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Recuérdame [HyogaxSeiya] Terminado Recuérdame [HyogaxSeiya] Terminado (0.388 s)

Recuérdame [HyogaxSeiya] Terminado

FECHA El 22/03/09 a las 05:03:31 IP GUARDADA
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El 05/09/08 a las 10:09:43
Recuérdame [HyogaxSeiya] Terminado

 

Título: Recuérdame… Autor: T.K. Razón: Ninguna en especial. Dedicatoria: A J.E.P.P.   Personajes. Principales: Seiya, Hyoga Secundarios: - Incidentales: -   Pareja Principal: Hyogax Seiya Clasificación: NC-17 Advertencias: Universo Alterno, No va de acuerdo a la trama de la serie “Saint Seiya” Tipo: Romance - Drama Comentarios Adicionales: Estado: Terminado Resumen: Una dramática historia de amor de dos adolescentes…

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RESPUESTAS AL MENSAJE - Respuesta/-s
FECHA El 22/03/09 a las 05:03:27 IP GUARDADA Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
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El 05/09/08 a las 10:09:43

Recuérdame [HyogaxSeiya]

 

Esta historia jamás debería ser contada.

 Del ayer, sólo pasos… la intensidad de sus labios, en el centro del mundo… y las calles que hoy le parecen distintas.   Y el suspiro vuelve a su ser, porque dejo algo de su propia vida en la persona que más amó y lo que aún perdura parece sostenido por el tiempo en aquel lugar…   Sus ojos marrones, brillan, tienen nostalgia… Los entrecierra queriendo revivir recuerdos lejanos…   Sí, si podía recordarlo… Sus cabellos que parecían ser de oro, sus ojos azules, su aroma, su calor, su fuerza de amar y sus entrecortadas palabras… su respiro desenfrenado… Todo… Inolvidable.   Seiya aún lo amaba… Y había regresado al lugar donde lo vio por última vez… Una calle en cruz: pocos carros, poca gente y su memoria volaba… hasta donde lo había conocido…   Terminaba ya la primavera, el calor iba en aumento con el paso de los días… Las mañanas se hacían cada vez más pesadas… Se había levantado muy temprano, un nuevo hábito para Pegaso, al cual ciertamente le era difícil acostumbrarse, pero en fin… Todo en nombre del bendito ingreso a la universidad… ¡Fuera sábanas!   Se había matriculado en una Preparatoria por 5 meses de estudio. Era el primer día de clases y debía acostumbrarse a llegar puntual. Se paseó por su desordenado y solitario departamento en busca de su camiseta favorita… Seiya era un joven apuesto, de hermosos cabellos castaños, un poco revueltos; los ojos marrones, transparentes… El cuerpo esbelto, bastante atractivo para su edad. Había vivido muy solitario en su corta existencia… poco comunicativo, tímido, parecía tener todo un mundo dentro de sí y aislarlo del exterior… No tenía amigos, sólo unos cuantos conocidos.   Ya alistado, tomó un breve desayuno y salió a prisa rumbo a la Academia.   Muchas cosas eran nuevas para él: carnés con identificadores electrónicos, enormes listas de ubicación donde llegaba a perderse y tercos auxiliares que le obstaculizaban el paso.   Al fin llegó a su salón… salón 20, tercer piso.   Era un sitio muy cerrado, sólo unas minúsculas ventanas en la pared posterior ventilaban las largas hileras de carpetas reservadas para casi 60 alumnos.   Algunos alumnos estaban en el balcón, aprovechaban para conocerse; otros dormían sobre las carpetas…   Seiya no quería saber de nadie, se sentía un poco confuso y hasta algo aburrido…eligió un asiento junto a la pared y se sentó a esperar que inicien las clases.   Mirando su alrededor con cierto recelo, se imaginó cómo se vería el salón completamente lleno de chicos y chicas conversando y escuchando sus canciones de moda con los mp3 a todo volumen… un caos… aunque debería parecerle divertido.   Echó una vista a la entrada del salón, al exterior… La mañana fresca… Estaba el balcón y parado allí había un chico.   El chico tenía cabellos rubios, muy largos; vestía una chaqueta color café y jeans… Seiya sintió curiosidad. El chico parecía esperar algo, su rostro estaba echado al vacío…   Percibió que Seiya lo observaba y giró el rostro. Sus miradas se cruzaron… Esbozó una leve sonrisa y volvió a ver al vacío.   Seiya se impresionó. El chico tenía unos preciosos ojos azules… se confundían con el cielo… Por un instante se había extasiado sobre aquellos ojos tan puros, tan limpios, como los ojos de un niño… Pensó que se parecía a él...   No pudo evitar querer traspasar de nuevo esa mirada… como si con eso pudiera verse a sí mismo…   Su corazón se sobresaltó cuando le vio girar el rostro de nuevo… para verlo a él… Otro cruce de miradas… Ojos azules, ojos castaños… como si se conocieran de antes…   Seiya, asustado, escondió la cabeza… se sintió extraño… Admiraba esos ojos, pero nunca había tenido tanta curiosidad por otro chico, y mucho menos por un completo desconocido.   El chico de los ojos azules sonrió de nuevo y volvió la espalda… Seiya lo notó y se fijó en sus cabellos rubios, en su cuerpo formado… No entendía qué le estaba pasando interiormente…   -¿Por qué quiero mirarlo?-   Se sorprendió de su actitud y procuró dejar de verlo, pensar en otra cosa… Además ese chico probablemente era de otro salón y no podría conocerlo… Lo mejor era concentrarse en la clase que estaba por iniciar.   Tocó el timbre…   Los alumnos pasaron a sus salones… el chico del balcón, el de los ojos azules entró al salón número 20, el salón de Seiya…   Pegaso se puso nervioso… el chico se le estaba acercando…   -¿Está vacío este asiento? - S...sí   Tomó el asiento que se ubicaba justo delante de él. Seiya se derrumbó sobre la carpeta, como si le angustiara. Se alegró por dentro.   Las clases eran realmente aburridas, a pesar de todo, Seiya intentaba con todas sus fuerzas concentrarse en las explicaciones de los profesores… Mas no podía resistirse a quedarse atónito y perdido contemplando los cabellos rubios de su compañero…   Le atraía ese chico… cómo no se imaginaba… ni él mismo podía entenderlo y entenderse.   En el transcurso de las semanas hacía lo imposible para llegar temprano y conseguir un asiento junto a él, en las primeras filas… No se daba cuenta de la necesidad que tenía de estar a su lado.   Procuró también verse mejor: Se bañaba más seguido y hasta por puro gusto; se compró y vistió ropas nuevas, más acorde con la moda de sus contemporáneos… Estaba convirtiéndose en alguien distinto para su chico de los ojos azules…   Se adaptó a sentarse a su lado y no mostrarse nervioso… aprendió a controlar la situación ya que casi nadie se hablaba en aquel salón. A sus compañeros sólo les importaba su propia persona, no querían amistades.   El tampoco buscó hacerle la conversa a alguien, mucho menos al chico que le atraía.   Sin embargo, de cuando en cuando, ese chico le hablaba. Incluso le hacía preguntas muy fáciles como si quisiera conversación…   -¿Cómo se llama el que raptó a Helena en la Iliada? - P… Pa..rís. Príncipe París. - Ah ya… Muchas gracias.   Cada vez que el chico le miraba como la primera vez, Seiya ponía el rostro serio, mostrando frialdad y distancia… Modulaba la voz de la misma forma… Levantaba así un muro para evitar mostrarse endeble ante otro hombre.   Todo era un escudo ante el exterior. Internamente estaba ansioso por hablarle y saber más de él… ¿Cómo se llama? ¿Cuántos años tiene?… Se preguntaba a si mismo… Quería ser siquiera su amigo, pero no se atrevía a hablarle, no sabía por dónde empezar.   Una mañana las auxiliares pidieron los carnés y tras apuntar manualmente la asistencia, los devolvieron llamando alumno por alumno… Seiya prestó atención…   “Hyoga K…”   El chico se levantó de su asiento y fue por su carnet. Ahora Seiya ya sabía su nombre: Hyoga.   Inventó una excusa para revisar su ficha entre los archivos de los alumnos de la Academia…   “Hyoga K…, 17 años, postulante a Humanidades, vive en Tokio”… Sacó toda la información posible… Aunque no entendía aún por qué lo hacía… Quizás si quería un amigo o un enam…   ¡Ni pensarlo!... ¿Será posible que yo…?...   Buscar información directa del muchacho le hizo caer en cuenta de que algo más había cambiado para él… ¿Qué hacía buscando datos de ese chico si se supone que debería estarse dedicando a estudiar?   Un shock. Su propio corazón lo estuvo controlando. Su corazón que estaba enamorado de alguien parecido a él mismo. Los ojos, los cabellos, todo… Quería a ese chico… hasta el punto de olvidarse de lo demás por él.   No se sentía mal, pero no lo consideraba del todo correcto.   Intentó reprimirse algunas semanas. Cuando llegaba ya no le interesaría si no podía conseguir asiento a su lado, ya no procuraría mirar sus cabellos o fijarse en lo que hacía…   Pero inconscientemente seguía sentándose a su lado. Inconscientemente seguía mirándolo. Inconscientemente se fijaba en lo que hacía… ¿Cómo podría ocultar lo que todo su interior deseaba gritar?, simplemente era algo hiriente para sí… Lo amaba. Sin conocerlo, amaba a Hyoga… Y ese amor le hacía sentirse nuevo, ese amor le hacía sentirse valioso. Ese amor era parte de su propia vida.   Así pasaron dos meses… En lo posible Seiya respondía las esporádicas preguntas de Hyoga, siempre mostrándose distante, pero muy atento… Sabía que lo amaba, pero no sabía si estaba dispuesto a conquistarlo.   En primer lugar porque le había sido difícil aceptar que lo quería… por los prejuicios de la sociedad… Y en segundo lugar porque eso podría dañar a Hyoga o peor aún, hacer que Hyoga lo odiase y tener que evitarlo estando en el mismo salón…    Con todos esos pensamientos, su amor por Hyoga sólo conocía la inmensidad. Sentía como él. Si Hyoga estaba triste, él estaba triste. Si Hyoga estaba alegre, él estaba alegre.   Y Hyoga no percibía nada de eso… o al menos eso creía Seiya.   La tristeza de Hyoga era muy misteriosa. Sus ojos azulinos tenían ese mirar de nostalgia, de ansiar algo que Seiya no sabía qué era… ni que significaba y se sentía incapaz de no poder hacer algo por su amado.   En esos días, Hyoga le pedía prestado su cuaderno más continuamente, como si necesitara de algo o de alguien… o descargarse un peso del alma…     Luego, poco a poco Hyoga empezó a faltar a clases… Seiya, que llegaba entusiasmado, se decepcionaba por no poder verlo. Y comenzaba a extrañarlo en sus faltas… “Recuerdo que Hyoga miraba así”…” ¿Qué le pasará a Hyoga?”...   Supuso que Hyoga tenía problemas con su familia, como cualquier chico a esa edad. Parecía que Hyoga no se sentía comprendido, que a él también le había llegado la soledad.   Y Seiya no se sentía capaz de hablarle… y al estar en ese estado, le era un obstáculo porque quizás sus otros compañeros si quisieran hablarle.   Seiya no sabía cómo proceder… Tenía que intentar por lo menos ser su amigo o decirle de alguna manera el afecto que le tenía… Sin dañarlo, por supuesto.   Unos días probó su teoría… Se sentó más atrás y otro chico ocupó su asiento al lado de Hyoga… Este chico conversó con Hyoga, le hizo la conversa y al final del día, se hicieron amigos.   ¿Por qué yo no puedo hacer eso?... El corazón de Seiya latía desbocado al oírlos conversar. Era capaz de ir y decirle a la cara que quería conocerlo… Tenía que retenerse, tranquilizarse…   Entonces se propuso a conversar con Hyoga… y tenía que ser rápido… Debía convertirse en su amigo antes del mes de vacaciones o sería demasiado tiempo… ¡Ya habían pasado casi 4 meses sentándose junto a él y nunca le había hablado!   Hizo un plan: Le pediría a Hyoga alguna cosa prestada y al devolvérsela le empezaría a darle cuerda para conversar…   Pero Hyoga faltó casi toda esa semana…   Apareció el sábado. Último día, última oportunidad. Hyoga se sentó en la carpeta de su costado. Era la situación perfecta.   Seiya estaba nerviosismo, se le iban las ideas… De a pocos, cobró coraje para soltar las primeras palabras:   -         Amigo, disculpa ¿Tienes tajador?   Hyoga asintió.   -         Préstamelo por favor.   Tajó con desesperación cualquier lápiz. Parecía que Hyoga lo analizara de reojo, con cierta incomodidad.   -         Gracias.   No pudo decir más palabras. Era una conversación destinada al fracaso. Era incapaz. Si. Tenía miedo, si. En cualquier circunstancia podría notarse que estaba loco de amor por ese chico y no podía dejarse en evidencia ante sus compañeros.   Aún así pensó en que quizás podría seguir a Hyoga a la salida. Quizás seguirlo hasta el bus y allí conversar.   Desechó la idea al salir. Era demasiado atrevido y evidente. Si el fuera Hyoga y no le gustasen los hombres, tendría todo el derecho y libertad de golpear a cualquier muchacho que quiera decirle “Te Amo”.   Seiya estaba poseído por ese temor, el no quería ser su amigo… quería más que eso… Soñaba con besarlo y tenerlo entre sus brazos… Y no podría aguantar las ganas de acercársele al tope si fuera su “amigo”.   El mes de vacaciones fue algo reconfortante. Quizás podría olvidar a Hyoga después de todo y reconcentrarse en los estudios.   Fueron sólo pocos días. El recuerdo de Hyoga atormentaba su cabeza. Sus cabellos, sus ojos claros como el cielo, su misteriosa tristeza… Deseaba que el chico estuviera frente a él y decirle cuánto lo amaba.   Era su inspiración, su aliento de vida. Lo impulsaba ser mejor y a seguir adelante. Quería vivir para él.   Y el poder de las palabras transformó su vida. Aprendió a escribirle, a dedicarle poemas en los cuales contaba su amor y que aún sin hablarle, estaría a su lado para hacerle compañía…   Pequeñas lágrimas caían sobre sus papelitos, regados por su habitación… letras de poemas, cartas… todas para Hyoga.   Sufría por no poder decirle de frente lo que sentía, por no poder abrazarlo, por no poder ser correspondido. Y sobre todo porque nunca sería capaz de hacerlo y su amor sólo sería un sueño.   Cuando reiniciaron las clases todo era distinto… Era feliz por tenerlo cerca, pero infeliz por no poder dar y recibir lo que llevaba por dentro.   Miraba a sus otros compañeros hacerse amistades… y Hyoga no había hecho más amigos. Él no le hablaba. Y la tristeza de su chico era cada vez más profunda cuando cruzaban sus ojos…   Seiya lo estaba haciendo sufrir porque era un obstáculo entre Hyoga y el mundo. Hyoga deseaba abrirse a sus otros compañeros, hablarles, pero tenía a Seiya a su lado… El chico antisocial, el chico callado, el chico que lo amaba sin que él lo supiese.   Y Seiya lo comprendió.   Escogió el más bello de sus poemas y lo dejó caer a propósito junto al bolso de Hyoga… justo antes del recreo. Luego salió del salón.   Cuando regresó, el papel estaba en el mismo lugar, junto a Hyoga.   Lo recogió con cuidado. Si Hyoga le tomó importancia tuvo casi una hora para leerlo y dejarlo en su misma posición.   No supo si realmente Hyoga leyó su poema. Pero si entendió que debía alejarse de él. Al menos, si Hyoga hubiese leído el poema, sabría que alguien lo amaba y se sentía libre por eso.   A la semana siguiente cambió de asiento, a las últimas filas. Nunca más se sentó junto a Hyoga. Y al chico de los ojos azules parecía no importarle nada o no haberse dado cuenta de que Seiya lo quería.   Las cosas volvieron a ser rutinarias. Seiya volvió a llegar tarde, un poco desaliñado y sin muchos ánimos.   Hyoga en cambio, parecía feliz de la vida. Había hecho algunos amigos y conversaba con todos los compañeros que se sentaban a su lado. Sólo de vez en cuando giraba el rostro hacia atrás, como para ver a Seiya, como si fuera una curiosidad sin importancia.   Así pasaron las últimas semanas.   Y Seiya no dejaba de amarlo, pero estaba resignado a nunca poder compartir con él, algo de su amor y de su vida. No podría ser correspondido y nunca le diría a lo ojos que lo amaba. Quizás era mejor así…   Ya no estaba loco por verlo a cada instante. Lo había dejado en libertad. Tan sólo, de vez en cuando, se apenaba que los amigos de Hyoga no fueran sinceros. Sólo le conversaban cuando podían prestarse separatas, cuadernos o libros. Cuando no había ningún interés de por medio, no existía la amistad, y Hyoga recaía en su tristeza.   Los últimos días de clases, Seiya se sentaba solito en las filas de atrás… mientras Hyoga parecía igualmente aislado en las filas de adelante…   ¡Tanto amor que podría haberle brindado! ¡Tantas cosas que las personas somos incapaces de hacer!... Y sólo quedan hay veces las heridas… el corazón oprimido o una espina en el alma…   El último día los separaría para siempre.   Resignación, amor vedado o perdido… y la felicidad de haberlo amado tanto y de haber sentido el amor mismo correr por sus venas e insuflarle de vida y de optimismo… de las ganas de ser mejor y salir adelante…   Una parte de su propia vida, se iba con Hyoga… Quedaba en él… y ese vacío le recordaría que había un espacio único y especial en su ser para el chico de los cabellos dorados y ojos azules…   Ni siquiera podía decirle ¡Adiós! porque para Hyoga era un desconocido, un compañero de clase cualquiera que jamás volvería a ver…   Poemas, cartas guardadas para él… y nunca las leería… Seiya sabía que decía cada una… Seiya sabía que allí estaba parte de su amor por Hyoga que ahora debía dejar…   El timbre de la última salida sonó finalmente…   Cabizbajo, con la mirada perdida, Seiya salió del aula… Pensó en él… y sus ojos lo buscaron…. No estaba… Adiós para siempre… Sus ojos se llenaban de lágrimas, pero no podía llorar…   Caminó sin saber a dónde se dirigía… por ciertos instantes su mente se iba tras Hyoga y se olvidaba quién era y a dónde tenía que ir… No quería olvidarlo… Necesitaba verlo por última vez…   Sus propios pasos lo guiaban al paradero… a casa. A su solitario departamento.   No sabía nada, no sentía… se dejó llevar por su subconciencia, por su aciaga tristeza… No pudo percibir que alguien lo seguía…   Llegó a la calle en cruz…   Un paso y cayó al suelo… había tropezado con un joven…   - ¡Oh!, discúlpame, soy un torpe, te hice caer… La voz era familiar… la misma voz que le había pedido prestadas sus cosas, la misma voz de la que ansiaba algún día escuchar “Te quiero”…   Un cálido brazo le ayudó a levantarse, alzó la cabeza para ver lo que no creía en su mente…   Unos ojos sobre los suyos y reconocía esa mirada… traspasaba su espíritu y se sentía indefenso ante él…   ¡Es Hyoga!   Y luego… sin esperarlo…   - Perdóname por esto, Seiya…   Y sus labios se posaron sobre los suyos, y se confundieron en aquel beso… El amor infinito entrecruzado. El amor que si había sido correspondido…   - Yo también Te Amo, Seiya   Seiya no sabía si henchirse de alegría o darle un golpe por dejarlo sufrir… Sólo se limitó a que el silencio escribiera las palabras… y que Hyoga dijese todo lo que guardaba en su corazón.   -         Sé que no me entenderás… pero lo comprendo… Mira… Desde que te vi aquella mañana en el balcón, supe que te amaba… y sonreí… yo que nunca sonreía, sonreí… Porque tus ojos también me decían lo mismo y sin embargo, no somos libres de expresar lo que sentimos… Porque el mundo no es de esa forma… porque no es correcto… -         ¿Leíste mi poema? -         Sí. -         ¿Sabes cuán inmenso es el amor que te tengo? -         No más inmenso que el que tengo yo por ti…   Hyoga le explicó muchas cosas allí… sentados sobre la vereda… en la calle… Mirando los pocos carros ir y venir… y algunos peatones cruzar sin importarles el camino…   Tras esa mañana, Hyoga se mantuvo en espera para saber más del chico de cabellos castaños, hasta el día en el cual pasaron lista a voz alta y supo quién era…   Esa misma tarde, fue por una copia de la ficha de Seiya, a quien vio salir de los archivos… con una copia de su propia ficha… Ahí comprendió que el chico castaño lo quería… Averiguó todo de él: Su forma de ser, su cambio de vestimenta. Lo adoraba… Nunca había sentido algo parecido. Le era tan difícil reprimirse el mirarle o hablarle, que de vez en cuando, fallaba… y no obstante, no debía corresponderle y/o esperar ser correspondido… por eso mantenía esa extraña tristeza, que cambiaba en algo cuando conversaba con otros compañeros…   Igualmente no podía sacarse a Seiya de la cabeza y del corazón. Pero tenía un mundo…   Y en ese mundo, las cosas no eran tan simples… Existían unas reglas, existía una sociedad y su amor, puro… No era correcto para esa sociedad y quizás se corrompería en ella... Eran libres para quererse, pero no para amarse… Y por sus propios principios, tanto Seiya como Hyoga se ajustaban a esa sociedad, porque a ella pertenecían y eso era bueno…    No les brindaba la felicidad de estar juntos, pero si la paz de estar en lo correcto…   Hyoga, entonces no podía dejar que Seiya se fuese sin ninguna explicación… Sin saber que el también lo amaba. Por eso lo había seguido...   -         Me tengo que ir. -         No te olvidaré, Hyoga… -         Ni yo a ti, Seiya... Te Amo -         ¿Puedes quedarte con mis cartas y poemas? -         Si tú te quedas con los míos…porque también te he escrito... -         De acuerdo.   Se levantaron… Frente a frente sus miradas se traspasaron como la primera vez… Ojos azules, ojos castaños... Uno en reflejo del otro…   -         ¿Te volveré a ver? -         No lo sé… Pero quiero que guardes esto… Es muy importante para mí y deseo que lo conserves...   Hyoga le dio una cadenita a Seiya… Era una cadenita con forma de rosario… el rosario de su difunta madre.   -         Es precioso. Gracias… Me gustaría darte algo también, pero yo no… -         No te preocupes… Tú ya me has dado bastante… Yo sólo quisiera algo más… -         ¿Qué?   Y los ojos se acercaron… y los labios se volvieron a juntar… por largos momentos… como queriendo detener el tiempo en ese lugar… Como si aquel cruce de calles fuera el centro mismo del universo y allí se estaban procurando el último beso… la última mirada… el amor para la eternidad…   -         Te Amo. No te olvidaré. Tenme siempre contigo…   Y como lo había visto… Se marchó… Hyoga se alejó corriendo… mientras minúsculas lágrimas cubrían sus ojos… Dejaba a la persona más amada.   Seiya se quedó allí, observándolo. Ni triste, ni contento… Sólo era él... Ese recuerdo quedaba… Hyoga lo amaba y lo amaría por largo tiempo… quizás eternamente se acordaría de él… No todo había sido en vano… El amor existía… y parte suya iba con él… Y el sentimiento no había sido derrochado, sino que Hyoga lo sintió en lo más profundo de su corazón y sufrió tanto como él por no poder demostrarlo…   Y tenían ese sentimiento perdurable… el amor.   Muchos meses después… Seiya estaba de nuevo en esa calle… y podía visualizar todo como fue una vez… y podía recrear en su memoria a el y a Hyoga juntos… en el tierno beso… en su momento único juntos.   Había sido un día como ese cuando se separaron…   A lo lejos… percibió unos pasos que se alejaban… Quiso imaginar que podría ser él… Como un sueño en ese preciso lugar…   En la otra avenida, Hyoga tomó el libro que llevaba consigo y empezó a leer…   Pequeñas gotitas cayeron sobre las hojas…   Seiya se despidió de aquella calle… Quizás volvería a ella. Siempre volvería porque allí estaba algo de su gran amor… un pedazo de su vida…

FIN


FECHA El 01/04/09 a las 02:04:27 IP GUARDADA Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
Online Hyldur
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El 21/03/09 a las 01:03:18

Saludos!!!

 

Vaya… me ha dejado un nudo en la garganta jajaja, que frustrante situación.   Por un momento se me vino a la mente el conejito y no el burrito protagonista de esta historia jajaja   No me gusto el final!!!! T_T jajaja
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