La mujer entro agitada, chorreaba agua y temblaba, apenas cruzo las puertas, las miradas se cruzaron y hubo una gran corrida. Alguien grito ¡Willy por favor trae unas toallas! y en seguida la acercaron al fuego, le quitaron el abrigo empapado y la pusieron lo mas confortable que pudieron ¡Las toallas por favor willy! el llego con una pila de toallas limpias y suaves y se las ofreció.
Gracias, muchísimas gracias –exclamo- y comenzó a secarse la cabeza con delicada energía, la veían con admiración como a una diosa del olimpo, le ofrecieron una bebida fuerte para recuperarse del mojado, una exquisita comida y toda clase de mimos así.
Ella recibía todo ese amor con una sonrisa y con una ternura que aumentaba sus deseos de cuidarla.
El era el dueño de aquella posada, un hombre fuerte bien parecido y entrado en canas que aumentaban su atractivo.
La admiraba profundamente, se confundía su admiración perfectamente con el amor, y no podía dejar de mirarla.
Ella vio en sus ojos aquel brillo y pregunto
-¿Cual es su nombre?
Daniel Ríos – contesto-
¿es dueño de este lugar?
Si, fue de mis abuelos, luego de mis padres y ahora es mió
Es un hermoso lugar -acotó ella- y le agradezco mucho su amabilidad, me ha salvado la vida –y volvió a sonreír-
Bueno no creo que sea para tanto, pero es un placer, siempre he admirado sus libros, - los he leído todos y me parece maravilloso su papel en la película, que interpretó sobre el último
¿Ha visto la película?
Claro no me la hubiese perdido por nada soy su mas fiel admirador
Ella lo observaba, casi con mas admiración que él -y dijo- ¿sabe? solo hago mi trabajo, como usted, con lo mejor de mi, con profesionalismo, pero es eso, solo trabajo – para entonces todos la observaban, cada vez con mas admiración- y el quedo escuchando sus palabras como en éxtasis y despertando de pronto-
¿ve? esas respuestas son invaluables
–lo observó- ¿sabe lo que es invaluable? Gente como ustedes capaz de valorar y admirar, hacen de un humilde trabajo, una gran obra, yo siempre creí que el aplauso debe ser para aquel que es capaz de admirar
-el con ternura dijo- ¡además de todo, es humilde!
–y ella- ojala posea yo ese don, pues creo que un gran artista sin humildad, es como un saco roto, lo que recibe por un lado se le escapa por el otro
y así avanzo la noche rápidamente, entre músicas y buena charla, café, dulces y licor, junto al fuego de una gran chimenea, todo un cuadro para el mejor pintor, toda una escena para el mejor escritor, amistad, romance, admiración, confort, belleza y todas las maravillas del paraíso se encontraron allí, en esa posada, un terrible día de tormenta