El templo se cae por dedazos. En el techo aparece un hombre desnudo, puede ser que este descalzo. Las nubes se aglomeran tapando cien soles de madrugada y los gatos se acuestan a descansar la noche que los desvela. Mis ojos miran alrededor de esta inmensa cueva cubierta por el moho. Una mantel de cocina rojo, un pinché en la cabeza. Unos niños que corren alborotados en el grito de otra tregua que la correa pide a cantazos para acabar de sacar las tormenteras. El sol se ha escudado en mi regazo, caliente de tanta espera. El edificio se cae en pedasos, el templo esta en guerra. Me imagine soltando las faldas. Las enaguas sucias de tantos años de menstruar hijos muertos por el sudor de tu abraso cuando cantabas tus borracheras. Y la ternura de tus ojos en la obscena sobriedad de algunos momentos los dedicabas a otros por que para ti yo solo era, solo era...El templo se reconstruyo como un milagro por que los gatos fueron edificando la noche con su vista. Esa noche llegaste borracho como la piedra donde clavaste mis deseos y yo salí tranquila, las enaguas esa noche no llegaron.
La trifulca
Las abejas se arremolinan en el tope del árbol. Las abejas van cucando el panal de otras más dulces. Ha llegado el viento a defender el duelo. Ha llegado la marea a pasar el tiempo por encima de la copa de los árboles en este inmenso hueco. La mariposa se detiene en su alboroto sigilosa a ver como se escupen las abejas el veneno que llevan dentro. La mariposa cambia de colores cada ves que una estrella le pasa por encima y así va dejando pintado sus anhelos. Las cadenas se van derritiendo con tanto veneno que le a caído encima y el perro con sus ojos mas grandes que abiertos aprovecha el momento de escaparse de su encierro con la joroba erguida. La mariposa observa tranquila como las hormigas cargan los despojos. La mariposa ve a lo lejos un hombre sentado con un cigarro en una caja de leche al lado de un cabro. Y allá fue a parar. Como es posible que este tranquil, se pregunto mientras se poso en su hombro. Y el la aplasto de un manotazo al mismo tiempo que decia: yo no soy el juez sino el abogado.
El volcán encerrado en la botella
Se apago la leña con el roció de la mañana y las sabanas, como mi lengua en tu sabor, tomaron prestados los olores a carbón húmedo. El café se deshila poco a poco como los ruedos sueltos de mi pelo en tu melena de anoche. El sol no brilla mas de lo que brillaron mis ojos en el orgasmo infinito que suspire como el grito de un volcán atrapado en la botella. Ahora me puedo sentar tranquilo en la mecedora en frente a la casa con mi bacón de madera y mi cigarro y mi café y mi recuerdo, por que fue hace mucho tiempo desde anoche. Ahora puedo tratar de bordar el mantel desbordado por las cicatrices que el tiempo a dejado con los botones, los tenedores, las sortijas y todo lo que en el se a encajado como la mosca en la telaraña. El perro ya no ladra de alegra cuando llegas. Los gallos ya no se revolotean a la hora de comer. Las bacas están flacas por el pasto seco. La silla del caballo se ha cuarteado por el aceite que le falta. Y yo, ya no canto. El sol no brilla más que mis ojos aquella noche en el orgasmo de un volcán encerrado en la botella.
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