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El Cielo no Entiende
Han pasado tres años desde que los caballeros y Atenea vencieron a Hades y lograron una vez más salvar al mundo. Ahora que ya no había ningún enemigo mas que derrotar las armaduras fueron guardadas cada una en su lugar de origen donde descansarian hasta la próxima reencarnación de Atenea, pues en esta era, ya habían terminado su misión.
Ahora los antes caballeros son por fin chicos y chicas normales, casi todos estudiantes. Hyoga vive en Siberia pero visita a sus amigos en Japón siempre que puede, y lo mismo hace Shiryu que está en China con Shunrei. Respecto a los tres restantes, los tres viven en Japón, mantenidos por la fortuna de Saori Kido hasta que terminen sus estudios y puedan empezar a trabajar y mantenerse ellos solos en esta vida urbana.
Seiya vive con su hermana en un apartamento cerca del mar. Ikki y Shun viven en la mansión Kido que para ellos es su hogar. Seiya y Shun estudiaban en el mismo instituto e iban a la misma clase. Ikki iba a la universidad.
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Seiya, quien se había enamorado de Shun, le declaró su amor a su amigo después de salir de clase, bajo un árbol sumergidos en la rojiza luz del atardecer. Shun reaccionó con una mezcla de sorpresa y rubor, había algo entraño en aquella expresión, se quedó sin palabras y Seiya espero un poco nervioso por su respuesta, suplicando no ser rechazado.
Entonces Shun bajó la mirada como si evitara seguir mirando a Seiya a los ojos, aquellos profundos ojos que le gustaban tanto -Seiya... yo... necesito pensarlo, perdóname- y muy pensativo el peliverde se fué sin decir nada más.
Seiya le miró hasta que le perdió de vista, con el corazón impaciente y triste pero a la vez aliviado de haber confesado a Shun lo que sentía por él. Cuánto daría por saber lo que Shun estaba pensando de él en ese momento, no deseaba perder a su mejor amigo... a causa de haberse enamorado de él. Y desde su interior pidió a los dioses que no lo apartasen de su lado.
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Shun caminaba de regreso a casa sumergido en sus pensamientos y en sus sentimientos al mismo tiempo, con el semblante serio y distraido, y un ligero tono de preocupación se notaba en sus ojos.
Él y Seiya habian estrechado mucho su relación desde que estuvieron en el inframundo. Y en estos tres años habian sido grandes amigos, si, Seiya era sin duda su mejor amigo hasta que... empezó a sentir por él... cosas que iban mas allá de la amistad. Y se fué dando cuenta poco a poco en los últimos dos meses... de que se estaba enamorando del moreno.
Llegó a imaginarse a si mismo besando a Seiya en los labios en una situación muy romantica, e incluso imagino sus cuerpos desnudos acariciándose. Pero siempre su razón intervenía y detenía sus imaginaciones justo ahí, diciendose a si mismo "eso no puede ser, es solo una paranoia debido a la actividad hormonal de la adolescencia, no estás enamorado, quítate eso de la cabeza, sois dos chicos y sois menores es absurdo, el es solo tu amigo, necesitas una novia como debe ser"
Y justo cuando había empezado a hacerse a la idea de dejar de pensar en Seiya de esas "extrañas" maneras... se entera de que el moreno está enamorado de él. Entonces, quizá no fuera tan absurdo, en fin, Seiya a asumido que le quiere y no parecía arrepentido de ello cuando se le declaró.
Quién le dió sentido a nuestro amor
no fui yo, fue nuestro corazón.
Pero... aquello no estaba bien, seguian siendo dos chicos de 16 años. Seiya era conocido por actuar sin pensar, quizá esta excusa valiera para rechazar su amor... pero no su amistad, no quería perderle.
Aquella noche no logró dormir bien, algo oprimía su pecho, las dudas y su afecto por Seiya. No quería hacerle daño, no podía rechazarle pero tampoco corresponderle.
Llegó la mañana, Shun fue al instituto y llegó a clase, como siempre muy puntual, Seiya aún no había llegado. Siguieron llegando más compañeros y la primera clase comenzó, estaban todos menos Seiya. Shun no pudo evitar desviar su vista hacia el pupitre vacío de su amigo, que estaba justo al lado del suyo.
En eso llegó Seiya disculpándose por haber llegado tarde, se había quedado dormido. La profesora le regañó duramente y a Shun inevitablemente se le escapó una risilla, su incorregible Seiya de siempre. Lo quería tanto...
Seiya se sentó en su pupitre y la profesora continuó su clase. Mientras Seiya sacaba su libro miró a Shun y le habló bajito -¿En página estamos?- le preguntó.
-57- respondió Shun sin apartar la vista de su libro, no se atrevía a mirar a Seiya. El moreno lo notó y se preocupó un poco.
Pero entonces se sacudió la cabeza "Vamos Seiya, no pienses cosas negativas, es tu mejor amigo y siempre lo será" se dijo a sí mismo en sus pensamientos.
Las horas pasaron en el instituto hasta que al fin un ruidoso timbre anunció que habían acabado las clases, y lo mejor de todo ¡era viernes!
Durante aquellas horas Shun no intercambió ninguna palabra con Seiya, seguía metido a fondo en sus pensamientos, así que al salir de clase Seiya le alcanzó en la calle y le tomó del hombro.
-Shun- lo llamó por su nombre.
El joven se volvió un poco sobresaltado -Seiya, que susto-
-Lo siento- se disculpó quitándole la mano del hombro -es que estabas muy distraido, llevas todo el día así-
Shun bajó la mirada un poco ruborizado -Ya deberías saber la razón-
-Si sé la razón, pero aún así... no he podido evitar preocuparme por tí, es que... siento que me evitas- respondio Seiya con semblante serio.
-No, no te estoy evitando, en absoluto- respondió Shun de inmediato un poco nervioso, como si realmente le hubiera alarmado que Seiya pensase algo así.
-¿Entonces?- quiso saber Seiya -¿Por qué no me has hablado en todo el día? ni si quiera hemos almorzado juntos como hacemos siempre-
Shun bajó la mirada ya más tranquilo -Estaba pensando, ya te dije que...necesitaba pensarlo-
-Pero no por eso tienes que evitarme ¿o es que no puedes pensar en nuestra relación si estoy yo contigo? formo parte de nuestra relación, en vez de confundirte... estar conmigo debería incluso... aclarar más las cosas- se expresó Seiya -quiero estar contigo Shun, sea cual sea tu respuesta mis sentimientos hacia tí no cambiarán, no te perderé nunca-
Shun miró a Seiya con ojos brillantes ¿por qué sentía cada vez con más fuerza que si no le correspondía se arrepentiría eternamente?
-¿Podemos hablar a solas? aquí en medio de la calle no es el mejor sitio para hablar de algo tan personal- le pidió.
Seiya asintió y fueron a su casa, su hermana llegaría tarde porque tenía una cena.
Se sentarón en el suelo de la habitación del moreno y Shun comenzó a hablar -Me va a doler mucho más si no te lo confieso y por eso he decidido contarte lo que me pasa. Hace dos meses creo que empecé... a enamorarme de tí-
Seiya se sorprendió y sintió un resplandor de alegría y esperanza en su corazón.
-Pero... fui eliminando esos pensamientos porque no eran correctos, no está bien Seiya, somos dos chicos y solo tenemos 16 años. ¿Seguro que no estamos confundiendo las cosas?- le dijo mirándole.
-¿Pero qué dices? Estoy muy seguro de lo que siento por tí, no importa nuestro género ni nuestra edad, el amor no se fija en cosas tan insignificantes como esas- Seiya sabía que Shun fué educado en la religión católica, así que entendió que pensase así, pero no estaba de acuerdo con él.
El cielo no entiende de este amor
y no nos concederá el perdón
-¿Infignificantes?- interrogó Shun -no son insignificantes, el hombre y la mujer fueron hechos para amarse-
-Eso es cierto- respondió Seiya -pero si te fijas en esa frase no me has mencionado nada de que no puedan amarse dos personas del mismo género, solo has dicho "estan hechos para amarse". Dios dice amor, nunca dice pasión, ni instinto, ni atracción, solo dice amor ¿Quién invento esa absurda idea de que la homosexualidad es pecado?, desde luego no fue Dios, porque Dios siempre nos dice que nos amemos, sin ninguna condición ni impedimento-
Shun le escuchó un poco sorprendido, tenía razón, la palabra clave era amor, nunca oyó que Dios dijera que estaba mal si se amaban dos personas del mismo género. Eso solo lo decian los sacerdotes... pero los sacerdotes... no son Dios.
Y si Dios es todo y vive en el corazón de todos, si es así el apoya lo que realmente siente por Seiya, porque cuando está con él se siente agusto, se siente... feliz. Si le permite amar a Seiya de esa manera... no puede estar en contra de ello.
Sus labios sonrieron suavemente y dos lágrimas resbalaron de sus ojos, cuya mirada estaba fija en el rostro de Seiya -Seiya... yo...-
Cómo decir ahora lo mucho que le quería después de haber pensado cosas tan erroneas, el velo de la discriminación y las dudas se había desvanecido, y con ellas el malestar que le producian. Aceptó que en verdad estaba perdidamente enamorado de Seiya, apartó el escudo de la ignorancia, y ahora se sentía radiante, rodeado de un alo de amor y felicidad.
Se lanzó a abrazar a Seiya quien le correspondió con mucho cariño -Perdóname, por haber intentado destruir estos hermosos sentimientos que tengo hacia tí, tienes razón. Estoy enamorado de tí desde hace más de un mes y no puedo evitarlo, me dolía mucho cada negación de ese sentimiento, pero ahora me siento liberado- había mucho sentimiento en su voz -ya no me importa lo que piensen de nosotros los curas o los ángeles del cielo, si por amarte he de caer en el infierno... que así sea-
-No caeremos en el infierno, por que Dios está de nuestro lado, siempre que nuestro amor sea verdadero-
Shun se sintió enternecido por esas palabras, cada vez lo amaba más.
Seiya aflojó el abrazo y se vieron a los ojos fíjamente, con dulzura en su mirar. Shun se sentía fuertemente tentado a probar esos labios, una tentación que quiso dominar su mente durante semanas, y por fin, aquello que imagino se hizo realidad.
Sus ojos se cerraron al mismo tiempo y sus labios tomaron contacto, el suave y tierno primer beso los envolvió en una maravillosa sensación. Con aquel beso quedó oficialmente confirmado que, a demás de mejores amigos, ahora eran también novios.
Ya no me importa qué dirán
no doy lo que tengo por saber
de que lado late el corazón
me basta con ser su otra mitad
A partir de ese día Seiya y Shun dedicaban el tiempo que pasaban juntos no solo a divertirse y charlar como siempre, sino también a besarse y abrazarse, a acariciar el cabello de uno y apoyarse en el cálido torso del otro. Aprendieron juntos a besarse con lengua y cada acto era muy agradable. Sentían como nunca a traves de sus cuerpos el amor que se transmitian sus corazones. Y aunque todo lo hacian a escondidas, se sentian felices de estar juntos.
Quién le dio sentido a nuestro amor
no fui yo, fue nuestro corazón
Un par de semanas después Shun había dejado de acudir a la iglesia, a la cual asistía antes como voluntario para ayudar a preparar las misas, creia en Dios pero no en sus seguidores católicos, ahora había forjado su propia fé al enamorarse de Seiya.
Pero claro, los curas y las monjas de aquella iglesia desconocian el motivo por el que Shun dejó de ir de repente y un poco preocupados llamaron a su casa. Fue Ikki quien contestó, Shun no estaba en la mansión porque había salido con Seiya.
-Oh Ikki, es usted ¿está Shun en casa?- preguntó el cura que hizo la llamada.
-Lo siento padre pero no está en este momento, ha salido- respondió Ikki.
-Vaya, menos mal que está bien, es que verá, ha dejado de venir a la iglesia y empezamos a pensar que se había puesto enfermo o algo así ¿No le dijo nada a usted?-
Ikki se mostro sorprendido -¿Qué Shun ha dejado de ir a la iglesia? pues no me dijo nada, aunque de hecho últimamente no me cuenta casi nada, creo que me está ocultando algo y lo que me acaba de contar me lo ha confirmado del todo- dijo poniendose serio.
-Espero que no sea nada grave, es un chico tan bueno- respondió el cura un poco preocupado.
-No se preocupe, no creo que sea nada malo, le diré que ha llamado-
-Gracias, bendito seas- respondió.
-Hasta pronto padre- Ikki colgó el teléfono y suspiró "Shun" pensó en su hermano.
Pasaron un par de horas y Shun llegó la mansión al atardecer.
-Hola hermano- lo saludó muy contento al encontrarselo en el salón.
-Shun- Ikki miró a Shun muy fíjamente.
-Dime-
-El padre Ishida ha llamado, dice que has dejado de asistir a la iglesia de repente, ya decía yo que estabas muy raro ¿qué me andas ocultando hermanito?- le dijo de modo insinuante.
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