Bueno, tachadme de marujón si queréis, pero hoy en día es casi imposible aislarse del acoso mediático que los programas del corazón impone. En esta caso, sin embargo, las veleidades de una aspirante a esto del famoseo me vienen que ni pintado para plantear un debate. Me refiero, claro está, a Beatriz Trapote (o la Trapote, que en esto del respeto a esta gente ando bastante justo) y su nuevo libro sobre las cosas del meter y del gozar. Por lo visto, la tal Trapote ha admitido haber escrito apenas un veinte por ciento del libro en el que aparece como autora (no como colaboradora, coautora, alma mater o bicho inspirador). En La Noria, por supuesto, la pusieron como hoja de perejil; algo que ella se tomó a malísimo y se enconó (estoy sembrado con los verbos alusivos) en afirmar que el punto "P" (no sé por qué p, la verdad) estaba guay, que era chachi y se ubicaba, mayormente, en lo que viene a ser la próstata, por lo que el acceso al mismo se restringía a vías oscuras y muy cochinotas.
Pero bueno, al caso: me parecen vergonzantes, por supuesto, esos personajes que se atribuyen la autoría de algo que son incapaces de pergeñar. Les alabaría el gusto si se limitaran a avalar tal o cual obra con su imagen, a promocionarla o a asumir, simplemente, que su vida ha sido glosada por la pluma más certera de algún profesional. Pero esa impostura tan flagrante me subleva.
No obstante, desde aquí me ofrezco como "negro", que lo nutricio es lo nutricio.