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Había una vez un cuervo viejo muy vago que no quería volar. Pero como todos los animales tenía que comer, así que buscaría otra forma de conseguir la comida sin moverse.
Al pasar un día cerca de un nido de cuervos tuvo una idea, pensó que podía arrancarse las plumas y echarse con esos pollos para que los padres le trajeran la comida. Y así lo hizo, estuvo en el nido hasta que se puso muy gordo.
Al cabo del tiempo el padre le dijo que no había nada en el campo, que la comida estaba muy lejos y que sus hermanos ya estaban por ahí volando buscándose solos la vida y el le contestó:
- Mira padre, date una vuelta por la zona de Almoharín, que allí hay muchas higueras y deben de quedar todavía algunos higos pasos, tráeme algunos.
Y el padre le dijo mientras lo echaba a patadas del nido:
- ¡Ay granuja! Que tú ya has estado allí, ya se me hacía a mí que eras pájaro viejo.
Y ahora me pregunto yo: ¿no sería aquel cuervo familia de nuestro buitre que tampoco quería salirse del nido?
"No más partidos, no más autoridad, libertad absoluta del hombre y del ciudadano: esta es mi profesión de fe social y política". Pierre Joseph Proudhon |