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Rosas, hielo, y mucha dulzura
Este es para mí un fic muy especial, ya que es uno de los primeros rol que realicé como pareja con mi amado Kamyu Verseau. Hoy, con motivo de nuestro Primer Aniversario de noviazgo, es que he decidido modificar este rol y convertirlo en el fic que sirvió como inspiración para “Un trozo de mi corazón”.
A todos los lectores y lectoras que nos conocen, y siempre han apoyado nuestro amor, mil gracias por sus palabras de aliento y por el constante apoyo que nos brindan en nuestra bella relación, tanto en el muro de mi Facebook como en el de mi amado niño.
A mi dulce amado, solo me resta decirte, mi amor, que te amo con toda mi alma, mente, corazón y espíritu. Gracias por estar conmigo, tenerme infinita paciencia, brindarme tantos momentos de alegría y dicha, por soportarme aun cuando estoy enfadado y por ser tan tierno conmigo. No tengo palabras para expresarte toda la inmensa gratitud por estar a mi lado siempre, pese a todo, y hacerme tan, inmensamente feliz, un ser completo. Feliz Aniversario, mi cielo.
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Había sido un día como muchos otros en el Santuario Greco, tanto que podría haber sido uno normal de mediados de la primavera. La brisa soplaba sosegada, tibia, juguetona, llevándose consigo algunos hierbajos secos y el polvo que cubría los marmóreos suelos que brillaban a la cara de los últimos rayos del Astro Rey, el cual comenzaba a ocultarse tras las inhiestas colinas.
Sin embargo, para el griego peliazul había sido un día bastante ajetreado, entre sus numerosas responsabilidades y su turno de guardia en el Santuario. Se sentía agotado, algo abrumado, y sin embargo, una sola cosa cruzaba su mente en esos instantes … Kamyu.
Se había pasado todo el día pensando en él, en la maravillosa experiencia vivida tan solo unas horas antes junto a él, en que sus cuerpos se entregaron mutuamente por vez primera, en sus deliciosos besos, en sus frías manos blancas, recorriendo su piel. Lanzó un suspiro al rememorarlo, cerrando los párpados y sintió como si una espina se clavara en su pecho al pensar que había pasado un maldito día completo sin poder verlo o intercambiar alguna palabra con él, de que mucho menos había tenido la mínima oportunidad de besar sus labios aunque fuese de forma fugaz. Claro, lo había besado aquella mañana, antes de dejar la cama, y su tibio cuerpo mientras el Acuariano dormía plácidamente, pero sentía que no era suficiente para apagar su sed de él. Le consolaba la idea de haber fraguado un plan para esa noche, después de insistirle hasta el cansancio al Guardián de la Doceava casa por su ayuda, hasta que éste había cedido, no sin conseguir algo a cambio, un favor al que luego el Gemelo tendría que devolver. Pero eso ya poco importaba, ya tendría tiempo de maquinar un plan para ayudar a Dita a conquistar a Death Mask … menudos gustos tenía aquella florecita!!
La hora se acercaba, y ya el cielo oscurecía, apareciendo en la bóveda celeste los primeros atisbos incandescentes que adornan el manto negro. Y así, sin quitarse siquiera su dorado manto metálico, echó a andar escaleras arriba, dirigiendo sus pasos hacia la Onceava Casa, al menos, había tenido tiempo de darse una ducha y peinar – o al menos intentarlo - su rebelde cabellera. Lamentaba tener que acabar su turno con su Cloth puesta, pero el reporte final a la diosa Athena así lo exigía … malditas formalidades.
Sin embargo toda aquella incomodidad y fastidio desaparecieron, apenas sus orbes lograron divisar al pelirrojo apoyado contra un pilar fuera de su Templo Zodiacal, ataviado solo con una blanca túnica hasta las rodillas, estilo griego, adornada con algunos accesorios dorados, que dejaba sus delineadas piernas al aire, y sus delicados pies calzados con unas frescas sandalias. La túnica ondeaba a la suave brisa, levantándola ligeramente, revelando, desde la baja posición en que se encontraba, algo más arriba de medio muslo. Poco le faltó tener una hemorragia nasal por aquella fugaz visión, sin embargo, pudo más la hermosura de aquella silueta, recortada a media luz, y esos cabellos como el fuego, ondeando juguetones … se veía sencillamente divino.
Al sentir sus pasos, el pelirrojo voltea su rostro hacia el origen de aquellos pasos metálicos, sonriendo al dueño de éstas. Calmadamente, el Acuariano se acomodó el cinto mientras se desarrebozó del pilar.
- Tiempo sin verte - le dedica una mirada tierna y una sonrisa afable al Gemelo.
Subiendo las escalinatas que restaban hacia el onceavo templo, con su característico manto dorado brillando a los débiles haces de Luna y su capa ondeante ante la fría brisa que recorre el heleno Santuario, la figura del greco se veía apuesta y gallarda. Al tenerle cerca, le devuelve la sonrisa, mirándolo a través de sus gemas turquesas
- Vaya que si ha sido muchísimo tiempo, Kamyu... un par de horas sin tí ya se me hacen una eternidad.- Susurró galantemente.
El acuario sonrió levemente al verle acercarse por aquella empedrada, tan rozagante con aquellas hermosas vestimentas doradas, que pese a la luz pálida de la luna estas seguían tan brillantes como el mismísimo Sol
- Si... lo sé. A veces no sé si puedo aguardar tanto tiempo sin verte... creo que... -vuelve un poco su mirada, sonrojado - solo minutos sin tu presencia, se me son eternos...
- Pues, entonces creo que es hora de compensar el tiempo perdido, mi precioso ángel de hielo ... -
Llega hasta donde está el francés, abrazándolo por su estrecha cintura y robando un casto beso de sus labios con inusitada ternura, mientras que sus manos, contrarias a aquel beso, dedican algunas caricias con algo de picardía en su zona lumbar.
El Acuariano lo mira y corresponde al suave beso de la misma manera, siendo delicado y medido, aunque ahora con más soltura, con más tranquilidad en cada uno de sus movimientos, muy contrarios a aquellos nerviosos del día anterior.
- Supongo... que tienes razón - le besó nuevamente, ahora tomando él mismo la iniciativa mientras que observaba aquellas hermosas gemas esmeraldinas que le miraban, correspondiendo con el mismo sentir.
El Griego lo estrechó un poco más contra su cuerpo, haciendo que recueste su mejilla en su hombro, mientras aprovecha la posición del menor para dar algunos pequeños y suaves besos sobre su níveo cuello
Kamyu sonreía quedamente, siendo arrullado por aquella suavidad. Sus ojos entrecerrados reflejaban su tranquilidad y su estado de relajación. Pese a la dureza del manto dorado, lo sentía cálido y cómodo como para estar así, recargado a él, estar tranquilo y sereno entre los brazos del heleno - Saga – susurró su nombre, tiernamente.
- Te amo tanto ... que siento mi alma partirse en mil trozos cuando te alejas. Esta agonía, esta tortura de verte lejos de mí, de no sentir la frialdad de tu piel que calme el delirio de la mía... dioses!! Duele demasiado tu ausencia... - Susurraba el Geminiano en el oído del hermoso galo.
- Sa... Saga...- le miró a los ojos sonrojado, aludido por aquellas palabras, él también le amaba y a pesar de que le costaba expresar su sentir le acarició la mejilla y con suavidad le jaló un poco hacia abajo, a su altura, atrapando con suavidad aquellos carnosos y deliciosos labios - Palabras en mi léxico no existen para decirte lo que siento Saga... todo de ti me fascina. No hay momento en que ansío sentir tu calor, sentir esta suavidad que tienes. Ni el sol iguala la sensación de sentir tu calor. Ni el mismo sol... -
Por toda respuesta, sonríe al mirarlo, volviendo a besarlo con prestancia, esta vez siendo algo más atrevido y succionando ligeramente su labio inferior. Aquella succión hizo al galo estremecer y por ello cerró sus ojos mientras que como pudo le rodeó por la nuca, pese a lo incómodo del manto. Sin embargó pudo ingeniárselas para mantenerse cerca del heleno.
- ...Uhmmm.. – suspiró, casi gimiendo al acabar el beso, permaneciendo a escasos centímetros de los labios ajenos, con un ligera sonrisa y con las mejillas sonrojadas.
El heleno le tomó por los hombros, separándolo ligeramente de su cuerpo, mientras le miraba con una sonrisa gatuna y traviesa.
- Ven.... Sígueme... -
Acto seguido, echó a andar casi corriendo escaleras arriba, parando en algún minuto para comprobar si su amado le seguía. Aquello tomó por sorpresa al galo, pero no dudó en seguirle, pues confiaba plenamente en su amado.
- Oye...! Saga!!-
Corrió tras él mientras que pasaban de largo por su templo. No había esperado aquello y apresuró el paso tratando de alcanzarlo y llegar hasta su altura, valiéndose de sus largas piernas y espigado cuerpo delgado.
- Ya casi llegamos ... -
Ríe de felicidad, con la sonrisa infantil y juguetona característica de aquellos nacidos bajo el signo de los gemelos Cástor y Pólux, parando de pronto en una de las escalinatas, a medio camino, para voltear hacia él, con las mejillas ligeramente sonrosadas, contrastando con la palidez de su piel, y sus ojos esmeraldinos brillando como un par de astros incandescentes. Tiende su mano en dirección al hermoso ángel galo, aún con aquella sonrisa de príncipe encantador, mientras el otro suavemente le toma la mano ofrecida, apresurándose para caminar junto a él. Sus mejillas estaban igualmente sonrojadas. Sus labios estaban entreabiertos mientras respiraba agitadamente.
- A ... a donde vamos amor?...- Kamyu sonrojó al oírse decir aquello pero sonrió mientras llegó a su altura.
-Es una sorpresa!! ... – Canturreó de forma juguetona.
Corrió el tramo que quedaba hace la doceava casa, jalando la mano de su amado. Al llegar al portal de dicho Partenón, se detuvo, ligeramente jadeante. Soltó la pequeña mano del galo, y caminó hacia la puerta... pero en vez de abrir las pesadas puertas de cedro tallado, caminó hacia un costado, muy pegado a la pared, como si se escondiera de alguien. Al llegar al flanco derecho de la marmórea edificación, volteó hacia Kamyu, haciéndole una seña con su mano para que se acercara, y colocándose el índice sellando sus labios para que no hiciera ruido
El francés ladeó la cabeza, con una expresión de interrogación plasmada en su cetrino rostro al ver aquello, extrañándose por aquel desvío. Arqueando una ceja calmó su respiración y avanzó siguiendo lentamente a Saga mientras que guardaba silencio en su paso y su voz. Estaba intrigado, haciéndose mil preguntas mentalmente, mientras caminaba por aquel lugar que antes no había visto. Se preguntaba de qué se trataba aquello. No sabía que le esperaba, pero siguió su camino ya que confiaba plenamente en el heleno. Al poco y en pocos pasos llegó a la altura del griego.
Saga, al tenerle nuevamente a su alcance, silenciosamente tomó su mano, guiándolo hasta que en cierto punto, se puso tras el bello galo, cubriéndole los ojos con ambas manos.
- Ahora, está usted detenido. Así que, señor prisionero de mí, camine lentamente hacia delante. No se preocupe, el sendero es llano y no hay nada que pueda hacer tropezar su pie. -
Caminaba, empujándole un poquito para conducirlo, pegando su pecho a la espalda del acuariano. El francesito sonrojó mientras sintió aquellas manos sobre sus ojos y empezó a caminar lentamente a medida que avanzaba despacio, pero confiando en las palabras del griego
- Y... bajo que crímenes soy... tu prisionero...- susurró las últimas palabras-
-Bajo la acusación de ser un ladrón... de corazones, en especial, el mío... - Rió bajito, deteniendo su andar al llegar a cierto punto - Y su condena es....
Kamyu se quedó quieto, mientras sus sentidos trataban inconscientemente reconocer donde estaba, percibiendo tan solo un delicado y perfumado aroma, un sonido acuoso, y unas pisadas blandas.
- ... Sí?... - Inquirió curioso mientras que trazó los dedos que cubrían sus ojos.
Saga lentamente descubrió los hermosos zafiros del galo, revelando ante él un hermoso jardín, ubicado en la parte posterior de la casa del pececito, en cuyo centro coronaba una enorme fuente, de cantarinas aguas provenientes de una mini cascada y un cristalino lago a sus pies en un acantilado cercano. Todo el lugar se hallaba adornado de hermosas rosas rojas y blancas, amarillas y rosas, violetas, azules y negras, mientras que en el suelo, aún bajo el metálico calzado, se podía sentir la suavidad mullida del pasto tierno. La Platina Dama brillaba pálida en lo alto de la bóveda celeste, ataviada con su vestido negro, de lentejuelas plateadas, cuyos haces débilmente luminosos, se reflejaban sobre las aguas. Si esta magia reinante resultaba arrolladora, el toque máximo se lo entregaban las miles de luciérnagas, que con sus hermosos cuerpos luminosos, bailoteaban sobre las flores, y la hierba, algunas, hasta danzando sobre el lago, a ras de sus aguas
- Está usted detenido, y ésta será su cárcel … al menos por hoy ... -
El griego le guiñó un ojo, coquetamente, alzando su índice, mientras el acuariano se quedó mirando maravillado aquel lugar. No tenía palabras para describirlo. Era simplemente hermoso, nunca había visto tal perfección, ni tal belleza. Suspiró y se giró abrazando al griego de nueva cuenta, echándosele encima como cuando era un niño, y por poco le hace perder el equilibrio, casi tirando a ambos al suelo. Lágrimas habían aflorado en sus zafiros orbes, acuosa señal de su emoción, se sentía tan encantado y maravillado por tan hermoso gesto.
- Saga.... - lo miró como chiquillo, suspirando su nombre. No había recordado sentirse tan feliz en su vida como se sentía en estos momentos.
- Me alegro de que te gustara ... - Mentó el gemelo, alzando su mano para limpiar las lágrimas de Kamyu, atrapándolas con el índice - Le pedí prestado por esta noche su jardín a Dita ... y él aceptó, en vista a que ese “Celestina” conoce sobre lo nuestro ... apenas conocí este jardín secreto, supe que te gustaría mucho, y que sería perfecto para disfrutarlo juntos. -
- Saga... –
Le devuelve la mirada, aún sonrojado y se recarga a él suspirando. No tenía palabras para describir lo que sentía o lo que percibía, se sentía tan bien...tan cómodo. No quería abandonar esa sensación. Por toda respuesta, el griego solo abrazó al joven galo por la cintura, inclinándose para besar sus labios de forma dulce y tierna, pero no carente de pasión desenfrenada, mientras el galo, dejóse besar, cerrando sus párpados por completo para sentirlo más plenamente, y se apegó más al griego mientras que respondía a cada movimiento del delicioso beso. Al cabo de unos minutos, gloriosos minutos en que el tiempo pareció detenerse, Saga acabó el beso solo por falta de aire en los pulmones, abriendo sus orbes lentamente al despegar sus labios de los de su amado. Se quedó perdido en los zafiros de sus ojos por unos segundos más, hasta que tomó su mano, entrelazando sus dedos, y guiándolo hasta la pequeña laguna artificial, donde desembocaba la cascada. En aquel lugar, una manta sobre el pasto, y una canasta que contenía una botella de vino Merlot, dos copas de cristal y un bote plástico con tapa, en cuyo interior habían pequeños frutos, como uvas, fresas, cerezas dulces, arándanos, moras y frambuesas. En otro contenedor plástico habían pequeños cuadritos de diferentes quesos, y en el último, algunas olivas verdes y moradas, algunas rellenas de almendras y nueces, todos estos finos ingredientes preparados con gran dedicación y esmero
- La cena estará servida muy pronto, Monsieur ... sírvase sentarse, por favor. -
Kamyu soltó una suave risa ante aquel vocablo francés, pronunciado casi correctamente y con calma tomó asiento cómodamente en la manta mientras que le animó a que se sentara a su lado, golpeando despacito un sitio a su costado. El mayor obedeció de inmediato, tomando la botella de tinto, luchando algunos segundos con el corcho hasta lograr quitarlo entero. Sirvió las copas, ofreciendo una a su amado, mientras le dedicaba una amplia sonrisa.
- Saga... esto...¨- Se sentía como chiquillo, se sentía desubicado y lo miró algo abochornado al sentirse sin palabras - Esto es hermoso...no sé qué decir...pero ...ven... brin.. brindemos... -Tragó sonrojado mientras que le miraba a aquellas hermosas orbes esmeraldinas -... permanece aquí... - le sonrió ampliamente, hasta enseñar ligeramente sus albos dientes.
- Soy yo quien se siente extremadamente dichoso por haberte complacido de este modo, mi niño ... y ... supongo que no lo recuerdas ... me refiero al motivo de esta pequeña celebración ... - Miró tiernamente a Kamyu, como cuando el acuariano era solo un niño.
Kamyu lo miró por unos instantes y sonrojó notoriamente.
- Te.. te refieres... a.... - Sintió que se le anudaba un poco la garganta mientras sentía que su corazón se aceleraba en su pecho.
-Dímelo ... – Inquirió con suave voz el gemelo.
Kamyu trazó su mejilla diestra sonrojada, en un acto reflejo a causa de los nervios, sintiendo la cara arder, cosa que no pasó desapercibida por el griego, atento a cada gesto de su amado, aun así lo instó a perder un poco su timidez.
-Anda ... no seas tan chiquilín, ni me hagas berrinches ... - Sonrió de aquel mismo modo suave para calmar los nervios de su amado.
- No es.... eso!! Solo que...- lo mira con las mejillas sonrojadas- sabes... que me cuesta trabajo...que ... me cuesta expresarme.
- Inténtalo ... -
- Es... es por … por ... lo de... - su rostro enrojeció mucho más.
- ¿Si? ... – Sonrió, esperanzado.
-Por … por lo ... lo.. de nues...nuestra primera vez?... – Evitó la mirada del griego, bajando su rostro al rojo vivo.
-Nop ... ^^ .. Siga participando ... – Bromeó el mayor, haciendo una expresión de neko travieso.
- Pues … ehm.... - *Gota* Se traza la cara aun sonrojado.
-Te rindes??
Kamyu lo mira avergonzado y completamente sonrojado- ... Uhm...umjm - afirmó levemente.
- En un día como hoy, hace trece años atrás más o menos, llegaron a este Santuario dos pequeñuelos de aproximadamente 6 a 7 años... uno, de cabellos azulados, cara de pije travieso, revoltoso y siempre alegre, proveniente de una islita de Grecia, y otro, de cabellos rojos, hermoso rostro serio, y personalidad tranquila, proveniente de Francia ... ¿los recuerdas? Yo sí ... lo recuerdo como si hubiese sido ayer ... sobre todo al pequeño más frágil, algo expectante, y en parte asustado por su nueva vida ... lloraba a veces por las noches porque se sentía solo, pero se calmaba apenas un joven de catorce años lo acunaba en sus brazos ...
Kamyu se quedó mirándolo fijamente y empezó a recordar. Si, era verdad, esa fue la fecha cuando fue llevado al santuario por Valik. Sonrió y miró al griego, mirándole con un semblante tan calmado y pacífico. Si... en aquel entonces, no había conocido a su maestro, el ser que le había cambiado tanto durante el duro entrenamiento en Siberia, volviéndole alguien completamente diferente a quien solía ser de infante, alguien frío, y que demostraba una ausencia escalofriante de sentimientos y emociones, aun de deseos carnales, propiamente humanos y normales.
- Saga... - le abrazó con ímpetu, completamente emocionado- Si...-
Sonrió nuevamente con amplitud, no supo que más decir y nuevamente derramó lágrimas, aunque pocas, no sabía por qué se sentía tan emotivo y su corazón latía tan acelerado
Saga solo lo abrazó, con la misma ternura que lo había abrazado aquellas noches, en que el pequeño lloraba de miedo, más durante las noches de lluvia y tormenta, recordando con dulce nostalgia aquellos días en que cuidaba de él de forma paternal y dedicada. Desde ese entonces le había adorado, por su carácter tan sereno, a diferencia del otro travieso, cuyas metidas de pata solían causar revuelo en el Santuario, sacando (literalmente ^^U) canas verdes al pobre Shion ... aun así, Saga le evitaba algunas reprimendas, encubriendo sus travesuras ... quería a Milo, mucho también, pero Kamyu se había convertido en su preferido por aquel carácter tan sereno y dulce. Desde siempre le había agradado su compañía, conversaban y jugaban juntos por largas horas ... hasta iban al lago juntos, y se bañaban desnudos en él ... todos aquellos recuerdos, los atesoró en su mente cuando Kamyu partió muy lejos, hacia aquellos gélidos confines en Siberia ... Cuando regresó, se sorprendió de verlo tan crecido, convertido en todo un hombre, y que a pesar de conservar su hermoso rostro de niño, su personalidad dulce, había cambiado completamente a una fría y carente de sentimientos. Hasta su aspecto físico había generado un cambio radical. Le dolió recordar que tuvo tantas ganas de abrazarlo como cuando era pequeño, pero Kamyu apenas si le saludó estrechando su mano, una mano que ya no era más cálida, como solía recordarla, sinó tan fría como un trozo de hielo. Ahora, poco a poco volvía a ser su niño, SU niño amado, tal y como en aquel entonces, pelirrojo, dulce y emotivo.
- Qui... quisieras … quitarte el.. manto?- Lo miró sonrojado- puedes...?.. qui ...quisiera sentir tu calor completamente... - Estaba algo tembleque, pero era por las emociones que lo llenaban, mareándole de tal manera que se sentía algo desorientado por lo que no sabía que hacer o como reaccionar a ellas - .... por favor... – Terminó, susurrando.
El mayor lo miró, sonriendo suavemente, y con la serenidad, tan característica en él, comenzó a quitarse el metal de su manto, pieza a pieza, dejándolas a un lado, quedando solo en una ajustada remera oscura, y unos pantalones, también ajustados, de color verde oliva. Extendió nuevamente sus brazos hacia Kamyu, con sus ojos arrasados en lágrimas, susurrando apenas en un hilo de voz, quebrada por la emoción
- Bienvenido a casa, de nuevo ... mi amor ... y bienvenido otra vez a mi vida, y a mi corazón. -
El galo sonrió y le abrazó algo fuerte, hundiendo su rostro en aquel fibroso y musculoso pecho.
- Saga... gracias.... gracias por ayudarme a recordar.... también recuerdo que... de entre todos los ...los aspirantes... yo fui el único que tomó tu mano...- lo mira, con sus húmedos ojos caoba, brillando de anhelo. - Lo recuerdas? Casi todos los demás se acercaban a Aioros... casi nadie se acercaba a tí... -
-Si ... tú fuiste el único que comprendió que a veces mis ocupaciones me agobiaban tanto, que me la pasaba de aquí para allá, y no disponía de tanto tiempo libre como Aioros ... aun así, me gustaba dedicar el tiempo que pudiera a tí ... y tomar tu pequeña mano entre las mías, para ir al lago a jugar.
-Eso si lo recuerdo... también cuan fresca era su agua... - Sonrió en un dejo de encantadora timidez al recordar. - Me encantaba estar ahí, nadando junto a ti, sentir tu cuerpo pegado a mí, protegiéndome siempre...- Suspiró mientras que alzó sus orbes al firmamento.
- ¿Recuerdas como al principio temías meterte porque no sabías nadar? Y otra cosa más graciosa aún ... recuerdo perfectamente tu falta de pudor ... te quitaste toda la ropa como si nada jajaja!!
-Aah.. >///< Saga...! - lo miró avergonzado-
- Ni que decir ... como te sorprendiste al verme a mí desnudo ... ahí perdiste tu compostura y te sonrojaste como esto ... -Saca una cereza muy roja, poniéndola sobre los labios de Kamyu.El menor lo miró enrojeciendo aún más, si aquello era posible y afirmó mientras atrapó la cereza entre sus labios.
-Creo que fue por un detalle que no se pudo pasar por alto.... - *Gota*
-Vaya ... no creí que te sorprendiera tanto .... verme así ... mucho menos que algún día te tuviera desnudo entre mis brazos, pero haciéndote el amor .... ¿sabes? Te confieso ... que una vez, mientras estábamos en el lago, te acercaste tanto, tanto a mí, que hiciste que me excitara demasiado ... yo te abrazaba por detrás, llevándote hacia el lado profundo de la laguna ... entonces, encajaste tu traserito contra mi pelvis y no pude evitarlo ... créeme que fue involuntario, pero la sensación que sentí fue increíble ... hasta ese minuto pensé que carecía de deseos sexuales, pero tú, solo con ese roce, removiste todas mis sensaciones, e hiciste florecer una parte de mí que creí aletargada .... -
-Ah... – Se sonroja. No se había dado cuenta de ello y rió notablemente nervioso por aquella confesión. - Saga.. jejeje... - Le miró y solo por no saber que hacer, tomó una oliva para así picarla en un mondadientes , junto a un cubito de queso y darle un bocado al griego. – Pues, ni me di cuenta...- suspiró levemente - además no lo recuerdo del todo - lo miró levemente sonrojado. Aun recordaba claramente cuando había hecho el amor con el heleno... aquellas sensaciones se quedaron en su cuerpo, como una reminiscente huella a aquel desborde de amor y pasión.
El griego tomó el fruto junto al cubito de queso, y el movimiento de sus labios fue tan sensual al morderlo. Ni que decir que deseaba a su amado con locura, y que una evidente erección se demarcaba bajo su pantalón a esas alturas.
Kamyu apartó su mirada con lentitud del rostro del heleno y al mirarle por completo, se le fue imposible omitir aquel bulto en el pantalón de Saga. Por ello sonrojó y se estremeció, tan solo recordar su entrega la noche anterior, le hizo temblar levemente. Era algo en lo que no podía dejar de pensar. Tragó saliva ruidosamente y por ello también comió un bocado.
-Saga....- Lo miró, suspirando como colegial enamorado y tras respirar profundamente para darse valor, se le acercó suavemente mientras le besó suavemente, recargándose a su cuerpo en un abrazo.
- Ka... myu ... -Susurró, antes de sentir sus labios atrapados por el beso del menor, correspondiéndole con inusitada ternura, mientras lo estrechaba fuertemente entre sus brazos. Los brazos del francesito rodearon con suavidad la nuca del heleno y siguió el beso, ahora con más intensidad
- Uhmm. - suspiró entre los labios de su amada deidad greca y le trazó aquella hermosa y sedosa cabellera entre sus finos y largos dedos.
Saga aumentó la pasión del beso, explorando la boca de su ángel con su lengua, suave, tierno, dulce, reconociendo lentamente cada húmedo rincón, mientras sus manos se colaban bajo la túnica, trazándole el pecho con ansias ... le deseaba, en ese momento, allí, ahora, hacerlo suyo, demostrarle su inmenso amor. El galo solo se aferraba a su cuerpo, cediendo a las divinas caricias, al tiempo que su piel se erizaba. Era una reacción tan natural ante el tibio contacto de las manos de Saga, contrastando con la frialdad de su propia piel. Aquel calor le contagiaba, quemándolo desde dentro de su ser. Cerró los ojos, apretando los parpados, abandonándose a aquella calcinante sensación, mientras delineaba el pecho del mayor con suavidad, trazando la punta de sus dedos sobre la suave y blanca piel del mayor.
-Kamyu ... mi niño, eres tan irresistible ... quien pensaría que aquel ser que despertó mi pasión, sería más tarde el absoluto dueño de toda ella ... Te amo, te amo hasta el punto de la locura ... - Lentamente, deslizaba la túnica del galo , subiéndola hasta despojarlo de la prenda. No pudo evitar un suspiro de admiración al ver su blanca piel brillando ante la palidez de la Luna, y de las pequeñas luciérnagas que se posaban sobre su cuerpo y sobre sus cabellos, otorgándole una belleza mágica, como un dulce elfo residente de los bosques. Ese aspecto de delicada criatura mística, hacía que el corazón de Saga explotara, rebosante de amor y felicidad
El galo solo atinaba a respirar entre labios, casi jadeando, con cierta pesadez, fascinado por la maestría de aquellas adoradas manos, que lograban despertar dormidas sensaciones en su cuerpo, y volverlas tan suyas … su amado heleno, su único, gran amor.
- Yo.. yo nunca creí conocer este sentir nuevamente o experimentarlo ...jamás pensé que el ser que más quise cuando era pequeño..sería a quien más amara ahora en estos momentos. - Le abrazó, besándole nuevamente, ya sin timidez.
-Pues, créelo, mi vida ... porque más tarde que temprano, ahora soy todo tuyo, y me tendrás para tí por siempre, compensándote todos aquellos años en que debimos estar separados ... aquel día sentí mi corazón resquebrajarse, cuando regresaste tan frío ... pero paso a paso, haré que regreses a ser aquel niño dulce y lleno de sentimientos, como antes ... me dedicaré todo el resto de mi vida a tí y en hacerte feliz. Haré que dejes atrás todo aquel sufrimiento que tanto te atormentó y que borró tu sonrisa, y haré esa sonrisa mía … el verla, será mi mayor dicha ... -
Se miraron, intercambiando la mirada más dulce del mundo, reflejando todo un infinito Universo en sus pupilas, sellando aquel pacto de amor eterno con un apasionado beso, entregándose caricias mutuamente, mientras, la ropa, y aún la piel estorbaba, y era despojada en cada roce para que no pudiese evitar la sacra unión entre ambos corazones. Aquella unión espiritual en que dos seres se entregan en alma viva, conformándose en uno solo, solamente visible ante el superficial ojo humano a través de lo físicamente carnal.
Alcanzaron el nirvana juntos, entrelazados ambos cuerpos desnudos, recortadas sus siluetas ante los pálidos haces de la Luna, repitieron el viaje hacia el infinito una y otra vez, hasta que ya rendidos y sin fuerzas en un esfuerzo final, acabaron por dormirse abrazados, cubiertos solo por la capa del griego, mientras las juguetonas luciérnagas hacían de las suyas sobre aquellos cuerpos extenuados, perlados de sudor y emanando su calcinante amor por cada poro de su ser.
FIN
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