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T’Estimaré Sempre
AthenaExclamation67
Siempre habían vivido juntos, desde niños. Todos tenían un pasado marcado por la falta de sus padres. El Sr. Kiddo los adoptó a todos ellos para hacerles la vida más fácil y mejor en todos los aspectos.
Su elección para decidir que niños adoptar fue aleatoria, meramente al azar, él quería llenar su mansión de niños a los que poder educar y que aprendieran el verdadero sentido del amor y la amistad.
Así que fue a un orfanato donde nada más llegar un niñito de 8 años llamó su atención, ese niño era Seiya, un crío la mar de divertido, risueño, alocado, pero todo bondad.
No le hizo falta mucho tiempo para quererlo y decidir adoptarlo, después de varias visitas, ese niño se había ganado su corazón y deseaba tenerlo a su lado.
El día que por fin pudo llevárselo a casa, después de pasar por todos los trámites necesarios, Seiya no fue el único en ser adoptado, de hecho fue el último que pasaron a buscar. Seiya subió al coche, acompañado por su ahora nuevo padre y le presentó a todos sus otros medio hermanos.
Shiryu de 9 años, muy estudioso. Hyoga también de 9 un poco tímido. Ikki el mayor de todos contaba con 10 años, serio y protector al que se le sumó su hermanito pequeño Shun de 8 años un nene encantador dulce y tierno que siempre sonreía feliz y que el Sr. Kiddo decidió que jamás sería separado de su hermano.
Llegaron a la gran mansión donde vivirían desde ese día y todos fueron conducidos a sus dormitorios y ayudados a deshacer sus pequeños equipajes. Después les enseñaron toda la casa, un gran jardín, una piscina y en el interior muchas habitaciones y grandes salones donde poder corretear que los cinco muchachos vieron con los ojos abiertos de par en par al no estar acostumbrados a ese tipo de lujos.
Todos ellos, fueron inscritos en los mejores colegios para que recibieran una excelente educación que todos ellos sin excepción aprovecharon y entraron en la mejor universidad del país para estudiar todos diferentes carreras y ser hombres de provecho.
Los años de su infancia fueron felices, todos se habían hecho grandes amigos y si alguna dificultad surgía no dudaban en ayudarse o protegerse si era necesario. Así fueron pasando los días, años en el que el Sr. Kiddo siempre se sintió orgulloso de ellos por el amor que se tenían a pesar de ser solo medio hermanos, unos muchachos, pequeños hombres de gran corazón que tras la muerte de su padre jamás se separaron. Quedaron todos juntos en la mansión cuidando los unos de los otros, siguiendo con sus estudios y con el hombre de confianza del Sr. Kiddo, Tatsumi, al cuidado de todos ellos y llevando el control de la empresa hasta que alguno de ellos decidiera tomar el mando.
Ikki con 22 años, empezó a intercalar sus estudios con la empresa, quería ir conociendo todos los trucos y lo que fuera necesario, ese sería su trabajo, así lo había decidido, no encontró una forma mejor de agradecerle y de honrarle al hombre que tanto les había dado. Cuidaría de su empresa que tantos sudores pero también beneficios le había aportado.
Shiryu y Hyoga, eligieron la carrera de derecho, para poder ayudar a los desvalidos. Shun estaba cursando la carrera de medicina, algo que siempre le había entusiasmado y Seiya estudiaba una carrera optativa ya que aún no se había decidido por una en concreto. Dudaba entre ser veterinario ya que le apasionaban los animales o por el contrario al igual que Ikki, hacer económicas para poder ayudarle en la empresa de su padre.
El verano se acercaba y todos habían superado con éxito los exámenes finales, así que ya podían relajarse hasta que el curso se diera por finalizado.
Seiya y Shun que compartían muchas asignaturas, se habían hecho inseparables, los mejores amigos, más que hermanos, seguían asistiendo a sus últimas clases, algo cansados por la presión y el éxito de sus hermanos mayores de los cuales no querían quedar rezagados.
Esa mañana, deberían asistir a clase de educación física, así que antes de salir de la mansión tomaron sus respectivas bolsas de deporte con todo preparado y salieron en dirección a la universidad como casi siempre solían hacer, caminando y entreteniéndose por el camino jugueteando.
Para sus hermanos, estaba más que claro que su amistad era especial, diferente, siempre se buscaban el uno al otro, se cuidaban y miraban de una forma en la que solo lo hacían los enamorados. Se sonrojaban cuando quedaban mirándose sin que el otro supiera, admirándose, y se molestaban si andaban con alguien demasiado sin poder averiguar lo que estaban haciendo. Sentían celos de cualquier otra persona que se atreviera a quedarse sentada a su lado. Incluso cuando peleaban por estupideces, los mayores reían y los comparaban con cualquier pareja de enamorados diciéndoles cualquier cosa para que se sonrojaran y se dieran cuenta de que en silencio, ambos se gustaban demasiado.
Ese día, después de llegar a las carreras a la universidad y una vez que se vistieron la ropa de deporte, empezaron como el resto de sus compañeros a correr alrededor de la pista de atletismo tal y como el profesor había indicado.
Seiya y Shun corrían el uno al lado del otro hasta que Seiya decidió provocar a Shun cambiando el ritmo y corriendo más deprisa para ver quién de los dos era el más rápido.
Seiya tomó la curva primero, con un Shun más que picado por la competencia, pisándole los talones y en un arranque de fuerzas lo adelantó, pero algo sucedió, al girarse no vio a Seiya a su lado, sino que yacía en el suelo estirado desmayado.
Corrió hasta Seiya, preocupado, muy angustiado, realmente si lo amaba, aunque le daba miedo decírselo por que no quería ser rechazado.
- ¡Seiya…! Seiya! – gritó desesperado.
El profesor llegó corriendo y envió a otro compañero a por el medico del campus que al llegar ordenó que le dejaran espacio para respirar y le acercó una botellita de alcohol fuerte para reanimarlo.
Seiya, abrió los ojos sin recordar por lo que estaba en el suelo estirado, no sabía si es que había tropezado o se había mareado.
Entre el medico y Shun lo llevaron a la enfermería y allí juntos lo examinaron para ver si averiguaban lo que había pasado. Después de tomarle la presión y ver que se encontraba más recuperado, el medico concluyó que la fatiga de los exámenes junto con la agitación de la carrera habían provocado el desmayo y recomendó que descansara por lo que quedaba de día enviándolo a casa.
Shun se encargó de llamar a Ikki y después de explicarle lo sucedido los fue a buscar y los llevó a casa a ambos después de hablar con el medico.
- Muchachos… ¿Qué ha ocurrido? – preguntó Hyoga algo preocupado, Seiya nunca enfermaba y la noticia los había alarmado a todos.
Shun le explicó lo sucedido a todos y se fueron a comer. Después de que terminaran todos la comida de sus respectivos platos, Seiya se fue a acostar ya que aún se sentía algo fatigado por el desmayo. Los otros muchachos terminaron de recogerlo todo excusando a Seiya y fueron al salón a ver la televisión un rato donde vieron una película que todos acordaron.
Cuando la película terminó, Ikki sugirió que jugaran a unos videojuegos que le habían prestado, cosa que a todos les pareció buena idea y después de conectar la videoconsola empezaron a jugar un juego de carreras creando tanta competencia entre ellos que acabaron discutiendo.
Los gritos despertaron a Seiya que bajó al salón para averiguar lo que estaba ocurriendo.
- Eres un tramposo Ikki – renegaba Shiryu.
- Tú que no sabes jugar – contestó.
- Chicos, chicos – dijo Seiya – no se peleen. Si los dos son malos jugando – se rió.
- Vamos listillo – replicó Ikki todo mosqueado – ahora jugaremos los tres a ver quién es el mejor – decía mientras conectaba un tercer mando.
Seiya se sentó junto a Shun y mirando de reojo a sus dos competidores que empezaron a jugar provocándose constantemente y ganando siempre Seiya o Ikki por lo que Shiryu se retiró y los dejó que siguieran peleando.
- Venga… No que eras tan bueno – le jodía Ikki.
- ¡Ahora verás gusano! - contestaba provocando la risa a sus hermanos.
Habían decidido que esa sería la última carrera, la partida definitiva, y el que ganara podría pedirle al otro algo a cambio, ya estaban demasiado picados y ganar era ya cuestión de vida o muerte.
Todos reían viendo como Ikki y Seiya peleaban, se daban cariñosos empujones para conseguir distraer al otro y así ganar el juego. Seiya empezó a rezagarse en la carrera, los chicos que miraban atentos a la pantalla no daban crédito a lo que veían sus ojos, Seiya estaba quedando atrás en la lucha con Ikki algo que no sucedía hacia tiempo.
- ¡Seiya! – gritó Shun al verlo.
Estaba pálido, con los ojos perdidos, su boca muy abierta tratando de tomar aire y su mano derecha apretando fuerte su lado izquierdo del pecho, hasta que se desvaneció y empezó a caer en picado hacia el suelo.
Shun lo agarró justo a tiempo evitando que su cabeza golpeara contra el suelo.
- ¡Seiya! – volvió a gritar Shun - ¡Reacciona!
Seiya no se movía, estaba banco, parecía muerto. Shun comprobó que respirase, sus labios estaban tornando en un tono azul y eso no era bueno. Tomó su pulso y después que vio que aún respiraba, alterado le gritó a sus hermanos que llamaran a una ambulancia.
- ¡Venga, moveros! – Gritaba - ¡casi no respira y su pulso es muy lento!
Shiryu llamó a la ambulancia que tardó menos de cinco minutos en llegar, minutos que a todos ellos les parecieron eternos y en cuanto llegó se lo llevaron con Shun a su lado ya que les fue imposible despegarlo de Seiya y con sus tres hermanos siguiéndolos en uno de sus coches hasta que llegaron al hospital y lo llevaron corriendo a los boxes para examinarlo.
Ikki tuvo que sujetar fuerte a Shun por que quería estar presente en los exámenes pero los médicos no le dejaron pasar por más que insistiera.
- Ikki… Qué haré si lo pierdo – dijo empezando a llorar y dejándose caer al suelo.
- Lo sé Shun – le consoló abrazándole – No te preocupes, todo saldrá bien, ya lo verás.
Ikki levantó a Shun del suelo y se lo llevó a los bancos donde los cuatro esperaron a que saliera el medico.
Los minutos que tuvieron que esperar parecieron años, la incertidumbre y el no saber que pasaba, los estaba poniendo muy nerviosos.
- Muchachos – dijo el medico que siempre les atendía poniéndolos a todos en pie – Esperen aquí. Ikki ven, tenemos que hablar – dijo muy serio.
- ¡Nada de eso! – exclamó Shun – todos tenemos derecho a saber lo que esta ocurriendo.
Hyoga y Shiryu asintieron y el medico al ver la determinación que todos tenían les explicó sin más…
- Seiya sufrió una arritmia cardiaca, algo poco común en gente tan joven y además deportista. Pero a veces sucede. Se encuentra con respiración asistida y aún debemos examinarle más a fondo. De lo único que estamos seguros es que su corazón no funciona como debería y nos vamos a concentrar en eso.
Los ojos de Shun se llenaron de lágrimas, el estudiaba medicina, entendía perfectamente lo que el medico les estaba explicando, sabia en lo que podría derivar, las complicaciones que podrían surgir y lloró incrédulo de que todo eso le estuviera pasando a Seiya, él que nunca había enfermado, que siempre había gozado de una salud envidiable.
El medico se retiro tras acabar la explicación de las pruebas que se le iban a realizar y los dejó allí sin nada más que hacer que esperar y rezar para que todo lo que estaba sucediendo fuera un sueño.
Pero la realidad era bien distinta. Cada uno buscó luna forma de entretenerse para no pensar demasiado mientras el medico regresaba con todos los resultados.
Shiryu se puso a leer, algo que siempre le ayudaba, Ikki contenía a Shun que no podía estarse quieto y Hyoga lo observaba todo rezando mentalmente y sujetando un crucifijo que su madre le había reglado antes de morir.
Pasadas las horas, el medico volvió a darles los resultados de los exámenes realizados.
- Chicos, ya esta todo listo, y lamentablemente no son buenos – dijo mientras todos se acercaban a su lado – Seiya esta bastante grave. Después de hacerle una ecografía del pecho, hemos descubierto que su corazón está dañado, parece que tenga la edad de un anciano de 80 años y por desgracia solo hay una solución para eso.
Shun quedó pálido y en silencio, de sobras sabía lo que iba a decir el medico.
- ¿Y cual es la solución? – preguntaron los otros tres muchachos al unísono.
El doctor quedó mirándolos y temiendo la reacción ante su respuesta.
- Solo un transplante de corazón salvaría la vida a Seiya, ya lo pusimos a la cabeza de la lista debido a su gravedad, pero si no sucede un milagro, no creemos que pueda resistir muchos días.
Ikki se llevó las manos a la cabeza y la agitó negando, no podía creer lo que ocurría. Shiryu lo rodeo con uno de sus brazos para tratar de calmarlo, conteniendo sus propios sentimientos y Hyoga, se fue tras Shun que salió corriendo después de confirmar lo que sabía que el medico diría.
- Ikki –habló con confianza el doctor – deberían prepararse para lo peor. Seiya depende de un corazón que hoy por hoy no tenemos.
- ¿Podemos verle? – preguntó – cuando Shun regrese será lo único que quiera – añadió Ikki.
- Está en cuidados intensivos, si entran más de uno no hagan mucho ruido. Es la habitación 206, en la primera planta.
Ikki y Shiryu siguieron al medico y llegaron a la habitación donde Seiya descansaba. Al verlo, Ikki tuvo que contener las lágrimas cuando lo vio a través de los cristales de la habitación, intubado y tan quieto.
- Ikki, entra tú, yo iré a por Hyoga y Shun – dijo Shiryu observando a su hermano ya casi mirándole por el pasillo.
Shiryu se fue, camino por el corredor de un modo pesado, muy lento, trataba de hacerse a la idea de todo lo que estaba sucediendo. Abrió la puerta del corredor para bajar las escaleras y cuando miro a su alrededor para comprobar que no había nadie, se sentó en los peldaños y lloró abrazado a su propio cuerpo hasta que se desahogo y fue a por sus dos hermanos.
Los encontró abrazados, Shun llorando sin consuelo y cuando los puso al corriente de todo lo que no habían oído, volvieron para estar juntos y poder cuidar lo mejor que pudieran de Seiya en sus últimos momentos.
Ikki, Shiryu y Shun, vieron como Hyoga pasaba a ver a Seiya cuando de nuevo llegó el medico.
- Chicos… Sería bueno que fuerais a descansar. Aquí no podéis hacer nada – les dijo – no os preocupéis, estará en buenas manos.
- ¡¿En buenas manos?! – pronunció Shun - ¡Somos sus hermanos, jamás le dejaremos solo! – gritó.
Hyoga salió alarmado al oír las voces de Shun que continuaba gritando palabras incoherentes al medico, retenido por Ikki y Shiryu disculpándose por lo que Shun estaba diciendo.
Cuando Shun lo vio salir, callo de repente y se fue a la habitación.
- Ustedes váyanse si quieren. Yo me quedo aquí. Solo me iré con él – dijo desde la puerta.
Shun no se separó de Seiya, ya nada era importante para él, solo quería estar al lado de su amado hermano hasta que llegara el momento...
Shiryu, Ikki y Hyoga, estaban siempre en el hospital, aguardando desde la puerta, esperando ese corazón que no llegaba mientras el estado de salud de Seiya empeoraba tal y como había predicho el medico. Solo iban a cambiarse a casa y volvían corriendo.
- Shun – dijo Ikki al entrar en la habitación – ve a cambiarte. No comes, no duermes ¿también quieres caer enfermo?
- ¡Me da igual! – le contestó – sin él no puedo… no quiero seguir viviendo.
- ¡Shun! No digas eso, es por mi culpa que él esta así. Si no le hubiera agitado, no hub…
- ¡Ikki! – le interrumpió el doctor que llegaba para examinar a Seiya – dejen de culparse. Esto hubiese pasado de todos modos. El corazón de Seiya es como la batería de un reloj que se esta acabando. No se hundan ahora, deben ser fuertes, seguramente aún está por venir lo peor – acabó.
Shun inspiró fuerte y salió de la habitación ojeroso y algo somnoliento.
- Está bien hermano. Iré a casa, me bañaré, comeré algo y regresaré en menos de dos horas.
El pequeño hizo lo que había dicho y Shiryu lo acompañó, temían dejarlo solo por mucho tiempo. Shiryu se fue a cocinar algo rápido mientras Shun subía a su cuarto para bañarse y mientras lo hacia algo le interrumpió.
- ¡Shun, Shun! – gritó Shiryu asustándole - ¡Apúrate, tenemos que irnos al hospital, acaba de llamar Ikki para que vayamos corriendo!
Shun se vistió lo más rápido que le dieron sus manos sin dejar de preguntarle a Shiryu que lo esperaba a la puerta de su habitación que era lo que ocurría, a lo que no obtenía respuesta ya que él tampoco lo sabía. Llegaron a la habitación y lo que vieron allí los dejó perplejos.
- ¿Dónde está Seiya? – preguntó Shun mirando tembloroso a su hermano - ¡Ikki! – gritó.
- Tranquilo Shun… Ocurrió, lo que jamás creímos que sucedería, pasó – exclamó.
El milagro se había realizado, ese sueño imposible se cumplía, tenían un corazón para Seiya y se lo habían llevado al quirófano urgentemente para operarlo sin perder un segundo.
Las largas horas de la operación se hicieron interminables, los cuatro estaban muy angustiados, la operación tenía sus riesgos y les hacia pasear nerviosos por los pasillos salvo Shun que se quedó en la habitación rezando en silencio hasta que agotado se durmió.
Cuando despertó ya era de noche, estaba en uno de los sofás estirado donde alguien lo había dejado descansando. Miró a su alrededor y quedó sorprendido, Seiya estaba ya en su cama, sin tubos y su color de piel volvía a ser rosado y no ese blanco mortecino que se le estaba impregnando.
- Shun – habló Ikki bajito – todo salió bien – si no rechaza el corazón en unos días podremos llevarlo a casa.
Shun se abrazó a su hermano por la felicidad.
- No puedo creerlo Ikki, no puedo creerlo.
- Pues créetelo. Hemos decidido que tú serás el que se quede aquí esta noche, seguro que Seiya será feliz de verte a ti primero – le dijo guiñándole un ojo.
Shun se sonrojó, no pudo evitarlo al sentirse descubierto. Sus hermanos se fueron felices a descansar y el quedó al cargo de Seiya que reposaba recuperándose de la complicada intervención.
Lo observaba, más bien lo admiraba como placidamente dormía y respiraba por su cuenta sin ninguna ayuda de tubo o máquina y le embargaba la felicidad, sentía una emoción enorme, todos sus rezos fueron escuchados.
- Hola Shun – le sobresaltó el medico - ¿Cómo está?
- Doctor… Sigue estable, durmiendo como un ángel – le contesto sonrojado – yo… - dudó un segundo – quería disculparme por mis palabras del otro día.
- No te preocupes, yo hubiera dicho lo mismo – contestó sonriendo.
El doctor se fue y Shun después de acomodarse en el sofá quedó vigilando y pensativo por largo rato. Poco a poco, Shun fue quedándose dormido, el cansancio acumulado de los días pasados le venció y le sumió en un profundo sueño.
Mientras dormía, tuvo un sueño maravilloso, uno en el que se encontraba corriendo junto a Seiya y su corazón estaba sano, donde la fatalidad de la enfermedad no existía, y podía volver a jugar, corretear y gastarse bromas como siempre hacían. Corrían felices el uno al lado del otro, hasta que Seiya lo tomaba de la mano y le obligaba a frenar en seco para hacer que se volteara y darle un tierno beso que lo dejaba sin aliento.
- Shun… Shun… - le llamaban a lo lejos.
Shun salió de ese hermoso sueño y después de acostumbrar sus ojos a la falta de luz miró en todas direcciones, no sabía si alguien lo estaba llamando o sufría alucinaciones.
- Shun… - insistieron.
Ya no sabía hacia dónde mirar hasta que sus ojos se detuvieron en la cama donde se encontraba Seiya. Su cuerpo dio un brinco y corrió hasta ella a la vez que sus ojos empezaban a brillar por la emoción al ver lo que estaba sucediendo.
Seiya se movía torpemente, aún permanecía con algún cable que salía de sus manos. Trataba de incorporarse como podía anta la asombrada mirada de Shun que más que a su mejor amigo parecía que estuviera viendo a un fantasma.
- Shun… ¿estás bien? – dijo ¿Qué ha pasado? – añadió al ver su cuerpo en ese estado.
Shun no se contuvo más se abrazó con cuidado a Seiya como queriendo comprobar que no era un espejismo y cuando sintió que Seiya le devolvía el abrazo se despegó lijeramente y sin pensarlo le besó.
Un beso que fue correspondido, donde compartieron el calor de sus labios, un beso en el que Shun al separarse para tomar aire se sonrojo. La cara de Seiya, lucía sonriente al finalizar el contacto con los labios de Shun, contacto que él mismo se encargo de repetir al ver a Shun tan lindo sonrojado.
Sus cuerpos se fundieron esta vez en un abrazo mágico del que era imposible escapar, sus labios se habían unido nuevamente, sus lenguas se rozaban tímidamente mientras luchaban por ganarse un espacio en la boca del otro hasta que saciaron las ansias de demostrarse el amor que sentían el uno por el otro.
- Que bien que te hayas despertado – dijo Shun al separarse de los labios de Seiya.
- Si. Fue el mejor despertar que jamás he tenido – contestó provocando más sonrojo a Shun.
Se sonrieron al saberse correspondido su amor y Shun rompió el feliz momento al ver necesario llamar al medico.
- Yo tampoco quiero – dijo al ver la mueca de Seiya – pero es lo primero que me dijeron que hiciera cuando despertaras.
Presionó el botón del timbre y el medico llegó como alma que lleva el diablo con el susto en el cuerpo.
- ¡Shun! – exclamó - ¿está todo bien? – añadió sin darse cuenta que Seiya estaba despierto.
Cuando alcanzó a ver que nada malo ocurría, solo que Shun le avisaba como le había encargad, suspiro aliviado. Tomó su estetoscopio y revisó la respiración de Seiya.
- Shun… Seiya respira agitado ¿sabes por qué? – preguntó sonrojándolos a ambos.
El astuto medico sonrió al confirmar sus sospechas al verlos en ese estado.
- Bien chicos, no se apuren – dijo – Shun, no lo excites demasiado, debe descansar y recuperarse por completo que visto lo visto, creo que será pronto.
El medico se despidió de ellos y los dejó solos tranquilamente hablando, donde Shun le explicó a Seiya todo lo que había sucedido y lo asustados que habían estado temiendo por su salud.
Charlaron por largo rato cuando Seiya se sintió cansado y necesitó dormir, la operación había sido un éxito y ahora solo era cuestión de tiempo que estuviera del todo bien.
- Ven Shun estírate a mi lado – le pidió acomodándose con cuidado y dejándole un hueco en la cama.
Shun ni lo cuestionó y sin que Seiya tuviera que insistir dos veces hizo lo que le había pedido con gusto.
Las horas pasaron y los muchachos se durmieron, Seiya acurrucado en los brazos de Shun que suavemente le protegían y le proporcionaban calor, el calor que desprende el que ama y que recibe el ser amado.
- Vaya… Vaya… - los despertaron – hermanitos, ya veo que no pierden el tiempo – dijo Ikki al ver el cuadro formado por los dos cuerpos de los pequeños abrazados – veo que ya estas mejor – añadió al ver a Seiya como si nada hubiera pasado.
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