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Zona prohibida | Aioria/Milo/Camus | 4/4 COMPLETO Zona prohibida | Aioria/Milo/Camus | 4/4 COMPLETO (0.426 s)

Zona prohibida | Aioria/Milo/Camus | 4/4 COMPLETO

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Zona prohibida | Aioria/Milo/Camus | 4/4 COMPLETO Zona prohibida | Aioria/Milo/Camus | 4/4 COMPLETO

 

Resumen: Aiolia y Milo son enviados en una misión a investigar un sex shop encantado xD

Pareja principal: Aiolia & Milo, Camus & Milo

Parejas secundarias:

Tipo: Romance, humor, misterio, acción, aventura (?)

Clasificación:

Advertencias: Habrá un poco de lime y sadomasoquismo xD

Estado: Completo

Última actualización: 09/09/2011

Autor: starsdust

Traductor:

Beta:

Razón: neomina me habló de que alguien quería un fic relacionado con un sex shop...

Dedicatoria: A neomina y a la persona de la que surgió la idea xD

Personajes.

Principales: Milo, Aiolia

Secundarios: Camus

Incidentales: Saga

Originales:

Comentarios Adicionales: Tenía dudas sobre dónde poner este fic, en qué subforo... Pensé en ponerlo en el subforo de Camus x Milo, pero decidí ponerlo aquí porque Aiolia tiene un peso demasiado importante en la historia. Ya entenderán XD

Se desarrolla unos años antes de la serie clásica. Los protagonistas tienen entre 16 y 18 años.

 



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El 04/02/09 a las 04:02:32

Zona prohibida: PARTE 1

 


―¡Me rehúso! ―vociferó Milo―. ¡De ninguna manera!

Estaba haciendo un gran esfuerzo por mantener la calma frente al patriarca, pero lo que acababa de escuchar era la gota que colmaba el vaso. Había sido convocado para recibir instrucciones acerca de una misión a la que sería enviado, lo que hubiera estado bien, de no ser porque las condiciones bajo las que tenía que cumplirla eran absurdas.

―Creo que no me entiendes, Milo ―respondió el patriarca―. No es opcional. Estoy dándote una orden.

A Milo no le interesaba que fuera una orden del patriarca. Si creía que se trataba de un error, no se dejaría pasar por encima. Así que continuó con sus protestas, aunque intentando controlar mejor su ira, esta vez.

―Pero, ¿por qué? Puedo ir yo solo, en todo caso. No necesito a nadie más, y mucho menos a él ―dijo, señalando a Aiolia de Leo, que estaba parado a su lado.

El león y el escorpión intercambiaron una mirada fulminante. No podía haber una combinación más problemática entre todos los dorados, pero por alguna razón, el patriarca había decidido hacerlos trabajar juntos.

―Si no obedeces, tendré que castigarte por desacato ―declaró el patriarca con firmeza.

Milo apretó los puños y respiró hondo. No se trataba de que no quisiera aceptar la misión, sino de que no entendía por qué dos dorados tenían que hacerse cargo de ella, y tampoco por qué su compañero tenía que ser justamente Aiolia. Estaba a punto de volver a hablar para explicar mejor su punto de vista, cuando Aiolia intervino pidiendo la palabra.

―Si me permite una pregunta...

―Adelante.

―Me interesa saber por qué es necesario enviar a dos dorados... Parecería excesivo...

Aunque Aiolia estaba casi tan molesto como Milo, de momento estaba haciendo un mejor trabajo a la hora de ocultarlo.

―¿Tú también vas a cuestionar mis decisiones?

Hubo un momento de tenso silencio. El patriarca comenzaba a preguntarse si acaso estos dos muchachos necesitarían un recordatorio de quién estaba al mando.

―No es eso, pero...

―Un caballero de bronce y uno de plata terminaron siendo severamente afectados por la entidad a la que deberán enfrentar en esta misión.

Intrigado, Aiolia frunció el ceño. La preocupación del patriarca comenzaba a cobrar sentido. Milo, sin embargo, mantuvo su postura de disconformidad. Se cruzó de brazos y resopló con pesadez. La justificación no le parecía suficiente.

―¿Y ahora nosotros tenemos que pagar por la incompetencia de esos caballeros...? ―preguntó entre dientes, con fastidio.

―¡Milo!

La voz del patriarca se impuso en la sala, y Milo se mordió la lengua para no decir más.

―¿Qué es lo que se sabe de esta entidad? ―se atrevió a preguntar Aiolia.

―Allí está el problema. Ninguna de las personas que la han enfrentado puede ofrecer su testimonio. Todos los testigos, incluyendo a los enviados por el santuario, han quedado sumidos en un estado vegetativo. Por lo tanto, no conocemos la naturaleza del enemigo, ni su origen, ni el alcance de su poder.

Esto último pareció hacer que Milo se interesara un poco más en el asunto, aunque seguía creyendo que la utilización de dos dorados era innecesaria. Aiolia pensaba igual, pero entendió que no les quedaba otra alternativa, y se adelantó para aceptar la encomienda por los dos.

―En ese caso ―dijo―, partiremos hacia Ámsterdam en cuanto sea posible.

oOo

El trayecto hasta Holanda no fue mucho más tranquilo. Durante el último tramo tuvieron que viajar en tren, en un compartimiento que se les hacía demasiado pequeño e incómodo. Iban vestidos de civil, pero las cajas donde guardaban las armaduras ocupaban mucho espacio.

―¡Es ridículo! ―insistía Milo, que no podía creer su mala suerte, y se descargaba dándole vigorosos mordiscones a la manzana que llevaba en la mano.

―¿Crees que a mí me gusta? ―preguntó Aiolia.

―No me hables.

―Eres tú el que no para de hablar.

―¡Y tú el que no para de contestar! ―dijo Milo, levantando la voz.

―¡Habla más bajo! ―susurró Aiolia, señalando hacia la puerta.

―¿Eh...?

El ruido había atraído a un inspector de aspecto malhumorado, que estaba parado en la parte de afuera del compartimiento, y los observaba con severidad. Aiolia aprovechó el momento de distracción para introducir lo que quedaba de la manzana en la boca entreabierta de Milo, y fue inmediatamente apartado de un empujón. Justo cuando una nueva discusión estaba por estallar, notaron que el tren se estaba deteniendo. Habían llegado a destino.

oOo

Ámsterdam estaba llena de las bicicletas. El suelo era llano, y la ciudad estaba adaptada para ellas. Pronto, Aiolia y Milo descubrieron que les convenía utilizarlas, así que consiguieron una para cada uno. Era la manera más fácil de desplazarse de un lugar a otro, y también de pasar más o menos desapercibidos... Aunque eso hubiera sido más cierto de no ser porque tarde o temprano terminaban desafiándose el uno al otro a jugar carreras, lo que los hacía acreedores a miradas de reproche y bocinazos de parte de los usualmente despreocupados holandeses.

Fue en ellas que atravesaron la ciudad, en busca del lugar donde estaba la amenaza. Por lo que tenían entendido, se trataba de un negocio. Después de atravesar varios canales y pintorescas plazas, finalmente llegaron a una pequeña calle, donde Aiolia frenó repentinamente. Milo, que venía detrás, terminó chocando con él, pero se las arregló para no caer de la bicicleta.

―¡Oye! ―protestó Milo―. ¡Cuidado!

Aiolia no pareció inmutarse. Estaba muy ocupado consultando el papel donde estaban las indicaciones para la misión. Estuvo un buen rato asegurándose de no estar confundiendo los números o el nombre de la calle. El local correspondiente a la dirección anotada era nada más ni nada menos que un sex shop, uno de los tantos de la ciudad.

―Supuestamente es aquí... ―dijo Aiolia, una vez convencido. Milo siguió la mirada de Aiolia hasta encontrarse con la fachada de la tienda, y arqueó una ceja con desconfianza.

―¿En serio...?

―Es el único lugar posible.

Milo estiró el brazo para quitarle a Aiolia el papel que tenía en las manos, y comprobar que el otro no estaba mintiéndole. Comparó lo que estaba escrito allí con la dirección de la tienda, una y otra vez, sin poder creerlo.

―¿No será que nos gastaron una broma? ―preguntó, apoyando los codos en el manillar de la bicicleta.

―¿El patriarca, una broma? No crees eso de verdad, ¿o sí?

El tono irónico utilizado por Aiolia irritó a Milo. Una de las cosas que más detestaba del gato era cuando este adoptaba una actitud pedante, a pesar de que él mismo tenía esa mala costumbre a veces.

―¡Es que me parece demasiado raro!

―Pues raro o no, tenemos que entrar.

Y desgraciadamente, Aiolia tenía razón. No tenía sentido protestar.

―¡No quiero que me vean entrar ahí contigo! ―gruñó Milo, volteando la cabeza.

―¿O sea que con otra persona no te molestaría? Déjame adivinar con quién...

A Aiolia le resultó divertida la manera en que Milo se ruborizó ante el comentario, y también sus inútiles esfuerzos por disimularlo.

―¡Cállate!

El león dorado contuvo la risa, pero no dijo más. Por esta vez, decidió que había sido suficiente. Milo había comenzado a juguetear con la cremallera de la sudadera que llevaba puesta, abriéndola y cerrándola nerviosamente, y Aiolia se encontró siguiendo el movimiento con sus ojos, extrañamente fascinado por él.

―De todas maneras ―comentó―, aquí nadie parece estar fijándose en lo que hacen los otros...

Dubitativo, Milo miró a su alrededor. Era cierto. A pesar de lo acaloradas que podían llegar a ser sus discusiones, nadie parecía reparar en ellos. En esa ciudad, la gente seguía su camino sin estar inmiscuyéndose en los asuntos de otros.

―En fin... una misión es una misión...

Dejaron las bicicletas a un lado y se acercaron a la tienda, que había sido clausurada después de los incidentes. La puerta estaba cerrada con llave, pero Milo consiguió destrabarla con facilidad, utilizando su Aguja Escarlata. A continuación entró, no sin antes dirigirle una mirada de triunfo a Aiolia, que meneó la cabeza.

Prendieron las luces, y ante ellos apareció un mundo de alegres colores que a primera vista recordaba a una juguetería, pero no hacía falta prestar demasiada atención para ver que aquello no era un lugar para niños.

El espacio era bastante amplio. En las góndolas podían encontrarse desde películas pornográficas hasta lencería, pasando por distintos artículos eróticos, algunos de los cuales eran verdaderamente desconcertantes.

Los dos adolescentes se separaron para explorar el local en busca de algo fuera de lo común, pero todo parecía estar en calma. Aiolia se entretuvo intentando adivinar cuál podía ser la función de un pequeño tipo de arnés con argollas interconectadas, mientras miraba de reojo a los alrededores, atento a cualquier cambio que pudiera presentarse.

No muy lejos, Milo también recorría los pasillos con mirada vigilante, aunque cada tanto sus ojos se escapaban inevitablemente hacia los productos de las góndolas. Se acercó a una de ellas lentamente, y estiró la mano para tomar con disimulo unas esposas que por alguna razón habían capturado su atención.

―¿Qué miras? ―preguntó Aiolia, apareciendo repentinamente por atrás. Se acercó hasta estar a punto de apoyar el mentón sobre el hombro de Milo, así que el escorpión lo escuchó hablar casi contra su oreja―. Ah, siempre supuse que te atraían ese tipo de cosas.

―¡Idiota! ―exclamó Milo, rechazando a Aiolia de un codazo que lo hizo retroceder adolorido. Dejó las esposas en su lugar y se alejó sin disculparse. Poco después, Aiolia estaba nuevamente pisándole los talones―. No me sigas.

―No estoy siguiéndote. ¿Por qué crees que todo tiene que ver contigo?

―¿Yo? ¡No jodas! ¡Eso se aplica más a ti! ¡Tú eres el que siempre quiere ser el centro de todo! ―replicó Milo, apuntando con el dedo índice. Aiolia respondió tomando algo de los estantes y arrojándolo en su dirección. Milo lo atrapó por reflejo, y por unos momentos se quedó mirándolo sin entender de qué se trataba. Parecía ser una especie de bozal, pero Milo no tardó en comprender que no estaba destinado para ser usado en animales, sino en personas.

―Quizás deberíamos llevar uno de esos. Para que te calles un poco.

Aiolia tuvo que agacharse para esquivar el artículo, que voló por los aires cuando fue devuelto por Milo con violencia.

―¡Ja! ¡Mira quién habla! ―gritó Milo, furioso. Pero en lugar continuar con la discusión, en esta ocasión Aiolia se quedó inmóvil, callado, adoptando de pronto la actitud de un felino al acecho. Milo prestó atención también, y creyó percibir el rastro de una energía inusual en el ambiente.

―¿Sentiste eso? ―preguntó Aiolia en voz baja.

―Sí, pero fue solamente un segundo...

Ese segundo había bastado para hacerles saber que se encontraban ante un enemigo poderoso. Aiolia y Milo acordaron silenciosamente seguir caminos opuestos, en busca del intruso.

―No deberíamos bajar la guardia ―advirtió Aiolia.

―Yo jamás bajo la guardia ―respondió Milo, preparando su Aguja Escarlata.

Aiolia, por su parte, creyó que era el momento de llamar a su armadura, que descansaba cerca de la puerta. Lo extraño fue que cuando intentó invocarla como normalmente hacía, esta no acudió a él. Se preguntó si Milo tendría el mismo problema, y de repente sintió la urgencia de ir por él.

Lo encontró apoyado contra la pared. Por lo visto, tampoco había podido convocar a su armadura, y aún más, se veía terriblemente agotado.

―¿Milo? ―dijo Aiolia, alarmado. Milo levantó la cabeza e intentó avanzar hacia él, arrastrando pesadamente los pies.

―Algo...

Aiolia tuvo que apresurarse para llegar a tiempo de evitar que Milo se diera de lleno contra el suelo. Una vez que lo tuvo en brazos lo examinó rápidamente, sin poder dar crédito lo que había ocurrido. Milo no era alguien débil, era uno de los doce caballeros más poderosos. Aunque no hubiera ninguna señal de daño visible en él, había perdido por completo el conocimiento. Aiolia buscó su pulso y lo halló, pero eso no ayudó a eliminar su sensación de total incredulidad.

Pensó en dejar a Milo en el piso para tener más libertad de movimientos, pero cuando fue a hacerlo, no pudo. Luego de ordenar un poco la melena de Milo, que había quedado enredada entre sus dedos al atraparlo, apartó con cuidado un mechón que le caía sobre el rostro, y de pronto se encontró perdido en una especie de singular contemplación. Quizás sería mejor mantener a Milo cerca por precaución, se dijo a sí mismo, aunque una parte de sí sabía que ese razonamiento era apenas una excusa. Acarició la mejilla de Milo, prometiendo que sería el único capricho que se permitiría, y miró a su alrededor, permaneciendo alerta para descubrir lo que fuera que había provocado aquello. Todo estaba en calma.

―Milo...


Continúa xD



En realidad sé que el foro no está muy activo, pero bueno xD Aquí lo dejo igual. Le iré agregando capítulos de todas maneras.

Aunque parezca confuso este principio, todo tiene una razón de ser. BTW, le digo Aiolia con L porque me acostumbré a llamarlo así, por culpa de la edición argentina de Episodio G. La dinámica de Aiolia y Milo en ese manga es lo que inspira la manera de comportarse de ellos en esta historia xD



FECHA El 22/08/11 a las 05:08:14 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
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El 30/12/09 a las 06:12:24

Tendré que plantearte más ideas descabelladas... Al final has conseguido que hasta tenga sentido XDD.

En cuanto pille por banda a la de la ocurrencia te la mando para acá... ¡Qué se haga responsable de la parte que le toca! XP.

Los escaparates de los sex shops del Barrio Rojo son realmente llamativos y ... Hasta intimidantes, diría yo XP. Supongo que todos los "aparellos" que haya en el interior de la tienda darán mucho que pensar a unas mentes adolescentes XDD.

¿Qué va a pasar ahí dentro?

Te confesaré que has despertado mi interés en el Episodio G... Tendré que ponerme con él... Me tira mucho la idea de poder ver el lado más "normal" de los dorados; como que así pueden sentirse más cercanos y, además, ofrece muchas pistas acerca de su realidad. Siempre me ha dado mucha lástima no saber más sobre ellos. Me gusta la idea de poder inventar historias, pero no me gusta perder la esencia de la original. Cuantos más datos menos peligro de desbarrar...

Siempre es divertido ver a Milo y Aioria "tan bien llevados", pero no seré feliz  hasta ver aparecer a Camus XP...

Aquí lo espero...

¡Chau, chau!



         

FECHA El 25/08/11 a las 10:08:22 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
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El 04/02/09 a las 04:02:32

Zona prohibida: PARTE 2

 


A pesar de sus esfuerzos, Aiolia no pudo encontrar nada fuera de lo común en la tienda. Recordando lo que había dicho el patriarca acerca de las víctimas anteriores, le preocupaba el estado de Milo. Después de un debate interno acerca de si permanecer más tiempo o no, decidió salir del lugar. Quizás fuera necesaria una investigación previa más completa, y además tenía la impresión de que sería mejor alejar a Milo de allí lo más pronto posible.

Lo llevó de vuelta a la habitación del hotel donde se hospedaban, y lo colocó con cuidado sobre la cama. Masajeó sus propios hombros, para aflojar la tensión acumulada en los músculos. Le había resultado bastante incómodo cargar con Milo y con las dos cajas de las armaduras al mismo tiempo.

Se sentó sobre el borde de la cama y observó a Milo, que permanecía inerte. Aún no podía creerlo. Tuvo el impulso de querer sacudirlo hasta hacerlo despertar, pero se contuvo. En realidad, no estaba seguro de lo que sentía. Era una mezcla de enojo y culpabilidad. Le enfurecía no poder hacer nada.

Irritado, se levantó de la cama y descargó su ira dándole un golpe a la pared, que se agrietó. Empezó a caminar de un lado a otro dentro de la habitación, como un león enjaulado, y después de un buen ir y venir volvió a la cama, donde se recostó junto a Milo, y le habló en el oído.

―Ya déjate de tonterías. Despierta, por favor... ―suplicó.

Nada cambió. Estúpidamente frustrado por la falta de reacción de Milo, Aiolia volvió a sentarse sobre la cama. Se quitó los zapatos y los arrojó contra la pared contraria con rabia. Los vio caer, impotentes y tristes, y sintió un poco de lástima por ellos.

Se dio cuenta entonces de que no le había quitado los zapatos a Milo, y se preguntó si le correspondía o no hacerlo. Se sentía un delincuente cada vez que tocaba a Milo, aunque fuera por una buena razón. Tenía la impresión de estar traspasando propiedad privada, y el cálido cosquilleo que le generaba en su interior la idea de entrar en contacto con él tampoco lo ayudaba.

Al final, fue de todas maneras hasta los pies de Milo y procedió a quitarle los zapatos. Dejó el primero junto a la cama, y estaba desatando el cordón del segundo cuando escuchó a Milo hablar con una voz tan cansada que parecía llegar de ultratumba.

―¿Qué haces...? ―preguntó.

Aiolia levantó la cabeza de inmediato. Milo lo miraba con perplejidad; apartó sus pies de las manos de Aiolia y se refregó los ojos con adormilada torpeza.

―¡Milo! ―exclamó Aiolia, acercándose a la cabecera de la cama―. ¿Estás bien?

―¿Qué... lugar es este? ―balbuceó Milo. Lucía perdido. Se apoyó en los codos para incorporarse un poco y parpadeó varias veces, buscando despejarse.

―El hotel ―explicó Aiolia con paciencia―. Te traje de vuelta...

―¡¿Eh?!

―¿Recuerdas lo que pasó?

―No... ―admitió Milo, bajando la vista.

―¿Qué es lo último que recuerdas?

Milo se sentó sobre la cama y frunció el entrecejo. Mientras se tomaba un tiempo para pensar, aprovechó para quitarse el zapato que aún tenía puesto, y una vez descalzo, se cruzó de piernas.

―Hmmm... Estábamos en esa tienda, y sentimos un chispazo de energía extraña. Nos separamos un momento... Y luego, no sé...

―Algo te atacó ―relató Aiolia―. No sé qué fue, pero perdiste el conocimiento. Intenté encontrar la fuente del problema. No hubo caso. No volví a sentir nada. Las armaduras no respondían, y tú tampoco... así que decidí traerte de vuelta.

―¡Pero la misión...! ―exclamó Milo.

―Tenemos que investigar mejor antes de volver. ¿Recuerdas lo que dijo el patriarca? Todas las personas que estuvieron en contacto con esta entidad quedaron en estado vegetal, es por eso que no sabemos a qué nos enfrentamos.

―Bueno, obviamente yo no soy igual al resto de las personas ―se jactó Milo, llevándose una mano al pecho.

―¡Pero me asustaste! ―bufó Aiolia―. Temí que no despertaras tampoco...

―¿Ehhh, cómo es eso? ―rió Milo. Cambió de posición para sentarse sobre sus talones, lo que lo hizo quedar un poco por encima de la altura de Aiolia―. ¿Temiste por mí, tú?

La risa de Milo continuó aumentando de volumen. Aiolia empezaba a sentir el impulso de callarlo de un puñetazo.

―¡Porque nos hubieras dejado muy mal ante el patriarca, sabes!

―Bah, no deberías haberte preocupado, idiota ―dijo Milo, cruzándose de brazos―. No iba a ser vencido tan fácilmente.

Enfadado por la despreocupación que mostraba Milo, Aiolia meneó la cabeza. Le molestaba que no pareciera entender la seriedad del asunto.

―Milo, basta. Estamos enfrentando a algo que fue capaz de dejar fuera de juego a un caballero dorado en un instante...

Todo quedó en silencio. Milo se veía pensativo. Aiolia se dio cuenta de que en realidad, él tenía bien claro que se trataba de un tema grave, y que si le había quitado importancia no era porque de verdad creyera que no la tenía.

―Aiolia... ―comenzó a decir Milo, titubeante―. Cuando resolvamos este asunto... ¿podríamos no mencionar esta parte de los hechos?

La pregunta había sido formulada con un inusual matiz de timidez. Aiolia lo miró con sorpresa, y Milo evitó su mirada.

―Ah, entiendo... ―dijo Aiolia―. ¡Te avergüenza!

―¡Cierra la boca!

―¿Y qué obtengo yo a cambio de mi silencio? ―preguntó Aiolia, divertido.

Reflexionando sobre la manera menos humillante de suplicar, Milo luchaba consigo mismo. Se cubrió la cabeza con la capucha de su campera y habló en un susurro.

―Por favor...

Esta vez fue Aiolia quien rió, para indignación de Milo. Como su honor dependía de la decisión del otro, tuvo que aguantarse las carcajadas sin decir nada.

―Ya que me lo pides por favor... ―dijo Aiolia, quitándole la capucha de la cabeza a Milo, de un manotazo―. A propósito, ¿te sientes bien? ―agregó.

―¡Sí! ―aseguró Milo, molesto―. Aunque no puedo entender lo que pasó. ¿Y tú? ¿Estás bien?

―¿Yo...? Sí... yo no fui atacado por nada ―señaló Aiolia con un cierto tonillo de arrogancia, al tiempo que se ponía de pie― Pero tú... quizás deberías descansar.

―Estoy bien, ahora... ―refunfuñó Milo―. Tenemos que volver a la tienda...

―No estás bien, y no vamos a volver tan rápido.

―Deja de actuar como si pudieras darme órdenes, estúpido ―dijo Milo, haciendo gala de su cortesía.

Sin hacer caso a la provocación, Aiolia fue hasta la mesada de la pequeña cocina que estaba integrada a la habitación y habló desde allí con solemnidad.

―Milo, tendríamos que poner en mejor orden las pistas con las que contamos, antes de volver. Ciertamente, no se trata de un enemigo común. Quizás haya algo en las notas que nos dieron que pueda ayudarnos... pero sería precipitado regresar ahora.

―¿Desde cuándo eres tan prudente? ―masculló Milo.

Aiolia no lo escuchó con claridad; estaba ocupado buscando algo. Regresó trayendo una carpeta con información del santuario. Se acomodó en el colchón, puso los papeles a su lado, y sacó de entre su ropa una manzana que colocó frente a Milo.

―Toma, come algo.

Después de vacilar un poco, Milo tomó la fruta, aunque la expresión de su rostro no fue muy amigable.

―¡No me trates como si estuviera enfermo! ―protestó. Aiolia sonrió, al ver que de todas formas, Milo le daba un mordiscón a la manzana. Era evidente que agradecía la atención, aunque fuera demasiado orgulloso como para admitirlo.

Mientras Milo comía, Aiolia intentó poner en orden los documentos relacionados con la misión. El santuario les había entregado todos los datos relevantes disponibles, desde la historia del edificio a la de la vida de cada una de las víctimas. Allí no había nada que llamara la atención, sin embargo.

―Quizás tendríamos que investigar por nuestra cuenta ―dijo Aiolia, desanimado. Milo asintió distraídamente, y Aiolia apartó los papeles a un lado, con expresión meditabunda.

―¿Quieres? ―preguntó Milo de repente. Aiolia levantó la vista y vio que Milo le estaba ofreciendo su manzana.

El león se quedó mirándola atontado, sin saber qué contestar. El olor lo tentaba demasiado, así que probó un bocado, que se deshizo en su boca provocándole una inesperada alegría. Tenía más hambre de la que creía.

―Es dulce... ―comentó Aiolia. Milo parecía entretenido con la situación, pero la sonrisa de su rostro se congeló cuando Aiolia se acercó de improviso a él y apoyó el pulgar sobre la comisura de sus labios.

―¿Qué haces?

―Tienes algo... ―murmuró Aiolia, apartando con el dedo un diminuto trozo de fruta.

El problema fue que una vez que tocó la piel de Milo, Aiolia no pudo apartar la mano. Sentía su corazón latiendo a toda velocidad. Su cuerpo no respondía a las órdenes de su cerebro, sino que el muy egoísta estaba tomando su propio camino. Sintió pánico. Estaba quedando al descubierto. Milo notó el nerviosismo de Aiolia, y sonrió nuevamente. Abrió ligeramente la boca y tomó el pedacito de manzana con su lengua, directamente desde el dedo de Aiolia.

―Ya está ―dijo.

Esa fue la gota que colmó el vaso. Aiolia no pudo seguirlo resistiendo. Atrajo a Milo contra sí con ansiedad, y besó su boca con voracidad. Se internó en ella y notó que esta tenía el mismo tipo de gusto delicioso que la manzana. Milo tenía la costumbre de tener siempre alguna a la mano. Eso explicaba por qué su aliento era tan agradable.

Tumbó a Milo sobre la cama y continuó devorándolo con avidez, hasta que se apartó un poco para recobrar el aliento. Con la espalda apoyada contra el colchón, Milo jadeaba entre un mar de cabellos enmarañados, y lo observaba con una expresión que Aiolia no sabía decodificar. ¿Sorpresa? ¿Interés?

―No me rechazaste... ―dijo Aiolia, apartando el pelo de la cara de Milo.

―¡No te confíes! ―advirtió Milo, arqueando las cejas.

―¿Qué es Camus para ti? ―preguntó Aiolia, intentando ocultar el temblor de su voz.

―¿Eh...?

Los ojos de Milo se agrandaron. El desconcierto que Aiolia vio en ellos parecía genuino, tanto que el león se sintió descolocado. Estaba convencido de que Camus y Milo eran amantes. ¿Podría ser posible que estuviera equivocado?

―Dime la verdad, Milo.

La expresión de asombro de Milo se suavizó, como si acabara de entender el porqué de la duda del otro.

―Es mi mejor amigo.

―¿Solamente eso?

―¿Por qué insistes tanto, idiota...? ¿Estás sordo? ―preguntó Milo, tomando a Aiolia por el cuello de su camiseta y tirando de él hacia abajo hasta que sus labios volvieron a encontrarse.

Esta vez Aiolia se tomó más tiempo para disfrutar del beso. Sus manos fueron a parar a las caderas de Milo, y Aiolia lo sintió responder, moverse bajo su peso seductoramente, buscando profundizar el contacto.

―¿Por qué no me rechazas? ―preguntó Aiolia, haciendo una pausa.

Sonriendo con un toque de malicia, Milo puso sus manos sobre el pecho de Aiolia, haciéndolo retroceder un poco.

―¿Quieres que te rechace? ¿Que me resista?

Aiolia se ruborizó. Su pregunta no tenía que ver con eso, pero tenía que admitir que la idea le resultaba un poco atractiva.

―¿Hasta dónde... me dejarías ir? ―murmuró Aiolia, inseguro.

―Hasta donde yo quiera ―respondió Milo con picardía―. No te la haré fácil. Pero... no te detengas.

Lentamente, Aiolia se acercó a Milo, con la intención de probar nuevamente sus labios, pero Milo apartó la cabeza con rapidez, impidiéndole concretar el beso. Aiolia se sintió un poco contrariado, hasta que notó que Milo lo miraba por el rabillo del ojo y sonreía. El juego había comenzado. Y Aiolia era quien estaba arriba, así que tenía ventaja. O al menos eso creía.

Milo era increíblemente rápido, y amenazó con escabullírsele por completo en cuestión de segundos. Aiolia tuvo que apresurarse para atraparlo. Después de una breve lucha, terminaron ambos de rodillas sobre la cama. Uno de los brazos de Aiolia rodeaba el cuello de Milo, mientras que el otro envolvía su cintura. Aiolia sintió el trasero de Milo apoyado contra su pelvis, y movió una de sus manos hacia allí, para palparlo. Milo lo dejó salirse con la suya durante el tiempo suficiente como para permitir que se encendiera la llama de su excitación, y luego escapó del abrazo con agilidad.

El león tuvo que perseguir al escorpión hasta más allá de los límites de la cama, y solamente después de grandes problemas consiguió acorralarlo contra una de las esquinas de la habitación. Habían dejado un reguero de objetos tirados por el camino. Aiolia bajó la cremallera de la campera deportiva que llevaba puesta Milo y se la quitó, dejándola caer sobre el piso. Milo se mostró colaborador hasta que Aiolia se acercó peligrosamente a su boca.

Terminaron dándose el uno al otro contra las paredes y contra el suelo más de una vez, y a pesar de que hubo varios momentos en que Aiolia pareció dominar, el beso seguía escapándosele. Finalmente se las arregló para arrastrar a Milo a la cama y colocarlo boca abajo, debajo de su cuerpo. Milo se retorció, revolviéndose entre sus brazos hasta que Aiolia consiguió restringir un poco sus movimientos. En realidad, era innegable que Milo no estaba resistiéndose con todas sus fuerzas, pero la farsa funcionaba bastante bien.

Quiso reclamar su beso, pero Milo siguió negándoselo. Para evitar que dejara de sacudir la cabeza, Aiolia apretó su mano contra la boca de Milo. Le resultó difícil mantenerla en el lugar, por causa de lo sudorosa que estaba la piel de ambos. Cuando lo consiguió, la intensidad de los forcejeos de Milo disminuyó un poco. Aiolia podía sentir los labios húmedos de Milo contra sus dedos. Estaba más cerca de conseguir lo que quería. Pero se sentía agotado. Se tomó una pausa para recuperar el aliento. Milo se percató de ello y empezó a quejarse; no paró hasta que Aiolia apartó un poco la mano para permitirle respirar mejor también.

―¿A esto te referías...? ¿Está bien como lo estoy haciendo? ―preguntó Aiolia, volviendo a cerrar la mano sobre la boca de Milo, que asintió con la cabeza. La tregua había durado poco, pero Milo parecía conforme con eso.

Siempre les había gustado jugar rudo. Esto no era muy diferente de las peleas cuerpo a cuerpo que habían librado desde niños en los campos de entrenamiento del santuario, solo que en aquellos casos no había deseos sexuales de por medio. Al menos, no hasta que Milo comenzó a crecer, y pasó de ser un niño a un adolescente. En ese momento, aquellas batallas a pequeña escala empezaron a sentirse diferentes para Aiolia, que terminaba invariablemente ardiendo de excitación, y luego sintiéndose culpable por eso. No era algo que pudiera comentar con nadie. Milo no era consciente del nivel de atracción que podía llegar a generar en otros.

Con cuidado pero con seguridad, Aiolia movió la cabeza de Milo hacia un costado, para poder verlo más directamente a los ojos. Después de un sugerente intercambio de miradas, Aiolia retiró la mano de la boca de Milo, que sonrió, relamiéndose los labios. Dejó que Aiolia lo besara por tanto tiempo como quisiera, y respondió con entusiasmo.

Ahora que tenía una mano libre, Aiolia se introdujo en el pantalón de Milo para explorar el terreno. Sintió el calor agolpándose en los muslos, y a Milo endurecerse con su intervención. Aiolia no podía seguir aguantándolo. Tenía que entrar en él.

Lo hizo con firmeza, empujando a Milo contra el colchón, que se hundió un poco por la violencia inicial del movimiento. Desde arriba vio a Milo aferrarse a las sábanas revueltas de la cama deshecha, y respirar agitadamente mientras su cuerpo recibía al de Aiolia. El sudor empapaba su frente, donde se le habían pegoteado algunos mechones de pelo.

Al acabar, Aiolia se apartó de Milo con gentileza, extenuado por el esfuerzo. Se acostó a su lado y estiró la mano para acariciarle el rostro. Milo se veía también agotado. Aiolia cerró los ojos para descansar un momento, pero volvió a abrirlos al escuchar la voz de Milo que lo llamaba.

―Oye, Aiolia...

―¿Qué pasa? ―Aiolia se volvió hacia Milo, y pasó una mano por sus labios. Milo la tomó, sonriendo con un dejo de compasión.

―¿En serio crees que esto que acabas de vivir es real?

La pregunta le cayó como un balde de agua fría.

―¿A qué te refieres...?

Milo respondió en voz baja, como compartiendo un secreto que debía ser protegido de oídos ajenos.

―Tienes que recordar la misión. Esto es una ilusión, ¿no te das cuenta? Yo no estoy aquí. Nada de esto ocurrió. Nada de esto existe.

La idea provocó un sobresalto en Aiolia. Se puso de pie a los tropiezos, miró a su alrededor, y fue capaz de reconocer la sensación de irrealidad que impregnaba el ambiente. Fue como el momento en que los soñadores se dan cuenta de que están durmiendo, y su mundo imaginario comienza a desmoronarse. Volvió la vista hacia la cama, y vio que Milo ya no estaba. Las paredes comenzaron a temblar, y una oscuridad infinita empezó a tragarse todo lo que había a su paso.

―¿Qué es esto...?

Una voz desconocida llegó desde la inmensidad del abismo que estaba cerrándose sobre él.

―Así que has despertado...

―¿Qué eres? ―atinó a preguntar Aiolia, sin terminar de entender―. ¿Dónde está Milo...?

―Qué ingenuo eres, león. Antes de preocuparte por él, deberías preguntarte dónde estás tú...

Continuará xD
 



Gracias por el comentario, neomina xD

Sobre Episodio G, yo nunca sé si recomendarlo. Los dibujos son horrorosos. La historia no me resulta muy llamativa tampoco, aunque a muchos les gusta. Pero tiene detalles simpáticos. Lo malo es que para mi gusto, son como chispazos. No hay un buen desarrollo de la mayoría de los dorados. Hay que esperar 83 capítulos para ver cómo es el tema de la relación de amistad profunda que comparten Milo y Camus. Antes, solamente se mencionaba que eran amigos pero no se veía en práctica, y Camus como que no tenía mucha personalidad. Eso sí, creo que los 83 capítulos de espera valieron la pena xD

Sobre este fic, lamento que tengas que comerte este capítulo con una pareja que sé que no te gusta, pero si te sirve de consuelo, Camus viene en el siguiente.

 



FECHA El 27/08/11 a las 12:08:44 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
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El 30/12/09 a las 06:12:24

De nada :D.

Este capítulo lo he masticado bien fuerte para digerirlo bien y que no se me indigeste XDD.

No te preocupes, ya sabía lo que tocaba… Vine a leer bien consciente de lo que me encontraría… Eso sí… Me debes un buen encuentro de Milo con Camus o te lo estaré recordando tooodos los días XDD.

Lo siento por Aioria… Bueno, no… No mucho, al menos XP. El caso es que sí creo que puedo imaginar perfectamente la sensación del gato… Todas nos hemos sentido profundamente decepcionadas alguna vez en la vida… Ya lo superará…

Sobre el Episodio G… Sí que es raro… Con el tiempo me he ido acostumbrando a los dibujos pero siguen sin gustarme demasiado. Nunca me he animado a leerlo porque todo el mundo me decía que era para el puro lucimiento de Aioria y bueno, el león no es mi santo favorito así que me daba muuuucha pereza. Quizás me vaya directamente, entonces, al capítulo 83 a ver lo que me interesa y al resto… ¡Qué le den!

Espero ver llegar a Camus prontito :D

¡Te leo!



         

FECHA El 31/08/11 a las 01:08:01 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
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El 04/02/09 a las 04:02:32

Milo aparece poco en Episodio G como principal... en general está de fondo xD Te digo los capítulos en que hace algo medianamente relevante, por si te interesa (aunque a veces aparece solamente por dos páginas):

Capítulo 3 (por primera vez, diciendo que Camus es su amigo xD)
Capítulo 5 (en una reunión de dorados donde patalea por cosas varias)
Capítulo 25-26 (peleándose con Aiolia pero protegiéndolo por orden del santuario, tiene una pelea de dos capítulos con un enemigo)
Capítulo 63 (no hace mucho... pero Camus lo salva de morir xD)
Capítulo 73 (peleando con Aiolia, que le da una piña xD)
Capítulo 75 (intentando hacer algo con su Scarlet Needle para ayudar y fallando)
Capítulo 82 (colaborando con Camus para vencer a un gigante, este es capítulo donde se ve la profundidad de sus lazos y es REEE TIERNOOOO, Camus le sonríe, le hace bromas, se dicen cosas lindas, etc). 

 Los capítulos en que es más protagonista son 25, 26 y 82. En el resto aparece poco.

PD: Me corregí, es el el 82, el de Camus y Milo. Y se puede leer aquí:  http://submanga.com/Saint_Seiya_Episode_G/82/124344 



FECHA El 03/09/11 a las 01:09:11 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
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El 01/10/09 a las 08:10:32

Hola jolie! He venido al fin a leer este fic!! Y bueno... adoro tu estilo, me impresiona como una idea de una sex shop resulta en algo lógico y coherente en tus manos... wow!! Adoro tu estilo para escribir nena! Y bueeenoo... me confiseo culpable... queria esperar hasta el capitulo 3 para leerlo, porque es donde aparecerá Kamus... pero no logre resistirme ahora que tuve un poco de tiempo para venir...

Caray, ese Aioria si que despertó feo del sueño... pobrecito! Pero admito que tampoco me duele demasiado, no veo a Milo con nadie mas que con Kamus XDD... Esperare pacientemente el encuentro de Acuario y Escorpio... Lo ansio de hecho jeje!!

Sobre el Episodio G, creo que yo también ya tengo deseos de leerlo, sobre todo ese capitulo 82 que dices!! Yo, como Neomina, temo que me saltaré todo el preámbulo para ir directo a lo que me interesa jiji!! Y es que creo que es sentimiento un tanto generalizado el deseo de conocer mas del pasado de los dorados originales... digo, en Lost Canvas haran las historias de ellos, asi que me encantaria una de nuestros clásicos... si no te molesta chère, me guardo la lista que nos hiciste favor de traer para luego irme directo a esos capitulos; aunque temo que primero debere acostumbrarme al dibujo y el estilo ultra cargado que usaron ahi... Espero no perderme, porque muero por leer esa muestra de la relación de mis adorados chicos...

Pero volviendo al fic... insisto; tus manos describen, narran, detallan hermosamente las escenas; y me fascina como sabes manejar a Milo!! Es adorable hasta cuando hace berrinche!! XD.. y Aioria, pues muy en su papel si; confieso que no es mi debilidad ni de lejos pero siendo dorado ya es de mis consentidos ^_^ estaré esperando las siguientes partes de esta interesante y novedosa historia jolie... (muero por leer a Kamus aqui!! *¬*  ) estupendo como siempre!! Que gusto que vinieras a publicar aca! Si bien el foro esta medio comatoso, habemos algunas que aun deambulamos un poco por aqui y que estamos más que encantadas de leerte... bisous!!

 



 

FECHA El 03/09/11 a las 03:09:02 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
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El 04/02/09 a las 04:02:32

Zona prohibida: PARTE 3

 

―¿Aiolia? ¿Dónde te metiste? ¡No es hora para bromas, imbécil! ―gritó Milo. Estaba furioso. Desde que se habían separado en la tienda luego de detectar una inusual variación energética, lo había perdido de vista. No podía encontrar tampoco ningún rastro de su cosmos. Empezaba a preocuparse.

Algo estaba mal. El local parecía ser más grande que antes. Al buscar la salida para ubicarse mejor, no pudo hallarla y cayó en la cuenta de que estaba estancado en un universo de interminables pasillos interconectados que no llevaban a ninguna parte. El lugar se había convertido en un enorme laberinto.

Intentó convocar a su armadura, sin éxito. Trató comunicarse telepáticamente con Aiolia y tampoco pudo conseguirlo. Quiso identificar la fuente de la energía que estaba afectando el lugar, pero no funcionó. Insistió una y otra vez, concentrándose con cuidado, hasta que de repente escuchó una voz familiar que llegaba desde un punto lejano.

―¡Milo!

Prestó más atención, y la oyó repetir su nombre. Le tomó un tiempo convencerse de que no lo estaba imaginando. No era Aiolia. Era Camus.

―¿Camus...? ―preguntó Milo, con prudencia.

―¿Me escuchas? ¿Dónde estás?

No podía ser otro. La pronunciación de cada palabra estaba matizada por el inconfundible y exótico acento francés del guardián de Acuario. No era posible imitar aquello, y mucho menos la sensación cálida que escucharlo hablar le producía en el interior.

―¿Qué está pasando...?

―Tranquilízate ―dijo el pálido eco―. Cierra los ojos y sigue mi voz.

―Camus...

Se mantenía atento. Sin embargo, decidió hacer lo que la voz le pedía. Era la única pista que tenía. Si era una trampa, sería guiado hasta el enemigo de todas maneras. Así que obedeciendo al pedido, cerró los ojos, quedando aislado del laberinto. Siguió el llamado de Camus, que susurraba su nombre, hasta escucharlo hablar frente a él.

―Dame tu mano, Milo.

Al extender la mano, Milo sintió que se la tomaban y fue inundado instantáneamente por la calidez del cosmos de Camus. Abrió los ojos y lo vio. Realmente estaba allí. Llevaba puesta su armadura dorada y se veía majestuoso.

―¿Qué haces aquí...? ―preguntó Milo. Una parte de él aún no lo creía, por más real que se viera.

―Fui enviado como refuerzo desde el santuario ―respondió Camus. Su expresión era extremadamente seria. Sus ojos verdosos vigilaban celosamente los alrededores. Milo reconocía esa actitud. La atención del acuariano estaba puesta en varios sitios a la vez. Estaba alerta, listo para atacar a cualquier enemigo que pudiera surgir.

―¿Cómo que refuerzo? Pero si acabamos de llegar...

―¿De verdad eso crees? ―preguntó el francés. Sonaba sorprendido por lo que escuchaba.

―¿Por qué lo preguntas?

La respuesta de Camus dejó a Milo boquiabierto.

―Hace días que no hay noticias de ustedes.

―¿Qué? ¿Días? ¡Imposible!

―Lo que sea que habita este lugar no es un simple demonio. Es algo mucho más poderoso. La tienda se veía vacía cuando entré. Pero de repente pude sentir tu energía, y de esa manera pude hallarte. Estabas atrapado en una especie de dimensión paralela. Probablemente, por esa razón tu percepción del tiempo fuera diferente.

Aquello tenía sentido, pensó Milo. La tienda no era un lugar corriente, y él mismo había perdido a Aiolia de vista, que se había esfumado sin dejar rastro. Quizás en ese momento el gato estuviera atrapado en su propio laberinto.

―¿Y Aiolia...?

―No he sido capaz de localizarlo ―respondió Camus―. ¿Qué fue lo que pasó aquí después de que entraran?

―No mucho... Sentimos una energía extraña. Nos separamos por un momento para buscar la fuente, pero entonces perdí contacto con él. Tampoco pude encontrar mi armadura. Y el lugar empezó a expandirse. Allí fue que escuché tu voz.

―Entiendo. ¿Así que cuando se separaron perdieron contacto?

―Sí, fue apenas un segundo...

Milo escuchó un sonido metálico y sintió un cosquilleo en la muñeca. Se miró la mano y descubrió que Camus acababa de colocarle uno de los extremos de un par de esposas similares a las que él mismo había tomado de las góndolas antes. El acuariano cerró el otro extremo sobre su propio puño, y así quedaron unidos por ellas.

―Para que no te apartes de mí. No quiero perderte de nuevo ―explicó Camus con una sonrisa. Milo bajó la cabeza y sonrió también. No era como si le molestara demasiado estar encadenado a Camus―. Vamos a salir. No podemos arriesgarnos a seguir aquí.

Sus dedos se entrelazaron, y Milo dejó que Camus sirviera de guía en el camino hacia la escurridiza puerta de salida. El escorpión notó que la calle se veía diferente a cuando él había entrado. Ya no quedaba nada del sol que brillaba el día en que había llegado a Ámsterdam con Aiolia. Estaba lloviendo torrencialmente. Miro hacia atrás y vio la tienda vacía y silenciosa.

―No entiendo cómo pudo pasar. Dos caballeros dorados...

―Milo, confía en mí. Tiene que haber una razón. Vamos a resolver esto.

Una vez afuera, Camus lo cubrió con su capa y lo arrinconó contra una pared. Bajo la tela, Milo se encontró protegido del agua en un micromundo privado donde solamente existían ellos dos. Camus destruyó sin esfuerzo las esposas y utilizó sus manos para recorrer a su compañero, como si quisiera asegurarse de que estaba entero y de que fuera realmente el mismo Milo que él conocía. Milo se entregó al examen sin quejas. El único problema era que a pesar de estar escondidos bajo la capa, estaban en plena calle. Tendría dificultades para contenerse si Camus continuaba tocándolo.

―Me alegra que hayas venido justamente tú ―susurró Milo, contra los labios de Camus.

―Llegué de Siberia poco después de que ustedes partieron. Cuando perdieron contacto con el santuario y el patriarca comenzó a temer por su seguridad, le pedí que me dejara venir. Me alivia que estés bien.

Aminorando la intensidad de sus caricias, Camus acercó a Milo contra sí. Lo hizo con ternura, hasta que sus narices se chocaron. Milo hubiera podido quedarse allí, eternamente abrazado a Camus, de no haber sido porque había otro asunto por atender.

―Hay que recuperar las armaduras y rescatar al imbécil de Aiolia.

―Escucha, Milo ―dijo Camus―. Tenemos que prepararnos mejor antes de volver a entrar. El lugar es mucho más peligroso de lo que parece. No podemos tomarlo a la ligera.

―Tienes razón...

Volvieron al hotel bajo la lluvia. Camus le ofreció su capa y Milo aceptó solamente por darle el gusto. No le hubiera importado mojarse. De no haber sido porque el tema de la misión fallida le mortificaba, habría sido un momento perfecto.

En la habitación, se cambiaron mutuamente de ropa y compartieron una toalla para secarse, entre besos y caricias. La parte de Milo que se sentía feliz era opacada por la culpa y la rabia que le producía su fracaso en la tienda. No podía disfrutar del momento. Su orgullo como caballero de Atenea estaba herido. Mascullaba maldiciones mientras utilizaba su dedo índice para dibujar el plano del interior de la tienda sobre la colcha de la cama cuando sintió que los dedos de Camus lo obligaban amigablemente a levantar la cabeza.

―Milo...

―¡Perdón...!

―Tengo algo que decirte ―anunció Camus. Lo hizo con tal ceremonia que Milo puso a un lado sus preocupaciones y contuvo la respiración, expectante―. No pensaba decírtelo ahora sino una vez que la misión terminara, pero...

―¿Qué es? ―preguntó Milo, impaciente.

―Muy pronto voy a volver definitivamente al santuario. Mi misión en Siberia ha terminado.

―¿En serio?

Al ver a Camus asentir, Milo se tiró sobre él para abrazarlo, con tanto entusiasmo que terminó derribándolo sobre el colchón. Camus le permitió expresar su alegría sin poner obstáculos. Esa era probablemente la única noticia capaz de hacerle olvidar a Milo aunque fuera por un momento el problema de la tienda. Tendría a Camus de vuelta. El tiempo que compartían en las visitas nunca eran suficiente, los días que pasaban juntos estaban siempre teñidos del sabor agridulce que producía saber que tarde o temprano llegaría la inevitable despedida.

―Sabía que te animaría saberlo ―dijo Camus con una sonrisa.

―Te he extrañado, tantas veces...

No era algo que Milo dijera seguido, porque sabía lo importante que era Siberia para Camus. Generalmente se lo guardaba para sí, para no incomodarlo. Pero ahora ya no importaba.

―Yo también, Milo ―reconoció Camus―. Y no te preocupes por Aiolia. Vamos a rescatarlo y a recuperar las armaduras.

―Es que es ridículo. No debería estar pasando ―se lamentó Milo al recordar ese tema. Molestó, realizó quince pequeños agujeros en el colchón con su Aguja Escarlata, dejando marcada sobre él la silueta de la constelación de Escorpio.

―A veces no podemos solos con algunas cosas. Entiendo que sea frustrante, pero deja de culparte...

El acuariano se incorporó e invitó a Milo a sentarse, cosa que el chico aceptó sin demasiados ánimos.

―No puede ser que haya perdido el control de una misión de esta manera...

―A veces, perder el control nos ayuda a ver las cosas desde otra perspectiva.

Milo rió. Era irónico que Camus, que siempre quería controlarlo todo, estuviera diciéndole algo así.

―Eso suena bonito, pero es más fácil en la teoría que en la práctica.

―En la práctica... ―reflexionó en voz alta Camus.

Luego de un breve silencio, se colocó detrás de Milo, apartó la melena de su camino y besó su nuca. Milo dejó escapar un suspiro, y se aflojó un poco. Su cuerpo entero se relajó y su cabeza se fue naturalmente hacia adelante, pero algo le forzó a mantenerla derecha. Camus estaba vendándole los ojos.

―¿Oh...? Hace tiempo que no jugábamos a esto...

Era uno de sus juegos favoritos. Una vez que empezaba, no había manera de saber en qué culminaría. A veces terminaba siendo llevado a un lugar completamente diferente, un sitio especial. A veces podía terminar atado a la cama, sintiendo en todo su cuerpo las caricias de Camus pero incapaz de responder a sus acciones, teniendo que resignarse a disfrutar en silencio de lo que le tocaba. A veces, simplemente hacían el amor como de costumbre, pero al no poder ver, Milo tenía la oportunidad de explorar el cuerpo de Camus de una manera distinta. Siempre descubría algo nuevo, y por lo tanto, todo se sentía diferente a lo habitual. Era inútil pretender predecir qué pasaría cada vez. Eso era lo divertido.

―Recuerda que a veces está bien perder el control. Préstale atención a lo que sientes ―dijo Camus, atrayendo a Milo hacia atrás.

Milo fue abrumado por una ola de excitación difícil de dominar. Su cuerpo estaba reaccionando al estímulo demasiado rápido. No quería apurar las cosas, pero de pronto el peso del deseo que llevaba acumulado luego de semanas sin ver a Camus comenzaba a hacerse notar. Estaba a punto de explotar.

―Camus... quería verte ―musitó Milo, agitado. Camus notó la ansiedad de Milo, y se abrió paso entre sus piernas para acariciarlo. Milo creyó que no sería capaz de resistir la provocación, pero la serena actitud de Camus, que lo sujetaba con firmeza, lo ayudó a mantener la calma.

―Tranquilo ―susurró Camus, depositando un pequeño beso en su mejilla. Milo no se conformó con esto y buscó sus labios, volviendo la cabeza hacia atrás. Camus se hizo desear. Recorrió con su mano los bordes de la boca de Milo, y finalmente deslizó sus dedos dentro de ella, acariciándola por dentro. Milo los lamió como si estuvieran untados con miel.

Por fin Camus acercó sus labios, y Milo se aferró al beso, por más que la posición le resultara incómoda, ya que estaba de espaldas a Camus. Ninguno de los dos se había quitado la ropa, pero la barrera de tela arrugada que los separaba producía una fricción interesante. A través de ella, Milo podía sentir que Camus estaba igual de excitado. Estaba preparado para unirse a él.

―Entra... ―imploró Milo. Camus apartó un poco la ropa que estaba en su camino, solamente lo suficiente como para cumplir con el pedido. Una vez que sintió a Camus adentro, Milo se movió marcando el ritmo del movimiento. Cada rincón de su cuerpo lo agradecía. Llevaba demasiado tiempo anhelando aquello.

―¿Así? ―preguntó Camus hablándole al oído mientras incrementaba la intensidad de la regularidad del vaivén y la profundidad que alcanzaba, de acuerdo a los deseos de Milo.

Asintiendo, Milo dejó escapar un gemido y arqueó la espalda hacia atrás, buscando acomodarse mejor a Camus. La venda de los ojos estaba haciéndole sentir calor, así que se la quitó y la dejó a un lado, pensando que de todas maneras podía tener otros usos más adelante. Camus pasó una de sus manos por el rostro de Milo y acarició sus párpados.

Milo entreabrió los ojos. Todo a su alrededor y en su interior se movía. Se sentía mareado, pero no era algo del todo desagradable. Estaba perdiendo la noción del tiempo y el espacio. No le dio importancia, hasta que ocurrió algo inédito. Una alarma de peligro se disparó en su cerebro. Sintió miedo.

―Espera... ―alcanzó a decir.

La palabra fue suficiente para que Camus entendiera que algo no andaba bien y se apartara respetuosamente, con delicadeza. Tuvo que sostener a Milo, que estaba bañado en sudor y temblaba, para que no se fuera de bruces.

―¿Qué pasa...?

―Hay algo raro... no sé qué es.

Por la expresión del rostro de Camus, Milo supo que lo había asustado.

―¿Qué estás sintiendo exactamente? ―preguntó Camus, consternado―. Quizás tenga que ver con la tienda... Quizás debí ser más cuidadoso... Quizás...

Milo negó con la cabeza. Intentaba identificar qué era lo que le generaba el malestar, pero no era tan simple. Sintió arcadas y se llevó una mano al cuello. Tenía la sensación de estar atragantado con algo, y tuvo la descabellada idea de que se trataba de palabras atoradas que luchaban por salir. Sentía la necesidad urgente de hacer una pregunta que no tenía sentido.

―¿Dijiste que ya no volverías a Siberia, Camus? ¿Qué pasará con los chicos?

―¿Con los chicos? ―Camus parecía encontrar extraño que Milo preguntara por ellos en ese momento, pero Milo insistió como si aquel fuera un asunto de suma relevancia.

―Isaac y Hyoga... ¿están realmente listos?

―Eso se verá ―dijo Camus, desviando la vista―. No estés pensando en esas cosas...

No conforme con la respuesta, Milo puso sus manos sobre las mejillas de Camus para poder verlo cara a cara. Se había dado cuenta de que hasta ahora, Camus había estado evitando su mirada. Cuando consiguió por fin mirarlo directamente a los ojos, entendió por qué. Había algo diferente.

―Tú no eres real, ¿verdad? ―dijo Milo, apartando sus manos.

El francés sonrió con tristeza. Milo se levantó de la cama y retrocedió hasta darse contra una de las paredes de la habitación. No se sentía amenazado, sino simplemente aturdido. Camus observó a Milo alejarse, acomodó sus ropas, se puso de pie con elegancia y fue hacia el escorpión.

―Te diste cuenta, Milo.

―¿Qué eres?

―Soy una proyección de tu propia mente. Tú mismo me creaste a partir de tus recuerdos y deseos. Estás encerrado en una ilusión que aprovecha tus fantasías y tus debilidades para atraparte ―explicó el falso Camus con paciencia, poniendo una mano sobre la cabeza de Milo―. Echas mucho de menos a Camus, ¿verdad? Pero si no sales de aquí, nunca podrás volver a encontrarte con él.

―Camus...

Si aquello era una visión, entonces Milo estaba hablando consigo mismo, por más insólito que sonara. Se sintió disminuido, impotente, agobiado. Era una sensación muy extraña, como si en el instante en que Camus le había explicado la verdad, todo él se hubiera encogido y las cosas a su alrededor se hubieran vuelto más grandes.

De pronto, se miró las manos y se dio cuenta de que no era solamente su impresión, sino que realmente era más pequeño que hacía unos momentos. Tenía la altura de un niño, el cuerpo de un niño, el rostro de un niño, y se sentía como el niño que había sido antes de conseguir la armadura de Escorpio. Un nudo de angustia se formó en su garganta. Tenía ganas de llorar. Camus, que ahora se veía alto como una torre en comparación, se arrodilló frente a él.

―No llores... ―susurró el mayor, atajando las lágrimas que se asomaban a través de los ojos del pequeño Milo―. Tienes que escapar de esta ilusión. Tienes que volver a esa tienda y enfrentar al enemigo.

―Pero... ¿cómo? ―preguntó Milo, afligido. Camus lo levantó del suelo y lo acunó en sus brazos con cariño.

―Si tú ayudaste a crear este mundo de fantasía, también tienes el poder de destruirlo.

―Estoy bien aquí, no quiero pelear más, no quiero ir, por favor... ―sollozó el pequeño Milo, aferrándose a Camus con fuerza.

―No dejes que esa cosa utilice tus miedos contra ti ―susurró Camus en su oído―. Despierta...

Milo sintió que lo dejaban de vuelta en el suelo. Abrió los ojos y estaba solo. Había recuperado su estatura normal, aunque tenía aún los ojos llorosos. Se secó las lágrimas con el antebrazo. No podía entender cómo había llegado a estar a punto de dejarse atrapar por sus propios deseos, y por inseguridades de las que ni siquiera era consciente.

El aire se veía espeso. Milo preparó su Aguja Escarlata, y siguiendo un impulso, hizo el gesto de partir en dos el espacio que se encontraba frente a él. Algo cambió. En la ruta a través de la cual se había movido su dedo podía apreciarse la huella casi invisible de un hilo de energía que era diferente al resto. Milo sintió haber encontrado la llave de salida, e hizo arder su cosmos para hacerla girar.

Scarlet Needle! ―exclamó. La técnica cortó a través del aire, y este se abrió, revelando otro lugar.

oOo

Se encontraba en el suelo cuando volvió en sí. Su cuerpo estaba entumecido. Se incorporó, miró a su alrededor y reconoció la tienda, de la que en realidad nunca había salido. A pocos metros percibió el cosmos de Aiolia, que estaba despertando al igual que él, y lucía confundido. Milo se preguntó si el león también habría sido atrapado en una ilusión, pero no había tiempo para charlas. Era hora de disponerse a pelear.

―Me impresiona que ambos hayan escapado ―dijo una voz sin dueño visible que rodeó a los dos caballeros dorados―. Pero les hubiera convenido quedarse donde estaban antes que tener que enfrentarme... 

Continúa :3



Ayame: ¡Hola! Justo apareciste un poco antes de que actualizara xD Me daba pereza actualizar aquí, pero bueno, aquí va.

Gracias por el comentario, me alegra que digas te guste mi estilo T_T (aunque aún no me has dicho nada del final de Fiebre xD). Yo también soy muy celosa del Camus x Milo, PERO siempre me gustado la idea de que Aiolia sienta un amor no correspondido por Milo xD Así es como me las ingenié para darme dos gustos en uno.

Me he dado cuenta de que el foro está comatoso y por eso pensaba no publicar más aquí, pero bueno... :P Aunque esté comatoso, capaz si intentamos darle una inyección de energía revive un poco (???).

Confesaré que Milo haciendo berrinches adorables es influencia del G xD Mi manera de hacer a Milo tiene MUCHO de cómo es él en ese manga. Acá describí mejor el tema de cuándo aparece Milo en Episodio G (y dónde se consigue).

No te pierdas el capítulo 82, te morirás de la ternura con lo lindo que se llevan Camus y Milo xD Son tan adorables T_T Fue un sueño leer ese capítulo. Toda fan de Camus x Milo debería leerlo.

Lástima el estilo de dibujo u_u



FECHA El 03/09/11 a las 09:09:07 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
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El 19/08/09 a las 05:08:01

 

Hola nena.

Siento no escribir antes, pero no habia podido ahcerlo.

cierta personita me hablo de tu fic, y jsuto por la mañana de hoy me lei los do capitulo de corrido, sin escla... y la verdad me ha encantado... y estoy viendo que ya subiste el cap tres, pero ese capitulo sé que merecera la pena, que tenga su propio post... asi que me centrare en dejar mi psot de lso capitulos anteriores apra depeues hacerlo del otro.

 

Y dejame decirte que las rebieras de Milo con el aptriarca por no dejarlo ir solo me gusto... mira que esa revalidad de Aioria con Milo me gusta... siempre me han gustdo asi... y verlos es mejor;  pero bueno ya viajaron a Holando y el verlos o más bien leerlos que andan en cibibleta y jugndo a carreras me ha dado una risa tremenda... jajaja me los imagine te lo juro jajajaja. Se  veian como niños chiquitos... peor ahora que dieron con el lugar esto me deja desconcertada.... una sex shop??? dioses.. yo quiero ir tambien jajajjaa - no soy golosa ehhhh - jajajajaja. Lo del bozal... jajaja me dio ris.. Aioia no sbes apra que son esas bolas?? yo te digo jajajajjaa. Es broma... - no sé para que sean - jajajaja.

Pero que poder fue el suficiente para dejar a Milo ene se estado.. dioses dle olimpo... que laguien llegue ayudar...

 

Espero no se me haya ido nada dle capitulo 1.

El dos... me dejo aun peor... la escena de Aioria y Milo de protegonistas en un juego "inocente" pero rudo al mismo tiempo me dejo... emoconada... popr no decir excitada jajajajjaa - lod ije?? - rayos--- jajajjaa.  Me ha encantado... el jeugo de un Milo no dejandose besar pero seduciendo a Aioria... para babear y descomponer mi teclado.... tuve hemooragia... pero aldre viva en verdad... jajaja. Ahora antes de eso.. coincido con Aioria deben de buscar pistas e que pueda ser esa amenza.

 

Espera... espera....!!!!!!! Aioria soñaba?? dioses... era una ilusion!!! eso... eso me ha encantado nena... todo fue genial y hasta eso.. de que segun "milo" le dijera que si en verdad creia que era verdad jajaja lo sucedido entre ellos... pero si esno no fue verdad... quien esta detras de todo esto... los nervios me carcomen por dentro... pero no sé que pase en el capitulo 3... tendre que leerlo en unas horas despues a ver que paso... pero me dijeron que ya sale Camus... Babiare más jajaja.

Grracias por tan bello fic...me encanto.. me lo robare jajaja es bvroma...

NATASHA

 

 



           

 

FECHA El 03/09/11 a las 06:09:00 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
Online starsdust
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El 04/02/09 a las 04:02:32

Hola Natasha ^^ ¡Gracias por los comentarios detallados! :D Me encantó ir leyendo cuáles iban siendo tus reacciones, fue muy divertido xD

Me alegra que te gustara la parte de las bicicletas xD Eres la primera que lo menciona, a mí me daba mucha gracia imaginarlos también xD Y qué bueno que no te rechinara lo de Aioria y Milo! Jaja xD Ya me estaba sintiendo culpable por poner nerviosa a la gente, jaja.

No te preocupes que al final se aclarará bien qué era lo que había en la tienda... ¡ya verás!

Gracias por leer y comentar, espero que te guste el capítulo 3 ^^



FECHA El 04/09/11 a las 08:09:16 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
Online camus_mi_h20
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El 19/08/09 a las 05:08:01

 

Venga linda ya estoy aqui de nueva cuenta.

 

Te dije no??? quzias y no... pero no te vas a librar de mi hasta que acabes este fic jajaja y pasare a leer los emas tuyos... en verdad... ya he leido varios pero aún así.

Pero retomadno el capitulo 3.

 

Tu seras la que me consiga las bolsas de sangre ehhh  mira que tuve hemorragias de todo lo que paso.... AME, en verdad AME a este Camus... tan dioses tan él... demasiado seductor sin proponerselo mucho...  no sé como es que nacio estes hombre... en verdad que por obra divina jajajaja - ves como me dejaste media loca - jajajaja y no sé cuanto me dure jajaja.

Ls sensaciones que estaba viviendo Milo cuando Camus le llamaba y tenia los ojos cerrdos, me gusto... cuadno se vieron despues de tiempo yq ue le dijera que va a regresar a Grecias, me puso contenta sin dudar; pero lo que me dejo con más emocion fue.

 

AHHHHHHHHH!!!!!!!!!!!!!! CAMUS!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! quiero ser tratada asi... bueno... no - jajajaja - me gusto y un Milo goloso y ansioso me gusto aun más... eres genial linda mi imaginacion trabajo a millones por segundo jajajaja y valio la pena... en verdad que todo estaba en mi cabeza por ello me emociones más....

Pero ohh dioses.... Camus tambien no es él.... bueno he de decir que lo pense... pero tenia esperanzas... ahora que onda??? que va a pasar?? Ellos mismos deben vencer sus miedo... se va a poner buena la cosa, más de lo que ya esta... espero no tardes en subir el sigueinte capitulo, lo esperare ansiosa. besos

NATASHA



           

 

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