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"Los reflectores del estudio danzaban sobre el escenario, siguiendo los pasos veloces de la bailarina sobre la pista. Las zapatillas de la artista apenas rozaban el suelo, haciendo girar sus cintas de satín al compás de los violines estridentes de “Tocata y Fuga”…de pronto, en medio de una ráfaga de semi fusas, el cuerpo volátil de la muchacha perdió toda compostura y cayó estrepitosamente, al tiempo que su tobillo derecho hacía una dolorosa contorsión acompañada de un crujido seco. Paramédicos y gente del público se acercaron a auxiliar a la joven, escuchando el veredicto de los entendidos en el asunto, acongojándose al verla partir desde los armoniosos sonidos de Bach hacia los ruidos desaforados de una sirena de ambulancia. Después de eso, la voz del animador se hace oír para desearle suerte a la joven participante en nombre de todos prometiéndole, compungido, apoyo incondicional en caso de cualquier desgracia… luego de eso, los reflectores y la música vuelen a inundar el estudio: el show debe continuar.
Entre telones, un joven rubio lo ha observado todo con una sonrisa: no podía ocultar su alegría al ver que nuevamente había quitado a otro rival de su camino. Recobrando su aplomo, se dirigió hacia el interior del estudio, fingiendo sentir algo de lástima por lo ocurrido a su compañera de competencia..."
- Shaka, en el escenario en cinco minutos.
Habiendo sido interrumpido mientras recordaba los sucesos ocurridos la semana anterior, el rubio asintió con la cabeza, sin dignarse siquiera a mirar a quien le había hablado. Soltando un gruñido, el asistente de cámaras cerró la puerta y desapareció entre los pasillos del canal de televisión, mientras que el rubio acudía impertérrito hacia donde se le requería.
- ¡Bienvenidos todos nuestros espectadores a esta nueva edición de ‘La Noche de las Estrellas’!...
Uno por uno, los jóvenes concursantes desfilaron con una ancha sonrisa, saludando al público presente y a los teleespectadores en sus casas. A la cabeza de todos estaba el rubio altanero con voz de barítono, recibiendo a gusto todas las miradas sobre su persona. La gente aplaudió a las jóvenes estrellas en potencia, dando pie para el comienzo de una nueva velada.
Los concursantes murmuraban entre sí, ansiosos y felices por los momentos afortunados que estaban viviendo. Shaka era el único que no parecía estar conmovido, tenía los ojos fijos en uno de sus compañeros y su semblante reflejaba molestia. Aioria, uno de los bailarines del grupo, sintió la mirada insistente del otro y se volteó para encontrar aquellos ojos altivos con los suyos, siempre tranquilos y diáfanos. Aioria era de carácter alegre, siempre dispuesto a reír, así que respondió a la insistencia del otro agitando su mano cordialmente, aunque por dentro sintiera el estómago lleno de mariposas: lo admiraba, alababa su voz armoniosa, dulce… que contrastaba fuertemente con su habitual engreimiento y altanería. A pesar de sentirse morir cada vez que lo tenía a un metro de distancia, el castaño no se sentía capaz de decirle al otro que se desvivía por él: prefería callarse y no someterse a su desprecio, por mucho que el silencio lo afligiera.
Las luces principales bajaron su voltaje y Shaka, saliendo entre los demás, se adelantó hacia el centro de las tablas con una sonrisa de triunfo: era su momento de brillar. Tomó el micrófono y lo sostuvo dejando salir de sus labios los registros agudos de tenor ligero. Dejó que su voz vibrara en el anfiteatro y, cuando su interpretación hubo terminado, se quedó ahí unos minutos más, recibiendo los elogios del público con su mirada altiva de siempre. El animador del evento apareció en escena, agradeciéndole a Shaka tan bello espectáculo… e invitándolo a sentarse, pues ahora había otro número que debía ser presentado. El rubio lo fulminó con la mirada ¿Acaso con él no tenían suficiente? Se sintió ahogado por la ira, deseando hacerle ver al insignificante hombrecillo frente a él que ninguno de los idiotas que estaban sentados allá atrás podía presentar algo que pudiera compararse con lo que él hacía. Lamentablemente, “el show debía continuar”, y a Shaka no le quedó otra opción que sentarse con los demás.
- ¡Ahora recibamos con un aplauso a nuestro bailarín estrella: Aioria Karestinos!
Si la gente aplaudió generosamente al rubio cantante, ahora el ruido ensordecedor de las palmadas se escuchaba hasta afuera del anfiteatro. Aioria subió al escenario, emocionado de tan sólo ver los rostros felices de quienes lo vitoreaban. Una enorme tela azulina, dispuesta a modo de un columpio o arnés, bajó desde lo alto y el puente de luces tiñó la escena de un color añil pálido. El castaño se acomodó entre la tela, dejándola bajo sus brazos para comprobar que ésta soportara su cuerpo; una vez que todo fue chequeado, el silencio se hizo en el anfiteatro y los instrumentos de sonido emitieron el comienzo del tema “Unicornio”. Los pies del mancebo se movieron ágiles y etéreos a la vez, impulsándose con el arnés y dejándose llevar a medias por éste, recorriendo la pista con la volatilidad del animal mítico del que hablaba la balada. Sus ropas, que se adornaban con el brillo de las estrellas, refulgían de un plateado intenso al compás de sus giros lánguidos, tristes, rozando el suelo apenas, como si flotara junto a la voz vibrante de Silvio Rodríguez en una especie de composición perfecta entre la música de suaves tonos y el baile apasionado de un joven enamorado. El ojiverde parecía consumido por su baile, cerrando sus ojos ante las ráfagas de aire que él mismo creaba… sólo los abrió cuando la música hubo cesado, ante los aplausos furiosos por la intensidad. Shaka observaba todo de lejos, apretando los puños hasta encarnarse las uñas en la piel. “¿Por qué no te rompiste una pierna, idiota?” pensó enfurecido, enceguecido por la envidia de ver que aquel sencillo hijo de los pueblos rurales se había convertido, de la noche a la mañana, en el favorito del público. Mirando con altivo desprecio al castaño, se levantó de su sitio y se fue tras bambalinas.
Aioria agradecía a su público cuando vio al rubio marcharse. Alarmado, se despidió de sus fieles lo más rápido que pudo y siguió por largo rato los pasos de Shaka en dirección a las terrazas del anfiteatro, en la zona más alta y antigua del edificio.
- Vete, quien quiera que seas.
Ahí estaba él, dándole la espalda, con la cabeza erguida mirando hacia quién sabe donde.
- Quiero estar solo.
- Lo siento, no quería molestarte… - el ojiverde dio unos pasos atrás - …me voy.
- ¿Eres tú? - Shaka se giró de improviso. Tras observar al recién llegado por unos segundos, su semblante enfurecido cambió a uno más suave – Espera…
Aioria se detuvo en el acto: por primera vez en tanto tiempo, la razón de sus desvelos se dignaba a hablarle y, encima de todo, le pedía que se quedara a su lado. El castaño no podía creer en su suerte.
- Ven, acércate.
- ¡S-sí!
Ambos jóvenes quedaron parados en el borde del edificio. Desde abajo podían verse, como múltiples puntos de colores, las cabezas del público.
- Tu baile ese, el del unicornio, te salió bonito.
- ¿En serio? – sintió los colores subírsele al rostro - ¿Te gustó?
- Sí. Dime… – el rubio se acercó unos pasos al otro, divertido al notar su confusión - … cuando tú bailas… ¿piensas en alguien especial?
Aioria abrió los ojos todo lo que éstos se lo permitieron ¿Cómo decirle que cada paso, cada giro de sus valses, habían sido ejecutados pensando en las notas claras y musicales de la voz del otro? Sintió que se ahogaba, tenía que decírselo todo de una vez… pero, a pesar de su convicción, las palabras no salían de su garganta y sólo fue capaz de acercarse al rubio, siguiendo lo que le dictaban las urgencias de su corazón.
- Shaka… yo siempre te he…
Shaka miró sorprendido los actos del otro… para luego cerrar sus ojos claros, invitando al castaño a realizar su sueño más anhelado. Éste último también cerró sus ojos, buscando en las penumbras el contacto de sus labios con los de…
- ¡¡¡Shakaaaa!!!
En una fracción de segundos, las manos del rubio se posaron sobre el pecho del bailarín, empujándolo desde la cornisa del edificio hacia allá abajo. Por efecto de las luces, el traje de Aioria volvió a emitir aquellos destellos plateados y los espectadores, creyendo que se trataba de algún juego de artificio, aplaudieron emocionados.
- ¡Miren! ¡Están cayendo estrellas!
Los rostros animados de los espectadores cambiaron de la emoción a la estupefacción, y luego al horror cuando el cuerpo del joven artista se estrelló contra el concreto. Desde arriba, Shaka observaba el revuelo de la gete, la llegada de los paramédicos, de la ambulancia… todo igual que en la semana anterior:
- Lo siento, pero en este escenario no cabemos los dos.
Echando un último vistazo, el rubio desapareció en dirección al escenario… más que mal, “el show debe continuar”.
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