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CORSARIOS DEL RIO DE LA PLATA
Su actividad, reglamentación e influencia económica.
ÍNDICE
Pág.
INTRODUCCIÓN:………………………………………………………………….. 3
CAPITULO I:
Origen, regulación y vinculo económico local …………………………………. 5
CAPITULO II:
Una empresa rentable, extensión de patentes corsarias. ……………………… 10
CONCLUSION: ……………………………………………………………………. 18
BIBLIOGRAFÍA: …………………………………………………………………… 19
INTRODUCCIÓN
Desde sus orígenes la actividad corsaria fue utilizada por las potencias navales de Europa, extendiéndose a América. El otorgamiento de patentes tiene inicios remotos, ya en el año 1400, mediante una ordenanza, Carlos VII reglamentó la actividad. Fueron utilizadas primero en Europa y más tarde en América. El corso asociaba particulares, con el Estado, en esta relación ambos obtenían beneficios
En el Río de la Plata en el año 1799, Manuel Belgrano, secretario del Real Consulado, creó en Buenos Aires una Escuela de Náutica. Esta Escuela funcionó solo durante 7 años, por no lograrse la aprobación del Rey. No obstante, produjo su primera promoción en el año 1802. De ella, egresaron los primeros pilotos y varios de ellos integraron posteriormente el cuerpo de oficiales de la primera flota naval. Luego de los sucesos de la semana de mayo de 1810, se decidió en Cabildo Abierto, la formación de un nuevo gobierno.
En este contexto histórico hubo dos períodos navales importantes en el Río de la Plata: el primero se produjo, durante la lucha por el dominio de los Ríos de la Plata, Paraná y Uruguay, entre las escuadras de Buenos Aires y la Armada española, con base en Montevideo. Después de la derrota sobre el río Paraná de la primera escuadrilla naval rioplatense al mando de Juan B. Azopardo, en San Nicolás, el 2 de marzo de 1811, la flota española mantuvo un control absoluto de las aguas, hostigando a Buenos Aires y asediando al ejército patriota que sitiaba por tierra a Montevideo. En Buenos Aires, se decidió la formación de una escuadra para enfrentar a los realistas. Aquella, se formó a principios de 1814 y fue puesto al mando el Teniente Coronel de Marina Guillermo Brown. Los combates navales librados entre marzo y mayo de 1814, constituyeron un triunfo para los patriotas. Este hecho, cambió radicalmente la situación de la navegación en el Río de la Plata, que ya sin el peligro español, por la desaparición del Real Apostadero de Montevideo, se pudo gestar con mayor tranquilidad la campaña del Ejército de los Andes, comandada por el General San Martín, con la idea de llevar la lucha primero al territorio de Chile, para luego ir por mar al Perú.
El segundo momento de la guerra de la Independencia en el mar, es el de la guerra de corso, campañas marítimas que se hicieron contra el comercio enemigo regidas por las leyes de la guerra. El gobierno de Buenos Aires había comenzado a habilitar corsarios marítimos contra las naves españolas, utilizando, a tal efecto, el Reglamento de Corso español de 1801. Durante 1815 y 1816 se llevó a cabo una campaña en el Océano Pacífico al mando del Almirante D. Guillermo Brown. Declarada la Independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata, el 9 de julio de 1816, al año siguiente, el gobierno de Buenos Aires firmó un decreto, en castellano y en inglés, reglamentando provisionalmente la actividad con el objetivo de regular el movimiento de los corsarios a su servicio.
En julio de 1817, con su patente partió de Buenos Aires, la fragata "La Argentina", al mando de Hipólito Bouchard, con el objeto de hostigar naves españolas. Además, se hicieron campañas en el Océano Atlántico, con barcos armados en Buenos Aires y otros, propiedad de armadores norteamericanos con bandera argentina. Estos procedían especial mente de la ciudad puerto de Baltimore, Maryland y operaron en el Atlántico Norte y el Caribe, llevando a cabo la guerra al comercio español, en todos los mares. Entre los años 1825 y 1828 se produjo la guerra con el Imperio del Brasil con combates en el Río de la Plata y campañas corsarias contra el comercio brasileño.
El objeto de este trabajo será estudiar y analizar: la creación de la reglamentación de la actividad corsaria desarrollada dentro del territorio del ex virreinato del Río de la Plata y particularmente, en el puerto de Buenos Aires; describiendo en que contexto histórico se creó la actividad corsaria y a qué responde su aparición; los efectos causados por la utilización de patentes, en el Río de la Plata; que intereses que permitieron su desarrollo.
Dicha actividad, no estuvo solo vinculada a ideas independentistas, sino que también fue producto de actividades comerciales. Tuvo su mayor apogeo entre 1811 y 1824. Corsarios de distintas nacionalidades se sumaron al proyecto, hombres con experiencia naval al mando de barcos abordaron otros buques, en muchos casos, en condiciones desfavorables, con el fin de tomar sus presas y dañar el comercio marítimo del enemigo. Entre otros, se destacaron Guillermo Brown e Hipólito Bouchard, quienes lucharon contra fuerzas enemigas y junto a sus tripulaciones soportaron epidemias, combatieron el tráfico negrero y pelearon contra piratas.
El corso combinaba ideales de independencia con actividades lucrativas, y se pretende a través de este trabajo conocer las necesidades de la burguesía comercial del Río de la Plata y su conexión con la actividad corsaria.
Capitulo I
1-ORIGEN, REGULACIÓN Y VÍNCULO ECONÓMICO LOCAL.
Francia a través de una ordenanza de Carlos IV en el año 1400, autorizó la actividad corsaria y posteriormente en 1534, Enrique III completó la reglamentación. Después del descubrimiento de América y con el reparto de las tierras por medio de bulas papales entre España y Portugal, se fomentó la salida al mar de otras potencias exceptuadas del reparto.
Las monarquías de Inglaterra, Francia, Portugal y España encontraron en los corsarios agentes útiles a sus fines. Les otorgaron forma jurídica por medio de reglamentaciones, patentes y cartas, que les permitieron trasladarse, con los fines asignados por dichas autoridades.
Los ingleses emplearon el corso contra sus enemigos, en especial contra España. Los norteamericanos lo utilizaron contra Inglaterra durante la guerra de 1812-1814. Al finalizar este conflicto, muchos corsarios con base en Baltimore continuaron en el negocio, gracias a las patentes de las Provincias Unidas del Río de la Plata.
El corso era un técnica de combate naval realizado por particulares, que obtenían autorización del Estado por medio de una patente de corso, para atacar y apresar naves enemigas. Estos particulares, obtenían importantes ganancias al quedarse con una parte de los botines capturados. En resumen, corso era una legítima manera de combatir, que permitía que la iniciativa privada participara en una guerra, asociada al Estado.
La patente de corso era un contrato por el cual, un Estado concedía a un particular el derecho de atacar, apresar, saquear o destruir todo buque que enarbolara una bandera enemiga, quedándose con un porcentaje del botín conseguido. El particular, cuando obtenía la patente del Estado, conseguía una embarcación y la acondicionaba para las acciones corsarias, proporcionando los elementos necesarios: armas, cañones, tripulación, entre otros.
Tanto el particular, que oficiaba de armador, como el capitán de la nave, eran responsables de cumplir las exigencias de la patente corsaria. Una vez en el mar, el corsario debía buscar otras naves de bandera enemiga, denominadas presas, capturarlas y siguiendo el procedimiento, llevarlas a un puerto autorizado donde un tribunal decidía si había sido capturada cumpliendo el reglamento. En ese caso, se la declaraba buena presa. Luego se la remataba y en las ganancias participaban, según la reglamentación en distintos porcentajes, el Estado, el armador, el capitán y la tripulación.
Si la nave era declarada por el tribunal mala presa, el comandante debía reintegrarla a sus dueños, pagando los gastos y un resarcimiento. En caso de naufragio, el corsario quedaba exento de todo reintegro. Debía llevar un registro de lo sucedido en la campaña, e izar, en el momento del ataque, la bandera del Estado emisor de la patente.
En tanto, en 1799, en el Río de la Plata, la actividad corsaria tuvo los primeros indicios, a cargo del Secretario del Consulado Manuel Belgrano. Las medidas tomadas fueron: establecimiento de una tasa de carácter provisional para afrontar los gastos, de la creación de embarcaciones; indulto a los desertores de marina, a fin de que se presentaran voluntariamente para integrar las tripulaciones; constitución de una comisión de corsarios, en principio a cargo del cónsul Domingo de Igazabal, que ocupó poco tiempo el cargo y fue reemplazado por el mismo Belgrano.
Casi todas las naves creadas por esta comisión fueron de porte medio o menor y las más importantes tenían destino en el Apostadero Naval de Montevideo. Algunas naves, se destacaron por sus acciones, como el bergantín Buenos Aires, al servicio de la Corona que en 1801, apresó a las naves portuguesas Santísimo Sacramento, Ánimas y San Juan Bautista. El Secretario del Consulado, presentó a las autoridades de la Real Armada un informe sobre el excelente desempeño del comandante de la nave, capitán Juan Bautista Egaña, donde destacó su valor al imponerse en inferioridad de condiciones y solicitó para él, los honores del Real Consulado.
Posteriormente, con las experiencias de las dos invasiones inglesas y sus secuelas, la situación en el Río de la Plata cambió radicalmente y fue en este contexto, en el que la actividad corsaria tomaría un nuevo rumbo.
Ya en 1807, Sobremonte había sido destituido y la audiencia había validado a Liniers como comandante general de armas.
En ese momento estaba vigente en todos los virreinatos una disposición, que había sido recibida por una Cédula Real, que decía que en caso de muerte, ausencia o enfermedad del virrey, la potestad debería ser ejercida por el oficial de mayor graduación no inferior a coronel. Por medio de esta disposición el 30 de junio de 1807, Santiago de Liniers fue proclamado virrey interino. Luego, Carlos IV lo nombró jefe de escuadra, lo confirmó en el mando político y finalmente, lo nombró presidente de la Audiencia.
El cambio de situación en España por la invasión del ejército napoleónico, la abdicación de Carlos IV y de su hijo Fernando VII, el ascenso al trono de José Bonaparte y la asunción del poder político por parte del pueblo español a través de Juntas, como representantes del rey, que estaba prisionero; variaron los servicios corsarios cambiando el receptor del ataque. Ya no eran las naves inglesas y portuguesas, sino los buques franceses.
Por otro lado, ante la apertura del puerto de Buenos Aires, planteada en 1809 el conflicto era decidir a que fuente de ingreso recurrir (la disminución de la plata potosina, con el levantamiento de Chuquisaca y La Paz, agudizó aún más la situación económica) Las insurrecciones fueron sometidas por fuerzas enviadas desde Buenos Aires y La Paz. Ante la opción de aumentar los impuestos que ya eran altos, Cisneros decidió la apertura del Puerto de Buenos Aires. Trato de poner límites de control a la apertura del puerto, pero resultaron escasos y la clase comercial local se vio afectada seriamente por el comercio inglés.
En resumen, en ese momento la situación en el Río de la Plata, era complicada ya que debían enfrentar los siguientes problemas. Se planteaba una difícil relación entre España y la colonia del virreinato del Río de la Plata, no habiendo relación de gobierno España-Virreinato, por la invasión napoleónica. El virreinato tenía la necesidad, de saber quien gobernaba y a nombre de quien. Por otro lado, las secuelas dejadas por las dos invasiones inglesas, las necesidades comerciales del virreinato, y su vinculación comercial con Inglaterra y el Imperio del Brasil y por último, el posterior desconocimiento de la autoridad del Cabildo en algunas regiones, entre ellas Montevideo, que no reconocía como autoridad a Buenos Aires.
Para descomprimir la situación financiera existente, el gobierno autorizó la apertura del puerto de Buenos Aires, y a través del corso pudo mantener una flota oficial estable, sin gastos. Se acopló al proyecto y a las ganancias una elite comercial que estaba siendo desplazada por comerciantes ingleses.
En 1810, Buenos Aires congregaba prósperos comerciantes, la gran mayoría extranjeros o sus hijos, inmigrantes a causa de los procesos de cambio europeos, por ejemplo la Revolución Francesa, que limitados por un nuevo orden, buscaban un lugar donde desarrollar sus ideas o actividades comerciales. Ellos, se integraron a la sociedad rioplatense, ocupando cargos en la administración virreinal o realizando actividades económicas. Su situación comenzó a cambiar y fueron desplazados por los comerciantes ingleses.
La legislación liberal impuesta por Buenos Aires perjudicaba los intereses del interior, cuyas industrias decaían notablemente. Pero los perjudicados por el régimen de libertad aduanera no fueron solo los industriales; también los comerciantes del país que fueron suplantados por los ingleses, a cuyas manos pasó la dirección del comercio en el Río de la Plata.
Los comerciantes ingleses tuvieron cada vez más injerencia en el campo económico local, hasta lograr su control total. Para entender porque se produjo este cambio, debemos analizar el contexto, y los efectos de la semana de mayo.
La pérdida del Alto Perú y la guerra contra los realistas provocó la ruptura del circuito comercial interior, el empobrecimiento generalizado y la recesión. Algunos historiadores afirman que la política librecambista de la Junta arruinó las industrias del interior, tal como había sido previsto por los funcionarios del Consulado español que se opusieron a la apertura del puerto en 1809, bajo el gobierno de Cisneros. Hay que aclarar que la Junta no modificó el texto de Cisneros respecto del comercio, pero si fue cambiado bajo el Primer Triunvirato, por sugerencia de su secretario Bernardino Rivadavia. Y el Segundo Triunvirato quitó las últimas trabas legales para la actuación de los comerciantes ingleses dentro de nuestro territorio.
Estos con una visión más audaz del negocio, preferían bajar los precios y tener menores ganancias, trabajando al contado; los criollos -como los españoles-preferían ir sobre seguro, con precios más altos y cobros en cuotas. Rápidamente los ingleses se adueñaron de la situación, con mayor facilidad cuando ya no tuvieron inconvenientes reglamentarios.
Con fuertes aliados en el gobierno, la nueva elite comercial logró apropiarse del terreno, esto motivó la reacción del sector desplazado, que para no perder sus réditos económicos, buscó nuevas inversiones para poder recuperarse. El financiamiento de la actividad corsaria, sirvió a sus propósitos.
Los inversores del grupo desplazado de Buenos Aires, vieron la necesidad que tenía Corrientes. Esta ciudad poseía una gran actividad comercial, y necesitaba transportar sus productos río abajo, pero el Paraná no era un lugar seguro. Mediante la utilización del corso fueron asegurando el trayecto.
…varios vecinos de Buenos Aires solicitaron sus respectivas patentes. El maestro mayor herrero Carlos Celote obtuvo permiso para armar una embarcación de su propiedad, registrada como Goleta de Celote, que fue puesta al mando del experimentado Ángel Hubac y operó en el delta del Paraná y en los riachos interiores. Otro tanto hizo Domingo Martínez, con su balandra Fortuna. Pero tuvo la desgracia de que una nave de la Real Armada la apresara frente a Quilmes. Recién fue devuelta luego de la toma de Montevideo.
También en el referido año (1813), el comerciante y marino irlandés Guillermo Brown, que realizaba tareas de transporte entre ambas márgenes del Plata, desde Buenos Aires hasta Colonia de Sacramento, con sus goletas Amistad y Unión, sufrió el apresamiento de ambas naves cargadas de cueros de su propiedad. Sus tripulantes fueron cruelmente tratados. Tal episodio lo indujo a armar, luego de obtenida la aprobación del gobierno, la goleta Hope, con cañones de a cuatro, para hostilizar las naves realistas. Hizo varias presas, y le animaba el propósito, según manifestó el comandante de la Colonia, teniente coronel Blas Pico, de abordar“cualquier buque que se le presente encontrándose solo.
Esto confirma que en este período, no solo quienes estaban vinculados al comercio marítimo, como el caso de Guillermo Brown, participaron de la actividad corsaria, sino también comerciantes dedicados a otros rubros, como el herrero Carlos Celote. A través de la acción corsaria, parte de la población se vio beneficiada por importantes ingresos económicos.
Capitulo II
UNA EMPRESA RENTABLE, EXTENSIÓN DE PATENTES CORSARIAS
La Asamblea había tomado la determinación de romper toda ligadura con España. Se habían aprobado los símbolos nacionales, suprimido la invocación a Fernando VII en los actos y documentos públicos, otorgando la libertad de vientres, abolidos los títulos de nobleza, entre otros temas.
La creación del cargo de Director Supremo concentraba la conducción en una sola persona. Ante la necesidad de poner fin a la amenazante presencia realista en Montevideo, no solo por la presencia de la Real Armada Naval, sino también por la posibilidad de que recibieran refuerzos enviados por Fernando VII. Esto ponía en peligro al nuevo gobierno, para ello era necesario bloquearla por tierra y cerrar la entrada del Río de la Plata. Para esto, era indispensable contar con una fuerza naval.
El 2 de marzo de 1811 fue creada la primera escuadra rioplatense, la Junta nombró a Azopardo y Bouchard, como comandante y segundo comandante, respectivamente. En el primer combate naval, en San Nicolás, fueron derrotados y Azopardo fue tomado prisionero pasando los siguientes diez años en cárceles españolas. Ésta experiencia sirvió para tomar mayores recaudos en posteriores enfrentamientos navales.
La necesidad de crear una fuerza naval, se complementó con la búsqueda de nuevos proyectos lucrativos por parte de un grupo de comerciantes. Éstos, solicitaron a las autoridades patentes para sumarse al bloqueo, financiando y obteniendo réditos por dicha actividad. Algunos de ellos, como Juan Larrea, rico comerciante catalán y Pío White, importante comerciante norteamericano, obtuvieron en esta época una gran fortuna.
Con las autorizaciones correspondientes, Larrea y White serían los principales armadores de la nueva flota naval, para atacar Montevideo, aportaron para la campaña todo lo necesario: cañones, municiones, pólvora, fusiles, etc.; ya que, el gobierno solo contaba con una balandra y un lanchón en la capitanía del puerto.
Larrea y White, compraron algunos de los pocos buques que entraban en el puerto, una fragata, una corbeta rusa, una goleta americana y un bergantín británico. Las naves, en general, estaban en muy malas condiciones y se contrataron carpinteros para repararlas y realizarles las modificaciones para el combate.
La designación de quién estaría al mando de las operaciones estaba dividida, White apoyaba a Benjamín Franklin Server y a Estanislao Courrande. Por otro lado, Alvear y Larrea proponían a Guillermo Brown quién tenía experiencia marítima anterior y se transformaría en un líder y conductor naval. En 1814, ante la necesidad de sitiar Montevideo, Guillermo Brown, ocupó el cargo de comandante de la flota, imponiendo organización y disciplina.
El 23 de junio de 1814 Montevideo capituló. Artigas y Carlos de Alvear por tierra y marítimamente la flota de Guillermo Brown, ejercieron presión.
El botín naval de Montevideo fue extraordinario: no menos de 80 embarcaciones, cientos de cañones, miles de fusiles, pólvora, municiones y todo tipo de implementos que se trasladaron a Buenos Aires por vía fluvial. Las embarcaciones fueron rematadas o vendidas, algunas directamente (por ejemplo la Belfast y la Agreable) con beneficios para White y de los que no salen limpios Larrea y el mismo Posadas, que autorizaron tales operaciones. White que administraba las sumas recibidas por las ventas, no liquidaba las presas a los oficiales. A la marinería liquidaba entregando mercaderías sobrevaluadas en lugar de efectivo, mercaderías que luego volvía a comprar a precios reales. Se justifica entonces que Brown lo tildara de “pícaro y ladrón”. Los pleitos le llovieron y cuando el movimiento del 15 de abril de 1815 terminó con el Directorio y la Asamblea, White y Larrea se vieron perseguidos.
El Directorio, sin necesidades inmediatas de defensa y apremiado por penurias económicas, sin presencia española cerca, resolvió vender las naves y licenciar a los marinos, a fin de obtener recursos para la guerra de las Provincias del Litoral y el Alto Perú. Posteriormente, ante las versiones de que España preparaba una expedición para recuperar el Río de la Plata, retomó la actividad corsaria.
Luego de la caída de Montevideo, las zonas más activas fueron el Atlántico Sur y el Caribe, donde operaron 60 corsarios aproximadamente, en menor medida en el Océano Pacífico y menor aún el Mar Mediterráneo. Sin embargo, naves corsarias sudamericanas llegaron hasta la ciudad de Cádiz.
Artigas en la Banda Oriental, otorgó más de 30 patentes corsarias, que apresaron naves españolas y después de la invasión de 1816, siguieron operando contra naves portuguesas. La Isla Margarita, la Gran Colombia, México, y otros estados que actuaban en conjunto contra un enemigo en común, sirvieron de base naval a la flota corsaria de las Provincias Unidas.
También en Chile, con el soporte de marinos argentinos y británicos, capturaron varias presas del comercio realista con base en Lima entre 1818 y 1820. Los resultados más trascendentes del corso fueron el daño causado al comercio español por las pérdidas económicas. Solamente en Buenos Aires se capturaron alrededor de 150 presas.
En abril de 1815, la rebelión de Fontezuelas, depuso a Alvear, asumiendo como Director Supremo Ignacio Álvarez Thomas, quién encontró una situación económica compleja que repercutía en la armada. Las naves no eran mantenidas y
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