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Hoy es Viernes de Dolores y se nos escapa la cuaresma por momentos. Hace unas semanas la comenzábamos con las palabras de: "conviértete y cree en el evangelio".
Todavía queda tiempo para la reflexión, la oración, la conversión, el perdón...
Nos cuesta creer que el Señor es un padre amoroso, dispuesto a perdonar. Y, precisamente este es el tiempoo idóneo para recordalo, para reconciliarnos y acercarnos a su perdón.
No quiero temrinar la cuaresma sin invitaros a leer, pausada y reflexivamente, unas antiguas palabras que nos recuerdan esta realidad. Consituyen la parte esencial del Salmo 102.
Bendice, alma mía, al Señor
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor
y no olvides sus beneficios.
El perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa
y te colma de gracia y de ternura.
El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia;
no está siempre acusando
ni guarda rencor perpetuo.
No nos trata como merecen nuestros pecados.
Como un padre siente ternura por sus hijos
siente el Señor ternura por sus fieles;
porque él conoce nuestra masa,
se acuerda de que somos barro.
La misericordia del Señor dura siempre
para los que guardan su alianza
y recitan y cumplen sus mandatos.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar....
(Antonio Machado)
"Yo soy el camino, la verdad y la vida"
(Jesús de Nazaret) |