barruntador
Este artículo también lo voy a colgar como tema independiente para que sea objeto de debate, como se merece.
Ahí va:
Como ya indique anteriormente, esto que ahora escribiré para muchos no será plato de gusto por reflejar una realidad que a muchos afectó, a unos de manera positiva y a otros negativamente.
Los hechos ocurrieron en la posguerra de la contienda civil, se hallaba de cura en nuestro pueblo D. Manuel Valencia Valencia, del cual se dice en el libro " Campillo de Llerena. Raíces e historia ", lo que sigue " D. Manuel se distinguió por su gran espíritu caritativo. Con frecuencia he escuchado de mis mayores como en muchas ocasiones dejó la comida que tenía preparada sobre la mesa para paliar el hambre de los pobres que acudían a su casa…".
Este párrafo de más arriba, es la demostración de que la historia la cuentan los vencedores y de que una mentira repetida mil veces se convierte en verdad; más adelante comentaré en que me baso para expresar tales manifestaciones pecaminosas.
Continúa el párrafo así " También gozaba de una gran simpatía de la población….. que todo el pueblo intentase impedir su traslado a Hornachos..". Esta parte mentada por el autor es totalmente verídica al hacer constar hechos ciertos; ¿cuantos campillejos no se arrepentirían de tal acto, al descubrir con estupor la trama orquestada por este ser?.
Y ahora comienza lo que mis mayores me contaron, parafraseando lo dicho por el autor; porqué siempre hay dos o más versiones de la misma historia; acerca de este cura y de cómo privó a Campillo de un bien común que por legítimo derecho le pertenecía.
Me refiero señores míos, a los baldíos que eran de disfrute popular, cedidos por el rey de turno para su aprovechamiento por parte del Concejo. Estos baldíos repartidos por diferentes lugares de la geografía campillleja, eran cultivados por el pueblo de Campillo; hasta que este cura con la vulgar excusa de acabar con el hambre en Campillo, los escrituró a nombre de sus acólitos más fieles; creo que la hazaña la camufló como compra-venta, para que no tuviera arreglo. De la pecunia de esta supuesta venta nunca más se supo; más bien fue, una adjudicación de tierras a dedo; y los estómagos de la prole continuaron tan vacíos como siempre.
Todo esto se ha de entender en el contesto en el que se produjo, posguerra española y la iglesia apoyada en un fuerte cimiento, llamado Nacional Catolicismo. Si no como comprender que este ser escamoteara las tierras al pueblo, con el falaz argumento de ayudar a los pobres y éstas terminaran en manos amigas.
Entenderán ahora mis duras palabras del segundo párrafo, llenas de incredulidad al leer lo que decía el autor. Más si cabe cuando conozco de buena tinta una parábola que solía utilizar en sus homilías; esta se refería a la sociedad o al pueblo como a un corral de gallinas, y añadía que en dicho corral siempre hubo pollos y gallinas, refiriéndose a las clases existentes. Como si aquella injusticia social fuera una bendición divina o orden divino que habría de regir nuestros destinos por los siglos de los siglos, amén; ¿ustedes creen que con semejante discurso esta alma de cántaro pudo pasar hambre por el prójimo?, permítanme que yo al menos lo dude, a la vez que rió burlonamente.
Más tarde llegó al pueblo otro cura que intentó arreglar el desaguisado organizado por el anterior, su nombre fue D. José Dolores Fernández Álvarez. Y sobre éste, y el asunto que nos lleva a cabo se dice en el libro lo que sigue "…También mantuvo una lucha que no llegó a ver sus frutos, el tema de los baldíos………. y por ello se le apodó el cura raro".
Toda la trama financiera antes comentada por mí, lo zanja el autor con "el tema de los baldíos", bonito eufemismo para pasar de puntillas por tan escabroso asunto. También comenta que a este cura se le apodó el raro. Me consta que también fue tildado de comunista y otra serie de adjetivos calificativos que prefiero no reproducir, cuando intento revertir la situación; claro está, este hecho fue protagonizado por algunos de los beneficiarios de aquella indulgente dádiva de la iglesia en forma de tierra, caídas del cielo como si fuera el mismo maná.
En otros pueblos los baldíos comunales han llegado hasta nuestros días, véase el ejemplo de Oliva de Frontera; pero allí tuvieron la suerte de no tener un cura Valencia.
Este relato se lo dedico a la gente de mi tierra, por aguantar años de escarnios de este tipo. Se lo dedico a aquellos jornaleross que de sol a sol se partían el lomo para llevar a casa un salario que ni por asomo cubriría las necesidades de sus familias; esos que por desgracia nunca contaron la historia pero los cuales nos proporcionaron la oportunidad de contarla a nosotros.
"Que dios me libre de personas buenas y piadosas como este tipo".