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HABLEMOS DEL AMOR - cap. 6 UP HABLEMOS DEL AMOR - cap. 6 UP (0.411 s)

HABLEMOS DEL AMOR - cap. 6 UP

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El 08/08/07 a las 12:08:28
HABLEMOS DEL AMOR - cap. 6 UP

 

TÍTULO: Hablemos del amor

AUTOR: Chibi-Star**

RAZÓN: ¿? Se necesita razón para escribir PATONEJO??

DEDICATORIA: A Flor-haha y mi sis por echarme tantas porras ^o^

PERSONAJES: Shun, Hyoga, Seiya e Ikki.

TIPO: Comedia romántica

CLASIFICACIÓN: G

ADVERTENCIAS: Por esta vez… ninguna!!

ESTADO: TERMINADO

ÚLTIMA ACTUALIZACIÓN: 14 ene 12

COMENTARIOS ADICIONALES: Es un fic inspirado en una de mis películas favoritas. The Holiday de Nancy Meyers con las actuaciones de Kate Winslet, Cameron Díaz, Jude Law y Jack Black. Espero que te guste esta adaptación que trato de que sea súper porque no quiero echar a perder mi peli!!

RESUMEN: Shun es un chico estadounidense que decide dejar de una vez por todas al amor que lo tuvo atado por cinco años. Seiya es un chico inglés que no cree en nada más que en sí mismo. Los dos vivirán un invierno que cambiará su vida para siempre y su forma de ver el amor.

 

 



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El 08/08/07 a las 12:08:28

 

HABLEMOS DEL AMOR

 

I

It’s beginning to look a lot like Christmas

Shun suspiró agotado después de terminar su columna sobre literatura para el periódico. Después miró el calendario y volvió a suspirar, esta vez con más tristeza que antes. Empezaba diciembre y con eso, su tortura de soportar villancicos, tarjetas de felicitación, abrazos, hipocresías y demás. A decir verdad, Shun adoraba esas fiestas, le encantaba ir a los centros comerciales y a los supermercados haciendo sus compras mientras tarareaba las canciones que año con año se escuchaban por los altavoces. Le gustaba ver todo lleno de luces y colores. Incluso le gustaba el frío que se empezaba a sentir más intenso y las probables tormentas de nieve, lo que más le gustaba era tomar una taza de chocolate entre sus manos y observar desde su cálido apartamento como la nieve caía sutilmente sobre la calle. Para Shun, era como si la vida te recordara que estabas vivo y que habías logrado sobrevivir un año más a pesar de todo. Y en el caso de Shun, esas palabras realmente tenían sentido… a pesar de todo, había logrado sobrevivir un año más.

La razón de su sufrimiento era por el que casi todos sufren… el amor. Shun llevaba mucho tiempo enamorado de un amor completamente no correspondido pero que abusaba de su buena voluntad con alevosía y ventaja. Lamentablemente Shun, no había aprendido a decir que no y simplemente no podía dejar de lado ese amor.

 

Dentro de las mil cosas que Shun odiaba de esos días, eran las fiestas que se empezaban a hacer para celebrar y empezar la ridícula y nefasta convivencia de cada fin de año. De todas formas, todos iban de vacaciones con sus familias, o hablaban de lo emocionados que estaban sus hijos con los regalos y él, siempre se limitaba a escuchar porque no podía estar feliz como el resto del mundo; en primera porque no era correspondido y en segunda, porque todo el mundo lo sabía a pesar de que él trataba de ser extremadamente discreto.

Shun dio un largo sorbo a su cuarta taza del café del día mientras releía lo que acababa de escribir.

         -Estás seguro de terminar en cinco minutos para irnos a la fiesta? – preguntó una voz muy conocida a sus espaldas.

Shun casi escupe todo el café hacia la pantalla, pero se contuvo y se giró mostrando su mejor sonrisa.

         -Por supuesto que sí. Ahora escribo de Ishiguro, es uno de mis favoritos y este libro lo tengo releído unas veinte veces – respondió sin dejar de sonreír por el simple hecho de tener frente a él a aquel hombre que le quitaba el aliento.

         -Es ese japonés que se fue a vivir a Inglaterra? – preguntó Saga entrando a la pequeña oficina de Shun.

         -Sí, así es. Dame dos segundos para terminar este párrafo y estará listo.

Shun se giró y tecleó rápidamente para terminar la línea y luego lo envió para que fuera editado para el periódico. Después, tomó aire discretamente y se giró nuevamente para volver a ver a Saga que había esperado pacientemente a que su colega terminara.

         -Sabes, encontré algo perfecto para ti – dijo Saga en su tono usual despreocupado de Casanova.

         -De verdad? Es una coincidencia, porque yo también encontré algo para ti.

Shun se giró y sacó del cajón el regalo que tenía envuelto para él; Saga, sin embargo, puso una excusa estúpida sobre el regalo y al final, Shun entendió que lo único que había recibido era un vago pensamiento hacia su persona de parte de Saga, una tarde que seguramente había ido a comprar cualquier tontería.

De igual forma, Shun le entregó a Saga su regalo. Él lo abrió y se quedó sorprendido al tener entre sus manos la primera edición de un libro sobre ópera inglesa escrito poco más de veinte años y que parecía inconseguible.

         -Cómo haces para conseguir estas cosas? – preguntó Saga aún sin salir de su sorpresa.

         -Supongo que tengo suerte – dijo Shun poniéndose de pie para ponerse la bufanda y el abrigo.

Saga, más que observar a Shun, veía el libro en sus manos y abrió la boca para decir algo más, pero otra de sus colegas interrumpió para llevárselos al salón donde se estaba haciendo la maravillosa cena.

Mientras bajaban a la recepción, Shun recordó que había buscado en todas las librerías habidas y por haber de Chicago, hasta que finalmente lo encontró en una librería perdida en el centro. Cuando lo encontró, sonrió emocionado y, en automático, hizo la compra sin importar que el precio fuera mucho más de lo que cualquiera pagaría después de años de humillaciones y malos tratos; pero sencillamente, Shun no lo podía evitar porque todo su mundo giraba alrededor de esos ojos azul medianoche.

 

         -Estás enojado? – preguntó June, uno de los pocos amigos que tenía Shun en el periódico.

         -No lo estoy – respondió Shun encogiéndose de hombros como para comprobar que no lo estaba.

En realidad, más que molesto con alguien, estaba molesto consigo mismo. Le había entregado un muy buen regalo a Saga y luego habían bajado juntos hablando de tonterías, para que, cuando entraran a la sala, el susodicho desapareciera sin decir nada. Era cierto que no iban juntos, pero Shun odiaba cuando él desaparecía así como si fuera solo.

El director comenzó a hablar sus usuales boberías y luego llamó a June frente a todos.

         -Señorita Meyer… tenemos un nuevo evento para usted – dijo el director en tono bonachón – ningún otro periódico más que nosotros tendremos la exclusiva de esta magnífica boda.

Shun escuchaba detrás de su amiga preguntándose qué actor había llamado ese día para venderles la exclusiva de su boda y lo aburrido que sería volver a acompañar a June que odiaba presentarse sola en esas bodas de tanta alcurnia.

         -Haré lo que pueda, señor – respondió June con una sonrisa y notablemente también emocionada nada más de imaginarse que podría codearse nuevamente con la crema y nata de la sociedad.

         -Este evento incluye a dos de nuestros colegas. Sara Alcott y Saga Bennett.

Shun sintió como su corazón explotó dentro de su pecho, podría jurar que todos escucharon esa explosión aunque al mismo tiempo, estallaron en vítores para los futuros esposos. June se giró para verlo con una cara de total confusión, pero al mismo tiempo con esa expresión de te-lo-dije que nadie soporta cuando sabe que siempre ha estado equivocado. Shun se quedó completamente pasmado, si hubiera sido una chica no le hubiera importado salir corriendo de ahí, pero el hecho de ser un chico que sólo se había acostado un periodo corto con el ahora futuro esposo, lo ponía en una situación bastante mala que sólo le permitía tragarse todo su dolor y empezar también a aplaudir como si nada, aunque todos supieran la verdad. Hubo un momento en que las miradas de Shun y Saga se cruzaron pero ninguno de los dos supo qué hacer. Saga tragó saliva y Shun sonrió como siempre lo hacía a pesar de querer morir justo en ese momento.

Shun estuvo en la fiesta lo más que pudo soportar y luego regresó a su casa que no quedaba lejos de ahí. A él le gustaban las cosas prácticas y mientras más pronto pudiera encerrarse en su casa, mucho mejor. Vivía en un pequeño apartamento con vista a un parque en el que nunca pasaba nada. Entró y mientras le daba de comer a sus peces, comenzó a llorar como una Magdalena sin poder siquiera evitarlo.

 

Aunque Shun sentía que él era el único con problemas de ese tamaño, del otro lado del mundo, en Inglaterra, alguien más tenía problemas. Podríamos decir que mucho peores que los que sufría Shun en ese momento.

Seiya, prácticamente, sacaba a patadas de su casa a su exnovio, sin importarle que la temperatura en el exterior fuera menor a los cero grados y que la nieve llegara casi al metro de altura. El motivo… engaño. Seiya no lo tenía muy claro, pero sólo de ver la cara de “satisfacción” de su novio, lo podía asegurar.

         -Seiya… deja de actuar como un loco – pidió Denzel – por qué no me dejas explicar?

         -Porque no tienes que explicar nada, maldita sea! – gritó Seiya frunciendo el ceño – me queda así… súper mega claro que eres un imbécil! Tú y tu trabajo de mentiras me tienen más que harto!

         -No es un trabajo de mentiras, tú no sabes lo que es dirigir toda esa maldita compañía publicitaria! – exclamó Denzel.

         -Oh, claro que sé, grandísimo idiota! – respondió Seiya – quién ha hecho todos esos anuncios del Soho? No te hagas el interesante sólo porque tú patética empresa “trabaja” hasta las 3 de la madrugada.

Seiya había preparado ese fin de semana para pasarlo en su casa de Surrey con su novio, pero jamás imaginó que el cretino inventaría cualquier excusa para llegar borracho a la cabaña… casi al amanecer y oliendo a cualquier cosa menos a cansancio y estrés después de una noche sin tregua laboral. Si Seiya lo había dejado entrar era para decirle todo lo que en ese momento le decía. A diferencia del tímido de Shun, Seiya era bastante decidido y movido, y le gustaba hablar las cosas de frente sin importar en las consecuencias.

En uno de sus arranques de furia, Seiya logró sacar definitivamente a la fría mañana a su ahora ex novio y le cerró la puerta en las narices.

         -Tienes idea de a qué temperatura está aquí afuera? – se quejó el chico tiritando.

De la venta salieron, entonces, los pantalones, las botas, calcetines, gorros, guante, bufanda y abrigo.

         -Y tienes diez segundos para largarte de la puerta de mi casa – explotó Seiya – y que te quede claro que puedes irte a follar con quién se te pegue la gana, pero por aquí o por mi departamento, no te vuelvas a aparecer!

         -En qué te basas para decir eso? – preguntó Denzel mientras se vestía e impedía que su ropa se mojara.

         -En tu cara de troll mal cogido y conformista, en que no se te nota para nada cansado por el trabajo y el tremendo chupetón que tienes en la nuca! – respondió Seiya porque simplemente no podía quedarse callado.

         -Y por qué crees que lo hago? – dijo el otro en cuanto terminó de vestirse – tú ni siquiera me dejas tocarte.

         -Y para qué mierdas crees que venimos aquí, genio? – gritó Seiya frunciendo el ceño – olvídalo. Que te folle un pez, terminamos y no quiero volver a escuchar tu altanera y rastrera voz!

Seiya subió al segundo piso dando zancadas después de gritar por la ventana. Dio varios saltos gritando y luego se tumbó en la cama y ahogo un grito de desesperación en la almohada, justo en ese momento sonó su celular.

         -Qué quieres, Miho? – preguntó con voz molesta aunque no había sido su intención.

         -Mira, ya sé que pediste el fin de semana, pero… necesitamos saber qué tipografía vamos a poner… y los colores. El cliente no lo quiere azul y Ben dice que esa tipografía no queda.

Seiya suspiró muy profundo y mientras se masajeaba las sienes dio las órdenes adecuadas, no pensaba ir corriendo hasta Londres sólo para escuchar quejas de los clientes después de lo que había pasado.

         -En cuanto lo tengan listo lo mandan al correo, de acuerdo? Y dile a Ben que ponga cualquier tipografía que quiera y que le guste, excepto esa por la que últimamente ha tenido tanto amor.

Seiya se quedó tumbado en la cama viendo el techo; algo que pocas veces hacía. Le dio vuelta al asunto hasta que se cansó de verdad, así que tomó todas sus cosas y las subió al auto para regresar a Londres. Desde ahí podría pensar mil veces mejor en lo que quería o debía de hacer. Estaba agotado por el trabajo, agotado de tener que estar siempre resolviendo su vida y la de los demás. Entonces, sintió la necesidad de irse a un mundo donde nadie lo conociera de nada, que nadie le hablara y que pudiera usar de pretexto que su celular no tenía cobertura.

Al llegar a su casa, lo primero que hizo fue ver si sus subalternos ya habían enviado el anuncio y luego se puso a buscar por internet a donde ir de vacaciones para que nadie lo molestara.

Tenía muchas ganas de huir de Londres, del trabajo y de su vida que, analizándola sistemáticamente, no era la gran cosa. Tenía un maravilloso departamento en la zona de Kensington y si quería, podía caminar hasta el parque; tenía también un linda cabaña en Surrey para el verano y fines de semana. Un auto de lujo, un muy buen trabajo, bastante reconocido… pero sentía que le faltaba algo y justamente eso era lo que lo tenía bastante enfadado ese día. No era el hecho de haber terminado con su novio, es decir, nadie en su sano juicio aceptaría estar viviendo con un embustero; sino que se acababa de dar cuenta de que no tenía a nadie a su lado y cuando lo había, no podía conservarlo.

Seiya estaba consciente de que en algo había fallado, pero para eso se tiene boca y el idiota de Denzel podría haber dicho algo con respecto a la relación antes de irse a acostar con cualquiera. Seiya era directo y esperaba que los demás fueran así con él.

Cuando logró superar su coraje, se puso a buscar el lugar idóneo para vacacionar. Por azares del destino llegó a una página donde podía hacer cambio de casa con alguien, lo que le pareció maravilloso porque de esa forma, se ahorraría un poco el hotel y no se sentiría tan culpable de viajar hasta equis lugar del mundo y pasársela encerrado como tenía pensado hacer. Se dedicaría a comer, ver películas y leer libros.

Decidió ir a un país en el que hablaran su idioma y para su suerte o desgracia, todos quedaban lejos… muy lejos. Eligió Estados Unidos, pero por mucho que quisiera un lugar tranquilo, tampoco pensaba recluirse en las montañas, así que pensó en alguna ciudad no muy catastrófica como Londres, pero si lo suficientemente grande para perderse entre la gente. Al final se decidió por pasar sus tranquilas vacaciones en Chicago.

 

Shun seguía en su departamento en completa depresión, ya no lloraba, pero todo lo hacía en automático. Por milésima vez alimentó a los peces y fue a prepararse su quinta taza de chocolate caliente mientras escuchaba de fondo a Frank Sinatra cantando animosamente canciones de navidad.

Cuando regresó a la sala, donde tenía la computadora, descubrió que tenía varios mensajes de alguien interesado en ocupar su departamento durante esas fechas. Shun no tenía pensado salir de casa, pero al parecer, la persona detrás de la pantalla, sí que estaba desesperada por salir de donde quiera que viviera.

Shun y Seiya mantuvieron una conversación un poco extraña, pero los dos fueron compatibles casi de inmediato. Shun sintió que acababa de encontrar alguien en su misma situación y Seiya sintió lo mismo. A Shun le encantó la idea de irse a perder a una cabaña en Surrey, lejos de Chicago y del ruido; y a Seiya le fascinó la idea de ir a la ciudad airosa y poder conocer el lago que parece mar. Cambiar de aires no les iría mal a ninguno de los dos.

Los dos compraron los boletos lo más pronto que pudieron. Seiya anunció que tomaría todas las vacaciones que jamás había tomado y lo mismo hizo Shun. Al parecer, los dos estaban un poco obsesionados con el trabajo y era como su modo de escape, pero esa vez, la mejor válvula antiestrés era cruzar el Atlántico y llegar a una ciudad en la que nadie los conociera.

Shun tomó el primer avión a Londres y jamás imaginó que justo antes de abordar, Saga le enviaría un mensaje pidiéndole más información sobre su viaje. Shun apretó los labios y no contestó al mensaje hasta que estuvo instalado en su lugar, que para suerte era junto a la ventana. Con el corazón palpitándole fuertemente, Shun le contestó a Saga que no quería saber de él por ese tiempo, hasta que volviera a Chicago. Tampoco le dijo a donde iba, ni la razón, aunque esta última era fácil de imaginar.

Seiya, por su parte, también tomó el primer avión a Chicago y su viaje fue menos placentero que el de Shun pues en su mente se repetía sin cesar el motivo idiota por el que estaba huyendo vilmente de su realidad y había dejado ese proyecto tan importante en manos de esos aficionados que seguro echarían todo a perder. Sin embargo, Seiya no se podía dar el lujo de seguir sacrificando su vida sólo por el trabajo. Estaba decidido a darse su tiempo y conocer el otro continente.

 

Continuará...



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El 02/08/07 a las 06:08:45

Wow que buen inicio de historia

Esta peli es de mis favoritas y espero con ansias la continuacion

sigue asi

lucyblue


FECHA El 08/12/11 a las 07:12:18 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
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El 08/08/07 a las 12:08:28

KONNI!!

Muchas gracias a los que han venido a leer mi nuevo fic n_n

Lucyblue.. mil gracias por el apoyo que siempreme das y por dejar tus comentarios ^^... me inspiras a seguir.

Ahora voy un poco lenta por culpa del trabajo que, como siempre, estropea todo!! 

Este Shun está saliendo demasiado ñoño, no creen?? Todavía no encuentro como la personalidad perfecta para él... pero espero que mejore un poco u.u.

JAA NE



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El 08/08/07 a las 12:08:28

 

HABLEMOS DEL AMOR

II

It’s the most wonderful time of the year

Seiya llegó a Chicago y todo le pareció fascinante. La vida americana era extremadamente diferente y eso le agradaba, seguro que él se sentiría mil veces más cómodo viviendo en una ciudad revolucionara como Chicago y no una ciudad conservadora y vieja como Londres.

Llegó al departamento de Shun y aunque era pequeño y menos moderno que el suyo en Londres, Seiya lo encontró bastante acogedor. La vista al parquecito le pareció encantadora. No pudo evitar sonreír al ver que Shun había dejado un post-it pegado en la pecera diciendo “Aliméntame” y luego los horarios. Seiya no estaba acostumbrado a hacerse cargo de ningún tipo de mascota, pero los peces no molestarían y darles de comer tres veces al día tampoco era para morirse. Se asombró al descubrir que el, no tan espacioso, salón estaba cubierto en su mayoría por libros y la televisión era bastante vieja. Seguro que Shun ni siquiera se preocupaba por encenderla. Shun se había preocupado en dejar un armario solo para Seiya y comida en el refrigerador. En la sala había un pequeño árbol de navidad con esferas rojas y blancas, un par de adornos de monos de nieve sobre la mesa y un encantador peluche de Rodolfo el Reno debajo del árbol. Seiya sintió un poco de escalofríos sólo de pensar que quizá su cabaña en Surrey se iba a convertir en el taller de Santa Claus.

 

Shun por su parte, tuvo que caminar un poco sobre la nieve para llegar a la cabaña. El taxista se había portado demasiado inglés y lo había dejado a dos kilómetros de la casa. Sin embargo, Shun tomó eso como un paseo para reconocer el terreno aunque tenía que arrastrar sus maletas por el tortuoso camino nevado. La cabaña no era como la esperaba, él se había imaginado más una cabañita de cuento de hadas, pero resultó ser una casa de dos pisos que se veía extremadamente moderna. Suspiró un poco decepcionado y entró pensando que mejor hubiera elegido el departamento de Londres. Sin embargo, el interior de la cabaña era bastante acogedor y aunque tenía un estilo moderno, era rústico. Shun recorrió las habitaciones con emoción. Una habitación, un baño, un pequeño despacho, sala, comedor y cocina. Shun estaba acostumbrado a menos, por lo que todo le pareció una maravilla, especialmente la televisión de pantalla plana de la sala.

 

Si se les hiciera una entrevista a los dos chicos sobre su primer día fuera de casa las opiniones serían completamente diferentes. Seiya jamás se había aburrido tanto en toda su vida y Shun jamás se había divertido tanto.

Seiya había probado conducir pero después de casi matar dos peatones, decidió no meterse en líos y dejar el coche donde pertenecía. Después, aunque estaba agotado por el viaje, sencillamente no podía conciliar el sueño. A saber cuántas veces revisó el reloj local y el suyo, pero se dio cuenta de que definitivamente no logaría pegar el ojo a las ocho de la mañana aunque en realidad fueran las dos de la madrugada. Antes, había desempacado, había comprado más comida, se había quedado observando a los peces, gritado y bailado, visto la televisión con los ridículos programas americanos y leído… pero sencillamente, no podía dormir.

Shun, por su parte, después de darle vueltas a toda la casa, cayó como tronco en la comodísima cama. Después despertó y preparó algo para comer, puso una de las películas en el reproductor de DVD. Después, continuó con su lectura y volvió a quedarse dormido. Estaba tan cansado mental y físicamente que simplemente deseaba descansar y pasarla bien. Tenía tres semanas, así que otro día iría a Londres, pero por hoy, la pasaría en casa.

 

Seiya estaba tumbado en uno de los sillones viendo el techo y arrepintiéndose de su decisión apresurada cuando la puerta del departamento se abrió sin previo aviso. Seiya se incorporó de un brinco, un poco asustado al ver que un hombre con chamarra de cuero negra y facha de matón entraba por la puerta.

         -Pero qué…? - exclamó el hombre.

Sin cerrar la puerta, el hombre retrocedió para verificar el número de departamento y luego fijó la vista en el nuevo inquilino.

         -Bueno… me alegro que Shun haya sentado cabeza, por fin – dijo el sujeto cerrando la puerta fuertemente tras él – ya le decía yo que debería conseguirse un novio y dejar de lloriquear por ese bisexual bueno para nada… por muy bien que lo follara.

         -Disculpa!! – exclamó Seiya sorprendido – Shun no está y no sé de qué me está hablando.

         -No está?? – preguntó extrañado el recién llegado y luego esbozó una sonrisa – no hagas caso de lo que te dije. Seguro Shun regresa pronto, le gusta tardarse mucho en el supermercado, te apuesto que te hará una cena estupenda.

Seiya frunció el ceño al ver como su tranquilidad era ultrajada por un desconocido que ni siquiera se había presentado y ahora caminaba directo al baño como si estuviera en su casa.

         -Shun no va a regresar hasta dentro de tres semanas – explicó Seiya desde el pasillo – se fue a Inglaterra.

         -Qué? Pero Shun jamás toma vacaciones!! – respondió la voz dentro del baño – no trates de engañarme, esta vez no me importa que te enchufes a mi hermano las veces que quieras mientras puedas sacarle a ese maldito de  la cabeza.

Seiya casi cae de espaldas al escuchar semejante declaración. Ese sujeto no estaba entendiendo nada la situación y por su forma de expresarse seguro que no era el novio de Shun, quizá un amigo muy cercano, pero de cualquier manera, era imposible imaginar que alguien que ponía un peluche de Rodolfo bajo el árbol de navidad tuviera de amigo a un chopper.

         -Ok, neandertal… escúchame de una buena vez! – exclamó Seiya – Shun se fue a Inglaterra, específicamente a Surrey. Hicimos cambio de casa por tres semanas. Yo no tengo nada que ver con su vida amorosa, sexual o lo que sea, presente o pasada. Mi nombre es Seiya Erizawa y vivo en Londres. Sólo estoy de vacaciones.

El extraño gruñó dentro del baño y luego abrió la puerta para observar fijamente al intruso. No lo había notado antes, pero ahora advertía perfectamente el acento británico. Se acercó a él cautelosamente y Seiya lo enfrentó sin rechistar a pesar de que el recién llegado era el doble de grande que él.

         -Ya veo – dijo pensativo el hombre – bueno, ojalá que allá se consiga algo interesante y deje de una buena vez a ese perdedor.

Seiya suspiró y negó con la cabeza varias veces. Sentía que se acababa de enterar de algo que no debía, por lo tanto no pensaba indagar más; él tenía sus propios problemas. Seiya siguió a Ikki hacia la cocina y se quedó recargado en la puerta, con cara de pocos amigos.

         -Entonces, dices que te quedarás tres semanas? – preguntó otra vez el hombre mientras empezaba a sacar cosas del refrigerador, entre esas cosas, la cerveza que Seiya acababa de comprar.

         -Sí… y agradecería no tener compañía – respondió Seiya cruzándose de brazos y fulminando al sujeto con la mirada nada más de ver como se empinaba la cerveza que acaba de comprar.

         -Pues yo lo siento por ti, hay muchos hoteles por allá – respondió el otro – acabo de regresar del viaje y no pienso irme a ningún lugar. Siempre me quedo aquí y no veo la razón para cambiar mi bella costumbre.

         -Shun no me dijo nada de ti. Qué eres? El embaucador o su guardaespaldas? – preguntó Seiya frunciendo el ceño.

El hombre rió divertido y negó varias veces con la cabeza. Dio otro trago largo a la cerveza y luego miró a Seiya.

         -Soy el hermano de Shun. Ikki Tsukioka. Y estamos que no me iré, verdad, niñito?? – dijo con mirada amenazante.

         -Entonces  me largo yo! – exclamó Seiya enfadado – llamaré a Shun y le contaré la situación. El trato se acaba si no puedo estar en su casa.

         -Sí, como quieras – respondió Ikki encogiéndose de hombros como si no le importara.

Sin embargo, en ese momento, sonó su celular. Ikki normalmente no usaba ese aparato del demonio, pero Shun se lo había dado para estar en contacto por lo menos una vez al mes. Ikki gruñó y contestó el celular. Era un mensaje de voz de Shun de hace un par de días.

“Hola Ikki… para variar no me contestas, seguro vas en plena carretera congelada a Iowa o algo así. En fin… me voy a Inglaterra. Hice un trato raro con un inglés y él ocupará mi casa y yo la suya. Realmente necesito salir de la ciudad por un tiempo. Él se va a casar, sabes? Necesito ver algo nuevo para recuperar mis fuerzas. Si apareces por la casa no seas grosero y trata bien a Seiya. Gracias. Te llamo luego.”

Ikki vio como Seiya empezaba a sacar sus maletas para irse. En realidad, no le importaba lo que ese inglés hiciera de su vida, pero su hermano necesitaba esas vacaciones por su salud mental, así que no podía estropearlo. Él podría caer en cualquier lugar y dejarlos en paz.

         -Me voy – dijo Ikki poniéndose la chamarra otra vez – recibí una llamada urgente. Solo no quemes nuestro departamento.

Antes de que Seiya pudiera decir nada, Ikki ya había salido de la casa sin decir ni una palabra más. Seiya, entonces, hizo una nota mental para quejarse a Shun por la interrupción de ese sujeto salvaje y cavernícola. Seiya volvió a tumbarse en el sillón y se dio cuenta de que quizá no habría sido mala idea tener a alguien ahí. Un espécimen como Ikki no se encontraba muy seguido, además de que no era para nada feo. Sólo que a Seiya no le cabía en la cabeza como alguien como Shun podría tener ese tipo de hermano. Definitivamente no tenían nada que ver.

 

Shun intentaba dormir. La primera noche no había tenido ningún problema, pero era obvio que con tanta ociosidad, no tuviera sueño. Además, el cambio de horario lo tenía vuelto loco. No quería volver a encender la luz o dormiría otra vez hasta tarde y despertaría más tarde y al final, se haría ese círculo vicioso y sus vacaciones las pasaría dormido. Estaba pensando en algún método para noquearse definitivamente, cuando alguien llamó a la puerta. La forma de tocar no era nada normal y tuvo miedo. Encontró un bate y se acercó sigilosamente a la puerta.

         -Mierda, Seiya… abre de una puta vez! – dijo una voz masculina desde afuera – me estoy helando y necesito mear inmediatamente o lo haré en tu jardín como te gusta.

Shun arqueó una ceja un poco asqueado por semejante forma de expresarse, pero al ver que era alguien que conocía a Seiya, dejó el bate y se acercó. Seguramente era el exnovio y él estaría gustoso de cerrarle la puerta en la cara. Shun abrió casi por cortesía y se quedó tan helado como cualquier cosa fuera de la casa en esa noche.

         -Ah… mierda… me equivoqué de número?

         -Esto… no – respondió Shun volviendo a carburar – es la cabaña de Seiya, sí… pero él no está.

El hombre en la puerta se quedó mirando a Shun con una expresión divertida y sonrió suavemente. Shun tragó saliva atropelladamente. Qué demonios hacía un hombre tan atractivo en la puerta de su casa? Eso no pasaba ni en sus sueños.

         -Perdón si interrumpo… pero… de verdad necesito el baño y es el más cercano –explicó el joven rubio de ojos azul cielo frente a la puerta.

         -Sí… claro… pasa – dijo Shun dejándolo entrar.

El hombre sonrió amablemente y entró a la casa rápidamente después de quitarse un poco la nieve de las botas. Cuando pasó al lado de Shun, él no pudo evitar aspirar su olor, una mezcla deliciosa que opacaba casi por completo el  olor a alcohol y tabaco.

         -Soy amigo de Seiya, Hyoga Sychev – explicó el rubio entrando al baño.

Shun abrió la boca para decir su nombre, pero pensó que ni siquiera lo escucharía. Tomó aire profundamente y se repitió mil veces que ese hombre había aparecido por casualidad y no por otra cosa. No se había enterado que un pobre japo-americano con el corazón roto había llegado a la cabaña y no había aparecido a molestar. “Es sólo amigo de Seiya… no tienes que enamorarte sólo porque tocó a tu puerta… bueno, la puerta de Seiya, a medianoche.” Se repetía Shun mil veces mientras el otro usaba el baño.

         -Te asusté? – preguntó Hyoga en cuanto salió del baño.

         -No… sólo fue raro – respondió Shun sintiendo que sus mejillas se enrojecían nada más de ver al hombre frente a él.

         -A decir verdad, ni siquiera imaginé que hubiera alguien. Seiya no usa mucho esta cabaña, sino hubieran abierto, sé donde guarda la llave de repuesto e igual hubiera entrado – explicó Hyoga rápidamente pero arrastrando ligeramente las palabras por el efecto del alcohol – pero no está de más tocar y qué bueno… sino… seguro que te hubiera dado un gran susto, no?

         -Sí, seguro así hubiera sido – respondió Shun tímidamente sin saber cómo actuar.

Se estaba sintiendo como un idiota al darse cuenta de que si ahora le hablaran de Saga no sabría ni quién era. Estaba completamente embobado por el rubio inglés frente a él. Además, empezaba a sentirse muy nervioso porque normalmente hombres como él, jamás se acercaban a Shun y mucho menos hablaban con él de esa forma tan abierta.

         -Y bueno… además de esos hermosos ojos verdes, tienes un nombre? – preguntó Hyoga acercándose peligrosamente a Shun.

         -Sí… soy… Shun Tsukioka – respondió el americano dando un ligero paso hacia atrás y sintiendo su cabeza como una olla a presión que explotaría en cualquier momento.

         -Te molesta, Shuntsukioka si me siento o seguro caigo y romperé algo – dijo Hyoga apartándose de Shun y yendo a sentarse al sofá de la sala.

Shun lo siguió sin dejar de repetirse que las pastillas finalmente habían hecho efecto y él se había quedado más que dormido y ahora soñaba con un príncipe azul, un poco borracho quizá, que había llegado a salvarlo de su obsesión enfermiza por el columnista de eventos culturales.

         -Soy Shun – dijo tímidamente al ver que su nombre era dicho todo corrido, tal y como él, por los nervios, lo había dicho de entrada.

El rubio sonrió divertido y se tumbó en el sofá sin ningún pudor. Como si esa fuera su casa, aunque Shun aceptaba que seguro que la conocía mejor que él.  

         -Y cómo es que decidiste quedarte aquí? Seiya me dijo que su novio se llama Denzel o Pretzel o algo así – dio Hyoga fijando la vista en Shun, que se había quedado recargado en una pared lejos del sofá.

         -Pues… hicimos un intercambio – explicó Shun – él ahora está en mi casa en Chicago y yo aquí.

Hyoga lo miró con interés y asintió levemente. Shun entonces, pensó que seguramente Hyoga pensaría que eso era una tontería y trató de explicar otra vez la situación.

         -No sabía que se pudiera hacer eso – interrumpió Hyoga – tienes vacaciones más baratas sin duda… igual y lo haré algún día.

Shun se cruzó de brazos y movió la cabeza un par de veces sin saber que más decir. No era bueno empezando conversaciones, sin contar que padecía jet lag y los hombres atractivos, amables y adorables definitivamente no eran su fuerte.  

         -Shun, mira… yo vivo aquí… bueno, no aquí en esta cabaña, sino cerca de Surrey y de vez en cuando vengo al pub. Sucede que cuando me paso de copas me puedo quedar aquí – explicó Hyoga – pero si te molesta…

         -No… está bien – interrumpió Shun y se mordió la lengua al darse cuenta de que se había escuchado más que desesperado.

Hyoga esbozó una sonrisa divertida y se quitó el abrigo y la bufanda. Shun se quedó cruzado de brazos sin saber qué hacer, hasta que se le ocurrió ofrecerle algo de beber. Hyoga aceptó una copa de vino y hábilmente se dirigió a la pequeña cava oculta y sacó un vino tinto de denominación francesa.

Shun no se dio cuenta de cuándo se acabó la botella, hasta que quiso probar más y ya no había. No acostumbraba a beber de ese modo, pero se sentía muy bien a pesar de tener un ligero mareo.

         -Creo que por fin podré dormir – dijo Shun levantándose como resorte del sofá.

         -Ok… gracias por dejarme quedar – dijo Hyoga imitando a Shun con una encantadora sonrisa que Shun no pudo evitar responder.

         -Bueno… buenas noches.

         -Buenas noches – respondió Hyoga y se inclinó hacia Shun para besarlo.

Shun se quedó como idiota y se quedó viendo raro a Hyoga; él observó fijamente a Shun como esperando algo.   

         -Es… raro besar extraños – susurró bajando la mirada completamente azorado.

         -Lo crees? Yo lo hago muy seguido… pero sin duda… me ha gustado más contigo que con los demás.

Shun levantó la vista sorprendido de semejante respuesta y se quedó pasmado al sentir las manos de Hyoga acariciar su cara antes de volver a besarlo. Shun sencillamente se dejó llevar por esos besos y caricias. Definitivamente estaba soñando y cuando despertara, se daría de golpes por inventar semejante fantasía, pero no quería que ese sueño terminara. Aunque se sentía un poco culpable por dejarse llevar de una forma tan fácil y por un sujeto que acababa de conocer. Él no era así, de hecho, sus cuatro años perdidos por el amor de Saga parecían desvanecerse poco a poco entre los besos de aquel adorable inglés.

 

Shun despertó y al ver al hombre rubio a su lado, casi grita de gusto. Al final no había sido un sueño, o estaba siendo un sueño muy largo. Sin hacer ruido, salió de la cama para preparar el desayuno. No había duda que todo era real y al final, no había sido mala idea ir hasta allá. Cuando estuvo abajo, no pudo evitar dar brincos de gusto y tararear bajito una de sus canciones favoritas de navidad mientras intentaba preparar el café y veía qué podría hacer para desayunar.

         -Buenos días! – exclamó una voz cantarina a sus espaldas.

Hyoga no se veía como el hombre galán que había llamado a la puerta. Aunque usaba la misma ropa, ahora llevaba lentes y se había acomodado el  cabello en una coleta a la altura de la nuca. Shun se quedó sin aliento con las manos sobre la cafetera, el aspecto hogareño de Hyoga le gustaba muchísimo más que la de galán empedernido. En verdad no tenía ni idea de qué podría decir más que contestar con un hilito de voz al saludo del rubio. Shun no era de esas personas que tienen aventuras de una noche, por más copas de vino que haya tomado. Para su desgracia, dentro de su mente había despertado la conciencia y ahora no sabía cómo actuar aunque Hyoga se comportaba tan tranquilo como siempre.

         -Déjame ayudarte – dijo Hyoga amablemente y enchufando la cafetera la puso a funcionar.

         -Ah… sí, seguro que por eso no podía – dijo Shun sonrojado.

Hyoga esbozó una de sus encantadoras sonrisas y luego reparó en el libro que estaba sobre la mesa. Antes de que Shun pudiera hacer nada, el libro estaba en las manos del rubio.

         -Norwegian Woods – leyó Hyoga suavemente – así que lees a Haruki Murakami.

         -Sí, es mi favorito! – exclamó Shun emocionado – de hecho, es la tercera vez que leo ese libro. Siempre encuentro nuevas sensaciones y sentimientos y cosas cada vez que lo leo. Aunque también he leído los otros que él ha escrito. Tú lo conoces?

Hyoga observó un poco sorprendido a Shun y rió por lo bajo dejando el libro en su lugar.

         -Sí, no he leído todo de él como tú, pero sí. A mí me gustó el Fin del mundo y un despiadado país de las maravillas – contestó Hyoga – y me alegra haber dado finalmente en el clavo para sacarte más de tres palabras de esa boquita.

Shun cerró la boca de inmediato y se puso mucho más rojo que un tomate. Cómo era posible que se portara tan idiota y además se pusiera hablar de libros con el extraño con el que se había acostado. Aunque eso también lo había hecho con Saga mientras observaba como se vestía para irse. Hyoga en cambio, parecía que estaba en la mejor disposición para quedarse en casa un poco de más tiempo y no salir huyendo. Shun estaba bastante desconcertado y definitivamente hubiera sido más sencillo para él que Hyoga se fuera sin decir palabra, aunque muy en lo profundo había una lucecita que brillaba feliz por el curso que estaban tomando las cosas.

La cafetera emitió el pitidito anunciando que el café estaba listo y Shun intentó buscar una taza, esta cayó como del cielo.

         -Cuánto tiempo tienes aquí?? – preguntó Hyoga en tono divertido al ver que Shun no daba una en la cocina.

         -Un día… y medio – respondió – no he puesto mucha atención, como puedes ver.

Hyoga volvió a sonreír y se sentó en la mesa mientras observaba como Shun servía finalmente el café.

         -Sabes? Te estás convirtiendo en el chico más interesante que he conocido – confesó Hyoga sin dejar de mirar la delgada figura de Shun – me parece que tienes mucho que decir pero por alguna razón no lo haces.

Shun, con la mirada baja y sin saber que contestar, le dio el café a Hyoga. No sabía si había sido un cumplido o reclamo, pero en la voz del rubio no había sonado tan mal; Shun se preguntó cómo era posible que una persona que apenas y conocía pudiera hacer una afirmación tan severa sobre él. Con Saga, de hecho, casi tenía que sacar todo eso con tirabuzón y obviamente, nada de eso sonaba real. Sin embargo, Shun estaba consciente de que no podía hacerse ilusiones con Hyoga. A leguas se veía que eran de mundos distintos y completamente incompatibles. De hecho, Shun creía que Hyoga hablaba con él de esa forma porque no lo conocía.

Hyoga ponía leche en su café cuando su celular sonó. Shun, que estaba cerca de él, se lo pasó y no pudo evitar leer “Leo” en la pantalla. Era obvio que Hyoga tuviera una vida normal y él sólo era el americano que se había atravesado en su camino. Hyoga sonrió y colgó la llamada sin siquiera contestar.

         -Ya le llamaré más tarde – dijo encogiéndose de hombros pero con un notable cambio en su voz.

         -Sí, de acuerdo – contestó Shun bajando la mirada.

Hyoga apuró su café sin decir ni una palabra más. Shun notó que estaba un poco molesto, quizá sería la llamada o que se estaba aburriendo de él; Shun votaba más por la segunda opción. Se quedó pensando en qué podría basar su conversación y cuando por fin se atrevió a preguntar algo sobre el pueblo, Hyoga comenzó a hablar.

         -Me tengo que ir – dijo Hyoga poniéndose de pie – pero… dices que te quedarás tres semanas, no? Estos dos días tengo mucho trabajo, pero te parece si nos vemos para ir al pub? También, seguro que querrás ir a Londres, no? Puedo ser tu guía turística.

         -Esto… de verdad no te quiero molestar – dijo Shun – es decir… seguro tú tienes cosas que hacer. Yo me las arreglaré.

         -No digas tonterías, hasta yo tengo vacaciones! – exclamó Hyoga – por lo pronto, nos vemos el viernes por la noche en el pub, te parece?

Shun no se podía negar a semejante invitación… si es que eso era una invitación. Quizá no era tan mala idea divertirse de esa forma durante esas vacaciones. Sería su amor de invierno y luego, cuando regresara a Chicago, tendría más fuerza para vivir y soportar ver a Saga casado con otra. O quizá… todo sería más deprimente porque Shun de verdad quería poder tener una relación con Hyoga. Además, sería idiota rechazar la invitación que pensó que no tendría.

         -Espero verte – dijo finalmente Hyoga y salió de ahí sin decir más.

Shun logró despedirse antes de que la puerta se cerrar, luego suspiró un poco agobiado y se fue a sentar a la cocina para calentarse un poco las manos con el café. Por qué tenía que salir de una para meterse en otra? Sencillamente tenía que decirle a Hyoga que no quería verlo más… por su salud mental, pero Shun estaba cada vez más convencido de que tenía un problema serio de masoquismo. Mientras pensaba en esas cosas, sonó su celular. Shun pensó que sería Ikki y ni siquiera se fijó en quién era cuando contestó.

         -Hola, cariño! – saludó la voz tan familiar que lograba romper todos tus sueños – te desperté o algo? Estoy desvelándome por ti, sabes?

         -Ho… hola, Saga – contestó Shun con voz temblorosa y dejando caer su cabeza sobre la mesa.

Qué más iba a pasar para que todo eso se complicara?

         -Shun… sé que estás de vacaciones, pero necesito que me ayudes con esto. Sé que sólo tú puedes hacerlo – habló Saga sin pedir más explicaciones – iba a esperar más, pero con eso de que decidiste vivir en el futuro, tenía que apresurar las cosas.

         -Sí… bueno… qué necesitas? – interrumpió Shun un poco cansado de esas explicaciones.

Saga sabía perfectamente que Shun aceptaría por igual. Al final, Saga quedó de enviarle unos documentos para revisar y Shun pensó que quizá Hyoga lo podría ayudar con lo de la impresión. Entonces, Shun se sintió más confundido, cómo podía pensar en Hyoga al mismo tiempo en que Saga le pedía un favor y además, le hablaba de la vez que se habían escapado a las montañas. Al final,  Shun decidió que ese día tampoco sacaría su cuerpo de esa casa en la que, por una extraña razón, se sentía muy protegido.

 

Continuará...



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El 08/12/11 a las 09:12:05

Wooooooooo!!

Porfin~~ llegue a inscribirme...

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Solo me queda decir~, CONTINUALO si??

Me encanto!! me fascino, no soy de leer mucho que digamos, pero este fic me ha cautivado y mantenido frente a la pantalla..

soy reciente fan del Hyoga x Shun, asi que alimentame~~ quiero mas~

adore tu forma de escribir, y la historia muy buena, original e interesante.. ^^

Un mp cuando actualices si??


FECHA El 18/12/11 a las 06:12:24 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
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El 08/08/07 a las 12:08:28

KONNI!!

Llegamos al tercer capi del fic!!  Estoy muy contenta porque por fin salí de vacaciones... dos semanas ¬¬... pero seguro que las pienso aprovechar!! Quiero ver mucho anime y espero tener suficiente inspiración para poder terminar los dos fics que tengo pendientes.... ah sí... también mi tesis u.u

Este fic realmente me sale muy fácil, casi que no necesito tanta inspiración y creo que va quedando bien. Este capítulo en especial no tiene nada que ver con la película porque se trata de Seiya e Ikki. Obivamente, Ikki es como muy macho para estar lloriqueando por una actriz cualquiera y Seiya muy él como para dejarse ablandar el corazón por un viejito en andadera... entonces, espero que les guste este capítulo en el que casi no salen Shun y Hyoga... más una leve intervención que es más de la peli.

Gracias por venir a leer y espero sus comentarios, sean buenos o malos n_n

JAA NE

 



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El 08/08/07 a las 12:08:28

 

HABLEMOS DEL AMOR

III

Sleigh ride

Seiya se levantó furioso y de un brinco del sillón y se dispuso a buscar ese sonido horrible de banda de heavy metal por toda la casa. Llevaba casi toda la tarde sonando y no podía más con ese sonido infernal a pesar de que se había propuesto ignorarlo. Finalmente, dio con el celular de Ikki tirado debajo del sofá. Maldijo al pobre aparato y lo apretó fuertemente imaginando que podría romperlo con su fuerza. Vio que el número era desconocido, así que no tenía porque contestar, pero estaba tan enfadado y harto que decidió hacerlo sólo para maldecir al infeliz que se atrevía a interrumpir sus meditaciones y lamentaciones de su vida.

         -Quién mierdas eres y por qué tienes mi celular? – dijo la voz del otro lado de la línea en cuanto escuchó que se abría la comunicación.

         -Vaya... grandísimo cavernícola!! – exclamó Seiya dejándose caer en el piso y reconociendo la voz de Ikki – eres tan idiota que olvidaste tu celular en el depa de Shun.

         -Hubiera preferido tirarlo al retrete que tener que escucharte – respondió Ikki con voz bastante divertida – iré por él en diez minutos, así que si estás desnudo, será mejor que te vistas.

Antes de que Seiya pudiera contestar nada, Ikki cortó la comunicación dejando a un frustrado inglés gritando con desesperación. Cómo era posible que de todas las personas que pudiera haber conocido en Chicago se había encontrado con el eslabón perdido en la evolución. Aventó el celular sobre el sofá y se puso a dar vueltas en la pequeña sala.

Seiya no podía creer que llevara dos días encerrado en un departamento que ni siquiera era suyo. Esa decisión había sido más que precipitada y ahora estaba pagando las consecuencias. Quizá, si regresara a Londres, a su departamento, Shun no tendría que moverse de Surrey, de hecho, ni siquiera se enteraría de que Seiya estaba de regreso en su tierra. Ese plan no sonaba tan mal. El problema era comprar los boletos de una forma fácil y segura y que no costara tanto dinero. Vio, entonces, en el pequeño estudio la computadora de Shun. Seguro que tenía conexión a internet y de ahí podría preparar todo.

Tomó una cerveza del refrigerador y encendió la computadora. Para su mala suerte tenía contraseña; pero Seiya no estaba dispuesto a darse por vencido, seguro que podría averiguarla si indagaba dentro de los secretos de Shun, de hecho, había visto una libreta con cara de diario que gritaba “léeme” y que hasta el momento se había resistido a abrir. Se levantó para ir a buscarlo cuando se abrió la puerta de golpe, dejando pasar a Ikki.

         -Dónde está mi teléfono, sonnyboy? – preguntó Ikki cerrando con la misma violencia la puerta detrás de él.

         -Donde lo dejaste – respondió de mala gana Seiya cruzándose de brazos y viendo que no podía poner en marcha su plan mientras estuviera el cro-magnon ahí.

         -Ah… espiando en la computadora de Shun! – exclamó con un bramido el mayor.

         -Mira, Picapiedra, soy un hombre muy ocupado y aunque esté de este lado del mundo, tengo que revisar si tengo trabajo. Pensé que a Shun no le importaría y el problema es la contraseña. Estaba por apagarla – explicó Seiya más que nada para no meterse en líos innecesarios y que Ikki se fuera.

         -Qué extraño eres! – dijo Ikki arqueando una ceja – si son vacaciones, por qué alguien tendría que mandarte trabajo?

         -Soy el jefe de publicidad – respondió el inglés bastante molesto por el comentario del americano – aunque esté de vacaciones, seguro que me necesitan porque esa gente no puede hacer nada bien.

         -Lo que pasa es que llevas mucho tiempo aquí encerrado comiéndote los mocos – dijo Ikki con un tono un poco burlón pero también conciliador – tengo un trato. Te paso la contraseña y revisas tu correo y eso, pero si no encuentras nada, te pones un buen abrigo y vienes conmigo a dar un paseo por Chicago.

         -Y qué pasa si encuentro algo? – preguntó Seiya nada contento ni conforme con la apuesta.

         -Pues… yo te dejo hacer lo que quieras y no me ves más por aquí – contestó Ikki encogiéndose de hombros como si eso tampoco le importara.

Seiya meditó un par de segundos y luego aceptó la apuesta. Ikki puso la contraseña y dejó que Seiya revisara lo que tuviera que revisar. Por un momento, Seiya pensó que Ikki estaría detrás de él espiando, pero le dio su espacio mientras iba al refrigerador a robar las cervezas que el inglés había comprado. Seiya, sin embargo, lo ignoró y se puso a lo suyo. Su cara palideció al ver que, tal como había dicho Ikki, no tenía ni un solo mensaje. Quizá si se habían tomado demasiado en serio eso de “no quiero que nadie me moleste en estas tres semanas” o definitivamente, nadie lo necesitaba. Se enfadó tanto por perder la apuesta y además, de darse cuenta de que no era tan imprescindible como él lo pensaba.

Apagó la computadora de golpe y luego fue a ponerse la ropa adecuada para salir y subir a una moto con un chopper asesino. Al verlo, Ikki lo observó un poco confundido y sin hacer ningún comentario, esbozó una sonrisa e invitó a Seiya a ir con él.

Abajo, Ikki tenía su súper motocicleta Harley Davidson. Seiya arqueó una ceja y por unos instantes pensó en negarse a subir, pero antes de que pudiera decir nada, Ikki le clavó el casco en el estómago y subió a la motocicleta. Seiya se ajustó el casco y suspirando, se atrevió a subir. Cuando Ikki arrancó, Seiya no pudo evitar soltar un grito y sujetarse con fuerza a la cintura del conductor.

Al percibir la velocidad y el aire golpeando contra él, finalmente sintió que todo su estrés, mal humor, problemas y preocupaciones se escapaban con el viento. Se sentía libre y de no ser por el temor que le daba soltarse, lo habría hecho para estirar los brazos y sentir como partía el viento con ellos.

Ikki condujo la motocicleta por el centro de la ciudad y luego se fue alejando hasta llegar a una zona un poco menos urbana, a las orillas del lago Michigan. Ahí se detuvo y dejó que Seiya estirara las piernas y relajara los músculos.

         -Eso fue divertido! – exclamó Seiya quitándose el casco y luego vio al lago – así que este es el famoso Lago.

         -Sí, así es – respondió Ikki también quitándose el casco – lo ves? Y tú que no querías sacar tu aburrida cabeza del departamento.

         -Eso no es tu problema – dijo Seiya encogiéndose de hombros – de todas formas, no tardaré en irme. Quedarme tres semanas aquí… me voy a volver más que loco.

         -Yo lo que no entiendo es qué mierdas tienen tú y Shun en la cabezota – interrumpió Ikki – Shun cruzando el Atlántico y tú, por X razón desconocida, también. Me huele a que pasas lo mismo que Shun.

         -No es tu asunto – respondió Seiya frunciendo el ceño pero realmente no se sentía molesto – pero para que lo sepas, soy diferente a tu hermano. Él no me dijo nada, pero gracias a tu gran boca, ahora sé que está enamorado de un grandísimo zoquete. Yo no, yo ni siquiera me enamoro.

         -Entonces, eres un alma caritativa y filántropa que desea que todo el mundo viva feliz? – preguntó Ikki mordazmente.

         -Tengo un trabajo que requiere mucho esfuerzo y estaba cansado – dijo Seiya cruzándose de brazos – mi trabajo no es ser un chopper cualquiera. Yo soy un gran publicista de una de las firmas con más prestigio en Londres.

Ikki observó a Seiya y soltó una carcajada. Seiya no entendía por qué le daba tanta risa lo que acababa de decir, pero sin duda se sentía muy ofendido.

         -Pues mira, gran publicista… yo hago tan bien mi trabajo que no tengo ni siquiera que estar encerrado en una maldita oficina soportando a nadie. Quién demonios crees que diseño esta moto, eh? – dijo Ikki sin poder dejar de reír.

Seiya se quedó sin palabras y frunció ligeramente el ceño. No se creía que Ikki, semejante pedazo de cavernícola, fuera capaz de hacer un diseño altamente aerodinámico, con una mezcla de rudeza y sofisticación.

         -A decir verdad, no me importa mucho el por qué estés aquí, sólo de repente me entró curiosidad – continuó Ikki sin darle más importancia – lo que sí es verdad es que tú y Shun se parecen porque les gusta quedar bien con los demás y ponen demasiado empeño en eso. Deberían empezar a simplemente disfrutar la vida tal como viene. De todas formas, vamos a morir y, bueno, mínimo poder decir que la pasamos bien.

Seiya soltó un suspiró sin saber realmente qué responderle a Ikki. No era que él no disfrutara la vida y su maravilloso sueldo, pero quizá, el hecho de disfrutarla iba más encaminado a la plenitud que a la cantidad y calidad de las cosas materiales.

         -No tienes hambre, inglesito? – preguntó Ikki después de un largo silencio en el que fumó un cigarro.

         -Deja de decirme así, salvaje… me llamo Seiya – respondió con un puchero que a Ikki le hizo mucha gracia.

         -Cuando tú me llames por mi nombre, quizá yo recuerde el tuyo – contestó Ikki y se puso el casco para volver a la ciudad.

Ikki lo llevó a un restaurante, no tan sofisticado como los que Seiya acostumbraba, pero tampoco era un mal lugar. Por un momento, el inglés pensó que Ikki lo llevaría a una taberna de paso llena de moscas, borrachos y olores asquerosos; pero resultó ser un lugar tranquilo y más bien de ambiente familiar.

         -No te puedes ir sin probar un hot-dog Chicago style – dijo Ikki pidiendo eso a la mesera con dos coca-colas.

         -Eso me va a matar – dijo Seiya con un poco de náuseas viendo como un par de estadounidenses, prácticamente, devoraban el hot-dog.

Ikki soltó una carcajada al ver la cara de susto del inglés. Seiya, por alguna razón desconocida, ya no se sentía tan molesto y de hecho, empezaba a disfrutar la compañía de Ikki y de conocer la ciudad. Como Seiya no se podía quedar mucho tiempo callado empezó a interrogar a Ikki que, en un principio contestó con paciencia, pero a la quinta pregunta explotó.

         -Qué es esto?? Una entrevista de trabajo o qué?? – dijo frunciendo el ceño – haces esto con todas las personas que conoces.

         -Supongo… está mal querer saber lo que haces de tu vida si apenas te conozco?? Además, sólo has contestado con monosílabos – renegó Seiya dando un sorbo a su refresco.

         -Claro que voy a contestar con monosílabos, sólo haces preguntas y no sigues una conversación. La gente normal responde dando información de su persona – dijo Ikki frunciendo el ceño.

         -Yo no hablo de mí – respondió Seiya con un poco de aire altanero – además, qué querrías saber de mí de cualquier forma. Me iré y no volverás a verme.

         -Entonces, para qué demonios me interrogas?? – preguntó Ikki mirándolo fijamente pero de una forma más dulce e interesada.

Seiya, sin poder evitarlo, se sintió completamente atraído ante esa mirada tan fija e interesada. Seiya no pudo evitar ruborizarse un poco porque, podría jurar, que nadie en toda su vida le había dedicado una mirada igual.

         -Simplemente relájate – dijo Ikki tranquilamente – estás de vacaciones y como dices… te irás y no te volveré a ver. Por qué no simplemente sacas todo lo que tienes dentro y listo. Deja de hacerte el fuerte.

El inglés se mordió un poco los labios y cuando iba a empezar a hablar, por arte de magia aparecieron los dichosos hot-dogs.

         -No vamos a dejar que se enfríen, no?? – dijo con una gran sonrisa antes de metérselo a la boca, muy al estilo americano.

Ikki esbozó una sonrisa y lo dejó pasar por esa vez. De cualquier forma, él tampoco era nadie para obligar al inglés a contarle su vida si él no quería.

 

Como habían quedado, Shun y Hyoga fueron al pub a cenar. Shun no estaba muy seguro de poder pasar una velada así con Hyoga, pero al final se sintió más en confianza y descubrió que Hyoga tenía algunos gustos en común, más de los que Shun pudiera haber imaginado.

Al día siguiente, sin embargo, Shun amaneció con la peor resaca que jamás hubiera tenido en su vida. Bajó las escaleras todavía dando trompicones y Hyoga no pudo evitar sonreír y reír un poco.

         -Jamás en mi vida había tomado tanto! – exclamó Shun desplomándose en la silla de la cocina.

         -Te aseguro que nadie ha tomado tanto como tú lo hiciste – respondió Hyoga divertido.

         -No es gracioso – respondió Shun dejando que su cabeza descansara sobre la mesa.

Hyoga sonrió y dejó una taza de café frente a la cara de Shun.

         -Me siento tan patético – susurró Shun suspirando – por qué te quedaste?

         -Porque tú me lo pediste – respondió Hyoga con una sonrisa.

Shun levantó la cabeza de golpe para ver fijamente a Hyoga y en su mente se vio rogándole que se quedara e incluso pidiéndole que tuvieran sexo. El hecho de no recordar nada lo hacía sentirse muy avergonzado y estúpido. No comprendía por qué se había permitido emborracharse de tal manera.

         -No te rogué… ni hice nada raro, verdad? – preguntó tímidamente – es que no recuerdo nada.

         -Sí, lo imagino – respondió Hyoga divertido – porque estabas casi inconsciente. Quizá debo decirte que para tu tranquilidad no hicimos nada y eres bastante dócil. Obedeces perfectamente y sabes lo que es la decencia. Lo único que me rogaste fue que no te quitara la ropa para no verte desnudo.

Shun soltó una exclamación y, completamente sonrojado, escondió la cara entre sus brazos sintiéndose realmente estúpido y humillado. Hyoga no pudo evitar reír y se acercó a él alborotándole un poco el cabello.

         -Lo último fue broma.

Shun levantó la vista y puso cara de pocos amigos. En esa situación, lo mejor era no hacer ese tipo de comentarios, pero no le podía decir nada a Hyoga después de que se había portado tan amable con él. Estaba por decir algo cuando sonó el celular de Hyoga. Shun se lo pasó y leyó en él “Alisa”… antes había sido el nombre de un chico y ahora una chica.

         -Tengo que contestar – dio Hyoga.

Shun observó como salía de la casa para hablar con la tal Alisa. Escuchó claramente como la llamaba “dulzura”, “cariño”, “cielo” y demás motes empalagosos y aburridos… pero que moría por poder escucharlos para él.

Hyoga regresó a la casa y observó a Shun unos momentos. El americano sintió que con esa mirada lo estaba desnudando, pero no dijo nada, sólo se encogió un poco sin saber a dónde mirar.

         -Conoces Londres? – preguntó Hyoga – qué tal si nos vamos el fin de semana allá. Seiya tiene su departamento y si ahora ocupas su lugar, no hay razón para no usar también su departamento, no?

Shun esbozó una sonrisa divertida y negó con la cabeza.

         -Quedamos muy claramente que sólo viviría aquí, además, no tengo la llave de su departamento – explicó Shun con un tonito de niño bueno.

         -Diremos que fue mi idea… y no te preocupes por lo de la llave, yo tengo duplicado – dijo Hyoga guiñándole el ojo.

Shun torció un poco la boca pues no estaba muy convencido, pero la expresión de travesura y aventura que mostraba la cara de Hyoga lo convenció por completo. Seiya no tenía que enterarse que habían pasado la noche en su departamento si lo dejaban tal y como lo habían encontrado.

 

Seiya entró corriendo al departamento de Shun directo al baño. Ikki se encargó de cerrar la puerta y con toda la paciencia del mundo empezó a quitarse la chamarra, guantes y bufanda para dejarlas en el perchero.

         -Nunca… vuelvas… a llevarme… ahí!! – gritó Seiya desde el baño.

         -Te dije que un mojigato como tú que sólo toma té no debería estar tomando cerveza alemana de hombres!! – respondió Ikki encogiéndose de hombros y yendo a sentarse a la sala.

Seiya salió del baño con un aspecto horrible y sintiendo aún mareos. Ikki lo observó por unos instantes esperando alguna queja pero esta no llegó. Seiya, simplemente, se dejó caer en el sillón de la sala.

         -Estoy convencido de que fue la velocidad con la que me trajiste aquí – dijo Seiya con voz cansada.

         -24 millas por hora no es nada!! – renegó Ikki mirando ahora con algo de preocupación a Seiya – está bien??

         -Sí… después de quitar del estómago el embutido que me hiciste comer y las cervezas… seguro que estoy mejor – respondió con algo de sarcasmo.

         -Bueno, entonces me voy – dijo Ikki poniéndose de pie y esta vez cerciorándose de llevar su celular.

Seiya se quedó en el sillón sin saber qué hacer o qué decir para que Ikki se quedara. Quería poder decírselo directamente pero por orgullo no podía hacer eso. Ya le había costado mucho trabajo admitir que ese día la había pasado muy bien y, de verdad, había disfrutado ir montado en la motocicleta; a pesar de que el hot-dog había sido como una bomba para su delicado estómago, le había encantado, lo mismo que la cerveza.

Ikki abrió la puerta y Seiya buscó rápido en su cabeza algo para retenerlo.

         -Tienes razón, soy como Shun – soltó Seiya casi gritando.

El otro se detuvo en la puerta y miró extrañado a Seiya, pues no esperaba ninguna reacción del inglés.

         -Yo… no sólo era el trabajo. Dejé a mi novio porque, a saber cuántas veces, me engañaba con lo que se le pusiera enfrente. Me dijo que le aburría el sexo conmigo, que sólo me preocupaba por mi trabajo y que era una persona realmente aburrida. Obvio que todo eso hizo que explotara y quise huir de esa maldita ciudad – explicó Seiya rápidamente – ahora… yo no esperaba encontrarme con nadie, de hecho, tenía la decisión firme de no necesitar a nadie, pero… estos días han sido un verdadero calvario que sólo hacen que me torture y piense más y más en lo que ese patán dijo sobre mí. Pero hoy, finalmente, la he pasado muy bien y no me molesta si te quedas.

         -Quieres que me quede?? – preguntó Ikki realmente sorprendido.

         -Sí… bueno… como tú quieras. Es… más divertido hablar con alguien – confesó Seiya bajando un poco la mirada.

La puerta se cerró detrás de Ikki y antes de que Seiya pudiera decir nada, ya estaba en los brazos del mayor entregándose por completo a los besos que le daba.

Seiya pensó que era una locura, pero tampoco quería perderse de esa oportunidad y el hermano de Shun besaba como nunca nadie lo había besado y sólo de sentir ese cuerpo fornido sobre él se sentía en el paraíso.

CONTINUARÁ...



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El 02/08/07 a las 06:08:45

Hi Hi

me  falto el coment del capi 2 pero ahora lo pongo con el del 3.

esta genial el fic y es esta poniendo mejor. esta peli de por si es de mis favoritas.

yo quiero un patito que se vea tan sexy por las mañanas!!!

espero con ansias la continuacion

sigue asi

lucyblue


FECHA El 24/12/11 a las 08:12:18 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
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El 08/08/07 a las 12:08:28

 

FELIZ NAVIDAD 2011!!

 

HABLEMOS DEL AMOR

IV

Christmas through your eyes

Hyoga condujo hasta Londres y Shun no sabía hacia donde ver. Si a la hermosa carretera llena de bosque y nieve o al hombre que iba a su lado. Todo eso parecía mucho más que un sueño, Shun estaba convencido de que jamás había soñado con escapadas a Londres o a cualquier lugar. Sus sueños eran más bien modestos.

Hyoga entró hasta Westminster y después de estacionar el coche, los dos fueron a pasear. Shun se comía con los ojos todos los edificios de la zona; Hyoga, lejos de sentirse como un londinense, se dejaba llevar por la emoción de Shun y al final, los dos parecían un par de turistas descubriendo las zonas turísticas de Londres.

Hyoga se encargó de llevar a Shun a todos los lugares que cualquiera tenía que ver en su visita a Londres, pero también lo llevó a lugares un poco más escondidos que sólo los habitantes de la ciudad conocían. Shun estaba completamente fascinado por la ciudad y por la compañía. Y todo tuvo tintes extremadamente románticos cuando, al atardecer, caminaron juntos por la orilla del Támesis.

Al anochecer fueron al departamento de Seiya. Shun realmente pensó que Seiya la estaría pasando un poco mal en Chicago pues él no tenía todas las comodidades que tenía el departamento de Seiya. Se asombró del buen gusto del inglés y que todo estuviera en su sitio y casi brillando de limpio.

Shun sintió un poco de vergüenza usar la cama de Seiya para hacer el amor con Hyoga y por unos minutos se sintió incapaz de seguirle el ritmo al rubio, pero las caricias y besos de Hyoga pronto lograron hacerlo olvidar sus miedos y penas.

Hyoga le mostró los anuncios publicitarios hechos por Seiya en la zona de Soho y pasaron mil veces por el famoso puente de Londres. Visitaron el castillo y los parques. Subieron al London Eye donde Shun definitivamente se olvidó de todo y sólo observó la maravillosa ciudad de Londres pegado a la ventanilla de la caseta.

El domingo por la tarde regresaron a Surrey y Hyoga prometió que llamaría pronto pero que por un par de días estaría trabajando en casa. Shun se despidió de él y se puso a dar saltos mientras tarareaba una de sus canciones favoritas. Esa noche durmió soñando con Hyoga.

Al día siguiente, Shun se moría de ganas por llamar a Hyoga, pero estaba seguro que si lo hacía las cosas se complicarían más. Él regresaría a Chicago y tendría que olvidarse del rubio. Shun estaba convencido de que si no podía conservar una relación normal, mucho menos una a distancia. Lo mejor era esperar a que Hyoga llamara y mientras él seguiría el plan que había pensado. Se tumbó, entonces, en el sofá y volvió a tomar el libro de estaba leyendo.

Cerca del medio día llegó el de mensajería y le entregó un paquete. Shun se sorprendió al ver al remitente, pensó que Saga enviaría su trabajo por correo electrónico y así no tendría porque corregirlo, puesto que en esa cabaña de veraneo no había conexión a internet. Saga de verdad lograba ser audaz e insistente cuando se lo proponía, seguro que había hablado con Seiya para obtener la dirección en la que ahora se encontraba.

Suspirando abrió el sobre y sólo estaban las hojas. Ni una nota de agradecimiento o felicitación. Shun estuvo por aventar los papeles a la fogata, pero se contuvo y decidió mejor ir en busca de Hyoga.

Compró vino, dulces, chocolates y algo de comer de paso y luego, con ayuda de algunos vecinos, logró llegar hasta casa del rubio. Shun se asombró que la casa de Hyoga fuera tan grande sólo para él. Una casita también rústica de dos pisos, con un enorme jardín con estanque donde había un par de cisnes blancos.  Todo estaba bellamente adornado con motivos navideños, algo que Shun jamás imaginaría ni por asomo; se le antojaba más que Hyoga fuera como Seiya y viera las cosas más prácticas.

Tomó aire y llamó a la puerta dudando un poco. Estaba por salir corriendo cuando la puerta se abrió.

         -Ho… hola!! – exclamó Hyoga nerviosamente.

         -Esto… sé que me dijiste que tenías mucho trabajo y no quiero interrumpirte de verdad, pero imaginé que podría cocinar algo para ti – dijo Shun tímidamente mostrándole las bolsas.

Hyoga sonrió forzadamente y estaba por decir algo, pero los sonidos detrás de él fueron perfectamente audibles. La sonrisa de Shun se desvaneció al instante.

         -Estás con alguien, verdad?? – preguntó Shun sintiéndose un verdadero idiota por no aprender y no ver las señales tan claras.

         -Sí… así es – respondió Hyoga – pero…

         -No… está bien. Yo entiendo perfectamente que el único que está actuando como bobo soy yo – interrumpió Shun notando que el golpe en el pecho realmente no era tan fuerte. Quizá estuviera acostumbrándose pero aún así, no podía soportar que Hyoga lo hubiera tratado como el chico del fin de semana.

Shun notó que Hyoga intentaba decir algo; sin embargo, antes que nada, la puerta se abrió más y un pequeño niño muy parecido a Hyoga pero con los ojos verdes salió de ahí.

         -Quién es, papá?? – preguntó el niño mirando a Hyoga.

         -Él es Shun… un amigo – respondió de inmediato el rubio sintiéndose muy nervioso.

Shun estaba completamente sin palabras y sólo atinó a esbozar una ligera sonrisa para el niño, después de todo, el pequeño no tenía la culpa de nada, ni de que su padre fuera un verdadero idiota. No le cabía en la cabeza cómo Hyoga se había atrevido a llevarlo a Londres y hacer el amor con él de la forma en que lo había hecho cuando tenía un hijo tan parecido a él. Shun notó que Hyoga estaba realmente incómodo con la situación, pero no dejaba de sonreír como Shun lo hacía. El americano decidió despedirse y dar la media vuelta, pero otra vocecita, más dulce que la primera le llamó la atención.

         -Hola!! – saludó una pequeña niña de rasgos tan delicados como una muñeca de porcelana, mucho más parecida a Hyoga que el niño.

         -Ho… hola!! – respondió Shun.

Hyoga cargó a la pequeña y luego, después de un profundo suspiró empezó a hablar.

         -Ellos son Alisa y Leo – explicó Hyoga – mis hijos como… ya te habrás dado cuenta.

         -Pues… sí… creo que mejor me voy – dijo Shun sin saber realmente como actuar aunque moría de ganas por tener una explicación.

         -No… quédate!! – dijo Leo de inmediato – papá casi no trae amigos y es un poco aburrido. Hoy vamos a hacer chocolate caliente, te gusta?? El de papá es delicioso!!

Shun no pudo negarse, porque la pequeña manita del extrovertido Leo ya estaba sobre su abrigo y lo invitaba a pasar.

Shun entró y dejó la bolsa en el suelo para poder quitarse del abrigo, los niños, prácticamente, se abalanzaron sobre ellos.

         -Es para nosotros, verdad?? – preguntó Alisa sonriendo.

         -Sí… claro – respondió Shun todavía sin poder creer que eso estuviera sucediendo – pero la botella de vino es para papá.

Hyoga recuperó la botella y observó a Shun con algo de nerviosismo y tristeza. Era inevitable no sentir el ambiente extraño que se había formado entre los dos y Shun se sintió en esas películas que robaban taquilla cada 14 de febrero en su país, pero no dejaba de fingir una sonrisa mientras los niños sacaban los dulces y chocolates haciendo exclamaciones.

         -Estás casado?? – preguntó Shun en voz baja mientras fingía colgar el abrigo.

         -No – respondió Hyoga de inmediato.

         -Divorciado?? – volvió a preguntar el americano esta vez apretando un poco los dientes sin saber cómo soportar la vergüenza que sentía.

         -Viudo – respondió Hyoga de inmediato – hace dos años y tenía pensado explicarte pero…

         -Papá… el chocolate se quema!! – gritó Leo.

Hyoga soltó una exclamación no muy decente para estar frente a dos niños y se apresuró a la cocina. Los niños corrieron emocionados detrás de su papá y Shun, sin tener otra opción, los imitó pero con menos emoción y sintiendo que estaba en el lugar más equivocado que cualquiera que se hubiera encontrado. Por suerte, el chocolate se salvó y después de servirlo, los cuatro se sentaron a la mesa a beberlo.

Hyoga tuvo que detener una pelea sobre cuántos bombones había en cada taza, después soportar que algo de chocolate cayera sobre su camisa y pantalón y más tarde, hacer el bobo con una servilleta en la cara. Shun moría de risa, pero aún sentía cierta tensión y reticencia de Hyoga por abrirse y mostrarse tal cual era. Shun, por su parte, intentó relajarse y empezó a bromear con los chicos y a hacer juegos y contarles cosas de Estados Unidos. Alisa no sabía ni qué era eso, pero estaba fascinada con la idea de que Shun vivía mucho más lejos que Manchester.

         -Hoy en la tarde, hicimos una tienda de campaña – explicó Leo cuando terminaron el chocolate – quieres verla?

         -Leo… no creo que a Shun le guste ver nuestros juegos – intervino Hyoga.

         -No te gustan las tiendas de campaña?? – preguntó Alisa con una carita tan triste que Shun no pudo negarse más.

En lo que Shun supuso que era el cuarto de juegos, se alzaba una tienda grande hecha de sábanas rosas, rojas y azules; el suelo estaba cubierto de mantas y almohadas. Alisa no tardó en correr y ofrecerle su almohada favorita a Shun e invitarlo a recostarse a su lado. Por dentro, la tienda tenía colgados dibujos de soles, estrellas y lunas y estar recostado ahí daba una sensación de tranquilidad tan placentera que Shun pensó que si cerraba los ojos se quedaría dormido de inmediato.

         -De verdad ustedes hicieron esto?? – preguntó Shun sorprendido.

         -Sí… es nuestro castillo encantado!! – exclamó Alisa – yo soy el hada del castillo, Leo el dragón y papá el caballero.

         -Y no hay una princesa?? – preguntó Shun pero al instante se dio cuenta de que había metido la pata.

         -Es que dice el caballero que todavía no la encuentra – respondió Leo tranquilamente pero con un poquito de reproche en la voz hacia su padre.

         -Yo creo que no ha buscado bien – terció Alisa recargándose un poco en el hombro de su papá.

Shun tragó grueso sin saber qué responder eso, ni como cambiar la conversación; pero fue Hyoga el que llegó al rescate.

         -Por qué no le cuentan a Shun lo que le pidieron a Santa Claus? – dijo Hyoga tranquilamente sabiendo que sus hijos adoraban esa pregunta.

Los niños se pusieron a hablar de los regalos que querían y luego hicieron una discusión entre ellos sobre la veracidad de que Santa llevara o no carbón a los niños malos y quién de los dos recibiría el carbón. Shun no pudo evitar esbozar una ligera sonrisa que desapareció como congelada al sentir que Hyoga acariciaba lentamente su mano y lo miraba fija y cariñosamente. Eso se estaba complicando más de lo que Shun hubiera deseado y seguro que Hyoga tampoco quería eso. Lo sano era dejarlo aunque ahora le doliera más que antes.

Los niños se quedaron dormidos en su fortaleza y con cuidado para no despertarlos, Shun y Hyoga se levantaron para arreglar las cosas de adultos de las que no querían hablar pero tenían que hacerlo.

         -Shun… normalmente los niños no son tan abiertos con las personas, pero a ti te adoraron – explicó Hyoga en cuanto llegaron a la sala – Leo se ha vuelto más mi protector, como el dragón que dice que es; y Alisa… ella simplemente es demasiado tierna e inocente para imaginar nada pero todo quiere descubrir y pregunta de todo. Perdón si llegó a molestarte.

         -No, está bien – respondió Shun encogiéndose de hombros – tus niños son bien lindos. Normalmente no interactuó mucho con niños, pero con ellos, sólo quería abrazarlos.

Hyoga esbozó una sonrisa amplia de un perfecto padre orgullo, Shun también sonrió pero bajó la vista con tristeza. Shun se dejó caer en el sofá casi sin fuerzas para decir nada o pedir explicaciones. Por mucho que le gustara Hyoga, ahora resultaba aún más imposible; cómo iba a ser capaz de alterar ese ambiente familiar tan hermoso donde él, sencillamente no encajaba y otra vez deseó ser una chica porque seguro que todo sería muchísimo más sencillo.

         -Por qué no me hablaste de ellos?? – preguntó Shun finalmente – no… realmente eso no importa, por qué les haces eso?? Por qué te pones borracho y te encamas con… lo que se te antoje. Todo este tiempo, me sentí realmente idiota, tímido y en un sueño porque alguien como tú estaba conmigo. No sabía ni cómo actuar y ahora resulta que el que no fue sincero fuiste tú.

         -Shun… perdóname – dijo Hyoga suspirando – no es sencillo ser papá las 24 horas. Aprendí a coser y cocinar, a entender a un niño de seis años y a una niña de cuatro. Cuando ellos van con sus abuelos y salgo, puedo ser realmente yo. No me veo siendo “el papá” frente a los demás. No es por ellos porque yo los adoro, pero también quiero una vida… es decir… volver a levantarme y sobrevivir el día a día. A los tres todavía nos duele. Tampoco quiero que alguien más entre en nuestro mundo que nos ha costado tanto trabajo levantar.

Shun observó fijamente a Hyoga y suspiró pesadamente. Shun ya se había imaginado esa situación, pero no lograba entender por qué Hyoga lo había elegido a él de esa forma. Hyoga definitivamente no pensaba hablarles de sus niños nunca y definitivamente tampoco lo iba a meter en su vida con facilidad. Shun trató de tomárselo con calma, después de todo se había propuesto que Hyoga sería su aventura en el país extranjero y ya, pero ahora que lo había visto en su inseguro mundo real, se enamoró más de él.

         -Creo que te entiendo – dijo Shun tranquilamente mientras se levantaba – te resultó más fácil de esta forma porque yo me iré en un par de semanas y no tendrás que recordar nada de esto. Sabes, creo que ni siquiera debería estar haciendo este escándalo; simplemente yo no entro en tu vida… es imposible que encaje.

Hyoga también se levantó después de acomodarse sensualmente el cabello, Shun se dio cuenta de que esa sensualidad era más natural que el agua de manantial y trató de no verlo. Hyoga se interpuso en su camino y lo miró fijamente.

         -Shun, seré muy sincero esta vez… creo que tienes razón – respondió Hyoga – no encajamos, y es porque yo, en mi situación, realmente no encajo con nadie. Cocino, coso, lavo ropa y limpio la casa, pero también tengo que trabajar en la televisora y tratar de llevar una vida con mis hijos. Pero de verdad, yo no pensaba, es decir, si te lastimé, nunca fue mi intención.

         -No te preocupes – respondió Shun con cierto tono de altanería que usó más por defensa propia que por sentirlo – cumpliste tu misión de ser el “amor de invierno” que me haría olvidar a otro. Ya me voy.

Hyoga se quedó sin palabras y acompañó a Shun hasta la puerta sin saber que más decirle. Shun, por su parte, se repetía mentalmente las palabras tan crueles que le acababa de decir a Hyoga; sin duda, el rubio no tenía culpa de nada de lo que le había pasado antes y él se había cargado con toda la ira contenida, pero así iba a ser más fácil. Al menos, ahora Hyoga tenía una razón real para no llamarlo y Shun sabría el motivo sin tener que devanarse los sesos.

         -Hyoga… tienes hijos preciosos… mejor disfrútalos y deja de pretender – observó Shun antes de salir.

         -Shun, espera… necesitas que llame un taxi?? – preguntó Hyoga preocupado.

         -Me hará bien caminar… con suerte y me congelo camino a casa.

Fue Shun el que cerró la puerta de casa de Hyoga sin dejarle oportunidad de defenderse.

Mientras caminaba por las calles nevadas de Surrey, Shun dejó que todo su dolor se desvaneciera y se quedará ahí; en esas calles cubiertas de nieve que crujía debajo sus pies y tan lejos de su realidad. Su vida no estaba en Surrey sino en Chicago, de lo que había ocurrido con Hyoga tenía la opción de desecharlo todo o sólo quedarse con lo bonito; en ese instante no podía tomar una decisión porque los recuerdos lindos llegaban a ser dolorosos. Otra vez, Shun se veía metido en una situación familiar en la que él, naturalmente, salía perdiendo. Un matrimonio o hijos quedaban muy fuera de su alcance y eran algo sagrado en lo que no se atrevía a inmiscuirse. Shun pensó que la mejor solución era dejar de creer en cuentos de hadas de Disney y darse cuenta de su realidad. Shun se detuvo en una vereda poco iluminada para contemplar por primera vez el alto cielo oscuro lleno de estrellas brillantes, pensó que seguramente, si alguien lo estuviera observando, estaría riéndose de su patética existencia. Sin embargo, ver el cielo de invierno, lejos de casa, lejos de lo que conocía y con el corazón herido, le hizo añorar una vida más sencilla en la que él tuviera realmente el control de todo y no fuera arrastrado por las circunstancias.

Al día siguiente, Shun necesitaba urgentemente hablar con alguien medianamente familiar, así que decidió llamar a casa. Fue a un restaurante donde la prestaron el teléfono.

         -Hola? – contestó Seiya con una voz más cantarina de lo habitual.

         -Seiya, soy Shun – explicó sintiéndose de repente aliviado – cómo estás?

         -Shun, debiste decirme que Chicago es la onda!! – respondió Seiya – es decir… el lago, las avenidas… el barrio Ucraniano, realmente lo adoro. Y esos hot-dogs… todavía no puedo acabarme uno sin sentir el estómago revuelto, pero estoy en eso.

         -Me da mucho gusto que te sientas tan bien en Chicago – respondió Shun un poco sorprendido, al menos él no la estaba pasando tan mal.

         -Y qué tal Surrey?? Has ido a Londres?? De hecho, también puedes usar mi depa ahí, te doy la dirección si quieres y la llave de repuesto está en la maceta de afuera – explicó Seiya.

         -Gracias – respondió Shun casi dándose de topes contra la pared – esto… no ha ido mi hermano, cierto??

         -Ikki?? Claro, de hecho, esta justo aquí preparando el desayuno – dijo Seiya mirando hacia Ikki – llegó un par de días después de mí, nos hemos divertido. Sé que es un poco cavernícola si es lo que te preocupa, pero he sobrevivido a sus costumbres salvajes.

         -Me alegra saber eso – susurró Shun frunciendo un poco el ceño aunque sin perder el tono amable – podrías dejarme hablar con él??

         -Claro, Shunny… un segundín!!

Shun apretó con fuerza el  auricular del teléfono entre sus manos, Ikki de verdad podía ser bruto y de haber contestado antes el maldito celular ni siquiera se hubiera topado con Seiya. Aunque el inglés no se mostraba particularmente enfadado, de hecho estaba más que feliz.

         -Dime – dijo la voz de Ikki después de un par de segundos.

         -No puedo creer que te hayas follado a Seiya!! – exclamó Shun olvidándose casi por completo que en el restaurante, Seiya era una estrella – por qué demonios nunca contestas el maldito celular!?

         -Shun, está en altavoz!! – gritó Seiya.

Shun pudo farfullar algunas disculpas mientras escuchaba la risa desvergonzada de su hermano.

         -No le hice nada que no quisiera – dijo Ikki finalmente.

         -Quieres dejar el maldito altavoz y hablar como gente decente?? Sabes cuánto me está costando esta llamada?? – regañó Shun.

         -Hago el desayuno, da igual lo que digas, lo más fuerte ya lo escuchó – respondió Ikki.

         -Oye, Shunny, te puedo pasar la dirección de Hyoga. Es un amigo y seguro que la pasas de  lujo con él – intervino Seiya de pronto – es más, le llamaré para que vaya a buscarte. Tiene un par de niños encantadores que te pueden hacer morir de risa, especialmente Leo… Alisa es una muñequita preciosa!!

         -Ah sí?? – dijo Shun sin mucho entusiasmo que Seiya, obviamente no notó por lo feliz que estaba.

         -Él lleva a los niños a Londres seguido para estas fiestas, entonces, será más divertido que ir solo. Ya lo llamo y de seguro llegará a tu puerta como un ángel salvador!! No te has aburrido??

         -No, de hecho no – respondió Shun suspirando mientras revivía lo realmente salvador y mágico que era Hyoga, pero ya no podía meterse más con eso – sabes, se está terminando el tiempo… pásenla bien y traten de no destruir mi departamento. Alimenta a los peces, sí??

         -Claro!! No te preocupes por eso – dijo Seiya – tú sigue divirtiéndote y relajándote. Más tarde llamo a Hyoga, ok?? Bye bye… Shunny!!

Shun escuchó como su hermano se despedía de él con un “folla como loco para que se te quite el frío” y después de, él mismo murmurar un feliz navidad, cortó la comunicación.

Qué iba a pasar si Seiya hablaba con Hyoga?? Acaso él le contaría todo?? Ya no importaba en absoluto lo que sucediera, al parecer lo peor había ocurrido y ahora sólo quedaba afrontar las consecuencias que seguramente no iban a ser tan desastrosas porque, en cierta forma, nadie tenía que rendir cuenta a nadie.

Continuará..



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FELIZ AÑO 2012!!!!!

 

HABLEMOS DEL AMOR

V

Christmas Eve

Seiya se acurrucó al lado de Ikki después de tener sexo por n vez en el día. El inglés estaba completamente fascinado por la forma que tenía Ikki de hacerlo caer en sus brazos y disfrutaba muchísimo dejarse llevar por las ideas locas de su pareja.

         -En Inglaterra es ilegal hacer eso que acabamos de hacer – murmuró Seiya con una sonrisa.

         -Por eso son aburridos – respondió Ikki abrazando a Seiya para juntarlo más a su cuerpo – lo divertido de los Estados es que lo que para ustedes es ilegal, aquí es hasta gratis.

Seiya rió divertido y se acurrucó más contra Ikki. Tenía que admitir que no se imaginó pasar esas vacaciones de esa forma, pero definitivamente, ya no se arrepentía más de haber tomado esa precipitada decisión.

         -Cuéntame algo de ti – pidió Seiya – yo te conté porque estoy aquí, ahora es justo que tú digas algo.

         -De qué?? – preguntó Ikki – lamento informarte que mi vida no es una novela trágica y no tengo problemas con nada.

         -Eso es absurdo. Todos tenemos una historia que contar – observó Seiya incorporándose un poco para ver a Ikki fijamente – o voy a pensar que quedaste tan frustrado que ni siquiera quieres acordarte de ella.

Ikki observó fijamente a Seiya que lo miraba con bastante curiosidad. Ikki finalmente sonrió y empezó a contar su historia que para mala suerte de Seiya no era nada trágica. Ikki había empezado a salir con alguien, después de cinco años terminaron, el otro consiguió otro novio e Ikki consiguió un trabajo mucho mejor que el que tenía. Todo había terminado sin problemas, sin gritos, sin lágrimas y de la forma más civilizada; incluso, aún cuando se llegaban a ver se saludaban y podían ir a tomar algo de vez en vez sin ningún problema.

         -Eso no tiene ningún chiste!! – exclamó Seiya con un puchero.

         -Por qué no?? – dijo Ikki riendo – lo ves, eres igual a Shun. Ustedes no sé que piensen del amor, pero es algo muy sencillo. Es algo que va y viene y se tiene que conservar lo mejor y punto.

         -Eso es cuando tienes un amor correspondido – respondió Seiya – qué pasa cuando no es así??

         -Es aún más sencillo – respondió Ikki – no tienes porque gastar un sentimiento tan preciado en alguien que no lo quiere. Hay miles de personas en el mundo.

Seiya lo observó sorprendido y se dejó caer otra vez a la cama. Qué tipo de relación pensaba Ikki que tenía con Seiya?? Lo cierto era que Seiya, por su parte, no era que se lo estuviera tomando en serio, pero le encantaba la forma práctica de Ikki de ver las cosas y tenía que admitir que empezaba a enamorarse de él.

         -Crees que estarás listo en una hora?? – preguntó Ikki viendo el reloj – quiero llevarte a un lugar genial.

Seiya miró a Ikki con curiosidad y se imaginó un hermoso lugar cerca del lago Michigan o uno de esos hoteles con aguas termales perdidos en el bosque que tanto se veían en los anuncios de visita a Estados Unidos.

 

Seiya estaba congelándose a pesar de tener mil cosas encima mientras Ikki gritaba hurras a los Osos de Chicago.

         -Debiste decirme que me traerías a este lugar!! – se quejó Seiya.

         -Te dije que era un lugar genial – respondió Ikki dándole un sorbo a su cerveza – cuál es el problema inglesito?? Tú sólo de la caza de zorro para arriba??

         -Cállate!! – se quejó Seiya dando un trago a su café – el fútbol es una porquería, para eso veo el rugby. Ese si es de hombres porque no usan protección.

         -Qué tontería!! – respondió Ikki riendo – el rugby son nenitas, aquí la protección es esencial si no quieres que te disloquen el cuello. Sabes que el fútbol se originó en una época donde hubo mucha hambruna y peleaban por calabazas??

Seiya miró a Ikki y soltó una carcajada. No podía creer que Ikki se inventara semejante historia para niños; y era una de las cosas que más le gustaban de él, así como era capaz de decir cosas como verdades absolutas, también podía decir bromas con el mismo tono de voz fuerte y seguro, algunas veces, Seiya no discernía si era broma o serio.

         -Sólo disfruta el juego y deja de quejarte, veras como se te quita el frío – sugirió Ikki y se puso de pie para gritarle de maldiciones al centro por no arrojar bien el balón.

Seiya suspiró y empezó a vitorear igual, sólo que Ikki, entre carcajadas, le tuvo que explicar que ahora jugaban los del equipo contrario y que el suyo eran los de azul con naranja y no los blancos con naranja.

Seiya se dejó envolver por ese ambiente tan americano, comió nachos y hot dogs y dejó de lado el café caliente para empezar a tomar cerveza como el resto del mundo. Incluso, antes de volver a casa, quiso comprar una chamarra del equipo e Ikki se la regaló sin poner ningún tapujo. Seiya estaba completamente fascinado por su vida americana y se imaginó haciendo eso el resto de su vida. Al demonio la publicidad del Soho y de Harrod’s!! Podía vivir divirtiéndose montones con Ikki sin preocuparse por nada más.

Ikki parecía no tener llene y a pesar de todo lo que comieron durante el partido, insistió en ir a cenar a algún lugar.

         -Voy a regresar con mil kilos de más a Londres!! – exclamó Seiya cuando Ikki lo regañó por pedir sólo café y postre para cenar – Ikki… me he quedado pensando en algo. Si no quieres contestar no importa, pero me parece que Shun es de los chicos buenos que prefieren pasar navidad en casa con su familia que volar hasta el otro lado del mundo.

         -Sí, así es – respondió Ikki hincándole el diente a las costillas BBQ que había pedido – pero hace mucho que no hablamos con nuestros padres.

         -Vaya, vaya… así que sí hay una historia trágica!! – observó Seiya movido por la curiosidad y el morbo.

         -Trágica para Shun, a mí me dio la misma – explicó Ikki – junta a dos locos japoneses tradicionalistas postguerra y ahí tienes a nuestros padres. Obviamente, no iban a aceptar la idea de un hijo homosexual, así que decidimos dejarnos mutuamente.

         -Uy, eso suena fuerte – reconoció Seiya que a pesar de todo, no tenía ningún problema con sus padres.

         -Nah, tampoco es el fin del mundo – respondió Ikki relamiéndose los dedos – creo que Shun se siente mejor así y yo siempre he sido independiente como para preocuparme por esas tonterías.

         -Por qué finges que nada te importa?? – preguntó Seiya con algo de curiosidad – de verdad parece que no te interesa nada.     

         -Mira, niño… en la vida hay cosas a las que les puedes poner solución y a las que no, cierto?? – contestó Ikki encogiéndose de hombros – si no le puedes poner solución, no tiene caso amargarte por eso, simplemente hay que continuar y poner toda nuestra energía en las cosas que funcionan. No te parece??

Seiya meditó unos segundos esas palabras y acabó asintiendo levemente. Le parecía que todas las cosas que decía Ikki tenían muchísima coherencia y razón, pero aún así, faltaba algo de sentimiento y pensaba que era algo de cobardía también. Se pregunto si Ikki gastaba esa energía en él porque consideraba que era algo que valía la pena.

         -Creo que cuando te enamoras de alguien equivocado – comenzó Seiya – es porque tienes la esperanza de que va a cambiar por ti, al ver que te preocupas por él.

         -Sí, pero el mundo no cambia sólo porque tú quieras, Seiya – dijo Ikki tranquilamente – tú tienes que hacer el cambio y… creo que ahora lo estás haciendo.

Seiya adivinó una mirada extremadamente cariñosa en las pupilas azules de Ikki y no pudo evitar ruborizarse. Seiya, definitivamente, sentía que Ikki podía ver a través de su pecho y ver justamente lo que había en su corazón. Más que molestarse, sentía una calidez que jamás había sentido y se preguntaba, cómo era capaz de hacer eso?? Quizá era por tener a un hermano como Shun, quizá era porque en realidad tenía poderes mágicos para adivinar los sentimientos y pensamientos de los demás. Seiya sólo esperaba que nunca se diera cuenta del amor que empezaba a crecer en su interior, porque complicaría las cosas al momento de partir.

 

         -Ikki… he pensado en algo – dijo Seiya rompiendo el silencio después del polvo que acaban de tener.

         -El qué?? – preguntó Ikki arqueando una ceja porque, a pesar de apenas y conocer a Seiya, empezaba a entender qué quería decir ese tonito.

         -Qué va a pasar después de estos quince días?? – dijo Seiya – es decir….cuando yo regrese a Londres.

         -Qué quieres que pase?? – respondió Ikki suspirando –oye, son las dos de la mañana, por qué haces estas preguntas ahora??

         -No puedo dormir si no tengo respuesta – contestó Seiya.

Entonces, comenzó a hablar de las veinte mil posibilidades de esa relación. Si seguían juntos, incluso con la distancia, llegarían a un punto en el que todo terminaría con disgustos y no volverían a verse jamás. Quizá podrían encontrar una solución y después se darían cuenta de que nada es mejor que esos días sin planear y entonces se sentirían miserables… o quizá lo mejor era dejarlo como un suceso único por la magia de las fiestas y en cuanto terminara cada quien volver a su vida, pero Seiya no se sentía capaz de seguir su vida pretendiendo que todo había sido un sueño navideño, como la aparición de los Espíritus de Scrooge, que le había enseñado un lente diferente de cómo ver la realidad.

         -Seiya… ahora son las tres de la mañana – explicó Ikki – mañana es navidad y pienso dormir muy bien para poder emborracharme a tu lado y disfrutar lo que tenemos ahora, sí?? Cuando llegue el momento, llegará una solución.

Ikki se incorporó un poco y dejó, cariñosamente, un beso en la frente de Seiya. Él se quedó sin palabras y se dejó llevar por los brazos cálidos de Ikki que lo invitaban a dormir acunado entre ellos.

 

Shun estaba tratando de encender la chimenea de la casa para darse un poco de más calor y empezar a revisar el paquete de hojas que Saga la había mandado.

No era por hacerle el favor a Saga, sino porque necesitaba mantener su mente ocupada y Murakami no ayudaba mucho en ese momento. Ya había hojeado todos los libros y revistas de publicidad que Seiya tenía, había salido a correr y se había entretenido preparando algo diferente para comer, pero ahora que sabía que estaba bajo el mismo cielo que Hyoga todo le parecía largo y tedioso. Además, se estaba preparando psicológicamente para pasar Navidad él y su alma, quizá podría emborracharse mientras veía las películas que tenía Seiya ahí.

Finalmente, pudo encenderla y fue a sentarse en el sillón frente a ella con las hojas y un lápiz para empezar con su trabajo de corrector. Llevaba a penas dos páginas cuando llamaron a la puerta.

Shun sonrió y sin pensarlo dos veces saltó del sillón para ir a abrir la puerta. Estaba dispuesto a pedirle mil disculpas a Hyoga y al menos ser un buen amigo aunque se hubiera acostado con él las veces suficientes para no ser un amigo.

Cuando abrió la puerta, Shun se quedó completamente helado y su sonrisa se desvaneció casi al instante.

         -Saga!! – exclamó al ver al hombre frente a él con una pequeña maleta.

         -Cómo estás, chiquito?? – preguntó y sin decir nada más se acercó a él para besarlo.

Shun se dejó besar y luego lo hizo pasar con algo de nerviosismo. Eso definitivamente no tenía que estar pasando y seguro era una alucinación producto del monóxido de carbono de la chimenea.

         -Qué haces aquí?? – preguntó Shun después de hacerle espacio a Saga y éste se hubo sentado en el sofá, justo en el mismo lugar que Hyoga cuando lo conoció.

         -Quería verte!! – exclamó Saga – de hecho, moría por verte. La vida es bastante aburrida sin ti cerca.

         -No digas tonterías!! – respondió Shun sintiendo que se ruborizaba mientras ponía la cafetera – mañana es navidad y deberías pasarlo con tu prometida, no??

         -Y su aburrida familia?? No, gracias!! – exclamó Saga – me inventé que tenía un asunto en Miami.

         -Eres divertido, sabes?? – dijo Shun como no queriendo – en todas las navidades te inventarás algo??

         -Quizá – respondió Saga con un tonito seductor que hizo reír a Shun.

Los dos se sentaron frente a la chimenea y Saga lo puso al tanto de lo que pasaba en la oficina y que su columna había sido suspendida porque nadie podía escribir sobre los libros tan bien como él.  Shun le contó un poco sobre Londres y la vida en Surrey pero evitó hablar de Hyoga.

Después de un rato, Shun decidió recalentar lo que había preparado para comer y agregar unas cuantas cosas para cenar. Saga estaba sentado a la mesa contándole lo bien que iba su publicación y la importancia de las hojas que Shun tenía que corregir, cuando llamaron a la puerta. Shun estuvo por detener a Saga imaginando quién sería, pero fue demasiado tarde, pues Saga fue el primero en llegar a la puerta pensando que eran cantores de villancicos.

         -Hola!! – exclamó Saga – puedo ayudarte.

         -Hola – respondió Hyoga un poco sorprendido de encontrar a alguien más en la casa – está Shun??

         -Hola, Hyoga – salió Shun de atrás de Saga y se colocó entre los dos.

         -Sólo quería decirte que estaba libre esta noche y pensé que podríamos ir al pub o… algo – explicó Hyoga con nerviosismo – pero… te veo luego, no sabía que estabas ocupado.

         -De hecho, sí – intervino Saga – nos disponíamos a cenar.

         -Hyoga… te busco luego, te parece?? – dijo Shun mirando deseoso a Hyoga, deseando ser capaz de saltar a sus brazos y decirle las palabras que llevaba todo el día cavilando en su mente; pero sencillamente no se atrevió.

Hyoga asintió un par de veces y se despidió del desconocido amablemente antes de alejarse de ahí. Shun tenía ganas de salir corriendo detrás de él, pero definitivamente tenía que terminar el asunto con Saga antes de que todo se saliera más de control. Tener a Hyoga llamando a su puerta a pesar de las palabras groseras le había dado una ligera esperanza, además, se había dado cuenta de que ahora, al que quería era a Hyoga y sabía que Hyoga lo quería a él. 

Saga hizo entrar a Shun y cerró la puerta detrás de ellos. Shun estaba confuso y pasmado ante esa situación. Era cierto que uno se iba a casar y otro tenía hijos y los dos lo había buscado esa misma noche; no comprendía por qué los dos, de repente, se habían sentido necesitados de Shun.

         -Tu vecino?? – preguntó Saga mirando a Shun fijamente.

         -No, de hecho vive un poco alejado de aquí – respondió Shun decididamente – Saga… te casarás??

         -Y cómo lo conociste?? – interrogó Saga otra vez y Shun pudo notar un tonito de celos.

         -Por casualidad – respondió Shun cruzándose de brazos – ahora contéstame, te casarás??

         -Eso no tiene importancia, Shun – dijo Saga mirando extrañado a Shun  - vamos a cenar.

         -Sí que importa – continuó Shun sin acobardarse – si te vas a casar, no sé por qué vienes a buscarme. Tú deberías estar en Chicago aguantando una navidad con tu futura esposa y su familia porque es lo que tú decidiste. Lo que yo haga con mi vida, ya no debería importarte.

         -Shun… por favor!! – exclamó Saga – te estoy diciendo que recorrí la mitad del mundo para verte. Quién crees que me importa más??

         -Para qué me quieres si de todas formas te casarás?? Eso no es que yo te interese – dijo Shun mirándolo fijamente – escucha, Saga… así como tú no me pediste que cayera enamoradísimo a tus pies, yo no te pedí que vinieras, de hecho, no debiste de poner ni un solo pie aquí. Todo este tiempo estuve contigo y es lo que te duele, no es cierto?? Que veas que soy capaz de seguir mi vida sin ti, no me quieres perder por el maldito egoísmo y amor propio que te tienes; no porque realmente yo sea indispensable en tu vida.

Saga estaba asombrado sin saber que contestar a las declaraciones de Shun, ni siquiera tenía idea de que el dulce Shun fuera capaz de levantar siquiera un poco la voz y hablar decididamente. Trató de decir algo, pero Shun lo calló de inmediato empezando a hablar él.

         -Es una pena que hayas tenido que venir de tan lejos, pero me he dado cuenta de que puedo vivir sin ti y que hay personas que pueden querer estar conmigo. Voy a empezar mi nueva vida, sin ti. Tú comienza la tuya con tu querida esposa.

Shun tomó al abrigo de Saga, su maleta y papeles y tal como antes había hecho Seiya, sacó a Saga de la casa con todas sus cosas amontonadas entre los brazos del mayor.

         -Subiendo esa colina hay un hotel, pueden prestarte el teléfono y conseguir un taxi, el último tren a Londres sale a las diez, todavía tienes tiempo – dijo Shun con una enorme sonrisa antes de cerrarle la puerta en la cara.

Shun volvió a sentarse en el sillón frente a la chimenea totalmente sorprendido por lo que acaba de hacer. Era obvio que Saga no le creyera porque ni él mismo se lo creía, pero finalmente, se había deshecho de Saga y si se ponía a pensar, ni siquiera le dolía, había sido sencillísimo deshacerse de esa presencia que lo persiguió por cuatro años. Shun estaba más contento de lo que jamás había estado, se sentía libre y dueño de su propio destino y esa racha tenía que continuar. Hyoga lo había ido a buscar y seguro estaba solo en el pub, sino, ya lo buscaría en su casa, pero esa noche, la pasaría con Hyoga y despertaría en la mañana de Navidad entre sus brazos. 

 

Continuará...



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