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Un colaborador del periódico digital El Independiente de Canarias ha publicado un artículo que nos parece interesante. Nos gusta su postura porque defiende a su tierra. En esta ocasión, ha enumerado una serie de disposiciones y conceptos que pueden servir de base para un Estatuto transitorio entre la autonomía canaria -que sólo es una treta de la Metrópoli para perpetuarnos como la colonia que somos- y la soberanía; una soberanía que ha de llegar irremediablemente, salvo que deseemos seguir siendo "negritos" del África colonial.
Extracta el articulista de El Independiente de Canarias algunos párrafos de la Declaración Solemne del Comité de Liberación de la Organización para la Unidad Africana (OUA) del 29 de julio de 1968, por el que se reconoce oficialmente a Canarias el derecho a la autodeterminación e independencia. En esto, una pequeña discrepancia. El Archipiélago estaba habitado por un pueblo libre antes de la colonización. Por lo tanto, ya estaba autodeterminado como nación soberana. Carece de sentido plantear un proceso de este tipo seis siglos después de una sangrienta conquista. Lo único que procede es retrotraernos al estado previo a la invasión española. Nada más.
Destacamos de esa declaración de la OUA, como bien lo hace el articulista, la afirmación de que las islas que rodean África, de forma concreta las Islas Gloriosas, Juan de Nova, Europa, Bassasda la India, Isla de Reunión e Islas Canarias, son parte integrante del continente africano. En consecuencia, Canarias no es Europa, con lo cual resulta absurdo que la Constitución española nos siga considerando parte del territorio español. Eso no tiene ninguna validez. También resultan sumamente interesantes los párrafos que subraya el colaborador de El Independiente de Canarias de la Resolución 1.514 de la Asamblea General de la ONU del 14 de diciembre de 1960, sobre la concesión de la independencia a países y pueblos colonizados. De forma concreta, dice textualmente dicha declaración que "la sujeción de pueblos a una subyugación, dominación y explotación extranjera constituye una negación de los derechos humanos fundamentales, es contraria a la Carta de las Naciones Unidas y compromete la causa de la paz y de la cooperación mundiales".
Con igual interés debería leer el Gobierno colonial español otro párrafo de esa misma resolución. En concreto, el que señala que "todos los estados deberán observar fiel y estrictamente las disposiciones de la Carta de las Naciones Unidas, de la Declaración Universal de Derechos Humanos y de la presente declaración sobre la Igualdad, de la no intervención en los asuntos internos de los demás estados y del respeto de los derechos soberanos de todos los pueblos y su integridad territorial". En otras palabras, España está obligada a cumplir las disposiciones de la ONU y, en consecuencia, a descolonizar Canarias.
La propia Carta de las Naciones Unidas dice en su artículo 73 que "los miembros de las Naciones Unidas que tengan o asuman la responsabilidad de administrar territorios cuyos pueblos no hayan alcanzado todavía la plenitud del Gobierno propio, reconocen el principio de que los intereses de los habitantes de esos territorios están por encima de todo". ¿Considera España que los intereses de los canarios están por encima de su trasnochada etapa colonial? Si es así, que lo diga. Y si no, que exprese claramente sus intenciones de mantenernos sojuzgados y esclavizados. En definitiva, ¿alberga alguien alguna duda de que el Derecho internacional avala al pueblo canario en su camino hacia la completa soberanía?
El estatus de nación soberana es un derecho que nos asiste, pero también una necesidad imperiosa para nuestra supervivencia como pueblo. No nos cansamos de llamar la atención sobre la presencia de un vecino difícil como Marruecos. Paulino Rivero ha aprovechado su presencia en la reciente cumbre hispano-marroquí para reabrir el debate sobre el establecimiento de la mediana entre Canarias y el Reino de la monarquía alauita. Un asunto que el Gobierno de Madrid trata con sumo cuidado, pues implica aspectos relacionados con la delimitación de la frontera sur de España, complicados por la existencia de las plazas de soberanía de Ceuta y Melilla.
Nuestra opinión al respecto la hemos expresado en múltiples ocasiones: no se puede soñar con la mediana porque no puede haberla mientras Canarias no sea una nación. Como comunidad autónoma española -un absurdo absoluto; lo repetimos una vez más- estamos dentro de la zona económica exclusiva de Marruecos. Expresado en forma clara, Marruecos puede exigir la aplicación del Derecho internacional y anexionarnos a su territorio cuando le plazca. La delimitación de la mediana posee, por otra parte, importantes connotaciones económicas, pues resulta esencial para la concesión de las licencias de prospección petrolífera en aguas próximas a Lanzarote y Fuerteventura.
Nos dan ganas de llorar al ver como se escapan de nuestras manos, simplemente por los bastardos intereses coloniales españoles, unos recursos que son nuestros. España usurpa los beneficios derivados de nuestra tierra, de nuestro mar, de nuestro cielo y de nuestra posición geográfica. Riquezas, en definitiva, que nos permitirían ser uno de los países más ricos del planeta. Se lo decimos con afecto, don Paulino: deje de leer declaraciones en cumbres hispano-marroquíes. Eso no sirve para nada. Trabaje en pos de la soberanía de su tierra, que es lo único eficaz. Usted, que se mueve bien en Madrid, plantéele a don Zapatero que estamos en 2009 y que en 2010 vence el plazo establecido por la ONU para la descolonización de los pueblos y los territorios, como hemos señalado en este mismo editorial.
Los guanches y el debido respeto a su memoria. Esa es otra de las poderosas razones para ser libres. Destaca en uno de sus artículos nuestro colaborador Infante Burgos que "entre los escasos restos no rapiñados o masacrados, encontrados y conservados de los aborígenes, no se atestigua de manera rigurosa la construcción y manejo de instrumentos concretos. Las chácaras, las conchas, los recipientes de cuentas, el tambor de La Gomera, el pito herreño, la bandurria, el timple... hunden en los tiempos sus raíces, y en mayor o menor medida pueden contener los aires y sentimientos de aquel tiempo. Muchos historiadores reflejan que los guanches tenían en muy alta estima y consideración su música, cantando y acompañándose de percusión corporal de pies y manos". Una muestra más de la sencillez con la que se desarrollaba la vida de un pueblo pacífico, que poseía su estructura social y familiar y, además, los sentimientos de todos los seres humanos. Todo un acervo aplastado por conquistadores carentes de corazón, a los que no les importó el genocidio de miles de personas y la esclavitud de los supervivientes con tal de saciar su avaricia.
Comenzamos este editorial con la mención expresa de un artículo publicado en El Independiente de Canarias y concluimos con otro titulado "Nuestro objetivo, la independencia". En él dice su autor que "el nacionalismo es un fenómeno inevitable. Todo pueblo anhela ser libre. Canarias desea ser libre. Canarias será libre". Lo mismo que hemos escrito en estas páginas infinidad de veces. ¿Alguien lo duda? ¿Alguien, incluso si se trata de un odioso enamorado de la españolidad de estas Islas, puede dudar de que antes o después seremos una nación soberana, con bandera y asiento en los foros internacionales?
Añade el autor de este artículo que "lucharemos, tal y como propone el anteproyecto de República Federal Canaria elaborado por el Congreso Nacional de Canarias, por una nación canaria organizada en Estado soberano, que sea miembro de las Naciones Unidas y que se desarrolle bajo las ideas de libertad, igualdad y solidaridad entre los ciudadanos". Una lucha que debe ser pacífica, añadimos nosotros, pues ha de estar sustentada en el diálogo inteligente con las autoridades de la Metrópoli. Ese es el camino, y a su lado nos tendrán cuantos lo emprendan.
http://www.eldia.es/2009-01-04/tenerife/tenerife376prn.htm
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