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Póker Face
La noche cayó sobre la Grecia y la noche ya estaba bien adelantada que el sol apenas había terminado de desaparecer en un horizonte púrpura y negro. El aire estaba todavía caliente, apenas interrumpido por la brisa ligera, ni siquiera lo suficientemente poderoso para crujir las ramas o agrietadas las ventanas entreabiertas. En el palacio del patriarca, los cerebros detrás del santuario eran, como todos los jueves por la noche, en la oración. La hora era en las decisiones graves, y entre las razones estatales y presupuestos para la renovación de los vestuarios de las arenas. A pocos niveles más bajos, en la cuarta casa, el dilema también era ajustado, y se extendía más allá de lo razonable.
-Maldita sea, Milo, ¿sigues o te acuestas?
El interpelado jugó sus tres siervos (la carta después del diez en los juegos de cartas) ante todos. ¡Otro día, nunca lo habría dudado! Pero hoy, el Capri ofrecía un rostro de mármol, adornado con los labios apretados y un casi imperceptible temblor de las fosas nasales, lo que dejaba suponer un full, al menos, si el decodificador no perdido no había perdido demasiado. Milo sopló. Fuerte. Y bajó sus cartas. Afrodita dejó escapar un susurro burlón, pero no se decoló de sus hombros. Milo conjeturó que no había demeritado. Siguiendo su ejemplo, con menos ceremonia, DM bajó las suyas. No tenía nada, no valía la pena de atraer la atención, y todavía era demasiado temprano para perder su cinturón. Kanon sonrió... y preguntó a ver si el juego de Shura valía sus bonitas dobles parejas, a las damas y a los ocho. Shura no parpadeó y mostró una pobre pareja de diez, sola y frágil. Milo saltó.
-¿Cómo lo sabías? ¿Cómo lo adivinaste? ¡Incluso Death se bajó!
Kanon esperó que Shura se levantara y desbotonara, lentamente, su camisa negro para responder con indiferencia.
- Sus manos... solo apretaba dos cartas... Shu tiene las manos my precisas, un poco demasiado tal vez.
El orgulloso español se interrumpió, la camisa todavía colgando en las muñecas.
- ¿Reclamaciones, tal vez?
Kanon cayó hacia atrás en su silla, Shura rara vez ofrecía el placer de ser visto.
- No, en absoluto, pero me resultará difícil concentrarse en tus manos ahora.
DM sirvió a Kanon el vaso de la victoria, un Bloody Mary picante que era fuerte para premiar al ganador de una ronda y para asegurarse de que no ganara demasiadas seguidas.
Dejándoles a su intercambio, Milo estaba enfurruñado en su silla. ¡Siervos tan lindos! Afrodita trató de consolarlo lo mejor que pudo, Milo veía cada partido como batallas de honor. El caballero de Piscis se había visto obligado a retirarse temprano en el juego. No era peor que cualquier otro jugador, pero en general no podía apostar mucho. Por lo tanto, se atornillada sobre los hombros de Milo. Ciertamente, le habían colado a la cintura un taparrabo de fortuna, la camisa de Death, perdida en una desafortunada Escalera que debió pasar. El partido era serio y distraerse con las nalgas de Afrodita era inconcebible.
Ùùùùùùùùùùùùùùùùùùùùùùùùùù
Kanon puso las cartas sobre la mesa. Había perdido, mala suerte. Le gritaran. Miró Milo tragar de una vez su vaso y cruzo sus ojos con los de su amante, encantado de leer una frustración franca pero discreto. Perder dos partidos seguidos, y no haber perdido ni una sola ropa. Frente a opositores más o menos desnudos, haber mantenido hasta sus guantes de cuero daba una ventaja psicológica cierta, lástima que no duraría. Sin embargo DM, sin camisa, se había acostado tres veces, con manos dignas, y eso no se le parecía.
Aldebarán atravesó el umbral de la cuarta casa con toda la gracia de una James Bond gril Latina. Las máscaras le hicieron una entrada digna de un luchador de la WWE. Desde el fondo, le gritó Milo.
-¡Oye!, ¡a dónde estabas viejo! ¡Empezamos sin ti!
El recién llegado se disculpó rápidamente antes de trasladarse a la mesa. Nunca perdía una reunión del jueves por las noches. Otros pensarían que el Tauro iba solamente para jugar y charlar, y por el amor el arte y de las cartas y por su dosis de calor humano. Por supuesto. Pero debajo de su exterior de niño bueno, Alde también iba para reojar (¿se dice eso?) los cuerpos perfectos de sus compañeros de juego. Debería sugerir discretamente a DM de compra una mesa equipada con una bandeja de vidrio, para más comodidad visual.
Aldebarán tomaba sus cartas cuando DM le preguntó, como si de nada, si Mu había regresado de Jamir.
El toro lo miró con asombro.
- Sí, ahora mismo, es por eso que le dije que viniera.
- ¿Cuándo?
- Bah allí…
Tauro acompañó su respuesta con un gesto vago de la mano hacia el vestíbulo y finalmente todos se dieron cuenta de la fina silueta de Aries, medio oculto por una columna. Éste miraba, aturdido, sus compañeros de armas agitarse medios desnudos, rodeados de botellas vacías y llenas, de ropa abandonados y de sobros de pizzas. Milo se encogió de hombros, molesto por la mina ingenua de Aries. Si Mu creía que durante las reuniones de alta seguridad y gran importancia del pequeño consejo, los otros oros se mantenían en silencio en sus templos para pulir su armadura, tenía para sus gastos. Pero el lado “pequeña sociedad secreta” que había prevalecido hasta entonces estaba siendo brutalmente erosionado. Hasta que Camus lo aprenda y que el mismo se tomar un sermón...
Mu se acercó a medidos pasos a la mesa, un signo de interrogación bailando sobre su cabeza. Kanon se lanzó el primero:
- Es Póker...
Entonces Afrodita:
- Strip póker.
Después vino Shura:
- La diosa nos prohíbo los juegos de azar...
Y Milo:
Y nos ves jugando unos cacahuetes...
DM derramó su óbolo:
- Es así como así, no hay nada malo.
Por fin terminó Alde:
- Es súper, ¿quieres probar?
Mu apenas asintió con la cabeza que en un bonito conjunto se habían mudado juntos para dejar un lugar al lado de DM. Cáncer lanzó una mirada negra a su alrededor, y recibió a cambio sonrisas suavemente burlona. Mu instalado, DM empezó a explicarle los fundamentos del póker. Jugar sin dinero, ganando solo una copa de alcohol, perdiendo solo prendas de vestir facilitaba las cosas. DM no era paciente, y si tuviera que explicar, incluso a Mu, los blind, los antes y los bring-in sin duda habría perdido la razón.
Mu, concentrado, tratando de entender cómo el full superaba el color y lo que bien podría ser una escalera de color a la reina de espadas, cuando Milo impaciente, decidió que la mejor manera de aprender era jugando.
Cada uno recibió las cinco cartas, con los ojos aplicada y la mandíbula crispada, buscando en las cartas que daba Milo combinaciones hipotéticas "a condición que" y "si eso."
Kanon pidió a tres cartas, dos Shura, Alde, también, antes de suspirar con el aire conocido de no hubiera debido hacerlo (¿eso se dice?). DM cambiado tres sin convicción. Milo esperaba a que Mu se decidiera a cambiar tres, aparentemente al azar, y se quitó dos de la punta de los dedos.
DM se inclinó hacia Mu.
- Ves, ahora debes adivinar si tu combinación es superior a la de Shu y Alde, si piensas que sí, sigues, si no crees, o te acuestas, abandonas, o sigues con la esperanza de que ellos se acuesten a su vez, lo que significa que faroleas.
Mu entrecerró los ojos en sus cartas antes de fiarse en uno de sus oponentes hasta que Shura recuerda que era prohibido, en el póker, de leer en la mente de los otros jugadores. Mu le ofreció una pequeña sonrisa de disculpa. Kanon se acostó, Shura anunció que continuaba, seguido por Alde. Por la 6tima o 7tima vez de la noche, DM puso sus cartas, cara abajo. Mu vaciló un momento antes de anunciar que continuaba, Milo pidió ver. Frente a una serie de pares e incluso un trío de Alde, Mu bajo delante de seis ojos traspasado una bonita póker de diez (4 diez, no sé si se dice así).
- A los inocente las manos llenas, enunciados sabiamente Tauro.
- La baraka del principiante, añadió Kanon.
En respuesta a preguntas muda de Mu, DM le dijo que era la mejor mano de la noche y le sirvió un vaso de Bloody Mary. Shura, el rostro oscuro, pero el descaderado sensual, deslizó la correa para ponerla en la parte posterior de la silla. Algunas piezas más de este estilo y Kanon incluso ya no tendría el placer de desnudarle esta noche.
En la siguiente jugada, Mu, envalentonado, ofreció un color que fue arrastrado, junto con el trió de Milo, por el full de Aldebarán. Escorpio bramó un poco antes de poner un calcetín en la mesa, y luego retirarlo bajo la protesta indignada de sus socios. La ronda continuó, y Mu se integro sin dificultad en este juego que llamaba tanto a su suerte que su talento como un psicólogo. Él perdió su chal y bebió otro vaso de Bloody Mary que, como el primero, le quemó agradablemente la garganta.
El siguiente reparto fue escenario de un duelo entre la bella expresión indescifrable del guardián de la décima casa y la enigmática sonrisa de medio del Lemuriano. Mu reveló un trío con el rey. Toda la mesa contuvo la respiración cuando Shura mostró su escalera al siervo. Mu se encogió de hombros y sin perder su sonrisa de Mona Lisa, se levantó para quitarse su camisa. Cuando volvió a sentarse, DM sintió un crispamiento en el estómago. Se reprendió tratando de mantener una mirada fija y una cara segura. Esta no era la primera vez que veía Mu en chaleco. Especialmente su eterno chaleco que debía tener una impresionante colección. Pero las mariposas no calmaban. Al contrario, le significaba de la manera más insistente, que era la primera vez que estaba sentado a pocos centímetros de Mu y que este primero y sabio deshojadura llamaba otros si el Tibetano se obstinaba en jugar con su suerte. Deathmask sentía que su bíceps derecho se contractaba instintivamente cuando el de Mu estaba demasiado cerca y el deseo de rozar la caliente piel del Aries le hizo posicionar sus cartas boca arriba y fumar la Lucky de Milo en lugar de su Marlboro. Afrodita compilaba temas de burla sobre su pobre cangrejo zoquete para los siglos y siglos venideros. Que grande y bello era, el seductor.
El partido prosiguió, dejando DM a su confusión, y Mu estaba a punto de jugar gallardamente su sandalia izquierda. – Afrodita le había humeado el tubo, los zapatos de telas y a correas contaban como ropa, mientras que las zapatillas de deporte y los mocasines, en los cuales todo individuo sensato llevaba calcetines, no podían ser jugados. Eran reglas de base, y obedecían en eso para evitar los alegatos desesperados del jugador en calzoncillos. El juego rebotó una vez más sobre una farolea particularmente audaz de Aldebarán cuando un cosmos familiar se presentó bajo el pórtico norte de la cuarta casa. Aiolia, entusiasta, lanzó los expedientes que tenía a la mano sobre el sofá y se tiró sobre Kanon.
- ¿En dónde quedamos?
El dragón marino se levantó para dejar espacio y se estiró.
- Entonces perdiste su chaqueta, tu camiseta y tu cinturón.
El rostro de Aiolia se extendió.
- Bromeas, y yo no tengo cinturón...
Milo intervino:
- Tus calcetines, vamos a hacer un concurso de armas bioquímicas.
Aiolia se permitió una sonrisa, los calcetines eran cosas raras en su mundo en estos momentos y que estaba poniendo sus conversas a seco.
- He jugado un partido en el primer momento y ahora estoy desnudo...
El león se renunció y después de quitarse la chaqueta y la camiseta, comenzó a deslizar sus jeans demasiado apretados por sus piernas musculosas, revelando unos calzoncillos gris convencional, pero favorables. Sonrió constatando que sus compañeros no perdían una migaja del espectáculo. Shura había levantado una ceja, Kanon no estaba lejos de comprobar si sus nalgas eran tan firmes que lo parecían, Milo tenía una sonrisa carnívora, Mu lo miró atónito, DM le... ¿Mu?
Aiolia se detuvo, los pantalones en las rodillas.
- ¿Mu? ¿No estás en Jamir?
El carnero le devolvió la mirada atónita.
- ¿No estás al consejo?
Aiolia tuvo la buena educación parecer avergonzado.
- Sí, sí, acabo de volver... pero mi expediente era ligero, no había ninguna indicación de aprendices, así que fue rápido para mí.
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