|
Irremediable
Tu estado no está en el mejor ánimo, lo sabes. Lo puedes ver en las líneas que se reflejan moribundos en tu rostro frente al espejo, en las bolsas de sueño, en las señales de que no has dormido. Lo sabes, sabes también que esa clase de dolor en el pecho no es físico. Que ese ardor en tu garganta no es natural, que todo lo que sientes no es más que el peso del alma… del alma…
Y también lo sabe, y sientes que te llama. También lo sabe y sientes que te busca. Escuchas su voz en tu oído, que te reclama, en una de sus últimas disputas. Las preguntas, las razones que no eras capaz de entrever en ese momento, ahora te son claras, pero ahora no está para escucharla, ni sientes que deba saberlo o que debas aclararlas. Eso no hará que duela menos, eso no hará que olvides más, eso no hará que se recupere, ni que muera, no… no hará nada, no retrasará, ni adelantará. Saberlo no hará que deje de existir, ni tampoco se pueda curar.
Irremediable…
El sonido de lo irremediable que se bifurca con el leve eco de tus tragos de saliva amarga en la garganta y el del temblor de tu cuerpo y el latir de tu pecho, los sollozos o murmullos, ahogados en la nada del abismo que llamamos memorias, encerrados impedidos por orgullo, o fortaleza, indiferencia… ¿terquedad?
Eso no lo sabes, ¿verdad? Quedan tantas preguntas por responder, ¿verdad? Te miras al espejo y el color ha dejado de ser color, es bruma de cielo azul destilando frialdad, un poco de vapor del calor que dejó de manar… hace tanto. ¿Lo sabes cierto? Sabes que él también está igual, sabes que él quizás no lo ha superado, sabes que él tal vez te sigue llamando. Lo escuchas, ¿es cierto? Quieres convencerte que no, quieres pensar que todo ha quedado en el pasado, pero no es cierto, ¿verdad? Y lo sabes, lo sabes tan bien como sabes que has dejado de amarlo, y como sabes que no podrás olvidarlo. Tan certero como la sensación de una nostalgia nada fingida que se disfraza de amor, de añoranza, más no prende deseos, ni ganas…
Irremediable.
Tú lo amaste a él, amaste al hombre, pero él vio más allá de ti… él no te vio, o no a ti, no a la carne sino algo mayor. ¿Cuántas veces no dijo que estando juntos te levantarías temprano con él? Hombre, si no podías madrugar, tu reloj corporal estaba desfasado al de él, te costaba dormir antes de las diez, te costaba levantarte antes de las seis. Pero lo intentabas, ¿cierto? Y te reclamabas cuando no podías hacerlo, te decías que la próxima vez sí, y a veces te levantabas, a medio peinar, a medio dormir, intentabas que te viera antes de irse a trabajar y esperabas que lo valorara.
Y lo hizo… pero con la estela de que, en el futuro, no sería así. Entonces te preguntabas, te interpelabas, veías hacía donde veían esos ojos que te traspasaban. Buscabas la imagen, la tuya, la que debías ser e intentabas. ¡Oh cuanto lo hacías! ¡Cuánto la imitabas! ¿Te acuerdas que aprendiste a hacer ese platillo solo porque a él le gustaba? Que a veces discutían, a ti no te gustaba la verdura, a él los mariscos, entonces discutían, se pasaban la comida entre los platos, ¿lo recuerdas? Como se reían en el restaurant pensando en que dirían los mesoneros al verlos, pasándose bocados entre los platos, peinando el menú, buscando que darle a él, esperando que te daría a ti. Y amabas, ciertamente amabas, no te importaba que se levantara a las seis, o que escuchara sólo música de un grupo particular. No te importaba que fuera perezoso para el ejercicio o demasiado reservado para hablar. No te importaba a veces el ceño fruncido o cuando se hacían las diez y tú estabas en pleno vigor del día y ya él estuviera cerrando parpados soñolientos.
Amabas eso, esos pequeños detalles, no pedías que cambiara nada de él. No importaba, lo harías tú, te modelarías a su antojo, harías que se sintiera orgulloso de ti. Te harías, te convertirías en el mejor, en el mejor… pero lo sabes, ¿cierto?
No fue suficiente…
Irremediable…
Tú te enamoraste de él… él se enamoró de una visión. El espejismo que expertamente le creaste.
Lo lograste, ¿cierto? Y te asqueó saberlo, a un punto donde el quiebre de tu espejo terminó por derrumbarlo todo. No pudiste mantenerlo por más tiempo, ¿verdad?
La mascara
Cruel marcara, estúpida, repugnante, asquerosa, perversa, innegociable.
Irremediable… como el sentimiento de nostalgia que mana por tu sangre. Como aquella sensación que no es pasajera. Ya no lo quieres, lo sabes, pero lo quieres, parece… entonces entre el límite del olvido y de la esperanzas te quedas tendido en un paisaje adverso, sombrío, con olor a nieve, con color a sal, sabor a agua. Al menos admite que te quedaron ganas de acariciar su cabello, deslizar tus falanges blancas entre los gruesos de él. Al menos admite que te gustaría recibir un abrazo, uno de sus brazos rodeando tu cintura y juntándolo a él.
No es malo, lo sabes. Lo amaste, también. Es irremediable.
Tu nostalgia, es irremediable.
Tu tristeza es irremediable.
Tus memorias son irremediables
Y el olvido también, lo es, lo sabes.
Y encontrará a alguien más, tú también. Y amará de nuevo, y tú también. Y creará nuevos recuerdos y tú también.
Pero no le olvidaras, ni él. Pero no lo dejarás, ni él. No serás nunca la nada, tampoco él.
Quedaron marcados, con la forma de sus manos y las caricias, con las palabras y el silencio, con las alegrías y tristezas, los buenos y malos momentos.
No dejas de amar, no… simplemente muta, cambia, como el viento.
Y eso también es irremediable.
Porque el amor puede convertirse en nostalgia o en resentimiento…
Pero no lo odias, lo sabes.
Eso también es irremediable.
|