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“Un amor en puerta”
Milo x Camus
One Shot*
El amor puede tener muchas formas y tamaños, mas el ser humano es el único capaz de conocerlo y sentirlo de mil maneras diferentes…
Sus pasos resonaban por toda la estancia, buscando enloquecido las llaves de su automóvil.
Dioses, ¿acaso no puede ser que no las encuentre?, bueno, digamos que llego muy tarde para saber donde dejaba las cosas.
Al fin las encontró cerca de la puerta de entrada, por lo que se inclinó para tomarlas, dándose cuenta que, escucho un pequeño gruñido o un gorgojeo, parpadeo un par de veces aunque bueno, no se extraño, tal vez sea un perro en la entrada de su casa.
Tomo su maletín y su saco, por lo que al abrir la puerta abrió su boca un poco mas dejo caer sus cosas, provocando que un llanto en aquella canastita saliera a relucir…un llanto, un lloriqueo de un bebe, de un pequeñito que movía sus manitas de manera extraña.
Su mano levemente pudo tocar la mantita azul que cubría aquel cuerpecito, apoyándose en sus rodillas, no sabía ni que hacer, tan solo tomo su celular marcando a su trabajo.
-Camus—Casi como un rugido taladro sus oídos atrayéndolo a realidad— ¿Dónde estas?, te estamos esperando
-Lo siento Saga—Llevo su mano a su cabeza, mirando aun al bebe entretenido con su mano, era muy extraño—Se me presento algo y no podré ir hasta mañana
-Pero, ¿qué se supone que haré con los italianos?—Por como lo decía, supuso que aquellos inversionistas no eran muy pacientes—
-Atenderlos—Lo dijo de una manera sencilla al ver como aquellos ojitos cafés le miraban fijamente, como si comprendiera que estaba ocupado—Pásame a Milo
Escucho alguna maldición de aquel hombre, no era un misterio que tenía un carácter de los mil demonios pero por ahora, un pequeño le quitaba su atención.
-Camus—Susurra un hombre algo preocupado, aunque bueno, tampoco era algo de que sorprenderse— ¿Dónde estas?, aquí es un caos
-Encontré un bebe en mi puerta—El pelirrojo se acerco al niño aun en la puerta, atrayendo la canastita, para ver como tomaba el mechón de sus cabellos jugando con el—Y necesito que vengas
-¿Te metiste con una mujer, cierto?—Tan solo un momento el pelirrojo pudo sentir un ligero tono de reproche, por lo que solo escucho un “no, no seas idiota” en la línea—Iré para allá de inmediato
-Gracias-
Colgó para cerrar la puerta, dejando de nuevo todo, para ir hacia la sala. ¿Qué va a hacer ahora con un bebé?...espera… ¿el tenia que hacerse cargo?, claro que no, no era suyo era obvio, no se parecía para nada a el.
-Veamos pequeño—Tomo al bebe en su brazo izquierdo, aun intrigado al ver como el pequeño tomaba su cabello, jugando con sus deditos, encontró un papel por lo que empezó a leerlo—No es posible
Se que no nos conocemos, en serio, perdone mi atrevimiento.
Usted puede darle la vida que no puedo darle, no me quedaba alternativa.
Lo lamento mucho, y por favor cuide de mi pequeño Vladymir
Gracias
-Con que…Vladymir—Eleva al pequeño que comenzaba a estirar su cabello, ambos se miraron mutuamente, analizándose bilateralmente, hasta que escucho el golpeteo único de su amigo Milo—Haber pequeño, espera en la canasta
Camino con paso lento para abrir a su compañero, quien entró algo eufórico dirigiéndose hacia la sala, suponiendo donde estaría el pequeño bultito, aunque se quedo contemplándolo, el pequeño hizo lo mismo, parpadeando un par de veces hasta que agitaba sus manitas al aire.
-Así que…un bebe—Susurro mirando a Camus quien solo asintió algo sarcástico, “No Milo no es un bebe, es un perrito”—No me mires con esos ojos tuyos
-¡Oh vaya!, ¿quieres que me los quite al hablarte?—Se escucho algo no se, enojado, con sarcasmo pero no dañino, ¿qué le estaba pasando?—En fin, pensé que podrías ayudarme con esto
-¿Ayudarte?, ilumíname Camus—Agito sus manos al vació aunque tomo al pequeño que se acomodo de inmediato en su pecho— ¿Qué se supone que haré?... ¿amamantarlo acaso?
-Tu sentido del humor no ayuda por ahora—Suspira mientras se acerca colocándose cerca de Milo, sin notar un ligero temblor por parte de éste—El niño no tiene la culpa—Le extendió la nota que había leído, notando como el ojiazul miraba de vez en cuando al pequeñito—Ahora entiendes, no quiero desampararlo
-Que gran corazón tienes—Le mira sonriente provocando un ligero rubor en su amigo, aunque pensó internamente—“Lastima que no tenga lugar en el”
-No lo se Milo, pero este pequeño, ahora—Se quedo callado, las responsabilidades eran muchas, su vida cambiaria, todo dio un cambio, era muy sencillo darlo a alguna casa de ayuda, pero, por alguna razón, aquel pequeño le dio vida a su corazón—Quisiera saber, ¿podrías ayudarme?
-¿Yo?... ¿cuidando a un bodoque?—Se señalaba a si mismo con un poco de desconcierto, pero, ante la mirada de su amigo, solo suspiro y asintió—Claro, cuenta conmigo Camus—Le guiño el ojo coquetamente
Aunque para los tres, no paso desapercibido el ligero sonrojo del pelirrojo, el rubio tan solo aclaró su garganta y el pequeño gorgojeaba algo complacido…
Los días pasaron sin mucha actividad, eso sin contar que el jefe de ambos tuvo que enterarse del por que los dos no estarían disponibles para las juntas internacionales y mas aun, ¡de no poder quedarse tiempo extra!
De alguna manera pudieron controlar aquel temperamento de su jefe y salir “huyendo” de la furia que despotricaba a cualquiera que se le cruzara en su camino, pero tal vez eso no era lo que mas sorprendió el ojiazul…
-Milo, necesito que vengas a vivir conmigo-
Esa, tan mínima frase, pudo provocar dos cosas, una de ellas el mutismo que duro casi una hora para la desesperación del pelirrojo, y…que Milo pudiera llegar a pensar, que ahora, podía tener una oportunidad con el.
Acepto con gran entusiasmo la propuesta de su amigo, quien le dijo que, necesitaba su disponibilidad, y que mejor era que viviera con el, a llamarle.
No puso ninguna objeción, aunque se sorprendió como Camus se desvivía por el pequeño, el tenia un amigo abogado, seguro que Aioria podría ayudarle con esto.
-Milo, sabes que es muy difícil lo que me pides—Decía algo molesto un moreno de ojos verdes mientras apoyaba ambas manos en aquella mesa del restaurante—Es… ¡estas loco!
-Baja la voz—Le ordena para suspirar tratándose de calmarse, entrelazando sus manos en la mesa—Inténtalo Aioria…si no confiara en ti, ¡no te lo pediría!
-Lo se, haré lo que pueda, pero no prometo nada—Aseguro con una sonrisa y un estrechamiento de sus manos—
Ahora, tenía en frente un dilema, algo que podía cambiar el rumbo de su vida, desabotonó sus mangas de su camisa para dejara libre sus antebrazos, respirando profundamente…
¿Quién ha dicho…que cambiar pañales es fácil?
¡Que gran mentira!
Observó como el pequeño se removía, llorando por sentir aquel desecho, esperando a que le cambiase, trago en seco, quitando los sujetadores del pañal…abriendo lentamente…
El tiempo se detuvo…él se detuvo…los ojos del niño le miraron con desconcierto…
¡Que asco!
Pensó, un instante, se echo hacia el suelo…pero no como un ataque defensivo, si no que el sopor pudo mas y se desmayo.
Aunque para Camus fue algo muy gracioso para ver, por alguna razón, al acercarse a Milo para llevarlo a una silla, sintió mariposas en el estomago al estar cerca de su rostro, aquellos labios que como imanes atraían a los suyos…
Pero el pequeño, comenzó a llorar al sentir un poco de frío al estar descubierto.
-Hay bebe, interrumpiste—Lo cargó con delicadeza, cambiando en un abrir y cerrar de ojos aquel pañal, haciendo algo que le agrado al bebe…le beso su vientre de manera divertida… — ¿Quién es el bebe mas lindo?
Tan solo una risa dulce se escucho, por lo que, lo dejo en una cunita que había comprado, así que se acerco a Milo, para ver como estaba, o mas bien si reaccionaba.
-Milo—Susurró acariciando su frente, ahora con el bebe, aquellos tres meses habían pasado volando literalmente, tratándose mas, mucho mas de lo que hubiese deseado… —Despierta
-Camus—Su rostro se removió que, sin querer, llego a la palma de aquella mano, rozando sus labios con aquella dermis que, se erizo al contacto—Yo…te…
De nuevo el llanto del pequeño le distrajo, por lo que, su corazón latió el doble, se fue con el pequeño tomándolo en brazos, acunándolo de manera lenta, moviéndose con cautela de un lado a otro, observando como el niño cerraba poco a poco sus parpados, dejándose llevar por el sueño.
Sin poder prevenirlo sintiendo un par de brazos rodear su cintura, en su pecho su corazón latió demasiado brusco, mas aun al sentir una respiración en su oído, unos brazos rodeando su cuerpo, apoyándose una barbilla traviesa en su cuello.
-Te amo Camus-
Abrió sus ojos desmesuradamente, sintiendo como sus manos temblaban, quiso salir corriendo, pero el bebé no lo dejaba ir…ni Milo que lo tenía apresado entre su cuerpo…
-Yo…creí que jamás sería buen padre, nunca busqué eso…pero contigo, todo es diferente-
Tomó aquel bultito para dejarlo en la cunita, se giró suavemente hacia Camus, ambos se miraron un momento, sonrieron de forma nerviosa, y entrelazaron sus manos, acercando sus rostros…con destino a sus labios.
-También te amo Milo-
Pero de nuevo, un sonido de Vladymir los separo, ambos sonrojándose, aunque el ojiazul parecía algo molesto.
-No quieras monopolizar a Camus, el es mío-
Unas cuantas risas escaparon de ambos, no había un manual, ni mucho menos un libro donde dijeran ser buenos padres, pero algo si sabían los dos, con el amor, todo podría ser mucho mejor…
-Milo creo que hay que cambiar a Vladymir-
-Tú sabes como reacciono ante eso-
-Si…terminas trapeando el suelo-
FIN
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