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RAREZAS - TRAS UN MURO DE SILENCIO
“Rarezas”
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ESPECIE EXTRAÑA
Habían traído, un avestruz, proveniente de la granja educativa del Jardín Botánico Nacional, para exponer en la escuela primaria donde yo trabajaba de portera. El único lugar para ubicarlo (según la directora) serìa la sala de música, porque ésta poseía dos puertas opuestas para que entren y salgan los niños; bastante lugar para ubicar varios grados y poder apreciar el espécimen.
La exposición comenzaría dentro de quince minutos y fui la primera en verlo. Estaba en un rincón, mirándome de reojo, como desconfiado. Me acerqué despacito y como si se hubiera dado cuenta de mi presencia, estiró su cuello y sacó su cabeza por la puerta del fondo gorjeando, graznando, emitiendo silbidos y sonidos raros.
Para calmarlo, acaricié su suave plumaje aterciopelado y me aproximé un poco más. Hubo un silencio, luego, sentí un ruido, un chillido. No sé... Hasta que su pico apareció por otra entrada.
No me había dado cuenta, que el cogote del avestruz, había alcanzado la chapa traslúcida del techo del patio y por motivos que desconocía no podía moverse. Quise pedir ayuda pero, al darme vuelta, choque con sus patas finas y peludas como las de las arañas. Observé que estaban divididas cada una en dos partes y unidas en los extremos. Estas colgaban del dintel de la puerta y se movían como las ramas del sauce llorón que tiene plantado mi vecina del fondo.
Nunca había visto un avestruz equilibrista y este sería perfecto para llevarlo al circo. Era una especie sin igual.
Seguí en dirección a la extensa víbora , hasta que llegué a la entrada de la cocina donde escuché la voz de mi marido:
- ¿ Me preparás un cafecito?.
Yo seguía con la cabeza levantada, mirando hacia arriba.
Una señora que ingresaba a la escuela para buscar a su hijo, se acomodó a mi lado imitando mi posición.
Cuando llegué con la mirada al final de la búsqueda del animal, llamé a mi marido (que todavía seguía esperando el café) y mirando el reloj, molesta por el contratiempo, le gritè.
-¡Andá a sacar ese bicho de ahí! –
La mujer, que no sabía, de quién estaba hablando, me miró ofendida y se dirigió a la salida.
Después muchas idas y venidas cambiando de lugar la escalera de madera, él, subió por los peldaños y al llegar al techo, me comentó:
- Se enredó en un caño y se está ahorcando. Voy a desenroscarlo y trataré de bajarlo como sea.
Por suerte, todo fue muy rápido y el animal colaboró para que volviera todo a la normalidad (bueno, casi) pero, por las dudas que se quisiera escapar, la puerta del fondo del salón de música se mantuvo cerrada con llave.
Los escolares, a la hora del recreo, pudieron “apreciar el espécimen”, que se paseaba muy elegante de aquí para allá, mirando con un solo ojo y de vez en cuando lanzando unas patadas cortas para impresionar a los niños.
La profesora de música, al saber que se había dado la orden de ubicar el animal en su salón, llegó muy enojada interrumpiendo a los niños y maestros y desalojando a los grados que no le correspondía su materia.
-Me niego a dar clases, con este... Ave. Ave... Bueno, ¡Me niego!.- le dijo a la directora, con aire de prepotencia. Ante esta negativa, y por orden de esta última, mi marido y yo, nos dispusimos a llevarlo al jardín. Pero, fue imposible sacarlo del aula. Estaba pegado al piso como si fuera parte de él.
-¡ Se empacó! - le dije tratando de empujar al bicho por detrás.
-¡Se empacó! - Le dijo la directora a la profesora de música, tratando de disimular una sonrisa burlona, levantando los hombros y las palmas de las manos en un gesto de resignación
Al final, accedió compartir su clase con el espécimen, y mientras los niños se acomodaban para cantar, se sentó en el banquito del piano dispuesta a ejecutar las primeras notas., pero, en ese momento: ¡Se produjo el caos!.
El avestruz no le dio tiempo de apoyar los dedos sobre el teclado adelantándose a su pensamiento y su pico se fue deslizándose por las teclas tocando notas disonantes, que se mezclaron con las risotadas de los alumnos. Luego, el plumoso animal estiró su cogote hasta el techo sin llegar a atravesarlo. y comenzó a hacer todo tipo de muecas y gorjeos
-¡NO AGUANTO MÁS A ESTE AVE... AVES... TRUZ!,. Escuchando el alboroto de los niños, grito: ¡SILENCIO! – Y tomando bruscamente del brazo a uno de sus alumnos y poniéndolos en fila a los otros les dijo .-¡VAMOS!- y salieron al patio. Cuando todos estuvieron fuera del salón, cerró la puerta de un portazo.
El avestruz se quedó solo y al cabo de unas horas, comenzó a sentirse triste. Se habían olvidado de él. Nadie vino a buscarlo. Espió por el ojo de la cerradura, pero nada ni nadie.
Una lágrima gruesa cayó al suelo, luego otra y otra.
Me mandaron a llamar urgente.
-Se rompió un caño del agua y se está inundando la escuela- me dijeron. Por debajo de la puerta exterior de la escuela salía un torrente de agua hacia la vereda. Para cruzar la calle, tenían que ponerse botas.
Llegué acompañada de mi marido al mismo tiempo llegaba el camión de los bomberos. Entramos juntos y nos siguieron algunos vecinos. Yo les iba informando donde se encontraban las cañerías.
La directora, que se había enterado por un alumno y no había podido comunicarse conmigo porque en ese momento la línea estaba ocupada, se vino con los ruleros puestos y en chancletas. Entró asustada mirando a uno y otro lado. Al vernos se tranquilizó y le explicamos que : Todavía no descubrimos nada - y que nos íbamos a dividir en grupos para buscar la pérdida de agua.
Apenas terminamos de decir esto, escuchamos una suave melodía que nos guió hasta el salón de música.
-¡ EL AVESTRUZ!...¡NOS OLVIDAMOS DEL AVESTRUZ! - gritó de repente la directora, -POBRE ANIMAL- Decía alocadamente, y nos comentaba que el espécimen, al pasar toda la noche con los pies mojados debió haber levantado fiebre y esto le provocaría una neumonía y que director del Botánico debía estar en estos momentos muy enojado por su olvido, y quién sabe si volvería a prestarnos el animal.
Los presentes la miraron sin comprender una palabra. Yo, si, sabía de qué hablaba. Y adivinando el pensamiento de la directora me adelante y giré el picaporte de la sala de música.
Y allí lo ví, en un rincón, soplando una flauta. De ella salían notas dulcemente tristes. Se detuvo cuando llegaron los otros. Nos miró, con los párpados caídos y los ojos llenos de lágrimas. Se estiro y estiro hasta que nadie , ni yo misma supimos como desapareció.
En el patio central se escuchó el chapoteo. Un torbellino de agua. El animal daba vueltas en círculo sin poder
salir. Alguien, abrió la puerta en ese momento.
Y el avestruz se fue saltando, corriendo, mirando por arriba de los techos de las casas y gorjeando las notas musicales, por la misma calle donde el agua corría.
·EXPECIE EXTRAÑA (corregido) Del Cuadernillo Nº 1 de Cuentos y Poesía “TRAS UN MURO DE SILENCIO”.2001
·Diploma por colaboración de la misma revista digital
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EL ARBOL DE CHOCOLATE Y CARAMELOS
Cuento infantil
En un castillo, rodeado de grandes árboles, vivía una princesita inquieta, deseosa de hallar nuevas aventuras.
Cada vez, que miraba por la ventana, se atrevía a preguntarle al Rey: - Su Majestad... Me permitiría ir al bosque para buscar hojas brillantes o alguna cosa interesante?-
-Querida hija mía- le respondía el rey- Ya sabe Ud. cuántas personas se han perdido allí y no sería agradable para mí, el perder tan preciosa princesa.-
A pesar de los consejos del Rey, la princesita, un día, se encaminó hacia el bosque. Fue introdujéndose más y más hasta llegar a un árbol gigantesco, pero este, no tenía hojas brillantes, sino ramas con ramilletes de chocolate y caramelos.
-¡ Es fabuloso!- exclamó la princesita- Le mostraré al rey mi descubrimiento!.- pero no pudo evitar la tentación de comerse todo lo que estuviese a su alcance. Tanto, que se quedó dormida sobre una raíz.
Después de un largo rato, escuchó el grito de un pájaro. Despertó sobresaltada. Al mirarse se dio cuenta que se había convertido en un ave de hermosos colores. Había empequeñecido y podía volar.
Intentó hablar con otros pájaros, pero, cuando ella se acercaba remontaban vuelo. Con dificultad, voló hacia el castillo y detrás de la ventana observó al rey en su trono, muy preocupado.
-¡ Su Majestad…! ¡Su Majestad...!- gritó la princesita.
Por un instante, el rey creyó oír la voz de su hija. Se acercó a la ventana y la abrió. Tanto fue la alegría de la princesita que comenzó a dar unos horrichillidos, aleteando sin cesar.
- ¡ Este pájaro está loco!- comentó el rey y después de cerrar la ventana, volvió a su trono muy triste.
Y volando hacia lo alto de una rama, la princesita se puso a llorar desconsolada.
Mientras, el sol, se escondía y la luna, comenzaba a asomar detrás de las montañas. Una luciérnaga que pasaba por allí, la escuchó y pregunto: -¿ que te sucede?. Con lágrimas en los ojos ella le contó lo sucedido.
-Yo conozco un brujo... - dijo la luciérnaga-... que vive a mil doscientos árboles de aquí, pero, tenemos que tener cuidado de las lechuzas, si nos ven... les dirían de nuestra presencia a los lobos.
Y cuidando de no hacer ruido, llegaron al centro del bosque. Cerca, muy cerca se encontraba la cabaña del brujo. Al llegar, el pájaro picoteó la puerta. El brujo medio somnoliento abrió.
- ¿ A que vienen aquí? ¡ A esta hora!- dijo enojado.
Él entendía su lenguaje y ella contó su historia - Muy bien... - dijo al final el brujo- consultaré mis libros. ¡ Alguna fórmula encontraré!- Sacó de un baúl, varios libros cubiertos de un polvo blanco. - A ver... Este no... este tampoco. Personas... pájaros a personas...¡ Si éste es ! ¡ Acá está!-. (Esto último, hizo palpitar el corazón de pájaro de la princesita) Abriendo el libro, comenzó a leer. Luego exclamó -¡ Debo conseguir un diente de Dragón! -.
La luciérnaga preguntó sorprendida - ¿ UN DIENTE DE DRAGÓN? -
- ¡ Sí! Será una misión... ¡Muy riesgosa!- le respondió, pensando en voz alta- ¡Saldremos en este mismo instante! - Y tomó una bolsa que estaba arriba de la mesa y salió. Sin decir una palabra, ambos lo siguieron.
Llegaron a un lago. La luciérnaga, apago por un momento su farolito. El pájaro asustado lanzó un chillido desesperado. - ¡ Silencio! Gritó el brujo y se sentó a esperar.
-¿A esperar qué? - pregunté.
-- ¡A que aparezca el Dragón!-.
El bosque comenzó a temblar. Se oía un rugido terrorífico. Un monstruo, se acercaba muy aprisa.lanzando fuego por la boca,
-¡ Pronto! - dijo el brujo- Yo, subiré al árbol y le pegaré muy fuerte. Ustedes traten de distraerlo para que no me vea-.
Llegó el momento tan ansiado. El brujo, con un garrote en la mano se preparaba para ese instante. El pájaro y la luciérnaga tenían que traerlo hacia el árbol donde estaba el brujo. Él los vio. Venía corriendo cuando sintió el golpe. El diente cayó al suelo y el Dragón se quejó dolorido. Luego, furioso, se abalanzó sobre los indefensos animalitos, lanzando llamaradas. El brujo, bajó del árbol y guardó el diente en la bolsa.
Por suerte, el pájaro tuvo una gran idea. Comenzó a picotearle los ojos al Dragón y éste no podía ver hacia donde se dirigía. Con silbidos y chillidos lo atrajo hacia el lago. El monstruo se hundió en las aguas y desapareció.
Volvieron a la cabaña. El brujo preparó el brebaje
-¡Ahora bebe!- le dijo. Este tomó un poco y el brebaje comenzó a hacer efecto. Primero, se convirtió en un enorme pájaro. Luego sus alas fueron tranformándese en brazos, sus patas en piernas, se fue completando su cuerpo y apareció una linda carita con hermosos rizos dorados.
-¡Oh, eres muy hermosa! - Le dijo a la luciérnaga.
Bailaron los tres, hasta el amanecer. La princesita volvió al castillo acompañada por sus amigos. Le contaron al rey lo sucedido. Y este los invitó aun gran banquete premiando al brujo y a la luciérnaga por haber salvado a su hija.
Luego les dijo: - Enviaré leñadores al bosque, para que corten ese árbol y entierren todos los chocolates y caramelos para que nadie los pueda comer-
- ¡ NO!- suplicó el brujo - no es culpa del árbol, Señor, es culpa de los hombres. Ante sus frutos se tientan y lugo se convierten en pájaros. Los que quieren ser libres se convierten en esclavos del bosque y casi nunca pueden volver-.
El Rey, guardó silencio por un instante y dijo: - Está bien... lo pensaré. Mañana tendrás mi respuesta.
- ¿ Vos, qué harías? ¿Me ayudas a terminar el cuento?
·Diploma por colaboración de la misma revista digital
SORPRESA EN LA GRANJA
Anoche fue atacada la granja.
El jaulón que estaba totalmente alambrado con un tejido hexagonal (inclusive el techo) donde habitaban tres conejos; una perdiz colorada; una liebre y una tortuga, había sido cortado en forma circular por manos expertas en este arte.
El agujero, tenía unos treinta centímetros de diámetro aproximadamente, lo que me dió la pista, que habrían utilizado una herramienta. Razón por la cual, deduje a simple vista que ésta, era obra de un hombre.
Al entrar y realizar la investigación de los cuerpos yacentes dentro del jaulón, pude determinar minuciosamente que las heridas causadas en el cuello, habían sido provocadas por una mordedura. (Comadrejas suelen abundar por estos lados, pero esto no era obra de ellas).
Pude especular entonces, que alguna persona habría roto el alambre y obligado a entrar a los asesinos ¿perros salvajes, quizás?
Mientras hacia mis deducciones al estilo Sherlon Homes, oí que alguien me llamaba con voz muy apagada. Pude agudizar mi oído y escuchar que pedía ayuda.
Abrí la puerta del jaulón y salí. Mire hacia todos lados y no había nadie alrededor.
Avisté el gallinero que se encontraba a diez metros de donde estaba yo. Me dirigí hacia allá y no me sorprendí al verlo anegado de plumas y aves muertas. Busqué a Susanita (la mansa gallina colorada que se había ganado el cariño de todos y que cuidaba de no picarle los dedos a los chicos cuando le daban de comer maíz).
Intuí un movimiento y giré la cabeza, Entonces, vi, al único testigo de la matanza de sus congéneres. Era, un gallo Blanco con cresta muy roja que me espiaba debajo de un arbusto. Estaba muy asustado. A su lado, daba su último suspiro Susanita.
Los cadáveres fueron sacados a la brevedad por los ayudantes de la granja. No se dejaron rastros de lo sucedido y se cubrió el círculo del alambrado con unas chapas para disimular el atentado.
Volviendo a hacer el recorrido anterior, para asegurarme que todo estaría en orden, observé que aún agonizaba la pequeña liebre (que seguramente, preparada para defenderse en lugares inhóspitos había tratado de correr por el rectángulo cerrado sin lograr escapar de los feroces dientes). La tortuga había salido ilesa. Ignorada por los asesinos, quizás, por la escasez de sus movimientos y por el color de su caparazón casi imposible de distinguir en la oscuridad.
Por curiosidad o no sé por qué razón, volví a introducirme en el jaulón. La tortuga estaba frente a la liebre mirándola fijamente a los ojos. Luego, en una posición que no llegue a comprender, giro su cuerpo incómodamente hacia un lado, movió su cabeza como inspeccionando la herida de su amiga y sorpresivamente se metió dentro de su cueva.
Los niños comenzaron a llegar. Unos correteaban por el parque, otros jugaban en las hamacas.
La liebre había expirado su último adiós y fue trasladada antes que ellos la vieran.
La muerte había pasado por aquí y sentí como si me hubiera rozado. Me temblaban las piernas. Sentí desolación, a pesar de estar acostumbrado a vivir en la selva y ver horrorosas matanzas entre los mismos animales.
Angustiado me retiré sin darme vuelta. A mi lado pasaron un grupo de infantes tomados de la mano.
Recordé que no le había dado de comer a la tortuga, ni tampoco me aseguré si tenia suficiente agua. Volví a entrar sin darme cuenta que las risas infantiles rodearon el jaulón.
A su vez, una multitud de alumnos y profesores, llegaban en micros y se agolpaban para ver el espectáculo de una nueva especie de animal que se movía ligeramente a mi alrededor.
Me preguntaban¿De qué país era originaria?. ¿De qué granja o zoológico la había traído? y otras tantas preguntas más.
Sin darme cuenta, en pocos minutos, una avalancha de periodistas apareció de la nada, especulando sobre lo que había pasado.
Yo, confundido todavía con lo que había sucedido esta mañana, respondía automáticamente – En unos instantes lo sabrán o ya se va a explicar a su debido tiempo…
La verdad es que no sabía que decirles, aunque podía haberles dicho que la liebre y la tortuga se comunicaron telepáticamente y que luego…Pero preferí dejar esta interpretación para mi mismo. No sea que me den por loco.
Los directores de la granja me sugirieron que me olvidara de la investigación y que me preocupara en ponerle un nombre a esta nueva especie. Pensé en algo que todos entendieran. No fue difícil clasificarla. Tomé el lápiz y dibuje las primeras letras sobre una madera.
.Busqué en el galpón, esmalte rojo, pincel fino…Y puse manos a la obra.
Cuando termine, me dirigí al jaulón y colgué el cartelito pintado con letras coloradas:
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NUEVA ESPECIE
DE TORTUGA-LIEBRE
ORIGEN DESCONOCIDO
·Publicado en Internet, Ning “ Parnasus, Patria de Artistas”, “Rincón de l Armonía”
Podría decirse que esto parecería absurdo, pero he llegado a la conclusión que no lo es.
Una madrugada de insomnio, mientras leía una revista considerada como un de la más prestigiosas, por veracidad en información e investigación, encontré una nota referida a "Los Grandes de Ayer y de Hoy", en dicho artículo algunos científicos afimaban, que estos heredaban su don, de espíritus talentosos, muertos en siglos anteriores. Miguel Ángel, Bethoveen, o Dante , podían reencarnarse en otro cuerpo.
Otras teorías, especulaban, que el hombre común, podía tener varios o quizás ninguno, refiriéndose este último al "cabeza hueca" ( del que nadie se haría responsable de los desastres que pudiera hacer). En cambio, el poseedor de varios espíritus, tenía una gran ventaja. Se podía desenvolver con gran facilidad en todas las artes, alcanzando la calidad de "genio".
El espíritu "consejero", semejante a un ángel guardián, nos servía para la autocrítica, nos ayudaba a perfeccionarnos.
Lo mas interesante de todo esto, es que se mencionaba a Borges, como un ser atemporal y habían llegado a pensar, que nunca fue humano.
Esta mañana al despertar, he buscado la revista para terminar de leer estos conceptos. Presiento, que alguien la haya robado, quizás ha descubierto mi secreto. La de ser su única poseedora.
Después de tenerla guardada durante millones de años en este pequeño mundo de estantes, rellenos de polvorientos libros, la he puesto en evidencia, al dejarla sobre mi mesita de luz.
Lo que no sabe el ladrón, es que, apenas comience su lectura, sus líneas se desvanecerán por completo en menos que cante un gallo.
·5to premio “Ronda Literaria” de lomas de Zamora*Antología de poesías y cuentos premiados 1996-1997
·Revista “Acuerdos”,.Dir: Mario A. D’Alessandro
Y PUBLICADO EN VARIIAS REVISTAS DE INTERNET.
UNA SOMBRA EN PIYAMAS
Eran las 2 de la madrugada de un día verano. Se había levantado un poco de viento. La luna iluminaba por la ventana y su reflejo no me dejaba dormir.
Me senté en la cama y me calcé las chinelas. Me puse la bata y abrí despacio la puerta de la habitación, para no despertar a mi marido.
Salí al pasillo. Pasé cerca de la ventanita y tuve la intención de mirar hacia el jardín (como de costumbre) y observar el movimiento de la calle, pero, decidí seguir adelante, encender la luz de la escalera y llegarme hasta la planta baja.
Una vez allí me dirigí hasta la cocina. Abrí el grifo. Agregué agua a la pava (lo suficiente para tomar un té). Busque en la alacena, la cajita de la infusión relajante y puse un saquito dentro de la taza.
El magiclik (como la mayoria de las veces) no funcionaba, entonces, busqué los fósforos en el primer cajón. Moví la llave de gas y raspando la cerilla, encendí la hornalla. Luego, puse la pava sobre la llama…
Mientras, esperaba que hirviera el agua, pulse el botón de encendido del televisor y la pantalla se abrió en forma de lluvia. La programación había finalizado. Con fastidio lo apagué y me quedé en silencio escuchando los sonidos de la noche.
El silbido de la pava, me alertó, que el agua había llegado a su punto máximo.
Introduje la cucharita dentro de la taza (como me había enseñado mi madre, por las dudas que el calor excesivo rompiera la loza) y vertí el agua.
El té estaba caliente y esperé un poco para beberlo.
Comencé a sentir frio y decidir subír las escaleras con la taza en la mano, ya que habia consumido solo la mitad de la bebida.
Antes de llegar al dormitorio, no pude evitar mirar por la ventanita del pasillo. Me atraía como un imán.
La calle, tenía poca luminosidad, debido a los árboles que la limitaban. A pesar de ello, alcancé a ver, una sombra muy oscura que la atravesaba. Al llegar a la vereda de enfrente, ésta, esquivó el vehículo que estaba estacionado y lo rodeó por detrás.
Un auto de la policía pasaba en ese momento. las luces encendidas de los faros revelaron su sombra, ya más nitidamente. Era, la de un hombre. Él, llevaba las manos en los bolsillos y siguió en esa posición, al pasar por el portón de chapa negra del chalet de mi vecina.
Al principio, no había reparado en su vestimenta. Pero, mi curiosidad, hizo agudizar mi vista. Tenía una bata rayada atada a la cintura y aparentemente, un piyama por debajo. Luego, comprobé que llevaba puestas unas pantuflas.
Lo seguí con la mirada, y cambie de posición para observar al patrullero de la policía, que no se detuvo ante este rarísimo hecho (Por lo menos para mí). Pegué mi rostro contra el vidrio para fijarme si el hombre seguía todavía en la vereda de enfrente y busqué, instintivamente, la traba para abrir la ventanita, sacar la cabeza y poder ver mejor, pero, su figura había desaparecido.
Esperé unos instantes. La sombra, volvio a aparecer entre los árboles y siguió caminando hasta hacerse cada vez diminuta.
Yo seguía con la taza en la mano. El té, ya se había enfriado.
CLAROS Y OSCUROS sigue
Escritora
ituzaingó, Buenos Aires
Argentina
El Surrealismo es una manera de expresar & vivir El *Arte* Arte William.
*arte william* escultor y escritor neo surrealista