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-¿Por qué no se lo dices, Seiya?- preguntó Hyoga mirándolo con el rabillo de su ojo- lo que había entre Shun y yo ya ha terminado. Ayer yo mismo terminé con eso. Él es libre y créeme que no te guardaría ningún tipo de rencor si trataras de iniciar una relación con él.
-No me vengas con esas tonterías, por Athena- pidió Seiya soltando una risilla melancólica- bien sabes que Shun nunca querrá nada conmigo. Él al único que quiere es a ti, Hyoga. Eres muy afortunado y no tienes idea de cómo me molesta que no aprecies lo que la vida te ha dado.
-¿Te refieres al amor que Shun me ha dado en todo este tiempo?- preguntó y el castaño asintió con la cabeza lentamente- ya no lo quiero, Seiya…, me di cuenta que no puedo seguir con él.
-¡Escúchame!- exclamó Seiya perdiendo los estribos y sujetando con fuerza el cuello de la camisa que el rubio llevaba- no te atrevas a lastimarlo, ¡no vuelvas a herir sus sentimientos, Hyoga!, ¡no te lo voy a permitir! Si lo haces de nuevo yo…
-¿Tú qué?- retó Hyoga altivo- ¿vas a golpearme o te limitarás a consolarlo como siempre haces? Creo que harás lo segundo, Seiya como siempre has hecho. Me niego a creer que tú, el más valiente de entre los cinco, ahora te muestres tan cobarde.
-¡Tú no entiendes nada!
-¡Claro que lo entiendo!-contradijo Hyoga.
-¡Shun solo te quiere a ti!
-¿Cómo estás tan seguro?- le preguntó y al escucharlo Seiya tuvo el impulso de golpearlo, por suerte, se frenó a tiempo- tú no eres Shun, no puedes saber lo que él piensa. ¿Por qué no le das una oportunidad de que él decida y así te das la oportunidad a ti mismo?
-Quiere hablar contigo- dijo Seiya cambiando el curso de la conversación.
-¿Cuándo?
-Esta noche
-¿Dónde?
-En el restaurante al que siempre solían ir los fines de semana. Te espera puntual a las ocho.- finalizó Seiya aguantando las lágrimas que amenazaban por derramarse del borde de sus ojos. Soltó la camisa de Hyoga sabiendo que no tenía caso discutir ni mucho menos pelear con él porque a pesar de ser el culpable del sufrimiento de Shun, tenía que recordar que también era su amigo.
Hyoga se le quedó mirando por un tiempo determinado, luego inspiró hondo y soltó un largo suspiro.
-Ahí estaré- avisó Hyoga dándole la espalda para dirigirse hacia el comedor.
-Gracias- musitó Seiya, pero el rubio ya no contestó. Encendió la televisión que ahí se encontraba y comenzó a comerse el emparedado. Por su parte Seiya salió de la cocina hacia la habitación de Shun para darle la noticia, seguro de que obtendría una amplia sonrisa de su parte aunque fuera la idea de volver a Hyoga lo que la provocaría.
Yo quisiera ser ése por quien
Tú despertaras ilusionado
Yo quisiera que vivieras
De mí siempre enamorado
~*~ εïз ~*~
Cuando se enteró que Hyoga había aceptado la cita, Shun la pasó toda la tarde en su cuarto tratando de pensar en lo que diría y, por supuesto, lo que llevaría puesto. A las 7:30 pm salió de la habitación vestido de forma casual. Estaba muy nervioso, había estado todo el día eligiendo lo que iba a llevar a la cena. Al final se había decidido por una camisa blanca de manga larga y un pantalón oscuro con zapatos del mismo tono.
Cuando bajó a la sala ya Seiya lo estaba esperando. Él fingía ver televisión despreocupadamente, aunque por dentro estaba igual o más nervioso que Shun.
-Seiya, estoy listo- avisó Shun en la entrada de la sala.
El castaño volteó a verlo y se quedó por un momento pasmado, tanto así que el control remoto se le resbaló de las manos y solo cuando chocó contra el piso y el sonido del golpe llegó a sus oídos pudo reaccionar. Le había sido imposible pasar desapercibida la hermosísima imagen que se presentaba delante de él.
No tenía la menor duda de que Shun era de esos seres especiales que eran hermosos tanto por dentro como por fuera. El blanco de su camisa resaltaba ese bello tono de piel rosada que tenía, así como sus inocentes facciones y, sobre todo, hacía resplandecer a esas preciosas esmeraldas que tenía por ojos.
-¿Seiya, ocurre algo?- preguntó Shun encogiéndose de hombros y sonrojándose al notar el escrutinio que el castaño había realizado en él.
Tú te me quedas viendo,
Y me preguntas,
Si algo me está pasando
-¡Oh, lo siento! Es que yo… estaba, este… el programa…- balbuceó Seiya riendo nervioso y recogiendo el control remoto. Las pilas se le habían caído por lo que se vio obligado a colocárselas de nuevo con sus manos trémulas y, luego, apagó la televisión- ¡estaba muy interesante el programa!- exclamó por fin poniéndose de pie al tiempo que se aclaraba la garganta.
-¡Ah! ¿Si?- preguntó Shun sonriendo de forma risueña y Seiya asintió en repetidas ocasiones caminando hacia él- ¿y de qué trataba?
Cuando Seiya escuchó esa pregunta desvió su mirada y se llevó las manos al bolsillo de su pantalón ¿de qué trataba? No lo sabía, para ser sincero, ni siquiera había puesto atención en el canal ya que había pasado el tiempo tratando de imaginar lo que esa noche ocurriría.
-Pues… de animales, ya sabes… su alimentación, su desarrollo, el apareamiento…
-¡Seiya!- exclamó Shun riendo creyendo que aquello era una broma de las que Seiya acostumbraba a hacer.
-¿Qué pasa? Es algo natural, Shun- agregó Seiya siguiéndole el juego aunque su rostro lucía un ligero sonrojo- Vamos, no debes hacer esperar a Hyoga- le dijo rodeando sus hombros para salir cuanto antes de la mansión.
-¡Espera!- exclamó Shun tomando la mano de Seiya y colocándose justo frente a él. El castaño se le quedó viendo nervioso- ¿Cómo luzco?- le preguntó con un gesto expectante.
¡Hermoso!, ¡único!, ¡irresistible!, ¡celestial! Infinidad de calificativos llegaron a su mente ante esa pregunta, sin embargo Seiya carraspeó y se llevó la mano a su nuca para sobarla y tratar de eliminar el estrés que ahí se había acumulado.
¡Y yo no sé qué hacer!
Si tu supieras que... me estoy muriendo
Quisiera decirte... lo que yo siento...
-Luces muy bien, Shun- se limitó a decirle y este le sonrió nuevamente. No le importaba si el peliverde jamás podría corresponderle, con poder tenerlo cerca y ser testigo de aquellos gestos a Seiya le bastaba.
Solo que a veces… eran tantos los sentimientos dentro de él que no podía sentir mas que dolor por el gran secreto que llevaba guardado.
Pero tengo miedo de que me rechaces,
Y que sólo en mi mente vivas, para siempre
Una vez que ambos se encontraron frente al restaurante Seiya pudo ver como el cuerpo de Shun comenzaba a temblar.
-Tranquilo, Shun, ya verás que esta noche todo saldrá bien- le animó el castaño entrelazando su mano. El aludido lo volteó a ver y asintió con vehemencia tratando de convencerse de esas palabras.
-Muchas gracias, Seiya, no sé como agradecerte todo lo que has hecho por mí.
-No haya nada que agradecer. Ya te lo he dicho, siempre podrás contar conmigo- respondió Seiya sonriéndole. Al momento Shun se abalanzó sobre él para abrazarlo con fuerza y el castaño también le correspondió.
Tras despedirse Seiya le informó a Shun que se iría a la mansión. Así fue como sus caminos se separaron: el peliverde entró al restaurante y Seiya finalmente pudo recorrer el camino de regreso solo para permitirse llorar con libertad y así impedir que su corazón se ahogara por toda la angustia que se había instalado en su pecho.
Por eso yo quisiera ser ése por quien
Tú te desvelas y te desesperas
¡Yo quisiera ser tu llanto!
Ese que viene de tus sentimientos
Los dos estaban pasando por un momento difícil: Seiya sentía que con cada paso se le desgarraba el alma y Shun sentía que perdía el aliento al acercarse más a la mesa en donde Hyoga se encontraba esperándolo sentado con los brazos cruzados. Una vez que se colocó delante de él el rubio le hizo una seña al peliverde para que se sentara lo cual él hizo de inmediato.
-Buenas noches, Shun- lo saludó sonriéndole enternecido, contagiado por la actitud tan nerviosa de su ex novio.
-Buenas noches, Hyoga- contestó el peliverde mostrándole una sonrisa de medio lado.
-Shun, creo que la forma en que ayer terminaron las cosas no estuvo bien. Quiero aclarar lo nuestro- le dijo tratando de hallar las palabras correctas en ese momento- Seiya me dijo que querías hablar conmigo y, curiosamente, de lo que yo esta noche quisiera hablar contigo es sobre Seiya y sobre ti- agregó el rubio.
-¿Sobre Seiya y yo?- repitió Shun alzando ambas cejas en un gesto de perplejidad.
-Si, Shun. Sobre ambos- reafirmó Hyoga inclinándose para tomar ambas manos del menor las cuales se encontraban en la mesa mientras que una sonrisa se dibujaba en su rostro.
~*~ εïз ~*~
Se acercaba la madrugada, Seiya no había podido conciliar el sueño por lo que había decidido bajar a la sala para encender la televisión y tratar de entretenerse en algo que no fuera la imagen de Shun que todo el tiempo residía en su cabeza. Nunca había sufrido así por alguien, no comprendía por qué el destino se había decidido a ser tan cruel con él; por qué Eros había decidido que él cayera enamorado de Shun cuando los sentimientos de él no eran recíprocos.
Se encontraba sentado despreocupadamente en el sofá, sus ojos estaban fijos en la pantalla del televisor, pero estos no veían las imágenes porque se encontraban nublados por las tercas lágrimas que se negaban a desaparecer.
Yo quisiera ser ése por quien
Tú despertaras ilusionado
Esperaba que esa noche Shun y Hyoga hicieran las paces y su relación continuara, también esperaba seguir locamente enamorado de Shun y cuidarlo y venerarlo en secreto. Lo que no esperaba era que la puerta principal se abriera para interrumpir sus pensamientos.
Se giró de inmediato para ver quien había llegado y fue grande su asombro cuando Hyoga y Shun llegaron y, en lugar de subir a la habitación del rubio como sospechaba vio que el único que subió fue Hyoga y, en cambio, Shun caminó hacia la sala.
Seiya se apresuró a enjugar su llanto y limpiar su nariz para que el peliverde no se diera cuenta que había estado llorando, pero eso era inevitable ya que el color rojizo de su nariz lo delataría de inmediato.
Shun llegó hasta el sofá y se sentó al lado del castaño, este desvió su mirada, deseaba salir de esa incómoda situación, pero lo que no esperaba que el peliverde se lo impidiera con una simple pregunta:
-¿Qué haces despierto a estas horas, Seiya?- preguntó Shun para iniciar su conversación.
-¿Yo? Ah… es que vi que pasarían una película a esta hora y no quise perdérmela- mintió Seiya tomando el control y comenzando a cambiar los canales sin prestarles atención- pero… pero no recuerdo el canal donde iban a ponerla…
Shun de un momento a otro le arrebató el control y lo arrojó hacia otro de los sillones que estaban en la sala. Seiya tragó saliva con dificultad y lo volteó a ver con consternación.
-¿Cómo te fue con Hyoga?
-Aclaramos muchas cosas, Seiya- informó Shun mirando al castaño de una forma muy diferente a como acostumbraba, incluso Seiya pudo ver un enorme cariño en aquellas hermosas esmeraldas- ¿por qué nunca me lo dijiste?
-¿Decirte qué?- preguntó frunciendo el entrecejo.
-Lo que sentías por mí- contestó Shun sin más y al escucharlo Seiya entreabrió sus labios para tratar de decir algo, pero ni un solo sonido salió de ellos.- ¿cómo pudiste guardar todo el amor que sentías por mí todo este tiempo?- le preguntó con un tono angustiante mientras que sus bellos ojos se llenaban de lágrimas.
-¡Shun, lo siento!- exclamó Seiya tomando sus manos al tiempo que veía como las lágrimas del peliverde se escurrían por su rostro- no quiero que pienses mal de mí, por favor… ¡es cierto, si, es verdad! Te amo, Shun, te he amado desde hace mucho tiempo, pero jamás quise aprovecharme de nuestra amistad, créeme. Siempre respeté lo que había entre Hyoga y tú.
-Si, él me lo dijo todo- secundó Shun iniciando con sus quedos sollozos.
-No me importa si tú no sientes nada por mí, Shun- siguió el castaño- tienes que saber que yo siempre estaré para ti, pase lo que pase. Si tú eres feliz yo lo soy también aunque sé que jamás podrás corresponder lo que siento por ti me basta con tener tu compañía.
Shun no supo que decir, solo inclinó su rostro y comenzó a sollozar, Seiya se sentía como el peor ser humano del planeta entero. Se acercó a él y lo abrazó, al momento sintió como Shun rodeaba su cuello y ahogaba sus sollozos en su hombro.
-Lo siento- repitió Seiya batallando contra el nudo en su garganta.
-No, no- dijo Shun apartándose y rozando aquellos labios con las yemas de sus dedos para pedirle que no dijera nada más- aquí quien debe disculparse… soy yo. Hyoga solo era una ilusión, fue… fue hermoso, como un sueño… pero fue eso precisamente, solo un sueño… en cambio tú, Seiya… tú has sido lo único real en mi vida. Él único que siempre ha estado ahí apoyándome, haciéndome sonreír, haciendo que adore cada día de mi vida. Tú siempre has estado conmigo y hasta esta noche me di cuenta de eso… perdóname- le dijo en un tono suplicante al tiempo que acariciaba el rostro del castaño a quien le temblaban los labios y le titilaba la mirada en consecuencia de aquellas palabras.- Hyoga me hizo entender por qué yo siempre hablaba de ti, por qué todo a mí alrededor me recordada a ti… yo te amo, Seiya.
-Shun…
Los ojos de Seiya se abrieron desmesuradamente, brillaron, se humedecieron y todo a su alrededor se volvió penumbras a excepción de la inocente mirada de Shun que le reafirmaba lo que su dueño había dicho con anterioridad.
Yo quisiera que vivieras
De mí siempre enamorado
-Siento mucho no haberme dado cuenta antes, Seiya. No puedo imaginarme cuanto habrás sufrido y créeme que lo lamento. Deja que me quede a tu lado, por favor- le pidió entrelazando sus manos con fuerza.
El castaño perdió la facultad del habla, sin embargo asintió con la cabeza y se acercó hasta tomar el rostro de Shun entre sus manos y luego rozó sus labios contra lo de él impulsado por aquel momento.
Su emoción incrementó cuando el peliverde correspondió aquel tímido beso el cual se volvió más seguro conforme las caricias entre ambas lenguas aumentaron y mientras los sentimientos dentro de ambos eran un revoltijo total que iba del llanto a la sorpresa y luego a la felicidad Seiya no podía más que agradecer a los dioses la oportunidad que le habían concedido al darle una oportunidad con Shun.
Al final esa noche quizá no todo había salido según lo planeado, pero sin duda todo había resultado bien para ambos.
Yo quisiera ser tu llanto,
Tu risa.
¡Yo quisiera ser tu llanto!
Tu vida....
Fin
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