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Capítulo 2: El secuestro del dragón.
Kanon buscó a Milo toda la mañana. Fue al octavo templo, a los campos de entrenamiento, incluso se dio una vuelta por el pueblo pero no lo encontró. Desanimado regresó sobre sus pasos hasta su templo, bueno, el templo de su hermano, que prácticamente también era suyo. Miró el reloj, dentro de un par de horas Shura se aparecería por ahí y ¿qué le iba a decir? ¿”Lo siento Shura, no lo pude conseguir”? Tal vez si lo distraía con alguna película, el de capricornio lo olvidaría y tendría más tiempo hasta encontrar a Milo.
- Pido permiso para pasar por tu templo… - la voz de Aldebarán le hizo levantar la mirada que estaba perdida en el suelo.
- Ahh, no soy Saga… - aclaró, aunque tenía la impresión de que Aldebarán ya lo sabía, después de todo, era el único que rara vez los confundía.
- ¿Sucede algo? – era rarísimo ver a Kanon serio.
- No, nada… oye, ¿no has visto a Milo?
- Lo vi muy temprano hace días con el Patriarca… ¿por qué no le mandas un marcas o le mandas un mensaje?
“¡Bendita tecnología!”- pensó, apenas ahora reparaba en la existencia de los móviles.
- Cierto… buena idea amigo – dijo con una enorme sonrisa, eso lo diferenciaba de su hermano, Saga jamás sonreía de esa manera. Se puso de pie y palmeó la espalda del grandote, y ahí estaba de nuevo, el Kanon de siempre.
***
El sonido del móvil llamó la atención de Shaka.
- Disculpa – dijo Milo antes de alejarse un par de metros para responder – ¿Diga? ¿El qué?... – la voz al otro lado del teléfono se escuchaba algo desesperada – Ahh… sí, ¿qué hay con ello? See… ahh, lo siento Kanon… se lo di a Camus…
“¿Por qué hiciste eso?” – preguntó el menor de los gemelos entre indignado y decepcionado; y Milo solamente pudo musitar un: “No lo sé” Y en parte era cierto, aún podía recordar el día en que Camus se apareció en la puerta de su templo, solo tuvo que elevar un poco su cosmoenergía para que Milo se diera cuenta de su presencia, luego salió a su encuentro y lo vio ahí, con una caja entre sus brazos, dentro había infinidad de cosas, ropa, discos, películas, videojuegos, era la vida que habían tenido juntos resumida a una simple caja, sintió escalofríos, cada objeto tenía su historia.
- Te traje tus cosas – había dicho Camus en aquel entonces con infinita tristeza que le dolió a Milo en el alma. El escorpión estuvo consciente todo el tiempo de que el francés guardó hasta el último momento, la esperanza de volver.
- No te las di para que un día me las devolvieras… ¿Tú quieres tus cosas?
Camus lo pensó un momento. ¿Para qué las querría de regreso? Y aunque quizá extrañaría la ropa para dormir que había abandonado en el octavo templo, estaba seguro de que no las deseaba de regreso, porque le dolía. Le dolía saber que Milo se desharía de todo y que pronto lo iría olvidando. Miró el suelo y luego cerró los ojos, no sería nada bueno que el escorpión lo viese llorando, aún le quedaba algo de orgullo y amor propio, mancillado y por los suelos, pero amor propio al fin.
- No te las di… para que… - le costaba horrores decir aquello – un día me las regresaras… - dio la vuelta y se alejó un par de pasos - ¿Siempre guardas todo? – Milo guardó silencio sin saber muy bien a lo que se refería – De las personas… con las que has estado… ¿siempre guardas todo?
- No… - respondió por tres razones, primero porque era cierto, en segunda porque nunca había estado tanto tiempo con alguien como para “guardar” objetos de valor sentimental y en tercera, porque era lo que Camus necesitaba escuchar.
El carraspeo de Shaka interrumpió los pensamientos de Milo y nuevamente se concentró en la voz histérica de Kanon al otro lado del móvil. Observó al rubio, demasiado serio para su gusto.
- Camus es una gran persona, puedes pedírselo, no creo que te lo niegue… Tengo que colgar…
***
¡Maldición! – musitó Kanon cuando le colgó Milo. Lo último que quería era tener que pedirle algo a Camus, no después de haberse burlado de él. Y no es que tuviera algo contra el francés, a decir verdad, le agradaba, pero al mismo tiempo le gustaba molestarlo, sacarlo de sus casillas, ver su rostro iracundo cuando con nadie más demostraba sentir algo, en varias ocasiones habían llegado incluso a los golpes, a veces perdía Camus, a veces era el dragón Marino quien terminaba malherido. Pero en el fondo, muy en el fondo, se apoyaban incondicionalmente.
Kanon ensayó el nombre de Camus en su mente varias veces, no se había planteado ningún diálogo pero sabía que llegado el momento las palabras vendrían a su mente. Así que cuando el francés apareció no pudo más que interceptarlo.
- Camus… - dijo sonriendo.
- Kanon.
- Oye, quería saber si… podrías hacerme un favor… - la breve risa del de Acuario le estremeció, no supo si le causó temor, sorpresa o si tan solo le gustó escucharlo reír. Tal vez era una mezcla de todas esas sensaciones y sonrió tontamente hasta que el francés habló.
- Así que vienes a pedirme un favor… - dijo con fingido cinismo – te escucho, aunque de antemano la respuesta es no – dijo divertido, sabía que era algo arriesgado decir que no desde un principio, pero después de la forma en que el gemelo se había burlado de él, sentía que debía vengarse de alguna forma.
- Vamos Cam – solo le llamaba Cam cuando quería algo, y esta era una de esas ocasiones – Milo me dijo que tenía algunos videojuegos – pronunció con cautela, el tema de Milo seguía siendo una especie de tabú en la vida del dueño del onceavo templo – que fueron de él y… quería saber, si podrías prestármelos.
- No… - de manera casi imperceptible su actitud había cambiado, ya no parecía negarse tan solo para fastidiarlo, era como si tuviera un motivo verdadero para decir que no – si me disculpas, iba de salida.
- Pero… - no alcanzó a decir nada más cuando el menor se alejó pensativo, cosa que no pasó desapercibida para el mayor.
***
- ¿Por qué ya no mantienes tus ojos cerrados? – al otro lado de la mesa el rubio lo observó meditando.
- Porque ya no hay necesidad de hacerlo.
- ¡No Shaka!, así jamás se dará cuenta.
- ¿Qué? ¿Por una simple pregunta? ¿Qué se supone que debo decir entonces?
- Tendrías que haber dicho: “¿Y privarme de ver tu rostro?” ó “Porque me gusta verte” – el rostro concentrado de Milo le hizo darse cuenta de que por más ridículo que se escuchara, hablaba en serio.
- ¿Y aún así tienes fama de ser un conquistador?
Milo sonrió y tomó una de las manos de Shaka para tirar suavemente de ella y poder musitar en su oído.
- Cuestión de práctica – el cálido aliento hizo que Shaka se estremeciera, la cercanía, la sensualidad en la voz del escorpión, como si estuviera excitado, como si realmente lo deseara. Cuánto comprendía ahora a Camus, tanto tiempo cuestionándole qué había visto en el vago de Milo y ahora, en unos cuantos segundos, la respuesta se presentaba ante él con tanta claridad que asustaba.
- Será mejor que nos vayamos – dijo disimulando lo mejor posible su turbación – debíamos haber partido ayer rumbo al santuario.
***
Camus se mantuvo quieto mirando hacia la nada, se sentía un poco egoísta por la escena con Kanon, después de todo, seguían siendo las cosas de Milo… y le apenaba aceptar que todo seguía intacto en una caja. Algo en su interior le rogaba porque dejara todo así, tan solo una vez se atrevió a abrirla y ver su contenido, había cosas que ya ni recordaba y sonrió con amargura para lamentarse segundos después. Una parte de sí estaría irremediablemente atada al escorpión aunque no quisiera, tan solo no podía contra ello, porque a pesar de todo el dolor, en el tiempo que estuvieron juntos, al menos él, fue muy feliz.
- La que quieras por tus pensamientos… - el inesperado abrazo de Death Mask lo alertó y por instinto lo golpeó para después ponerse a la defensiva.
- Ahh, lo lamento, no sabía que eras tú…
- ¿Quién pensabas que era? – dijo desde el suelo.
- No sé, estaba distraído…
- Pude haberte violado ¿sabes? – exageraba, como siempre.
- ¿Cuándo regresaste? – el semblante de Camus cambió por uno serio e imperturbable.
- Hace un par de minutos y vine a verte… - se le acercó para acorralarlo contra una columna – quiero romperte ese culo redondo y apretadito que tienes – apoyó su entrepierna en uno de los muslos de Camus y besó sus labios, sus manos apresaron las nalgas de Camus.
- Eres un guarro… - una de las manos de D.M. se deslizó dentro de su ropa y ayudándose con la otra mano que aún estaba afuera, hizo un espacio entre sus nalgas para pasarle un dedo y acariciarle el ano, estaba demasiado seco como para poder penetrarlo, pero ya se encargaría más tarde de lengüetearlo hasta que estuviera lo suficientemente mojado como para poder penetrarlo. El cuerpo de Camus se estremeció y por instinto acercó su cuerpo al del dueño del cuarto templo.
- Vamos…
Camus había pensado en cuestionarlo cuando regresara, pero el de cáncer no se lo permitió. De pronto se encontraba sumiso entre sus brazos y esa sensación de pertenecerle a alguien le excitaba.
***
Kanon entró al cuarto de Camus, buscó sigilosamente y por fortuna para él, el francés era demasiado predecible. Podía decir casi con los ojos cerrados donde estaría ubicada cada cosa. Había estado en su habitación solo un par de veces y seguía todo en el mismo orden, a diferencia que todas las pertenencias que habían sido un día de Milo fueron a parar bajo la cama. Sacó todo para buscar el dichoso videojuego en cuestión, un clásico muy raro que el idiota de Milo había abandonado con Camus, era casi imposible para Kanon comprender cómo era que había sucedido, pero no tuvo mucho tiempo para pensarlo cuando escuchó un par de voces que lo alertaron. Guardó todo tan rápido como pudo y salió escondiéndose entre los pilares.
Lo que vio lo dejó sin habla. Ahí estaba Death Mask, tirándose a Camus de forma violenta, el francés estaba en cuatro, con las piernas abiertas y el abdomen casi tocando el suelo, era embestido con fuerza y se aferraba a la ropa que estaba en el suelo. Parecía que de un momento a otro el francés terminaría rompiéndose, siempre le dio la impresión de que Camus era muy frágil, aunque eso estaba muy lejos de la realidad. Kanon estaba embobado con aquella imagen.
- Ahh… Deahhth… así… - gimió sin poder contenerse.
- ¿Te gusta? Dilo… - manoseaba todo su cuerpo mientras lo masturbaba, le agarraba los testículos para apretarlos y luego entretenerse con el miembro de Camus. Mordía sus hombros, lo besaba para distraerlo y metérsela de golpe.
- Ahh… - dijo con una expresión encantadora, mitad placer, mitad dolor – See… - el rostro encendido del de Acuario era toda una delicia y Kanon, a varios metros sintió como su miembro se endurecía, y no es que le fueran los tíos, aunque tampoco descartaba la idea. Pero repentinamente un montón de pensamientos le vinieron a la mente. Camus chupándosela despacio mientras alguien se lo follaba… dioses… si seguía así se correría con tan solo pensarlo, así que sin perder tiempo salió sin ser visto.
Cuando se encontró en su templo minutos más tarde se dio cuenta de que no podía dejar de pensar en la escena que había visto. Incluso estuvo tentado a tirarse al de capricornio en cuanto lo viera.
***
Shura se encontraba fumando un cigarrillo, salió para ir rumbo al templo de géminis cuando los gemidos provenientes del templo vecino le hicieron sonreír con amargura. Sabía que no debía acercarse pero sus pasos se guiaron solos hasta que se encontró nuevamente, como tantas otras veces espiándolos, masturbándose mientras imaginaba que era él quien estaba con el francés.
Se preguntó, como en otras ocasiones si lo que sentía por Camus era solo deseo y pensó con tristeza que si así fuera no le dolería tanto verlo con alguien más.
***
El cuerpo inmóvil de Camus descansaba boca abajo sobre la alfombra, no quería moverse, ni siquiera se atrevía a pensar cómo haría para sentarse en los próximos días.
- Tengo hambre – dijo Death Mask mientras abrazaba el menudo cuerpo de Camus.
- Ni creas que me voy a levantar ahora… - dijo y después giró su rostro para evitar que el de cáncer lo besara, aún estaba molesto con él.
- Pero Camus… - se quejó como un niño pequeño – no hemos comido… - eso era cierto, sí, pero también era cierto que si no habían comido aún era porque D.M. no había podido contenerse y habían terminado haciéndolo incluso antes de llegar a la habitación.
Eso era algo muy de Death Mask, le era imposible mantenerse alejado de Camus cada vez que lo veía al entrar a su templo, de haber sido por él se la habrían pasado follando todo el día, y vaya que el de cáncer tenía aguante, si la mayoría pensaba que Milo era bueno en la cama, era porque definitivamente jamás habían estado con Death Mask.
El italiano se sentó y observó el cuerpo desnudo de Camus.
– Tengo hambre… - insistió – aunque podría comerme otra cosa… - musitó para luego morder suavemente el cuello del francés, colocándose sobre él, acariciando todo su cuerpo.
– Idiota… ahh – gimió – espera… ahh… está bien… - D.M. le permitió girarse para quedar de frente.
– ¿Estás cansado?
– Un poco… - dijo abrazándose de su cuello, D.M. lo abrazó con cuidado para irse reincorporando y así quedar sentados ambos – ahh… - se quejó.
– Lo siento, ¿sigues enojado?
Iba a responderle que sí, que aún estaba cabreadísimo por no haberle avisado que se iba a una misión de tantos días, pero no podía hacer eso, no era una novia celosa, y se consideraba lo suficientemente maduro como para aceptar cualquier ausencia que tuviera que ver con el santuario y sus deberes como caballeros. Además, lo que en verdad le molestaba no era que se hubiera ido, sino haber sido el último en enterarse por medio de las burlas de Kanon.
- No – mintió.
- Te prometo – lo besó apenas rozando sus labios – no volverme a ir sin avisarte.
- No tienes que avisarme… no es...
- Pero quiero hacerlo – interrumpió.
Estaba consciente de lo inseguro que era Camus, y si se ponía en su lugar por un segundo, tendría que aceptar que él también se habría sentido dolido si de pronto al despertar Camus hubiera tan solo desaparecido, así, sin decir nada.
- De cualquier forma, creo que el patriarca nos seguirá mandando a investigar, a mi me fue bien, solo una semana, enviaron a Saga al Norte antes que a mi y todavía no regresa… Shaka debía regresar ayer, pero tal vez tuvieron algún contratiempo – Camus parecía ausente - ¿Qué tienes?
- Estaba pensando… Kanon me pidió algo prestado y tan solo le dije que no… - Death Mask entrecerró los ojos y se posicionó bien sobre Camus separando un poco los muslos de éste. Dejó que su miembro rozara los testículos del francés y se apoyara en sus nalgas, como diciendo: “Esto es de mi propiedad” Algo posesivo el de cáncer.
- ¿Por qué? – preguntó aunque en realidad lo que sucediera con el menor les gemelos le daba igual.
- Porque estaba molesto con él y… - tomó aire – no sé – no se atrevió a decir que lo que le había prestado pertenecía a Milo y que las pertenencias del escorpión eran casi sagradas aún para él – Sabes, creo que iré a dejarle lo que me pidió.
Se puso de pie y el de cáncer lo imitó.
- Oye Camus… - el francés se detuvo para mirar a D.M, éste se acercó para abrazarlo y recargar su rostro sobre el hombro de Camus.
- ¿Qué sucede? ¡Ahh! – se quejó – ¿qué haces? – el ligero dolor sobre su cuello lo alertó e intentó alejarse.
- Para que sepan que eres mío – musitó D.M. y luego besó casi con violencia sus labios.
- ¡Idiota! – acarició la marca rojiza sobre su cuello y se dirigió a su habitación.
Death Mask lo observó con lujuria, mientras encendía un cigarrillo. Había sentido nuevamente esa presencia en el templo de acuario, se preguntó si en verdad Camus no se había dado cuenta. Un “¡Grandísimo mal nacido!” le hizo ir hacia la habitación, observó a un colérico acuariano guardando un montón de cosas bajo la cama.
- ¡El bastardo se lo llevó! ¡Entró a mi habitación y se los llevó! – le pareció casi cómica la situación, nunca había visto a Camus enojado, él era más bien una persona tranquila, por demás fría y en apariencia insensible.
- Pero… pensé que se lo ibas a prestar de cualquier forma…
- See – dijo como si fuera demasiado obvio – ¡pero entró a mi habitación…! iré
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