Una vez más, Gervasio López deja patente en su nuevo texto ("Acechan") que aparte de ser un buen novelista y estupendo cuentista (aquí que cada cual aplique al gusto), también tiene una habilidad especial para crear expectación, para dar las primeras pinceladas que generan inquietud. Para servir los entrantes, por decirlo de algún modo.
Eso sí, se corre el peligro de que los entrantes sacien, pero como todo buen plato, siempre abren el apetito antes de animarse con el segundo.
Y eso que todavía falta su introducción en la apertura del libro.