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El Regreso del Club de los Inadaptados (SagaxAfro) El Regreso del Club de los Inadaptados (SagaxAfro) (0.380 s)

El Regreso del Club de los Inadaptados (SagaxAfro)

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El 12/09/10 a las 09:09:10
El Regreso del Club de los Inadaptados (SagaxAfro)

Resumen: justo cuando los inadaptados (léase Kanon, Afrodita, MM, Shun y Jabu) creían que por fin tendrían algo de paz (sí, cómo no) empiezan a suceder cosas extrañas en el Santuario de Atenea, hay problemas con dragones chinos en el Santuario de Poseidón... y los cinco ¿amigos? se encuentran frente a un nuevo misterio, que involucra a (toda) la descendencia del dios Ares y la extraña desaparición de la diosa Niké.

Pareja principal: Saga x Afrodita (el Caballero, no la diosa).
Parejas secundarias: hum... Shaka x Misty, Ikki x Esmeralda, Shun x June y algunas otras que irán apareciendo por el camino.

Tipo: multichapter.
Clasificación: PG13, si no me equivoco.
Advertencias: este va a ser uno de esos fics largos, largos, con demasiados personajes y más mitología de lo que se recomienda como dosis diaria para una buena salud mental. Sorry, últimamente me salen así.

Se trata de la continuación de otros dos fics, no es indispensable haberlos leído, pero si alguien quiere echarles una ojeada, son "Shoguns" (pueden encontrarlo aquí o aquí) y "El Club de los Inadaptados" (pueden encontrarlo aquí o aquí).

Estado: en progreso. Capítulo diecinueve.
Ultima Actualización:  6 de abril de 2012.
 
Autora:
Daga Saar.

Razón: después del fic anterior a este, me sobraron ideas y tuve que usarlas en algo para no volverme loca.

Personajes.
Principales:
Kanon, Saga, Afrodita, Máscara Mortal, Shun y Jabu.      
Secundarios:
todos los que quepan del anime y el manga.        
Incidentales:
ídem.  
Originales:
uno que otro.

Comentarios adicionales: hay una pequeña galería de ilustraciones en mi página, pueden verla aquí. Con cuidado, eso sí, porque contiene spoilers.


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Capítulo uno

Introducción

Este fic se ubica en el mismo universo que "Shoguns" y "El Club de los Inadaptados". La acción se inicia unas dos o tres semanas después de finalizar este último. No es indispensable haberlos leído para comprender lo que ocurre (o al menos eso espero), pero pondré aquí unos datos básicos para aclarar cómo está la situación.

Luego de la Saga de Hades (e ignorando todo lo de Lost Canvas y Next Dimension que no me convenga XD porque todavía no tenemos idea de cómo va a terminar eso), Saori se ha establecido en el Santuario.

De la Orden de Atenea solamente sobreviven diez Caballeros de Bronce (conocidos como "los Cinco" y "los otros cinco"), doce Caballeros de Oro (rescatados del Hades por gracia de la Gran Voluntad… o por pura suerte, no sabemos), tres Amazonas de Plata (Marin, Shaina y June), Kanon (que asegura no formar parte de la Orden, aunque algunos se refieren a él como el caballero número trece), y el Patriarca Shion.

En este universo, Saga y Kanon son hijos de Shion y de una tal Febe, quien murió el mismo año en que nació Saori. Además, Saori también es hija de Febe, pero hay probabilidades de que no sea hija de Shion.

Luego de una pequeña aventura que involucró resolver el misterio de unas armas desaparecidas y testificar sobre quién ganó una apuesta entre dos dioses, Kanon, Máscara de Muerte, Afrodita, Shun y Jabu establecieron una amistad que sorprende al resto de la Orden, por lo que están empezando a ser conocidos como "los inadaptados".

Ni en el manga ni en el anime se menciona en ningún momento que Saga haya sido poseído por el dios Ares (eso es parte del fanon) y lo estoy aprovechando: en este universo, "Arles" fue una personalidad secundaria de Saga que surgió a partir de un evento traumático (el condenar a Kanon a morir en la prisión del Cabo Sunión).

Aparte de lo anterior, este fic incluye un poco de shonen-ai además de algunas parejas het (estas últimas espero que no se salgan demasiado del canon). No era mi intención en un principio, pero, cuando me di cuenta, de pronto se habían formado dos parejas que no pude evitar.

 


El regreso del Club de los Inadaptados

Primera parte: la espada de Ayax y la prisión de Niké

"AYAX: (…) Y he de huir a yerma soledad, a tierra que jamás pisaron humanas plantas, y en un hoyo cavado en la tierra habré de sepultar mi espada (¡maldita espada!) donde jamás puedan hallarla. La Noche y el Abismo serán sus custodios. Desde que de la mano de mi mayor contrario, del valeroso Héctor, recibí esta espada, todo ha sido funesto para mí: ya nada pude hacer que tuviera valor a los ojos de los argivos. Bien lo dice el refrán de los mortales: dones no son los dones del enemigo y nunca son de provecho."

Sófocles, Ayax

 


Capítulo uno

Cría cuervos y te sacarán los ojos

O, lo que es lo mismo,

Un atentado dentro del Santuario

 

 


Casa de Géminis


El sol brillaba en el cielo, haciendo que esa mañana de verano fuera más espléndida de lo habitual. Más calurosa también. Quizá demasiado calurosa.

El día era lo que MM solía calificar como un día con sol de excesiva buena calidad. En otras palabras, era el punto más ardiente del verano y el sol tenía fuerza como para derretir piedras, o ablandarlas cuando menos.

El Santuario destellaba como una joya y era un regalo para la vista, pero el calor hacía que nadie lo apreciara mucho en ese momento, lo cual era una verdadera lástima.

Kanon terminó de barrer la entrada (o salida, dependía de qué dirección llegara el visitante) de la Casa de Géminis y deseó (por enésima vez desde el principio del verano) que algo de brisa aliviara un poco el tormento de ese calor. El único que no tenía quejas en esos días era Kamus, siempre y cuando nadie lo obligara a abandonar su Casa.

Un poco de lluvia no vendría nada mal...

¿Qué era ese olor?

Fue extraño que tardara en reconocerlo, olía a sal marina, a agua de mar.

Al regresar al Santuario, poco antes de la batalla contra Hades, una de las cosas que le llamaron la atención fue lo mucho que extrañaba el olor del mar al encontrarse tierra adentro. Respirar el aire del Santuario era particularmente difícil en verano, pero la nostalgia del mar hacía que ese verano entre todos fuera el peor para Kanon... y ahora de repente llegaba ese olor a agua salada sin ninguna razón, sin previo aviso y sin rastro de viento al que pudiera echársele la culpa. Podía no ser nada y podía ser una advertencia.

Así pues, decidió considerarlo una advertencia. Siempre había que prepararse para lo peor.

Saga se dio cuenta inmediatamente cuando su hermano volvió a entrar en el templo, pero estaba enfrascado en una discusión con Shion y no lo miró ni siquiera cuando pasó junto a él. Shion, por su parte, casi nunca miraba a Kanon, como si en realidad no existiera. Así que llegó sin contratiempos a la habitación que compartía con su hermano. Buscó algo de papel y empezó a escribir unas cuantas cartas... no debía quedarle mucho tiempo.

Luego de terminar con la última carta (eran siete en total) y guardarla en su respectivo sobre, se encontró con el dilema de cómo hacerlas llegar a sus destinatarios, ya que solamente deberían leerlas si llegaba a pasarle algo a él… necesitaba confiárselas a alguien que pudiera encargarse de distribuirlas si llegaba el momento.

Salió de la habitación a tiempo para ver a Shion y Saga separarse y caminar en direcciones opuestas. Casi tuvo que sonreír. Estaban furiosos el uno con el otro y la actitud altanera con la que se daban la espalda en ese momento hacía que lucieran tan parecidos como les era posible. Era sorprendente el que casi toda la Orden ignorara que eran padre e hijo.

-Lo que sea, se le pasará y luego te buscará para disculparse y darte la razón –dijo Kanon, lo más gentilmente que pudo, cuando Shion pasó junto a él, ignorándolo una vez más.

Shion se detuvo en seco y lo miró sorprendido.

-¿Kanon?

-¿Señor?

-No te había visto, pensé que no estabas en casa.

-Tengo tendencia a mimetizarme con mi entorno –Kanon se encogió de hombros-. ¿Por qué fue la discusión esta vez? Digo, si no es una indiscreción de mi parte… tal vez pueda convencerlo para que ceda un poco.

-No hay nada que discutir y ese es el problema –Shion empezó a caminar de nuevo, pero más despacio que antes, cosa que Kanon interpretó como una invitación a caminar a su lado-. Es esa idea suya de conseguir que un médico se establezca en el Santuario.

-¿Cuál sería la desventaja de eso?

-Una persona ajena a la Orden no tiene por qué residir en el Santuario. Y no hay médicos en la aldea… no la clase de médico que él insiste en conseguir.

Por supuesto. En Rodorio había unos cuantos curanderos y parteras, pero Saga pretendía que consiguieran un médico general… Tanto el Patriarca como el Caballero de Géminis tenían un poco de razón, ya que el abrir el Santuario a alguien ajeno a la Orden y al culto de Atenea era exponerse todos a un serio peligro, pero también era cierto que, aunque todos ahí sabían bastante de primeros auxilios, a veces era necesario conseguir a alguien que supiera realmente de medicina.

-Bueno, ya llegarán a algún acuerdo –dijo Kanon, con una sonrisa-. Es tan solo una cuestión de puntos de vista, no una diferencia realmente grave.

-Hum… También hay algo que necesito hablar contigo.

Oh, eso sonaba a que estaba a punto de recibir un auténtico sermón.

…Bueno, no sería muy diferente de los que recibía a diario de Saga.

-Lo escucho, Maestro.

-Te diriges a Atenea con demasiada informalidad. Hablas con ella casi igual que como lo haces con tu hermano.

Sin duda alguna. Lo que Shion ignoraba era que esa familiaridad era algo que la propia Saori le había pedido, tan pronto como quedó claro que tanto él como ella conocían el "secreto" de su parentesco. No era un problema para Kanon, pero sí podía resultar extraño (cuando no inquietante) para alguien que no estuviera enterado… es decir, para la mayor parte de la Orden. Shion probablemente estaba a punto de pedirle discreción a él, ya que no podía pedírsela a Atenea.

-Yo no discuto con ella –declaró, tratando de sonar lo menos rebelde posible, cosa que no le era nada fácil.

-No, pero le hablas casi como si fueran parientes.

Kanon enarcó las cejas, preguntándose para sus adentros si Shion se habría borrado la memoria a sí mismo en algún momento después de obligarlos a él y a Saga a borrársela el uno al otro el día de la muerte de la madre de ambos, eso explicaría muchas cosas. Se sintió tentado a explorar el cosmos del Patriarca y averiguar por sí mismo si Shion efectivamente había olvidado que los gemelos y la reencarnación de Atenea eran hijos de la misma madre en esa generación, pero no habría sido prudente. Shion era un telépata natural, y se habría dado cuenta de inmediato.

-De acuerdo. Seré más formal con ella. Al menos en público.

A diferencia de Saga, Kanon era fácil de hacer enfadar y sus rencores eran largos. No era propio de él aceptar una crítica (y mucho menos una orden) con tanta calma, y eso desconcertó a Shion.

-¿Eres Kanon o eres Saga? –preguntó por fin, exasperado. Era algo que no había tenido que preguntar en mucho tiempo. La sospecha repentina de estar siendo engañado (una vez más) por los gemelos era demasiado molesta, sobre todo porque una parte de él deseaba en ese momento que fuera así, con tal de que el universo recobrara su orden lógico: era una verdadera pesadilla el discutir con Saga y hablar civilizadamente con Kanon, las cosas nunca habían sido así, pero si estaban intercambiando identidades de nuevo, tal vez él no se estaba volviendo loco, después de todo.

Cuando eran niños, la madre de los gemelos había tratado de acostumbrarlos a usar ropa de distintos colores para facilitar a los demás el distinguirlos. Saga siempre llevaba algo rojo y Kanon siempre llevaba algo azul, pero los gemelos habían aprovechado el código de colores precisamente para hacer más grandes las confusiones y cambiaban de lugar con frecuencia. ¿Era eso lo que pasaba últimamente?

El gemelo con el que estaba tratando lo miró con una expresión de sorpresa que tenía que ser fingida.

-¿No es obvio? Soy el que tiene los ojos verdes.

-¡Los dos tienen los ojos verdes!

-Corrijo y aclaro: soy el que siempre tiene los ojos verdes.

-¡Kanon!

-Ah, ahora sí sabe quién soy, ¿no?

Efectivamente, Kanon era el de las respuestas absurdas e inesperadas, pero Shion se mordió la lengua y no cayó en la trampa, no, definitivamente no iba a admitir eso en voz alta.

-¿Qué es lo que sucede contigo y con tu hermano? –preguntó-. Ambos actúan de una forma muy extraña últimamente.

-Siempre hemos peleado así. La principal diferencia es que antes no teníamos público.

-No me refiero a eso.

Por la mente de Shion pasó fugazmente el recuerdo de la anterior encarnación de los gemelos, Aspros y Deuteros, y su trágico final. Al tenerlos de nuevo en el Santuario, reencarnados como hermanos y bajo el signo de Géminis una vez más, Shion se había esforzado particularmente por impedir que se repitiera la pesadilla que ocurría en cada generación. No podía contravenir completamente las normas del Santuario (las leyes dictadas por la propia Atenea) que impedían que se mencionara el hecho de que había dos candidatos a la armadura de Géminis, pero al menos logró evitar que se acusara a Kanon de haber nacido bajo la estrella del Caos. No había sido suficiente y no podía evitar sentir algo de cólera cada vez que la división entre los hermanos se manifestaba frente a él. "El que siempre tiene los ojos verdes", si Saga llegaba a escuchar eso…

-¿Qué es lo que resulta extraño? –preguntó Kanon, repentinamente serio, como si le hubiera leído la mente, cosa que Shion sabía que era imposible, Kanon no tenía esa habilidad.

-Saga nunca había sido tan irritable como ahora. Y tú jamás has sido paciente.

-¿Por eso pensó que estábamos cambiando de lugar? Saga siempre ha sido impaciente y colérico, en eso somos exactamente iguales. Es solo que él lo disimulaba mejor que yo.

-¿Y esta paciencia de la que haces gala ahora cada vez que él te grita, es algo nuevo o estás disimulando tu mal carácter frente a los demás?

Kanon apartó la mirada y se concentró en una de las columnas. Su cosmos se elevó lentamente y envolvió la estructura. Shion observó sorprendido una pequeña nube de polvo de mármol rellenar las grietas y luego sellarlas con ayuda del cosmos de Kanon, hasta que la columna recuperó su aspecto original, como si jamás hubiera sido dañada.

El Patriarca siguió a Kanon, observándolo reparar una columna tras otra, con una mirada de intensa concentración.

-Entre nuestra última conversación y el incidente con Hades, pasaron más de diez años durante los cuales los tres estuvimos separados –dijo Kanon finalmente-. En ese tiempo aprendí una cosa o dos sobre la paciencia, y sobre si sirve o no discutir con alguien que está ofuscado. Peleo con Saga, es cierto, pero solo si él lo necesita.

-Explícate, por favor.

-Mi hermano se acostumbró a reprimir sus malos instintos como si todo fuera parte de las manifestaciones de Arles, y siempre le atribuyó a su personalidad secundaria todo mal pensamiento que pasara por su mente. Pero ahora que "Arles" ya no existe, y que estamos disfrutando de un período de paz, se ha llevado la gran sorpresa de que sus malos instintos siguen ahí.

Eso alarmó a Shion.

-¿Estás diciendo que tu hermano…?

-No, no, no. No se lance a interpretar lo que todavía no he terminado de decir. Sacar conclusiones antes de tiempo, eso es lo que suele meter a Saga en problemas. Lo que trato de decir es que mi hermano no es perfecto, y ahora que se ha dado cuenta de que tiene defectos, como todos los mortales, no sabe qué hacer consigo mismo, porque jamás tuvo la oportunidad de aprender a vivir con el hecho de que puede experimentar envidia, cólera y el resto de los siete pecados capitales, como cualquier hijo de vecino. Siempre se le dijo que era como un ángel, y ahora se siente como un ángel caído. Eso es todo.

-Pero…

-Yo aprendí a reparar cosas –Kanon señaló las columnas con un ademán-. Cuando estuve en el Santuario de Poseidón, no tenía con quién hablar al principio y no había nada más que hacer excepto reparar los pilares o contar granos de arena, y reconstruir el lugar era la menos aburrida de las dos opciones. Eso me ha ayudado con mi mal carácter, porque, afortunadamente, me ha tocado vivir en lugares donde siempre hay algo que tiene que ser arreglado. Y seguiré discutiendo con Saga, aunque eso sea preocupante para los demás, porque es la única forma que tiene mi hermano para desahogarse.

-¿Eh?

-Imagine que se trata de una olla de presión: pelear conmigo es la válvula de escape que impide que la presión interna lo haga estallar.

Una analogía de cocineros. Por un instante Shion creyó estar escuchando a Febe, la madre de los gemelos.

-Eso no bastará, no puede depender de pelear contigo para mantenerse estable el resto de la vida. Por mucho que lo racionalices, tampoco tú vas a soportar para siempre que esté culpándote de todo.

Kanon enarcó las cejas, comprensión era algo que no había esperado del Patriarca en ese momento. Fue una sorpresa agradable.

-Funciona por ahora. Y estoy enseñándole a reparar el mármol.

-Terminarán restaurando las Doce Casas antes de que él haya aprendido a controlar su carácter.

-Probablemente, pero si funcionó conmigo, puede funcionar con él. Y si no es bastante con las Doce Casas, siempre podemos pedirle que nos enseñe a reparar armaduras.

Shion sacudió la cabeza.

-Tendrá que bastar con el mármol. Por mucho que me duela admitirlo, ustedes dos no tienen ese don en particular.

Kanon sonrió a medias, sentía la tentación de decirle que algunas habilidades pueden adquirirse a fuerza de terquedad aunque no exista el talento natural, pero estaba demasiado acostumbrado a guardar sus ases bajo la manga como para llegar a hacerlo.

Además, presumir de la habilidad adquirida, probablemente pondría a Shion sobre la pista de lo muy celosos que (todavía) se sentían los gemelos cada vez que el Patriarca alababa el talento de Mu.

 


Palacio del Patriarca


-¡Hasta luego, hermano!

-Hasta... ¡Eh! ¡Espera un momento! ¿A dónde vas?

-Los muchachos y yo iremos al pueblo hoy...

-¿A qué?

-No sé... dar una vuelta... tal vez veamos una película... lo de siempre.

Ikki frunció el ceño. Últimamente, el término "los muchachos" en boca de Shun significaba "Kanon, Jabu, Máscara de Muerte y Afrodita", y no acababa de entender por qué... pero lo que sí no tenía sombra de duda era que no le gustaba.

Todo había empezado con aquella extraña aventura cortesía de la diosa Afrodita. Un momento estaba Ikki en el salón del trono con la mayor parte de los demás Caballeros en un día completamente común y corriente y al siguiente parpadeo (aunque según los calendarios había pasado casi un mes) todo había cambiado.

Por supuesto, Shun seguía siendo la persona dulce y agradable de siempre, pero cada vez pasaba más tiempo con "los muchachos", a los que (por cierto) el resto del Santuario estaba empezando a llamar "los inadaptados".

¿A qué se debía el que Shun se hubiera vuelto tan amigo de esos cuatro? Lo peor era no poder obtener una respuesta clara: cada vez que interrogaba a Shun sobre el asunto, sólo conseguía la mirada inocente de toda la vida y un paciente relato de la aventura en Delfos, Citeres y el Olimpo... con unos cuantos huecos realmente notorios, como el por qué Afrodita de repente tenía un nombre que sonaba remotamente masculino (pero al que sólo respondía cuando lo usaba alguno de sus cuatro amigos), o por qué "los muchachos" y Shun recibían correo desde otros lugares de Grecia en forma bastante regular, con remitentes de nombres tan curiosos como Louise de Champagne y Placer Uránida. Por no mencionar las cartas de Cid y Bud desde Asgaard (con el ocasional "recuerdos a tu hermano" en alguna parte cerca de la firma). Ese relato incompleto no bastaba para justificar una amistad tan repentina.

¿Acaso no había sido Jabu el principal atormentador de Shun cuando estaban en la Fundación? ¿Y no había sido el Caballero de Piscis quien casi lo había matado en la batalla de las Doce Casas? ¿Y Kanon? ¿Qué podían tener en común Shun y ese frustrado aspirante a dueño del mundo? Y, para colmo de males, Máscara de Muerte, sobre el cual era mejor no hacer comentarios, ni siquiera mentales. ¿Es que Shun se había vuelto loco? ¿Serían secuelas de lo sucedido en el Hades?

 


Casa de Virgo


Shaka salió de su Casa esa mañana para encontrarse con el aprendiz de Shura examinando cuidadosamente el suelo a pocos metros de su puerta.

Polemos era el primer aprendiz que había llegado al Santuario desde el regreso de Atenea, con lo que el número de aprendices en ese momento se elevaba a… exactamente dos: Kiki y él. Shaka no había tenido oportunidad (ni interés) de tratarlo mucho, aunque sí había escuchado que los habían comparado un par de veces, porque el niño tenía también el cabello rubio y lacio.

Movido por la curiosidad, el Caballero de Virgo abrió los ojos un momento para contemplarlo. Sí, era rubio, parecía algo mayor que Kiki… y sin duda habría que decirle a Shura que se moderara un poco, el pobre niño tenía más moretones de la cuenta en brazos y cara… a menos que fuera propenso a los accidentes.

-¿Qué buscas? –preguntó Shaka, luego de cerrar los ojos una vez más.

-Perdí un lente de contacto –murmuró el muchacho-. Ah, aquí está.

¿Un lente de contacto? Eso no era muy prudente para alguien que debía practicar a diario técnicas de combate. Y unos lentes tampoco serían algo muy seguro de usar…

-¿Es muy grave tu problema? –preguntó Shaka, preocupado.

-¿Por qué lo pregunta?

-Porque si necesitas lentes en forma permanente, quizá no estás en el lugar más adecuado para ti. El entrenamiento puede agravar cualquier problema de visión que tengas y el tener que estar protegiendo tus ojos constantemente te pone en desventaja…

-¿Y me lo dice alguien que siempre tiene los ojos cerrados? –respondió Polemos.

Podría haber sonado insolente. Debería haber sonado insolente. Pero Shaka descubrió con sorpresa que tenía la impresión de que aquello había sido dicho con toda inocencia… y tuvo la repentina seguridad de que alguien menos tranquilo que él se habría enfurecido de inmediato con el aprendiz.

En ese momento, todos los moretones que decoraban la piel de Polemos tuvieron pleno sentido: el Santuario estaba lleno de personas menos pacientes que él, y no estaba pensando en los demás Caballeros (ni siquiera Cáncer caería tan bajo como para golpear a un niño, o al menos eso esperaba Shaka) sino en la servidumbre, la gente encargada de los suministros, limpieza y reparaciones del Santuario; un niño irritante que apenas estaba empezando su entrenamiento (y que, además, no era nativo de la isla sino de alguna otra parte de Grecia, hasta donde le habían contado) podía correr un serio peligro de recibir coscorrones por cualquier palabra irreflexiva.

-No has respondido mi pregunta, Polemos –dijo Shaka, con tono severo.

-Hum, no es un problema grave… señor.

Se tardó demasiado en añadir el "señor". Sí, habría que conversar con Shura y pedirle que hablara un poco sobre protocolo con su aprendiz. En ese momento, Shaka percibió el cosmos de uno de los Géminis saludándolo desde la otra entrada de la Casa de Virgo y marchó a recibirlo, olvidándose por completo del niño.

Si no hubiera tenido los ojos cerrados, quizá habría alcanzado a notar que el lente de contacto de Polemos muy probablemente no tenía nada que ver con la calidad de su vista, ya que se trataba de un lente de color.

-Saludos, Caballero de Virgo –le dijo Kanon tan pronto como estuvo cerca de la entrada.

Shaka se forzó a no fruncir el ceño. Era de agradecer que le hubiera hablado primero, porque las voces eran de las pocas cosas que permitían distinguir a los gemelos con facilidad, ya que la de Saga era mucho más grave que la de Kanon. Había quien afirmaba que el Caballero de Géminis había fumado bastante durante su adolescencia, y eso le había afectado las cuerdas vocales en forma permanente, pero Shaka se resistía a creerlo. Saga no era de los que caían fácilmente en un vicio tan absurdo como el del tabaco.

Aún así, Shaka tenía ciertas reservas para hablar con Saga (de hecho, evitaba hablarle siempre que era posible) y no le gustaba para nada hablar con Kanon. Había algo en el segundo gemelo que le resultaba francamente irritante, y nunca le habían gustado las cosas ni las personas que lo sacaban de balance.

-¿En qué puedo ayudarle, Géminis? –preguntó con toda corrección, aunque con bastante frialdad.

-Sin el "Géminis", por favor, el título es de mi hermano, no mío.

-¿En qué puedo ayudarle? –repitió Shaka, omitiendo el título y sin usar el nombre de Kanon. Si aquello era algún intento medianamente sutil de intentar convencerlo de hablarle con familiaridad, el segundo gemelo iba a fracasar estrepitosamente.

-Necesito pedirle un favor –dijo Kanon, cambiando de actitud por completo para hablar con la formalidad que solía usar con el Patriarca Shion en presencia de testigos, y, acto seguido, le ofreció a Shaka un pequeño paquete sellado-. Esto contiene cartas para seis personas que residen en el Santuario. Quiero pedirle que las guarde por un tiempo… y que las entregue a sus destinatarios si llega a sucederme algo antes de que pueda pedírselas de regreso.

-Estás bajo la protección de Atenea y vives en su Santuario. ¿Qué podría llegar a sucederte? –preguntó Shaka, vagamente ofendido de que Kanon pudiera siquiera pensar que corría algún peligro, de la clase que fuera, en el mismo lugar que defendían los Caballeros Dorados.

Kanon le sonrió, y eso aumentó todavía más la desconfianza de Shaka.

-Es un presentimiento, nada más. Pero tengo la mala costumbre de prestar demasiada atención a mis presentimientos. Si pasa suficiente tiempo sin que nada me obligue a alejarme del Santuario, entonces le pediré de vuelta las cartas y no habrá pasado nada, Caballero.

Shaka extendió la mano hacia el paquete.

-¿Quiénes son los destinatarios?

-Mis amigos, mi hermano, el Maestro Shion. El contenido es… solo cosas personales, nada de importancia.

Tan poco importante que había que ponerlo por escrito y garantizar que esas personas recibieran sus cartas. ¿Acaso Kanon creía que hablaba con un tonto?

-De acuerdo –Shaka tomó el sobre-. Lo guardaré.

-Gracias.

Kanon volvió sobre sus pasos, Shaka guardó el paquete en su biblioteca y procuró olvidarse de él.

 


Casa de Piscis


Curiosamente, la temperatura no era tan elevada en el resto de Grecia, con buena parte de Europa pasando por una onda fría que había hecho nevar en Castilla La Mancha al punto que la nieve acumulada amenazaba con derrumbar los molinos de viento más antiguos.

El Maestro Shion había dicho en algún momento que el excepcional buen clima del Santuario se debía a la radiante presencia de la diosa Atenea. Y alguien había comentado en voz baja (pero lo suficientemente alto como para que algunos pudieran escuchar) que era imperativo enviarla a Japón antes de que el mármol terminara de fundirse.

Aunque la tradición (mejor dicho, el reglamento) exigía el uso constante de las armaduras cuando la diosa residía en el Santuario, conforme avanzaba el verano se pudo ver infracciones cada vez más graves a esa costumbre particular de la Orden, especialmente porque los únicos que parecían soportar la temperatura al aire libre eran Aldebarán, Ikki, Shun, Jabu, Nachi y Ban.

Otros seres vivos que tampoco se sentían muy a gusto con la temperatura eran las plantas.

Ciertamente, incluso en las mejores circunstancias no era usual ver muchas plantas en el Santuario, pero cuando las rosas de la Casa de Piscis empezaron a adquirir una tonalidad uniforme (tallos, hojas y pétalos) que tendía definitivamente hacia "castaño calcinado por el sol", ya no cupo la menor duda sobre algo que Kamus había declarado desde un mes antes de que la tierra reseca empezara a mostrar más grietas de lo normal: hacía demasiado calor.

Las rosas cultivadas por una larga sucesión de caballeros de Piscis (se trataba de una tradición iniciada por Apolodoro de Pisics, quien había sido parte de la Primera Generación) eran de una variedad tan resistente que casi parecían inmortales: habían sobrevivido a plagas, terremotos, heladas, inundaciones, guerras y generaciones de cabras montesas sin dejar de florecer y renovarse, por lo que resultaba totalmente descorazonador llegar a la Casa de Piscis y encontrar a Afrodita (el caballero, no la diosa) contemplando los capullos doblarse muertos antes de haber tenido oportunidad de abrirse, las hojas cayendo de los tallos y los tallos quebrándose por sí solos con chasquidos que recordaban a los producidos por la leña al quemarse.

Así pues, aunque Shun hubiese tenido una personalidad más cercana a la de su hermano Ikki, de todos modos se le habría encogido el corazón ese día de aquel sofocante verano, cuando llegó a la entrada este de la Casa de Piscis para encontrar (precisamente) a Afrodita contemplando la maraña reseca que era todo lo que quedaba de sus rosas.

-Estoy seguro de el Cortejo de Afrodita te enviará suficientes plantas nuevas como para repoblar el jardín tan pronto como termine la sequía –dijo Shun, tratando de consolarlo.

Afrodita sacudió la cabeza sin molestarse en mirarlo o en levantarse de donde estaba arrodillado.

-No es eso. Por supuesto que me enviarán suficientes plantas. Lo que está mal es no haber podido salvar ninguna. Ni siquiera las que Acuario ofreció guardar en su Casa van a sobrevivir.

Shun no pudo responder a eso, el día anterior había visitado la Casa de Acuario y era testigo de la frustración de Kamus, quien, a pesar de la temperatura cuidadosamente controlada en su Casa, no había encontrado la manera de evitar que los tres pequeños rosales se achicharraran igual que los que estaban al aire libre. Era como si todos los rosales de Afrodita fueran en realidad uno solo.

-Y lo peor de todo es... –continuó Afrodita.

Qué podría ser lo peor de todo fue algo de lo que Shun no pudo enterarse ese día, porque justo en ese momento la voz del Maestro Shion llegó a través del cosmos.

"Todos. Al Palacio."

El Patriarca podía hablar durante horas y horas, pero cuando se trataba de la comunicación mental, solía ahorrar palabras.

La primera vez que habían tenido que obedecer a uno de esos llamados relámpago, los caballeros de Bronce no pudieron evitar sorprenderse por la velocidad con la que habían acudido los de Oro.

Con el tiempo (muy poco tiempo) comprendieron que Shion siempre esperaba ser obedecido de inmediato… y era sumamente saludable no hacerlo esperar.

-Debería cambiarme de ropa… y ponerme la armadura… -murmuró Afrodita, mirando con desconsuelo su ropa de trabajo. Shun rió por lo bajo-. No es gracioso.

-Nada más cámbiate, no creo que llegue nadie con armadura –aconsejó Shun-. Hace demasiado calor.

-Cierto…

En efecto, cuando llegaron al palacio, descubrieron que todos estaban vestidos más o menos seriamente, pero ninguna armadura estaba a la vista. Lo único llamativo en ese momento era una caja de cartón en una mesa y una diosa que parecía un tanto ofuscada.

-En serio, Shion, no era necesario que los llamaras a todos. ¡Solamente hice una pregunta!

Shion la miró con aire incrédulo. ¿Acaso la diosa había olvidado los reglamentos que ella misma estableciera desde la Era del Mito? Una pregunta hecha por ella no podía quedarse sin respuesta…

Saori sacudió la cabeza con frustración y se dirigió al resto de los Caballeros con una sonrisa algo avergonzada.

-Me han enviado rosas… pero no hay firma en la tarjeta… Yo solo quería saber si alguno de ustedes sabe quién me las regaló.

-¿Seiya? –preguntó Ikki de inmediato, con un tono de burla fácil de percibir.

Seiya descubrió con incomodidad que todas las miradas estaban fijas en él.

-Eh... no, no he sido yo.

-Aquí el único que cultiva rosas es Piscis –dijo Milo, con voz neutra.

-Estas no las trajo él –dijo Shun, que se había acercado para espiar el interior de la caja.

-¿Cómo lo sabes? –preguntó Tatsumi, que ya estaba empezando a fruncir el ceño.

-Todavía tienen las espinas. Y además están completamente abiertas. A una señorita se le obsequian rosas en capullo o a medio abrir... Además de que esta variedad nunca la había visto antes, y conozco bien todas las que cultiva, ayudo en el jardín en mi tiempo libre.

-Pasas demasiado tiempo con ese idiota –sentenció Ikki.

-"Ese idiota" está presente y acaba de escucharte, Fénix –intervino Afrodita.

Saori sonrió amablemente para el Caballero de Piscis y le señaló la caja.

-¿Sabes de dónde provienen?

La pregunta tomó por sorpresa a Afrodita. No esperaba que Atenea le dirigiera la palabra... pero, claro, la diosa debía querer poner distancia entre el Fénix y él antes de que se iniciara una pelea. Resignándose, se acercó a la mesa y tomó una de las rosas para examinarla.

-No son de Europa.

-¿Seguro? –Ikki se las arregló para sonar completamente desconfiado en una sola palabra.

La expresión de Afrodita no se alteró para nada, pero apretó el puño con fuerza, sin darse cuenta de que las espinas de la rosa estaban clavándose en la palma de su mano. Seguramente no valía la pena mencionar que no solo era un experto en botánica sino que además tenía un título para respaldar sus palabras, pero de ahí a una provocación no había más que un paso y Shun no apreciaría que peleara con su hermano en presencia de Atenea.

-Esta variedad fue creada hace tres años, si no me equivoco. Las llaman "Reina Mora"... me parece que el creador de la variedad es peruano, pero no estoy realmente seguro al respecto. Lo que sí recuerdo bien es que han ganado varios concursos internacionales. No es fácil lograr este tono de amarillo.

Curioso, ¿por qué su visión se estaba poniendo borrosa? En fin, lo importante era que estaba cometiendo un grave error de etiqueta, ya que le estaba hablando a Ikki en lugar de dirigirse a Atenea. ¿Dónde estaba Atenea? Estaba empezando a sentirse mareado. Bajó la mirada hacia la rosa, luchando por concentrarse... ¿Era sangre lo que goteaba de su mano?

-No verá una de estas en un jardín, son demasiado delicadas y solo se dan bien en el ambiente controlado de un invernadero -¿por qué su propia voz se escuchaba débil y lejana?-. Han sido refrigeradas para traerlas aquí. La desventaja de hacer eso es que no tardarán mucho en marchitarse...

Tatsumi, que había salido poco antes, volvió a entrar y le dijo a Saori que tenía una llamada. Saori se disculpó por la interrupción y salió.

Afrodita volvió a colocar la rosa en la caja, era un alivio no tener que seguir recitando datos, visto el hecho de que Atenea no parecía haber recordado que el protocolo le impedía salirse del tema hasta que ella se lo permitiera, pero ese alivio no contribuyó a disminuir el malestar que sentía... ¿Por qué le temblaba tanto la mano? ¿Y por qué tenía tanto frío, si estaban en pleno verano?

-¿Afrodita? –esa era la voz de Shun. Se oía preocupado, lo cual no era nada raro, tratándose de él. Aún así, le pareció extraño al Caballero de Piscis. Todo estaba tan fuera de foco...

Y, cuando quiso levantar la mirada y preguntarle a Shun qué ocurría, perdió el equilibrio. Supo que estaba cayendo, pero (afortunadamente, tal vez), quedó inconsciente antes de tocar el suelo.


-Es veneno, de eso estoy seguro –dijo Mu, mirando casi con desesperación a su Maestro.

Shion asintió y miró expectante a Dohko, que sacudió la cabeza. No, no sabían qué clase de veneno era, y ellos dos y Mu eran lo más parecido a médicos que había en el Santuario.

Piscis no había recobrado el sentido en ningún momento y más bien parecía empeorar. Su respiración se escuchaba más y más difícil.

Tatsumi había sido el primero en darse cuenta de que algo andaba mal y por eso había alejado a Atenea, cosa que Shion agradecía profundamente. No habría sido nada agradable que la diosa viera a uno de sus caballeros dorados caer como fulminado por un rayo. Especialmente cuando todo indicaba que el veneno estaba en las rosas que nadie sabía cómo habían llegado hasta el salón del trono.

Llevar a Piscis a su Casa había sido cuestión de minutos, pero ahora nadie parecía saber qué hacer.

La mirada de Shion se encontró con la de Saga, que permanecía silencioso y lo más lejos de él que le permitía el ancho de la (diminuta) habitación. Shion no supo si sentirse aliviado o molesto porque el Caballero de Géminis no había intercalado todavía un "te lo dije".

Pero ahora lo importante era sacar a Piscis de ese problema... Mu estaba preparando algunas hierbas que había traído consigo, pero Shion podía adivinar por su expresión que no tenía la menor esperanza de que sirvieran de algo y sólo lo hacía para no permanecer inactivo.

Después de todo, envenenar al Caballero de Piscis era una hazaña supuestamente imposible. Gracias a las costumbres ancestrales de la Casa de Piscis, sus representantes consumían regularmente diversos tipos de venenos, al punto de volverse venenosos ellos mismos. Se suponía que era imposible encontrar sobre la faz de la tierra un veneno capaz de afectarlos una vez concluido su noviciado.

Pero ahí estaba Afrodita, agonizando por causa de un veneno desconocido.

Alguien llamó a la puerta y entró sin esperar a recibir permiso. Shion frunció el ceño al ver que se trataba del Caballero del Unicornio, otro de los inadaptados.

-Creí haber dicho que los amigos de Piscis podían esperar afuera –dijo Shion.

-Eso dijo –confirmó Jabu-. Pero, como diría el propio Piscis, ¿qué le hace pensar que somos amigos?

Esquivando las miradas de enojo de Dohko y Shion, Jabu se apoderó del vaso con agua que Afrodita mantenía siempre en su mesita de noche. Las expresiones de enojo cambiaron a curiosidad cuando el muchacho abrió un pequeño frasco que llevaba consigo y vertió parte del contenido en el agua.

-¿Qué es eso? –preguntó Mu.

-Cuerno de unicornio –Jabu levantó el vaso para contemplarlo al trasluz. El polvo se había disuelto completamente y ahora el agua era un líquido opalino-. Se dice que es un antídoto contra todos los venenos que existen.

Jabu continuó hablando calmadamente acerca de los usos del cuerno de unicornio ya fuera en polvo o en trozos mientras conseguía que Afrodita bebiera poco a poco el contenido del vaso.

-¿Tienes idea de lo valioso que es eso? –dijo Shion.

Jabu enarcó las cejas. Era la primera vez desde su regreso que el Patriarca parecía darse cuenta de la existencia de otros Caballeros de Bronce aparte de los Cinco, y justo tenía que dirigirle la palabra a él. En fin, no había sobrevivido a tener que hablar en un juicio ante la casi totalidad de los dioses griegos solo para quedarse mudo ante los miembros más antiguos de su Orden.

-Sí, lo sé. Se trata de una de las sustancias más escasas y valiosas del mundo. Muchos alquimistas matarían por la mitad del contenido de este frasco –respondió, con un tono que al menos sonaba casi indiferente.

-¿Dónde lo obtuviste?

-El secreto pasa de un Maestro a su discípulo y no debe ser compartido por nadie más, lo siento.

Shion no insistió, pero era evidente que estaba contrariado. Jabu cerró el frasco y le dirigió una última mirada a Afrodita. Ya respiraba sin problemas y había recuperado algo de color. Enki tenía razón sobre las propiedades curativas del alicorno, como en todo lo demás, hasta el momento.

Cuando se dirigía a la puerta, luego de despedirse de los Caballeros de Oro con una educada reverencia (que habría sorprendido mucho a los demás Caballeros de Bronce), Jabu sintió un impulso repentino y decidió en ese instante que buscaría a Mu ese mismo día y le entregaría el frasco. Tenía más alicorno (cuidadosamente escondido) y, aparte del hecho de que el Caballero de Aries sin duda le daría un muy buen uso, quizá sería mejor crear la impresión de que ya no tenía en su poder algo tan valioso.

…Probablemente sí pasaba demasiado tiempo con los inadaptados, esa era una maniobra de manipulación más propia de Kanon que de él.


Afrodita despertó de un sueño intranquilo para descubrir que había alguien velando junto a su cama.

-¿Kanon? –preguntó en un susurro.

La mirada sorprendida de Saga casi lo hizo reír. El mayor de los gemelos no estaba tan acostumbrado como Kanon a que lo llamasen por el nombre equivocado.

-No, soy yo… eh… soy Saga –dijo por fin, un poco dolido, como si temiera decepcionarlo.

-Claro, solo bromeaba. ¿Qué haces aquí?

-Tus amigos decidieron turnarse para cuidarte…

-¿Y Kanon encontró cómo chantajearte para que tomaras un turno tú también?

-¿Tan obvio resulta? –murmuró Saga.

Estaba resentido, pero la risa de Afrodita lo confundió lo bastante como para hacerlo olvidarse de su disgusto. ¿El Caballero de Piscis estaba bromeando a costa suya?

Era extraño, desconcertante y familiar al mismo tiempo, ver a Afrodita sonriendo con tanta naturalidad, como si se sintiera cómodo en su presencia (cosa que no ocurría con la generalidad de los Caballeros de Atenea). Fragmentos de recuerdos trataron de subir a la superficie de su memoria, indicándole que no era la primera vez que lo veía reír así, pero los envió de nuevo a la zona vacía (un espacio de casi una década completamente en blanco) al decirse a sí mismo que el Caballero de Piscis probablemente veía en él a Arles, no al verdadero Saga.

Después de todo, la primera vez que hablaron a solas desde el regreso, Afrodita lo había llamado "Arles", y esa equivocación había dolido demasiado en su momento.

Debería avisarle al resto de los inadaptados que Afrodita estaba despierto y marcharse de ahí, pero no lograba decidirse a hacerlo. Tenía ya mucho tiempo sin poder sentirse a gusto.

Hasta el momento de aquella extraña emergencia, no se había dado cuenta de lo mucho que echaba de menos a Piscis y Cáncer…

La sonrisa de Afrodita desapareció de repente.

-Saga…

-¿Sí?

-Me siento mal…


Minutos después, Shion estaba empezando a sentirse realmente desesperado, cuando se le acabaron las ideas. No era que Afrodita había recaído, sino que ahora sus síntomas eran completamente distintos, y lo más grave era que parecía encontrarse mucho peor que en la mañana.

-No lo entiendo –dijo Jabu, con el aspecto de alguien que se encuentra totalmente aterrorizado-. El alicorno debería haber sido más que suficiente.

-En eso estamos de acuerdo –dijo Dohko-. Lo único que se me ocurre es que pueda ser una reacción alérgica.

-Solo eso nos faltaría. Una persona venenosa que es alérgica a los antídotos… ¡si hasta suena lógico! –casi gritó Shion.

Dohko, Mu, Jabu, Saga y Kanon lo miraron como si temieran que fuera a volverse loco de un momento a otro, de modo que Shion se esforzó en serenarse. Piscis, tan parecido y tan diferente a sus predecesores, nunca le había resultado fácil de comprender, pero era un Caballero de Atenea, debía haber alguna manera de…

-¿Qué estás haciendo, Kanon? –exclamó Saga, escandalizado.

El menor de los gemelos estaba revolviendo el contenido del ropero de Afrodita como si registrar las pertenencias de otro Caballero fuera la cosa más normal del mundo. Shion lo miró perplejo mientras sacaba un teléfono celular de algo que parecía ser una cajita de ébano con incrustaciones de marfil.

¿Qué hacía eso ahí? Otro de los motivos de sus discusiones con Saga era el si permitir o no que los miembros de la Orden usaran teléfonos. La mayoría podía comunicarse fácilmente por medio del Cosmos, lo que (en opinión de Shion) hacía innecesario el uso de tales aparatos. ¿Y ahora resultaba que Piscis tenía un teléfono, pese a saber que eso no era del agrado del Patriarca, y además Kanon estaba enterado?

-No sé qué pensarán hacer ustedes, pero a mí me parece que lo mejor es llamar a un médico –dijo Kanon, mientras buscaba algo en la memoria del teléfono.

-¿Y cómo se supone que vamos a encontrar un médico ahora? ¡Aunque lo trajéramos de Atenas a toda prisa, tardaría… -empezó Saga.

-Cállate, hermano mayor, ya está timbrando –gruñó Kanon.

Luego de hablar rápidamente con alguien al otro lado de la línea, Kanon apagó el teléfono y volvió a dejarlo donde estaba.

-Estará aquí en… -alguien llamó a la puerta en ese instante-. Ahora mismo, creo.

Shion abrió la puerta y se encontró frente a un hombre rubio de unos cincuenta años, de aspecto decididamente griego y que se apoyaba en un bastón en el cual estaba enroscada una serpiente de oro… o color oro, porque todo indicaba que estaba viva…

-Maestro, Caballeros, les presento a Asclepio, dios de la Medicina –dijo Kanon, con un tono ligeramente burlón-. Les sugiero que los que no seamos completamente indispensables salgamos ahora mismo de aquí, porque hay muy poco espacio como para que nos dediquemos a estorbar.

Jabu y Saga lo siguieron de inmediato y Shion solo atinó a apoyar la espalda contra la pared mientras Mu y Dohko le describían a Asclepio los síntomas de Afrodita.

¿Desde cuándo los dioses menores tenían celulares… y cómo era que el Caballero de Piscis tenía el de Asclepio en la memoria de su teléfono?

Continuará…

 


Notas mitológicas:

Asclepio, hijo del dios Apolo y la princesa humana Coronis, fue discípulo del centauro Quirón, de Apolo y de Atenea, quienes le enseñaron los secretos de la curación, de modo tal que el alumno llegó a superar a los tres maestros en ese campo.

Luego de que Perseo matara a Medusa para salvar a Andrómeda, Atenea le regaló a Asclepio dos frascos con la sangre del monstruo. El contenido de uno de esos frascos era un veneno mortal, el del otro era una medicina capaz de revivir a los muertos.

Preocupado por la posibilidad de que esas resurrecciones trastocaran el orden natural (o porque Hades se quejó de que le estaban robando sus súbditos, depende de la versión), Zeus fulminó con un rayo a Asclepio luego de que reviviera a Hipólito (uno de los hijos de Teseo). En venganza, Apolo mató a los cíclopes (quienes habían forjado el rayo).

Luego de su muerte, pasó a ser considerado un dios.

Dos de sus hijos varones (Podalirio y Macaón) fueron grandes guerreros y trabajaron además como médicos de los griegos durante la guerra de Troya. Sus hijas (Yaso, Higía, Aceso, Egle y Panacea) eran consideradas también diosas de la medicina.

Tenía templos en toda Grecia y se le representaba con el aspecto de un hombre de unos cincuenta años, barbado, fuerte y sereno. Su símbolo era un bastón de madera con una serpiente enroscada, y todavía hay quienes confunden ese bastón con el caduceo de Hermes, que es una vara (no un bastón) de marfil con dos serpientes enroscadas.


De acuerdo con las leyendas europeas (las asiáticas tratan el tema diferente) un unicornio tiene el poder de purificar el agua que ha sido envenenada por las serpientes con, simplemente, sumergir su cuerno en el agua.

Debido a esta leyenda, los cuernos de unicornio (o "alicornos") eran muy apreciados por los ricos y poderosos, siempre expuestos a que algún enemigo (o pariente) tratara de envenenarlos. Eso dio pie (lógicamente) a numerosas falsificaciones. Tengo entendido que en Inglaterra se conservaron por muchos años con la etiqueta de "cuernos de unicornio" algunos cuernos de narval (un tipo de ballena). Para usarlo como contraveneno, se molía el alicorno, se disolvía en vino o en agua y se le daba a beber al paciente.

Ah, y para saber si se contaba con un alicorno auténtico o una falsificación, se guardaba un trozo de éste en una caja con escorpiones. Si al día siguiente los escorpiones estaban muertos, era alicorno real.


FECHA El 10/10/10 a las 06:10:09 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
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El 22/07/10 a las 05:07:34


Hay me encanto *w* .. no habia leido un fic tuyo, pero me gusta como escribes ^^

Creo que me leere los que van antes, mientras espero que actualices :D


La  historia esta interesante ¿Quién habrá querido matar a Atena?¿Por que no surgen efectos los antidotos?Jajajaja despues de esto ¿permitiran los celulares en el santuario?

Me gusto la personalidad de Kanon .. jajaja , tan calculador, siempre tiene un az bajo la manga n_n y aunque no lo demuestre un gran pensador, mira que tiene todo un metodo para mantener estable a Saga.. ¡¡Que buen hermano!! *-----------------* 

:o Por fin un fic donde tiene más participación Jabu, no me cae muy bien, pero vemos como es aqui ^^ .. quizas me termine cayendo bien xddddd 


Pobre Niño!! lo maltratan por decir verdades TwT ... creo que Shura le tendra que enseñar a su dicipulo cuando quedarse callado ^o^ 

"Si no hubiera tenido los ojos cerrados, quizá habría alcanzado a notar que el lente de contacto de Polemos muy probablemente no tenía nada que ver con la calidad de su vista, ya que se trataba de un lente de color."

Jajajajajajaja.. Shaka despistado!! .. Lentes de color xDD .. 

Pero lo más importante!!!!!

¡¿Que dicen las cartas de Kanon?!


BUAAAAAAAAA!! solo ha pasado un día y necesito la contii!! TwT 

Ahora me tendrás aquí acosandote asta que pongas conti ò_ó!!


FECHA El 10/10/10 a las 07:10:59 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
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El 03/08/07 a las 04:08:21

¡Sí! ¡Viva! ¡Alegría! Empezamos con una cita de Sófocles, mmm, interesante...

Imagino que la pareja será Saga y Afrodita el caballero, no la diosa, XDDD.

Me encanta cómo escribes. Debo ir a leer ""Shoguns que me lo habían recomendado también.

La relación de los inadaptados entre sí, que planteas, es espléndida, ya me había quedado prendada desde el "Club...". Me gusta mucho cómo manejas a los personajes. Y ya te había comentado que me agrada cómo imbrincas el universo Saint Seiya con la mitología y la historia.

En fin, estaré esperando por la continuación, por aquí o por algún otro sitio donde publiques esta historia.

Cuídate mucho y hasta la próxima,

Hekis.


FECHA El 20/10/10 a las 03:10:21 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
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El 12/09/10 a las 09:09:10

MaRiion:  La respuesta al mal funcionamiento del antídoto va en el segundo capítulo. Quién quiso matar a Atenea… vamos a tardar un poco más en averiguarlo ;D

Nope, no creo que Shion esté de acuerdo con lo de los celulares a pesar de que hayan resultado útiles una vez. Pero ya Kanon está organizando una red de contrabando tecnológico para aprovecharse de eso (al estilo de los gánsters en la época de la Ley Seca).

Mi versión de Kanon solicita que te aclare que su estrategia no tiene como fin principal mantener estable a Saga ni ser un buen hermano, tiene una razón puramente egoísta: ahorrarse problemas (ni yo le creo, pero eso dice él).

Jabu es uno de mis consentidos y un personaje muy desaprovechado, si logro incluir un viaje a Algeria en el fic, tal vez destaque un poco el pobre.

A Polemos no le pegan por decir la verdad, sino por decirla de la peor manera en el momento más inoportuno. No es que le guste hablar de más, es que no puede evitarlo.

¿Las cartas de Kanon? Tendría que sucederle algo a él para que tengamos oportunidad de leerlas (inserte aquí el tema musical de “Tiburón”) ;D

 

Hékate-sama: La culpa de todo lo referente a la espada de Ayax que llegue a verse en este fic, es toda de Sófocles, en serio. Amé su descripción de la locura de Ayax (a pesar del gore) y la forma en que Odiseo intenta defenderlo a pesar de saber lo que le habría pasado si Ayax no hubiera confundido al ganado con humanos O_OU

¡Ah, cierto! Gracias por recordarme lo de la pareja principal, voy a incluir la aclaración en la ficha del fic.

 


FECHA El 20/10/10 a las 04:10:33 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
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El 12/09/10 a las 09:09:10

Capítulo dos (parte 1)

Capítulo dos

 

Con amigos así, ¿quién necesita enemigos?

 

O, lo que es lo mismo,

 

La llegada de Eris

 

 

Santuario de Atenea (a unos metros de la entrada)

 

Eris, hija de Ares y Afrodita (la diosa, no el caballero) no era la más querida entre los dioses Olímpicos. A decir verdad, ni siquiera se contaba entre los menos queridos.

Para ser completamente sinceros, era odiada con pasión por la gran mayoría de los dioses.

Eso le había dolido bastante cuando era más joven, pero en algún momento de los últimos milenios acabó por acostumbrarse.

O quizá simplemente se volvió lo bastante cínica como para no darle importancia.

A pesar de las apariencias, no carecía del todo de amigos. Era solo que sus (pocos) amigos rehuían la luz, por lo que era muy raro que hicieran amistad con los Olímpicos, siempre tan dispuestos a alabar hipócritamente la luz del día.

A esas alturas de la existencia, lo único que le importaba a Eris era su familia: sus padres, sus hermanos y sus medio hermanos. Solamente ellos, aparte de sus pocos amigos provenientes de las zonas más oscuras del universo, se tomaban la molestia de no despreciarla abiertamente.

Y era por eso que ese día en particular de ese verano abrasador la diosa de la Discordia avanzaba con paso majestuoso (o al menos eso esperaba) hacia la entrada principal del Santuario de Atenea.

Era hora de poner las cosas en movimiento para, como diría Anteros con su tono más burlón, “desfacer unos entuertos”.

 

Casa de Piscis

 

Asclepio sonrió satisfecho. Les había costado una noche en vela y muchas preocupaciones, pero Afrodita (el caballero, no la diosa) finalmente estaba mejor.

Veía con claridad la inquietud de los Caballeros de Atenea, eso era uno de sus dones, ser capaz “leer” a sus pacientes era importante para hacer un diagnóstico y, por lo que podía percibir en ese momento, cual más, cual menos, todos los presentes habían sentido algo de angustia por el Caballero de Piscis, lo cual alegraba al dios menor más de lo que pensaba admitir en público.

Después de todo, Afrodita originalmente había pertenecido a la Orden de Apolo, y los miembros de dicha Orden no se resignaban del todo a haber tenido que renunciar a sus lazos con él cuando el propio Apolo, en una decisión que había confundido a todos los mortales que lo servían (y a no pocos inmortales) lo cedió a la diosa Afrodita quien, a su vez, lo cedió a Atenea. Desde el punto de vista del dios de la Medicina, uno de los pocos que le seguía el rastro a las reencarnaciones de sus parientes, no importaba qué apariencia o qué nombre adoptara en cada vida, ese muchacho seguía siendo el niño que había conocido en su primera vida y le había dolido mucho tener que dejarlo ir.

Por eso era fácil olvidar que su destino como adulto estaba ligado al de la Orden de la diosa de la Sabiduría desde su primera existencia, y que aquella alma se limitaba a volver con Atenea en cada reencarnación, sin importar dónde naciera.

-Bien, esta vez ha tenido una suerte loca, como todas las anteriores –declaró, ya era hora de tranquilizar a sus amigos.

-¿Se pondrá bien? –preguntó uno de los gemelos… Aunque la memoria de Asclepio quería jugarle la vieja jugarreta de reconocer no a la persona que era ahora sino al alma que llevaba dentro de sí, se obligó a sí mismo a recordar que en esa vida ese sujeto era Kanon, no Cástor, por sencillo y cómodo que pudiera ser llamarlo por el que había sido su primer nombre.

-Sí, la intoxicación pudo haber sido realmente grave, pero fue atendida a tiempo y de la mejor manera posible.

-¿Realmente fue envenenado? –preguntó Shion.

La reencarnación de Tíndaro de Esparta. Todavía hablaba como el rey guerrero que había sido en su primera vida, al punto de hacerle una pregunta a un dios como si en realidad estuviera dándole una orden. Eso divirtió un poco a Asclepio. Sin duda el Patriarca no se daba cuenta que un dios más quisquilloso que él se habría sentido insultado.

-Si no fuera porque la evidencia indica lo contrario, te diría que es inmune a todos los venenos que existen –Asclepio apartó el cabello de la frente de Afrodita con un gesto cariñoso-. Salgamos de este armario de escobas y dejémoslo dormir.

Saga tuvo la extraña impresión de que Asclepio no era el primero en comparar esa habitación con un armario. Esos déjà vu repentinos estaban empezando a volverse molestos.

-¿Entonces, no fue una recaída? –preguntó Kanon.

-Solo un conflicto con algo que forma parte del entrenamiento del Caballero de Piscis desde tiempos mitológicos –explicó Asclepio-. Por la coloración de sus labios, diría que ha cumplido fielmente con la tradición hasta ahora…

-¿Qué tiene que ver…? –empezó a preguntar Kanon.

-Casi nunca usa lápiz labial –lo interrumpió MM-. Cultiva plantas venenosas y debe comer de ellas regularmente, la savia de una de ellas es lo que le tiñe la boca. El único maquillaje que usa a diario es el que cubre la cicatriz… y cuando usa lápiz labial, es para disimular las manchas que deja el veneno, porque a veces quedan irregulares.

-Nunca lo hubiera adivinado.

-No eres el único; cuando éramos niños, uno de los otros aprendices intentó besarlo una vez, justo cuando acababa de tomar su dosis de veneno, el pobre diablo estuvo a punto de morir… -MM sonrió para sí-. No se me quita la idea de que a Milo todavía le queda algo de veneno de ese entonces.

Kanon empezó a reír a carcajadas, pero no por lo que había dicho MM, sino por la cara que acababa de poner Saga. Era tan fácil escandalizarlo…

-Podría haber pasado el resto de mi vida sin esa imagen mental, Cáncer –murmuró Saga.

MM lo miró con extrañeza.

-¿Imagen mental, dices? Fue en la época en la que Milo estaba convencido de que Afrodita era una niña. ¿Es que no lo recuerdas? Tú estabas ahí, fuiste el único que mantuvo la calma. Si no hubiera sido por ti, a nadie se le hubiera ocurrido pedir auxilio, y Milo no habría vivido para reclamar su armadura…

-Pasaban muchas cosas entonces –murmuró Saga, sin comprometerse.

-Bueno –continuó Asclepio, interrumpiendo el silencio incómodo que siguió a eso-, me atrevería a asegurar que fue esta costumbre de los Caballeros de Piscis lo que le permitió resistir el tiempo suficiente como para que le administraran el alicorno.

-Pero luego se puso peor –dijo Jabu.

-Fue un efecto secundario del antídoto.

-Mi Maestro me aseguró que el alicorno no tiene efectos secundarios –insistió Jabu.

-En una persona normal, no; pero, dado que su sangre prácticamente es veneno puro… bueno, el alicorno está purificándola.

-¿Toda su sangre? –exclamó Shun, alarmado.

-Piensa en ello como en una hemodiálisis llevada al extremo.

-¿Qué podemos hacer por él? –preguntó Kanon.

-De momento, esperar que el alicorno termine su trabajo. Una vez que su sangre esté limpia, tendrá que empezar su entrenamiento con venenos desde el principio. Es una lástima, pasarán por lo menos diez años antes de que pueda volver al nivel que tenía.

-No entiendo, ¿por qué consumir veneno, a fin de cuentas? –dijo Shun.

-Es tradición que el Caballero de Piscis sirva como guardaespaldas del Patriarca y colabore con él para asegurar del bienestar del resto de la Orden –dijo Saga-. La idea no es volverlo venenoso, sino que su sangre pueda ser empleada como una medicina.

-Es cierto. Verás, muchacho, esto se remonta a los Tiempos Heroicos. Cuando Perseo mató a Medusa, recogió su sangre y se la dio a Atenea, ella me la entregó a mí… -Asclepio le mostró a Shun un frasco de vidrio cuya tapa tenía la forma de una serpiente enroscada-. Parte de la sangre cayó en el suelo y, al mezclarse con la tierra, produjo plantas venenosas (precisamente las que se cultivan en la Casa de Piscis) y todas las serpientes de Etiopía… Pero, bien empleada, la sangre de Medusa es un tesoro para un médico. Claro, la muestra que recogió Perseo hace siglos que se agotó, pero desde la Era del Mito los Caballeros de Piscis han sido capaces de duplicar sus propiedades al alimentarse de las plantas que brotaron de ella. De esa manera, su sangre puede salvar vidas, con la misma facilidad con la que puede matar en cuestión de minutos. Todo depende de la dosis y de cómo sea administrada, como ocurre con muchas medicinas.

-Ya veo.

El dios de la Medicina suspiró tristemente mientras guardaba el frasco.

-Me queda muy poco Elíxir de Medusa. Tenía intención de venir un día de estos y pedirle a Afrodita algo de su sangre para preparar más…

-Lo lamento –dijo Jabu, cabizbajo-. Todo esto ha sido mi culpa.

-Tranquilo, pequeño. Es mejor tener al Caballero de Piscis vivo y esperar diez años por la sangre de Medusa, que perderlo y tener que esperar quince años a que su sucesor esté listo. Alegrémonos de que siga con vida y esperemos que no queden secuelas.

-¿Qué más podría sucederle? –preguntó Shion.

-Hum… El alicorno ha ido a buscar la mayor concentración de veneno directamente a su médula ósea, así pues… algo de anemia, para empezar, pero lo mantendremos vigilado para que no pase a mayores. Sus huesos y músculos podrían resultar algo frágiles durante unos cuantos meses, su sistema inmunológico definitivamente va a resentirse… Pero todo eso será temporal. Lo que me preocupa es que pueda haber algún efecto a largo plazo, como que el alicorno no abandone su organismo por completo.

-¿Eso es posible?

-El alicorno es un elemento mágico y la magia es impredecible. En este momento está haciendo todo lo que puede por saturar su sangre y superar así las toxinas que ha estado acumulando desde que era niño. Temo que termine por hacer que su cuerpo pierda la capacidad de absorber veneno. Si eso llega a suceder, no podrá volver a duplicar la sangre de Medusa.

-Y será un obstáculo para cuando tenga que entrenar al siguiente Caballero de Piscis –dijo Shion-. No podría realizar la ceremonia final. El alicorno en su sangre purificaría la del sucesor.

-Justamente.

 

El Palacio del Patriarca

 

Seiya esquivó la mirada de desaprobación de Tatsumi y entró a lo que ahora era oficialmente la oficina de Saori. Al secretario le hubiera encantado echarlo de ahí (seguían llevándose igual de mal que cuando el Caballero de Pegaso era niño), pero no podía, ya que estaba ahí por invitación de Saori.

Resultaba un tanto incongruente encontrar una habitación decorada al estilo más moderno y equipada con las últimas tecnologías en el corazón mismo del Santuario, pero Seiya concordaba con Saori en que si iba a ocuparse al mismo tiempo de la Orden y de las Empresas Kido, tenía por fuerza que contar aunque fuera con un teléfono y una laptop. Por supuesto, la chica no iba a conformarse con lo mínimo.

No pudo evitar sonreír al recordar la cara del Maestro Shion cuando los trabajos en la oficina quedaron terminados y Saori intentó reformar la oficina de él. Shion era de los que todavía usaban plumas de ganso para escribir (las cortaba él mismo para darles la forma adecuada) y costó mucho convencer a Saori esa vez de que lo dejara por la paz antes de que les fuera imposible entenderse mutuamente.

“Todo cambio genera resistencia” había dicho Marin, y Shion era capaz de oponer mucha resistencia a la tecnología.

Saori no estaba en el despacho, por lo que Seiya se entretuvo curioseando mientras llegaba. Fue así como terminó contemplando la colección de fotografías en el escritorio. Había algo nuevo: junto al retrato del señor Kido y a la izquierda del de los Cinco, estaba ahora un pequeño marco dorado con una fotografía de ella, Saga y Kanon.

Era una escena simpática en la que ninguno de ellos miraba a la cámara, tal vez porque el fotógrafo (¿Tatsumi o un paparazzo?) logró tomarla sin que se dieran cuenta. Saori estaba en medio de los dos, riendo junto con el gemelo a su izquierda, mientras que el de la derecha los miraba enarcando una ceja, como si no acabara de entender qué era tan gracioso… o como si las risas fueran a costa de él.

Nada de eso fue lo que incomodó a Seiya, sino el detalle de que los tres estaban tomados de las manos.

Las otras fotografías en el escritorio (Mitsumasa Kido solo y serio; Mitsumasa Kido con una Saori de seis años; los doce Caballeros de Oro y el Maestro Shion; las Amazonas de Plata, los Cinco, los otros cinco…) no mostraban ni una sola vez a Saori tomada de la mano con alguien más.

-¡Seiya! ¿Te hice esperar mucho?

-No, para nada –respondió él, y Saori se sorprendió de inmediato. ¿Por qué estaba tan serio?

-¿Está todo bien? –preguntó, preocupada.

Seiya tomó la foto nueva y se la mostró.

-¿Cuál es cuál?

-Saga está a mi derecha y Kanon está a mi izquierda.

-¿Y de qué se estaban riendo?

-De eso, precisamente. Cuando íbamos caminando, al principio estaban al revés (Saga a la izquierda, Kanon a la derecha), pero en el momento en que tomé la mano derecha de Saga y la izquierda de Kanon, los dos se detuvieron como si los hubieran clavado al suelo, se soltaron de mis manos (realmente creí que los había ofendido)… y cambiaron de lugar.

-¿Cuál es el chiste de eso?

-Que lo hicieron sin pensarlo siquiera y no se dieron cuenta de lo que estaban haciendo hasta que ya habían cambiado de sitio.

-Saori…

-Ya te explico. Saga es diestro y Kanon es zurdo. Cuando caminan juntos, siempre lo hacen de manera que ninguno estorbe la mano dominante del otro, en caso de emergencia. Pero cuando llegamos a Atenas estaban discutiendo; cuando discuten, procuran quedar al revés, para estorbarse mutuamente y que ninguno pueda empeorar las cosas… Y yo me metí entre ellos cuando estaban así para que dejaran de pelear, pero ellos siguieron discutiendo sin notarlo siquiera –Saori levantó una mano por encima de su cabeza-. Treinta y tres centímetros de diferencia, simplemente no me vieron hasta que tomé sus manos. Y, como eso detuvo la discusión, no pudieron seguir caminando sin primero cambiar de sitio. Fue tan instantáneo que yo no podía dejar de reírme.

-Parece que te llevas muy bien con ellos –dijo Seiya con suavidad, al tiempo que colocaba de nuevo la foto en donde correspondía.

-Eso me gusta creer. Después de todo, son mis hermanos.

El Caballero de Pegaso estuvo a punto de caerse de la esquina del escritorio donde estaba sentado.

-¡¿Tus qué?!

-Quisiera poder decírselo a todos –Saori tomó la foto y se sentó junto a Seiya, sobre el escritorio-, pero Saga no lo sabe y…

-¿Él no lo sabe? ¿No lo habrá inventado Kanon para manipularte?

-Kanon no se molesta en inventar tramas tan complicadas cuando pretende manipularme, sabe que tiene más oportunidad torciendo un poco la verdad que con una mentira completa. Esto es algo que Atenea sabe, no algo que le contaron a Saori.

-Y… ¿por qué me lo cuentas a mí?

-Necesito hablar de esto con alguien y sé que puedo confiar en ti.

-Hum.

-Además, no quiero arriesgarme a que te sientas celoso de ellos.

-¡Eh! ¡Yo no soy celoso!

-No, claro que no –rió ella-. Solo cambias hasta la forma de hablar cuando me encuentras tomada de la mano con alguien más en una fotografía.

-Oh, vamos.

-Creí que te agradaba Kanon –Saori se puso seria.

-No tengo mucho en contra de él, pero creo que me simpatiza más Saga. Él, por lo menos, no parece estar riéndose de mí la mitad del tiempo.

-Eso es porque solo lo ves la mitad del tiempo en que no se ríe de ti.

-…¿En serio?

-Solo bromeaba. Saga no se ríe de nadie ni tolera que se rían de él. Y Kanon solo se ríe de los demás cuando le conviene. Pero dejemos el tema de los gemelos, en realidad quería hablarte de otra cosa.

-Una pregunta más.

-¿Sí?

-¿Por qué no se lo dices también a Saga?

-Ah, eso… es complicado.

-Tengo tiempo, cuéntame.

-Bien…

Durante un largo rato, Saori habló acerca de su familia, mientras Seiya escuchaba atentamente.

Estaba a punto de insistir en que Saga debería saber el “secreto” y añadir, de paso, que sería bueno interrogar a Shion (si era el padre de los gemelos… lo lógico sería suponer que era también el padre de Saori, ¿no? ¿Por qué no había dicho nada al respecto hasta el momento?), cuando Tatsumi entró.

-¡Señorita! Ese niño… Kiki, acaba de llegar, dice que la diosa Eris se encuentra en la Casa de Aries y pide una audiencia… ¿Por qué está sentada sobre el escritorio?

-Eh… Hum. Seiya, ¿serías tan amable de recibirla y escoltarla hasta aquí?

 

Casa de Aries

 

La diosa de la Discordia y el Caballero de Aries aguardaban en silencio la respuesta del palacio.

El protocolo era diferente para las divinidades que para los humanos, y Mu se encontró a sí mismo repasando mentalmente lo que se suponía debía hacer. La noche anterior, Asclepio simplemente se había saltado el protocolo amparado en la emergencia médica, y, ahora que lo pensaba, era muy probable que Atenea todavía ignorara que el dios de la Medicina estaba en la Casa de Piscis, a menos que Shion hubiera encontrado algún momento libre para decírselo.

Le había ofrecido asiento a la diosa, pero ella lo había rechazado con un movimiento de cabeza y permanecía en pie, con la mirada perdida en el paisaje.

-El niño que enviaste al palacio, ¿es tu aprendiz? –preguntó ella de repente.

-Sí, Señora.

-¿Cuál es su nombre?

-Kiki, aspirante a la armadura de Appendix.

-No conozco esa constelación.

-Es otro nombre de Serpens Cauda, una de las tres partes de Serpentario, el Domador de Serpientes.

-Es curioso, siempre me he preguntado por qué Atenea necesita tres caballeros para Serpentario, mientras que solo tiene uno para Géminis y otro para Piscis, que deberían ser signos dobles. Las otras dos partes de Serpentario son Ofiuco y Serpens Caput, ¿verdad?

-Es correcto, Señora.

La diosa volvió a quedarse callada y Mu miró de reojo hacia su taller. En efecto, ¿por qué el “treceavo signo del zodiaco” tenía tres armaduras (una de plata y dos de bronce) mientras que Géminis y Piscis solo tenían una cada uno?

Una semilla de cizaña plantada en tierra fértil. Nada como un poco de inquietud meramente intelectual para producir algo que escalaría inocentemente hasta convertirse en un desastre de proporciones épicas. Sin embargo, Eris no se sentía contenta. Los conflictos de ese tipo solían tardar mucho tiempo en desarrollarse y si Aries tenía la ocurrencia de consultar el tema con otro estudioso, la cuestión de las armaduras acabaría convirtiéndose en un tema de conversación para mientras jugaban al ajedrez o algo así.

Quizá debería escarbar un poco más por otro lado…

-¿Hay más aprendices en el Santuario de Atenea? –preguntó, con tono aburrido, dando la impresión de que solamente preguntaba para pasar el tiempo, no porque le importara realmente.

-Solo uno más, Polemos, aspirante a la armadura de Serpens Caput, su Maestro es Shura de Capricornio.

-¿Tu aprendiz y el suyo se preparan para usar las dos armaduras de bronce de Serpens? Deben ser buenos amigos, entonces.

Esa declaración sorprendió a Mu. ¿Amigos? Para nada. Kiki, tan abierto y amigable por lo general, era bastante receloso con Polemos, quien siempre estaba metido en problemas. Y no era que Kiki no se metiera en problemas, pero los que se buscaba Polemos eran realmente serios por lo general, de modo que Mu más bien estaba agradecido de que no hubiera cercanía entre ellos.

-Aries y Capricornio están bastante lejos, Señora, no se ven con mucha frecuencia.

-Supongo que tienes razón. En fin, ya tendrán tiempo de hacer amistad cuando ambos sirvan a Atenea bajo las órdenes de la Amazona de Ofiuco, ¿verdad?

-Perdón, ¿cómo dice?

-Ofiuco, Serpens Caput y Serpens Cauda tradicionalmente son un equipo, ¿no?

Era cierto…

Eris sonrió para sus adentros cuando la siguiente pregunta se abrió paso en la mente del Caballero sin que ella tuviera que molestarse en formularla. ¿Por qué él y Shura estaban entrenando a Kiki y Polemos? Lo lógico habría sido que ambos fueran discípulos de Shaina de Ofiuco, ya que las técnicas ancestrales de las tres partes de Serpentario eran complementarias.

 

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Capítulo dos (parte 2)

A medio camino entre Leo y Cáncer

 

-¿Tiene hermanos, señor Aioria?

La pregunta del aprendiz de Shura tomó totalmente desprevenido al Caballero de Leo.

-Solo uno, el Caballero de Sagitario –respondió de inmediato.

-¿En serio? –Polemos lo contempló ladeando un poco la cabeza, como si estuviera buscando el parecido familiar sin mucho éxito, cosa que extrañó a Aioria. Todos en el Santuario sabían que eran hermanos, y además, se parecían bastante-. Él es menor que usted, ¿verdad?

Eso logró que Aioria se detuviera en su camino hacia la entrada de las Doce Casas y apretara los puños. Al regresar del Hades, se habían encontrado con la sorpresa de que Aioros había vuelto a la vida con la misma edad que tenía al momento de morir: catorce años.

Y Aioria tenía veinte, casi entrando a veintiuno.

La inversión en sus edades había sido causa de dificultades entre ellos que nadie se habría imaginado jamás. Para sorpresa de Aioria, en algún momento de los trece años transcurridos desde la muerte de Aioros, había perdido la costumbre de obedecer sin rechistar, y además le costaba demasiado aceptar sumisamente la autoridad de alguien que aparentaba ser seis años menor que él.

No, no alguien que aparentaba: alguien que era seis años menor que él y que además tenía justamente la madurez correspondiente a la edad que aparentaba. ¿Qué hacía un mocoso de catorce años diciéndole qué hacer a un hombre de casi veintiuno?

-¿No tienes que entrenar o algo así, Polemos?

-Sí, supongo que sí.

Dos tramos de escalera más abajo, la irritación que sentía Aioria, cortesía de Polemos, no había disminuido para nada.

Todo el desastre que era la relación con su hermano era culpa de Saga de Géminis…

Fue entonces cuando la mala suerte (¿o el Hado Misterioso, o un plan cuidadosamente trazado por algún dios particularmente malévolo?) hizo que se encontrara con uno de los gemelos.

~***~

Seiya bajaba a buen paso camino de Aries. Hacía uso de los túneles secretos para no desperdiciar tiempo pidiendo permiso para pasar por cada Casa, pero algunos tramos de escalinata eran inevitables, como la porción que había entre Leo y Cáncer.

Precisamente en esa zona del Santuario alcanzó a ver a lo lejos a Aioria y… ¿Saga o Kanon? En cualquiera de los dos casos, era raro verlos juntos. Seiya frunció el ceño y se apresuró un poco más, sin empezar todavía a correr.

Sabía (porque resultaba evidente para todos) que Saga evitaba encontrarse con los demás Caballeros de Oro, pero muy especialmente con Shura, Aioria y Aioros. Así habían sido las cosas desde el regreso y no había señales de que fueran a cambiar. Por eso comprendió que había problemas con solo verlos.

Al principio, Seiya se había reído a más y mejor de aquella absurda imposición del Patriarca por la cual los gemelos debían usar colores que ayudaran a diferenciarlos. El escándalo armado por Saga cuando Shion reclamó aquello en público, y la forma en que lo había resuelto Saori (obligando a los gemelos a acompañarla a Atenas en un viaje de compras) había hecho reír a toda la Orden durante muchos días, era lo más vergonzoso que habían presenciado jamás. Ahora, viendo la forma en que Aioria avanzaba y el gemelo retrocedía, comprendió que la cuestión de los colores, además de ridícula, podía resultar peligrosa… porque Aioria parecía estar dispuesto a atacar a Saga… pero algo estaba mal en medio de esa situación (además de lo obvio).

Al momento en que Aioria lanzó el primer golpe y el otro levantó los brazos para bloquearlo, Seiya comprendió lo que estaba mal y empezó a correr hacia ellos. Todos sabían que Aioria tenía una cuenta pendiente con Saga, y Seiya estaba convencido de que en algún momento tendrían que llegar a los golpes o no lo resolverían jamás, pero la persona a la que estaba atacando el Caballero de Leo, si bien tenía una camisa roja (el color de Saga), llevaba el reloj en la muñeca derecha…

Y, de acuerdo con Saori, Saga era diestro y Kanon era zurdo.

Kanon desvió el primer golpe y se las arregló para mantenerse firme. No había dicho una sola palabra desde que Aioria empezó a insultarlo, y en ese momento nada del mundo lo haría abrir la boca y dejar que el otro se diera cuenta de que estaba atacando al gemelo equivocado. Le impresionaba la amargura y el dolor en todo lo que había dicho Aioria, al tiempo que le asombraba la fuerza del Caballero de Leo, pero no había mucho que pudiera hacer al respecto, excepto proteger a Saga.

No era la primera vez que recibía una paliza en lugar de su hermano (y viceversa), ya que las primeras (y, afortunadamente, fugaces) manifestaciones de Arles habían conducido a Saga a cometer verdaderas diabluras que (lógicamente) siempre eran atribuidas a Kanon, junto con las que cometía por cuenta propia.

Tampoco era la primera vez que recibía una paliza por parte de un Caballero Dorado (solo le quedaba rezar para que a los nueve restantes no se les antojara atacarlo también). Incluso tuvo tiempo para reflexionar, un tanto sarcásticamente, que Shun debía estar contagiándole su pacifismo, todo eso mientras realizaba unos cuantos bloqueos más, apenas lo indispensable como para que Aioria no se diera cuenta demasiado pronto de que no tenía intenciones de contraatacar (por lo menos hasta que el Caballero de Leo estuviera cansado).

Si el muchacho lo mataba a golpes, tendría que convencer a Hades de que le permitiera visitar al alma de Mahatma Gandhi para expresarle su opinión personal sobre la resistencia pasiva. Al menos estaba seguro de que no le correspondería ser enviado al séptimo círculo infernal, ya que moriría precisamente por no ejercer la violencia…

-¡Aioria! ¡No lo hagas! ¡Él no es Saga!

Seiya se dio cuenta de su error casi de inmediato: Aioria estaba demasiado ocupado como para ponerle atención, pero Kanon sí lo oyó y eso lo distrajo… de modo que no pudo evitar el relámpago de voltaje que lo alcanzó un instante después.

Aioria lo contempló caer con amarga satisfacción. El golpe, recibido de lleno en el rostro y el pecho, no solo hizo caer a su oponente: lo lanzó por las escaleras. Kanon rodó por un tramo y se detuvo por fin gracias a unos pedruscos a un lado de la escalinata, que impidieron que fuera a dar al barranco más cercano.

Desde esa distancia, parecía una muñeca rota.

Sin embargo, no era suficiente, así que Aoria empezó a bajar las gradas para continuar.

-¡Espera!

Seiya lo adelantó y se detuvo unas gradas más abajo, con los brazos extendidos y la clara intención de bloquearle el camino.

-Hazte a un lado, Seiya, esto no es asunto tuyo.

-¿No me escuchaste? ¡Ese no es Saga!

-¡Claro que sí lo es!

-¡Kanon!

Aioria miró sorprendido hacia atrás. Aquel grito llamando a Kanon… había sido la (inconfundible) voz de de Saga. En efecto, un poco más arriba en la escalinata estaban Saga y Aioros.

Lo que siguió fue completamente inesperado tanto para Seiya como para Aioria: Saga (que se había puesto pálido y ahora estaba adquiriendo un tono ligeramente verdoso) se sentó lentamente en una de las gradas, mientras que Aioros bajó la escalinata corriendo, pasó junto a Aioria y Seiya sin mirarlos y se arrodilló al lado de Kanon.

-¡Pegaso! ¡Ve a buscar al Maestro Shion! –gritó el Caballero de Sagitario.

-¡Sí!

Seiya echó a correr y pronto se perdió de vista escaleras arriba.

Aioria, ahora solo y a medio camino entre los dos gemelos, no sabía en qué dirección mirar, hasta que se dio cuenta de que Saga estaba llorando… sin sollozos, sin moverse, como si estuviera paralizado… el Caballero de Leo miró hacia abajo y su mirada se cruzó con la de Aioros, pero no logró leer nada en su expresión.

-Atiende a Saga –ordenó Aioros, en un tono que no admitía réplica.

Aioria subió las gradas hasta llegar cerca de Saga.

-Escucha… yo… -¿qué podía decirle? ¿“Lo siento”?

Saga cerró los ojos unos instantes, como si hacerlo le costara mucho esfuerzo. Luego los abrió de nuevo y lo miró directamente.

-Realmente me odias –declaró, como si no hubiera llegado a convencerse de eso hasta ese momento.

Aioria apretó los puños, Saga volvió a clavar la vista en Aioros y Kanon.

-Esperaba algo mejor de ti –continuó, con un tono extrañamente sereno, distante-. Pensé que me atacarías de frente, con honor…

-Saga…

-Nunca imaginé…

-¡Lo confundí contigo!

Saga lo miró de nuevo, interrogante.

-Lleva una camisa roja –añadió Aioria.

Luego de parpadear unas cuantas veces, con aire de profundo desconcierto, Saga empezó a reír sin previo aviso. Era una risa histérica, incontrolable.

-¡Entiende! ¡Pensé que estaba luchando contigo! ¡Nunca tuve intención de lastimar a tu hermano! –gritó Aioria, al borde de la desesperación.

Saga se cubrió la cara con las manos y continuó con aquella extraña mezcla de risa y llanto. Aioria se quedó inmóvil junto a él, sin saber qué hacer.

Así estaban cuando Seiya llegó con Dohko y Shion.

-¿Qué pasó aquí? –le preguntó Shion a Aioria mientras Dohko se encargaba de atender a Kanon.

-Fue mi culpa –dijo Saga.

Seiya frunció el ceño. ¿Para qué mentir al respecto? Aioria miraba a Saga boquiabierto, sin comprender.

-Estoy seguro de que fue un accidente –dijo Shion con firmeza.

Saga no respondió. Shion sacudió la cabeza con resignación.

-Cuídenlo un momento, por favor –dijo a Aioria y Seiya antes de ira reunirse con Dohko y Airos.

-Saga… -empezó a decir Seiya, pero se interrumpió al darse cuenta de que no sabía cómo continuar.

-Fue mi culpa –repitió Saga, en un murmullo apenas audible para Aioria y Seiya-. Yo le pedí que intercambiáramos colores hoy… Fue mi culpa que lo confundieras conmigo…

-Oh, rayos –replicó Aioria-. ¿Y por qué él no dijo nada? ¡Con solo que hubiera dicho “no soy Saga”, habría sido suficiente!

Saga sacó un pañuelo de uno de sus bolsillos y se limpió la cara. Parecía (por fin) completamente calmado. Se puso de pie y miró a Aioria a los ojos.

-Mañana, en el anfiteatro, a las 2:00pm. Un combate de acuerdo con las reglas antiguas para las deudas de sangre. Si no sabes qué es eso, pregúntale a alguien antes de acudir.

Aioria asintió, sombrío.

-Seiya, gracias por buscar al Maestro –dijo Saga con suavidad-, yo no podía moverme.

-No hay nada que agradecer.

~****~

Kanon volvió en sí para arrepentirse inmediatamente de haber recobrado la conciencia. Todo, absolutamente todo, dolía.

-¿Qu… qué pasó? –logró decir, al darse cuenta de que estaba con Dohko y Shion.

-Al parecer, tu hermano te tiró por las escaleras.

Eso no tenía sentido.

-Saga no haría algo así.

-¿No? –dijo Shion, sorprendido de que lo defendiera.

-Claro que no: él es más original –Kanon trató de reír, lo cual fue una mala idea, porque sus costillas protestaron rabiosamente contra ese abuso.

-Si estás de humor como para decir estupideces, debe ser que no he logrado librarme de ti, todavía –dijo Saga, acercándose.

Shion lo contempló, sombrío, mientras Saga ayudaba a Kanon a sentarse y le brindaba apoyo con lo que en realidad era un abrazo apenas disimulado. Kanon había dicho al menos una verdad: Saga no podía haberlo tirado intencionalmente, pero una caída accidental no explicaba por qué el menor de los gemelos tenía quemaduras recientes.

Dohko les informó que, aparte de una severa golpiza (y esas misteriosas quemaduras, que el Caballero de Libra “olvidó” mencionar), Kanon parecía estar bien. No había sufrido nada más grave que cualquier aprendiz en un entrenamiento excesivamente rudo, pero de todos modos le preocupaba el que hubiera perdido el sentido, aunque fuera por poco rato.

-Será mejor mantenerte vigilado las próximas doce horas –concluyó Dohko.

-Hablando de horas… -Kanon miró su reloj, resopló un tanto exasperado al darse cuenta de que estaba inservible, y tomó la mano izquierda de Saga para ver la hora en el reloj de su hermano-. Yo debería estar ya en la entrada. Marin, Shaina y June nos reclutaron a Jabu, a Shun y a mí para acompañarlas a Rodorio y hacer unos encargos del jefe de cocineros.

-Iré en tu lugar –dijo Seiya-. Oh, no, no puedo. Debo escoltar una visitante hasta el Palacio… Aioria irá en tu lugar.

-¿Yo?

-Gracias, Leo –dijo Kanon, con una sonrisa malévola.

Shion esperó a que Seiya y Aioria estuvieran fuera de la vista de todos para mirar de nuevo a los gemelos. Saga ya no disimulaba que estaba abrazando a Kanon, y la sonrisa de éste había desaparecido por completo. Ahí había gato encerrado.

-Muy bien –dijo el Patriarca-. ¿Qué fue lo que sucedió?

-Un pequeño desacuerdo con Leo y un tropezón en las gradas –declaró Kanon-. Nada de importancia.

-Esa caída habría matado a cualquiera –lo contradijo Dohko, antes de que Shion pudiera abrir la boca para decir exactamente eso-. La voluntad de Atenea acaba de salvarte la vida una vez más, porque de otra manera no me explico cómo es que no te rompiste ningún hueso.

Shion no podía ver el rostro de Saga, pero sí advirtió la forma en que se tensaron sus brazos al escuchar eso.

-No tan fuerte, hermano –dijo Kanon con suavidad-. Que no tenga huesos rotos no significa que no estén a punto de romperse.

Saga no contestó, pero aflojó un poco el abrazo.

-Leo no tenía intención de matarme –continuó Kanon, mirando a Shion a los ojos-. Es más, estoy seguro de que no pretendía hacerme daño.

-¿Ah, sí? –dijo Shion, con duda.

-Pegaso vio lo que pasó, él puede atestiguar que Leo no quería herirme. Me distraje en un momento inoportuno y me alcanzó con esa técnica suya…

-Relámpago de Voltaje –dijo Aioros.

-Eso. No la vi venir. Le aseguro que los dos hemos aprendido la lección y no volveremos a jugar en la escalinata, Maestro.

-Más vale que así sea. Porque si no, la próxima vez seré yo quien los tire a ambos escaleras abajo.

-Eso sería todo un espectáculo.

-Será mejor llevarlo a Géminis –dijo Dohko.

Saga se puso en pie e iba a ayudar a su hermano a levantarse cuando Shion los sorprendió a todos al tomar a Kanon en brazos, como si fuera un niño.

-Esto no es necesario, puedo caminar –protestó Kanon.

-No vamos a arriesgarnos a que haya otro accidente por el camino.

-¡Pero, Maestro…!

-Cállate, Kanon.

Kanon hizo un gesto de frustración que Shion ignoró por completo, pero no se dio por vencido.

-La última vez que alguien me cargó así, tenía nueve años –insistió.

-Tenías once –corrigió Shion automáticamente, sin poder evitar una sonrisa ante ese recuerdo, aquella fue una de las raras ocasiones en las que Kanon le había parecido sinceramente arrepentido de una travesura-. Estabas robando manzanas cerca de la aldea y te caíste de un árbol…

-Ese fui yo –intervino Saga.

-¿Tú? –exclamaron Shion y Dohko al mismo tiempo, incrédulos. Saga pareció encogerse un poco.

-Ah, sí, lo recuerdo –dijo Kanon-. Te rompiste un brazo y yo tuve que hacerme pasar por ti hasta que te quitaron el yeso. Fue una pesadilla ser el “gemelo bueno” tanto tiempo.

-Un momento –dijo Aioros de repente-. La vez que alguien tiñó de rosado el cabello de Milo… ¿cuál de ustedes fue?

-Yo –confesó Saga-. Él tenía varios días de estar haciendo llorar a Piscis –añadió, un poco a la defensiva, al ver que Shion parecía a punto de atragantarse.

-¿Y la vez que alguien puso pegamento en los aparatos de gimnasia? –continuó Aioros.

-Ese sí fui yo –dijo Kanon.

-¿Y la vez que aparecieron arañas por todo el campo de entrenamiento de las niñas? –preguntó Shion.

-¿Cómo? –Kanon lo miró, confundido-. ¿Eso cuándo fue?

-Ni él ni yo, Maestro –dijo Saga-. Fue cuando tuviste el sarampión, Kanon. Te pusiste bastante grave, por eso no te enteraste.

-Fue Aracné, pero se trató de un accidente –dijo Aioros.

-¿Cómo lo sabes?

-Tremmy estaba ahí y él me lo contó. Aracné no sabía que podía controlar a las arañas como hacía Jamian con los cuervos y esa fue la primera vez que se manifestó su poder, atrajo demasiadas, se asustó, perdió el control… el resto es historia.

-¿Pero por qué en el campo de entrenamiento de las niñas?

-Una apuesta. Él y Tremmy tenían que entrar ahí y robar algo como prueba.

Shion frunció el ceño.

-¿De quién fue la idea? –preguntó.

-Le prometí a Milo que no se lo diría, Maestro –respondió Aioros, perfectamente serio.

-Kanon… creo que te debo una disculpa –dijo Shion-. Siempre creí que eras tú el que causaba todos los desastres.

-No, Maestro, nada de disculpas. Soy responsable de al menos dos terceras partes de todas las maldades de las que me acusaron en algún momento.

-Lo que me gustaría saber es cómo no me di cuenta antes de que Saga era responsable del otro tercio.

-Porque Kanon no podía mantenerse serio el tiempo indispensable para parecer inocente: la risa lo delataba cuando era culpable… y cuando no lo era, lo hacía parecer culpable. Por cierto, no fueron dos tercios, Kanon, fue aproximadamente la mitad –aclaró Saga.

-Detalles, detalles. No vamos a ponernos a sacar cuentas a estas alturas de la vida, ¿o sí?

-Pues yo no estaría tan seguro –respondió Shion-. Siempre me precié de ser justo con las recompensas y los castigos. Tal vez tenga que rectificar unas cuantas cosas…

-¿Y eso implicaría una confesión completa? –exclamó Kanon-. ¡No, no! ¡Ni lo intente! ¡Por cada vez que me castigó en lugar de Saga, hubo al menos dos o tres diabluras de las que espero nunca llegue a enterarse!

-Además, muchas veces castigó o recompensó al gemelo correcto, solo que con el nombre equivocado –añadió Saga-. Hubo temporadas en las que cambiábamos de identidad de día por medio.

-Niños, ustedes dos son una verdadera pesadilla –sentenció Dohko-. ¿Cómo es que no volvieron locos a sus padres?

-Una pregunta más –dijo Aioros, en el silencio incómodo que siguió al comentario del Caballero de Libra-. Una vez alguien escondió mis zapatos y los de Aioria…

-Ah, eso lo hicimos juntos –respondieron los gemelos al mismo tiempo.

-¿Dónde los pusieron?

-Detrás de la estatua de Atenea Prómacos –dijo Saga.

-Tal vez todavía estén ahí –completó Kanon.

 

Casa de Aries

 

Eris miró al Caballero de Pegaso de arriba abajo.

-¿Atenea me envía a un Caballero de Bronce como escolta? –preguntó, sin darle una entonación particular a su voz.

-Seiya es uno de los caballeros más cercanos a Atenea –dijo Mu, inquieto.

-Sí, supongo que el rango es lo de menos –murmuró Eris, preguntándose para sus adentros si ese comentario bastaría para sembrar una semilla de cizaña más en la Primera Casa. Después de todo, a los Caballeros de Oro tenía por fuerza que sentarles mal el que Atenea mostrara tanta consideración hacia miembros del nivel más bajo de la Orden-. ¿Pero, por qué me envía precisamente al Asesino de Dioses?

Seiya casi dio un respingo, pero se las arregló para sonreír.

-En realidad, soy el que estaba más a mano. Me enviaba a mí o enviaba a Tatsumi y el pobre viejo no está como para subir y bajar tantas gradas.

Contrario a todo lo que podría esperarse, la respuesta, un tanto socarrona, le agradó a la diosa.

-Indícame el camino, Pegaso –dijo ella, con una sonrisa (la primera desde su llegada), ya es tiempo de que hable con Atenea… y, por cierto, traigo un par de cartas para algunos amigos de mis hermanos que viven aquí, ¿Crees que podamos detenernos un momento en la Casa de Piscis antes de llegar al Palacio?

-Sin duda, queda por el camino.

 

Continuará…

 

Notas mitológicas, astronómicas, astrológicas y ponderaciones de lógica ilógica en un manga:

 

            La constelación Serpentario, también llamada Ofiuco (en cualquier caso, significa “el Domador de Serpientes” o “el Portador de la Serpiente”), es bastante grande (pero con estrellas no muy brillantes) y una de las más antiguas, ya que forma parte de la lista creada por Ptolomeo.

            De acuerdo con la mitología, representa a Asclepio y la serpiente que le reveló conocimientos sobre medicina que ni los dioses poseían.

            Es común que esta constelación sea divida en dos partes: Serpentario y Serpens (“la Serpiente”), o incluso en tres: Serpens Caput (“la Cabeza de la Serpiente”), Ofiuco y Serpens Cauda (“la Cola de la serpiente”).

            Tiene además la particularidad de que está un poco atravesada en el camino que recorre el sol a través de las doce casas del zodiaco (está más o menos entre Sagitario y Escorpión), por lo que bien podría ser considerada el treceavo signo del zodiaco, si eso no echara a perder las agrupaciones tradicionales de los signos (por meses, por elementos, por activos y pasivos, etc.) al convertirlos en un número primo.

            El porqué de toda esta disquisición es el título del discípulo de Mu: Kiki de Appendix. ¿De dónde puede haber sacado Kurumada ese “Appendix”? No hay entre las 88 constelaciones una que se llame “Apéndice” XD Así pues, a menos que se trate del apellido (o del lugar de origen) de Kiki, voy a asumir que la constelación Ofiuco está dividida en tres partes y Kiki entrena para convertirse en Caballero de la Cola de la Serpiente (¡Juas! No sé qué es peor…).

 

            Eris es la diosa griega de la Discordia. Dependiendo de la versión, puede ser hija de Zeus (y gemela de Ares), hija de Nix (la Noche) o hija de Ares y Afrodita. También puede aparecer como dos Eris distintas (una buena y otra mala) que son gemelas e hijas de Zeus y Hera.

            Para efectos de este fic, es una sola Eris, hija de Ares y Afrodita.

Normalmente se le representa con alas y ligeramente parecida a las Furias, solo que sin serpientes en lugar de cabello.

Por cierto, estoy ignorando olímpicamente la existencia de las OVAs, por lo que “mi” Eris no tiene absolutamente nada que ver con la que apareció ahí ;D

           

            Lo de “Asesino de Dioses” aplicado a Seiya, yo juraba que era invento mío (lo usé por primera vez en “Ginsei”)… y un día de estos, leyendo “Lost Canvas” me encontré justamente eso… referido a Tenma de Pegaso ooU ¿Será casualidad o Shiori Teshigori es telépata?

 

 


FECHA El 23/10/10 a las 03:10:52 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
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El 22/07/10 a las 05:07:34

¿Ya te dije que me encanta? x'd .. si creo que ya te lo dije :D

Pero igual te lo repito! ¡Me encanta, me fascina, lo amo, lo amo, lo amo!

Aun me pregunto, ¿Eres una enciclopedia humana o algo asi?, es que tus fics estan llenos de mitologia y todo eso, lo que le da un toque exelente ;P .. Si asta parece que fuera real, podrías proponerlo y le hacen una conti a Saint Seiya con esta historia x'D

Amo tus Saga y kanon, de verdad!.. es que me hacen un lio tremendo en la cabeza y eso me gusta (?) jajaja eso esta raro. Porque, por un lado me dices que Kanon no quiere ser buen hermano, que lo hace por conveniencia, pero entonces ¡Que buen actor es!, porque logra demostrar perfectamente todo lo contrario, sí se preocupa de Saga asta el punto de dejar que lo golpeén a él, solo para que no salga herido♥. Y Saga, Uff... Saga♥ (ya quiero saber por que el no puede enterarse) siento que él si quiere a su hermano, por algo lo abrazo y se sintio mal viendolo herido T____T ... me encantan los recuerdos, jaja y sus travesuras, ya me los imagino, ahi cambiando de lugar y haciendo  travesuras, pero aun asi, son unos peques tan tiernos. Eso que dices de la risa ¡Es muy sierto!. Si te riés te hechan la culpa de que fuiste tú, pero ¡¿Como no reirse de la cara que ponen cuando te retan?! xDD

Esa Eris, toda una sisañera, mira que querer hacer enojar a Mü >o

Tengo la extraña sensación, que la historia de Saori/Shion/Saga/Kanon será muy enredada (Kanon es el único que no empieza con S ¬¬), si mal no recuerdo,  explicaste un poco en el anterior, espero que ahora le pongas más info a esa historia, es bastante interesante y me encantaria por ahi entenderla má y salir de algunas dudas, como ¿Porqué Saga no puede enterarse?¿Saori también es hija de Shion?¿Porqué se mató Febe? y además ¿Qué pasó realmente el día del nacimiento de Atena?¿Porqué Saga mató a Shion?¿Realmente fue Saga quién lo mató? *--* Waa!! muchas preguntas, quiero saber tu teoría :P

 Afrodita, Afrodita... veo problemas en tu destino, serios problemas... ¡Sus flores se secaron en el primer capítulo! T______T ... Buaaaa!! ¿Qué hará ahora?

Y ahora vuelvo con el pequeño aprendiz de Shura, ¡Me sentí identificada! xD .. es un problema aveces no poder medir el cuando y como se dicen las cosas, pero la gente no entiende ToT ¿Porqué tienen tan poca paciencia? u.u .. si las cosas hay que decirlas! ._. ... he ido al psicólogo por ese asunto de indiscreción ¬¬U .. desde ahora adopto a Polemos♥ como mi personaje inventado favorito xddddddd

Bueno Besos, cuidate mucho.

Hermoso Fic ¿Ya te lo habia dicho? xD

Y aquí estaré, esperando la contí! *-----* y molestandote asta que lo sigas :D


FECHA El 28/10/10 a las 02:10:31 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
Online hekate-sama
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El 03/08/07 a las 04:08:21

Hola, después de unos días de haber leído la continuación, he podido venir, ^ ^.

Eris, Eris... tan cizañera ella. Pero, no sé por qué, me cayó simpática; quizá porque se haya entretenido en fastidiar a Mu, XDDDD.

Me gustó cómo has explicado el tema del veneno y la sangre de Afrodita. Es interesante lo que has expuesto. Además, ir viendo cómo los cabclleros son encarnaciones de los míticos héroes, me da un placer particular. Muchas veces, cuando se me da por pensar (o pocas veces, XDD), me he puesto a ver qué héroe o figura mitológica podría corresponderse con tal o cual caballero. Es como hacer una especie de doble lectura: acordarme de las tragedias y la épica e imaginarlos como caballeros de Atenea, y al revés. Tiene un gustillo especial, ^ ^. Con respecto a estas reencarnaciones, si Shion, es Tíndaro, y si Kanon y Saga hubieron de ser Cástor y Pólux, ¿habrá alguna Clitemnestra o una Helena? ¿Saori será una de ellas además de ser Atenea? XDDD. Por otra parte, se me hizo reconfortante leer el cariño y el aprecio que Asclepios muestra y siente por Dido (Afrodita, el caballero).

Pero sigamos, el modo en que Saori habla de los gemelos, recordando viejos tiempos es muy motivo, cálido. Me gustó mucho ver cómo los dos se peleaban y trataban estorbarse mutuamente, XDDD. Has establecido unos lazos fraternales realmente hermosos.

Ahh, ¿qué tendrás planeado para Polemos (por cierto que le has escogido un nombre particular por su significado)? ¿Dará guerra este chiquillo o se volverá buen amigo aunque sea de Kiki? ¿Estos dos serán finalmente discipulos de Shaina? ¡Ahhhhh, lío astronómico, me encanta!

Y volviendo a los lazos fraternos, me agarró una cosita (ternura, pena, conmoción... cosita, en fin) ir leyendo cómo Kanon era atacado por Aioria y que no dijera nada, sólo para defender a su gemelo. Y luego el dolor de Saga al descubrir lo que el caballero de Leo había causado, y ese pedido tan formal de combate. ¡Ay, ya quisiera saber qué pasará entre ellos y ese conflicto pendiente! Fue muy placentero ir descubriendo junto con Aiorios y Shion las travesusras de los gemelos de niños, realmente muy hermoso. Me agrada, sinceramente, su relación.

Bueno, ya veremos, espero, pronto qué pasará con Eris y Polemos y los gemelos y el caballero de Piscis y... y... y... ¡Está super interesante, mujer!

Felicidades.

Hasta pronto,

Hekis.


FECHA El 05/11/10 a las 03:11:49 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
Online Daga_Saar
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El 12/09/10 a las 09:09:10

Mariion:

 

¿Enciclopedia, yo?... Así me decían en la universidad --* (menos mal que me enteré después de terminarla). Tengo buena memoria para lo que leo, pero pésima para nombres, caras, direcciones, fechas y lo que estaba haciendo hace diez minutos. Nunca recuerdo en qué día estoy, pero sí de qué color era el burro de Sancho Panza XD

Y he sido severamente adicta a la mitología desde que aprendí a leer, cuando empecé a ver Saint Seiya simplemente no tuve escapatoria.

Lo que sucede con Kanon es que pasó casi toda su vida plenamente convencido de ser el “gemelo malvado” y asumió su papel con toda sinceridad (después de todo, eso garantizaba que Saga era el “gemelo bueno”). Ahora que ha terminado redimiéndose (por las buenas o por las malas), sigue asumiendo ese papel porque es más divertido ser el “malo” de la película. A él le encantaría que Saga se relajara un poco y volviera a hacer una que otra travesura como cuando eran niños, pero Saga tiene demasiado miedo de portarse mal y que eso “reactive” a Arles. Por lo tanto, Kanon insistirá en ser el “gemelo malvado” siempre que pueda, y se sorprenderá muchísimo cada vez que alguien comente que es buena persona o que se puede confiar en él.

Saga quiere mucho a Kanon. Mi versión de ellos está basada en Cástor y Pólux, asumiendo que Saga es la reencarnación de Pólux y Kanon, la reencarnación de Cástor.

De acuerdo con la mitología (y eso es algo que Kanon comentará en algún momento), Pólux era inmortal y la única razón por la que murió fue porque no pudo soportar la muerte de Cástor y tener que seguir viviendo. Cuando Arles encerró a Kanon en el Cabo Sunión, Saga quedó en shock por mucho tiempo y eso le dio plena libertad a su “lado malo”. Pero cuando vio a Kanon herido en las escaleras después de la pelea con Aioria, estuvo a punto de sufrir un ataque de pánico porque uno de sus más grandes temores es que le suceda algo malo a Kanon y no poder protegerlo, que fue precisamente lo que le ocurrió a los Dioscuros: estaban robándole unas vacas a sus primos Idas y Linceo (que les habían ganado las vacas en una apuesta, pero hicieron trampa), los primos los atacaron y uno de ellos mató a Cástor delante de Pólux, sin que Pólux pudiera hacer nada para evitarlo. En cada una de sus reencarnaciones, Pólux ha estado empeñado en proteger a Cástor, pero Cástor siempre muere antes que él (al menos hasta el momento).

Eris es la diosa de la Discordia, no tiene otra opción que sembrar cizaña XD

Sí se verá más del “secreto” de la familia de Saori. A las reencarnaciones de Helena y Clitemnestra debería haberles buscado nombres con “k” para equilibrar. O tal con “f”, así quedarían Shion/Saga/Saori/Febe/F…/F… y Kanon El pobre seguiría siendo único en su estilo XD Pero no, al final les puse a ambas nombres que empiezan por “g”.

Saga (o, mejor dicho, Arles) fue quien mató a Shion. Shion no se defendió porque no podía creer que su primogénito fuera capaz de hacerle daño.

Y si Saori es o no hija de Shion... Buenoooo… De acuerdo con Kurumada, Shion es tipo A, los gemelos son AB y Saori es O. De acuerdo conmigo (¡jeh!), Febe era B y las gemelas eran AB.

No es imposible que unos padres A y B tengan un hijo O, porque si ambos tienen un gen dominante (A o B) y un gen recesivo (O), entonces toda su descendencia tiene las mismas posibilidades de pertenecer a cualquiera de los cuatro grupos sanguíneos (A, B, AB y O), en ese caso, Saori podría ser hija de Shion y quedaría por aclarar cuándo fue concebida y por qué a Shion no le cuadran las cuentas (¿quién sabe? Tal vez es tan malo con la matemática como Kanon). Pero basta con que uno de los dos progenitores tenga solo genes dominantes para que resulte imposible que tuvieran una hija tipo O. Necesitaríamos hacer una prueba genética para saber cuál es el caso ;D

La razón por la que no pueden contarle nada a Saga es porque Kanon está consciente del daño que causó al modificar su memoria (fue un pésimo trabajo el que logró hacer entonces) y teme que forzarlo a recordar le haga todavía más daño. Así pues, él y Saori están esperando que Saga recuerde por sí solo en algún momento. Y todavía están tanteando el terreno con Shion, no están seguros de si Shion recuerda o no, así que son sumamente precavidos, por el momento.

Vamos con los otros hermanos.

Aioros era el mayor. Tenía catorce años cuando Arles le ordenó a Shura que lo matara. Permaneció muerto trece años, hasta la Saga de Hades.

Aioria es el menor. Tenía siete años cuando Aioria murió.

Ahora que todos han regresado con vida del Hades, Aioria ha crecido y tiene veinte años (casi veintiuno) mientras que Aioros… sigue teniendo catorce años.

No saben ahora cuál de los dos es el mayor ni cuál tiene autoridad sobre el otro. Y, como buenos Leo y Sagitario, los dos quieren estar al mando.

Sé como es eso. Tengo dos hermanos y dos hermanas, y estoy entre un Leo y una Sagitario. De niños, chocaban constantemente porque ambos eran líderes (traducción: mandones) y siempre querían tener la razón. Por si fuera poco, en el zodiaco chino son del año del perro y el año del gato… (¡digo, tigre!) y se notaba mucho XD

Polemos agradece sentidamente el apoyo y me pide que te diga que nada de los desastres que están por suceder fueron idea suya.

 

Hécate:

En esta encarnación, Helena y Clitemnestra nacieron dos años antes que Saori. Estaban destinadas a ser sacerdotisas de Atenea, pero hubo un problema por el que se alejaron del Santuario antes de la Batalla de las Doce Casas.

La familia de Apolo en general siente mucho afecto por Afrodita (el Caballero), pero ya desde la mitología es notoria la forma en que Apolo defiende a sus seres queridos.

Lo que recuerda Saori del viaje a Atenas en realidad es reciente. Kanon lo recordará con más detalle en unos cuantos capítulos más.

¡Bravo! Empezaba a creer que nadie notaría lo del nombre de Polemos XD Sí, lo escogí por su significado. Él no pretende dar guerra, pero, en las sabias e inmortales palabras de Harry Potter: “yo no busco problemas, ellos me encuentran”. Claro que lo anterior no es excusa ante ningún tribunal.


FECHA El 05/11/10 a las 03:11:50 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
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El 12/09/10 a las 09:09:10

Capítulo tres

Capítulo tres

Secreto entre mujeres, secreto no eres

 

O, lo que es lo mismo,

El misterio del báculo de Atenea

 

Casa de Piscis

 

-No puedo creer que tenga que empezar desde cero –murmuró Afrodita.

-Lo siento –dijo Jabu, por enésima vez.

-¿Eh? No lo decía por ti, ya deja de disculparte o empezaré a creer que lo que lamentas es haberme salvado la vida.

-Pero…

-Ya, ya. Dejaré de quejarme y tú dejarás de disculparte, ¿te parece?

-Bueno.

Afrodita miró con el ceño fruncido una serie de platos de vidrio sobre la mesa de su cocina. Cada uno contenía una pequeña cantidad de pétalos, hojas y frutos de distintas plantas venenosas. Asclepio estaba sentado frente a él, contemplándolo con sumo interés, como si Afrodita fuera alguna clase de experimento científico. Probablemente lo era.

Con resignación, el Caballero de Piscis tomó un pétalo rojo e hizo un ademán como si estuviera brindando.

-Ni modo, de vuelta a la dieta de conejo suicida –dijo, con tono falsamente alegre, se echó el pétalo en la boca, lo masticó a toda prisa, haciendo una mueca por el sabor amargo, y tragó.

Un instante después se levantó precipitadamente y corrió al baño, donde tuvo que vomitar lo único que había consumido desde el día anterior: agua y el pétalo de rosa demonio.

-Justo lo que temía –dijo Asclepio desde la puerta del baño.

Afrodita le lanzó una mirada de furia, pero buena parte del efecto que podría tener quedaba aplacado por la situación en la que estaba.

-¡Podías habérmelo advertido! –protestó.

-¿Qué sucede? –preguntó Jabu.

-El alicorno sigue activo –explicó Asclepio-, rechaza el veneno que entra a su organismo de una forma… bastante enfática, diría yo.

Afrodita suspiró amargamente.

-En otras palabras, me he vuelto alérgico a lo que supone debía ser parte integral de mi persona.

-Te dije que era demasiado pronto, el atentado fue apenas ayer –dijo Asclepio-. Tienes que recuperarte primero y luego intentarlo de nuevo. Tal vez en un mes o dos.

-¿Sugieres que siga tratando de intoxicarme regularmente hasta que consiga crear inmunidad otra vez o suicidarme, lo que suceda primero?

-Justamente.

Asclepio sacudió la cabeza al notar la expresión de desconsuelo de Afrodita. Podían pasar meses, incluso años, antes de que pudiera reiniciar su entrenamiento. También era posible que esa nueva condición fuera permanente.

Afrodita apoyó la frente contra la porcelana del sanitario. Estaba seriamente tentado a darse de golpes contra una pared, pero no quería hacer sentir a Jabu todavía peor.

-¿Qué tan indispensable es el veneno? –preguntó Jabu.

-Es necesario para las técnicas de Piscis. El veneno es lo que me permite crear rosas cuando no tengo alguna a mano. Yo… dejémoslo aquí por hoy, ¿quieren? Voy a recostarme un rato.

Jabu y Shun asintieron y abandonaron la Casa de Piscis de inmediato. Asclepio siguió a Afrodita cuando éste marchó a su habitación.

-No hace falta que me cuides, estoy bien, solo tengo el estómago revuelto –murmuró Afrodita.

-Voy a prepararte un té. Por cierto, tienes visita.

-¿Uh?

Asclepio saludó a Shion con una inclinación de cabeza antes de salir del cuarto. Afrodita trató de incorporarse, pero el Patriarca lo detuvo con una mano sobre su hombro.

-Me habían dicho que estabas mejor, pero luces muy pálido.

¿A pesar del maquillaje? Debía tener realmente mal aspecto.

-Tuve un pequeño accidente.

-¿Qué tan pequeño?

-Tomé una dosis básica de veneno y no pude retenerlo en el estómago. No fue bonito.

-Corrígeme si me equivoco: ¿no es un poco pronto como para que hayas hecho algo así? De acuerdo con Asclepio, tu sistema inmunológico…

-Va estar seriamente resentido por un tiempo, lo sé. Pero tenía que hacerlo. No sirve de nada un Caballero de Piscis que no puede duplicar la sangre de Medusa. En estas condiciones ni siquiera podría entrenar a mi sucesor.

Displicente, dando la clara impresión de que era su orgullo lo que le preocupaba más y no la sucesión ni Atenea. Tan distinto de su reencarnación anterior que resultaba en verdad chocante…

-Eso puede tener un lado positivo: si no puedes entrenarlo, él no podrá matarte a traición.

Afrodita lo miró boquiabierto y Shion supo que lo había herido en lo más vivo al recordarle una de las leyendas más tristes de la Casa de Piscis. Pero, para lograr el propósito que tenía al visitarlo, primero que todo necesitaba sacarlo de balance para que su mente no tuviera oportunidad de resistirse a lo que iba a hacer.

-¿Qué…?

-Apolodoro.

No había sido una respuesta a la pregunta que ni siquiera le dejó terminar de formular. Shion estaba invocando a la persona que había sido Afrodita en una vida anterior, muchos siglos atrás. Las barreras espirituales del Caballero de Piscis, ya bastante debilitadas por su condición física, cayeron como si fueran de papel y la conciencia de quien fuera Apolodoro de Piscis logró hacerse presente durante los siguientes minutos.

-¿Me reconoces, Apolodoro?

-Mi Señor Tíndaro…

Shion sonrió con tristeza al ver la forma en que cambiaba la expresión de Afrodita. La mirada altanera había sido reemplazada por la ingenua devoción que el primer Caballero de Piscis había profesado hacia el padre de sus amigos y protectores, los Dioscuros.

-Así, es, muchacho. Una parte de mí, por lo menos.

-¿Qué me ha sucedido? Los rosales de la Doceava Casa sienten dolor y no puedo confortarlos.

-Alguien intentó matar a Atenea y terminó lastimándote a ti por accidente.

La expresión inquieta cambió a una de determinación.

-Entonces, este malestar vale la pena. ¿Es el resultado del ataque?

-No. Lograron envenenarte y lo que sientes es el resultado del antídoto.

-…¿Cuerno de unicornio?

Tal y como lo esperaba, Apolodoro conocía mejor que Afrodita sus fuerzas y debilidades.

-Precisamente.

-Entonces Atenea debe designar a un nuevo Caballero de Piscis. Esta condición es irreversible.

-Tenía la esperanza de que hubiera alguna forma de remediarlo –murmuró Shion.

Apolodoro tardó en responder. Contemplaba la parte interna de sus muñecas, donde la piel era lo bastante fina como para permitirle apreciar sus venas.

-No, no más veneno, eso está fuera de toda discusión… sin embargo… -una sonrisa iluminó su rostro-. No todo está perdido.

Miró a su alrededor y frunció ligeramente el ceño, desconcertado.

-¿Qué es este lugar?

-La habitación de quien eres en esta vida.

Apolodoro enarcó una ceja.

-Me gustaría saber qué razones puedo tener para encerrarme voluntariamente en tan poco espacio… ¿Habrá algo con qué escribir por aquí?

Shion ya estaba preparado y le ofreció una libreta y un lápiz. Apolodoro examinó ambos objetos con interés antes de ponerse a escribir a toda prisa.

-Mi curiosidad es grande en este momento, pero no hay mucho tiempo, ¿verdad? Esta invocación a mi espíritu es temporal.

-Correcto. Hasta ahora solo lo había hecho con las armaduras, cuando deseaba saber sus historias, no estaba seguro de si podría usar esa habilidad para convocarte a ti, ni si podrías responder a mi llamado.

-¿Una técnica nueva, mi Señor? Me siento honrado.

-Qué bueno poder escucharlo de ti, porque tu encarnación actual probablemente estará furioso cuando vuelva en sí.

-¿No le pidió permiso antes de hacerlo?

-Habría corrido el riesgo de que opusiera resistencia en forma inconsciente. Tuve que hacerlo por sorpresa.

-Tiene razón, como siempre.

Shion no pudo evitar reírse. Escuchar eso de labios de Afrodita era casi tan imposible como escucharlo de Saga.

Apolodoro terminó de escribir y le entregó la libreta. Shion leyó rápidamente.

-Esto es… muy ambicioso, muchacho.

-Yo creo que es realizable.

El lema del signo Piscis, “yo creo”. Habría que confiar en él, y en Afrodita.

-Entonces, no me cabe duda de que todo estará bien… Dime, hijo, ¿tienes alguna idea de qué clase de veneno fue capaz de superar a la sangre de Medusa?

-Ninguna planta que crezca sobre la tierra, ningún animal que corra, nade, vuele o se arrastre, ningún mineral que yo conozca… -la mirada de Apolodoro se hizo lejana, como si estuviera tratando de recordar algo-. Si tuviera oportunidad de viajar al Hades, le preguntaría a la Reina Perséfone o a la Dama Hécate. Sí, la Dama Hécate lo sabría sin duda.

-Será un poco difícil preguntarles, en la actualidad no estamos en muy buenos términos con el Inframundo.

-Lamento escuchar eso. Aprendí mucho de la Dama Hécate y ella siempre fue amable conmigo. ¿Recuerda cómo me ayudó a crear mis rosas piraña?

-No directamente, pero he leído al respecto. ¿Cómo hiciste para involucrar no solo a los Tindáridas sino también a sus hermanas y a los Afáridas en esa locura?

-Fácil, Pólux estaba aburrido, él se encargó de convencer al resto.

-Debí imaginarlo.

Shion acarició con afecto la mejilla de Apolodoro, éste sonrió… y, un parpadeo después, había desaparecido para dejar paso a Afrodita, que parecía alarmado a partes iguales por lo sucedido y por esa caricia inesperada.

-¡¿Qué diantres…?! –se detuvo con un gran esfuerzo a mitad de la frase y lo intentó de nuevo-. ¿Qué fue lo que me hizo?

Shion suspiró. De vuelta al Afrodita de siempre.

-Invoqué una de tus vidas pasadas, una parte de tu alma que normalmente debe permanecer sellada mientras estés entre los vivos. ¿Recuerdas que cuando estabas en el Hades sabías a la perfección lo sucedido en todas tus vidas anteriores y luego ese conocimiento se esfumó en el momento en que reviviste?

-Sí… ya veo… pero, ¿por qué?

-Tu entrenamiento no fue el mejor ni el más completo, dado que tu Maestro fue el Caballero de Cáncer y no tu predecesor ni el Caballero de Géminis, como debió haber sido –Shion se encogió de hombros-. Me di cuenta de eso hace años, porque nunca alcanzaste el nivel de toxicidad que caracterizó a otros Caballeros de Piscis… Oh, no pongas esa cara, no lo dije con ánimo de ofenderte. De hecho, me alegró el que no llegaras a ser tan venenoso como tus predecesores, era una fuente continua de sufrimiento para ellos el ser capaces de matar al contacto. Sin embargo, me pareció que debíamos consultar tu problema actual con alguien que conociera más a fondo que cualquiera de nosotros las técnicas ancestrales de la Casa de Piscis. Y la persona ideal fue, precisamente, una de tus reencarnaciones pasadas.

-¿Quién…?

-El primer Caballero de Piscis.

Afrodita apretó los labios un momento y apartó la mirada.

-Entonces… es cierto lo que me dijo Apolo cuando era niño… ¿También es cierto lo que me dijo Kanon sobre las teoría de las tres generaciones de la Orden?

-¿Que sus vidas se repiten una y otra vez? No del todo. Solo reencarnamos casi siempre en el mismo orden. En cada vida somos personas distintas y nuestras vidas son diferentes, aunque ciertas cosas tienden a repetirse, como el que el Caballero de Géminis sea gemelo o que el de Piscis se lleve mejor con las plantas que con las personas. En cualquier caso, esto sirvió de algo: Apolodoro tuvo una idea que tal vez sea útil.

Shion le entregó la libreta y Afrodita examinó el texto, intrigado.

-Graecum est, non legitur –murmuró, con el sarcasmo más absoluto, dándole a entender que consideraba que Shion trataba de burlarse de él y lo había ofendido.

-¿No lees griego?

-No esta versión de griego.

Shion resistió la urgencia de darse una palmada en la frente. Por supuesto, Apolodoro había escrito en griego de la Edad del Bronce y Afrodita sin duda podía reconocer una que otra letra (las que se parecieran más a sus versiones del alfabeto moderno), pero era muy poco probable que pudiera entender una sola palabra. ¿Cómo no se había dado cuenta al leerlo él mismo? Tíndaro debía estar más cerca de la superficie de su mente de lo que había pensado.

-Saga te ayudará a traducirlo al griego moderno.

-Le pediré ayuda a alguien más, si no le disgusta a usted, Maestro –formalidad repentina, y ojos que miraban en cualquier dirección que no fuera el rostro de Shion… ¿qué estaba pasando ahí?

-¿Tienes algún problema con Saga? –como Afrodita tardaba en responder, Shion insistió-. Podría ordenarte que me contestes, pero prefiero que lo hagas por tu propia voluntad.

-Maestro…

-Si tienes un problema con él, es mi deber y mi derecho saber de qué se trata.

-No tengo ningún problema con él, él no tiene ningún problema conmigo. Y ese es el problema.

-Sin adivinanzas, por favor, Afrodita –Shion se sentó a los pies de la cama y esperó. Si era necesario esperar el resto del día a que Afrodita hablara, lo haría.

Afrodita recogió un poco las piernas para abrazar sus rodillas. Ya no parecía ni la mitad de arrogante que en circunstancias normales. Más bien lucía como un niño lastimado.

-Saga no me recuerda –confesó por fin.

-¿Cómo podría no recordarte?

-Tiene lagunas en su memoria. No recuerda casi nada de los trece años durante los cuales Arles fue la personalidad dominante. No tiene memoria de las muertes que ordenó ni del daño que causó, y eso probablemente sea bueno… pero tampoco me recuerda a mí, ni que fuimos amigos alguna vez, ni que… Bueno, ahora soy un completo desconocido para él… Creo que no le simpatizo siquiera.

Eso era nuevo para Shion. Saga en ningún momento había mencionado que no pudiera recordar… Habría que comunicárselo a Atenea.

En cuanto a Afrodita, era evidente que le dolía la situación.

-Ya veo. Sin embargo, tu progreso en la traducción será más rápido si le pides ayuda a Saga… y me complacería que lo hicieras.

No necesitaba telepatía para saber lo que pasaba por la mente de Afrodita en ese instante: “¿por qué habría de querer complacerlo?”.

Ese gesto altanero… En situaciones así, Shion no sabía si llorar de risa o ahogarse de rabia. Cualquier otro caballero habría aceptado su sugerencia como si fuera una orden tajante, pero Afrodita, no: él tenía que cuestionarlo. Si le dijera “es de día”, probablemente iría afuera a cerciorarse antes de responderle. Shion hizo entonces algo que nadie en su sano juicio había intentado en los últimos quince años: revolvió el cabello de Afrodita, despeinándolo por completo.

-¡Ah! –Afrodita lo apartó de un manotazo y se quedó mirándolo con los ojos redondos de asombro e incredulidad-. ¡¿Qué cree que está haciendo?!

-Logrando tu atención –Shion le dedicó una sonrisa malévola que, por un segundo, se asemejó demasiado a la de Kanon-. Pídele ayuda a Saga.

-Pero…

-Lo echas de menos, ¿no?

-…Sí…

-Entonces, recupera su amistad. O inicia una amistad con él desde cero. ¡Haz algo, niño, cualquier cosa, pero no te quedes lamentándote en un rincón! Y eso va también por lo de la libreta. Resuelve la idea que tu propia alma te dejó ahí, como corresponde al Caballero de Atenea que se supone que eres. ¿He sido lo bastante claro?

-…Sí, Maestro Shion.

-Bien, me alegro.

-Hum… Pegaso está en la entrada, pide permiso para pasar…

Afrodita se levantó y marchó hacia la entrada de la Doceava Casa, acomodándose el cabello como mejor podía mientras caminaba.

Shion sonrió para sus adentros y lo siguió. Podía darse cuenta de que Pegaso estaba acompañado, y, si no recordaba mal, el Caballero de Bronce había mencionado una visitante que debía ser escoltada ante Atenea ¿quién podría ser?

 

Rodorio

 

Shun y June trataban de conseguir que todo el pequeño grupo participara de la conversación, pero no era fácil. Shaina estaba malhumorada, Jabu parecía haberse quedado mudo, quién sabe por qué (¿o sería que la presencia de Aioria lo incomodaba?), Marin estaba tan silenciosa como de costumbre, y Aioria tenía una cara de disgusto que echaba por tierra hasta las mejores intenciones.

-Por cierto, Aioria, no nos has aclarado por qué te envió Kanon en su lugar –dijo June, ya casi desesperada, al cabo de un (largo) rato de ese silencio desconcertante.

Aioria le dirigió una mirada de enojo que habría hecho retroceder a más de uno.

-Dije que no puede venir –replicó, cortante.

-Tampoco es como para que le hables en ese tono a la niña –dijo Marin, con un nivel de enojo extrañamente similar al que acababa de usar el Caballero de Leo.

-¿“Niña”? –repitió June, desconcertada.

Shaina apresuró el paso y se las arregló para arrastrar consigo a June, Shun y Jabu, apartándolos de Aioria y Shaina.

-Vengan conmigo, quiero mostrarles algo interesante…

Una vez que estuvieron a media cuadra de distancia, Shaina resopló (lo cual se oyó algo gracioso a través de la máscara) y sacudió la cabeza.

-Me figuro que se puede disculpar a Kanon por esto, ya que no conoce bien ni a Aioria ni a Marin –declaró-, pero, ya que ustedes dos son sus amigos, harían bien en avisarle que es mejor no tratar de reunir a esos dos. Llevan bastante rato de haber roto relaciones diplomáticas.

-Qué extraño. De acuerdo con Seiya, son buenos amigos –dijo Shun.

-Y es totalmente cierto, pero cuando se enojan, se enojan en serio.

-Espero que esto no resulte contagioso –murmuró Marin.

-¿A qué te refieres? –preguntó Aioria.

-Míralos –la amazona del Águila señaló a los cuatro jóvenes que caminaban más adelante, enfrascados en lo que parecía ser una conversación sumamente interesante-. Primero eran solo cinco, pero ahora los inadaptados parecen estar extendiéndose. Entiendo que June quiera pasar tiempo con Shun, pero no es beneficioso ni para ella ni para Shaina que las vean con Unicornio ni con el segundo Géminis. Tampoco es bueno para ti estar haciéndole favores a él, dicho sea de paso.

-No estoy haciéndole ningún favor, Seiya me obligó.

Marin no insistió en las razones que podría tener Aioria para estar reemplazando a Kanon en ese momento, y él se lo agradeció desde lo más profundo de su corazón, pero sin decir una palabra al respecto.

-No sabía que conocieras a la Amazona de Camaleón.

-A ella no, pero sí a su Maestro, que también fue Maestro de Shun… Albiore tenía una capacidad extraña para entrenar gente ingenua y volverla más ingenua todavía.

-¿Crees que es por eso que tienen ahora estas malas compañías? ¿Por ingenuidad?

-¿Se te ocurre alguna otra razón? Afrodita de Piscis, Máscara Mortal de Cáncer y Kanon de Géminis. Ni siquiera deberían formar parte de la Orden. Hasta los aprendices murmuran por eso.

-¿Kiki y Polemos opinan al respecto?

Marin dejó escapar una risita.

-Al menos Polemos sí lo hace, y en voz bastante alta, dicho sea de paso. Ese niño está buscándose un problema serio por hablar de más.

-Deberíamos comentárselo a Shura.

-Cierto.

Luego de otro largo silencio, Aioria decidió que, puesto que Marin había vuelto a dirigirle la palabra después de tantos días sin hablarle, bien podía aprovechar para consultarle un par de dudas.

-Dime una cosa, ¿has escuchado hablar de los combates por deudas de sangre?

-¿De dónde sacaste ese término?

-Se lo escuché a uno de los más viejos de la Orden.

-¿Y supones que soy lo bastante vieja como para conocerlo yo también?

-¡Marin!

Ella rió y Aioria empezó a sentirse bien por primera vez en casi una semana. No lograba recordar por qué habían discutido, excepto que se relacionaba con un comentario desafortunado acerca de las máscaras de las amazonas que alguien había hecho llegar (enriquecido y aumentado) a oídos de Marin, una de esas minucias a las que nadie da importancia entre simples conocidos, pero que entre amigos cercanos acaban convirtiéndose en batallas campales.

-Bueno, supongo que tendré que buscarlo en la Biblioteca –dijo Aioria, con tono de falsa resignación-. Quería evitar eso a toda costa.

-¿Para no encontrarte ahí con Saga? –la voz de Marin se escuchaba seria de nuevo.

-Sí, casi acampa ahí últimamente.

-Dicen que es para no encontrarse con su hermano –Marin sacudió la cabeza-. En verdad, no me explico cómo se supone que funcione ahora la Orden con todas estas grietas.

 

Palacio del Patriarca (específicamente, la oficina de Saori)

 

Saori sonrió con la amabilidad de siempre cuando Eris llegó a su oficina en compañía de Seiya y Shion.

El Patriarca estaba algo pálido (aunque mantenía la compostura) y Saori se sintió un poco mal por no haberle avisado a tiempo de la visita. Tenía que recordarse a sí misma que delegar era una buena idea, pero le resultaba un tanto difícil hacerlo.

Tomar las riendas de las Empresas Kido y la Fundación Graude significó un esfuerzo enorme en el que además había tenido que justificar una y mil veces cada una de sus decisiones, por pequeña que fuera, y eso era porque los otros directivos y accionistas no veían con buenos ojos el tener que obedecerla… por su juventud y por su sexo. Era humillante para la mayoría de ellos y una locura en opinión de los que no se sentían humillados, por lo que una vez que se sintió con el control absoluto hizo todo lo posible por no soltarlo, ¡era demasiado complicado hacerse obedecer!  Pero la Orden de Atenea era diferente y olvidarse de tomar en cuenta la opinión del Patriarca no era una opción. Saori tomó nota mental de hablar más a menudo con Shion y saludó a Eris tan alegremente como lo habría hecho con cualquiera de los otros dioses.

-Bienvenida, Eris, hija de Ares y Afrodita. ¿A qué se debe tu presencia en mi Santuario?

Eris respiró hondo, como quien se prepara a realizar algo muy difícil, y se arrodilló ante Saori, sorprendiendo a los presentes.

-¡Salve, Atenea, hija de Zeus! Estoy aquí para suplicarte, en nombre de todos los Areidas, que liberes a Niké.

Saori la miraba aturdida.

-¿Que la libere? ¿De qué estás hablando?

Eris bajó la cabeza, apesadumbrada.

-Este es un esfuerzo vano, sin duda, pero sé que mi padre tiene la intención de venir aquí precisamente a suplicarte de esta manera y ni mis hermanos ni yo estamos dispuestos a sufrir que el dios de la Guerra se humille así, cuando nos consta que no hay esperanza. Si alguna vez hubieras tenido la menor intención de dejarla ir, no habrías mantenido prisionera tanto tiempo.

-Pero yo…

-Obedeces órdenes, sin duda.

-Es que…

-Lo comprendo. Supe desde el principio que era una pérdida de tiempo, pero tenía que intentarlo, por mi padre y por mis hermanos más pequeños.

-¡Eris, no sé de qué me hablas!

La diosa de la Discordia le dirigió una mirada incrédula y se puso en pie.

-¿Ah, no?

Saori se acomodó el cabello con un gesto nervioso.

-Lo último que supe de Niké fue que desapareció durante la Guerra de Troya, y que Ares ha estado buscándola desde entonces.

Eris asintió.

-Todos los Areidas la hemos buscado, siguiendo infinidad de pistas falsas.

-Lo sé, y me ha dolido mucho por mi hermano, pero no sé cómo esperas que la libere, si ni siquiera sé dónde está.

-Tu báculo, Atenea, tu báculo llamado Niké.

-¿Esto? –Saori miró el báculo con sorpresa-. Es solo una representación suya, un homenaje… Niké depositó una parte de su poder en él y… -Eris sacudía la cabeza y Saori frunció el ceño-. ¿Por qué estás tan segura de que está en el báculo?

-Las Grayas. Ellas nos lo dijeron.

-¿Las tres Ancianas? Pero mi padre dijo que Niké no aparece porque no desea ser encontrada y por eso él prohibió a todos los oráculos responder preguntas relacionadas con ella.

Eris se encogió de hombros.

-Las Grayas son bastante más viejas que Zeus y solo le obedecen si quieren hacerlo, no olvides que son hijas de Forcis y Ceto y, por lo tanto, nietas de Gea y Ponto, por lo que no están sujetas a su autoridad. Si no hablaron hasta ahora fue porque no les habíamos llegado al precio. No fue fácil, no fue barato y, créeme, no fue agradable. Fobos, Deimos y Anteros trabajarán gratuitamente para ellas los próximos 300 años.

-¡¿Qué?!

-Mis hermanos se han vendido a sí mismos como esclavos de esas odiosas viejas por esta información. ¿Crees que habríamos aceptado semejante trato si no estuviéramos seguros de que nos dijeron la verdad? ¡Y ellas querían que mi padre pagara el precio! ¿Puedes imaginarte al dios de la Guerra como sirviente de las daimones de la Inquietud, el Horror y la Angustia?

-Una guerra con las Fórcides sería terrible en esas circunstancias –murmuró Saori.

-Y él quería aceptar de inmediato, sin regatear siquiera –Eris sacudió la cabeza de nuevo-. Tenemos suerte de que Harmonía lograra convencerlo.

-Tener al Terror, el Espanto y el Desamor bajo el dominio de las Grayas sigue siendo un mal bastante grave –dijo Saori, muy seria.

-¿Sí? Pues en cualquier caso, es culpa de Apolo.

-…¿Eh?

-Él pudo habernos ayudado. Le pedimos un oráculo infinidad de veces, pero nunca nos escuchó. Todo mal que sobrevenga por la esclavitud de mis hermanos, puedes agradecérselo a él, por obedecer a tu padre; y a tu padre, por prohibirle ayudarnos.

-Basta. No trates de ponerme en contra de mi propia sangre –interrumpió Saori.

-Yo también soy tu sangre. Pero olvidémoslo, es costumbre entre los Olímpicos olvidar que soy nieta de Zeus.

-Eris…

-¿Liberarás a mi madrastra, o no?

Saori contempló el báculo que sostenía en la mano derecha. Sentía con toda claridad el cosmos de Niké, siempre lo había hecho, pero eso podía deberse con la misma facilidad a la presencia real de la diosa de la Victoria o a la de la porción de su poder que esa misma diosa había mezclado con el metal siglos antes. La única manera de averiguarlo sería destruyendo el báculo.

-Bien puede ser una trampa, Alteza –dijo Shion, haciendo eco del pensamiento que justo entonces se formaba en la mente de Saori.

-Me insultas, Shion de Aries –dijo Eris, pero sin enojo, como si fuera algo cotidiano.

-Me disculpo. No imaginé que un comentario así ofendiera a una diosa de la Guerra.

-Siempre tan gentil… -Eris le sonrió y se dirigió de nuevo a Saori-. Insisto, Atenea, he dicho la verdad: Niké está prisionera en tu báculo.

-Aunque las Grayas no te mintieran, Atenea solamente podría liberarla rompiendo el báculo y eso no es posible: puede cambiar de forma, pero no puede ser destruido. Ha quedado demostrado en infinidad de batallas –dijo Shion.

-Siempre queda un recurso: la espada de Ayax –contestó Eris-. La propia Niké la bendijo antes de obsequiársela a Príamo de Troya, quien se la dio a su primogénito Héctor, y este a su vez se la entregó a Ayax. Las Fórcides han dicho que el poder de Niké en la espada reconocerá a su dueña y podrá liberarla de dondequiera que esté.

Saori frunció el ceño. Luego de la Guerra de Troya, la locura que descendió sobre el héroe Ayax lo impulsó a suicidarse. Muchos culparon a la espada (que no fue encontrada jamás) y aseguraban que estaba maldita; casi nadie recordaba que aquella arma había sido bendecida por la Victoria en persona.

Al momento en que Hefestos terminó la espada y Niké le infundió su poder, solamente Atenea y Clío, la musa de la Historia, estaban presentes, nadie más que ellos cuatro sabían de la bendición y a Saori le constaba que ni Hefesto ni Clío le dirigían la palabra a Eris. Así pues, era muy poco probable que alguno de ellos se lo hubiera comentado. ¿Serviría eso como una prueba de que la hija de Ares había recibido la información por medio de un oráculo?

 

Palacio del Patriarca (específicamente, la Biblioteca)

 

Cumplidos los encargos del cocinero (¿por qué habrían sido necesarias seis personas para tan poca cosa?), Aioria marchó lo más rápidamente que pudo a la Biblioteca.

Cada Casa tenía su propia biblioteca, o por lo menos una acumulación de libros y documentos diversos, el resultado lógico de muchas generaciones de Caballeros, pero su contenido y organización eran distintos según el templo. Si se buscaba información completa y no se conocía a fondo qué había en cada Casa, era mejor ir directamente a la Biblioteca.

Una vez ahí, Aioria cayó en la cuenta de que tampoco estaba muy seguro de qué era lo que buscaba. Antes de dirigirse a los ficheros de información, empezó a caminar sin rumbo por entre las filas y filas de estanterías, un tanto asombrado por la cantidad de libros, rollos de pergamino y… ¿tablillas de arcilla? ¿Quedaría en la Orden alguien que pudiera leer sumerio?

Fue una sorpresa encontrar a Polemos. Lo que no fue sorprendente (en lo más mínimo) fue encontrarlo al borde de meterse en un problema.

El aprendiz estaba encaramado en una escalera, estirándose todo lo que podía para alcanzar un libro de aspecto bastante pesado.

-Sería mejor si acercaras más la escalera –dijo Aioria.

-Eso quisiera, pero está trabada.

Aioria casi pudo ver el libro caer y arrastrar consigo aprendiz y escalera. En efecto, el libro cayó, pero Polemos logró esquivarlo y la escalera (aunque se tambaleó con el golpe) no se vino abajo.

El único herido fue el libro, que se deshojó completamente.

-¡Ay, caramba! ¿Cree que alguien se dé cuenta de esto, señor Aioria?

¿Era broma?

-Vas a tener que recogerlo y dárselo al encargado de la Biblioteca para que lo mande reparar… si se puede reparar.

-¿Quién es el encargado? ¿El señor Saga?

-¿Saga?

-Bueno, es la única persona que está aquí a diario.

Aioria frunció el ceño. ¿Géminis estaría realizando alguna investigación, o algo por el estilo? Después de la escena en la escalinata, no le había quedado la impresión de que los gemelos tuvieran razones para evitarse como quería dar a entender la chismografía que conocía Marin, al contrario, daban la impresión de ser bastante unidos. ¿Qué tanto buscaría Saga en la Biblioteca?

-Pues, la verdad, no tengo ni idea de quién está a cargo de esto.

-Entonces, tampoco es usted –Polemos suspiró-. Sigo sin tener a quién preguntar dónde están las cosas en este laberinto.

-¿Vienes aquí a menudo?

-Solo cuando necesito libros.

Lógica aplastante.

-Sí, bueno…

-¿Busca algo en particular, señor Aioria? Tal vez pueda ayudarle.

¿Por qué no? Lo más probable era que Polemos conociera la Biblioteca mejor que él.

-Estoy tratando de averiguar qué es un combate por deuda de sangre.

Polemos silbó con aire de sorpresa.

-Es algo bastante viejo.

-¿Has oído de eso?

-Oh, sí.

-Cuéntame, por favor.

Polemos se sentó en lo más alto de la escalera, con una mirada solemne en los ojos castaños, y empezó a hablarle a Aioria como si fuera un maestro explicando un tema a sus alumnos.

-Cuando Atenea estableció el primer reglamento para la Orden, no se contemplaba el caso de pudiera haber una traición de parte de un caballero a ella, o entre los caballeros. Al reunirse la Tercera Generación, eso cambió, debido a lo que sucedió con la Guerra de Troya y lo accidentado del advenimiento de la Segunda Generación, sobre todo en el caso del segundo Piscis y el segundo Cáncer.

-Los asesinos de sus Maestros.

-Correcto. El cambio que realizó Atenea en el reglamento fue incluir la posibilidad de los combates por deudas de sangre, y los Caballeros de Atenea fueron los últimos entre los servidores de los dioses griegos en aceptar este tipo de combate. Se trata de un duelo a muerte entre dos Caballeros, no importa el rango ni la jerarquía de ninguno de los dos dentro de la Orden, y la única razón por la que pueden invocar el derecho a ese combate es si uno de ellos ha dado muerte a un pariente consanguíneo del otro.

-Hum.

-Pero hay algo más. La parte realmente importante es que los dioses no pueden interrumpir el duelo.

-¿Cómo?

-Todos los Olímpicos se reunieron en el Hades y juraron por la laguna Estigia que jamás intervendrían en un caso de estos, con el fin de que el Hado Misterioso tuviera plena libertad para señalar la sentencia justa en cada caso. Jurar por la laguna Estigia es lo más grave que puede hacer un dios griego, se trata del único juramento que ellos no pueden quebrantar. Ahora, imagínese las consecuencias para la Orden: así se abrió un portillo que hace posible una batalla de los Mil Días que ni la misma Atenea tiene autoridad para detener.

-Eso es… terrible.

-Por eso en la historia de la Orden solo ha habido cinco duelos de este tipo.

-Hum… Estás bastante bien informado.

-Tengo que estarlo, al Maestro Shura parece importarle mucho que conozca acerca de la historia de la Orden.

Aioria asintió distraídamente y, luego de darle las gracias, regresó a la Casa de Leo.

Polemos bajó de la escalera con grandes precauciones, recogió los restos del libro desbaratado, se guardó en el bolsillo algunas de las hojas y acomodó el resto lo mejor que pudo. Luego, con un suspiro cansado, colocó el libro en una de las mesas de lectura de modo que resultara bien visible para la próxima persona que entrara ahí.

 

Continuará…

 

 

Notas mitológicas y de latinajos:

 

Sobre los “apellidos” mitológicos:la terminación –ida significa “hijo de”, mientras que –ide equivale a “hija de”. De esta manera, es común que en la literatura griega se llame a Zeus “Cronida” (“Hijo de Cronos”), a Cronos “Uránida” (“Hijo de Urano”) y así por el estilo.

 

Los Tindáridas:se llama indistintamente a Cástor y Pólux (el signo de Géminis) Tindáridas (“hijos de Tíndaro”) o Dioscuros (“hijos de Zeus”). Para efectos de este fic, Shion, al ser la reencarnación de Tíndaro, encuentra ofensivo el “Dioscuros” y prefiere llamarlos “Tindáridas”, costumbre que siguen también Saga y Kanon.

 

Los Afáridas:Idas y Linceo, hijos de Afareo (hermano de Tíndaro) eran primos de Pólux, Cástor, Helena y Clitemnestra. Al ser sus respectivos padres co-gobernantes de Esparta (que tenía dos reyes en todo momento, para evitar vacíos de poder en caso de la muerte de uno de ellos), se esperaba que todos colaboraran con los asuntos políticos y militares de la ciudad-estado. Sin embargo, hubo entre los varones una rivalidad terrible que finalizó con la muerte de los cuatro.

 

Los Areidas:“hijos de Ares”, Eris utiliza el término para designar a todos sus hermanos y medio hermanos por parte de padre, indistintamente de quiénes fueran sus madres, por lo que está incluyendo no solo a Eros, Anteros, Fobos, Deimos y Harmonía, sino también a un largo etcétera de dioses y semidioses.

 

Las Grayas (o Greas):son tres de las hijas de Forcis (un dios marino, hijo de la Tierra y el Mar) y de Ceto (una monstruosa ninfa marina con forma de ballena, que corresponde a la constelación Cetus o Leviatán), por lo que entran en el grupo de las Fórcides, que incluye además a las Gorgonas (sí, Medusa y sus hermanas), las sirenas homéricas, ciertas ninfas, Equidna (mitad mujer, mitad serpiente, la madre de Gerión), Escila y algunas otras.

Todas las Fórcides son, como sus padres, personificaciones de las fuerzas destructivas del mar: las tormentas, las corrientes traicioneras, los escollos, los tsunamis, etc.

De entre esta simpática familia, las Grayas destacan por haber nacido ancianas, siempre están juntas las tres porque comparten un único ojo y un único diente que deben usar por turnos, se alimentan de carne humana y tienen el poder de ver el futuro. Se llaman Dino (“temor”, “inquietud”, la sensación previa al miedo declarado), Enio (“horror”, “la destructora de ciudades”) y Penfredo (“alarma”, “angustia”).

Cuando Perseo intentaba matar a Medusa, tuvo que preguntarle a las Grayas cuál era la manera de vencerla sin que la gorgona lo convirtiera en piedra, como ellas no querían darle la respuesta, les robó el ojo y las chantajeó hasta que le revelaron que podía acercarse a ella viendo su reflejo en lugar de mirarla directamente.

 

Graecum est, non legitur:“Esto es griego, no lo lea”. Durante la Edad Media, los estudiosos usaban con regularidad el latín en sus escritos, pero no el griego. El conocimiento del griego clásico se perdió tanto fuera de Grecia que llegó un momento en que si un escritor tenía por fuerza que citar en griego a un autor griego, añadía esta frase para que el lector no perdiera tiempo tratando de comprender un texto que resultaba intraducible para la mayoría de las personas. “Esto está en griego” se convirtió en un sinónimo de “no lo entiendo” o “no le encuentro sentido”.

Dado que el Santuario está en Grecia y pertenece a una diosa griega, lo más probable es que Shion y Afrodita estuvieran hablando en griego, pero las muestras más antiguas de escritura griega son totalmente indescifrables para alguien que conozca solo el griego moderno. Y, puesto que, para efectos de este fic, la Primera Generación de la Orden de Atenea se reunió veinte años antes de la Guerra de Troya, y ésta (se cree) fue alrededor del siglo VIII a. C., faltaban todavía tres o cuatro siglos para que Grecia adoptara lo que sería la forma definitiva del alfabeto. Apolodoro puede haber escrito el texto en uno de por lo menos cuatro o seis alfabetos distintos (y probablemente en zig-zag en lugar de hacerlo de izquierda a derecha), sin signos de puntuación (no se habían inventado todavía) y con las diferencias gramaticales y de vocabulario que suponen el estar a casi tres milenios de la época actual. Así pues, Afrodita no habría entendido lo que escribió Apolodoro a menos que fuera arqueólogo.

 

Daimons, daimónides:de esta palabra procede el término “demonio”, pero para los griegos no tenía el mismo significado que para nosotros. Los daimons eran una especie de genios o espíritus (Sócrates solía mencionar que el suyo se le aparecía de vez en cuando y le daba consejos, para él era más bien como un ángel de la guarda), y en la mitología suelen ser servidores de algún dios, o manifestaciones de algunos aspectos de la naturaleza.

En mi pequeño universo fanfiquero, existen grados entre los dioses griegos. El más alto es el de los dioses mayores, entre los cuales están los doce Olímpicos, y los dioses antiguos (Gea, Urano, Cronos, Hécate, Nix, Erebo, Tifón, etc.); luego están los dioses menores (Asclepio, Eris, Eros, las Musas, etc.); luego los daimons y las daimónides. A partir de ahí, se contarían en la escala de poder los semidioses y los héroes, luego las ninfas, los silfos, los faunos, etc., y (por último) los humanos comunes y corrientes.

Los daimons serían divinidades muy, muy jóvenes, o con demasiado poco poder. Dependerían del poder de otro dios (ya fuera un dios mayor o un dios menor) y representarían aspectos secundarios del poder de ese dios. Por ejemplo, Higeia y Panacea, hijas de Asclepio deberían ser catalogadas como daimónides, porque dependen del poder del dios de la Medicina y representan la Sanación y las Pócimas Curativas.

Así pues, aunque las Grayas son antiquísimas, cuando Eris las llama “daimónides”, está enfatizando la diferencia de "nivel" que tienen con los demás dioses, porque tienen poco poder por sí mismas… pero ahora, que tienen a tres dioses menores a su servicio, se pueden convertir en una gran amenaza.


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