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Memories
Han pasado 5 años y todavía sigues en mis pensamientos y, aunque no quiera admitirlo, en mi corazón. Jamás pensé que un simple amor de estudiante durara tanto… aunque, para ser sinceros, yo siempre tuve la certeza de que jamás te olvidaría. ¿Razón? No me la preguntes, tampoco la sé. Han de llamarle la magia del primer amor, supongo.
Tenía 15 años… Había ingresado como nuevo estudiante a esa institución sin conocer a nadie en el interior de aquel colegio. Por suerte, gracias a mi personalidad algo extrovertida, no me costó mucho adaptarme y encontrar el equilibro con todos sus miembros, y así, el asistir diariamente a aquel lugar era agradable y satisfactorio, sobre todo… desde el día que te conocí.
¿Cómo olvidarlo?
Te vi entrar seguro, sonriente, cargando un montón de libros como todo buen profesor de lengua y literatura. Nos saludaste con un rostro afable y cariñoso, por lo que te ganaste la simpatía de todos nosotros sin ninguna dificultad. Fuiste siempre el profesor favorito; el más simpático, el de mejor humor, el más bromista… Esas fueron las cosas que más me llamaban la atención de ti. Mostrabas una sonrisa siempre, y te encantaba sacarnos risas…
Poco a poco, el cariño y admiración que sentía por ti se iban haciendo cada vez más profundos, y no sabía discernir la razón. Pasé a querer verte todos los días, a necesitar aquellas sonrisas que nos dirigías como el aire que se respira, a desear tocarte, abrazarte, besarte… Tardé un poco en percatarme que me había enamorado de ti, y cuando lo acepté, no pude evitar sentir en mi joven corazón una alegría que jamás había experimentado con anterioridad… era inocente, soñador, así que no podía ver los contras que tenía el sentir aquello por ti.
Fueron pasando los meses, hasta que llegó un momento en el que no pude esconder más lo que sentía y, luego de las clases, me quedé un poco más en el salón. Cuando se habían ido todos mis compañeros, me dirigí hasta quedar frente a ti y te besé, sin medir las consecuencias de mis actos.
Al principio, quedaste estático y sin saber qué hacer por la sorpresa, pero ya recuperada la conciencia, me sujetaste con firmeza de los brazos y me apartaste de ti. Abrí los ojos sorprendido y no pude evitar comenzar a derramar lágrimas de manera espontánea, por lo que, sin mirarte siquiera, tomé mis cosas y salí corriendo del lugar.
Ahora, es imposible no preguntarme… ¿Qué hubiera pasado si no hubiese cometido semejante estupidez? El beso que te di en aquel entonces fue la firma para el suplicio y el dolor que viviría en carne propia durante el resto de mi estadía en aquella institución. Pero claro, yo no lo sabía, y como todo joven hormonado e impulsivo, me dejé llevar, sin detenerme a pensar las consecuencias que traerían mis actos.
Luego de aquello, me ignoraste completamente… Me hablabas lo justo y necesario en las clases, y cuando nos encontrábamos en los vastos pasillos del colegio, ni siquiera me saludabas. Cada indiferencia tuya, cada gesto no dado… dolía más que cualquier otra cosa… Sufrí mucho… Y claro que sabías todo lo que pasé por ti, estabas muy consciente de ello… ¿Pero qué ibas a hacer? Nada, nunca hiciste nada… Bueno, no era mucha en todo caso la ayuda que podías brindarme, ya que lo único que yo deseaba, jamás me lo podrías dar.
Así pasaron 3 años. Crecí, maduré, cambié en algunos sentidos, pero lo que jamás se modificó fue el que mi corazón solo latiese por ti… Rechacé todas las propuestas, los negué a todos, no sé si por miedo a sufrir otra vez o porque simplemente no quería olvidarte… supongo que un poco de ambas cosas.
El día de mi graduación no te vi. No lo negaré… quería despedirme de ti, a pesar de todo lo que me hiciste sufrir. Estaba seguro de que pasarían años hasta que te volviese a ver, si es que sucedía, claro, así que deseaba hablarte una última vez… Pero no te encontré…
Aún te añoro, ¿sabes? Cada vez que tu imagen aparece en mi mente, mi corazón se agita y la nostalgia me invade completamente; se apodera de mí un deseo irrefrenable de verte, aunque sea de lejos, pero verte… con una sonrisa en tu rostro, mostrando ese cariñoso gesto que siempre llevabas contigo… aunque me ignores, aunque no me saludes… solo eso me bastaría.
- ¿Aioria?
Me volteo para ver aparecer a la persona con quien ahora comparto mis días y noches. Lo quiero, no lo negaré… pero tu recuerdo aún prevalece, aunque él se ha encargado de borrar gran parte del dolor que dejaste en mi corazón, con paciencia, con su amor incondicional. Sabe que todavía no lo amo como él a mí, pero a pesar de ello está a mi lado, y aunque no lo diga en voz alta, eso me hace feliz.
- Shaka… aquí estoy… - Contesto mientras recibo gustoso el abrazo que me brindas. Se siente tan bien ser amado, y ahora entiendo perfectamente por qué todos los seres humanos buscamos eso, sin importar las consecuencias.
- Te amo.
Sonrío mientras atraigo tu nuca y deposito un suave beso en tus labios. No sabes lo que daría por decirte las mismas palabras con toda la pasión con la que tú me las dices.
Algún día lo haré, estoy seguro.
Cuando logre olvidarle… a él…
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