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Paracaídas. (21P) Paracaídas. (21P) (0.412 s)

Paracaídas. (21P)

FECHA El 09/09/10 a las 10:09:14 IP GUARDADA
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El 12/08/07 a las 12:08:41
Paracaídas. (21P) Paracaídas. (21P)

Título: Paracaídas.

Autor: lightless_cynth   Razón: Festival de Songfics por cumpleaños de los Virgo :)     Personajes. Principales:  Saga, Shaka.   Pareja principal: Saga x Shaka.     Tipo:  Romance, drama. Clasificación: G  

Advertencias: Universo alterno

  Estado: Terminado (one shot).   Comentarios adicionales: Hacer un songfic es realmente difícil. Me refiero a que, como los one shots, requiere un principio y un final más o menos definidos, una historia central sin demasiadas ramificaciones, unos personajes que expresen lo suficiente en un único capítulo... y a eso, agregarle una narración que concuerde con lo que la canción está diciendo. La verdad es que me gustan muchísimo los songfics, pero son complejos si se desea hacer algo decente (bueno, creo que todos queremos hacer algo decente). Me llevó dos días hacer casi todo el texto, pero el final... pasé un mes más o menos sin poder escribir nada, y justo hoy pensé que era buen momento. Pasa constantemente: tengo la historia y los finales se me escapan por días o meses. La canción. ¡Qué bella canción! Es de Sean Lennon, hijo de John Lennon y Yoko Ono... No soy muy fan de este tipo, pero esta canción en sencillamente hermosa y adoré su voz y los arreglos que le hizo. El título es Parachute, y si quieren ver el video (que es genial), den click aquí   Resumen: Un reencuentro, muchos años después.

 


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RESPUESTAS AL MENSAJE - Respuesta/-s
FECHA El 09/09/10 a las 10:09:56 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
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El 12/08/07 a las 12:08:41

PARACAÍDAS.

Caminaron juntos por el sendero de concreto del parquecito, rodeados de pasto y algunos árboles recién podados por el otoño. El frío había arreciado desde la semana anterior, así que ese sábado casi nadie había salido a dar una vuelta. De todas formas, no había mucho espacio para caminar allí; el parque era pequeño y si se llenaba era más bien de los niños que vivían en los departamentos enfrente, cuyos padres se sentían más seguros viéndolos desde sus ventanas, como si las miradas fueran una burbuja suficientemente resistente.

Pero no, hoy no. Se colaban por la ciudad mechones de brisas en forma de rayo, algunos tan suaves que sólo se sentía una caricia en la mejilla, pero la mayoría gruesos y dolorosos hasta entumecer las manos. Parecía como si la ciudad estuviera abandonada, coloreada en grises de pocos matices y con acabados toscos. Una ciudad cualquiera en medio del invierno, derruida no por el frío o tempestades, sino por una acción que todavía entonces llamaban humana.

Ambos vestían abrigos, y ambos tenían las manos metidas en los bolsillos de éstos. Pese a que también tenían la mirada gacha y caminaban acompasados, como si hubieran acordado qué pie debía ir primero, las diferencias eran más notorias que las similitudes: el cabello negro de Saga revoloteaba con el viento, como si disfrutara de su temperatura baja, y sus bellos ojos verdes miraban aquí y allá de vez en cuando, nerviosos; Shaka, en cambio, mantenía su mirada en el concreto y su cabello apenas se movía, tal vez imitando sus músculos tranquilos o su expresión perennemente calmada.

Saga Vray se alegró de que nadie los viera, porque estaba consciente de su ceño fruncido y de las arrugas que se formaban en su frente, algunas profundas por su preocupación y otras asomándose con la misma languidez que tenían desde que los años las pusieron ahí. Cuarenta y ocho años no pasan en vano.

-Shaka –llamó a su acompañante, pero éste no lo miró ni hizo un gesto que le comprobara que era escuchado; en lugar de eso, siguió caminando sin moverse un ápice, quizá concentrado en sus propios pensamientos y no en el paisaje de obscena fealdad que se desplegaba a su alrededor.

No se molestó, quizá, en todo caso, se alivió. Saga no sabía qué iba a decir, después de todo; el conjunto de palabras estaba en su boca, así como el significado que quería darle a sus frases, pero la unión coherente de las sílabas era un problema difícil de resolver ahora que estaba al lado del rubio, luego de tanto tiempo sin verse. Se le agolpaba todo en el pecho, emociones, sensaciones y dolores, y al final todo se traducía en silencio y en tragar saliva para aliviar la comezón en su garganta.

¿Por qué amar era un asunto con tantos protocolos?

Ya habían pasado tanto tiempo juntos, no podía ser que sus corazones no se sintieran atraídos… otra vez. Tampoco podía ser que Shaka no hubiera visto, dado ese agudo sexto sentido que poseía, el corazón henchido de Saga cada vez que le miraba detenidamente, algo bastante común desde que se reencontraron. Si bien el rubio, reservado como era, no daba señales claras de correspondencia, a Saga no le parecía posible que le respondiera con una negativa en el caso de confesarle sus sentimientos, no de la forma boba en que lo hizo cuando eran adolescentes, sino en acciones adultas que le confirmaran que sí, lo amaba.

Y aun así, ¿por qué su inquietud?

-Shaka –llamó otra vez, dispuesto a hablar.

 

 

Love is like an aero plane,

you jump and then you pray.

 

The lucky ones remain

in the clouds for days…

 

 

-¿Hablas enserio?

-¡Te lo juro! Lo he visto ayer: acababa de salir del supermercado y los vi en la cafetería.

-¿La del hijo de Sonia?

-No, la otra. La de ese horrible tipo con facha de delincuente.

-Ajá, ¿entonces?

-Entonces, que yo acababa de salir del supermercado y pasé frente a esa cafetería porque al lado venden las especias. Iba a cocinar lasaña, como la hacía mi abuela. Fue cuando los vi, sentados justo junto a la ventana.

-¡Qué poca vergüenza!

-El señor Vray…

-Si aún le puedes llamar señor.

-… estaba intentando tomar de la mano al otro tipo. ¡Dios, qué cosa! Me quedé parada allí, porque estaba sorprendida, digo…

-Claro.

-… y el señor Vray me vio y enseguida quitó la mano.

-¿Y el otro?

-¡No hizo nada! Se me quedó viendo, igual que el señor Vray, aunque me molestó que no me saludara siquiera.

-Qué horror.

-Mira, a mí no me molesta que ande con quien sea, al fin y al cabo es su vida. Lo que no me parece es que ande por ahí ventilando sus asuntos, ¿qué tal si un niño lo ve?

-Ajá.

-Con el tiempo sé que van a enterarse, pero cuando son tan pequeños como los nuestros… ¿A ellos cómo les explicas, eh? Porque al final somos las madres los que tenemos que enseñarles esas cosas también, y que un hombre esté con otro les parecerá extraño.

-Y además, ¡la edad! ¿No creen que el señor Vray ya está muy viejo para andar pensando en eso?

Las tres mujeres se sobresaltaron con el sonido de la puerta y, sobre todo, por la entrada de Saga, que se sacudía las gotitas de incipiente lluvia que se pegaron amorosamente a su gabardina. Les dedicó una mirada y un saludo rápido, y casi corriendo subió las escaleras hacia su departamento, el mismo que tenía desde su juventud. Había ahorrado toda su vida, pensando que pronto encontraría un mejor lugar para vivir, pero la crisis también lo alcanzó a él y decidió quedarse allí, a sabiendas que la renta nunca sería demasiado alta para él.

Eso, y el refinadísimo tinte de mediocridad que los años le habían otorgado como premio.

Pero sí, las habladurías recientes le molestaban, sobre todo porque no se sentía con libertad de llevar a Shaka al edificio por temor a que alguien les dirigiera alguna ofensa no tan velada como las que había estado recibiendo. Los chicos del piso de arriba ya le habían contado que tenían prohibido hablar con él porque su padre lo llamaba degenerado.

“Bueno, él es un alcohólico”, había pensado Saga, aunque se lo guardó porque no quería herir a los niños y porque en realidad no tenía ninguna prueba de eso.

Dejó las bolsas en la mesa de la cocina, quitándose la bufanda y revolviéndose el cabello, botando gotas cristalinas que parecían desaparecer en cuanto se separaban de la melena oscura de Saga como llanto. De a poco fue sacando los víveres, mentalmente repasando la receta con que sorprendería a Shaka el fin de semana.

“Será tan delicioso que tendrá que aceptar que soy un buen cocinero. Le prepararé un capuchino, también, y cuando acabemos lo llevaré al parque para confesarle que lo amo y pedirle que vuelva conmigo. Espero que no haya gente”.

¿Por qué no? Sonrió por lo bajo mientras pensaba que su amor podía gritárselo a cualquiera sin sentir vergüenza.

Sí, que viniera Shaka, que le tomara de la mano en la escalera, que todos salieran para verlos subir las escaleras, que se asombraran cuando le diera un beso… Ya sabía que no era nada más por su homosexualidad, quizá eso ni siquiera tenía nada que ver. Los vecinos estaban más bien sorprendidos, tal vez incluso molestos, por no haberse imaginado que el cuarentón del penúltimo piso no era soltero porque le gustase juguetear con chicas jóvenes, sino porque su excitación no se dirigía a ellas, sino a un grupo pequeño que no se podía contraer matrimonio con facilidad. Hasta podría imaginarse que era también por verle las canas en las sienes que se ocultaba cada tres meses con tinte, las arrugas que le componían una máscara, el andar cada vez más lento. No era sólo amor de un hombre maduro, era amor marcado por el género, por la incesante pregunta de si adultos de casi cincuenta años aún tenían deseos por otros y, sobre todo, cómo actuarían dos tipos de edad más o menos avanzada en la cama o en el romance diario.

-Justo como ustedes –enarcó Saga sus cejas, decidiendo quién llamaría primero a quién dentro del edificio cuando supieran que Shaka iba a pasar la noche con él, si las cosas salían como pensaba.

 

 

If life is just a stage,

let’s put on the best show

and let everyone know!

 

 

Reptó con inmenso recato por sus rodillas, haciendo que temblaran involuntariamente. Saga ni lo notó, aún. Fue ascendiendo por sus muslos, sin prestarle atención al escalofrío que lo recorrió, sólo deteniéndose un momento para sopesar las reacciones de Saga y ver si había sido descubierto o no. Pero no se preocupó mucho: pequeño como era, estaba seguro de llegar a aquel corazón y terminar de corroerlo para cuando diera la noche.

Sus pequeñas manos lo impulsaron por aquellas caderas ya con un poco de grasa de más, ganada con los años y la oficina. No era mucha, pero suficiente para que tuviera que usar sus piececitos para empujarse hacia arriba, hacia un vientre que aún mostraba las líneas del antiquísimo ejercicio, pero que el tiempo las iba desvaneciendo sin prisa, sabiendo de antemano que iba a ganar la partida contra la juventud. Quizá hasta le estaba preparando un buen cáncer, ¿quién lo iba a saber?

Le acarició el vientre, le acarició la espalda, incluso pegó su cabeza a ese pecho amplio que antes fuera la mejor casa nocturna para los amantes que allí dormían. Oyó su corazón, ese órgano del tamaño de un puño, pequeño seguramente porque tenía miles de dobleces y recovecos; si se lograra hallar la entrada a un corazón y pudiera desplegarse, seguramente sería más grande que el cuerpo entero. Reposó allí un momento, contento del hallazgo, acariciando suavemente ese exacto lugar de piel y músculo que lo separaba del palpitar interno.

Así fue, con caricias de sus uñas, desgarrando la piel de Saga hasta hacer de ella jirones delicadísimos como hilos, que fue arrancando conforme se hacían más largos. Rasguñó con todo el cariño del mundo, sin separar su oído de ese pecho caliente, hasta hacer un orificio tan grande que toda su mano, pequeña de por sí, pudo alojarse. Primero la piel, bella piel blanca, luego una capa de grasa que, por ser tan gruesa, le presentó algunos problemas. No muchos. Con un poco de esfuerzo llegó hasta el músculo, cuyas grandes células le permitieron abrirlas con facilidad hasta topar con un breve espacio que daba directo al corazón. Saga lo sintió en ese momento: la caricia fría de un sentimiento desconocido.

Se asustó, dejando los platos en la mesa sin acomodar y resistiéndose a tocar esa herida imaginaria que dejaba al descubierto su interior. La posibilidad de que Shaka no se presentara ese día se le mostró como un temblor en los miembros, que permaneció pese a que su cabeza le aseguró que eso no sucedería. “Por lo menos habría llamado, Saga”, le dijo, comprensivamente.

-Es cierto.

Terminó de acomodar los platos y los cubiertos, las servilletas y las sillas, y se puso un traje lindo pero casual, quedándose a esperar sentado en su sala.

Tuvo en su cabeza cientos de escenarios, sin embargo, tenía que reconocer que sus esperanzas barrían toda objetividad que quisiera entrar ahí. Ya fuera con un comienzo dramático, romántico o cómico, el final era invariablemente el mismo: ellos caminando en el parque, Saga llamando a Shaka y éste deteniéndose para mirarlo directamente a los ojos; Saga entonces diría “te amo” y Shaka, con lágrimas o con una sonrisa, le abrazaría por el cuello y contestaría “y yo te amo a ti”. Casi se atrevía a poner la palabra FIN en la mitad de la pantalla mental.

¿Y si decía que no?

Eso era otra cosa, imaginarlo no era suficiente; le dolía el corazón, pero no era nada comparado con lo que sentiría en la realidad. Quizá incluso se le salieran las lágrimas en caso de que Shaka lo rechazara, se iría corriendo a su departamento a tirarse del edificio o a soportar burlas y palabras hipócritas. No, si imaginaba un no por parte del rubio, el corazón de Saga Vray luchaba por salirse de su pecho y de esa garra invisible que lo ceñía.

La pregunta que le invadía era si había errado en el momento de creer que Shaka continuaba enamorado de él. Su historia después de todo no fue para nada la mejor, sufrieron mucho a causa de ellos mismos (y Saga se sentía especialmente culpable cuando recordaba algunos episodios de su idilio adolescente) y el final en ese entonces no se asemejaba nada a uno feliz. Pero, habían crecido. No eran ya los niños de hace años, debió notarlo Shaka por su expresión sorprendida cuando Saga le tomó del brazo en el supermercado y le sonrió bobamente por el impulso que acababa de seguir. De haberlo reflexionado mejor, seguramente se habría dado media vuelta para salir corriendo por el pánico.

“Tomemos un café, nos vemos raros aquí”, había propuesto Shaka (sí, fue idea de Shaka), dejando el tomate en su lugar y el carro de la tienda allí mismo.

Y volvimos a ser amigos, se dijo Saga. Risas, llamadas, cafés, miradas… justo como la primera vez que se enamoraron.

El timbre sonó y su corazón dio un vuelco. Se levantó, pero no fue enseguida a abrir: tuvo que cambiarse de camisa cuando se dio cuenta de que estaba bañado en sudor frío.

 

 

‘Cause if I have to die tonight,

I’d rather be with you.

Cut the parachute before the dive…

 

 

Disminuyó sin notarlo la velocidad de sus pasos hasta llegar a casa de Shaka, quien ya lo estaba esperando, observando la calle desde la ventana con uno de esos bellos mohines infantiles que le conferían un aire cansado. Era tan joven. Pese a ello, Saga notaba una carga que no se reconocía en sí mismo, ni cuando tenía quince años, ni ahora, cuando tenía veintiuno y las responsabilidades de un adulto se le habían sido enumeradas y enmarcadas para que no las fuera olvidar.

Ser un adulto era tan malo. Estaba el hecho de comportarse como si su vida le importara y como si le debiera algo a la sociedad por la que iba a trabajar el resto de sus días, si bien aún podía escudarse en el año que le faltaba para terminar su carrera. Le repugnaba la idea de ponerse corbatas y mirar el reloj mientras caminaba en la calle para ver cuán tarde era ya y en qué momento podría aprovechar los dos minutos libres que el trabajo y las responsabilidades sociales le otorgaban como limosna. Convertirse en un miembro respetable y activo de la sociedad era tan degradante.

Por supuesto, sabía que podía soportarlo, y no sólo eso, sabía que iba a soportar, que no iría contra la voluntad amable pero pesada de sus padres y que no defraudaría las esperanzas puestas en él. Había decidido cortar sus propias expectativas sin que le pesara demasiado, porque a su modo de ver la madurez conllevaba cortarse las alas y los sueños y poner los pies en la tierra; quien no lograba estos cometidos podía terminar de dos formas: como un exitoso e innovador artista, o como un fracasado cuya vida o muerte carecen de valor. El resto de la gente vivía un intermedio más bien cómodo. A él no le importaba estar en medio tampoco, ganarse la vida no tan honradamente y vivir tranquilamente, sin sobresaltos. No le gustaban las sorpresas.

El problema no era el conformismo o los hombros encogidos con que podía resumir su vida, sino esos pequeños sobresaltos de los que no quería librarse aún. Le estaban apremiando a tomar las riendas de su existencia de una vez, aun si estaba destinado a equivocarse, y en lo único que podía pensar era que su adultez no había llegado en el momento preciso. Lo supo desde que su padre le dio unos cuantos billetes y lo mandó a la capital para empezar a buscar un trabajo y la primera imagen que se formó en su cabeza no fue la de su empleo modesto y las cartas con dinero que les enviaría a sus padres; no, la primera imagen nítida que recibió un golpe por la noticia fue la de los ojos azules de Shaka mirándolo con la ternura típica de los niños.

Ahora que se encaminaba a Shaka para verlo por última vez, su corazón, lejos de dar vuelcos, se retorcía suavemente y latía cada vez más bajo, como si estuviera siendo aplastado por un pie enfundado en un zapato muy, muy pesado.

Apenas fue divisado, Shaka bajó de su habitación y salió de su casa de dos plantas, despidiéndose rápidamente de su madre. Alcanzó a Saga y juntos dieron una vuelta que los separaría pronto de la calle llena de casas y los internaría a un descampado. Cerca estaban las vías del tren, donde Shaka aún iba a jugar con sus amigos y por donde rara vez pasaban ellos: no debían verlos. De por sí, cada vez más la sensación de ser observado anidaba en el pecho de Saga, que se sentía señalado cuando otra persona se cruzaba con ellos cuando caminaban juntos. ¿Qué pensarían de la amistad de un hombre de veintiún años con un jovencito de catorce?

Sabía que estaba cometiendo un delito y que la estancia en la prisión no sería nada placentera: ya se lo había contado su hermano, que estuvo en el reformatorio tres años por acciones que nadie revelaba en voz alta. Le asustaba imaginar que un día descubrieran esos paseos y los besos que le daba junto al arroyo de agua clara, e incluso empezó a temer que sus pensamientos se reflejaran en su cara y que todos pudiera apreciar esas imaginarias escenas sucias en que tomaba a Shaka una y otra vez y le acariciaba de la forma más obscena que se le ocurría. Tampoco confiaba ya en él mismo porque, al fin y al cabo, ¿su relación no significaba que su atracción era malsana?

“Eso es porque ahora es menor”, se repetía a sí mismo; “si él tuviera dieciocho y yo veinticinco, nadie haría un escándalo”.

Incluso iba más constantemente a la misa y rezaba por las noches, haciendo suponer a su madre que estaba asustado por el viaje a la capital y ocasionando uno o dos disgustos entre sus padres. Acompañaba a su familia con una oración antes de comer y recitaba un ángelus breve para el día.

Sin embargo, Dios le dio más pesares que consuelos. La sombra de su alma yéndose al infierno lo conmovió más que la burla de sus amigos hacia esos dos jóvenes de la universidad que, afeminados como eran, atraían notablemente la atención.

Abrazó a Shaka en cuanto llegaron a su lugar favorito para el amor, dándose cuenta de lo puro que era su cariño. Le beso la frente y los párpados, lleno de fiebre, y luego lo miró a los ojos, agachándose para quedar a su altura. Qué pequeño era Shaka. Esas cosas que él quería hacerle, ¿no eran asquerosas, después de todo?

-Voy a irme –le dijo, apesadumbrado-, mi padre me ha mandado a la capital…

-¡Yo te seguiré!

-¡No! ¿No entiendes? Lo que hago contigo está mal, tú… no, yo, yo soy mucho mayor, ¿sabes lo que significa?

Y Shaka, que siempre fue el más aventajado de los chicos, meneó enérgicamente la cabeza para dar a entender que no le importaba: imperaba en él el amor y no era algo que pudiera cambiarse con las excusas simples de Saga. Lo que le quedaba claro es que, de los dos, el más inmaduro no era él mismo…

-Saga, lo que pasa es que no entiendes…

El aludido levantó los ojos y se irguió completamente, de pronto lleno de furia. ¿Qué no entendía? ¡Se estaba quemando por dentro por su culpa! Incluso su sangre hirvió, por la ira que le embargaba porque un niño lo estaba desvalorando cuando él lo había puesto antes que todo. Shaka pareció notar el caos despertado en la cabeza de Saga –un caos que pronto dejaría de esconderse-, porque calló y, por un momento, temió que sus puños apretados fueran a estrellarse contra su nariz o su vientre.

-Sólo eres un niño –dijo él-. No me gustan los niños.

Y se fue de allí, corriendo, hasta volver a ver esas nubes blancas que coronaban su pequeña ciudad.

Shaka esperó horas a que volviera, a sabiendas que tarde o temprano Saga iba a regresar a él, dándose cuenta de lo estúpido que se comportó. No obstante, la noche cayó y con ella unas gotas que le mojaron el cabello rubio y sus piernas, desnudas porque el pantalón corto le llegaba hasta la mitad del muslo. Lo que le mojó la cara fueron las lágrimas.

Y Shaka, que siempre fue el más aventajado, se dio cuenta de que se había equivocado.

 

 

Baby, don’t you cry,

You have to bring me down...

 

We had some fun before we hit the ground.

 

 

Lo había conocido durante el Festival de la Luna, cuando el cielo se llenaba con fuegos artificiales y la ciudad no dormía por dos días. Shaka se había perdido y estaba metiéndose en problemas por haber insultado a un chico mayor que iba acompañado de varios amigos, deseosos de terminar la noche con ellos como vencedores en una pelea desigual. Saga apareció de casualidad, buscando dónde estaba el hombre que vendía algodones de azúcar, y detuvo la pelea en un instante: los gamberros eran mayores que Shaka, pero no que él.

Por supuesto, se quedó prendado a primera vista. El jovencito que acababa de salvar y que no le dio ni las gracias, estaba despeinado y con gotas de sudor negras que le limpiaron la tierra en la cara. Le hacía gestos con desparpajo y se mostraba casi hostil, pero se movía con una especie de elegancia que Saga sólo había visto en algunas chicas de clase alta. Le preguntó su nombre, y ese nombre fue suficiente para que mordiera el anzuelo y no quisiera soltarlo.

De dónde eres, dónde vives, qué haces aquí a esta hora… Las preguntas se sucedían y las lacónicas respuestas continuaban, aunque de a poco Shaka se animó a hacer algunas bromas que a Saga le resultaron encantadoras. Le compró un algodón de azúcar. Caminaron sin rumbo fijo, hasta que Shaka se detuvo frente a una casa y sonrió con cierta burla:

-Gracias por traerme a mi casa.

Saga fue a buscarlo al día siguiente. Su madre miró con extrañeza al desconocido, pero se convenció cuando Saga le explicó que vivía dos calles más allá y que, si no le molestaba a su marido, también podría invitarla a salir a ella. Fue un motivo de molestia para Shaka, que no entendía cómo alguien podía flirtear con su madre, aunque siempre se dijera que era bella. Quizá estaba un poco celoso, pero al lado de Saga era imposible no estarlo: todos lo miraban, todos estaban pendientes de él, todos lo buscaban… ¿Entonces por qué un adulto se empeñaba en salir con él ese día, y al día siguiente, y al siguiente y al siguiente?

Shaka le preguntó sin ambages qué tenía un chico de trece años para que quisiera salir con él diario, a lo que Saga mostró la expresión más divertida de todas: la de la sorpresa.

-¡No te creo! ¡No actúas como si tuvieras trece años!

Sólo sirvió para aumentar su amor por él.

El que tuvo que confesar su amor primero fue Saga. Era inevitable: Shaka se sentía atraído, pero demasiado cohibido para aceptarlo todavía, porque aún tenía sus reservas tratándose de Saga: no podía simplemente aceptar que un tipo de veinte años estuviera enamorado de él así como así. No le extrañaría viniendo de alguien más, pero Saga… Saga siempre era una moneda de más de dos caras.

-Yo tampoco me lo puedo explicar, pero me conformo con saber una sola cosa; cuando vengo a verte siento cosquillas en el estómago y un tipo de felicidad que no había conocido, como si al mismo tiempo que estuviera feliz sintiera nervios; pero, cuando te veo, se me forma un hueco en el estómago y en el pecho que se agrava cuando estás cerca; luego me voy relajando, pero me dan ganas de tomarte de la mano o acariciarte la nuca, o darte un abrazo… ¿Y tú, Shaka? ¿Sientes algo así?

El rubio se mordió el labio inferior, pensando que ésa no era su primera declaración amorosa, pero sí la primera que lo había llenado de gozo. Agachó la cabeza y encogió suavemente los hombros, como para hacerse pequeño, y en un murmullo respondió:

-Yo tengo los mismos síntomas. ¿Cómo crees que nos hayamos contagiado?

 

 

Love is like a hurricane,

you know it’s on the way,

you think you can be brave

underneath the waves…

 

 

(Continúa abajo)


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Llama. Llama. Llama.

Llama. Llama. Llama. Lla-ma. L-l-a-m-a. Llama. Llaaaaaaaaama. Llama. ¿Llama? ¡Llama! LLAMA. Llama. Llama. Llama. Llama. Amall. L.L.A.M.A. L               l               a             m            a. llama. Lla-lla-llama. LlAmA. lLaMa. Llammmmmma. °°°Llama°°°. $$$Llama$$$. #llama.llama.llama. ¡¡Llama!!

Call!

Ring, ring.

-¡¿Hola?!

-¡Cariño! Llevo años esperando, ¿por qué no me llamabas?

 

 

Se despertó con sudor frío envolviéndole el cuello a punto de asfixiarlo. Casi lograba el cometido. Saga se puso a tiritar y, en poco tiempo, también a llorar, apretando las rodillas contra su pecho y escondiendo la cara en sus manos, como un niño cobarde. Todos los niños son cobardes. No, sólo tú.

Se quitó el cabello de la cara, miró a todas partes buscando auxilio, pero sólo le mostraron oscuridad. Siempre está oscuro. No, sólo tú.

No quiso ponerse en pie porque le aterraba pegar las plantas al suelo y descubrir que éste lo estaba esperando para tragárselo. En lugar de eso, se arrinconó en el colchón contra la esquina de la pared y siguió sollozando, muy fuerte, como si con los resuellos los fantasmas fueran a largarse mágicamente.

Eso no, amigo, esperamos por AÑOS, ¿entiendes?, AÑOS.

AÑOS.

Las cobijas estaban mojadas por su cuerpo húmedo y pegajoso, pero volvió a cubrirse con ellas para que se volvieran su escudo. (¡Qué desagradable, Saga! ¿Tienes que hacer eso cuando estás en tu cama? No, mi hermano tiene que hacer eso cuando está en mi cama. Yo lo hago dentro de mi hermano. ¡Qué desagradable, Saga! ¡Pareces marica!).

Qué gracioso, si tuvieras ojos ya te habrías dado cuenta. Ja, ja, si tuvieras ojos. Sí los tienes, el problema es que estás ciego. Ja, ja, ciego.

El ciego al que le robaban sus monedas, la típica broma de la secundaria. Como los gamberros lo querían de amigo, lo obligaron a robar las monedas, pero en lugar de salir corriendo se burlaron de su ceguera, de sus años y de su color. Mucho East End, mucho Brooklyn.

Sí tienes ojos, pero te los vamos a sacar.

 

Corrió al baño y vomitó, ya olvidándose de los fantasmas y centrando su miedo en su propia cabeza. Tocó su frente en un estallido de consciencia y la descubrió tan caliente como las heridas que papá le hacía a Kanon por ser malvado. Necesitaba un médico o una soga. Optó por la bañera y así, medio vestido y medio muerto, giró el grifo para que el agua fría le lavara las culpas. Se quedó allí por varios minutos, pero no sabría calcular cuántos. Tal vez hasta se había quedado dormido.

Cuando volvió en sí, repasó con su mirada de bambú roto el baño, la ducha, el inodoro, el lavabo. Comprobó que estaba en casa y se puso en pie; cerró el grifo y dando pasos cortos y lentos fue dejando una amplia huella de agua hasta su habitación, revuelta. No recordó cuántas veces habría podido chocar contra las paredes y los muebles, pero por el momento no quería hacerlo. Se desnudó y se acomodó en su cama, volviéndose mentalmente al sueño de minutos atrás. Se le oprimió el pecho al recordar la vocecita de Shaka preguntando por qué había tardado tanto.

Sólo veinte años.

Como si las lágrimas de su almohada llamaran a las de sus lagrimales, volvió a llorar, sintiéndose estúpido. Esa misma tarde había llamado a Shaka, pidiéndole una cita. Se sentía tonto no porque parecía un adolescente llamando a su primer amor (que, objetivamente, era exactamente lo que pasaba), sino porque estaba repitiendo una historia cuyo final quería cambiar. Había tomado todo en cuenta, pero al final desechó esas cuentas porque sólo le importaba una cosa: una nueva oportunidad.

Con tantos años pasados, tal vez pudiera reiniciar, aún conquistar a ese nuevo Shaka maduro, darse los dos una segunda oportunidad de vida. Aún tenían tiempo para ser felices.

“Sé que aún me amas”, decía Saga, hablando con Shaka imaginario. La cita había quedado pactada para el fin de semana, y ese día era miércoles. Le faltaba todavía arreglar el departamento, buscar en internet una receta perfecta para preparar, aprender a usar correctamente el horno… Le faltaba ganar coraje para decir lo que sentía, también.

Ring, ring.

Saltó en su lugar porque el timbre era idéntico al que hizo el teléfono de su sueño. No era para extrañarse: soñó su propio teléfono, el que estaba en la sala.

Varios timbrazos lo alertaron, y tras algunos momentos de vacilación, se apresuró a llegar a la sala y responder.

-¿Hola?

-¡Saga! ¿Estás bien? Acabo de soñar contigo…

Se desparramó en el sofá, llorando, pero con una sonrisa esculpiéndosele en los labios.

-Y yo contigo. Creo que aún seguimos conectados, ¿eh?

 

 

If life is just a dream,

which of us is dreaming

and who will wake up screaming?

 

 

-¡Shaka!

Tomó finalmente su brazo, pero con tanta vacilación que sintió que se le escurría con facilidad de la mano. Frunció el ceño, preocupado porque, por no tener un plan, no estaba seguro de que las cosas estuvieran saliendo bien o mal. ¿Hacia dónde estaba tirando esa última carta que le quedaba? ¿Estaba seguro de que era un as?

Un viento del norte le lamió los labios tan mórbidamente que fue como si la Muerte le hubiera dado un beso; Shaka seguramente también lo sintió, porque se detuvo en ese instante, mirando un rascacielos gris, un color tan parecido al resto de la calle y de su propia vida. Los matices se mostraban sin mucha claridad, como en una televisión empolvada. Los recuerdos y las sensaciones que se despertaban en él a pesar del tiempo se desdibujaban conforme recordaba cómo era su vida, cómo empezó a ser una vez que Saga partió en busca de sus propios sueños.

Se volvió para encontrar el rostro de Saga Vray: moreno de sol, ajado de años, seco de vida. Pero allí seguía, con esos ojos verdes con que había derrumbado quién sabe cuántas murallas, tan bellos y resplandecientes como el primer día que los observara, cuando regresó a su casa en calidad de amigo a pesar de haber pasado apenas dos horas juntos la noche anterior en el Festival de la Luna. ¿Habría sido ella la que les mostró el mismo camino, un camino tan estrecho y unido como en el que recién caminaron en medio del parque?

No notó, en principio, que los ojos de Saga estaban delicadamente cubiertos por una tela de edad, o que la seda de su piel se había arrugado como si unos dedos traviesos la hubieran acariciado con descuido; tampoco prestó mucha atención a la flor marchita en sus labios, porque ni siquiera atendió los copos de nieve que se iban acumulando en el cabello. Pasó mucho tiempo antes de que notara esas características, el hecho de su caminar acompasado con minutos y no con segundos, o el movimiento lento de sus hombros que hacía llorar a sus articulaciones. Hasta ese momento sólo había visto esa cara que siempre sería la misma a pesar de los años que pasaran: la cara del amor volando.

Sin embargo, el frío del invierno, el paisaje de edificios, los departamentos, las caras que sobresalían de las ventas, el rascacielos, el gris del cielo, el verde oscuro del pasto, la dureza del suelo… Todo confluyó en esa arruga pronunciada en la frente de Saga, la misma arruga que ya empezaba a mostrar su caricia desde aquella vieja juventud con que lo conoció: bello, imponente, desolado.

Apretó la mandíbula, como si de ello dependiera el llanto o la fortaleza, pasando lista a todas esas cosas que Saga alguna vez había dicho, comparándolas con las palabras torpes con que le había abordado en el supermercado y las frases con que lo invitó a una segunda cita, y luego a una tercera y a una cuarta… Hizo hincapié en sus miradas avergonzadas, en la timidez que irónicamente exhibía nada más intentar mantener fija la mirada. Y sintió tristeza, mucha tristeza, por una nostalgia no llevada del modo clásico, por no sentir el típico aguijón en el corazón que le hubiera gustado que estuviera clavado.

Sus sentimientos no se asemejaban a nada de eso.

Él mismo no era parecido a nada de lo que antes fue, y se inquirió si Saga ya se había dado cuenta o si el amor que rondaba pretendía ser el mismo que fue hacía veinte años. Es que no podía ser así. Para Shaka, el primer amor tenía sólo significancia histórica, como el primer beso y la primera relación sexual, sin embargo eso no implicaba que el sentimiento se mantendría intacto o que, en cualquier momento, fuera a encenderse del mismo modo que aquella primera vez. Así no era la vida. Era posible, sí, que unos amantes alejados por años nuevamente se enamoraran, pero de otro modo, con la singularidad de la ocasión y no por los eventos del pasado. No, el pasado simplemente… simplemente se va borrando.

-Te amo, Shaka. Como antes, justo como antes.

Lo miró directamente por un momento, a esos irises verdes que rogaban y expresaban con ferocidad. No pensó en nada, únicamente admiró ese color sin ninguna clase de juicio formándose en su cerebro. Fue como un estado de inconsciencia, que lo llevó a desviar su mirada hacia ese edificio gris de mil años y luego hacia el cielo oscuro y aburrido. Todo ese escenario, todo ese alrededor que pertenecía a Saga –a este Saga- fue como un susurro inyectado en sus venas.

-¿Shaka?

Saga se preocupó un momento. Había decidido no hablar hasta que Shaka emitiera una respuesta, pero ese rostro inexpresivo y la presencia lejana le tensaron. ¿Qué significaba aquello? ¿Estaba volviendo al pasado, a esos años de amor cuasi inocente en los que Saga intentó reprimir todo de sí para no arruinar completamente la infancia de su amado? ¿Estaba sopesando esos días, demasiado jóvenes, y preguntándose si los instantes actuales no eran demasiado adultos? ¿Se estaba preguntando, justo como hacía Saga, por qué la vida no les dio a ellos un punto medio?

¡Si sólo eran unos pocos años!

-Shaka –repitió, recriminándose su debilidad por oír su voz.

El rubio finalmente accedió a mirarlo una vez más. ¡Qué ojos! Pensó inexplicablemente que estaba bien que todo se marchitara mientras los ojos no envejeciesen. Sintió una sonrisa asomándosele en la boca, nada más con esa sola visión. Incluso creyó estar escuchando mal:

-Ya no te amo, Saga.

 

 

‘Cause if I have to die tonight,

I’d rather be with you.

Cut the parachute before the dive…

 

Baby, don’t you cry,

you have to bring me down!

 

 

-¿De verdad?

Lo decía nada más porque sí, para seguir con la charla, para animar a que Shaka continuara hablando. Sin embargo, ambos estaban más concentrados en la dulce felicidad que sentían cuando los bombones se iban derritiendo lentamente en sus bocas gracias a la saliva y al movimiento cadencioso de sus lenguas como en beso. Por un momento largo guardaron silencio, interrumpido nada más por el sonido del bombón chicloso pasearse por sus dientes y el golpeteo de sus labios contra sus encías para limpiarlas de restos de comida.

Ambos se sintieron como niños, aunque estrictamente aún lo eran… Pero no lo estaban pensando. Sólo comían bombones, compartidos de una sola bolsa que Shaka llevó de su casa, sentados frente al arroyuelo claro que apenas hacía ruido mientras el agua viajaba con la lentitud de la primavera. Todo el tiempo estaba ralentizado: el movimiento de las hojas de los árboles, el canto tranquilo de las aves, el andar calmo del viento… Como si estuvieran preparándose para ser una estampa, una postal inmóvil de un instante perfecto, un instante que más tarde se añorará aunque en esos segundos no sea especial. En esos segundos era sólo un instante más, no apreciado, no visto como especial porque es común, porque no encierra nada extraordinario.

Lo extraordinario vendría después, cuando ese momento se perdiera inevitablemente.

-Qué bueno que ya va a terminar la primavera –comentó Shaka, limpiándose la frente sudorosa-, odio que haga tanto calor.

Saga asintió con un “mmm”, buscando en la bolsa un bombón rosa.

-¡No se vale escoger!

Y allí se quedaron, viendo su juventud yéndose tan lentamente como el agua del arroyo.

 

 

We had some fun before we hit the ground…

 

 

FIN.

 


FECHA El 09/09/10 a las 11:09:11 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
Online AkiraHilar
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El 19/11/09 a las 03:11:03

¡WAOOOOOO!

Ahora comento decentemente. Ahorita no paro de llorar T_____T



FECHA El 12/09/10 a las 06:09:55 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
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El 31/07/07 a las 09:07:42

Puedo decir, sin mentir, que llevo com dos años sin leer un songfic y quedar tan satisfecha.

Primero por tener ese cuidado por hacer algo bien hecho, excelente a mi parecer, como dices , yo también creo que los Songfics son cosa muy dificil. Muchas veces los autores se centran acomodar la canción en el texto como mera separación de dialogos o de adornos. El entrelazar la canción, la melodia y la letra es muy difícil. Felicidades, lo has logrado. Además que tu ortografía y uso de signos de puntuación es muy buena.

Eso, por la parte "técnica", en cuanto a la historia, me ha fascinado. En lo personal detesto un poco las historias rosas, y personajes como Shaka se prestan mucho para eso. Los pensamieentos de Saga, el comportamiento de Shaka y todos los componentes de su relación me han parecido bastante creíbles alejados completamente de la vana idealización que suele invadir los fics. Ahora, la segunda parte del songfic me parecio fenomenal. El juego con la palabra "Llama" fue... soprendente y quita el aliento.

Y finalmente, la canción fue el motivo principal por el que leí tu fic. Siendo honesta entre a echar un vistazo pero al ver que era una canción de Sean Lennon me quede. Al igual que tú no soy muy fan del tipo, pero Friendly Fire tiene canciones hermosas y esta es una de ellas.

 

Felicidades, este texto es excelente y gracias, por tomarte la molestia de trabajar tan bien por un songfic


FECHA El 13/09/10 a las 04:09:14 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
Online AkiraHilar
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El 19/11/09 a las 03:11:03

Este fic, mujer, este fic me hizo pasar por muchas cosas desde que lo leí en la misma madrugada que colgaste. Es que simplemente me llegaste hondo.

De más esta decirte lo mucho que admiro tu forma de escribir, creo que te lo he dicho muchas veces en otros escrito, me fascina tu pluma, tu forma no solo de describir sino de presentarnos los personajes de forma tal que simplemente, yo pueda identificarlos cuando han sido maquetados en tu mente. Me metí de lleno en Saga, viví con Saga y creo que eso fue el detonante para que, luego de leerlo tres veces, cada vez que veía el titulo asomado en el subforo sintiera las mejillas calientes y unas inmensa ganas de llorar.

Lo amé, amé todo, amé la construcción de su historia, tan real, tan posible, tan asi, creíble. Los comentarios que Saga oía, el como le veía la gente, su vida misma, su visión de todo. Lo imaginé y lo viví, ese enamoramiento que parecía devolverle la vida pese a la edad, lo que vivió antes, las razones que tuvo para romperle el corazón de esa forma al rubio, para regresar e intentar recuperar lo que perdió. Todas las ilusiones, todo que simplemente... wao, ¡cuando llegué a esa parte me eche a llorar!

Entre esa y la última escena, me sentí literalmente en un paracaidas.

Los efectos de la palabra Llama simplemente impresionante. He leido por allí que algunos no avalan el uso de la onomatopeya en la narración, por considerarla absurda, pero para mi el efecto visual es tan importante como una buena descripción. Por muy poderosa que hubiera sido la descripción de esos llamas, no hubieran llegado a provocar la sensación de vertigo que tuve al leerla de esa forma en que lo presentaste.

Este fic, para mi, impresionante, impactante, vale la pena leerlo aunque me dejo super sensible por tres días enteros xD Por eso no hallaba de que forma comentarte sin echarme a llorar. Excelente trabajo, como los que traes, es un honor hacer rol contigo, ¡he aprendido muchisimo!



FECHA El 15/09/10 a las 05:09:19 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
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El 06/05/08 a las 03:05:47

¡Santos relatos esquizofrénicos!

¡Lightless, linda!

¡Qué maravilloso fic! Aunque ciertamente, muy impactante…^^

¡Gracias por participar del evento y deleitarnos con este maravilloso fic!

Espero de todo corazón, sigas participando del evento y delitándonos con más de tus bellos escritos.

Nos leemos pronto.

Besos y cuídate linda.


FECHA El 17/09/10 a las 12:09:48 IP GUARDADA Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
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El 07/08/07 a las 12:08:40


 

lightless_cynth

Llama. Llama. Llama.

Llama. Llama. Llama. Lla-ma. L-l-a-m-a. Llama. Llaaaaaaaaama. Llama. ¿Llama? ¡Llama! LLAMA. Llama. Llama. Llama. Llama. Amall. L.L.A.M.A. L               l               a             m            a. llama. Lla-lla-llama. LlAmA. lLaMa. Llammmmmma. °°°Llama°°°. $$$Llama$$$. #llama.llama.llama. ¡¡Llama!!

Call!

Ring, ring.

-¡¿Hola?!

-¡Cariño! Llevo años esperando, ¿por qué no me llamabas? 


Años. AÑOS! Es la cumbre de lo patético de la eternidad, de esperar, de estár allí.
ESPERAR! Dios, es una palabra tan fuerte que hasta daño me ha hecho en los últimos días... Ja.

Puedes atribuírselo a cualquiera de mis defectos, ya sabes, eso de sentir que con ese único párrafo, de sentirme más bien, completamente idiota. Por que si, me siento como Saga, aunque no le lleve ni dos años, esperando, teniendo la esperanza de que ÉL llame, para no tener que dar yo mi brazo a torcer, pero creyendo que con esos pequeños detalles amables volverá, volverá a amarme...

Joder Cynth. Es que vas a orillarme a cometer un crimen pasional si te niegas casarte conmigo XD XD XD XD

No te voy a mentir. Tuve que leer tres veces el fic para entender en su totalidad, y cada vez se me iba metiendo más al fondo de mi oscuro corazoncito. Es complicado, MUY complicado en mi opinión, no es una historia que puedas masticar en el tiempo que te tome la primera leída, al menos en mi opinión. Es un Songfic MAGNIFICAMENTE logrado, y, que en lo personal, me removió muchas fibras personales. Y seh, las dos sabemos que me fascina el género del drama, y que amo más aún tus fics del azote, pero de todos los que he leído, creo que este me... "pesó" por decirlo de alguna manera.

Es que es todo, la homofobia, la distancia que ocasiona la diferencia de edades [y vaya que la he vivido en alguna ocasión!> cuando está oscuro, siempre está oscuro. No, sólo yo, Cynth, me matas.

Mi pequeña carnicera, vas a orillarme a ser mucho más gay de lo que soy normalmente. Y es que verlo desde esta posición, y con eso me refiero a ahora que te conozco frente a frente, es... De cierta manera "espeluznante", no me lo tomes a mal. Pero una vez que conoces a la persona detrás del fic, las cosas cambian, y no es que me quepa duda de que la cosita preciosa que apareció frente a mi bajando del pumabus haya escrito esto pero... Es como querer hurgar dentro de tu cabeza y sacarte todo aunque sea a trancazitos xD

Cynth, ya no podemos alargarlo mas, NECESITO ESCRIBIR UN FIC CONTIGO! Pronto dejará de ser una petición para volverse una amenaza XD XD XD

Aajdgakjdgajksdgafajkfhaoi D: Ya sabes, yo y mi lengua que se traba. No necesito decirte que el final fue un golpe seco. Me costó una semana rendirme para admitir que tenía que llorarlo de alguna manera, porque me removió demasiadas cosas. Me encantó.

Un beso, te adoro!

 


FECHA El 20/09/10 a las 11:09:03 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
Online Lady_of_Mu
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El 06/05/08 a las 03:05:47

!Gracias por particiar del evento "Feliz21 primave

A nombre del club de Shaka, “Templo de adoración de Shaka de Virgo”, te damos las gracias por participar en el evento “Feliz 21 primaveras Shaka de Virgo”.

Para nosotros fue un enorme placer contar con tu valioso apoyo y participación en esta actividad. Sin ti, no hubiésemos podido llevar adelante este evento.

Esta es la condecoración general por tu participación en este evento y deleitarnos con este maravilloso fic.

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Hasta la próxima.

Besos y cuídate linda.

FECHA El 26/09/10 a las 09:09:20 IP GUARDADA Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
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El 07/08/10 a las 08:08:44

¡Saludos!

Gracias a tu participación en el evento Temático Festival de Songfic ¡TE AMO VIRGO! venimos a entregarte tu condecoración, agradeciendo el apoyo y esperando que puedas acompañarnos en otro de nuestros eventos del club.

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Muchisimas gracias ^^



FECHA El 29/09/10 a las 10:09:38 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
Online lightless_cynth
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El 12/08/07 a las 12:08:41

¡Perdón por tardar en contestar! D:

  Saoshaka: ¡Hola! ¡Y gracias! Sé que la parte técnica sí puede costar mucho trabajo, pero me alegro que haya quedado bien :D También creo que Shaka puede volverse muy rosa, sobre todo cuando le ponen un personaje tan… masculino, digamos, como es Saga (o con Aioria, que también pasa algo similar), pero a mí tampoco me gustan mucho las historias rosas  -_- y la verdad es que no soy buen escribiéndolas :P ¡Síii! Friendly fire es muy bueno, y además los videos son tan extraños… pero esta canción en especial es cautivadora. La parte de “If life is just a dream / which of us is dreaming / and who sill wake up screaming?” es simplemente hermosa. Me dejó pensando por días y días y hasta ahora es de mis frases favoritas… y eso que la canción tiene muchísimas (“we had some fun before we hit the ground…”). Dios, estaba aterrada de que no pudiera llegarle a un nivel mínimo a esta canción. Como apuntas, es difícil coordinar la canción con el fic, y sobre todo en Parachute, a mi parecer, la melodía es un factor importantísimo. Me alegra que no haya salido muy mal :) ¡Gracias a ti por leerme y dejarme un comentario! :D     Akira: ¡Hola, hola! :D ¡Muchas gracias! Como sabes, no tenía una idea clara de esto, y al final tuve que dejarlo sin orden, esperando que no se viera tan mal _o_ Me gustan las historias reales. Digo, siguen siendo HISTORIAS y siguen siendo fanfics, pero nunca he visualizado a la gente que siempre tiene finales felices; de hecho me cuesta pensar en alguien que de verdad tenga un final feliz y que sea sólo eso, que lo que le rodee no sea malo o que los medios para obtenerlo hayan sido honestos en su totalidad. Por eso no me gustan las telenovelas, jaja. Y bueno, lo de Llama iba a ser un drabble originalmente xD Pero, me gustó más que se quedara en un fic y que sólo fuera una partecita pequeña, y me alegra que les haya gustado. En otro momento tampoco me habría gustado mucho la onomatopeya, pero supongo que cuando escribes intentas valerte de las más cosas posibles. Por esta vez perdónenme los Llamas :P ¡Gracias por la lectura y el comentario! :D Y por el rol, porque sabes que también he aprendido un montón de él :)     Lady_of_Mu: ¡Gracias!     Jo: ¡Hola, cosa! :D Jaja, ¡pequeña carnicera! xD Uff, pues cómo me halagan tus posts ;__; ¡hace años que no te paras por estos lugares de mala muerte! Aish, es que no puedo evitarlo, el drama es lo mejor del mundo T_T ¡Sé que me entiendes! Pero me da un poco de pena seguirle con los finales tristes y a veces ya no tengo ni que escribir. Quería participar con otro songfic, la canción que escogí es muy pequeña, pero la historia simplemente no sale :( O sea, SALE, pero no quiero escribir por escribir y quisiera ser más original y… ¡bua! ToT Ya te contaré de mis frustraciones… ¡cuando te aparezcas! D:{ Y sí, yo también quiero escribir el fic; pensé que lo mejor era no ponernos de acuerdo e ir conforme la marcha para hacerlo más emocionante, ¡MWAJAJAJAJAJA! Pero también quiero verte y te has desaparecido en tu Facultad de genios, sniff. Espero que se pueda pronto. ¡Qué bueno que te haya gustado /pesado / afectado! Casi tanto tal vez como a mí me afectan los tuyos. ¡Ojalá pueda publicar algo pronto para ver más de tu talento! ;o; Muchísimas gracias por la lectura y tus siempre maravillosos comentarios. Un abrazo muy grande, ¡nos vemos / leemos pronto!
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