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De Hermanos inmortales (Hades x Poseidón) *F* De Hermanos inmortales (Hades x Poseidón) *F* (0.387 s)

De Hermanos inmortales (Hades x Poseidón) *F*

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De Hermanos inmortales (Hades x Poseidón) *F*

    Título: De hermanos inmortales Autor: Hékate-sama.   Razón: Ficsotón Hades x Poseidón 2006.   Personajes. Principales: Hades, Poseidón/Julián, (Hécate). Pareja principal: Hades x Poseidón/Julián. Parejas secundarias: Hades x Perséfone.   Tipo: drama. Clasificación: G Estado: one-shot   Resumen: Hades sufre la pérdida de su amada Perséfone, pero la titánide Hécate le prestará su ayuda, para bien o para mal.  

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RESPUESTAS AL MENSAJE - Respuesta/-s
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De hermanos inmortales
    I. Hades                           Como dioses somos hermanos; como cuerpos materiales no. ¿Cuál es el lazo que nos une? La muerte y la vida… La inmortalidad, quizá.             En la era mitológica, cuando fue sorteado el reparto del mundo, a mí me tocó el inframundo; a mis otros dos hermanos varones, el mar, el cielo y la tierra. A Poseidón, el que bate la tierra, como lo llamaban los mortales en aquel entonces, le fue entregado el comando de mares y océanos; a Zeus le tocó gobernar el alto Olimpo, morada divina, y La Tierra, donde viven los animales efímeros, como una vez un poeta describió a los hombres. A mí, Hades, me fue otorgado el reino de los muertos.             Aquí estuve solo por algún tiempo, hasta que traje a una bella doncella, mi estimada y severa Koré, para hacerme compañía, pero debido a la angustia e ira de su madre, la nutricia Deméter, tuvimos que acordar que la niña pasaría conmigo una parte del año y, coincidiendo con el despuntar de la primavera, surgiría, cíclicamente, a la faz terrestre para pasar dos partes del año junto a mi hermana. Si no hubiera sido por la entrometida de Hécate, perra malhadada, su madre nunca se hubiera dado cuenta de donde guardaba a la pequeña flor, que un día soleado recogí del prado donde ella, junto con sus amigas las ninfas, recogía otras tantas. Pero ya me las pagó: al fin, con el tiempo, logré encerrarla en estos abismos negros, y sólo le permito salir de vez en cuando a vagabundear por los caminos y a irrumpir en algunos sueños y pesadillas. Ella fue la que le dijo a Deméter que algo le había ocurrido a Perséfone, aunque no sabía qué –mentirosa, estoy convencidísimo de que lo sabía y de que fue ella, y no Helios, quien se lo reveló a mi hermana–. Todo lo que fue algún día yo se lo arrebaté: Hécate era diosa grande y poderosa –no en vano la llamaban crataeis–, a quienes los marinos y pescadores encomendaban su día junto a Poseidón; era hija de descendientes de titanes, la única al que el gran Zeus respetó sus prerrogativas, sin osar quitárselas en el nuevo reparto de funciones; ella fue de la que, hace siglos, un poeta beocio cantó que sus zonas de influencias abarcaban tanto el cielo, como la tierra y el mar; a ella, yo, miserable y desapercibido dios subterráneo, la hube reducido a una mera divinidad menor de la hechicería y de los caminos. La bruja seguro se habrá retorcido: los aullidos de los perros que la acompañaban (y siguen acompañando) denotaban su dolor.             De esto yo me regodeaba hasta hace unos días. ¡Y cuán feliz era!                         Luego de batallar contra los Caballeros de la Esperanza, protectores de Palas Atenea, y de que todo se viniera abajo, mi hermano Zeus reconstruyó mi mundo, pero también el mundo marino de Poseidón. Éramos dioses nuevamente: yo, en mi cuerpo; él, en el de Julián Solo.             Sin embargo, conmigo no estaba Perséfone, la única luz que alumbraba estos parajes desolados para mí. En su lugar, se eregía, terrible, una carcajada: Hécate también había sido restablecida con todo su poder, y ahora su sed de venganza era grande, terrible, y de mí quería beber la perra infernal.             Zeus, Atenea, Poseidón y yo trabajaríamos en el balance del mundo, cada cual en lo suyo, garantizando un período de paz en La Tierra. ¿Por qué accedí a semejante cosa? Una razón fue simple cálculo matemático: todos muertos, en el Hades, no entran. La segunda razón, más bien, fue una sinrazón, y la culpable: ¡Hécate! No sólo había recuperado sus prerrogativas sobre cielo, mar y tierra, sino también conservaba las funciones a las cuales yo la había relegado. ¡Hechicera de corazones! Me condenó, y ahora de amor padezco, sin poder morir y acabar con la tortura.               Una noche estaba yo en mi trono, comiendo unos frutos de granada, del mismo árbol que otrora le había convidado a mi adoración, la hija de Deméter, cuando una figura velada en mantos negros y purpúras se hizo presente con su andar lento ante mí. Una sonrisa afable subió a sus labios, igual a las que daba a quienes la veneraban.             –¿Sufres aún? –me preguntó.             Sin poder adivinar el brillo de malicia que centelleaba en su obscuro mirar, embargado por el recuerdo de la amada que ya no estaba, le contesté:             –Perra, ¿qué? ¿no es evidente? –su intrusión me molestaba– ¿Qué quieres, Hécate? Sé breve.             –¿Qué? ¿No puedo pasar a ver a un primo, estimado Hades? –me dijo burlonamente– Sólo que me preocupa tu estado. Debes olvidar a la niña, si quieres gobernar como debes sobre este mundo.             Odiaba admitirlo, pero la bruja tenía razón. Entonces, sin abandonar mi asiento, engalanado del más fino oro que sólo escondido bajo la tierra yace, le espeté:             –¿Y qué quieres qué haga? ¿Cómo se supone que la olvide?             Ella me miró casi con curiosidad y después afiló su sonrisa. ¿Cómo olvidar, ahora me digo, esa sonrisa macabra que me sentenció de este modo?             Caminó hacia mí, desapareciendo por un instante, para luego reaparecer a mi lado, susurrándome al oído:             –Yo conozco un hechizo que podría ayudarte, mi querido primo.             –¿Y tú qué ganas con todo esto? –quise saber, desconfiado de lo que se proponía.             –Nada. Ver como mis áreas de influencia, de las cuales, ciertamente, no escapa el Orco, son bien dirigidas y se mantienen en equilibrio. Sólo eso.             Debí haber sospechado en ese momento que la hija de Perses ocultaba algo más, pero desesperado por el escozor de mi pecho y precipitado por la memoria de aquélla que me agobiaba con su falta, acepté ser su víctima en el sortilegio fatal.             La diosa sacó de entre sus ropajes una poción contenida en un pequeño frasco de puro cristal. A pesar de su aspecto repugnante, olía y sabía bien, a rosas y fresas. Al oler las rosas, temí que Cipris pudiera estar involucrada. Hécate y Afrodita son amigas, y muy peligrosas cuando se combinan, pues es bien sabido que la chipriota es capaz de domeñar el corazón de bestias, mortales e inmortales (el ufanarse de tales proezas, una vez, le valió el castigo de mi hermano Zeus, quien la hizo enamorarse de Anquises y tener a Eneas, pero ésa es otra historia). Como dije, la fragancia invitante de las flores consagradas a la divinidad del amor, me hizo dudar… temer. Sin embargo, la pérfida Hécate, aún no sé cómo, logró apaciguarme, diciéndome que eso se debía a que era un hechizo de amor, aunque se tratase de hacer olvidar, se trataba, principalmente, de hacer olvidar un amor. Y así fue como tomé aquel brebaje maldito.             Hécate sustrajo de mis manos el frasco y, dando media vuelta, comenzó a alejarse.             –¿Y ahora qué? –le pregunté, expectante ante su indiferencia.             Frenó su paso y volteó su cabeza para mirarme.             –Sólo es cuestión de esperar –repuso amable.             Siguió avanzando hacia la salida de la sala real y, en un murmullo casi imperceptible, la oí decir:             –Un clavo saca otro clavo… Mala sentencia popular.               El tiempo pasó y lo que albergaba hacia Perséfone no desapareció, lo que mutó la condición de mi estado fue otra cosa. Ya no amaba a la bella Koré, sino otro había ocupado su lugar. Recién hoy me doy cuenta de lo significaban las últimas palabras de Hécate Poderosa… Alguien más había desplazado a la muchacha, que antaño había sido mi devoción, y ¡desdichado de mí! ese alguien resultó ser un dios, mi propio hermano Poseidón.             Dije que la segunda razón de que hubiera aceptado estar en paz fue un sinsentido, y este absurdo fue haberme enamorado de una divinidad encarnada en un cuerpo mortal, en un hombre que, luego de la destrucción del Templo Marino, se había arrepentido del mal que hubía causado y que ahora estaba dispuesto a remendar su error, aliándose a la Tritogenia Atenea y al Altitonante Zeus.               Un día habíamos tenido una reunión en el Olimpo, y fue allí donde vi a Julián Solo más hermoso que nunca; me hipnotizó con su exquisitez efébica, y yo quise agradarle. El primer paso para agradarle era no crear discordias entre los dioses, ni rebelarme, ayudarlo en su propósito de contribuir al equilibrio terrestre. Y así lo hice: no protesté, no envidié, no nada. Mas él parecía no notarme del modo que yo deseaba: su trato siempre era diplomático y políticamente correcto, apenas si esbozaba alguna sonrisa para mí.             Comencé a frecuentarlo en sus dominios, y llegamos a conocernos más. Conforme me acercaba a él, mi pasión iba en aumento. Volvía a mi territorio lleno de amargor y de pesar ¡Amaba a mi hermano! Los pensamientos incestuosos se agolpaban en mi pecho y me hacían padecer los ardores propios del deseo sexual… Eso no podía concebirlo, mejor dicho… no puedo concebirlo. Es el día de hoy que mi tortura de desear prohibidamente y desear sin poder obtener nada a cambio me fustiga. Sus cabellos brillantes, su cuerpo de humano, pero tan perfecto como el de un dios, exacerban mis sentidos, mas no sólo eso: cuando escucho su voz entre los sones de la flauta, que uno de sus marinas ejecuta con gran maestría, cuando percibo la candidez mixturada con la fiereza de esa mirada de ultramar, que me sacude como las olas a las rocas, me desarmo, me dejo llevar, y pareciera que toda mi angustia nunca hubiera existido; ni vagos recuerdos de ella me quedan cuando estoy con él. Su piel de nácar rozando mi mano da bienestar a mi espíritu adolorido. Pero cuando nos separamos… ¡Ay! Cuando eso sucede es como si el mar, que le sirve de cielo a su mundo, se derrumbara todo encima mío.               La divinidad me ata a él fraternalmente; la inmortalidad, en la que podría ser eternamente feliz y amarnos por siempre, me condena: siempre será mi hermano y siempre su amor estará prohibido para mí.           ***   II. Poseidón                           Ayer ha venido Hécate a verme. Pensé que trataríamos temas concernientes a nuestras ocupaciones, pero no. Hablamos de la vida y fue entretenido. Nunca pude quejarme de su compañía, siempre fue agradable. No había entendido jamás por qué Hades no la soportaba; sin embargo, ayer fui testigo de una escena muy particular. Yo me había retirado a mis aposentos a buscar un libro de registro que ella me había pedido. En el entretiempo llegó Hades. Al volver, escuché sus voces discutir y, desde atrás de unas de las columnas de la galería principal de mi palacio, agucé el oído, esforzándome por entender de lo que hablaban.               –Me has engañado –había protestado mi hermano–. ¿Ya estás contenta? Sufro como nunca, eternamente, ¿ya te has vengado?             –Así parece –le rebatió Hécate–. Pero ya te lo había dicho: un clavo saca otro clavo. El problema está en que si el primer clavo nos dañó, el segundo, para que pueda sacarlo, debe ser igual o mayor que el primero; y si es igual, dolerá tal cual el original; y si es más grande, muy probablemente, nos haga sufrir mucho más, terminando de agujerear lo que el primero no alcanzó a perforar. Sin embargo, me das lástima, y como no soy como tú, te ayudaré, esta vez, en serio.             –¡No te creo! –le gritó mi buen Aidóneo furioso.               Yo no sabía de qué hablaban. De lo que sí estaba seguro era de que no me gustaba saber que Hades había estado sufriendo; detestaba verlo mal. Sentí una necesidad tremenda de abrazarlo y frenar esas lágrimas que amenazaban con precipitarse desde sus ojos.               –Vamos –lo alentó ella–, dime qué es lo que deseas y lo cumpliré.               Él la miró incrédulo, y lo siguiente que vi me partió el corazón: el gran Hades, señor de ultratumba, se desplomaba a los pies de la antigua diosa, abrazado a sí mismo, como luchando por contener dentro de su cuerpo el espíritu que se le iba. Alzó su mirada temblorosa y, en un débil quejido, soltó esas palabras que me dejaron paralizado:               –Un día, quiero vivir un día, ser efímero, animal de un solo día, ser un mortal.             Hécate sonrió con una benevolencia jamás contemplada en ella. Era casi increíble que esa misma deidad fuese la que, a menudo, causara la muerte a los que la invocaban, debido al espanto que provocaban sus apariciones.             –¿Sabes lo que significa eso, Hades?             –Sí, sí lo sé –dijo él, poniéndose de pie y tomándola por los hombros–. Hazme enteramente mortal. El mundo de los muertos te quedará a ti, si lo quieres, pero hazme mortal para, al menos, poder cortar el lazo que me une a él como hermano, y poder amarlo y ser feliz, aunque sea un sólo día. Si puedo amarlo sin culpas ni vedas por sólo un día, viviré y moriré feliz. Quizá en la temporalidad humana sean muchos días, años, décadas, pero sé que, comparada con nuestra existencia sempiterna, será un sólo día. Y un sólo día a mí me basta. Por eso, Hécate, si es verdad lo que me dices, dame un cuerpo completamente mortal, que no sea hermano ni de Julián ni de Poseidón, para poder amarlo.               Eso fue lo último que oí. Después de ahí, no sé lo que pasó, perdí la noción del tiempo y del espacio hasta hoy.             Hace un rato me encontré con la diosa. Volvimos a hablar y me contó lo acaecido. Lamentablemente, Hécate no le pudo conceder lo que tan desesperadamente pedía; su explicación fue la siguiente: «No importa qué cuerpo ocupe: Hades siempre será Hades, y Hades es el que está enamorado de Poseidón. El efecto de la pócima caducó hace bastante; lo que alimenta su pasión es el deseo de querer tener y no poder tener. ¿Irónico, no? Igual que los humanos… Su maldición es ser inmortal». Pero antes de dejarme, la diosa me preguntó:             –Tú, Poseidón, ¿lo amas?             Sin esperar respuesta, se fue y yo me quedé sin saber qué responder. Si tuviera que constestar en este instante, diría que como Poseidón estimo a Hades como a un hermano, igual que a Zeus; pero si me preguntan qué siento como Julián, ésa es otra cuestión...     FIN
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Comentarios
  Autor: Dai_Praesepe, 13/Sep/2006 10:35 GMT-7:


Hola Bruja Malvada, que haces sufrir a estas pobres criaturas del Olimpo... Y ya ves, muy poderosa tú, pero te andas peleando con el pobre editor de miarroba, no? Muajuajua!! << risa macabra adquirida de mi amo cangrejo. 
Bueno, bueno, es una broma, después de todo probablemente a mí también me quede este mensaje con el mismo párrafo repetido 5 veces y 8000 caretos circulando por ahí sin mi autorización.
Pero dejando de lado la tecnología (o sea, tú no la necesitas porque eres una diosa, y yo soy una escudera en un Templo zaparrastroso y sin conexión a Internet ^_^) paso a tu fic, De más creo que está decir que lo entré a leer sólo porque es tuyo y sé de antemano que va a estar bueno, que sino a esta pareja no me la imagino pero ni juntando todos mis locos sueños!!!
Me gustó el enfoque que le diste tomando la cuestión mitológica como centro de la situación, y como aprovechaste esto para introducir al personaje con el que te identificas. 
Snif... La pareja que hacía Perséfone con Hades era mi favorita en la mitogía, y ahora me vengo a enterar que vos le fuiste con el chisme a la vieja Démeter!! Mirá que sos maaaaala, eh? Y buchona!! n_n  
Pero bueno, Perséfone era la sobrina de Hades, así que no se tendría que hacer tanto problema por amar a su hermano y vivir la vida loca. Cómo Hécate, que va de acá para allá repartiendo de sus pociones... (yo también quiero un traguito!!)
Por cierto, yo te invoco una y otra vez... pero no voy a acabar patitiesa como dice en tu relato que le pasaba a tus devotos, no??
De más creo que está decir que lo entré a leer sólo porque es tuyo y sé de antemano que va a estar bueno, que sino a esta pareja no me la imagino pero ni juntando todos mis locos sueños!!!
Me gustó el enfoque que le diste tomando la cuestión mitológica como centro de la situación, y como aprovechaste esto para introducir al personaje con el que te identificas. 
Snif... La pareja que hacía Perséfone con Hades era mi favorita en la mitogía, y ahora me vengo a enterar que vos le fuiste con el chisme a la vieja Démeter!! Mirá que sos maaaaala, eh? Y buchona!! n_n  
Pero bueno, Perséfone era la sobrina de Hades, así que no se tendría que hacer tanto problema por amar a su hermano y vivir la vida loca. Cómo Hécate, que va de acá para allá repartiendo de sus pociones... (yo también quiero un traguito!!)
Por cierto, yo te invoco una y otra vez... pero no voy a acabar patitiesa como dice en tu relato que le pasaba a tus devotos, no??
En fin... Disculpá este post sin pies ni cabeza, pero estoy sin dormir ^_^ y no coordino las ideas muy bien (ya en gral. me cuesta, y hoy más).
Un beso enorme!!
Dai.-
 

Autor: Dai_Praesepe, 13/Sep/2006 10:40 GMT-7:


Viste?? Me pasó!! El mismo párrafo 2 veces!!! O será una maldición de Hécate??? O___O Dai.-
Autor: Sa.hel, 13/Sep/2006 12:53 GMT-7:


¡Miles de gracias por participar y  apoyarnos con tan hermoso trabajo! aquí dejo tu condecoración ¡Felicidades! FICSOTÓN HADES x POSEIDON
Autor: Artemisa_Blackmoon, 14/Sep/2006 17:20 GMT-7:


Mi reina, veo que sufrimos del mismo mal con ese putrefacto editor. Me encanto el fic, en especial la ultima frase ""Si tuviera que contestar en este instante, diría que como Poseidón estimo a Hades como a un hermano, igual que a Zeus; pero si me preguntan qué siento como Julián, esa es otra cuestión" *O* yo tenia una idea similar pero, lamentablemente, me agarro la melancolia y el tiempo una vez mas se puso en mi contra, de alli nacio "Te amo" mi contribucion al ficsoton cuyo final salio de los perros pero bueno, me ha encantado tu historia, te felicito princesa, por tan exquisita muestra de tu talento. Besos!!! Artemisa
Autor: hekate-sama, 19/Sep/2006 16:22 GMT-7:


Dai!!!!! Jajaja, has visto cómo se ha decavulado la dinidad en estos tiempos?!! Ya no son los de antes: ahora la máquinas han tomado el control!! Jajaja. Primero, muchísimas gracias por la confianza que depositás en mí, al entrar a leer sobre una pareja que poco puede llamarte la atención. A decir verdad, a mí tampoco se me figuran mucho en la cabeza, es más, no se me figuraban nada Posei y Hades juntos XDDDDDDDDD. Por eso, como verás, me explayé más sobre otras cuestiones, como la relación entre Perséfone y Hades (que por cierto, a mí también me encanta, junto con Orfeo y Eurídice) y sobre Hécate, que más está decir es mucho más poderosa de lo que puedo ser yo XD; por esto mismo, no te preocupes que no vas a quedar patitiesa al invocarme: mis poderes se han diluido en el limbo, jajaja. Con respecto a la culpabilidad de Hades por desear a su hermano, debo confesar que yo tengo un problema para ver una realción entre estos dos dioses: es que de tanta mitología en la cabeza a Hades lo veo perfectamente bien con Perse, y a Posei… bueno  a él me gusta más verlo como Julián Solo, como humano al límite de la divinidad. Muchísimas Gracias, nuevamente, por leer el fic. Ahh!!! La de la maldición yo no fui!!! Debió haber sido Hades, que quiere hacer ver que yo soy una bruja que anda lanzando maldiciones, y entonces él hizo que tu post se repitiera, para hacerme quedar mal a mí, jajaja. Beshotes, cangre divina.   Arte!!! Gracias muchas, princesa, por darte una vuelta por acá y dejarme tu comentario y por las felicitaciones. El fic lo escribí a las apuradas, y aquejada por mi mal de no poder dar conclusión sólida a los relatos, quedó esa frase final. Por otra parte, no digas que el fianl de tu fic salió de perros, porque como ya te lo puesto, me gustó mucho. Gracias, gracias por leerme. Beshos grades para ti también.   Hasta pronto, Hékate.
Autor: Kairake, 21/Sep/2006 20:36 GMT-7:



Me ha gustado mucho, tragico en cierta forma pero me gusto, pero devo admitir que me gustaria ver a Hades feliz se lo merese apesar de todo, todos merecen ser feliz y como estoy en pro del insesto que mas da si es tu hermano al que amas si tu amor por el es realmente puro y sensato

Autor: hekate-sama, 26/Sep/2006 19:31 GMT-7:


Kairake: gracias por dejarme tu comentario. Si tengo que ser sincera este fic lo escribí a las patadas. La pareja no es que me desagrada, pero no me llama la atención. Por otra parte, a mí para Hades me sigue gustando Perséfone, aunque Kurumada ni se haya hecho eco de su existencia XDD. Después a Poseidón, me gsta más verlo como Julián Solo y en último lugar, el incesto entre estos dioses hermanos no se me figura mucho, por eso tal vez haya manifestado en cierta manera una imposibilidad del amor entre ambos. Sí, soy malita XDD.
Nuevamente, muchas gracias por tomarte tu tiempo de leer y comentarme.
Saludos,  Hékate-sama.
Autor: arishita, 07/Ene/2007 01:20 GMT-7:



Hekate-sama  *doy una reverencia ante usted* como fiel seguidora de usted, mi diosa, debe permitirme felicitarla por la buena redaccion que acabo de leer, me ha maravillado con esta lectura. Aunque yo tambien he escrito un fic donde usted es la protagonista, aunque solo fue invento mio, ser hija del dios de los muertos, disculpe mi atrevimiento, pero pensé verle el lado paterno a Hades y que mejor forma de hacerlo ver que con la mismisima Diosa de la oscuridad y hechiceria, disculpe nuevamentemmi atrevimiento.

Autor: samie.can, 07/Ene/2007 14:30 GMT-7:


me impresoneste imcreible
casi me desmayo me gusto
 de pose y hades
okidokis

Autor: hekate-sama, 21/Ene/2007 09:36 GMT-7:


arishita: me honras, muchacha, con tus palabras, jejej. Muchísimas gracias por el comentario y es grato saber que te ha gustado el fic, aunque lo haya hecho a las apuradas. Por lo demás, no hay de qué disculparse: si en el mundo de la antigüedad se formaron diferentes versiones de algunos mitos y genealogías divinas, por qué no hacerlo uno también, n.nº.   thethis: muchas gracias, chica. Y como dije anteriormente, es reconfortante saber que lo que uno escribe a alguien le agrada.   Saludos y Cuídense.
Autor: ikkina26, 31/Ene/2007 16:41 GMT-7:


  CAMPAÑA: SALVAR FIC: 2007  
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