuras generaciones.

Eso tampoco lo seria yo, mis hijos crecerían ignorando sus raíces, las hazañas de los que antes considere héroes, todo ese conocimiento moriría conmigo, ya no sería un maestro como lo fue mi padre y mi abuelo, no tendría alumnos a los que dirigir la lengua de mi clan, la razón de nuestra existencia y de todas las cosas de los zodiacos. Ya no tenían importancia entonces en mi memoria, solo eran eso, memorias.

Tal vez ese es en realidad le motivo por el que he permanecido en la selva todo este tiempo, en insistir en matar a Shaka. Yo me había convertido en un cazador, no solo de mis hermanos sino de mí mismo, intentaba matar todo rastro de descendencia que ya consideraba irrecuperable. La muerte de Shaka le daría significado a mi vida, tendría sentido el haber venido al mundo, el existir. Necesitaba justificar mi presencia en este plano pues nada de lo que creí que haría cuando era pequeño podía hacerlo ya. Ya no quería ser muerto con la historia de mi clan y con aquellas narraciones de los héroes olvidados e ignorados por los demás. Ya no me importaban esas pequeñeces que antes considere importante y me hacían sentir único, que me hacían sentir un gran respeto por Acuario. En este momento estaba decidido a seguir siendo cazador, ya no habría otra opción.

Cuando conocí de los dioses, de sus prácticas innecesarias de cacería y sus plantaciones me pareció vergonzoso el que mataran y recolectaran más de lo que necesitaban, egoístamente cazaban solo por diversión. Nosotros solo matábamos lo que necesitábamos, jamás matamos solo por matar. Pero al entrar en las ciudades matar por la ambición y la ignorancia, matar por dinero se volvió en mi oficio personal. Mientras las ciudades crecían yo iba matando lo que ellos me pedían, mate a muchos Virgo, Aire, Libra y Tauro.  Me volví en el protector de las plantaciones, de los gallineros, de sus rebaños. Me pagaban por asesinar. Entonces me daba cuenta de que era cierto que los hijos de Athenea vivían como podían y no como querían: libres como Shaka.

No, el ya no era libre, aun luchaba por serlo, intentaba seguir siendo libre como los vientos, pero sus peleas y movimientos eran las de los desesperados, de los que saben que ya no tienen nada que perder, ya no era libre, no poda vivir como quería, no era como antes. Antes era uno de los muchos virgo que convivían en el sur, que bailaban con el viento, que deambulaban libres en los ríos y valles, pero ahora no le quedaba más que escabullirse y esconderse entre la maleza, sobresaltado muchas veces por la vegetación, caminaba por sendas lodosas desesperado por encontrar un poco de paz. Ahora estaba preocupado por el futuro que se aprisionaba en el delgado cuerpo de Shun, en el vientre voluminoso de su compañero. Buscaba sobrevivir, perpetuarse.

Ahora evitaba el sol y los rayos de leo, eso lo hacía notar en medio de la vegetación. Después de la tormenta, cuando buscaba un nuevo hogar evitaba los lugares tranquilos y fáciles de transitar, subía árboles, luchaba contra corrientes, pisaba pantanos que parecían querer tragarlos. Prefería una agenda peligrosa por donde abundaban los caimanes y pirañas. Durante días deambulo por la selva traicionera que con la tormenta se volvió mucho peor y yo iba tras él. Cazador y caza. Yo, Shaka y Shun. Pensaba en ese pequeño en innumerables ocasiones, me detuve muchas veces solo por él, para no lastimarlo, solo quería la cabeza de Shaka. Pensaba todo el tiempo en la posibilidad, en esa incomoda probabilidad de que si quería conseguir lo que quería tendría que matar también al pequeño uke y a su bebé. Sin duda tendría que matar los sueños de mi enemigo.

Dejen review n.n, me animan mucho :D

Saludos ;)



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El diablo, tu divino maestro de dibujo
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El 20/07/11 a las 12:07:19

Y nuevo capitulo :D, espero les guste n.nU

El dolor de la eternidad

Siempre había animales asechándolos, seres carnívoros que querían aprovecharse de la debilidad de Shun, pero ellos no los asustaban no tanto como la seguridad de que su heredero y la certeza de que yo seguía allí, buscándolos. Sabían que de un momento a otro mi arma les amenazaría la vida.

Por eso Shaka no permanecía mucho tiempo en un mismo refugio, estaba huyendo de mí, ya no quería enfrentarme. Estaba ambos cansados, deambulaba en círculos muchas veces, pero nunca dejaron de buscar algún lugar seguro para ese pequeño que nacería dentro de poco según mis cálculos. En esos momentos solo Shaka cazaba, cosa que se volvía mas difícil después de la tormenta que azoto la selva semanas atrás, aun había grandes pantanos y lugares peligrosos. Los frutos habían casi desaparecido de los árboles y por lo que era muy difícil encontrarlos, así que normalmente él se decidía por llevar un poco de carne a su compañero, aunque en muchas ocasiones regresaba sin nada pues en la búsqueda o persecución de algún animal se daba cuenta de que se alejaba demasiado, por ello decidía regresar con las manos vacías.

Pero la mayoría del tiempo no dejaba escapar a ninguna presa, con trampas o luchando contra tapires conseguía un poco de comida para su familia, a pesar de los años de agotamiento seguía siendo un cazador formidable, pero no esperaba menos de él, de un digno oponente. De todos los animales que se encontraban rodeándolo solo de mí tenía miedo, no les temía a los lobos, a los tigres, solo me temía a mí. A los demás podía perderlos entre los árboles o darles muerte con su daga, pero yo era más terco, aunque le perdía la pista volvía a encontrarlo, aunque intentara matarme yo le causaría un final similar a él.

Pasaba horas enteras, casi las mismas en la que Luz de Sol nos visitaba, no le importaba el esfuerzo que tenía que hacer para conseguir comida para Shun y su bebé, aunque notaba que eso cada vez le costaba más trabajo con su cuerpo maltrecho con sus muchas cicatrices, las muchas heridas en su cuerpo, durante estos meses palideció considerablemente así como había adelgazado, preocupado siempre por el bienestar de quienes lo esperaban en el refugio. Pero eso no le impedía andar por lo peores caminos, tratando de despistarme, dando vueltas por horas para que no encontrara el refugio, pero siempre le pise los talones.

Siempre estuve lo bastante cerca para intentar matarlo, aunque esas ocasiones disminuyeron constantemente después de la tormenta, en esas cuatro semanas lo había visto apenas siete u ocho veces, y en todas pasaba lo mismo: fallaba los tiros o lo dejaba ir. Fue muy difícil en ese tiempo rastrearlo, pero no me daba por vencido, así como él yo tampoco media mis esfuerzos para matarlo.

La selva se había convertido en una gran laguna donde solo sobresalían los árboles y algunas islas distantes donde muchos animales se refugiaron esperando a que el panorama mejorara o morir de hambre… estaba consciente de que mi presa podía estar en cualquiera de esos pequeños brotes de tierra.

Después de la tormenta que nos azoto y donde casi muere el pequeño uke pase más de diez días sin encontrar cualquier rastro, cualquier vestigio de que siquiera seguía con vida, aunque eso nunca lo dude, él jamás se dejaría vencer por una simple lluvia. Había escapado y sobrevivido a cazadores con sus armas, a trampas traicioneras, a luchas con animales, esta lluvia no lo iba a matar. Pero no encontraba su rastro, era muy hábil ocultándolo, escogía los senderos más difíciles, para él, para mí y para Shun. No fue tarea sencilla volver a dar con su paradero, en parte porque yo tampoco sabía si de verdad quería encontrarlos.

Esas dudas, esos sentimientos confusos se hacían cada vez más grandes en mi corazón, mientras más me adentraba en la selva, más grande era mi duda, no me hacía bien el convivir tanto tiempo con la maleza y con la presencia de Shaka así como de su libertad, eso me hacia sentir nostálgico, los recuerdos no dejaban de llegar a mi cabeza, recordaba mi vida como zodiaco, lo libre que también me había sentido en aquel tiempo… pero por otra parte esa libertad me llenaba de remordimientos, torturaba a mi conciencia a cada segundo que la mantenía.

Esa libertad que ambos disfrutaban, simple, pero a la vez de devoción incondicional el uno para el otro, esa fidelidad y lealtad que existía entre Shaka y Shun no merecía acabar con un tiro en la cabeza, con un disparo fugaz de mi arma, que esa muerte vacía y sin sentido que yo planeaba darles. Esa forma de matar solo le pertenecía a los ignorantes. Yo no pretendía cambiar el mundo, no me concernía el hacer abrir los ojos a los dioses y que dejaran de mancillar la tierra de mis ancestro, pero tampoco quería ayudarlos a lograr tal atrocidad.

Antes yo era libre, junto a mis hermanos, junto a mis padres y amigos, crecí siendo criado como un zodiaco libre, deseando estar siempre al lado de mis iguales, con el conocimiento de que debía convivir con la tierra y no apoderarme de ella, ligarme al mundo. La muerte sin sentido era algo que solo hacían los ignorantes, los intolerantes. Aquellos que la aceptaban y practicaban, los que se sometían a ella fue un rasgo que conocí cuando llegué a Atenas, era aún una novedad, a pesar de estar ya casi seis años lejos de Acuario y todos los hijos de Nieve, aun trataba de acostumbrarme a esto y al tratar de hacerla y practicarla, me trajo de nuevo a esta libertad, la libertad de la selva, apreciarle, desearla… extrañarla.

Al ver la felicidad incondicional de Shaka y su compañero llegué a dudar y reprocharme la decisión que tomara hacia años, de dejar mi clan para mudarme a las ciudades y vivir la vida que los dioses consideraban más o menos decente y sobre todo, renegaba de la decisión de no haber regresado nunca con los míos.

Ver a Shaka rebosante de dicha junto a Shun me incomodaba, ellos dos me hacían pensar y eso era lo que menos deseaba hacer en estos momentos, así era fácil ser invadido por los fantasmas de mi pasado y de cuestionarme severamente como lo harían mi padre y mi familia, me cuestionaría sobre esas decisiones tomadas desde que salí de la aldea y me mude a la ciudad. Pensar me hacía poner mi vida en peligro, me distraía y así me veía rápidamente a merced de los depredadores, pero también me hacía dudar sobre la decisión de matarlo y eso francamente acabaría con mi reputación de cero derrotas.

Si pensaba, ya no los mataría y yo necesitaba saberlos muerto, llevar sus cadáveres a la ciudad.

Frente a Shaka me sentía como un ignorante, me sentía como el alumno que debía aprender de un maestro. Él tenía tanta sabiduría, tantas experiencias mientras que yo recién salía del cascaron, al menos así me sentía. Parecía que él ya hubiera vivido esta vida en varias ocasiones y que tenía la respuesta de todo. En sus ojos veía el infinito del universo, lo sentía omnipotente. Yo frente a él era un niño que necesitaba aprender demasiado, sentir y vivir. Él era un alma vieja entre los suyos.

Después de tantos años de observarlo, de darle caza, de comprenderlo termine por apreciarlo, por admirar su astucia. Dicen que eso pasa con los viejos adversarios y era casi un hecho de que eso estuviera pasando con nosotros.

No, eran pensamientos que no me podía permitir, cerré los ojos y deje que mi corazón se congelara de nuevo, tenía que matarlos, por mi vida, por mi supervivencia. Si no lo hacía jamás volvería a cazar para los dioses, ellos ya no confiarían en mí y eso solo me obligaría a regresar a donde ya no podía hacerlo, pues mi familia no me aceparía con ellos. Yo ya no podría regresar jamás a ese mundo, no podría ser llamado de nuevo Hyoga de Acuario y sentirme orgulloso de ello, ahora mi nombre era Swan. La libertad que antes vi era imposible, regresar también lo era. El pensar en regresar tan solo fue un sueño, el sueño más hermoso que hubiera tenido desde que me adentre a esta selva, pero de todas maneras un sueño.

Ahora era un pequeño punto que nada valía para nadie, alguien que no tenía un hogar. Mezquino, cazador de su propia vida. Ya no tenía un lugar al cual volver, y mi destino estaba profundamente ligado al de Shaka así como al arma que cargaba en mis manos, a los dioses que me pagaban por dispararla y expulsar a los animales y zodiacos que invadieran sus cultivos, a los que intentaran robar su ganado. Definitivamente yo tenía que matar a Shaka y a Shun.

Seguí buscándolos mientras estos pensamientos inundaban mi cordura, me hacían pasar noches en vela, perdiéndome por completo entre la decisión y la duda cuando finalmente los encontré en una cueva, en uno de los múltiples islotes, detrás de varios troncos caídos. Los vigilé durante casi dos semanas, con el temor de que se dieran cuenta de mi presencia a pesar de que mantenía una gran distancia. Los vigile, dándome cuenta de los momentos en los que podía emboscarlos. Me di cuenta de que eso solo sería posible en una noche sin estrellas ni luna, cuando su luz delatora les dijera de mí. Afortunadamente esas noches ocurrían con mucha frecuencia en esa época del año.

Shun estaba totalmente irritable por su embarazo, sumamente agotado también y de no ser por el constante cuidado de su compañero haca mucho que hubiera caído ante la multitud de depredadores que los acechaban. Shaka a  pesar de su muy evidente cansancio, cansancio que lo hacían cabecear en constantes ocasiones y que lo hacían caer rendido al regresar de una cacera, a pesar de ese agotamiento físico permanecía siempre vigilante. Nada escapaba a sus miradas, no permitía que nada invadirá el territorio que había delimitado frente a la cueva, lo defendía con uñas y diente, dispuesto a dar la vida por proteger a Shun.

Sus ojos, oídos y olfato se habían agudizado en esas semanas. Pero había ocasiones durante la noche en las que dormitaba y varias veces lo sorprendió la invasión de un tigre o de caimanes y cocodrilos que llegaban a refugiarse también, pero él los rechazaba con increíble agilidad, asustando también a su compañero, temeroso de perderlo, pero nada lo hacia desistir de ser su protector noche y día.

Estaba sumamente cansado, y las reacciones que tenía eran las de una criatura desesperada, que tenía miedo a la muerte, que temía ser vencida en su intento, pero no por nadie más, sino por su propio cuerpo, por el sueño, mas que por los enemigos que los acechaban silenciosamente desde las penumbras esperando que se distrajera y los invitara a una cena apetitosa con su cuerpos. El los enfrentaba, se les plantaba en frente sin asomo de miedo, los asustaba, los mantenía alejado del cuerpo preñado de Shun, quería demostrar que no podían vencerlo a pesar de su cansancio, que por más que lo pensaran no lo dejaría de proteger y que permanecería al lado de su familia hasta la muerte.

Los imagine a ambos, en el terreno pacifico donde antes habitaron y una vez soñé en cómo serían sus vidas si viviesen allá, esperando la llegada de su hijo rebosantes de felicidad, sin toda esta preocupación, sin todo este miedo por su supervivencia. Quise pensar en cómo serían sus rostros si los dioses no se hubieran apoderado de su territorio y matado a los demás miembros de su clan. Pero solo era soñar. Este era el presente, apuntar y matar.

Sabia a la perfección que mi primer disparo debía ser contra Shaka pues si intentaba matar al uke primero y si lo lograba, él no me dejaría salir con vida de esto, me mataría apenas se diera cuenta de la muerte de su compañero. Y si fallaba a mi primer tiro en su contra no me daría una segunda oportunidad, moriría también. Por ello el primer tiro debía ser contra Shaka y debía ser certero.

Que uno de nosotros terminara muerto estaba escrito desde hacía mucho, Shun solo había tenido la mala suerte de encontrase con un condenado y de decidir compartir la vida con él. En el aire se podía casi tocar la tensión, se respiraba en el aire ese olor malsano, ese silencio preocupante que nos alertaba, que nos aseguraba que el final estaba cerca.

El viento, antiguo padre de su raza movía las hojas de los arboles intentando advertirles de mi presencia en ese lugar, muchas veces Shun se removía entre sueños, susurraba algo que no lograba escuchar, pero era rápidamente tranquilizado por los brazos de Shaka, odiaba su felicidad, la envidiaba, a veces me parecía que esa era la razón por la que hacia esto, el por qué me había empeñado tanto en matarlo, primero su libertad ahora su felicidad.

Pero la batalla final se aproximaba, los dos la esperábamos ansiosos, toda la selva lo hacía, los animales estaba nerviosos, los espíritus del agua y viento estaban inquietos, no nos dejaban en paz noche y día, parecía que en ocasiones se reocupaban demasiado por lo que le pasara a esta pareja, pero no cambiaría nada.

Una semana después, cuando la noche se tornó oscura, cuando ni la luna ni las estrellas se hicieron presentes, ocultas por las espesas nubes de una nueva tormenta, en esa noche me decidí finalmente a disparar, él se quedó dormido mas demoradamente, rindiéndose así a las noches de cansancio, de pasar en vela vigilando que su familia estuviera bien. En ese momento me di cuenta de que él ya me esperaba, de que él también estaba consciente de que esto no podía durar para siempre y de que la única manera de que acabara era que uno de los dos estuviera muerto.

Pocos segundos después de que se perdiera en una corta inconciencia, despertó dándose cuenta de que algo no estaba bien, los animales estaba muy callados, la selva estaba a la expectativa. Se levantó de su lugar escudriñando la maleza a su alrededor, intentando descubrir que era lo que ponía a la selva sí, pero estaba casi seguro de que era yo. Percibía mi olor a muerte y sin pensarlo dos veces tomo el arco que descansaba junto a Shun, lo preparo e intentaba apuntar a algún lugar sin saber exactamente a donde.

Dándome cuenta de que no tenía mucho tiempo, me desembaraza un poco de algunas ramas y apunte rápidamente mi arma a su cabeza, el por el rabillo del ojo vio el brillo de mi arma y se giró disparando la flecha que quedo a pocos centímetros de mi pecho. Tomo entonces la daga oculta entre sus ropas y comenzó a correr directo a mi escondite, embistiéndome. En sus ojos podía ver la rabia que hacía mucho tiempo sentía. Estaba completamente cansado de mi asecho. Disparé logrando que se detuviera, pero no le di. Shun se levantó en cuanto es grito de mi arma se dejó escuchar, saliendo de la cueva donde se refugiaba, aturdido y confundido.

-¿Qué sucede?- preguntó con ese inocente timbre de voz, mirando a todos lados hasta que se topó con mi mirada y de inmediato apunte hacia él.

-Entra a la cueva, escóndete, Shun- gritó Shaka mirándolo molesto

Estuve a punto de dispararle, de acabar con la vida del pequeño, a pesar de que me preparé para pensar en solo una cosa: dispararle a Shaka primero. Pero la velocidad con la que se estaban dando las cosas me estaba confundiendo, Shaka se percató de que estaba por quitarle lo que con tanto esfuerzo protegió y se lanzó furioso sobre mí. En ese momento disparé.

La sangre chorreó de un pequeño agujero que dejó la bala en el cuerpo de mi víctima, cayó al suelo en un giro sumamente asombroso al ser alcanzado por el impacto a la altura de las costillas, presionando con fuerza la zona herida para evitar que la sangre siguiera fluyendo. A pesar del inimaginable dolor que en esos momentos debía estar sintiendo se levantó del suelo para volverme a encarar al darse cuenta de que preparaba el arma para un tercer disparo en su contra. Mientras detrás de él su compañero no podía creer lo que sus ojos veían. Shaka mostró de nuevo las intenciones de lanzarse sobre mí y yo retrocedí apuntando nuevamente.

-¡Vámonos!- sollozó mirando a Shaka que se resistía a escucharlo, después me miró a mí- ¡Por favor!

Seguimos tensos mirándonos un momento más, Shaka estaba enfurecido, desafiante, en sus ojos húmedos y chispeantes veía el profundo odia que sentía hacia mí, no por atentar contra él, nunca me odio por eso, sino por atreverme a apuntar contra Shun. Apreté el gatillo una vez más cuando él decidió hacer caso a la súplica de su compañero, la bala paso zumbando muy cerca de su cabeza. Ambos se alejaron corriendo.

Dispare mientras los seguía con el arma, pero ninguna bala logró alcanzarlos, de nuevo se ocultaron en la maleza. Shaka estaba demasiado cansado, tropezaba con sus propios pies, cayó en más de dos ocasiones en medio de la lluvia de disparos que no lo alcanzaban, sujetando la mano de Shun que corría delante de él, dificultosamente por el estado tan avanzado de su embrazado

El viento me azoto dolido, casi podía escuchar los sollozos de Shun en mis oidos, el pequeño lloraban mientras corría entre los árboles, más que Shaka el resentía el que nos los dejara en paz, que lo atormentara con el espectro de la muerte. El viento siguió soplando de esta manera, trayéndome el llanto del pequeño uke a los oídos. Espere que este dejara de soplar, que me dijera que mi trabajo había sido cumplido

Pero no ocurría, cada vez más furioso, me repetía que no podría lograr mi cometido. Ellos se aferrarían a la existencia, aun atormentados y cansados, no dejarían de pensar en la eternidad que los esperaba en el vientre de Shun. Durante la noche ellos corrieron abriendo un nuevo camino de vida para que su hijo viniera, para que la recompensa a tanto sufrimiento lograra llegar en paz.

Y el viento siguió soplando con el mismo dolor durante dos semanas más.

Ya deberias decirles que no me gustan los finales felices x_XU... lo siento

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El 20/07/11 a las 12:07:19

este es un capitulo que me gustó mucho escribir, espero les guste :P

El llanto del viento

Cada vez que el viento me azotaba completamente afligido sentía que mi cuerpo temblaba terriblemente. El viento me traía el dolor de uno de sus últimos hijos, yo sabía que Shun lloraba por el dolor que sufría su compañero.

Shaka estaba herido, ya no cazaba como lo hacía antes, ágil, invencible. Su cuerpo estaba demasiado lastimado, poco a poco estaba perdiendo la batalla, sus ojos poco a poco perdían el brillo de la vida, de las criaturas que luchan por un nuevo mañana. La muerte había entrado a su cuerpo, el augurio que la herida causaba era algo que él y su compañero sabían, estaban completamente conscientes de que el día de Shaka pronto llegaría a su fin. Shun no se apartaba de  él, escuchaba como se quejaba y lamentaba, como jadeaba y respiraba dificultosamente, su cuerpo experimentaba terribles dolores, sufría. Donde se encontraban mientras Shun mantenía la cabeza de Shaka en su regazo miraba a las estrellas, a la luna que brillaba lechosa sobre nuestras cabezas y les lloraba, les rogaba.

La luna lloraba, sentimental como era, hacia el dolor de esas dos criaturas propio. Grande y redonda, blanca como los ojos de todas las criaturas muertas. Melancólica, deprimida los bañaba con su cariño, les hacia saber que no estaban solos.

Algunas veces, con todas las fuerzas de las que era capaz, Shaka se levantaba y depositaba un beso en los labios de quien lo cuidaba y Shun acariciaba sus cabellos afectuosamente. Un sollozo que solo Shun podía escucha escapaba de los labios de Shaka, temía dejarlos, no quería dejarlo solo, sollozaba agonizante, tanto por el dolor en su cuerpo como en su corazón. Sabía cuál era su destino y se maldecía por haberlo permitido, por haber dejado que lo hiriera cuando debía protegerlos.

No podía ponerse de pie, sufría cuando solo lo intentaba, escapar junto a Shun, sufría con cada paso que daba, pero aun así no quería permanecer mucho tiempo en algún lugar y tenía que cazar para alimentarlos. Demoraba más del doble de tiempo en cruzar arroyos y charcas, ayudado de su compañero que lo esperaba. Con el paso de los días comenzó a cojear y había días en los que no salía a cazar pues apenas lograba levantar el torso.

Shun no se apartaba nunca de su lado, no lo abandonaba, a veces vigilaba su sueño por más de un día y una noche seguidos, permanecía impasible a su lado, intentando sanar la herida. Él también gemía, le suplicaba a la luna que lo cuidara, le contaba de su dolor, de su suerte e imploraba cualquier tipo de ayuda, necesitaba saberlo a salvo.

Todas la noches el viento se encargada de traerme a los tímpanos aquellos lamentos y súplicas, mis noches pertenecían a aquella angustia, a la melancolía dolorosa de Shun, a los sollozos que acompañaban el sueño de su compañero, sollozos lastimeros que le dirigía a Shaka, sobre todo cuando él, rendido por el cansancio y el dolor permanecía dormido durante más tiempo de lo normal, dormía profundamente, casi parecía muerto ya.

Shun temía por la vida de quien dormía la mayor parte de tiempo en su regazo, se angustiaba pues con cada segundo la muerte se aproximaba amenazando la vida de su compañero, y al mismo tiempo la vida se acercaba conforme su vientre se ensanchaba, mientras la vida en su vientre crecía día a vida, prodigiosa. Ese bebé seria la recompensa a tanto sufrimiento.

La vida y la muerte, comienzo y fin, pensaba en ello durante el tiempo en el que vigilaba el sueño intranquilo de su compañero, estaba preocupada por ambas cuestiones. A pesar de que su instinto de supervivencia le decía que debía huir, su corazón no se lo permitía, se aferraría a la vida con todas sus fuerzas, a la vida de su hijo y de Shaka.

Cuando veía que Shaka se levantaba y salía cazar, Shun se sentía más fuerte, sentía que el sobreviviría y se aferraba a ese sueño, él también se llenaba de fuerzas al verlo a él luchando. Creí que sobreviviría a las múltiples heridas, a la fiebre, al dolor que lo consumía y lo podía irritable. Pensaba que Shaka sobreviviría a los animales que los acechaban sabiéndolo débil y flaco.

Mientras Shaka seguía luchando, no era nada fácil que él se diera por vencido. Una vez lo acompañé a cazar. Cada vez se volvía mas receloso en sus movimientos, con cada día se volvía más astuto, cada vez que se enfrentaba a un nuevo adversario. Ahora con la experiencia y sabiendo que me encontraría en cualquier lugar se limitaba a ver la maleza por horas antes de atreverse a dar un paso. En sus ojos podía ver el sufrimiento que sentía en el cuerpo y en el espíritu. Él aun daba muestras de querer vivir, de querer retrasar el tiempo, sin duda él quería que los pasos de Luz del Sol fueran más lentos al moverse en el cielo de Grecia. Quería que cada instante fuera eterno. Se aferraba a la vida con terror y angustia.

Evitaba grandes adversarios, solo cazaba conejos, ardillas y pequeños peces, en ocasiones estos también lo derribaban o le hacían pasar un mal rato. Evitaba ahora los lugares oscuros y peligrosos, las sendas donde el fango engullía los pies, prefería los caminos amplios donde el sol los bañaba.

Durante horas Shaka vagó por la selva, esquivaba arroyos, caminaba pausadamente por los caminos menos peligrosos, pero siempre miraba hacia atrás, preocupado por Shun, cuidando de no alejarse del refugio demasiado. Después de que la mañana terminó y al no haber encontrado algo que cazar se acostó bajo la sombra de un árbol para poco después quedarse dormido.

Pero solo fue por poco tiempo. El ruido en los arbustos  a su alrededor lo despertó sobresaltado, pero para cuando su ojos lograron enfocar y escudriñar la selva no pudo evitar el golpe de un figura rojiza y feroz. Un lobo hambriento se había arrojado sobre su cuerpo durmiente. Shaka intentó esquivar el ataque levantándose y saltando a un lado, pero sus piernas flaquearon y se vio de nuevo en el suelo frente al choque inminente del depredador.

La envestida de la bestia le dio en el estómago lo que lo hiso caer al lodo de donde se levantó inmediatamente aun luchando contra la debilidad de sus piernas. El lobo intentó atacar su cuello pero Shaka no se iba a dar por vencido tan fácilmente, por lo que con sus manos tomó las mandíbulas de su atacante y luchó por que no las cerrara contra su garganta. Ágilmente hiso que el lobo callera esta vez al suelo y aprovecho esto para tomar la daga que siempre cargaba.

Con agilidad logró herir el costado del lobo, pero no había podido evitar que este arremetiera contra su brazo izquierdo, arrancándole un grito de dolor. Los dos rodaron sobre la tierra, los gruñidos del animal se mezclaban con los quejidos de un débil Shaka mientras que a su paso dejaban un rastro de sangre. Ambos estaban furiosos, el animal chocaba sus mandíbulas al intentar dar mordiscos a la carne del zodiaco mientras que él las esquivaba dificultosamente.

De último momento, con la desesperación en la mirada al sentir que se quedaba sin fuerzas Shaka empujo a quien luchaba con él  y rodo a un lado para intentar escapar escalando a uno de los árboles, pero no era tan rápido, el lobo tomo uno de sus tobillos haciéndolo caer, el lobo de nueva cuenta intentó atacar su cuello.

Shaka se levantó cuando lo vio acercarse de nueva cuente y tomando la daga decidió que si no podía sobrevivir al ataque de un lobo no se sentiría capaz de proteger a quien lo esperaba en el refugio, así, cuando su atacante saltó sobre él, de un ágil movimiento logro esquivar una vez más su mordida para incrustar, en pleno vuelo, el arma en las costillas del furioso animal casi hasta la empuñadura. El lobo gimió y cayó al suelo visiblemente muerto, casi al mismo tiempo el zodiaco cayó junto a él y se quedó tumbado incapaz de dar siquiera un paso. Jadeaba completamente exhausto, sintiendo terribles dolores en el cuerpo durante bastante tiempo.

De un momento a otro comenzó a sollozar, llamando a Shun, a sus padres, rogando por un poco más de tiempo, pedía poder ver a su bebé, verlo nacer con bien y asegurarse de que Shun seguiría con vida para protegerlo. Me maldijo en una de esas ocasiones y si no lo maté en ese entonces es porque volví a dudar, me compadecí de su ruego, de la súplica que subía al cielo. Yo también lloré.

La selva permanecía expectante, silenciosa. Los muchos animales y ojos que  los observaban esperaban por la conclusión de ese combate, los estaban espiando inmóviles. La sangre que corría de las heridas de Shaka y del cuerpo del lobo eran una invitación a los demás animales que estaban desesperados por comer, por sobrevivir también, todo en esta vida era así. Permanecer recostado junto al cadáver, que a ojos de los demás carniceros era exquisito, era estar muerto.

Por eso Shaka se levantó limpiándose el rostro, tropezó varias veces con sus propios pies antes de poder permanecer de pie apoyándose de un árbol. Respiró profundamente antes de atreverse a dar un paso el cual le produjo un profundo dolor, su tobillo iba a ser un gran problema. Se detuvo de pronto, miro atrás y observó el cuerpo del lobo. Pensó en Shun y en su hijo, recordó que ninguno de los dos había cazado desde hacía mucho, ambos necesitaban comer, Shun estaba demasiado débil al igual que su hijo.

Se volvió sobre sus pasos. Lentamente estuvo de nueva cuenta junto al cuerpo sangrante de su víctima, se inclinó gimiendo dolorosamente hasta que lo pudo alzar al aire y colocarlo en su hombro. Pesaba demasiado, el tramo que le tomó llevarlo hasta Shun fue terriblemente angustioso.

El lobo era muy grande, en varias ocasiones fue vencido por el peso de su presa cayendo al suelo, de donde se levantaba inmediatamente, pues no faltaba mucho para que la noche callera sobre nuestras cabezas. Cuando llegó al refugio dejo caer el cuerpo del lobo frente a Shun haciendo él lo mismo. Inmediatamente su compañero atendió sus heridas, haciendo lo mejor que pudo, lo alimentó con lo que había llevado esa noche, sus esperanzas de que sobreviviría habían menguado de nuevo.

Esa noche y la semana siguiente él se dedicó a velarlo, no se apartó de él ningún segundo, salvo para salir por u poco de agua para limpiar sus heridas y colocar una compresa en su frente intentando bajar la fiebre. No dormía, su tiempo solo era dedicado a atenderlo, a devolver las atenciones que él tuvo con Shun, la dedicación incondicional con la que Shaka también lo protegió una vez. Permaneció en la tarea de revivir sus esperanzas, en ese deseo de verlo abrir los ojos, de que sobreviviría a su acto insensato.

La fiebre y los temblores que anunciaban la muerte hicieron que el cuerpo de Shaka se sacudiera aterradoramente en varias ocasiones, en preocupantes convulsiones. Rechinaba y castañeaba los dientes, el frio de la muerte y el calor de la fiebre lo estaban volviendo loco. Sentía laceradas las entrañas. Sin otra cosa que hacer Shun cambiaba las compresas y los vendajes que improvisara con sus ropajes constantemente, acariciaba sus cabellos y lo besaba en mejillas y labios, mientras que las lágrimas no dejaban de caer de sus ojos.

Después de ese día, en el cual Shaka resultó victorioso al combate con el lobo, cada noche era bañada por las lágrimas de Agua, que nos azotaba suavemente, con los rayos melancólicos de Luz de Luna y de Estrellas, con el susurro y consuelo de Vegetación y Tierra. Todas esas noches todos en la selva lloramos desolados. Escuchábamos el dolor incomparable que Shun emitía en cada súplica a su compañero que al parecer se negaba a ponerse de pie, obligado por su cuerpo. Ni el aullido de los lobos, ni el piar de las aves lastimadas, ni siquiera el lamento de las aguas que surcaban las tierras del Partenón habían entristecido tanto a la selva como los sollozos del corazón herido y el alma desolada de Shun. Él sabía que invariablemente la muerte estaba cerca, y también estaba consciente de que la vida se aproximaba día a día, aun alimentaba esperanzas de vida en su vientre, y así quería creer en su compañero y en la suya.

No quería aceptarlo, jamás admitiría que estaba a punto de perder a quien le había enseñado a vivir. Su llanto era en protesta, renegando contra el destino que le quitaba a alguien tan importante para él, así como antes le había quitado al resto de su familia. Sus suplicas eran sus últimos esfuerzos para alentar a su compañero a que siguiera luchando, para animarlo a la supervivencia. Tenía que impedir que él se resignara a la muerte que acechaba su refugio.

La devoción que cada uno se dedicaba era entrañable, realmente conmovedora. Cuando el turno de Shaka jamás se apartó de Shun, así como ahora el pequeño no se apartaba de su pareja. Cuando Shaka estaba consiente le susurraba tan fuerte como podía que no debería llorar y le pedía que escapara pues sabía que su sangre atraía a los depredadores, pero Shun siempre negaba llorando y acariciándolo prolongadamente, siendo estas caricias devueltas por quien dormía la mayor parte del tiempo.

Algunas noches el viento se dedicaba atraerme los lamentos de ambos que sollozaban juntos, que pedían lo mismo a las estrellas, solo querían paz, era todo lo que querían, poder vivir juntos felices con la familia que tendrían… obviamente me culpaban a mi… todos… yo también.

Para mí, para Shun, para Shaka, para toda la selva era más que obvio lo que estaba ocurriendo bajo el manto negro del espacio, sabíamos que Shaka solo participaba en el ciclo infinito por donde miles de criaturas habían pasado ya, habían participado en el doloroso espectáculo de vida y muerte, muchos más habían luchado para sobrevivir. Todos sabíamos porque el viento soplaba tan dolorosamente en estos últimos días, por qué Shun suplicaba.

Shun lamentaba la suerte que a ambos les tocó vivir, lamentaba y temía a la soledad. Se decidió a no apartarse de él y arriesgándose con esta decisión a que lo mataran junto a Shaka, no iba a abandonar a su compañero por más que este se lo dijera. Él también estaba consciente de que su situación era la más peligrosa, que quedarse a su lado significaba arriesgarse a que los depredadores también lo mataran a él, sabiendo a conciencia que a debilidad no era algo que la ley de la selva perdonase, que la vida no perdonaba a quien no podía defenderse… pero estaba decidido a no apartarse de su lado y nada lo haría cambiar de parecer.

Para él, Shaka significaba más que el final de su soledad, más que una simpe compañía en la travesía de la vida, ahora él era la razón más importante en su vida, era el padre del hijo que cargaba en su vientre, era quien le enseñó a descubrir muchas cosas nuevas en el Partenón, quien había cambiado su existencia acostumbrada a la soledad, llevándolo ante visiones hermosas de la vida. Shaka era quien le había enseñado muchas cosas de la vida, a usar la astucia del oponente para derribarlo, a defenderse usando los ataques mismos del adversario, le enseñó a evitar el silencio engañoso de algunas sendas habitadas por animales peligrosos, pero principalmente le había enseñado a valorar la libertad.

Son él había aprendido a convivir con sobresaltos, con el hambre, con la persecución, a temer a la muerte y dedicarse a la vida pues comprendió que no duraría tanto como el deseara, una claro ejemplo dormitaba todo el tiempo en su regazo.

Lo que los mantenía juntos era invisible, tan tenue como el viento, pero tan fuerte como la voluntad de ambos, inexplicable, pero aun así estaba allí. Se amaban. Ninguno se apartaría del lado del otro.

Los días siguieron pasando y Shun se negaba a atender el consejo de su compañero, no iba a partir. Su vientre lo metía en dificultades tremendas a la vez que la incomodidad crecía cada vez que intentaba recostarse por lo que decidió permanecer sentada a un lado de Shaka, cuidándolo, cantando para él. Cabeceaba en muchas ocasiones, en una de esos momentos cayó al suelo sobre el cuerpo de Shaka que se sobresaltó, asustado lo llamó en varias ocasiones, pero Shun se debatió un tiempo antes de lograr ponerse de pie de nueva cuenta.

Ni siquiera el saber que su embarazo llegaba a su fin y que otra vida además de la de su compañero necesitaba sus atenciones le cambiaron la actitud. Los cólicos frecuentes y las noches que pasaba en vela lo volvían aún más irritable. En ocasiones ambos soltaban palabras hirientes el uno al otro, palabras de desprecio que después borraban con lágrimas y besos.

La altives y soberbia en los ojos y cuerpo de Shaka había desaparecido, Shun estaba cansado y hambriento. Ninguno de los dos encontraba las fuerzas para seguir luchando, las fuerzas de ambos se habían esfumado hacía mucho tiempo. Sus lágrimas lo confirmaban. Pero también estaba su hijo. Lo único que el pequeño deseaba era que él se levantara, era lo único que pedía desde que vio que se decidió por no levantarse más, desde que se dejó abatirse por el cansancio, por las heridas y el dolor que estas causaban en su cuerpo. La suplica escondía un pedido que no quería atender, Shaka lo quería vivo y junto a él no lo lograría.

Shaka lo seguía intentando, muchas veces intento ponerse de pie, pero solo lo logró algunas veces pero no lograba mantenerse por mucho tiempo antes de caer pesadamente al suelo. Cada vez que se esforzaba la fiebre aumentaba y por las noches no dejaba de quejarse, preocupando a su compañero. De haber podido encontrarlos en esos momentos habría matado a Shaka sin dudar, para acabar con su sufrimiento, para liberarlo de algo que yo había iniciado.

Que estaba diciendo, era verdad que era mi culpa, pero todo esto inicio mucho antes, desde la llegada de los dioses junto a sus grandes castillos y alambradas, con la ambición de apoderarse de Grecia, cuando contagiaron a los zodiacos con estos sentimientos. Shaka y yo nos conocimos mucho después de su llegada, nuestra enemistad era aún demasiado corta. Y solo éramos enemigos porque ambos queríamos sobrevivir.

Shun seguía llorando, y el viento seguía trayéndome sus lamentos durante las noches en las que toda la tristeza de la selva parecía reunirse en el corazón del pequeño. El mundo se acababa para uno de nosotros y se llevaba el de otro consigo. Todos los espíritus también lloraba, Luz de Luna los bañaba con su dolor, Estrellas la acompañaba al igual que las lágrimas de Agua, que los sollozos del viento. Vegetación estaba melancólica, sus creaciones los manifestaban, Tierra también lo resentía mientras su esposa Montaña intentaba darles refugio en una de sus cuevas… y mi madre, Nieve no se hacía presente, avergonzada tal vez de mí.

Mientras los espíritus se mantuvieran tristes y el viento me trajera el dolor de Shun a los oídos yo sabía que Shaka seguía con vida, ahora me debatía entre si quería que callara para siempre ese llanto o quería que riera por su recuperación. Sin embargo seguía persiguiéndolos y ellos estaban conscientes de ello.

Mi cuerpo temblaba cuando los lamentos de Shun me azotaban, cuando resonaba en la selva, al abrirse paso entre los árboles, no me dejaba dormir, el cargo de conciencia me quitaba el sueño. Sentía pena por los dos, por la criatura próxima y por mí mismo. Esas noches fueron realmente dolorosas.

Saludos ;)



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El 20/07/11 a las 12:07:19

2x1 xD... disfruten n.n

Protector

Shun sintió mi presencia, se irguió con el cansancio marcado en sus delicados músculos y en sus cansadas facciones, escudriño la selva sin lograr localizarme, aun le faltaba práctica para eso. Aun así sintió el peligro en el ambiente por lo que con delicadeza y preocupado saco a Shaka de su sueño. Ambos se arrastraron entre la maleza y la oscuridad de la noche. Tropezaron en algunas ocasiones pero jamás los perdí de vista. A pesar de su cansancio, de la fatiga, de sus muchas heridas eran sumamente hermosos, espectros de la noche. Eran lentos y torpes, Shun por su estado y Shaka por estar moribundo.

De nuevo me sentí como un criminal, como el villano de la vida, me sentí mal por la lagrimas que Shun aun derramaba mientras intentaba correr, mientras que con sus delicadas manos sujetaba su vientre arqueándose en ocasiones, y Shaka a la vez que él quería mantenerse en pie intentaba darle soporte a su compañero. En un momento determinado el pequeño se giró y miró en mi dirección, era una mirada preocupada, casi rogaba, intentó caminar hacia mí pero Shaka lo detuvo, murmuraron algo que no alcance a oír, el mayor tuvo que llevarse a su pequeña pareja casi a rastras, si es que a los movimientos torpes que hizo pueden llamarse así.

Deje de pensar otra vez, alce el arma por enésima vez y apunte en su dirección, estaba a punto de dispararle cuando un horrible sonido me hizo temblar, era estruendoso, el sonido que solo emite aquella bestia destructiva, devoradora. Mire hacia atrás y me paralice, detrás de mí se encontraba un enorme león, sus ojos eran extrañamente verdes, diferentes a los que ya había visto antes sin contar que ese animal no debería habitar en el Partenón sino mucho más al sur, cerca del dominio de Leo. Era demasiado grande también, temblé, mi cuerpo hormigueaba.

No se movía pero su mirada era hostil. Movía la cola de un lado a otro sin perder de vista mis movimientos y yo a la vez no perdía de vista los suyos. Dificultosamente di un paso atrás, el cuerpo me pesaba toneladas. Veía a mi muerte frente a mis ojos.

Mi ente viajo al pasado, escuche la voz de mi padre cuando me contaba las historias del clan leo y sus animales protectores. Aun temblando apunte el arma hacia el animal pero este ni se inmutó, no le temía a la muerte. Las palaras de mi padre me decían que ese animal era el más potente y feroz de todos, el más astuto pero que nunca cazaba solo, entonces ¿Qué hacía el allí? Decía también que tenía la aterradora costumbre de tomar a sus presas desprevenidas, solo una mordida certera en la garganta y su víctima dejaba de sufrir ¿Por qué este león me aviso de su presencia? Él era diferente, no era un león normal… ¿Acaso…?

Me pareció por una fracción de segundo que la bestia estaba sonriendo, divertido por el miedo en mi mirada, por la expresión aterrada de mi rostro. No me atreví a moverme más frente a esos ojos verdes y retadores que parecían esperar a cualquier momento para atacar…

No quería esto, no quería enfrentarme a ese animal, ya había matado más de ellos antes, en las sabanas del sur de Grecia, pero ninguno era como este, sin duda él era Aioria, tenía esa mirada, era mi fin… pero no me iba a dar por vencido, en un rápido movimiento alce mi arma pero no fue suficiente, ya tenía a la bestia sobre mí, me había derribado. Disparé como pude, la bala voló al cielo, esperaba que con el ruido el león huyera como hacían comúnmente, pero no fue así, no se asustó. Rodamos por el suelo abrazados, el intentando morderme y yo defendiendo su avance con mi arma en su cuello, al mirar fijamente sus pupilas rojas percibí un brillo místico en ellos, un brillo humano… zodiaco.

Me agarré con fuerza de la bestia que rugía estruendosamente rasgando mis ropas con sus garras, luchaba con todas mis fuerzas por mi vida, para salvarme… sabía que era el león de ojos verdes, era él, el león maldito que todos temía en Atenas.

Temblé, sabía que aunque la bala hubiera acertado n su cuerpo, no le hubiera hecho ningún daño, estaba seguro de ello, la desesperación, una seguridad inexplicable e inesperada me lo decía, me llenaba de pavor. Mi muerte… Aioria… era Aioria.

Ya no tenía escapatoria, era el león de ojos verdes. Los demás cazadores de Atenas hablaban todo el tiempo de él, siempre decían que deambulaba por el Partenón, rápido, poderoso, como el mismo Mal encarnado, buscando víctimas, humanos, dioses. Aioria necesitaba saciar su apetito de sangre. Me llamaron loco muchas veces porque me internaba en la selva cazando zodiacos sabiendo que esto y los demás habitantes de la selva eran los protegidos de ese animal feroz, por ese demonio.

No le gustaban los dioses, porque un día él había sido un zodiaco asesinado por los dioses. Era el alma en pena de un hijo de Sol que murió intentando proteger a su clan y familia pero sus ejércitos no fueron suficientes contra esto por lo que él y muchos más terminaron muertos, pero a él lo hicieron sufrir, lo torturaron por mucho tiempo, vio sufrir a su gente, presencio como cada integrante de su clan moría por las armas de su enemigo… finalmente murió con el espíritu marchito por el odio, algo que nuestro espíritus creadores no toleran

Después de su muerte nacieron rumores de que había un león en la selva, uno grande y poderoso con ojos verdes como aquel zodiaco muerto. Rondaba por la región a la espera de que cualquiera se internara en sus dominios para asesinarlo. Sus rugidos pavorosos se escuchaban muchas noches en Atenas, pero yo nunca los escuché.

Muchos otros cazadores intentaron darle muerte, pero la mayoría no volvía, y los que lo hacen decían que habían alcanzado a dispararle pero que sus balas rebotaron en su cuero y caían al suelo. Todos decían que era la encarnación del Mal, el alama del zodiaco que atormentaba sin descanso, que buscaba saciar su odio con la sangre de quienes derramaron la de su clan.

Pero yo era un zodiaco, esas tontas leyendas sobre almas en penas era algo en lo que no creía, para nosotros, nuestros padres nos envuelven en sus brazos y nos llevan a sus seno cuando el final de nuestra existencia carnal llega a nosotros. Esta era una leyenda que no debería tener importancia para mí, era de su cultura y no mía, yo era de la selva y ellos de los edificios.

Me sentí perdido, cayendo a un vacío entre dos mundos distintos, ninguno podía darme cabida pes yo ya no pertenecía a ninguno de ellos.

El león, sus ojos, sus garras, sus mandíbulas, yo no debería temerle, los animales nunca dañaron a los zodiacos, convivíamos juntos. Tampoco debería llamarlo Aioria, no había posibilidad alguna de que el fuera un zodiaco lleno de odio.

De nuevo pensé en mi padre, carnal y espiritual, suplique por su ayuda, les pedí a los espíritus que me dieran fuerza para escapar de la muerte. Fue cuando lo escuche, el viento me trajo a los oídos el llanto lastimero del pequeño uke de virgo, parecía suplicar por algo.

Recordé a mi familia, a mi abuelo que siempre me acunaba al cuando era un pequeño niño zodiaco, dormía entre sus brazos y soñaba con un mundo limpio e inocente… pero ahora eran las garras del león lo que me abrazaba, no era la piel de mi abuelo lo que sentía, sino la piel del león, miraba sus  diabólicas mandíbulas y no la sonrisa fraternal de él… la vida paso frente a mí en unos instantes y me aferre a esos lindos y felices momentos cuando era un niño y jugaba con mis hermanos y hermanas en la nieve, a veces junto a la hoguera… extrañaba esos momentos.

Me sentía a un paso de la muerte mientras la bestia luchaba por morderme el cuello también. Yo solo quería recordar, volver a aquellos días, cuando yo era feliz, cuando tenía a mi familia, todo eso que perdí cuando decidí volverme cazador… no, no era mi hora, yo iba a vivir. Con una grito que nació en mí, más por adrenalina que de rabia, me agarre de la piel del león, solté el arma y apreté su cuello con fuerza, impedí que sus dientes se enterraran en mi carne… deseaba vivir con desesperación.

Grite aún más fuerte mientras el león rugió, rodamos por el suelo húmedo de la selva. El león se sintió enfrentado y se defendió, araño mis costillas con violencia, llevándose parte de mi piel entre sus garras.

A pesar de mi lucha, de mi mirada desafiante, aun me moría de miedo. Recordé como esa bestia atrapaba a animales más grandes que él, como los embestía y los asesinaba en segundos, sin tiempo de defenderse.

Si no luchaba el me mataría, era el peor demonio de la creación, implacable. Ese monstruo se agarraba de mí con odio, sus ojos verdes, extrañamente humanos, brillaban con la sangre de sus muchas víctimas. Ahora me quería a mí, pero no se lo iba a permitir, no iba a morir en sus garras. Nadie lucharía por mí, ni los espíritus ni mis ancestros. Solo yo podía impedir que mi vida acabara en ese lugar… solo para mi tenía algún valor. Era lo único que podía decir que aún me pertenecía y la iba defender con todas mis fuerzas.

Tanteé mi cintura en busca de mi cuchillo, estaba ansioso sería la última oportunidad que tendría para  sobrevivir, volví a abrazarlo y rodé junto con él colocándome de rodillas en él, fue entonces que clave mi cuchillo en su estómago. Rugió aterrador, furioso, herido… se levantó provocando que yo cayera al suelo.

Desde el suelo vi su piel, su pelaje dorado se teñía de rojo. Aun no me podía mover, el temblor en  mi cuerpo era demasiado para mí. Respiraba agitado intentando de aire. No supe cuánto tiempo estuve contemplando el rastro de sangre que el demonio dejara antes de perderse en la maleza… pero seguía escuchando sus bramidos, sus quejas por la herida que recién había hecho y lo peor del caso es que aún no me podía mover a pesar de lo mucho que lo intentaba.

La furia con que esas quejas llegaban a mi oídos me erizaba la piel, la violencia del jadeo lastimero del maldito animal indignado, herido… se supo vencido y eso lo llenaba de odio… desde donde estaba solo alcanzaba a escucharlo porque tampoco lo veía ya.

Aioria, era Aioria, el zodiaco herido, el que protegería  a sus hermanos espirituales de cualquiera que intentara lastimarlos, incluso otro de sus hermanos, un zodiaco, un hijo del clan de Acuario… eso me lo confirmo: yo ya no era un hijo de Nieve.

Y mientras jadeaba desesperado por recuperarme, en el suelo, sintiéndome acechado por la maleza y por esa bestia que quería darme muerte, bajo la vista de Universo, sentí por primera vez lo que Shaka sentía mientras yo le daba caza, mientras intentaba luchar por la vida que yo intentaba quitarle. El miedo y la angustia, así como la impotencia de saberse acorralado cada vez que me veía en alguno de mis escondites, durante la ronda de Luna y Estrellas, de Solo, incluso mientras Agua bañaba las creaciones de Vegetación. Siempre allí, siempre cazándolo.

Me sentí de pronto como si intentara luchar por volver a algo que quería mío, pero que alguien me impedía obtenerlo empujándolo fuera de ello, hacia un vacío, hacia la nada existencial y espiritual.

No sabía si el león ya había muerto, ni siquiera sabía si ese era solo un león o algo más… no podía verlo, ya no podía escucharlo, las heridas en mi cuerpo y mi propio temor me volvían la visión borrosa y no podía ver más allá que el tronco junto a mí.

Era terrible sentirse cazado, acechado, a la mira de alguien que podía matarte en segundos, en una fracción de segundos… saber que estas a las puertas de la muerte y desear seguir viviendo… ahora me estaba sucediendo… Aioria.

Era un monstruo creado por los miedos de los dioses que construían sobre los terrenos de Athenea,  pasando los límites de Zeus, dividían lo que decían era suyo, como si nuestro padre, El Espacio, nos hubiera dado libertad para asesinar a Vegetación, Tierra, abusar de Agua… ellos no tenían derecho a esto y lo sabían, por eso crearon a Aioria, porque sabían que los espíritus estaban molestos.

Lo que no entendía era porque yo logre verlo, sino creía en esa estúpida leyenda, porque ahora lograba ver esa augurio de muerte, solo entendía que yo había dejado todo atrás y que eso provoco que la ciudad, la división de tierras, el dinero formaran parte de mi existencia.

Él no era un león, era mi fantasma, mi ultimátum… mi despedida. Mi madre estaba furiosa conmigo, lo sabía, y por eso envió a Aioria a decirme que ya no era bienvenido, utilizó esa leyenda para hacerme entender que ya no era un zodiaco o que dejaría de serlo si seguía en este camino… Aioria quería despojarme de la última esencia zodiacal que me quedaba, de lo que yo no quise abandonar cuando deje mi hogar.

Si yo creía en esa historia creada por los demás cazadores, entonces quería decir que poco a poco dejaba de creer en las leyendas de mis antepasados que comenzaba  a menospreciar mi herencia zodiacal… pero no quería eso… pero por más que quería negarlo, era realmente poco lo que quedaba de mis orígenes… yo ya no era un zodiaco.

Pero si eso era cierto… ¿Entonces que era?... no lo sabía… era… un fantasma, alguien olvidado.

Abrí mis ojos, mire las copas de los arboles sobre mí, sentí su mirada hostil y de desprecio. Sabía que la selva miraba con cariño y amor a Shaka y su compañero porque ellos se sabían parte de la selva y luchaban por mantenerse así mientras que yo intentaba asesinarlos, yo ya no sabía cómo pertenecer a la selva.

Deje de tratar hace mucho tiempo a la selva con respeto, con amor, ahora era solo el lugar donde mi rival se ocultaba, yo solo vivía entre la selva, no con ella. Era un cazador, un extraño al que su madre repudiaba.

Tome un arma, me levante, mire al cielo y reinicie mi marcha tras Shaka. Estaba muy desequilibrado, me apoyaba de los árboles y parecía que me querían hacer caer pues tropezar en varias ocasiones contra sus raíces. No dejaba de decepcionar a la selva… aun quería matar a Shaka.

No vi al león, nada de sangre en el suelo lo cual era muy extraño… no sabía si estaba vivo, pero había sangre en mi cuerpo y en mis manos, señal de que la herida si había sido causada y le había hecho mucho daño, pero no había rastros en el suelo… a pesar de que en ambiente se percibía el olor a muerte… la selva estaba oscura y sombría... manchada de sangre.

Lo busque por las cercanías pero no lo encontré, nada del cuerpo dorado de mi adversario ni del cuchillo que enterré en su estómago. Pensé que la selva lo había sacado de mi alcance para que muriera en paz, con la hoja clavada en su último aliento.

Ya no me preocupé por él, ni por el cuchillo que sabía no recuperaría jamás pues sabía que había perdido más que un simple cuchillo y sangre, había perdido mi hogar, mi familia y mi identidad. Me había dado cuenta de que mis pies estaban pisando dos mundos distintos sin pertenecer a ninguno de ellos… yo no era nada.

Ahora más que nunca necesitaba cazar, necesitaba matarlo, para no pensar, para no saber que ya no tenía propósitos en la vida, tenía que haber un objetivo para seguir adelante, para sobrevivir, y ese objetivo sería Shaka… para siempre.

Dude de la existencia del león, siempre me dije que era una aparición simplemente, algo que los espíritus me mostraron para hacerme recapacitar, algo que se alimentó de los dudas y temores que tenía en la cabeza desde que deje las tierras de Acuario… ¿O seria mi propia conciencia? Tal vez simplemente era un león cansado de ser cazado y se alejó de sus tierras, así como Shaka, como Shun… ¿Fueron realmente los espíritus los que lo enviaron para proteger a Shaka en ese momento en que su muerte era inminente? ¿Era su manera de vengar la muerte de muchos otros de sus hijos a manos de mi arma?

Ninguna de las respuestas que mi mente elaboraba me satisfacía completamente, nada me diría que me equivocaba al pensar que mi madre me había abandonado por los pecados que cometí.

Pase los siguientes días, semanas, con esa nueva realidad en mis hombros, con ese sentimiento de soledad que no me había embargado aunque estuve vagando sin compañía física por mucho tiempo… ese león me había retrasado y desorientado, esta vez fue más difícil encontrar el rastro de mis presas entre la vegetación que me miraba decepcionada por mi decisión, parecía que se cerraba a propósito sobre mí, estaba realmente furiosa… las lagunas lodosas, las sendas encharcadas se hacían mas frecuentes conforme avanzaba hacia el norte…

Sentía el peligro, sentía que Aioria seguía tras mis pasos, que los espíritus querían mi sangre, lo sentí a partir del encuentro, se formó parte de mi travesía, así como el agotamiento, los sobresaltos temiendo otro encuentro.

Pero hubo un momento en que todo se volvió extraño, la selva se cubrió de pronto de una inmensa luz de vida, todo resplandecía y aunque me sentía vigilado por los ojos invisibles notaba como Sol, Vegetación, Agua, Luna y demás espíritus, hasta la tierra, estaban felices… todos los animales seguían con sus vidas de manera despreocupada bajo esa luz de paz. Todo esto me molestaba, me distraía, parecía que todos conspiraban contra mí, para evitar lo inevitable, para impedir que yo encontrara a los dos virgos y consumara mi cacería.

Sin embargo, la muerte estaba aún presente, a pesar de que la luz de la vida llego de pronto, bajo ella aún estaba la sombra de la muerte que nos amenazaba, encontré sangre en mi andar, pensé que eran de Shaka. Esos rastros de sangre desaparecían de pronto en las charcas y arroyos que atravesaba lo que me hacía perderme, tome varias direcciones, perdiéndome hasta que volvía a encontrarlas.

Pensé muchas veces en abandonar esta misión, regresar con los dioses… pero si lo hacía me sentiría derrotado, y no quería eso, por más que me hiciera a la idea de que debía volver no podía hacerlo, no lograba abandonar la búsqueda de Shaka.

Estaba desesperado, mientras intentaba encontrara Shaka y Shun, con esa obsesión, pase varios días sin comer ni dormir, caminaba por la selva sin descanso. Me enfermé, mis dientes castañeaban, ms piernas ya no querían sostenerme y no pude hacer nada para que la debilidad no me invadiera. Mi cuerpo estaba siendo abrasado por la fiebre, cansado, delgado y débil. Ya solo era un montón de huesos y piel pálida. Muchas veces caía al suelo del que ya no lograba levantarme quedándome en ese lugar por días, quizás tres… pero en esos momentos, que no fueron pocos, conseguí pensar un poco.

Llore Estrellas, a Luna, a ellas que me miraban vacías y eternas, pero seguía llorándoles porque estaba asustado de la decisión que había tomado. Jamás, en los muchos años que llevaba en la ciudad trabajando para los dioses, me había entregado tanto a una cacería y eso me daba pánico. No entendía porque Shaka lograba eso en mí, porque él conseguía que yo me aferrara a la idea de matarlo.

Los rostros de mi abuelo, de mis padres y hermanos deambulaban en mis recuerdos y ellos también me asustaban, sus miradas estaban tristes, apenados por la suerte que decidí. Todos acudían a mis delirios, a mis convulsiones terribles por la fiebre. Muchos lloraban por mí, y yo llore con ellos, porque ahora me daba cuenta de que no quería recordarlo, inconscientemente quería borrar sus recuerdos de mi cabeza, deshacerme de ello, destruyéndome en el intento… pero quería tener una razón para seguir con vida y no la encontré en mi clan.

En un momento de lucidez me di cuenta de que caminaba al norte, que los pasos que di siguiendo a Shaka me llevaban lentamente hasta los terrenos de Acuario.

Pero a pesar de mi debilidad, de mi hambre y cansancio proseguí. Soportaría todos esos males, la fiebre y la enfermedad, pero no me quería detener, tenía que continuar. Después de unas semanas la fiebre disminuyo, la sentía aun dentro de mí pero por lo menos esta vez era soportable y me permitía seguir tras el rastro de ambos. Los recuerdos de mi familia aún estaban en mi mente.

La sangre de Shaka aún estaba allí, así como mis miedos, Aioria… pero había también esa felicidad, ese brillo de paz inesperado que había invadido a todos los espíritus desde mi encuentro con el león hacia casi un mes… pero yo no la lograba comprender.



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Hola :D, aqui con la continuacion, el octavo y penultimo capitulo, espero les guste ;)

Sacrificio

Lo descubrí semanas después. Shaka estaba muy herido y cansado, sus cuerpo, antes fornido, se veía demasiado delgado, aun así se era majestuoso y hermoso. Seguía siendo una criatura solitaria, atenta, vigilante de todo rastro de vida sobre Grecia, no daba un solo paso sin antes haber visto en cada dirección posible.

Lo vigilaba desde detrás de un arbusto espeso, sin embargo no tardo en verme. Permanecimos espiándonos más tiempo del que era necesario en más de una ocasión.

En los días siguientes, por más de dos semanas, Shaka pasó la mayor parte de su tiempo caminando por las sendas estrechas de la selva, atravesando ríos, nada peligrosos, pero daba vueltas eternas tratando de que no encontrara su nuevo refugio por nada del mundo. Muchas veces se dio cuenta de que lo seguía, la mayoría de las ocasiones en que lo hacía, sin embargo solo miraba en mi dirección y después de un corto pensamiento, seguía con su camino sin intentar atacarme.

Pero lo comprendía, tampoco yo hacía esfuerzo por alzar el arma en su contra. Ambos estábamos al borde de nuestras vidas, demasiado cansados y débiles para confrontaciones sin sentido. Esperábamos y buscábamos la última batalla, la lucha definitiva de la que solo uno saldría con vida y ambos estábamos consciente de eso. No correríamos riesgos, no más persecuciones entra la maleza engañosa.

Aprendimos a ser pacientes en estos años de eterna caza, el cansancio y la propia desesperación por nuestra libertad nos hizo ser pacientes. Irónicamente

Pero yo notaba que él estaba diferente, notaba que no intentaba huir cada vez que me veía. Aprecie en sus ojos en una ocasión, una súplica, un ruego porque terminara sus días de una vez, pero me congelé y no lo hice. Lo sabía, Shaka ya no estaba interesado en luchar en mi contra, más bien luchaba contra sí mismo.

Se exponía demasiado, no parecía el mismo Shaka que conocía hacia años y que deseaba sobrevivir a toda costa, por sobre todas las cosas. Parecía que ya no estaba interesado en su vida. Aunque seguía moviéndose con demasiada gracia. Sus movimientos eran agiles, su velocidad sorprendente, lo invadía una vitalidad poco común. Había en él un desprendimiento de juventud que lo iluminaba, pero a la vez tenía la experiencia y ferocidad de quien ya tiene su vida hecha.

Ya no veía a Shun. Hacia demasiado tiempo que no lo veía. Estaba seguro de que él se encontraba refugiado en el lugar que tan celosamente me ocultaba Shaka.

Lo seguí por kilómetros, decenas… centenares. Fue eterna la distancia para mi maltrecho cuerpo. Después de ese recorrido me di cuenta de que rastrearlo y seguirlo era inútil. Me detuve un momento sentado en las enormes raíces de un árbol, mirando a las nubes, preguntándome el porqué de sus acciones, qué era lo que lo hacía actuar de esa manera. Perplejo intentaba descubrir que era lo que intentaba esconder o proteger. Perplejidad que duró solo fracción de segundos pues inmediatamente me di cuenta de que Shaka me alejaba de su pareja preñada.

Recordé el estado de Shun y la verdad me cayó como un rayo sobre el campo. Conté mentalmente el tiempo que había pasado desde que Shaka y él se habían conocido, más recientemente cuando lo había visto hacía dos meses en mi encuentro con Aioria, sus quejas, sus gestos. Era el tiempo suficiente para que esa criatura naciera. Estaba claro: el hijo de Shaka había venido al mundo y el intentaba protegerlos a ambos.

Los mantenía seguros en algún lugar cercano a mí, sin embargo, por más que lo intentara no encontraba el lugar donde vivían, y no podía descubrir a donde se dirigía Shaka cuando cazaba algo y caminaba por la selva vigilando, asegurándose de que no lo seguía.

El tiempo y las heridas, todas esas noches que pasó moribundo, preocupado por ambos, con insomnio. Todas esas penas parecían no haber pasado nunca por el resplandor de su mirada que había adquirido vitalidad de un tiempo acá. Aunque su cuerpo era otra cuestión, el alma de Shaka estaba llena de vida. Aunque no podía asegurarlo del todo podría estar aún alucinando cosas. Y no podría asegurarme pues él no me permitiría acercarme para míralo de cerca sin atacarme. Y aunque no quería que lo siguiera, protegiendo a su compañero, en ocasiones no parecía preocuparse mucho por alejarse de la mira asesina de mi arma.

Noté que cojeaba. Su pierna aún no se encontraba del todo bien y en ocasiones se detenía para recuperar el aliento a pesar de solo caminar de un lado para otro sin hacer nada en especial. Aunque lo intentaba ya no era el mismo cazador, fallaba en ocasiones, logrando sus presas escapar al filo peligroso de su daga. Pero eso solo pasaba con las presas de mayor peligro, como los tejones.

Lo acompañe de nuevo en otra de sus cacerías. Espere a que se descuidara lo suficiente, me escondí cuidándome de que su padre, el viento, delatara mi presencia. Pero todos estos años de fugas y persecuciones solo le habían servido para que sus sentidos se agudizaran más, que se convirtiera en una bestia de supervivencia. Sabía percibir la muerte en las señales más insignificantes, casi podía olfatear a muerte que mi arma cargaba, la presencia fría de las sombras acechándolo para darle su eterno descanso. Sabía como evitarla, como utilizar lo que le rodeaba para escapar del disparo de mi arma. De la muerte.

No pude darme cuenta de cuando percibió que lo vigilaba, todo ese día, de verdad me pareció que cazaba. Nada en su semblante me hizo pensar que sabía que lo seguía desde hace tiempo.

Se lanzó sobre varias presas: conejos, patos, venados… de todo tipo. Pero al momento de embestirlos los dejaba escapar en una carrera corta en la que parecía no esforzarse. Visiblemente estaba desinteresado en ellas. Caminaba y se escabullía entre los matorrales. Lo perdí varias veces de vista entre los árboles, pero lo encontraba en un par de segundos. Pero en una ocasión no lo encontré más. Despareció definitivamente.

Me detuve agitado, preocupado y asustado, vencido una vez más por su astucia. Mire alrededor con la respiración agitada, me sentí acorralado. En medio segundo había dejado de ser yo el perseguido y cazador, para ver el perseguido y la presa. De repente, detrás de mí apareció Shaka de atrás de uno de los árboles. Me miro largamente, fijamente a los ojos. Pero no vi odio, solo paz… pero había algo en su expresión.

Me di cuenta de que si hubiera querido matarme en ese momento lo habría logrado, pues estaba tan cerca de mí, que me degollaría antes de preparar el arma. Fue tan repentina su aparición que no supe que hacer en un largo tiempo, solo podía pensar en la situación, como esperó el momento para acorralarme.

En ese instante algo me vino a la mente. Shaka me lo dijo con esa acción, me enseño que pudo matarme en esa ocasión así como lo hubiera hecho en muchas otras. Podía matarme a la hora que quisiera, pues a pesar de ser yo quien lo cazaba, fue siempre él quien tuvo mejores oportunidades. Desde el principio había sido así y solo hasta ahora me daba cuenta de ello.

En esa ocasión él pudo matarme, pero no vi esa intención en el brillo extraño de sus ojos azules. Ni siquiera vi la intención cuando me decidí arriesgarme y alce el arma para apuntarle, pero él me ganó, como supuse por la distancia, y se arrojó sobre mí y me derribo, haciéndome caer al lodo, golpeándome la espalda con un par de piedras. Se detuvo, pero no para matare a pesar de haberlo podido conseguir al tenerme tendido de espaldas al suelo. Vi asustado, como el giraba el rostro levemente para mirarme una vez más sonriendo con malicia, para después alejarse en saltos agiles entre las espesura de la selva, dejándome solo con mi mente.

Shaka estaba cansado y al mismo tiempo descuidado. Se exhibía demasiado, como si no le importara ya que era lo que pasaba con él. No deseaba la muerte, pero tampoco le temía. De alguna manera parecía más liviano en sus responsabilidades. Me pareció que finalmente había aceptado su destino frente a mi arma, decidido a poner un alto a esa incansable persecución que tanto mal nos hacía ambos, a los tres, ofreciéndose al tiro de mi arma, sacrificándose.

Pero lo pensé mejor. La paz en sus ojos, en su paso y su manera de actuar. Es paz que desprendía no era la paz de un moribundo que había aceptado lo inevitable con resignación y esperaba el ultimo día con ansiedad, deseando ponerle fin a la angustia.

No, Shaka no era un moribundo resignado, había algo más.

Poco a poco lo vi transformarse en una sombra de lo que era cuando le conocí, del zodiaco hermoso y orgulloso de sí mismo y de su libertad para ser ahora un sacrificio que no lograba entender. Pero estaba feliz, irradiaba euforia por cada poro de su piel. Estaba tranquilo, era paciente… asombrosamente tranquilo y paciente.

A pesar de saber que no lograría nada, continúe persiguiéndolo durante casi una semana más. La escena se repitió en demasiadas ocasiones, aparecía de súbito frente a mí con su sonrisa maliciosa, retándome para después desaparecer como fantasma entre la maleza. En las noches, cuando intentaba descansar podía sentir sus ojos azules sobre mí, observándome, esperando un momento de distracción para asesinarme, para poder salvar de una vez por todas a su hijo y su pareja.

Sus pupilas suplicaban con algo de impaciencia, cansado y ansioso por un final pronto. Era un sentimiento tan extraño que poco a poco me cubrió por completo y llegue a tener la certeza de que Shaka quería ser dejado en paz, para morir o para vivir, tal vez solo descansar, pero quería hacerlo en paz.

Al mirar su cuerpo, delgado y demacrado, las heridas en sus brazos, en su pecho y rostro, su cabello enmarañado, me daba cuenta de que la paz le duraría poco tiempo, una paz limitada y demasiado corta.

Pero seguía férreo en mis asuntos, quería la cabeza de Shaka y no podía sentarme y esperar a que muriera por su cuenta. El dinero que los dioses me diera por su cabeza y la de su pareja e hijo, los muchos días que lograría sobrevivir con tres disparos, la idea de una vida en paz para mí no lograba salir de mi mente. No podía simplemente darme la vuelta y dejar todo este esfuerzo atrás, no podía ignorar mis necesidades para sentarme y esperar a que diera su último aliento al lado de la familia que quería proteger.

Me volví mezquino una vez más, solo importé yo. Me aferre a la conveniencia de mi vida como el cazador de los dioses, de los destructores de mi vida pasada y de la vida de mis hermanos, de aquellos que pretendían ser dueños de los dominios de Athenea. Yo ya estaba ligado a su mundo desde que maté al primer zodiaco a sangre fría, y en su mundo el dinero era lo más importante, se compraban muchas cosas con él, en especial la supervivencia y se asesinaba por él. Incluso estaba por encima de los lazos de sangre, ya había presenciado muchos casos donde padres se lo negaban a sus hijos  o que estos lo robaban a sus hermanos. El dinero era lo más importante, más que mi conciencia.

Sé que no es justo, y es completamente inmoral. Al principio me negaba a aceptar esas razones para matar animales y zodiacos, me negué muchas veces a pertenecer a ese mundo. Yo como zodiaco, como miembro del clan de Acuario, hijos de la nieve, jamás mate a nada más allá de mi propia necesidad y de mi familia, jamás lo hice por piezas de roca brillante con dibujos extraños. Eso era legado de Zeus, no de Athenea. Pero ahora, aunque sabía que no pertenecía del todo a aquel mundo, necesitaba del dinero para sobrevivir en él y necesitaba a Shaka muerto para recibirlo en grandes cantidades.

Shaka se dio cuenta de que volví a titubear, percibió que de nuevo me decidí. Se dio cuenta de que ya no quería esperarlo y por ello no lo volví a ver después de pensar en ello. Ya no se dejó caminar entre las sendas abiertas, no caminó por la orilla de los ríos tranquilos.

Me hacía a la idea de que pasaría el resto de mis días en esta selva, entre los árboles y los arroyos, buscándolos incansablemente, durmiendo en los árboles, delirando al borde de la muerte a causa de la fiebre que aún seguía en mí, pero un día, mientras dormitaba en una rama, escuche un pequeño murmullo que resonaba cerca de mi lugar de descanso.

Me levantó asustado pensando que Shaka finalmente se había decidido a atacarme, que había elegido finalmente el día en el que la batalla final se llevaría a cabo, que me había estado espiando para matar o ser matado.

Tome el arma entre mis manos y como pude bajé del árbol, mirando entre los arbustos, deambulando entre la espesa maleza. El murmullo seguía allí, suave y agudo, parecía provenir de todas partes. Pero extrañamente sonaba feliz.

Siguiendo el sonido llegue hasta un claro cerca de una montaña, donde los rayos de Leo llegaban hasta la tierra. Había mucho silencio, además del sonido de ese murmullo agudo. Pero me quedé allí, por lo menos en ese claro tenía la posibilidad de abatir a Shaka antes de que el intentara sorprenderme con una de sus apariciones repentinas.

En ese momento me di cuenta de que el murmullo venia de un lugar cercano a ese claro. Busque su origen con la mirada. Rodeé la montaña siguiendo ese sonido hasta que me di cuenta de que allí había una pequeña cueva. Entre en ella y dentro vi una pequeña criaturita que se removía sobre un pequeño manto elaborado de hojas. Parecía jugar con el movimiento de las sombras de las hojas que entraban a la cueva.

Intrigado caminé hacia ella y la alcé en brazos. Era un pequeñito de piel muy blanca, con sus mejillas y labios rosados. Tenía muy poco cabello, pero era claro, rubio. Sus hermosos ojos grises, como los niños al nacer, me miraron expectantes y sonrió ante mi mirada de incredulidad, pues yo no dejaba de ver una marca en su frente, la marca de virgo.

Enseguida me invadió un extraño sentimiento, uno que no sentía desde que era niño, la ilusión y alegría infantil corrió por todo mi cuerpo, pues sabía que finalmente había descubierto el secreto de Shaka, el motivo por el cual había estado pidiéndome que lo matara, la razón por la que quería sacrificarse. Ahora lo tenía entre mis brazos… y era hermoso.

Tenía al último descendiente del clan virgo entre mis brazos, era seguro que fuera su hijo, aquella descendencia  que había intentado encontrar durante tantos años en el Partenón.

Lo abracé con fuerza, sonriendo como un bobo, salí de la cueva con él en mi posesión. Cuando llegué de nuevo a la luz del sol me encontré de frente con un espectro hermoso que me miraba desde las sombras con un recipiente en las manos, el cual dejó caer al suelo en cuanto me vio, para después ver a la criatura entre mis brazos.

-¡Por favor!- susurró de manera suplicante, con los ojos húmedos.

Sollozó, las lágrimas acudieron a sus ojos mientras yo me quedé quieto mirando como quería huir, no sé si para llamar a Shaka, pero a la vez se debatía en acercarse a mí. Pero yo seguía con su hijo en brazos, y lo miraba a esos ojos cristalinos y grises mientras él me sonreía.

No dejaba de sonreír, tenía finalmente a la gran razón por la que Shaka se había esforzado tanto en alejarme de su refugio. Pero también había descubierto la razón por la cual había sido invadido de una inmensa felicidad y luminosidad así como había sido invadida la selva desde mi encuentro con Aioria. Este pequeño era el regalo de vida para el clan virgo.

Shaka quería ser dejado en paz para disfrutar el poco tiempo que le quedaba con su hijo y su pareja, pero estaba dispuesto a sacrificar eso si eso valía la supervivencia de su familia.

Miré al pequeño que se encontraba entre  mis brazos. Observe la mirada afligida del pequeño uke. Dudé, mi hice pequeño ante esto, frente al pequeño, a Shun, y Shaka. Me sentí como una basura, disminuido hasta el fondo en mis objetivos y valores.

Ya no veía sentido en la muerte de Shun y de su hijo. No se lo merecían, ninguna criatura que arriesga tanto su vida para lograr que alguien más logre tener el derecho de existir, para que tuviera paz, no merecía morir.

Sonreí para Shun y lentamente me acerqué a él, con pasos pausados y medidos para que no se asustara. Vi como él se acercó también, cauteloso, dudando de mis intenciones, pero con la esperanza en sus verdes esmeraldas. Cuando estábamos muy cerca y estaba a punto de darle al pequeño en brazos Shaka surgió de sorpresa entre los arboles con la daga entre las manos.

Me alejé del pequeño en el instante y apunte mi arma hacia él mientras la mirada suplicante de Shun me siguió. Los músculos de Shaka estaban tensos, me mostraba los dientes los cuales rechinaban con desesperación y ferocidad. En ese momento recordé que seguía con el pequeño en los brazos.

-¡Devuélvelo!- rugió furioso tomando posición de combate.

Sonreí a Shun. De nuevo me acerqué a él, esta vez con más cautela al saberme observado por los ojos de Shaka. Lentamente sentí el roce de las manos de Shun que me quitaba a la criatura de las manos con cuidado mientras sonreía.

El pequeño emitió una hermosa risita al reconocer a su padre, feliz de estar en su pecho, lejos de mis manos. Shun no dejó de observarme con el agradecimiento en esas bellas facciones mientras caminaba lentamente en reversa para alejarse de mí, para refugiarse de la batalla que seguro tendríamos. Al mismo tiempo, Shaka avanzó hacia mí, colocándose protectoramente frente a su familia.

-Perdona, Shaka- gimió el pequeño- solo fui por agua, yo…

-Está bien- lo interrumpió al mirarlo, dirigiéndole una sonrisa, para después enfrentarme.

Retrocedí y preparé el arma, seguro de que estaría obligado a usarla a pesar de dudarlo ahora. Pero éramos enemigos desde hacía tiempo, estábamos muy cansados y la rivalidad se hacía vieja. No podíamos seguir jugando con nuestras vidas. Miré detenidamente a Shaka y me di cuenta de que la herida en su costado, la que había recibido en nuestro último encuentro y de seguro la más mortal de todas, se había infectado. Mire sus ojos con preocupación, sin brillo y vagos, despojados de todo tipo de vivacidad, anunciando su muerte.

Sabía que no viviría lo suficiente para ver a su hijo convertirse en el zodiaco grande y astuto, orgullosos de su vida y libertad, como él lo había sido durante todos aquellos años en los cuales lo estuve cazando. Su vida y su muerte ya no estaban en mis manos, ahora estaban entregadas al tiempo que hasta ese momento había sido generoso con él, cuidándolo para que pudiese conocer el fruto de sus años de fuga, el resultado de su deseo de vida y libertad, la recompensa a su sufrimiento, pero sobre todo, el regalo de amor que Shun le entregaría. Seria nuestro padre Cronos el que elegiría el momento y sitio donde dormiría su último sueño, donde la muerte lo alcanzaría finalmente.

Al final, los espíritus habían concedido el deseo que Shaka suplicó cuando se encontró con aquél lobo que terminó de herirlo, le habían dado solo tiempo, no vida, pues esa era seguro que no duraría para siempre.

-Mátame ahora- dijo sin dejar su posición y sorprendiéndome a mí, al igual que Shun- es mi cabeza la que los dioses quieren, pero déjalos ir.

De nuevo me sentí inseguro y preso de mí mismo. Envidie de nuevo su libertad, esa libertad por la que luchó y por la que ahora estaba dispuesto a morir, solo para concedérsela a su hijo. Su muerte significaba la vida de su hijo, envidié eso, que después de su muerte el dejara un legado, mientras que tras mi muerte no pasaría nada.

Nunca supe lo que era luchar tanto por algo o por alguien, ni siquiera por mi vida misma, me abandone a las comodidades materiales mientras dejaba de lado mi comodidad espiritual. Me alejé de mi pasado.

Retrocedí con un nudo en la garganta, dándome cuenta finalmente de lo que había hecho.

Espero que les guste, pronto subo la conti n.n



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El diablo, tu divino maestro de dibujo
En tus sueños proclama la divinidad de tu embrujo,
Y mandrágoras cortas con tus manos de brujo
Ruelas (anónimo)
FECHA El 20/11/11 a las 08:11:41 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
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El 20/07/11 a las 12:07:19

Ahora les traigo el final de esta historia que de verdad me costó trabajo terminar, espero les guste ;)

Destinos de vida y muerte.

Shaka me sonrió extrañamente complacido, pensé que fue por darse cuenta de que ya no quería matarlo aunque muy tarde.

-Pensé que mi padre me había mentido- dijo dejándome con la boca abierta y sorprendiendo al mismo Shun que mecía a su pequeño jugueteando con sus hebras esmeraldas.

Lo observé mucho tiempo, no lograba descifra su cambio de semblante, ni la manera tan drástica en su cambio de mirada. Ahora parecía agradecer algo… tal vez mi reciente decisión. Porque yo ya lo había decidido, lo dejaría finalmente en paz para seguir con su vida, con lo poco que le quedara de tiempo junto a su hijo. Junto a Shun. Dejaría el Partenón y tal vez volvería a buscar la vida que dejé, mi propia vida junto a los míos.

Shun pareció comprender algo más detrás de esas palabras, pues sus ojos se llenaron de lágrimas mientras su hijo jugueteaba con los cabellos que caían en su pecho junto a él y balbuceaba ajeno a la sonrisa misteriosa de Shaka.

Iba a dar la vuelta para no volver a verlos, pero no podía, algo me decía que no debía descuidar la posición de Shaka, no sé si porque estaba seguro que se vengaría o porque estaba por caer en cualquier momento. Sea como sea, no deje de vigilar sus movimientos.

Un azote de viento me llegó de manera repentina, así como un quejido lastimero de los labios delgados del pequeño uke. No sabía que estaba pasado, parecía que algo se llevaba cabo en frente de mis ojos, algo que a pesar de mis esfuerzos no alcanzaba a  descifrar. No me iría de cualquier manera, estaba curioso y ansioso por saber el verdadero motivo por el cual Shaka me sonrió cuando bajé el arma y decidí no atacarlo. No creía que era solo por saber que lo dejara vivir el resto de su vida en paz junto a su familia. Hacía tiempo que notaba que no era eso lo que quería de mí.

Ninguno de los dos se movía de sus lugares, Shun observaba a Shaka desde su lugar, con el rostro cada vez más empapado de sal mientras él permeancia con los ojos cerrados, tal vez meditando, o quizás planeando la manera de acabar con esta persecución desde hoy y para siempre. Podía escuchar el palpitar pausado en mi pecho, al ritmo de los sollozos del pequeño, el dolor del que me hacía culpable de alguna manera, de las risas inocentes de su legado ajeno a su desgracia, a mi egoísmo.

Lentamente se dio la vuelta y camino hasta donde su pareja no podía dejar de sufrir, de presentir y llevarme con él a su corazón dolido. En sus gemas esmeraldas, tan bellas como siempre, no podía haber más agonía que la que yo había causado, la desgracia que el mundo material de los dioses me había llevado a hacer, el veneno de vida que habían depositado en mí consciencia, pero que pude purificar aunque muy tarde y con el sacrificio de uno de mis hermanos.

Lo comprendí finalmente, Shaka se estaba despidiendo en esa sonrisa pacifica al momento de acariciar el rostro de su compañero. Al momento de mirar a las nubes que nos miraban, Nieve, Agua, Viento combinados en ese espeso vapor en el cielo, mirando el desenlace de uno de sus hijos, de uno más y tan doloroso como ninguno.

¿Qué significaba esto? ¿No valía la pena que lo hijos de Athenea lucharan contra la invasión de los hijos de Zeus? Si Shaka, el zodiaco más astuto que había conocido llego a este trágico final ¿Qué se podía esperar de los demás? Débiles, con la facilidad de los dioses de moldear sus creencias para convertirlos en simples peones para cumplir su propósito de poder… ¿Qué se podía esperar de mí?

La mirada de quien fuera mi rival se posó en mi semblante afligido, mientras mi alma caía al velo oscuro y deprimente de la triste noche, a la oscuridad sin el sol. Me reclamaban, me pedía y ordenaban que dejara estos pensamientos. Al fin de cuentas yo no era tan débil como lo pensaba si pude darme cuenta antes de cortar el último lazo con mi raza, con mi familia. Pero ¿eso que importaba ahora? ¿Valía la pena sacrificar la vida del zodiaco más leal que había conocido para salvar la existencia de un desalmado como yo?

-Lo vale- dijo una voz a mis espaldas.

Me giré y el color de mi rostro se perdió al mirar los ojos verdes de una bestia, de la bestia que me había hecho sentir la miseria en la que mi alma se estaba sumergiendo. Retrocedí un par de pasos mientras esos orbes jades me seguían sin atisbo de miedo, pero extrañamente tampoco había resentimiento ni odio en ellos. De nuevo me pareció que sonreía mientras avanzaba hacia mí. Aterrado levante mi arma y apunte directo entre sus ojos, pero no se detuvo, siguió avanzando hasta mi con la misma expresión humana en ese rostro felino.

Cuando lo sentí demasiado cerca dispare justo entre sus ojos cerrando los míos sintiendo el estremecimiento en el pecho al disparar contra lo que sabía era uno más de nuestros hermanos metamorfoseado por alguna razón que no podía recordar ni comprender, no ahora que me encontraba tan alejado de mis raíces, de mi familia y demás seres queridos.

Pero la bala no lo alcanzó, el espectro del gran león, protector de los zodiacos sobrevivientes a la guerra por el poder sobre Grecia, se deshizo en un sinfín de chispas multicolores y una nube tornasol que después volvió a materializarse, pero no en la forma del león gigante que antes estuvo a punto de quitarme la vida, esta vez fue la figura de un hombre robusto el que se plantó frente a mí, de cabellera castaña clara, brillante, su mirada tan verde y profundo como las del mismo león… Aioria, el zodiaco.

Siguió su camino pasando a mi lado hasta ubicarse al lado de Shaka que seguía dándome la espalda abrazando a un tembloroso Shun que no podía moverse de su lugar, era como una estatua, sosteniendo a su hijo no podía dejar de llorar y hundirme cada vez más. Aioria se dio la vuelta y me miro con la serenidad propia de los ojos de Shaka, sacó algo de entre sus ropas de combate, aquellas con las que había sido muerto en los calabozos de los dioses, me arrojó ese objeto que atrape sin problemas dándome cuenta de que era el cuchillo con el que yo lo había herido en aquel encuentro que tuvimos. Lo mire a los ojos sorprendido y él lo hacía con un semblante casi fraternal… yo no merecía que me regresara nada, ni siquiera para que intentara defenderme, pues eso es lo que Aioria estaba haciendo, ahora me protegía al regresarme el arma que usaba para protegerme, pero el solo hacia eso con los zodiacos… ¿eso quería decir que yo…?

El llanto de Shun se volvió desgarrador, poco a poco se dejó caer hasta el suelo en gemidos lastimeros, me hizo sentir todo eso, el miedo, el dolor, la angustia… pero sobre todo el amor que le tenía al padre de su hijo. Shaka lo abrazo bajando junto a él para consolarlo. Le susurraba palabras al oído que yo no lograba escuchar, algo le dijo a Shun que lo hizo caer a la profunda tristeza mientras lo abrazaba con uno de sus brazos a la vez que hacía lo propio con el otro a su hijo sin soltarlo.

Estaba muy confundido, estos eventos se estaban dando demasiado rápido y se arremolinaban en mi consciencia. Aioria era un zodiaco muerto, no era posible que ahora estuviera frente a mí y me entregara el cuchillo, no era posible que el fuer un león que vivía asesinando para proteger. Tampoco era posible que Shaka hubiera decidió despedirse de Shun ¿Estaba empeñado en que yo le quitara la vida? ¿Abandonaría a su familia ahora que me había decidido a dejarlo para  que estuviera con ella? ¿Qué estaba pasando?

-Un deseo- habló Aioria leyendo las preguntas en mis expresiones.

“Un deseo”. Recordé mis juegos infantiles, de nuevo la fogata y la mirada pacífica de mis padres cuando jugaba con mis hermanos y amigos envueltos en la inocencia de la infancia, sin esa amargura y vacío que los dioses penetraron en mi corazón. Las historias que nos contaban sobre la advertencia de Espacio a su descendencia, que ellos no debían intervenir en nuestras vidas mortales pues seriamos nosotros los culpables de nuestras acciones.

 En esas historias se contaba que los espíritus decidieron no hacer caso de esa advertencia al ver los errores en los que sus hijos caían a causa de la inmadurez y la propia ignorancia al no contar con un espíritu milenario ni una mentalidad libre hacia cada secreto de la vida como ellos, así que intervinieron, les advertían, contaron muchos secretos que debían permanecer ocultos, no los querían ver sufrir al ser sus hijos. Pero eso causo que fueran castigados por Espacio, los privo de sus mentes, de sus cuerpos corpóreos dejándolos en el vacío existencial de sus brazos por un largo tiempo.

Cuando al fin los liberó de su castigo ellos se dieron cuenta de que los zodiacos podían existir con sus propios errores y que estos los hacían madurar, salvo algunos casos en los que no podían hacer nada lo que les hacía perderse en el dolor e incluso la muerte. De nuevo desobedecieron a su antepasado y los ayudaban. Finalmente Espacio comprendió que no podía evitar que sintieran ese dolor con sus hijos, pues el mismo lo había sentido una vez cuando deseaban procrear, así que les permitió intervenir, con la única condición de que sería solo cuando el deseo en el alma de sus hijos fuera sincero y no egoísta… un deseo de vida.

El deseo de Shaka.

Me dejé caer de rodillas al suelo mirando el cuadro deprimente frente a mis pupilas, con las lágrimas cayendo como cascadas por mis mejillas heladas y a la vez hirviendo por la fiebre aun presente en mí. No lo podía creer. Esto que pensé estaba en su comienzo, la muerte de Shaka… yo no sabía que esto era su deseo… su ultimo deseo.

El llanto de Shun no dejaba de atravesar mi corazón, mi dolor y resonar en mi paz. No podía dejar de temblar sin parpadear un segundo, temiendo cerrar los ojos y ver mi interior, ver al despreciable ser en el que la vida me había convertido, atreverme a hacerle esto a ellos, que si tenían la culpa de algo era la de querer supervivencia y paz. Yo era el villano de su vida, ellos eran las víctimas de la mía. Tuvieron la desgracia de conocerme y mi gente tuvo la desgracia de traerme al mundo. Lamento la suerte de mi padre al traer a semejante escoria a Grecia.

-Al final, nuestros destinos si estaban trazados juntos- escuche la voz de Shaka por debajo de los quejidos de Shun, dirigiéndose a mí, mirándome por sobre su hombro con sus gemas azules, sin brillo, perdidas… pero eternas.

Finalmente cerré los ojos al no poder soportar esa mirada y comencé a sollozar, a maldecirme. Me sentía tan pequeño frente a ese sacrificio. Era un niño junto a un adulto formado ante la vida, ante miles de eventos que a mí me hacía falta recorrer. El dolor, la tristeza, la soledad, el amor… la vida misma.

No valió la pena, la satisfacción que pensé me daría su destino unido al mío era falsa, el asecho, los sobresaltos, solo lograron matarme físicamente durante mi estadía y ahora lo hacía espiritualmente mientras la realidad caía sobre mí, al reconocer que yo no quería este destino, lo único que quería y buscaba en Shaka era sus razones, siempre quise saber porque se esforzaba tanto, que era lo que lo llevaba a luchar contra tantos adversarios, en convertirse en la cabeza más solicitada de los dioses… a pesar de que la respuesta la tuve frente a mis ojos todo el tiempo y me la repetí incansablemente sin querer escucharla realmente… paz, yo también quería esa paz.

-Gracias- abrí los ojos y lo encontré de pie junto a Aioria, sonriendo de manera extraña con los ojos cerrados.

Medite sus palabras sin dejar de observar su semblante cansado y delgado. Me mire a mí mismo y observe a Shun que había dejado de llorar pero que permanecía sentado abrazando a su hijo que lloriqueaba quedito en el pecho de su padre. Volví mi vista a Shaka, comprendí lo que quería: paz. Su vida había llegado a su fin y había obtenido lo que quería del mundo después de tanta lucha, ahora se ofrecía para que todo esto permaneciera, para no ser olvidado tras su muerte y dejar un legado, de vida, de amor… de salvación…

Tomé mi arma y la cargué sin saber por qué. Me levanté y miré su rostro pacifico con los ojos cerrados, ya no sonreía, estaba sumido en la completa paz. Apunte justo a su cabeza para darle una muerte rápida y sin sufrimiento, para acabar en pocos segundos con su dolor. Suspiré cerrando los ojos y apreté el gatillo cuando mi corazón se detuvo. Se lo debía después de todo lo que le hice pasar. Merecía la paz que yo le había negado.

Arroje el arma tan lejos como pude cuando mi tarea se vio cumplida. Mi corazón volvió a palpitar junto a mis lágrimas y los sollozos de Shun. Levante mi vista al cielo mirando como este se volvía gris por las nubes de tormenta que nos azotaría en pocos segundos.

-Lo dejaste- reclamé al cielo, apretando los puños de frustración mientras mis tímpanos seguían siendo impactados por la pena del pequeño uke a pocos pasos de mí.

Azotados por una corriente de aire mis cabellos se mecieron violentamente al igual que mis ropas. Abrí los ojos completamente sorprendido mirando al frente encontrándome con Shaka se pie en el mismo lugar sin dejar de observarme. Pensé que había fallado, pero mire los árboles detrás de él: en el camino directo de mi posición a la de Shaka, justo detrás de él estaba la bala que acaba de disparar incrustada en el tronco de un árbol.

Asintió dándome las gracias para después esfumarse al igual que lo hizo Aioria en una nube tornasolada con destellos multicolores. Me quedé con la boca abierta al enlazar los momentos en que lo había visto ya con esa mirada de muerte en el rostro… la primera vez fue cuando se enfrentó con aquel lobo… no lo podía creer, desde aquel momento él ya se había ido, su ultimo deseo fue poder ver y proteger a su hijo al igual que asegurarse de la supervivencia de Shun… ese fue su última exhalación y los espíritus se lo concedieron, pues desde entonces sus fuerzas volvieron un poco a ese cuerpo maltrecho. Ahora tenía sentido.

No lo dejó, jamás abandonaría a Shun ni a su hijo, simplemente se había metamorfoseado al igual que Aiora, se convirtió en un espíritu protector, aunque solo fuera de su familia, su deseo de vida.

Con el alma hecha pedazos grite al cielo al mismo tiempo que la lluvia caía sobre mi rostro. No lo conseguí, quise la paz de Shaka, la envidie y quise quitársela para tenerla yo, pero no pude obtenerla, en lugar de ello solo conseguí un enorme dolor en el pecho, en el mismo sitio en donde quería colocar lo que deseaba arrebatarle. Mi alma busco un camino y en el trayecto se perdió, busco un atajo en los lujos materiales, quise verme rodeado de comodidades para ocultarle a los demás y a mí mismo que me hacía falta el lujo en el espíritu.

Permanecí mirando el cielo más tiempo del que debería. Ya había dejado de llorar y la lluvia había dejado de caer sobre mi rostro y el de Grecia. Me dolía el cuerpo como nunca, sin compararse con el dolor de mi corazón. Pensaba una y otra vez en mi vida después de esto, que era lo que se suponía que haría ahora, antes me creía vivo para matarlo, ahora me doy cuenta de que no nací para eso y me turbaba el hecho de no saber para que estaba en este mundo además de que me asustaba el no tener una razón para existir. Seguía preso en este vacío existencial.

De pronto recordé el destino de alguien más, del pequeño del que no había sabido nada desde la desaparición de Shaka, mire al frente, buscándolo aun sentado en el mismo lugar en el que estuviera, pero ya no estaba. Gire el rostro por todo el claro para tratar de encontrarlo pero no lo veía. Comencé a preocuparme por él y por su hijo, pues la selva no era un lugar seguro después de una tormenta, aunque no había sido más que una llovizna tampoco era segura.

Con todo el dolor de mi cuerpo me levante de ese lugar para comenzar con su búsqueda. Deseaba saberlo con bien, no dejar que el sacrificio de mi antiguo rival fuera en vano. Me gire y me encontré con la entrada del que fuera el refugio de ambos. Esperanzado me adentré a ese lugar, no quería tener que rastrearlo por la selva, era también peligroso para mí, dada mi debilidad.

Al entrar lo primero que vi fue su rostro dormido profundamente. Era extremadamente hermoso. Me acerque con cautela para no despertarlo. En sus brazos llevaba a su pequeño que también dormía tranquilo. Sentí un nuevo nudo en la garganta por haberle quitado a ese pequeñito la dicha de conocer realmente a su glorioso padre. Mis sollozos queditos despertaron a Shun que no se movió, simplemente abrió los ojos y me miro largamente sin mover un solo musculo, así como tampoco yo lo hacía. Por un momento me pareció que ambos contuvimos la respiración por la tensión del momento. No sabía que era lo que pasaba por su cabeza, tal vez odio, reclamos… o tristeza… tal vez todas juntas.

Finalmente me atreví a sonreír a modo de disculpa y lo que hizo me sorprendió. Se incorporó lentamente y asintió, poco a poco se acurrucó en mi pecho lo que me dejó helado. Sin embargo lo envolví con mis brazos intentando protegerlo. Tal vez él lo vio en mi mirada, supo que mis intenciones eran las de ayudarlo, a él y a su bebé.

-“Nuestros destinos si estaban trazados juntos”- repitió las palabras de su pareja antes de comenzar a llorar.

Shun… él nos había dado lo que ambos queríamos. Shaka y yo queríamos una razón para existir y ahora me doy cuenta que esa razón era Shun. A Shaka le dio descendencia, una razón para continuar luchando cuando se estaba dando por vencido y ahora que el mismo caso es conmigo me doy cuenta de que de ahora en adelante viviré para protegerlo, para cuidar lo que nuestro salvador había dejado.

Porque Shaka era nuestro salvador, salvo a Shun de una vida dura en la selva, de la muerte que de seguro le esperaba en esa vida solitaria en la selva. A mí me salvo al liberarme de la codicia y el egoísmo del mundo de los dioses. Dio su vida por darnos esta libertad de vivir, y por ellos, ambos, Shun y yo, cuidaríamos de su hijo, de su legado de vida.

“Nuestros destinos si estaban trazados juntos” me repetí a mí mismo… sus destinos, ambos me salvaron y ahora yo los salvaría a ellos.

Afuera estaba anocheciendo, un día más terminaba así como también un ciclo de vida, pero mañana iniciaría uno nuevo, limpio por la lluvia que recién había caído del cielo y de mi alma. Mañana sería un nuevo día, una nueva vida.

 

Muchas gracias a quienes siguieron esta historia :P.



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El diablo, tu divino maestro de dibujo
En tus sueños proclama la divinidad de tu embrujo,
Y mandrágoras cortas con tus manos de brujo
Ruelas (anónimo)
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